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Cómo romper el hielo

  • 03/03/2026
  • David Aparicio

Jancee Dunn en The New York Times:

Lindo artículo que resume mucho de los principios que trabajamos en consulta con las personas con ansiedad social:

La investigación de Sandstrom sugiere que las personas evitan hablar con desconocidos porque suponen que no les van a caer bien. Pero el rechazo no ocurre tan a menudo como podría pensarse, dijo.

En un estudio de 2022, Sandstrom y sus coautores encargaron a personas que hablaran con desconocidos. Resultó que los participantes anticiparon muchos más rechazos de los que recibieron: el 87 por ciento de las veces, en cientos de encuentros, los desconocidos mordieron el anzuelo y mantuvieron una conversación.

Si la persona no entabla conversación, “no te sientes muy bien, pero la sensación suele pasar bastante rápido”, dijo Sandstrom. Puedes olvidar un encuentro infructuoso en cuestión de minutos, añadió, pero siempre recordarás los que fueron bien. Y suelen ser mucho más numerosos, añadió.

Artículo completo en The New York Times.

  • Clínica

El consumo de marihuana en la adolescencia duplica el riesgo de trastornos psicóticos y bipolares

  • 02/03/2026
  • David Aparicio

El consumo de marihuana no es tan inocuo como las personas creen. Un gran estudio longitudinal encontró que el consumo de cannabis en la adolescencia incrementa el riesgo de ser diagnosticado con trastorno bipolar, trastornos psicóticos, depresión y ansiedad. Los resultados están disponibles en la revista científica JAMA Health Forum.

En esta investigación, los autores analizaron los datos de salud de más de 463,000 adolescentes de entre 13 y 17 años del sistema de salud Kaiser Permanente en el norte de California. Se excluyeron los datos de los adolescentes que tenían síntomas previos de trastornos mentales antes de consumir marihuana. Del resto de participantes, se siguieron sus datos hasta que cumplieron 26 años. Los datos incluyeron evaluaciones anuales de consumo de sustancias y diagnósticos psiquiátricos obtenidos de los registros médicos electrónicos.

Los datos demostraron que los adolescentes que reportaron consumir marihuana en el último año tenían más riesgo de ser diagnosticados con trastornos mentales severos que los adolescentes que no habían consumido marihuana.

Aquellos que reportaron consumir marihuana tenían el doble de riesgo de desarrollar trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, y trastorno bipolar, dos de las condiciones psiquiátricas más serias e incapacitantes. Y los diagnósticos psiquiátricos aparecieron, en promedio, entre 1.7 y 2.3 años después del primer reporte de consumo de cannabis.

Pero no solo eso: el estudio también encontró que el consumo se asociaba con un aumento de aproximadamente un tercio en el riesgo de depresión y un 25% más de riesgo de ansiedad, dos de los trastornos más prevalentes en el mundo.

Un dato particularmente relevante es que el vínculo entre marihuana y depresión y ansiedad se debilitaba a medida que los participantes crecían, lo que sugiere que el cerebro adolescente es especialmente vulnerable a los efectos del cannabis durante su desarrollo. Sin embargo, para los trastornos psicóticos y bipolares, el riesgo elevado se mantuvo incluso en edades mayores, lo que indica una vulnerabilidad persistente.

Este no es el primer estudio que vincula el uso de marihuana con trastornos mentales. Los estudios anteriores no habían podido esclarecer bien si las personas con trastornos consumían marihuana o si la marihuana contribuía a generar los trastornos. Pero este estudio, al excluir a los adolescentes que ya tenían problemas de salud mental y al demostrar que el consumo precedió a los diagnósticos, fortalece la evidencia de que el cannabis es un factor de riesgo potencial para el desarrollo de enfermedades mentales. Un factor que hace estos resultados aún más preocupantes es que la marihuana de hoy no es la misma de hace unas décadas: la flor de cannabis actual supera el 20% de THC y los concentrados pueden alcanzar hasta un 95%, lo que significa que los adolescentes están expuestos a un producto mucho más potente que el que consumían generaciones anteriores.

Sabemos que los trastornos mentales son causados por una combinación de factores de riesgo como la genética, el ambiente, el estilo de vida y las experiencias de vida, y que hay adolescentes que están más en riesgo que otros. Pero cuando alguien con esta vulnerabilidad consume marihuana, está jugando con fuego. Porque entre más consuman, más riesgo tendrán de que los síntomas empeoren y de que sea más difícil recuperarse.

Referencia: Young-Wolff, K. C., Cortez, C. A., Alexeeff, S. E., Silver, L. D., Pacula, R. L., Slama, N. E., Padon, A. A., Satre, D. D., Campbell, C. I., Koshy, M. T., Does, M. B., & Sterling, S. A. (2026). Adolescent cannabis use and risk of psychotic, bipolar, depressive, and anxiety disorders. JAMA Health Forum, 7(2), e256839. https://doi.org/10.1001/jamahealthforum.2025.6839

  • Ciencia

Científicos descubren un vínculo fascinante entre la respiración y la memoria

  • 25/02/2026
  • David Aparicio

Inhala. Ahora exhala. Ese acto automático que acabas de realizar —y que repetirás unas 20,000 veces hoy— podría estar orquestando silenciosamente tu capacidad de recordar. Según una investigación publicada en The Journal of Neuroscience, el momento exacto en que respiras mientras intentas recuperar un recuerdo determina, en parte, si lo lograrás o no.

Durante décadas, la neurociencia trató la respiración como un proceso periférico: algo que el cuerpo hace para sobrevivir mientras el cerebro realiza el «verdadero» trabajo cognitivo. Pero esta visión está cambiando. Sabemos que las personas reconocen rostros y perciben el tacto con mayor precisión durante la inhalación. Lo que no sabíamos era si este fenómeno se extendía a algo tan complejo como traer de vuelta un recuerdo específico.

Un equipo de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich decidió investigar precisamente eso: ¿funciona la respiración como un director de orquesta que coordina cuándo el cerebro puede reconstruir efectivamente una memoria?

La respiración como organizadora de procesos cognitivos

«Gran parte de la investigación sobre memoria se ha centrado tradicionalmente en los mecanismos neuronales dentro del propio cerebro. Sin embargo, evidencia creciente sugiere que los ritmos corporales, particularmente la respiración, pueden influir sistemáticamente en la actividad cerebral», explicó el autor del estudio Thomas Schreiner, líder del Grupo Emmy Noether en la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich.

«Aunque este vínculo había sido demostrado para estados cerebrales generales, no estaba claro si la respiración también moldea los procesos neuronales específicos que apoyan el recuerdo. Nuestra motivación fue abordar esta brecha probando si diferentes fases de la respiración están directamente vinculadas a las firmas neuronales de la recuperación exitosa de memoria en humanos.»

Metodología del estudio

Para su investigación, los científicos analizaron datos de 18 participantes sanos (15 mujeres y 3 hombres), con una edad promedio de aproximadamente 21 años. El experimento involucró dos sesiones separadas con un intervalo de aproximadamente una semana.

Durante la fase inicial de cada sesión, los participantes completaron una tarea de aprendizaje. Se les mostraron verbos, como «saltar», emparejados con imágenes de objetos o escenas. Los participantes recibieron instrucciones de crear una imagen mental o historia que vinculara el verbo con la imagen. Este proceso creó una memoria asociativa: un tipo de memoria que vincula dos elementos no relacionados.

Posteriormente, los participantes fueron sometidos a una prueba de memoria. Durante esta prueba, se les presentaron los verbos que habían visto anteriormente y se les pidió recordar la imagen asociada y describirla.

Mientras los participantes realizaban estas tareas, los científicos registraron su actividad fisiológica utilizando:

  • Electroencefalografía (EEG): para monitorear la actividad eléctrica del cerebro
  • Sensor de flujo de aire termistor: para rastrear los patrones respiratorios

Esta configuración permitió al equipo emparejar con precisión los momentos de actividad cerebral con fases específicas del ciclo respiratorio.

