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Jorge F. Hernández para El País:
Cuando duele México por desastres sus heridas y su llanto hacen ecos diferentes en todo el mundo, en los lugares apartados donde jamás han sentido en vivo el oleaje de un terremoto o la sacudida de un huracán, la prolongación insólita de la lluvia durante semanas o la sequía que pinta a sus desiertos con la calavera de la desolación. Cuando duele México por tanta mala tinta roja que se vuelve titular en todos los idiomas por el morbo criminal de los capos, por la corrupción increíble de los políticos, por la desidia abusiva de los empresarios exageradamente opulentos en medio de tanta miseria, pero cuando duele México por tragedias y cuando todo ese dolor llega de lejos quiero que se sepa que no hay sombra que no parezca hablar en colores, que todo sabor incluso amargo sabe a Jamaica y cilantro, aguamiel y melancolía; cuando duele México quiero que se sepa que en Madrid hay tanta gente que llora y piensa en las calles e imagina el mapa de todo el país no por GPS sino por afectos, por los amigos y familiares que son buscados también en las colonias que poco a poco han poblado con tan inmenso ejemplo los barrios de Chicago, la manzana de Manhattan, la inmensa mancha urbana de Los Ángeles… cuando duele México duele la prosa de muchos de los mejores escritores que ha dado la literatura de este planeta y tanta música maravillosa se filtra en los árboles lejanos y sopla como viento en los paisajes de la madrugada en La Mancha…. Y quiero que sepan que cuando duele México duele el aire que la evoca en todo el mundo que ha respirado inspiración en paisajes de todos los verdes y litorales de todos los azules y caras que sonríen incluso cuando duermen y párpados somnolientos y el ladrido de los perros callejeros que intentan anunciar lo que quizá no alcanza a advertir la alarma sísmica y los miles de desheredados, sin nombre y sin cuenta bancaria que ven volar los techos de lámina en los vendavales y los cimientos de sus sueños en esta tragedia que en realidad afecta a todos y duele a todos.
Estamos con ustedes en su dolor y en su recuperación.
Clotilde Sarrió y Alberto Soler Montagud en su blog Gestalt Terapia:
El primer contacto con la realidad de la muerte en la infancia estará en función de un conjunto multifactorial: la edad, el progreso evolutivo del niño, cómo y cuales han sido sus experiencias vivenciales hasta ese momento, su desarrollo cognitivo, su capacidad para conceptualizar y también el grado de madurez emocional alcanzado. Por supuesto, según cómo vivan y sientan los padres y el entorno el tema de la muerte, variará la respuesta de cada niño ante este inapelable evento al que todo ser vivo se acaba enfrentando, en tercera o primera persona, en algún momento.
Tanto por el modo como el niño gestione la pérdida de un ser querido, como por todo aquello que se haga —o se omita— antes, durante y después de esta importante experiencia, se desarrollarán los recursos de resiliencia en el niño (capacidad de cada cual para superar una circunstancia traumática) y surgirán las repercusiones consecuentes en su mundo emocional, relacional y conductual.
El artículo añade una serie de valiosas recomendaciones para hablar de la muerte con los niños.
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