¿Necesitas tomar suplementos de magnesio?
Aunque no está directamente relacionado con la psicología, es un tema que suele surgir con frecuencia en el consultorio. Muchas personas atribuyen diversos problemas de salud a una supuesta deficiencia de magnesio, basándose en información que encontraron en redes sociales. El artículo aborda este fenómeno y destaca que es difícil determinar con precisión si alguien realmente presenta una deficiencia de magnesio. En lugar de recurrir a suplementos sin una evaluación adecuada, la recomendación principal es mejorar la calidad de la dieta para garantizar un aporte suficiente de este mineral.
Les comparto un fragmento del interesante artículo de The New York Times:
Los científicos no saben exactamente cómo los suplementos de magnesio pueden ofrecer estos beneficios, ni si pueden ayudar de otras formas, como previniendo los calambres musculares o mejorando la salud ósea. Pero el mineral interviene en cientos de reacciones químicas del organismo, como la función de las células cerebrales, la contracción muscular, el control de la glucosa en sangre, la regulación de la tensión arterial y la producción de energía.
La mejor manera de asegurarte de que ingieres suficiente magnesio es consumir más alimentos ricos en magnesio, como frutos secos, semillas, verduras de hoja verde, frijoles y cereales integrales, dijo Tucker.
¿Por qué lloramos?
Dana G. Smith con un estupendo artículo que explica por qué lloramos y las funciones del llanto:
Otras especies producen lágrimas, pero las nuestras son las únicas que, según los científicos, emergen sistemáticamente no solo para lubricar y proteger los globos oculares, sino también para expresar emociones, como después de sufrir una ruptura, en las ceremonias de graduación y mientras vemos Diario de una pasión.
Aunque son una de las pocas cosas que nos hacen distintivamente humanos, en muchos sentidos, las lágrimas emocionales siguen siendo un enigma. La investigación ha revelado que nuestras emociones son aún más complicadas de lo que los neurocientíficos pensaban; no existe una zona del cerebro responsable de los sentimientos de tristeza o ira, por ejemplo. Y los científicos aún no han escaneado el cerebro de las personas para ver qué ocurre cuando lloran.
Haz cosas difíciles
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¿Y si pudiéramos elegir nuestros propios «accidentes»?
Dario Benitez en su maravilloso newsletter para psicólogos:
Imagina que tras el accidente de antes hubiera cierta intencionalidad. Imagina que en realidad lo que querías era vivir de verdad la experiencia de intercambiar datos para el seguro. No voy yo a meterme en las aficiones de nadie… Pero mejor te pongo un ejemplo para que lo entiendas.
Llevo un tiempo con dolor en el pulgar, que no acaba de curarse. Por eso decidí ir al fisio (además de mi amigo) para que me echara un cable.
De esta forma alteraré mi sistema semanal para restringir un espacio dedicado a la recuperación de mi dedo pulgar.
La terapia en sí puede ser el gran accidente. Una interferencia que, en muchos casos, cambia el rumbo de las cosas.
Pero también puede ser el inicio de una serie de accidentes en cadena que te ayuden a reconducir tu vida hacia el camino que deseas.
Otro ejemplo:
Vas a terapia.
Ahí te das cuenta de que necesitas socializar más.
Te apuntas a capoeira los miércoles (la bachata ya está muy vista).
Ahora los miércoles ya no los pasas en casa mirando TikTok y dándole vueltas a la cabeza.
El grupo de capoeira propone un plan para el fin de semana.
Y así, los domingos por la mañana ya no los pasas en TikTok ni preocupándote sin rumbo.
Tu sistema ha cambiado porque rompiste tu inercia habitual.
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«Desafios y oportunidades» con José Morales – Watson, episodio 13
Amor, conocimiento, piedad
La alucinante sencillez de aprender a decir “no”
A muchos nos cuesta decir «no», y esto quizás se deba al miedo de sentirnos rechazados, de perder relaciones o de dejar pasar oportunidades que podrían no volver. Sin embargo, vivir complaciendo constantemente las necesidades de los demás puede volver nuestra vida miserable, porque la ecuación se transforma en nuestra contra. Cada vez que decimos «sí» a algo que realmente no queremos, le estamos diciendo «no» a algo que sí valoramos o necesitamos.
Por eso me ha gustado tanto este artículo de Leslie Jamison para The New York Times. En él, Jamison plantea una perspectiva liberadora: las peticiones de los demás no son invasiones o actos de desconsideración; son simplemente eso, peticiones. Las personas tienen derecho a pedir lo que desean, y nosotros tenemos el derecho de decir «no» y de establecer nuestros propios límites.
Jamison también propone un recurso útil para reforzar esos límites: un «Cuaderno de Noes». Este cuaderno consiste en registrar cada vez que decimos «no» a una solicitud, anotando también lo que ese «no» nos ha permitido ganar. Por ejemplo: «decir no a una salida con amigos me permitió pasar más tiempo leyendo» o «decir no a un trabajo extra me dio espacio para trabajar en mi proyecto personal».
Decir «no» no siempre es fácil, pero puede ser bastante simple. A veces, debemos enfocarnos en estrategias sencillas como esta para enfrentar nuestros problemas. Con el «Cuaderno de Noes», aprendemos a priorizar lo que realmente importa y a tomar decisiones que nos acerquen a una vida más auténtica y equilibrada.