Hallazgos principales

Los resultados revelaron una conexión entre la respiración y el rendimiento de la memoria. Los investigadores encontraron que los participantes tenían más probabilidades de recordar exitosamente una imagen si la palabra clave aparecía mientras estaban inhalando. Específicamente, la secuencia óptima para la recuperación de memoria parecía involucrar inhalar cuando se presenta la señal, seguido de exhalar mientras el cerebro procesa el recuerdo.

«Nos sorprendió cuán selectivamente emergieron los efectos durante el recuerdo exitoso, en lugar de durante la recuperación fallida o las condiciones de control», dijo Schreiner. «Esto sugiere que la respiración no está simplemente influyendo en la activación general, sino que está específicamente vinculada a la reinstauración neuronal de la información almacenada.»

Cuando los científicos examinaron los datos neuronales, encontraron que las ondas cerebrales se sincronizaban con el ciclo respiratorio. La disminución característica en el poder alfa y beta, que señala un compromiso exitoso de la memoria, estaba modulada por la respiración. Estas disminuciones de poder eran más prominentes alrededor del momento de la exhalación.

El estudio también mostró que la reactivación de la memoria estaba sincronizada con la respiración. Los patrones neuronales que indicaban que el participante estaba trayendo la imagen de vuelta a su mente tendían a emerger durante la fase de exhalación. Esto sugiere que mientras la inhalación puede ser importante para recibir la señal, la exhalación es el período cuando el cerebro reconstruye efectivamente el recuerdo.

Correlación con el rendimiento cognitivo

Los científicos observaron una correlación entre la fuerza de esta sincronización y qué tan bien los individuos se desempeñaron en la prueba. Los participantes que mostraron un acoplamiento más fuerte entre su ritmo respiratorio y los patrones de reactivación de su cerebro lograron mejores puntuaciones de memoria. Esto implica que la coordinación entre respiración y cerebro no es aleatoria, sino funcionalmente relevante para el rendimiento cognitivo.

Estos hallazgos proporcionan evidencia de que la respiración puede actuar como un andamiaje para la recuperación de memoria episódica. La memoria episódica involucra el recuerdo de eventos, situaciones y experiencias específicas. Los datos sugieren que el ciclo respiratorio ayuda a coordinar las condiciones neuronales necesarias para este complejo proceso cognitivo.

«Nuestros resultados sugieren que la respiración no es solo una función corporal de fondo, sino que está estrechamente coordinada con la actividad cerebral que apoya el recuerdo», explicó Schreiner. «En particular, el momento de la inhalación y exhalación parece estructurar cuándo los patrones neuronales relacionados con la memoria se reactivan más efectivamente. Esto destaca que los procesos cognitivos como la memoria emergen de interacciones estrechas entre el cerebro y el cuerpo, en lugar de solo del cerebro.»

Limitaciones y consideraciones

Los investigadores señalan varias consideraciones importantes:

  1. Efectos modestos: Aunque los efectos son consistentes, son relativamente modestos en tamaño, lo cual es típico para influencias fisiológicas en tareas mentales complejas.
  2. Correlación, no causalidad: El estudio identifica una correlación pero no prueba definitivamente que la respiración cause los cambios en la actividad cerebral. Es posible que un tercer factor, como la activación general o la atención, influya simultáneamente en la respiración y la memoria.
  3. Respiración espontánea: El estudio se centró en la respiración espontánea, reflejando el acoplamiento fisiológico natural e inconsciente, no los efectos de ejercicios de respiración deliberados.

«Una advertencia clave es que nuestros hallazgos no implican que cambiar conscientemente la respiración mejorará inmediatamente el rendimiento de la memoria», señaló Schreiner. «El estudio se centra en la respiración espontánea y su acoplamiento natural con la dinámica cerebral. Si las intervenciones de respiración deliberada pueden mejorar confiablemente la memoria sigue siendo una pregunta abierta.»

Direcciones futuras

El equipo de investigación planea expandir esta línea de investigación. «Nuestro enfoque de investigación central es el sueño y la memoria, y previamente hemos demostrado que la respiración juega un papel clave en estructurar la reactivación de memoria durante el sueño. Con el presente estudio, buscamos extender este marco al recuerdo durante la vigilia», dijo Schreiner.

«En el futuro, queremos llevar este trabajo más allá entendiendo cómo la estabilidad o inestabilidad respiratoria moldea la consolidación de memoria durante el sueño, y cómo las alteraciones de la respiración, como en los trastornos respiratorios del sueño, pueden afectar la coordinación neuronal relacionada con la memoria en el envejecimiento y poblaciones clínicas.»

«De manera más amplia, esperamos que este trabajo contribuya a una visión creciente de la cognición como un proceso encarnado, en el cual la función cerebral está continuamente moldeada por ritmos fisiológicos a lo largo del cuerpo.»

Referencia:

El estudio «Respiration shapes the neural dynamics of successful remembering in humans» fue realizado por Esteban Bullón Tarrasó, Fabian Schwimmbeck, Marit Petzka, Tobias Staudigl, Bernhard P. Staresina y Thomas Schreiner, y publicado en The Journal of Neuroscience.

  • Ciencia

Los narcisistas grandiosos muestran menor sensibilidad neural a los errores

  • 25/02/2026
  • David Aparicio

Dos estudios con estudiantes universitarios en el Reino Unido revelaron que los individuos con rasgos pronunciados de narcisismo grandioso tienden a mostrar una actividad neural atenuada en respuesta a los errores. Es posible que este sea el mecanismo a través del cual los narcisistas resisten corregirse a sí mismos, reforzando sus autopercepciones positivas. La investigación fue publicada en la revista Journal of Personality.

Narcisismo grandioso vs. vulnerable

El narcisismo es un rasgo de personalidad caracterizado por grandiosidad, una fuerte necesidad de admiración y una tendencia hacia el egocentrismo. Existen dos formas principales: el narcisismo grandioso y el vulnerable.

El narcisismo grandioso se caracteriza por confianza, extraversión y exhibicionismo, mientras que el narcisismo vulnerable implica defensividad, inseguridad e hipersensibilidad a la crítica.

Artículo recomendado: Narcisismo: lo que hemos aprendido en 30 años de investigación

Los individuos con alto narcisismo tienden a estar muy interesados en buscar estatus y reconocimiento. A menudo parecen carismáticos y competentes ante los demás. Sin embargo, suelen tener dificultades con la empatía y priorizan el beneficio personal sobre el bienestar colectivo. Debido a este contraste interno, el narcisismo está vinculado tanto al éxito social a corto plazo como a la inestabilidad relacional a largo plazo.

En contextos de liderazgo, los individuos narcisistas pueden tomar decisiones audaces y visionarias, pero también asumen riesgos excesivos. Los modelos teóricos sugieren que los narcisistas enmascaran una inseguridad subyacente o mantienen una autoimagen robusta a través de distorsiones cognitivas y evitación de retroalimentación negativa.

El estudio

La autora principal, Esther M. Robins, y sus colegas querían examinar la asociación entre el narcisismo —particularmente el narcisismo agéntico grandioso— y la negatividad relacionada con errores (ERN, por sus siglas en inglés). La ERN es un marcador neural del procesamiento de errores detectable mediante electroencefalografía (EEG). Se trata de una deflexión negativa rápida en la señal de EEG que ocurre aproximadamente 50 milisegundos después de que un individuo comete un error, reflejando procesos neuronales tempranos de detección de errores generados en la corteza cingulada anterior.

Primer estudio

El primer estudio incluyó una muestra final analizada de 144 estudiantes de pregrado de la Universidad de Southampton (aproximadamente el 81% mujeres). Los estudiantes completaron la Tarea Flanker de Eriksen mientras un dispositivo de EEG registraba su actividad cerebral. Posteriormente, completaron una evaluación de narcisismo (el Cuestionario de Admiración y Rivalidad Narcisista).

La Tarea Flanker de Eriksen es una tarea cognitiva en la que los participantes responden a un estímulo objetivo mientras ignoran estímulos distractores circundantes (flanqueadores). Se utiliza comúnmente para medir la atención selectiva, el conflicto de respuesta y el control cognitivo.

