Exploración del estrés (hojas de trabajo)
Lindo artículo en La Nación de tres mitos que están muy presentes en la educación:
La memoria no es como un músculo:
La memoria no es como un músculo, dice Ruiz. “Si quieres usar esa analogía, tendrías que pensar en ella más bien como si fueran miles de millones de músculos. Y cuando aprendes sobre algo, lo que haces es ejercitar solo el músculo relacionado con ese tema, con esa información”, detalla. La memoria es en realidad una red de significados, añade: “Y aprendemos conectando lo que ya sabemos con lo que estamos aprendiendo. De modo que todo aquello que podemos relacionar con nuestros conocimientos previos nos resulta más fácil de recordar y lo que no, no”.
El mito de la lateralidad cruzada:
Realizó un metaanálisis sobre los datos cuantitativos de todos los estudios que se habían publicado al respecto desde el año 1900. “El resultado fue que la lateralidad cruzada no tiene ningún impacto, ni en el rendimiento académico ni en la inteligencia”, sentencia.
La dislexia no es un problema visual:
En realidad, explica Ruiz, la dislexia es un problema de procesamiento de los sonidos del habla. “Nuestro sistema de escritura es alfabético. Se basa en asociar a unos símbolos escritos, las letras, a los sonidos más básicos del habla, los fonemas. Y lo que les pasa a las personas con dislexia es que les cuesta horrores identificar, aislar y manipular esos fonemas. Si te fijas, cuando hablamos lo hacemos todo seguido, e ir identificando cómo se separan las palabras es un reto contraintuitivo. Porque no es natural que necesitemos darnos cuenta de que la lengua oral está formada por un conjunto finito de sonidos que se van repitiendo y combinando, que son los que luego, para escribir, asociamos a las letras”, expresa.
Anna Gibbs para The New York Times:
En parte, simplemente porque mantener la higiene —como lavarse los dientes y las manos— requiere energía, y un síntoma común de la depresión es la fatiga.
Por eso, aunque quieras ducharte, es posible que no tengas energía para hacerlo, explicó Christine Judd, psicoterapeuta y trabajadora social de salud mental en Australia.
Pero ducharse supone un reto especial. Según Patrick Bigaouette, psiquiatra de la Clínica Mayo, la depresión puede mermar la capacidad de resolver problemas, tomar decisiones y fijarse objetivos. Eso puede dificultar muchas tareas, pero sobre todo las que tienen varios pasos.
“Si lo desglosamos, en realidad son muchos los pasos que hay que dar para ducharse”, dijo Bigaouette. Una sola ducha puede incluir desvestirse, abrir el grifo, enjabonarse, lavarse el pelo, afeitarse, enjuagarse, secarse y elegir qué ponerse.
El artículo es excelente porque detalla cómo una conducta aparentemente «sencilla» puede resultar sumamente compleja y desafiante para alguien que enfrenta un episodio depresivo. Además, introduce los principios de la activación conductual para desglosar una conducta en pasos más pequeños y manejables, facilitando su ejecución.
Ellen Barry para The New York Times:
Los servicios de salud mental para empleados se han convertido en una industria millonaria. A los recién contratados, una vez que han encontrado dónde se ubican los baños y se han inscrito en los planes de ahorro para el retiro, se les presenta una panoplia de soluciones digitales de bienestar, seminarios de mindfulness, clases de masaje, talleres de resiliencia, sesiones de coaching y aplicaciones para dormir.
Estos programas son un motivo de orgullo para los departamentos de recursos humanos con visión de futuro, una prueba de que los empresarios se preocupan por sus trabajadores. Pero un investigador británico que analizó las respuestas de 46.336 trabajadores de empresas que ofrecían estos programas descubrió que las personas que participaban en ellos no estaban mejor que sus compañeros que no participaban.
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En la amplia población del estudio, ninguna de las demás ofertas —aplicaciones, coaching, clases de relajación, cursos de gestión del tiempo o de salud financiera— tuvo ningún efecto positivo. De hecho, los cursos sobre resiliencia y gestión del estrés parecían tener un efecto negativo.
“Es un hallazgo bastante controvertido que estos programas tan populares no fueran eficaces”, dijo William Fleming, autor del estudio y miembro del Centro de Investigación en Bienestar de la Universidad de Oxford.
Básicamente la investigación encontró que si los empleadores están realmente interesados en mejorar la salud mental de sus colaboradores deben invertir su presupuesto en mejorar los horarios de trabajo, mejores remuneraciones y revisiones de rendimiento, en vez de gastar dinero en programas de coaching para que los colaboradores regulen su estrés.
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