La norepinefrina: La hormona clave para el estrés y la concentración
Ted Alcorn para The New York Times:
Hay 20 palabras que están molestando a la industria global de las bebidas alcohólicas.
A partir de 2026, una ley exigirá que los envases de cerveza, vino y licor que se vendan en Irlanda tengan una etiqueta con dos advertencias en letras mayúsculas rojas: “HAY UN VÍNCULO DIRECTO ENTRE EL ALCOHOL Y LOS TIPOS MORTALES DE CÁNCER” y “EL CONSUMO DE ALCOHOL PROVOCA ENFERMEDADES HEPÁTICAS”.
Este requisito, que se convirtió en ley el año pasado, está respaldado por investigaciones científicas de varias décadas y va mucho más allá de lo que cualquier otro país haya emitido hasta ahora sobre los riesgos para la salud derivados del consumo de alcohol. El requisito ha desatado una fuerte oposición por parte de todas las empresas de bebidas alcohólicas en el mundo, pero también está haciendo que algunos otros países presionen para tomar medidas parecidas.
Las investigaciones son contundentes: el consumo de alcohol, incluso moderado, se relaciona con cambios cerebrales y deterioro cognitivo. Según el CDC (Centro de Control y Prevención de Enfermedades), consumir tres o más copas de alcohol incrementa el riesgo de padecer cáncer de estómago y de páncreas. Además, también se relaciona con el riesgo de:
Así como se incluyeron advertencias en el cigarrillo y el los productos altos en azúcares y grasas trans, tiene todo el sentido que lo hagan con el alcohol.
Jessica Mozo para El País:
Imagine un árbol de Navidad. O trate de visualizar en la mente la última comida que tomó ayer. Intente también rememorar la cara de un familiar al que hace tiempo que no ve. Seguramente, la mayoría de ustedes ha podido evocar esas imágenes mentales sin ningún tipo de problema, quizás con más o menos precisión y viveza de detalles, pero con la misma naturalidad con la que reviven visualmente cada día la forma de objetos, personas u experiencias vividas. Sin embargo, hay un porcentaje de personas, en torno al 1% de la población, que es incapaz de hacer este ejercicio: son aquellos individuos que tiene afantasía, una característica neurológica que impide crear imágenes conscientes en la mente. Una revisión científica ha profundizado recientemente en el conocimiento, todavía limitado, de este rasgo y ha concluido que se asocia con una reducción de la memoria autobiográfica y el reconocimiento facial. También es más común en personas con autismo y en individuos con tendencia a ocupaciones científicas.
(…)
La revisión científica de Zeman describe que el 1% la población que experimenta una afantasía profunda, aunque hay todo un espectro muy variable y también destacan que entre el 2% y el 6% de los ciudadanos tiene un imaginario visual “vago y tenue”. Hay también, en la otra cara de la moneda, alrededor de un 3% de la población que muestra justo lo contrario, la hiperfantasía, que es la habilidad de generar imágenes hiperrealistas en la mente. “Hay todo un espectro de la capacidad de evocación, pero no hay una valoración estándar y es muy difícil cualificarlo. Probablemente, sea un patrón de nacimiento”, señala Javier Camiña, vocal de la Sociedad Española de Neurología, que no ha participado en esta investigación.
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