Segundo estudio

El segundo estudio replicó el procedimiento del primero, con la adición de que los estudiantes recibían retroalimentación después de cada ensayo indicándoles si su respuesta era correcta o incorrecta. Esto permitió a los autores probar si la respuesta neural atenuada a los errores encontrada en el estudio anterior se extendía a situaciones donde los fallos de rendimiento eran claramente señalados por fuentes externas.

En esta configuración había dos condiciones: se les decía a los estudiantes que su retroalimentación estaba siendo señalada por dos investigadores en otra habitación o que era generada por computadora. Aunque inicialmente se reclutaron 120 estudiantes, la muestra final consistió en 50 participantes (80% mujeres), ya que varios participantes tuvieron que ser excluidos por no cometer suficientes errores para registrar una señal de EEG confiable.

Resultados

Primer estudio

Las respuestas de negatividad relacionada con errores fueron claramente detectables y marcadamente más fuertes cuando los participantes se equivocaban que cuando su respuesta era correcta. Fueron más intensas sobre la ubicación del electrodo Fz (es decir, sobre la línea media frontal del cuero cabelludo).

Los individuos con narcisismo grandioso más pronunciado tendieron a mostrar una respuesta de negatividad relacionada con errores más débil (menos negativa). Esto indicó que la respuesta neural temprana de estos individuos a los errores estaba atenuada.

Segundo estudio

Los resultados replicaron conceptualmente los hallazgos del primero. Incluso con retroalimentación externa explícita, los individuos con narcisismo más pronunciado tendieron a mostrar respuestas de negatividad relacionada con errores menos negativas (más débiles).

Esta asociación fue evidente tanto para las facetas de admiración como de rivalidad del narcisismo grandioso, aunque el efecto fue más fuerte para la faceta de admiración.

Conclusiones

«Un mayor narcisismo de admiración y rivalidad se asoció con una negatividad relacionada con errores atenuada (menos negativa). Los resultados son consistentes con el modelo metacognitivo del narcisismo, mostrando que los narcisistas grandiosos exhiben una sensibilidad neural reducida a los errores. Estos hallazgos destacan un mecanismo potencial a través del cual los narcisistas resisten el aprendizaje autocorrectivo, reforzando sus autopercepciones positivas. El procesamiento de errores atenuado puede influir en la toma de decisiones y el comportamiento en diversos contextos», concluyeron los autores del estudio.

Limitaciones

El estudio contribuye a la comprensión científica de los fundamentos neurales del narcisismo. Sin embargo, debe señalarse que se realizó únicamente con estudiantes universitarios británicos predominantemente blancos. Los resultados en otros grupos demográficos, culturales y de edad podrían diferir.

Referencia: Robins, E. M., Zhou, Z., Huang, C., Angus, D. J., Sedikides, C., & Kelley, N. J. (2025). Narcissism is associated with blunted error-related brain activity. Journal of Personality.

  • Clínica

IA y salud mental: nueva investigación vincula el uso de ChatGPT con el empeoramiento de síntomas psiquiátricos

  • 24/02/2026
  • David Aparicio

Los chatbots de inteligencia artificial generativa podrían estar agravando los síntomas de algunas personas con trastornos mentales severos. Un análisis reciente de miles de registros médicos revela casos donde la interacción con estos programas reforzó creencias falsas, fomentó la autolesión o exacerbó trastornos alimentarios. Los hallazgos fueron publicados recientemente en la revista Acta Psychiatrica Scandinavica.

¿Por qué los chatbots pueden ser problemáticos?

Los programas de inteligencia artificial como ChatGPT se basan en estructuras llamadas modelos de lenguaje de gran escala. Son sistemas matemáticos masivos entrenados con enormes cantidades de texto de internet. Cuando una persona escribe un mensaje, el sistema funciona como un motor estadístico gigante, calculando la palabra más probable para generar una respuesta altamente fluida.

Debido a que estas conversaciones se sienten tan naturales, muchas personas comienzan a tratar el software como si fuera un ser consciente. Esto puede generar una falsa sensación de confianza, especialmente porque los modelos suelen estar programados para ser altamente complacientes. Para mantener a los usuarios enganchados, el software favorece respuestas que hacen feliz al humano, lo que a veces significa reflejar la visión del mundo del usuario de vuelta hacia él.

En un contexto psiquiátrico, un delirio se define como una creencia falsa y fija que una persona mantiene a pesar de evidencia clara en contra. Si alguien cree que es un mensajero divino o que está siendo monitoreado secretamente, un chatbot complaciente podría validar esa idea en lugar de cuestionarla.

El estudio

La investigación fue liderada por Søren Dinesen Østergaard, profesor y psiquiatra que dirige una unidad de investigación en el Hospital Universitario de Aarhus en Dinamarca. Colaboró con Sidse Godske Olsen y Christian Jon Reinecke-Tellefsen, ambos investigadores afiliados a la Universidad de Aarhus y al departamento de psiquiatría del hospital.

El equipo revisó registros clínicos electrónicos de casi 54,000 pacientes únicos tratados entre septiembre de 2022 y junio de 2025. Durante este período de casi tres años, el personal médico ingresó más de diez millones de notas clínicas en la base de datos regional. Los investigadores escanearon esta colección masiva de texto buscando cualquier mención de programas de inteligencia artificial.

Para asegurar capturar tantos casos como fuera posible, buscaron las palabras «chatbot» y «ChatGPT» junto con veinte errores ortográficos comunes. De hecho, generaron esta lista de errores preguntándole al propio ChatGPT cómo los usuarios humanos escriben más frecuentemente su nombre de forma incorrecta. Esto les permitió detectar errores tipográficos como «chatboot», «ChatGBT» y «ChatJPT» en las notas de los médicos.

Hallazgos principales

Esta búsqueda inicial arrojó 181 notas médicas específicas pertenecientes a 126 pacientes únicos. Tras revisar independientemente estas notas, los investigadores identificaron 38 pacientes que experimentaron consecuencias potencialmente dañinas relacionadas con el uso de estas herramientas digitales.

Empeoramiento de delirios

El resultado negativo más común fue el empeoramiento de delirios, que ocurrió en once de los casos.

«Los chatbots de IA tienen una tendencia inherente a validar las creencias del usuario», señala Østergaard. «Es obvio que esto es altamente problemático si un usuario ya tiene un delirio o está en proceso de desarrollar uno».

Ideación suicida y autolesiones

El equipo encontró seis casos donde los programas parecieron empeorar pensamientos suicidas o donde los pacientes preguntaron al software sobre métodos de autolesión.

Trastornos alimentarios

Otros cinco pacientes usaron los bots para obsesionarse con el conteo de calorías, lo que empeoró sus trastornos alimentarios existentes.

Otras condiciones psiquiátricas

Los investigadores también encontraron casos donde el software pareció agravar otras condiciones. Algunos pacientes experimentaron episodios de manía empeorados, y otros usaron los bots compulsivamente en un intento de aliviar los pensamientos intrusivos asociados con el trastorno obsesivo-compulsivo.

«A pesar de que nuestro conocimiento en esta área todavía es limitado, yo argumentaría que ahora sabemos lo suficiente para decir que el uso de chatbots de IA es riesgoso si tienes una enfermedad mental severa», advierte Østergaard. «Instaría a la precaución aquí».

No todo es negativo

El equipo también documentó ejemplos de pacientes usando la tecnología de maneras que parecían constructivas o útiles. De todo el grupo, 32 pacientes usaron las herramientas para aprender sobre sus síntomas, buscar terapia conversacional informal o encontrar compañía cuando se sentían solos. Otros veinte pacientes usaron los programas para ayudar a organizar tareas prácticas en sus vidas diarias.

Sin embargo, los investigadores señalan que las empresas tecnológicas no diseñaron sus productos para uso médico o terapéutico. Permanece completamente incierto quién es legalmente responsable si un programa digital da consejos peligrosos a un paciente vulnerable.

«Soy fundamentalmente escéptico sobre reemplazar a un psicoterapeuta entrenado con un chatbot de IA», señala Østergaard.

