Adicción al sexo, hipersexualidad y comportamiento obsesivo sexual
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Knvul Sheikh para The New York Times:
Los problemas de salud, el duelo por perder a seres queridos, el aislamiento social y la interrupción de las actividades cotidianas fueron la combinación perfecta que contribuyó al desasosiego, sobre todo al inicio de la pandemia. Pero en comparación con quienes no se contagiaron (y también enfrentaron las dificultades de pasar por una pandemia), parece que las personas que se enfermaron de COVID-19 son mucho más propensas a sufrir una gama de problemas de salud mental.
¿Por qué?
Los científicos siguen estudiando el modo preciso en que el coronavirus altera el cerebro, pero las investigaciones ya comienzand a ofrecer algunas explicaciones posibles. Por ejemplo, unos cuantos estudios han revelado que el sistema inmunitario de algunas personas se satura al enfermarse. Es posible que terminen con inflamación en todo el cuerpo e incluso en el cerebro. También existen pruebas de que las células del endotelio que recubren los vasos sanguíneos del cerebro se ven afectadas durante un ataque de COVID-19, lo cual puede permitir que, de manera inadvertida, penetren algunas sustancias nocivas que afectan el buen funcionamiento mental. Además, según Al-Aly, en algunos pacientes, las células llamadas microglía, que por lo general trabajan en las labores de limpieza del cerebro, pueden descontrolarse, atacar a las neuronas y perjudicar las sinapsis.
Es posible que el COVID-19 afecte, incluso, la diversidad de las bacterias y microbios del intestino. Puesto que se ha demostrado que estos microbios producen neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, los cuales ayudan a regular el estado de ánimo, este cambio podría ser el origen de algunos problemas neuropsiquiátricos.
Estupendo artículo, como siempre, de Maia Szalavitz para The New York Times:
De las estrategias eficaces surgen dos ejes clave. Uno es que, para conectar con los adolescentes, debes ganarte su confianza mediante la honestidad, no solo tratar de infundirles miedo. El segundo es que los programas escolarizados deben reconocer que no se puede prevenir por completo el consumo de drogas. En vez de solo enfocarse en la abstinencia, buscan prevenir los comportamientos de más alto riesgo y atender los factores personales y ambientales que más podrían conducir a la adicción.
Y agrega:
En el largo plazo, la prevención eficaz de la adicción requiere un cambio social para prevenir o al menos intervenir a tiempo con respecto al trauma de la infancia, mediante la creación de comunidades propicias para la salud mental con escuelas seguras y favorables, actividades extracurriculares estimulantes y acceso a atención médica integral. Pero primero, debemos mantener a los jóvenes con vida y eso significa tener conversaciones incómodas y honestas sobre los peligros de las drogas y las formas de minimizar los riesgos para quienes las usan.
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