Elige tu propia aventura diagnóstica
Patti Davis para The New York Times:
Quiero decirles algo sobre la adicción: no importa quién sea ni a qué sustancia esté enganchada esa persona, la soledad es la causa. Por alguna razón —y no tengo ninguna teoría de por qué—, hay quienes nos sentimos aislados en este mundo, como si todos los demás tuvieran alguna fórmula secreta para llevarse bien, para encajar, y nadie nunca nos la hubiera compartido. Esa soledad reside en lo más profundo de nuestro ser, en nuestra esencia, y no importa cuánta gente intente ayudarnos, cuántos amigos nos tiendan la mano, nos apoyen, vengan a vernos, jamás desaparece del todo. Es enorme y sombría y también forma parte de lo que somos. Algo ocurre cuando descubrimos una droga o el alcohol: de repente tenemos un compañero que nos toma de la mano, nos comprende, nos hace sentir que encajamos, que podemos formar parte del club. Está con nosotros en las horas vacías, cuando parece que nadie más nos acompaña.
El New York Times ha publicado recientemente un resumen de las últimas investigaciones sobre el uso problemático de las redes sociales:
Los expertos que estudian el uso de internet afirman que el atractivo magnético de las redes sociales se debe a la manera en que los contenidos responden a nuestros impulsos y conexiones neurológicas, de modo que a los consumidores les resulta difícil apartarse de la corriente de información que les llega.
David Greenfield, psicólogo y fundador del Centro de Adicción a Internet y la Tecnología de West Hartford (Connecticut), afirma que los dispositivos atraen a los usuarios con algunas tácticas poderosas. Una de ellas es el “refuerzo intermitente”, que crea la idea de que el usuario puede obtener una recompensa en cualquier momento. Pero cuando esta llega, la recompensa es impredecible. “Como en una máquina tragamonedas”, dice. Al igual que en una tragamonedas, se atrae a los usuarios con luces y sonidos, pero, lo que es aún más poderoso, con información y recompensas adaptadas a sus intereses y gustos.
Greenfield afirma que los adultos son susceptibles, pero los jóvenes corren especial riesgo porque las regiones cerebrales que intervienen en la resistencia a la tentación y la recompensa no están tan desarrolladas en los niños y adolescentes como en los adultos. “Se basan en el impulso y no mucho en el control de ese impulso”, explicó Greenfield sobre los jóvenes consumidores.
Además, explica que el cerebro adolescente está particularmente en sintonía con las conexiones sociales, y “las redes sociales son la oportunidad perfecta para conectar con otras personas”.
Una reflexión de Elizabeth Spiers para The New York Times sobre nuestras publicaciones en redes sociales frente a los problemas y conflictos sociales:
Existe una versión simplista de la toma de postura en las redes sociales que genera justas palmaditas en la espalda, pero reduce cuestiones complejas a un simple sí o no. Adoptar posturas simplistas también puede llevar a tergiversar las palabras.
(…)
El impulso de hacer declaraciones estridentes y reductoras refleja un miedo genuino a los horrores que yacen más allá de las palabras. Las soluciones binarias simples implican soluciones simples. Y es mucho más agradable decirse a uno mismo que está del lado del bien, contra el mal, que cuestionarse si las líneas divisorias se trazaron bien.
Es difícil lidiar con la incertidumbre, en especial cuando las redes sociales nos han acostumbrado a esperar información perfecta en tiempo real durante acontecimientos traumáticos y a querer respuestas y soluciones instantáneas. La certeza moral es un ancla a la que nos aferramos cuando la certeza fáctica no es posible. Y cuanto más rápido la expresamos, más seguros parecemos. Los más rectos entre nosotros publican, y lo hacen de inmediato.
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