Limitaciones del estudio

Los autores reconocen varias limitaciones en su recolección y análisis de datos. Lo más importante: leer notas de médicos no prueba definitivamente que la tecnología causó los síntomas de los pacientes. Es enteramente posible que las condiciones de los pacientes hubieran empeorado incluso sin interactuar con un programa de computadora.

Además, los médicos en este sistema hospitalario no preguntan rutinariamente a cada paciente sobre sus hábitos tecnológicos. Los casos encontrados fueron simplemente aquellos donde un paciente mencionó el software durante una cita.

«En nuestro estudio, solo estamos viendo la punta del iceberg, ya que solo hemos podido identificar casos que fueron descritos en los registros de salud electrónicos», explica Østergaard.

La necesidad de regulación

Los investigadores sugieren que los desarrolladores deberían incorporar características de seguridad automáticas en su software. Estas características podrían detectar indicaciones de psicosis y redirigir la conversación hacia recursos profesionales de salud mental. Argumentan que las empresas tecnológicas no deberían ser las únicas decidiendo si sus productos son seguros para uso público.

«Actualmente, se deja a las propias empresas decidir si sus productos son lo suficientemente seguros para los usuarios», dice Østergaard. «Se necesita regulación a nivel central».

Mientras tanto, los investigadores esperan que los profesionales de salud mental pregunten activamente a sus pacientes sobre sus hábitos digitales y ofrezcan orientación sobre un uso seguro.

Referencia: Olsen, S. G., Reinecke-Tellefsen, C. J., & Østergaard, S. D. (2025). Potentially harmful consequences of artificial intelligence (AI) chatbot use among patients with mental illness: Early data from a large psychiatric service system. Acta Psychiatrica Scandinavica.

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  • Clínica

Los horarios de sueño irregulares alteran la estructura cerebral de los adolescentes

  • 24/02/2026
  • David Aparicio

Cuando los adolescentes modifican drásticamente sus horarios de sueño entre los días de clase y los fines de semana, este desajuste puede alterar la estructura física y la comunicación interna de sus cerebros en desarrollo. Una investigación reciente publicada en la revista Sleep revela que esta inconsistencia está vinculada a conexiones más débiles y menor volumen en áreas cerebrales responsables de la atención, la regulación emocional y el procesamiento de recompensas.

El jet lag social: viajar sin salir de casa

Durante la adolescencia, los patrones de sueño experimentan cambios biológicos y sociales significativos. Los adolescentes tienden naturalmente a acostarse más tarde debido a cambios hormonales, pero los horarios escolares tempranos los obligan a despertar antes de haber descansado lo suficiente. Para compensar, muchos duermen hasta tarde los fines de semana, creando un desajuste entre su reloj biológico interno y su horario social externo.

Los investigadores denominan a este fenómeno jet lag social: el equivalente biológico de viajar a través de múltiples zonas horarias cada fin de semana sin salir de casa.

Investigaciones previas han vinculado este desajuste con aumento de peso, bajo rendimiento académico y problemas de salud mental como ansiedad y depresión. Sin embargo, pocos estudios habían examinado cómo el jet lag social altera físicamente el cerebro en desarrollo.

El estudio

Matthew Risner, investigador del Boston Children’s Hospital, lideró un equipo junto a Eliot S. Katz y Catherine Stamoulis para investigar cómo los horarios de sueño irregulares interfieren con el proceso de maduración cerebral.

El equipo analizó datos de más de 3,500 niños de aproximadamente 12 años, provenientes de un proyecto nacional que rastrea el desarrollo infantil a lo largo del tiempo. Los adolescentes respondieron cuestionarios detallados sobre sus hábitos de sueño tanto en días escolares como en días libres.

Los investigadores examinaron resonancias magnéticas estructurales, que muestran el tamaño, volumen y grosor de regiones cerebrales específicas, así como escaneos funcionales en estado de reposo, que miden el flujo sanguíneo y permiten mapear las redes cerebrales.

Hallazgos principales

Más del 35% de los adolescentes afectados

Los resultados mostraron que más del 35% de los adolescentes experimentaba un jet lag social de dos horas o más. Los varones, los jóvenes hispanos, los jóvenes afroamericanos y los adolescentes de mayor edad tendían a presentar mayores desajustes en sus horarios de sueño.

Conexiones cerebrales debilitadas

Al examinar los escaneos cerebrales, el equipo descubrió asociaciones extensas entre el sueño irregular y la organización cerebral:

  • El tálamo, estructura profunda que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia, mostró conexiones funcionales más débiles con el resto del cerebro en adolescentes con mayor jet lag social.
  • La red de saliencia, responsable de decidir qué información externa merece atención, presentó conexiones internas más débiles y menor resiliencia ante la disrupción.
  • La red de atención dorsal, que gobierna las tareas enfocadas y dirigidas a objetivos, exhibió un procesamiento de información menos eficiente.

Cambios en la estructura física del cerebro

Los adolescentes con mayor jet lag social presentaron:

  • Corteza cerebral más delgada en varias áreas, incluyendo regiones del lóbulo temporal involucradas en el procesamiento visual y auditivo.
  • Menor volumen en estructuras cerebrales profundas responsables del procesamiento emocional y de recompensas, como la amígdala y el núcleo accumbens.

Alteraciones en la actividad cerebral espontánea

El jet lag social se asoció con fluctuaciones anormales en la actividad cerebral en reposo. Algunas áreas, como la red somatomotora que controla el movimiento, mostraron una variabilidad inusualmente alta. Otras, como la red de modo predeterminado (activa durante la ensoñación y el recuerdo de memorias), mostraron una variabilidad anormalmente baja.

Este desequilibrio indica que el sueño inconsistente podría alterar la trayectoria natural de la maduración cerebral.

Dificultades en el flujo de información

Los investigadores encontraron que los adolescentes con horarios de sueño irregulares tenían mayor dificultad para transferir información desde la amígdala y otras regiones relacionadas con el procesamiento sensorial. Este flujo de información reducido podría dificultar la integración de los estímulos sensoriales con las respuestas emocionales.

Limitaciones y direcciones futuras

Los investigadores reconocieron algunas limitaciones. El estudio solo evaluó a los participantes en un único momento, por lo que no pueden afirmar definitivamente que el jet lag social cause estos cambios cerebrales, sino únicamente que existe una asociación entre ambos factores.

Además, los datos de sueño se basaron en cuestionarios autoinformados, que generalmente son menos precisos que las mediciones objetivas de dispositivos portátiles.

Las investigaciones futuras podrían observar a estos adolescentes durante varios años para determinar si estas alteraciones cerebrales persisten hasta la adultez o si pueden revertirse adoptando un horario de sueño más consistente. También sería valioso conectar los datos de los escaneos cerebrales con puntuaciones académicas o evaluaciones psicológicas para revelar cómo el desajuste del sueño afecta el rendimiento cognitivo en la vida real.

Implicaciones para la salud adolescente

Comprender estas relaciones es esencial para apoyar la salud de los adolescentes. Al identificar cómo el sueño irregular moldea el cerebro, los profesionales de la salud pueden abogar mejor por políticas y hábitos que promuevan un descanso consistente.

La adolescencia es un período sensible para la maduración cerebral. Durante este tiempo, el cerebro está reconfigurándose, fortaleciendo conexiones importantes y eliminando las que no se utilizan para mejorar funciones cognitivas como la toma de decisiones y el control emocional. Estos hallazgos sugieren que mantener horarios de sueño regulares podría ser más importante de lo que se pensaba para el desarrollo cerebral saludable.

Referencia: Risner, M., Katz, E. S., & Stamoulis, C. (2024). Social jet lag has detrimental effects on hallmark characteristics of adolescent brain structure, circuit organization, and intrinsic dynamics. Sleep.

