Pseudociesis (embarazo fantasma): características y diagnóstico
Antídoto Garcia escribe para El País:
“Al obligar a los niños a saludar a un adulto que no conocen o a alguien que conocen, pero al que en ese momento no quieren dar un beso, les estamos exponiendo a que tengan un menor control sobre su cuerpo ante posibles abusos”, apunta la psicóloga Macarena Chía del instituto Galene. En este punto la psicóloga y psicoterapeuta Alicia Gadea, del centro sanitario Lagasca en Madrid, añade: “Si las principales figuras de apego obligan al menor a entrar en contacto con otra persona de una manera en la que el niño no quiere. Este puede llegar a pensar que hay algo que no está haciendo bien, o incluso que él no está bien, llegando a la conclusión de que se relaciona mal o no sabe relacionarse con los demás”.
Sin embargo, a nadie se le escapa que, los padres, lejos de querer poner a los niños en peligro o hacerles sentir mal, apremian a sus vástagos porque ellos también se ven presionados por el qué dirán y si pensarán que su hijo es un maleducado por no querer saludar. Gadea explica que a los adultos les resulta difícil comprender esta angustia porque para ellos el contacto físico con los otros no supone un problema ni una amenaza. Pero a los niños, bien sea porque son más retraídos o por vergüenza, estas situaciones pueden provocarles un doble malestar: por la situación en la que se encuentran y por saber que van a ser criticados por sus padres al no reaccionar como se espera de ellos. Por ello, Gadea apunta que es necesario conocer a nuestros hijos y respetar sus tiempos de vinculación con los demás.
Hoy es el Día internacional de la Mujer y La Niña en la Ciencia. Azucena Martín escribió un estupendo artículo para Hipertextual con la historia olvidada de la participación de la mujer en el desarrollo científico:
Si bien en la antigüedad el trabajo de las científicas estaba bien reconocido, en la Edad Media la cosa cambió bastante, por lo que muchas mujeres dedicadas a la medicina o la alquimia fueron tachadas de brujas, perseguidas y ejecutadas por ello. Como mucho, se las dejaba trabajar como comadronas. A pesar de ello, sí que destaca el nombre de algunas médicas de esta época, como la italiana Trotula de Ruggiero. Fue la autora de varios escritos sobre medicina, especialmente en el área de la ginecología. Además, ejerció como profesora en la Escuela de Medicina de Salerno, un centro laico muy especial, por ser el único de este tipo que admitía la asistencia de mujeres.
Fue esta también la época en la que empezaron a construirse las primeras universidades de Europa. Sin embargo, en prácticamente ninguna se aceptaba que las mujeres asistieran a clase. Por eso, aquellas que quisieran realizar estudios superiores, tanto en ciencias como en otra materia, debían acudir a monasterios y conventos. En ellos, destacó la figura de profesoras como la abadesa Hildegarda de Bingen, quién también era abadesa, médica, compositora y filósofa.
Lee el artículo completo en Hipertextual.
A pesar de lo avances en la participación de las mujeres en el desarrollo científico, hoy todavía enfrentan grandes obstáculos que los hombres no suelen tienen. El País publicó de la mano de Isabel Rubio, un estudio de The Lancet acerca del sesgos de género en el campo de la investigación científica:
Existe un techo de cristal en la ciencia que impide a las mujeres llegar a los puestos más altos. A la falta de modelos a seguir en los medios de comunicación y en los libros de texto desde que son pequeñas se suman los problemas de conciliación familiar y laboral, los obstáculos para que su trabajo sea reconocido y la dificultad a la hora de conseguir financiación para sus proyectos. Las mujeres salen perjudicadas frente a los hombres cuando la revisión por pares evalúa al solicitante en lugar de la calidad de sus proyectos científicos. Así lo aseguran los investigadores de un estudio publicado este jueves en la revista médica The Lancet tras analizar casi 24.000 solicitudes de becas en los Institutos Canadienses de Investigación de la Salud (CIHR, por sus siglas en inglés).
“En todos los países y disciplinas, los estudios muestran que los investigadores hombres reciben más fondos de investigación que las mujeres. La brecha de género en la financiación de la investigación se deriva de las evaluaciones del científico, no de la ciencia”, explica Holly O. Witteman, coautora del estudio. Es investigadora de la Universidad Laval en la Ciudad de Quebec (Canadá) y considera que “el sesgo en la revisión de la subvención, ya sea individual o sistémica, impide que se financie la mejor investigación”.
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