El bilingüismo mejoraría la reserva cognitiva del cerebro ante el Alzheimer
Publicaciones por autor
Jaime Rubio Hancock escribió para Verne un lindo artículo sobre las ventajas de ser tímido:
Los tímidos somos conscientes de que a menudo “las conversaciones son rituales vacíos, mero relleno de silencios incómodos”. No todas las conversaciones “pueden ser trascendentales o profundas porque nuestra vida interior siempre será más rica que nuestra capacidad para articularla”. Y eso significa que si pasamos un rato callados no pasa absolutamente nada.
Es decir, no es que los tímidos y los introvertidos seamos incapaces de desenvolvernos con comodidad en lo que en inglés se llama small talk, las charlas sobre nada en concreto, sino que estamos en contra de estas conversaciones.
El small talk a menudo se traduce como “charla de ascensor”. No es casual: el etnólogo sueco Åke Daun explica que en su país es habitual subir por las escaleras para no verse atrapado en un ascensor con un desconocido, “por miedo a no ser capaz de pensar en algo acerca de lo que hablar”. No es algo que ocurra solo en Suecia. Hay tímidos en todo el mundo.
Carolyn Gregorie sintetizó en el Huffington Post, algunas de las investigaciones más interesantes sobre las ventajas que tienen las personas zurdas a nivel cerebral:
En principio, los zurdos pueden usar ambos lados de su cerebro con más facilidad y eficiencia.
Según un estudio australiano publicado en 2006 en la revista Neuropsychology, los zurdos suelen tener conexiones entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro, lo que les permite procesar la información con más rapidez. Los autores del estudio evaluaron el rendimiento de los participantes con una tarea que medía el tiempo de transferencia entre los hemisferios del cerebro, y en la que tenían que usar ambos lados del cerebro al mismo tiempo.
La investigación desveló que los participantes zurdos procesaban más rápido la información entre ambos lados del cerebro, una ventaja cognitiva que los podría beneficiar en ámbitos como los videojuegos y los deportes.
Este es solo una de las investigaciones mencionadas en el artículo.
Estamos obsesionados con la felicidad y la búsqueda del placer. Vivimos en una sociedad cada vez más hedonista y el filosofo Gregorio Luri, nos dice en una entrevista para la web ABC que esa necesidad de ser felices hará que nuestros hijos se conviertan en esclavos de los otros:
A cualquier padre que se le pregunte responde que quiere un hijo feliz. Y es abrumadora la sobreoferta de obras de psicología y de noticias que indican el camino más corto para llegar a la felicidad.
A esos padres les pediría que abrieran los ojos y que me dijeran qué ven. La vida es compleja, llena de incertidumbres, y con un sometimiento terrible al azar. Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones, o de alguien que le va a mandar en el futuro. Personalmente, me resulta mucho más atractiva la valentía, el coraje de afirmar la vida. Algo que ha sido, por otra parte, la gran tradición occidental desde Homero hasta hace dos días: Querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones.
Ingresa las palabras de la búsqueda y presiona Enter.