  • Análisis

El trastorno de identidad disociativo según el New York Times: lo que cuenta, lo que no alcanza y lo que nos toca a nosotros

  • 24/02/2026
  • David Aparicio

El 22 de febrero de 2026, el New York Times publicó un extenso reportaje de Maggie Jones titulado «La vida con uno de los trastornos más polémicos de la psiquiatría». El artículo narra la historia de Milissa Kaufman, psiquiatra e investigadora del Hospital McLean que reveló públicamente que ella misma vivió con trastorno de identidad disociativo (TID) y se recuperó tras años de tratamiento. Jones entrevistó a más de dos decenas de personas diagnosticadas y a casi 20 especialistas. Es, sin duda, la pieza periodística más completa sobre el TID en un medio generalista en años, y hace un trabajo notable al acercar un tema complejo a una audiencia amplia.

Precisamente porque el artículo va a ser leído por mucha gente —y porque inevitablemente llegará a profesionales de salud mental de habla hispana buscando contexto—, vale la pena complementarlo con los matices que un reportaje para público general no tiene por qué cubrir.

Así que te recomiendo leerlo primero y luego regresar y leer mis comentarios.

¿Ya lo hiciste?

Ok, empecemos:

Lo que el artículo hace muy bien

Humanizar sin sensacionalizar. El mayor logro es mostrar cómo se vive con TID desde adentro. La descripción que hace Kaufman de sus «personas internas» durante la infancia —la niña curiosa, la señora amable, el niño enojado, la niña encerrada en una caja— es clínicamente coherente y emocionalmente poderosa. No hay nada de Hollywood: hay una niña tratando de sobrevivir. Lo mismo con los otros testimonios: una profesora universitaria que en una reunión de departamento de pronto se siente como una niña incapaz de responder preguntas de adultos; una mujer que abre el maletero de su coche y encuentra zapatos que no recuerda haber comprado. Estas viñetas hacen más por la comprensión del trastorno que cualquier definición diagnóstica.

Corregir el estereotipo central. El artículo deja claro que las personas con TID no son «múltiples personalidades» en el sentido popular, sino una persona con aspectos compartimentados de sí misma. La diferencia no es semántica; es fundamental para entender y tratar el trastorno.

Presentar la evidencia neurocientífica. Jones dedica espacio a los estudios de Ruth Lanius sobre el subtipo disociativo del TEPT, a los trabajos de Simone Reinders donde actores entrenados no pudieron replicar las respuestas neuronales de personas con TID, y a la investigación de Kaufman y Lauren Lebois sobre patrones de comunicación entre redes cerebrales. Para quienes dudan del diagnóstico, estos hallazgos son difíciles de ignorar.

Manejar el tema de TikTok con matiz. Reconoce que algunos contenidos son educativos, otros están dramatizados deliberadamente y que es imposible saber cuántos creadores realmente tienen el trastorno. Incluye tanto la voz de un creador con casi un millón de seguidores como la de un adolescente que se retractó de su autodiagnóstico.

Lo que los profesionales necesitamos agregar

Un artículo para público general tiene que elegir qué incluir, y Jones eligió bien. Pero como profesionales de salud mental, necesitamos tener en cuenta algunas dimensiones adicionales.

El debate científico es más amplio de lo que parece. El reportaje presenta el escepticismo principalmente a través de Allen Frances, pero el modelo sociocognitivo tiene exponentes rigurosos —Steven Jay Lynn, Harald Merckelbach, entre otros— que no argumentan que el sufrimiento no sea real, sino que la arquitectura particular del TID (alters con nombres, edades y personalidades diferenciadas) puede estar moldeada por expectativas culturales y contextos terapéuticos tanto como por mecanismos neurobiológicos. La evidencia neurocientífica es prometedora, pero como el propio artículo reconoce, todavía no tenemos un biomarcador del TID y algunos estudios tienen muestras pequeñas. Esto no invalida el diagnóstico; simplemente nos recuerda que la ciencia sigue en construcción.

El caso Sybil fue más que sensacionalismo. Jones lo menciona como punto de inflexión, lo cual es correcto. Para los profesionales conviene recordar que fue un fraude documentado: Debbie Nathan demostró que Shirley Mason confesó a su terapeuta haber inventado las personalidades. Sybil no solo popularizó el trastorno; definió un modelo clínico que generó prácticas iatrogénicas cuyas consecuencias todavía arrastramos. Conocer esta historia nos protege de repetirla.

La prevalencia del 1 % necesita contexto. El artículo cita esta cifra del DSM, razonable para un texto dirigido al público general. Pero las estimaciones varían enormemente según la metodología, y la inmensa mayoría de los diagnósticos e investigación proviene de países anglosajones. No es que la cifra sea falsa; es que debemos ser cuidadosos al extrapolarla a nuestros contextos.

El tratamiento es más complejo de lo que el espacio permite mostrar. Kaufman se presenta como caso de integración completa, y el artículo incluye voces de personas que no buscan eso, lo cual es un acierto. Lo que los clínicos necesitamos agregar es que el tratamiento del TID suele ser largo, costoso y emocionalmente agotador, y que el tratamiento inadecuado —terapeutas que presionan para desenterrar recuerdos prematuramente o se fascinan con los aspectos dramáticos del trastorno— puede empeorar significativamente a los pacientes.

Las preguntas que nos quedan

¿Puede un trastorno ser real y estar sobrediagnosticado al mismo tiempo? Sí. Que el TID exista como fenómeno clínico genuino no significa que todos los diagnósticos sean correctos. Reconocer esto no deslegitima a quienes padecen el trastorno; los protege, porque cada diagnóstico falso alimenta el escepticismo que dificulta su atención.

¿Qué sucede en Latinoamérica? La formación en trastornos disociativos en nuestras facultades es, en la mayoría de los casos, mínima o inexistente. No contamos con adaptaciones culturales validadas de los principales instrumentos de evaluación para todos nuestros países. La investigación local es escasa. Y el estigma asociado al trauma infantil sigue siendo una barrera enorme. No podemos seguir dependiendo exclusivamente de datos norteamericanos y europeos para entender cómo se manifiesta la disociación en nuestras poblaciones.

¿Qué hacemos con los pacientes autodiagnosticados? Adolescentes y adultos jóvenes llegan a consulta convencidos de tener TID tras verse reflejados en redes sociales. Necesitamos tomar en serio el sufrimiento detrás del autodiagnóstico sin validar automáticamente la etiqueta. Descartarlo con desdén es tan problemático como confirmarlo sin evaluación rigurosa.

¿Dónde queda el trauma? Tal vez lo más valioso del reportaje es lo que Steven Sharfstein señala entre líneas: una parte del escepticismo hacia el TID es escepticismo hacia el impacto del trauma infantil. Si el TID es una respuesta a niveles masivos de adversidad en la infancia, el debate sobre si «existe realmente» es, en parte, un debate sobre cuánto estamos dispuestos a reconocer las consecuencias del abuso.

El reportaje completo de Maggie Jones fue publicado en el New York Times el 22 de febrero de 2026.

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Síndrome de Asperger: 18 de febrero, día para interesarnos más profundamente

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  • David Aparicio

Una fecha especial que puede convertirse en una oportunidad para acercarnos desde la curiosidad y no desde la etiqueta. Mejor todavía, desde un enfoque neuroafirmativo.

El 18 de febrero se conmemora el nacimiento de Hans Asperger (1906–1980), pediatra austríaco que en 1944 describió lo que denominó “psicopatía autista” en la infancia (Asperger, 1944). Décadas más tarde, el término “Síndrome de Asperger” fue incorporado como diagnóstico independiente en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV) (American Psychiatric Association , 1994).

Sin embargo, desde la publicación del DSM-5 en 2013, dejó de considerarse una categoría separada y pasó a integrarse dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA) (APA, 2013). La evidencia mostró que no existían límites clínicos consistentes que justificaran subtipos diferenciados. El autismo se comprende actualmente como un espectro amplio, con múltiples combinaciones posibles de características, niveles de apoyo y trayectorias evolutivas.

Hans Asperger y su relación con el Tercer reich

Durante años se sostuvo la narrativa de que Hans Asperger habría sido un opositor activo al régimen nazi. Sin embargo, una revisión exhaustiva basada en archivos clínicos, documentos administrativos y expedientes políticos previamente no examinados ofrece un panorama más complejo (Czech, 2018/2021). Entre los hallazgos documentados se incluyen afiliaciones institucionales vinculadas al entorno nazi (aunque no membresía formal al NSDAP), legitimación pública de políticas de “higiene racial” y cooperación en determinados casos con el sistema de derivaciones asociado al programa de eutanasia infantil. La conclusión central del estudio es que la narrativa de Asperger como opositor firme y protector sistemático de sus pacientes no se sostiene frente a la evidencia histórica disponible (Czech, 2018/2021).

