Hablar constantemente de tus problemas con tus amigos no es buena idea
Cuando nuestra nariz pierde agudeza, nuestra salud mental también suele resentirse. La disminución del olfato se asocia a un empeoramiento de la memoria, la cognición y el bienestar general, así como a la demencia y la depresión.
“Nuestro cerebro necesita mucha estimulación olfativa para mantener su salud”, afirmó Michael Leon, profesor emérito de neurobiología de la Universidad de California, campus Irvine.
El artículo menciona estudios que sugieren que el entrenamiento olfativo podría mejorar la salud mental. Además, incluye algunos ejercicios breves para mejorar la capacidad olfativa. Puedes leer el artículo completo en The New York Times.
Linda Baker presenta en The New York Times un análisis sobre el daño que causamos a las mascotas al tratarlas como humanos, especialmente a través del excesivo confinamiento y protección:
Ahora, algunos especialistas en ética del bienestar animal y científicos veterinarios se preguntan si, en nuestros esfuerzos por humanizar a nuestras mascotas, hemos ido demasiado lejos. Cuanto más tratamos a las mascotas como personas, alegan, más limitadas y dependientes de nosotros se vuelven las vidas de nuestras mascotas, y más problemas de salud y de comportamiento desarrollan.
“Ahora vemos a las mascotas no solo como miembros de la familia sino como equivalentes a niños”, aseveró James Serpell, profesor emérito de ética y bienestar animal en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pensilvania. “El problema es que los perros y los gatos no son niños y los dueños se han vuelto cada vez más protectores y restrictivos. Por ende, los animales no son capaces de expresar su propia naturaleza perruna y gatuna tan libremente como lo harían”.
Horowitz estableció un contraste con los perros callejeros, una categoría a la que pertenecen la mayoría de los 900 millones de perros que se calcula hay en el mundo. Los canes que deambulan libremente tienen vidas más cortas y no tienen garantía de alimento, señaló Horowitz, pero pueden tomar sus propias decisiones. “Ese es un modelo interesante que debemos considerar: pensar en cómo hacer que la vida de un perro sea más rica con opciones para que no sea cautivo de nuestros caprichos todo el tiempo, sin poner en peligro a la sociedad en general”, dijo.
La antropomorfización de nuestras mascotas puede tener beneficios para los humanos, como aumentar la empatía, reducir la soledad y mejorar el bienestar emocional. Sin embargo, esta práctica puede tener efectos muy dañinos para las mascotas. Impone expectativas humanas inapropiadas y puede llevar a la negligencia de sus necesidades reales, como la falta de estructura, disciplina, libertad y una sobreprotección excesiva. Y el artículo expone muy bien estos riesgos. Puedes leerlo completo en The New York Times.
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