El programa ACT logra que las víctimas reporten menos violencia de pareja
Durante cuatro décadas, el modelo dominante para tratar a hombres condenados por violencia doméstica en Estados Unidos fue el Modelo Duluth: clases psicoeducativas de base feminista, centradas en desaprender creencias sobre poder y control hacia las mujeres. La mayoría de los estados todavía lo exige por mandato judicial. El problema es que la evidencia sobre su eficacia siempre fue débil. Dos ensayos clínicos aleatorizados, uno presencial y otro virtual, compararon ese modelo con una alternativa basada en Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y los resultados no favorecen a Duluth.
El primer estudio, liderado por Amie Zarling y Dan Russell (Universidad Estatal de Iowa) y publicado en 2022 en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, surgió de una necesidad práctica. En 2009, el Departamento de Correccionales de Iowa evaluó internamente el Modelo Duluth y encontró que apenas mejoraba la reincidencia por agresión doméstica en comparación con no dar tratamiento. Iowa necesitaba otra cosa.
Qué es ACTV
Zarling desarrolló ACTV (Achieving Change Through Values-Based Behavior), un programa grupal basado en ACT. A diferencia de Duluth, que asume una causa única —creencias sexistas que hay que reeducar—, ACTV parte de que la violencia de pareja tiene múltiples determinantes: dificultades para regular emociones, historia de trauma, discriminación, consumo de sustancias, problemas de apego. El foco no está en eliminar pensamientos o emociones problemáticas, sino en desarrollar flexibilidad psicológica: la capacidad de identificar los propios valores y actuar de acuerdo a ellos aunque aparezcan pensamientos o emociones incómodas. El programa usa una herramienta, que no es desconocida para los lectores habituales de Psyciencia, «la matrix” para que los participantes distingan qué conductas los acercan o los alejan de lo que valoran.
El primer ensayo: presencial
El estudio de 2022, asignó aleatoriamente a 338 hombres con mandato judicial de completar 24 sesiones presenciales tras ser condenados por agresión contra su pareja. La mitad fue a ACTV, la otra mitad a Duluth. Se midieron dos tipos de resultados: los antecedentes penales durante el año posterior al tratamiento y los reportes de las víctimas que seguían en contacto con los participantes.
En cargos por violencia doméstica específicamente no hubo diferencia significativa entre grupos (p = .44). Pero los participantes de ACTV acumularon significativamente menos cargos violentos en general (p = .04) y menos cargos no violentos, como robo o delitos vinculados a sustancias (p = .02).
El dato más relevante, según Zarling, vino de las víctimas, ya que la mayoría de la violencia doméstica nunca llega a la policía. Las parejas de los hombres tratados con ACTV reportaron significativamente menos conductas de violencia que las parejas de los hombres tratados con Duluth, con tamaños de efecto grandes: agresión física (d = .78), conductas de control (d = .66) y acoso o stalking (d = .71).
La réplica virtual
La pandemia de COVID-19 interrumpió la recolección de datos del primer ensayo antes de alcanzar la muestra planeada, y de paso obligó a los programas de intervención para agresores a pasar a modalidad remota de un día para el otro. Nadie sabía si eso funcionaba. Zarling, junto con Meg Berta y Katie Granger, aprovechó la migración forzada para hacer una segunda fase del ensayo, esta vez comparando ACT virtual contra Duluth virtual, publicada en 2026 en Journal of Family Violence.
Participaron 548 hombres con primera condena por agresión contra su pareja, asignados aleatoriamente a 24 sesiones virtuales de uno u otro programa. Acá los resultados fueron distintos a los del estudio presencial: comparando ACT virtual contra Duluth virtual, el tipo de tratamiento no marcó una diferencia estadísticamente significativa en la reincidencia. Es decir, en esta modalidad los dos programas rindieron de forma similar, aunque los números de ACT fueron levemente mejores sin llegar a ser concluyentes.
La segunda pregunta del estudio era otra: ¿la terapia por videollamada rinde igual que la presencial? Ahí la respuesta fue alentadora. Al comparar a estos 548 hombres (sesiones virtuales) contra los 338 del ensayo de 2022 (sesiones presenciales), los participantes virtuales acumularon menos cargos no violentos y menos cargos totales. La modalidad remota no perdió eficacia frente al cara a cara.
Qué dejan los dos estudios
En conjunto, la evidencia sugiere dos cosas. Primero, que ACTV parece superior a Duluth para reducir reincidencia general y, sobre todo, para reducir la violencia que reportan las propias víctimas, el dato que más le importa a Zarling. Segundo, que la modalidad virtual no perdió eficacia frente a la presencial, lo cual tiene implicancias prácticas grandes para un sistema judicial que necesita escalar estos programas. Ninguno de los dos ensayos, sin embargo, logró completar el tamaño de muestra planeado por la pandemia, y el ensayo virtual no incluyó reportes de víctimas, así que ese dato —el más sensible de todos— todavía falta replicar en formato remoto.
Referencias:
- Zarling, A., & Russell, D. (2022). A randomized clinical trial of acceptance and commitment therapy and the Duluth Model classes for men court-mandated to a domestic violence program. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 90(4), 326–338. https://doi.org/10.1037/ccp0000722
- Zarling, A., Berta, M., & Granger, K. (2026). A randomized clinical trial of virtually-delivered acceptance and commitment therapy and the Duluth Model for men court-mandated to a domestic violence program. Journal of Family Violence, 41, 285–297. https://doi.org/10.1007/s10896-024-00765-1