Enfoque neuroafirmativo

Un enfoque neuroafirmativo comprende las diferencias neurológicas como parte de la diversidad humana. No se centra en “corregir” a la persona, sino en comprender su perfil, respetar su identidad y ajustar el entorno cuando sea necesario. Reconoce fortalezas y también dificultades, sin reducir a la persona a un diagnóstico.

La intervención no apunta a normalizar conductas, sino a acompañar con apoyos adecuados y basados en evidencia. En los últimos años, investigaciones han subrayado la importancia de integrar marcos participativos y transdiagnósticos en salud mental infantojuvenil (Bellato & Seker, 2025), así como considerar modelos como el Double Empathy Problem y el monotropismo para comprender las diferencias en la comunicación social en el autismo (Brosnan & Camilleri, 2025).

¿Qué se entendía como Síndrome de Asperger?

Síndrome es definido por la Asociación Americana de Psicología (APA) como el conjunto de síntomas y signos que suelen originarse por única causa (o a un conjunto de causas relacionadas) y que en conjunto indican una enfermedad o trastorno físico o mental específico. Síndrome de Asperger es una categoría descriptiva. No determina valor, identidad ni inteligencia. Se utilizaba el término para describir personas con:

  • Intereses específicos y profundos
  • Comunicación directa y literal
  • Diferencias en la reciprocidad social
  • Necesidad de previsibilidad
  • Sensibilidad sensorial
  • Pensamiento detallista o sistemático

La actualización diagnóstica no invalida esas experiencias, pero sí modifica el marco conceptual desde el cual se las comprende.

Autismo e inteligencia: “Es Asperger, debe ser brillante en matemáticas, un cerebrito” 

En realidad esa premisa está más cerca del prejuicio que del sustento científico. Dentro del espectro pueden encontrarse personas con alto coeficiente intelectual, inteligencia promedio  y discapacidad intelectual. El autismo describe una forma particular de procesamiento neurológico, no un nivel cognitivo determinado (APA, 2013). Reducirlo a genialidad es tan impreciso como reducirlo exclusivamente a déficit.

¿Qué puedo hacer para acompañar mejor a una persona que conozco con ese perfil?

Acciones concretas que suman:

Comunicar de forma clara y concreta

  • Anticipar cambios
  • Respetar tiempos de respuesta
  • No sancionar stimmings (movimientos estereotipados)
  • No forzar contacto visual
  • Considerar el impacto sensorial de los entornos
  • No infantilizar ni sobreexigir
  • Preguntar qué apoyo necesita

Actuar con empatía y respeto acompañado de información confiable hace la diferencia. Es una práctica cotidiana que comienza por la autocrítica, no estigmatizar ni romantizar. Simplemente pequeñas acciones que pueden representar grandes cambios para esa persona y para que cada día entre todos vivamos un poco mejor. La neurodiversidad no necesita mitos, necesita comprensión, evidencia y prácticas consistentes.

Referencias:

  • American Psychiatric Association. (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4th ed.). American Psychiatric Publishing.
  • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
  • American Psychological Association. (2018). Syndrome. APA Dictionary of Psychology. https://dictionary.apa.org/syndrome
  • Asperger, H. (1944). Die “autistischen Psychopathen” im Kindesalter. Archiv für Psychiatrie und Nervenkrankheiten, 117, 76–136.
  • Bellato, A., & Seker, A. (2025). Towards a more inclusive child and adolescent mental health research: Bridging gaps through neuro-affirmative, transdiagnostic, and participatory frameworks. JCPP Advances, 5(2), e70015. https://doi.org/10.1002/jcv2.70015
  • Brosnan, M., & Camilleri, L. J. (2025). Neuro-affirmative support for autism, the Double Empathy Problem and monotropism. Frontiers in Psychiatry, 16, 1538875. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1538875
  • Czech, H. (2018). Hans Asperger, National Socialism, and “race hygiene” in Nazi-era Vienna. Molecular Autism, 9, 29. https://doi.org/10.1186/s13229-018-0208-6 (Corrected publication 2021)
  • Ciencia

2026: ¿Invasión Therian?

  • 18/02/2026
  • Gretel Martinez

Desde la Antigüedad y los hombres lobo

Tengo que decirles que «El Therianismo» no es hype del 2026 exclusivamente. Como en la moda, todo vuelve. 

Parecería que se reproducen por generación espontánea, están de pronto por todas partes pero… hace más de 2000 años que se registran fenómenos zoomórficos. Datan desde al menos el siglo VI a. C. Inicialmente en textos religiosos y mitológicos (Hipócrates en el siglo IV a. C. documentó formas de “melancolía” con conductas animales). Luego, como descripciones médicas en Grecia (Licaón, transformado en lobo, reflejando una antigua asociación cultural entre locura y animalidad). En el Renacimiento se hablaba de licantropía ampliamente documentada en Europa donde se creía que era brujería, posesión demoníaca o castigo divino. Lo curioso es que en ese momento comenzó a ser entendida como enfermedad mental. Actualmente, hay aspectos que mantienen relación con la psiquiatría como una forma rara de delirio asociada a trastornos psicóticos.

En el estudio publicado en 2025 por los psiquiatras Jan Dirk Blom (Países Bajos) y Brian A. Sharpless (Estados Unidos) en la revista internacional Neuroscience & Biobehavioral Reviews, se define a la teriantropía clínica como un trastorno poco frecuente en el que la persona cree delirantemente que se transforma en un animal y adopta sus características, con predominio de caninos. 

Inicialmente tenía su correlato con condiciones médicas que explicaban ciertas características asociadas a condición de lobo. Por ejemplo, el síndrome de Ambras (hipertricosis congénita) tiene como síntoma el crecimiento excesivo de vello en cuerpo, manos y pies, lo que daría cierta apariencia “animal”; pelagra con fotosensibilidad, conducta nocturna, irritabilidad y agresión; la porfiria, responsable de cambios en dientes, piel), alucinaciones y deterioro cognitivo; la rabia generadora de agresividad extrema, alucinaciones, cambios conductuales (cuya transmisión es por mordedura) y desde ya, la intoxicación por sustancias que ocasiona alucinaciones, parestesias y alteraciones conductuales.

Teriantropía y salud mental

Con el objetivo de analizar los casos clínicos documentados de teriantropía y comprender sus características y causas es que se realizó la reciente revisión sistemática  (un análisis exhaustivo y estructurado de todos los estudios disponibles sobre un tema, realizado con criterios científicos explícitos). Dicha publicación (Blom & Sharpless, 2025) extrajo de los 77 casos analizados los siguientes hallazgos:

  • El 68 % creyó transformarse en caninos;
  • Asociado principalmente a trastornos psicóticos (41 %), depresión psicótica (24 %) y bipolaridad (18 %);
  • La duración puede ir desde días hasta años;
  • El 16 % presentó conductas violentas;
  • El tratamiento según el trastorno de salud mental de base logró remisión completa en el 58 % y parcial en el 33 %;

Este fenómeno parece surgir de la combinación de alteraciones en la percepción corporal y formación de delirios. Aunque los síntomas pueden mejorar, el pronóstico depende del trastorno psiquiátrico subyacente. 

Modelo de dos impactos: mecanismo cerebral específico

Blom y Sharpless (2025) proponen que la teriantropía clínica podría explicarse a partir de un modelo de “dos impactos”. Por un lado, una alteración en la percepción del propio cuerpo. Por otro, una dificultad para interpretar correctamente esa experiencia. No se trataría inicialmente de una creencia, sino de una vivencia corporal inusual que el cerebro intenta explicar.

