Los perros y los gatos pueden sufrir demencia
Jessica Mouzo resume los hallazgos y comentarios de una investigación reciente de la revista científica Cell que analiza las lagunas de conocimiento y tratamiento de la menopausia:
“El reconocimiento de que la menopausia, para la mayoría de las mujeres, es un evento biológico natural, no exime del uso de intervenciones para aliviar los síntomas”, exponen los científicos en el artículo de Cell. Ellos han repasado todo lo que la ciencia sabe —y lo que no sabe— sobre la menopausia y ha concluido que falta investigación “para cerrar las brechas de conocimiento y lograr una mejor atención”. Y defienden: “Aunque no todas las mujeres experimentarán síntomas molestos relacionados con la menopausia, los efectos silenciosos de la transición a la menopausia pueden ser sustanciales, como la pérdida ósea que aumenta el riesgo futuro de fracturas por fragilidad y los efectos adversos sobre los lípidos sanguíneos y el riesgo de enfermedades cardiometabólicas. Por lo tanto, todas las mujeres deben tener acceso a una evaluación de salud general en el momento de la transición a la menopausia para maximizar su bienestar físico, incluida su salud cardiometabólica y musculoesquelética, y su bienestar psicológico y sexual”.
Interesante fenómeno descrito en The New York Times:
La apnea de pantalla es una manifestación de la respuesta al estrés de nuestro organismo, afirmó Stephen Porges, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill especializado en el sistema nervioso autónomo. Cuando nos enfrentamos a cualquier tipo de estímulo, nuestro sistema nervioso busca señales para descifrar si se trata o no de una amenaza, aseguró Porges.
Ese tipo de concentración y atención requiere un esfuerzo mental, que detona una serie de cambios fisiológicos, como una respiración menos profunda y una disminución de la frecuencia cardiaca para “tranquilizar” el cuerpo y desviar recursos que nos ayuden a concentrarnos, explicó. Puso el ejemplo de los gatos que acechan a su presa; a menudo, justo antes de atacar, se quedan inmóviles y su respiración se vuelve superficial. Eso es lo que ocurre cuando recibes un correo electrónico, un mensaje de texto o un mensaje de Slack: te quedas inmóvil, lees e ideas un plan de acción.
El efecto de las notificaciones:
Cuanto más inesperado es un estímulo —por ejemplo, recibir una notificación de texto de la nada—, más probable es que el cuerpo lo perciba como una amenaza.
El artículo incluye recomendaciones para prevenir la apnea de pantalla. Puedes leerlo completo en The New York Times.
Jessica Mouzzo para El País:
Las concentraciones de nicotina y nitrosaminas eran mucho más altas en los vehículos de personas que fumaban dentro del coche. Y la ventilación del automóvil no elimina la exposición al humo del tabaco ajeno, advierten los científicos. “Cuando el coche está en marcha y circulas con las ventanillas a medio abrir, las concentraciones bajan un poco delante, pero se mantienen igual atrás. El medidor de concentración donde estaría sentado un niño pone los pelos de punta”, valora Fernández. Ana Navas-Acien, investigadora del Departamento de Ciencias de la Salud Ambiental de la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), coincide en que abrir las ventanillas no es suficiente: “El coche es un espacio muy pequeño y al fumar ahí, el aire contaminado se concentra y las personas tienen menos posibilidades de evitar respirar ese aire con hasta 50 carcinógenos. Abrir ventanas no ayuda porque el aire no llega a salir y no se eliminan estos tóxicos”.
Daniel Mediavilla para El País:
El primero de estos trabajos, liderado desde la Universidad Stanford, tuvo como paciente a Pat Bennet, una mujer de 68 años que fue diagnosticada con ELA (esclerosis lateral amiotrófica) en 2012. De las distintas manifestaciones de la enfermedad, a Bennet le tocó una versión que le ha permitido seguir moviéndose, aunque con creciente dificultad, pero le arrebató el habla. Aunque su cerebro no tiene dañada la capacidad para generar el lenguaje, los músculos de sus labios, su lengua, su laringe o su mandíbula no le dejan decir nada.
Ese problema fue resuelto, al menos en parte, a partir de dos sensores —menores que una uña— implantados en su cerebro, para recoger señales de neuronas individuales en dos regiones asociadas al lenguaje: la corteza premotora ventral y el área de Broca (esta última no resultó útil para el objetivo de los investigadores). Los investigadores usaron esos implantes neurales y un software para relacionar las señales cerebrales y los intentos de pronunciar palabras de Bennet. Tras cuatro meses de aprendizaje, el sistema combinó toda esta información con un modelo de lenguaje informático que hizo posible que la paciente produjese frases a 62 palabras por minuto. La cifra es algo menos de la mitad de velocidad del habla normal, y cuando se utilizaba un vocabulario de más de 100.000 palabras se producía un error por cada cuatro palabras pronunciadas, pero los resultados son tres veces mejores que los sistemas de comunicación similares que se habían probado hasta ahora.
Increíble. No puedo imaginar la alegría y satisfacción del equipo de investigadores y de la persona al recuperar la capacidad de comunicarse verbalmente.
Sarah Wildman en The New York Times:
El dolor siempre está ahí para nosotros. Nos estará esperando en el apartamento cuando volvamos esta noche, y se tumbará junto a nosotros en la cama o vendrá a vernos cuando despertemos: siempre lo tenemos. Pero tenemos que dejar entrar a esta belleza, también. Esa será la tarea para el resto de nuestros días: sostener este dolor y esta belleza el uno junto a la otra, sin permitir que uno aplaste o desplace al otro. También tenemos que dejar entrar esta belleza.
Hermoso.
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