  • Primer impacto: alteración en la percepción corporal (cenestesiopatía). Una distorsión en cómo el cerebro percibe el cuerpo desde adentro. En estos casos la persona puede experimentar que su rostro, sus dientes o su postura han cambiado. Estas sensaciones se perciben como reales, no como imaginadas voluntariamente. Se relacionan con alteraciones en regiones cerebrales que construyen el esquema corporal, como la ínsula, el lóbulo parietal y las redes somatosensoriales. Como resultado, el cerebro genera una representación interna del cuerpo que no coincide con su estructura física real.
  • Segundo impacto: formación de una interpretación delirante. Frente a esta experiencia corporal anómala, el cerebro intenta darle sentido. Cuando los sistemas encargados de evaluar y corregir interpretaciones (especialmente en la corteza prefrontal) no logran ajustar esa percepción: la experiencia no es reconocida como una distorsión perceptiva. Se construye una explicación que resulta coherente con la sensación vivida. Esta explicación puede tomar la forma de una creencia delirante, como la idea de estar transformándose en un animal.

      De este modo, la teriantropía clínica surge de la interacción entre una percepción corporal distorsionada y un sistema de interpretación que, en lugar de corregirla, la integra como si fuera una transformación real.

      Adolescente, un bicho diferente

      Es importante aclarar que existen identidades no clínicas como therians o furries, que no implican delirios ni pérdida de contacto con la realidad que se relacionan a cuestiones de búsqueda y exploración de identidad sino más cercanas a algo evolutivo, propio del estadío de la adolescencia. Los millenials posiblemente recuerden en los 2000 tribus urbanas características fueron emos, floggers, en Argentina, rollingas, etc -alternativa/ hardcore era en mi caso -.

      La adolescencia constituye el período central en el que emerge la construcción de la identidad, impulsada por la necesidad de integrar valores, metas y roles en una narrativa coherente del self que otorgue continuidad y estabilidad psicológica (Arnold, 2017). Este proceso se desarrolla mediante la exploración de posibles versiones de uno mismo y la posterior consolidación de compromisos que permiten organizar una identidad relativamente estable. Lejos de ser un proceso exclusivamente interno, la identidad se construye en interacción con el entorno social, particularmente a través de grupos de pares y subculturas que funcionan como espacios de experimentación, validación y pertenencia (Uggen, 2024). En las sociedades contemporáneas, donde los roles ya no están predeterminados, este proceso requiere una participación activa del individuo, que debe desarrollar recursos psicológicos para construir y sostener una identidad propia, constituyendo una tarea fundamental para la adaptación y la transición hacia la adultez (Côté, 2016).

      Therian, gamer, influencer, gymbro, otaku y tantos etcétera más pueden ser skins de la fascinante adolescencia mientras que no perdamos de vista la salud mental.

      Referencias:

      • Arnold, M. E. (2017). Supporting adolescent exploration and commitment: Identity formation, thriving, and positive youth development. Journal of Youth Development, 12(4). https://doi.org/10.5195/jyd.2017.522
      • Blom, J. D., & Sharpless, B. A. (2025). A systematic review on clinical therianthropy and a proposal to conceptualize zoomorphism as a diagnostic spectrum. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 174, 106193. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2025.106193
      • Côté, J. E. (2016). The identity capital model: A handbook of theory, methods, and findings. Department of Sociology, The University of Western Ontario.
      • Uggen, M. R. (2024). Identity status and identity style in the emo subculture: Exploring identity between emo vs. non-emo emerging adults (Doctoral dissertation, Mississippi State University). Scholars Junction. https://scholarsjunction.msstate.edu/td/6193
      • Ciencia

      Los patrones de consumo de alcohol predicen la ansiedad de forma diferente según la edad

      • 17/02/2026
      • David Aparicio

      Un estudio longitudinal australiano revela que la frecuencia y la cantidad de alcohol consumido tienen efectos distintos sobre la ansiedad futura, con variaciones significativas según el grupo etario.

      La relación entre el consumo de alcohol y la salud mental ha sido objeto de debate durante décadas. Mientras que los efectos físicos del alcohol sobre el hígado y el sistema cardiovascular están bien documentados, su conexión con trastornos psicológicos como la ansiedad presenta resultados contradictorios en la literatura científica. Algunos estudios sugieren que el alcohol aumenta la ansiedad, otros no encuentran relación alguna, e incluso algunos reportan una disminución de síntomas.

      Un nuevo estudio publicado en Addictive Behaviors arroja luz sobre esta aparente contradicción al demostrar que la relación entre el consumo de alcohol y la ansiedad futura depende significativamente de la edad de la persona y del patrón específico de consumo.

      Metodología del estudio

      Los investigadores analizaron datos de 21,405 adultos australianos del estudio longitudinal HILDA (Household, Income, and Labour Dynamics in Australia), con seguimiento entre 2006 y 2021. Este diseño permitió examinar cómo los patrones de consumo en un año influyen en los niveles de ansiedad al año siguiente.

      La ansiedad se evaluó mediante la subescala de ansiedad del Kessler-10, mientras que los patrones de alcohol se midieron a través de dos preguntas específicas:

      1. Frecuencia: cuántos días por semana consumían alcohol
      2. Cantidad: cuántas bebidas estándar consumían típicamente en esos días (definiendo una bebida estándar como 10 gramos de alcohol)

      Esta distinción metodológica es crucial, ya que estudios previos solían combinar estos comportamientos en categorías amplias como «consumo elevado» versus «consumo bajo», perdiendo los matices entre beber poco frecuentemente versus beber mucho ocasionalmente.

      Hallazgos principales

      El análisis reveló que la edad es un factor clave que modula la relación entre alcohol y ansiedad, mientras que el sexo y el nivel de ingresos no mostraron diferencias significativas.

      Adultos de 51 años o más

      En este grupo, se encontraron dos patrones opuestos:

      • Mayor frecuencia de consumo (pero en cantidades pequeñas) se asoció con una ligera disminución de la ansiedad un año después
      • Mayor cantidad por ocasión se vinculó con un aumento de la ansiedad

      Adultos de 26 a 50 años

      • Mayor cantidad por ocasión predijo niveles más altos de ansiedad
      • La frecuencia de consumo no mostró asociación significativa con la ansiedad

      Adultos de 18 a 25 años

      No se encontró ninguna relación significativa entre los patrones de consumo y la ansiedad futura. Los investigadores sugieren que esto podría deberse a que el consumo episódico intenso es más normativo y socialmente aceptado en este grupo etario, y que los efectos psicológicos negativos podrían tardar más en manifestarse.

      Implicaciones clínicas

      Simon D’Aquino, psicólogo clínico y autor principal del estudio, señala: «Los efectos del alcohol sobre la ansiedad a largo plazo no son grandes, pero beber en exceso para manejar la ansiedad u otros estados emocionales probablemente empeorará el estado de ánimo».

      Consideraciones para la práctica clínica:

      1. Evaluación diferenciada del consumo

      Los profesionales deben distinguir entre frecuencia y cantidad al evaluar patrones de consumo de alcohol en pacientes con ansiedad. Preguntar únicamente sobre «cuánto bebe» no captura la diferencia entre quien toma una copa diaria versus quien consume varias copas los fines de semana.

      2. Intervenciones ajustadas por edad

      Las psicoeducación sobre alcohol y ansiedad debería adaptarse según el grupo etario:

      • En adultos mayores, el hallazgo de que el consumo frecuente pero moderado se asocia con menor ansiedad requiere interpretación cuidadosa
      • En adultos de mediana edad, el énfasis debería estar en reducir la cantidad por ocasión
      • En jóvenes adultos, la ausencia de relación significativa no implica que el alcohol sea inocuo, sino que los efectos podrían manifestarse posteriormente

      3. Hipótesis del mecanismo social en adultos mayores

      D’Aquino sugiere que el efecto protector de la frecuencia en adultos mayores podría no deberse al alcohol per se, sino al contexto social en el que ocurre el consumo: «Tengo la sospecha de que ayuda a los adultos mayores a conectarse socialmente en una etapa de la vida cuando la soledad típicamente aumenta».

      Esto tiene implicaciones importantes: si el beneficio proviene de la socialización y no del alcohol, las intervenciones deberían enfocarse en promover conexión social sin necesariamente incluir alcohol.

      4. Ciclos de automedicación

      El hallazgo de que cantidades mayores por ocasión predicen mayor ansiedad en la mayoría de los adultos refuerza la comprensión de ciclos viciosos: el consumo intenso puede alterar la química cerebral y los patrones de sueño, empeorando los síntomas de ansiedad, lo que podría llevar a más consumo.

      Limitaciones y cautelas

      Es fundamental recordar que este es un estudio observacional que no puede establecer causalidad directa. Como señala D’Aquino: «Es muy posible que haya rutas indirectas a través de las cuales el consumo de alcohol afecta la ansiedad, como cambios en el entorno social».

      Otros factores no medidos podrían estar en juego. Por ejemplo, el consumo de nicotina, que frecuentemente coexiste con el consumo de alcohol y afecta la ansiedad, no fue incluido en el análisis.

      Conclusión

      Este estudio aporta evidencia de que la relación entre alcohol y ansiedad es más compleja que una simple asociación positiva o negativa. Los patrones específicos de consumo y la edad del individuo son variables cruciales que los clínicos deben considerar al evaluar y tratar pacientes con ansiedad y problemas de consumo de alcohol.

      Para la práctica clínica, esto significa moverse más allá de recomendaciones genéricas sobre «reducir el consumo de alcohol» hacia evaluaciones más matizadas que consideren cómo, cuándo y en qué contexto social ocurre el consumo.

      Referencia: D’Aquino, S., Riordan, B., Cook, M., & Callinan, S. (2026). Alcohol consumption patterns and Long-Term Anxiety: The influence of Sex, Age, and income. Addictive Behaviors, 108594. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2026.108594

      • Definiciones

      Término de la semana: Alexitimia

      • 17/02/2026
      • David Aparicio

      Cada miércoles, un término del Diccionario de Psicología y Neurociencias de la APA para enriquecer tu vocabulario y comprensión psicológica.

      La alexitimia es una característica de la personalidad definida por una marcada dificultad para identificar, describir y diferenciar las propias emociones, así como para distinguir entre sentimientos y sensaciones corporales. Las personas con alexitimia tienden a orientar su pensamiento hacia lo externo y concreto, mostrando escasa vida imaginativa y fantasía. Este constructo, acuñado por Peter Sifneos en 1973, se asocia frecuentemente con trastornos psicosomáticos, trastornos de la alimentación y algunas condiciones del espectro autista.

      Ejemplo:

      Un paciente que acude al médico por dolores de cabeza frecuentes y tensión muscular, pero que al ser preguntado por su estado emocional responde ‘no sé, simplemente me siento mal físicamente’, sin poder nombrar si está estresado, triste o ansioso, puede estar manifestando alexitimia.

      Para más información lee nuestros artículo:

      • Explorando la alexitimia: definición, causas y tratamientos efectivos
      • Alexitimia: navegando las aguas emocionales sin brújula

      Fuente: APA


      • Sponsor

      Descubre cómo CETECIC forma terapeutas especializados en trastornos de ansiedad

      • 16/02/2026
      • David Aparicio

      ¿Te has preguntado cómo es realmente estudiar en CETECIC? ¿Qué diferencia sus formaciones de otros cursos en línea?

      Por primera vez, CETECIC abre las puertas de su metodología de enseñanza con un curso demo completamente gratuito que te permitirá experimentar de primera mano su enfoque formativo.

      Una muestra representativa de la experiencia CETECIC

      Este demo es una ventana auténtica a las formaciones de CETECIC, particularmente del Diplomado en Trastornos de Ansiedad. No se trata de material promocional editado, sino de contenido real que refleja fielmente cómo aprenden los profesionales que se forman con ellos.

      ¿Qué incluye el curso demo?

      • Filmaciones de clases en vivo: observa cómo se desarrollan las sesiones con estudiantes reales, las preguntas que surgen y cómo los docentes abordan dudas complejas en tiempo real.
      • Clases asincrónicas: accede a contenido teórico estructurado que podrás revisar a tu propio ritmo, con la profundidad académica característica de CETECIC.
      • Reuniones de supervisión: uno de los componentes más valiosos. Presencia cómo se supervisan casos clínicos reales y se discuten desafíos terapéuticos concretos.
      • Modelados técnicos: aprende observando. Ve cómo los profesionales expertos aplican las técnicas paso a paso en situaciones clínicas.

        Contenido progresivo

        A partir del 16 de febrero se habilitará el primer módulo, y luego se irán liberando contenidos semanalmente. Esto te permitirá absorber el material gradualmente y hacerte una idea clara de si el enfoque formativo de CETECIC se ajusta a tus necesidades profesionales.

        Accede al curso demo gratuito aquí: cetecic.org/demo

        ¿Estás buscando formación especializada en ansiedad? Esta es tu oportunidad de conocer desde adentro una de las instituciones referentes en terapias contextuales para hispanohablantes.

        Agradecemos a CETECIC, Nuestro sponsor exclusivo de la semana.

        • Exclusivo para miembros de Psyciencia Pro

        Cómo crear tu página web de psicología con IA en 90 minutos (webinar)

        • 16/02/2026
        • David Aparicio

        Tener una página web profesional es más importante hoy que nunca. ¿Por qué?

        Porque cuando alguien busca ayuda psicológica, no solo te busca en redes sociales. Te busca en Google. Y ahora, también te busca preguntándole a ChatGPT: «¿Quién es un buen psicólogo en ?»

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        Pensar en profundidad siempre ha requerido fricción: tiempo, esfuerzo y demora en la recompensa. No como virtud moral, sino como condición técnica del aprendizaje. La repetición en matemáticas no castiga; estructura. La lectura lenta no frena; fija. La escritura no estorba; ordena.

        El problema no es la fricción en sí, sino la confusión entre dos tipos distintos. Existe una fricción inútil, la que bloquea sin aportar nada, y una fricción formativa, la que permite que el conocimiento se asiente. La economía digital es extraordinaria eliminando la primera y, sin pretenderlo, muy eficaz erosionando la segunda.

        Cuando el conocimiento llega en píldoras, el cerebro puede sentir progreso sin haberlo consolidado. No por falta de información, sino porque el entorno dificulta el gesto clave del aprendizaje: quedarse, volver, comparar, dudar. La siguiente idea aparece antes de que la anterior haya reposado.

        Léelo en Lumen.

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        La gente pasa menos tiempo reunida en persona que en años pasados y más tiempo en línea. Esto ha alterado nuestras amistades y relaciones amorosas, dijeron los expertos, lo que hace más difícil sentirse conectado y valorado.

        Artículo en NY Times

        • Artículos de opinión (Op-ed)

        DBT: una puerta de entrada más amable al conductismo

        • 10/02/2026
        • David Aparicio

        Hacer terapias contextuales sin un conocimiento mínimo de conductismo puede ser contraproducente. Si no se entienden los principios de aprendizaje que sostienen estos modelos, el terapeuta termina aplicando técnicas sin saber por qué funcionan, y cuando dejan de funcionar, no tiene cómo ajustar.

        Hace unos días, conversando con un colega, nos preguntamos cuál es la mejor forma de acercar a los terapeutas al conductismo. Y llegamos a una conclusión que a muchos les sorprenderá: no leer a Skinner. No ACT, aunque sería la respuesta obvia. DBT.

        Este artículo es producto de esa conversación.

        Qué tiene DBT que facilita el aprendizaje del conductismo

        DBT no se presenta a sí misma como un curso de conductismo. Pero en la práctica, entrena al terapeuta en habilidades conductuales fundamentales de una manera estructurada y concreta.

        El análisis en cadena

        El análisis en cadena (chain analysis) es probablemente la herramienta más explícitamente conductual que muchos terapeutas aprenden por primera vez al formarse en DBT. Consiste en descomponer una conducta problema en una secuencia de eventos: vulnerabilidades previas, evento desencadenante, eslabones cognitivos, emocionales y conductuales, y consecuencias.

        Webinar recomendado: Análisis en cadena, por Paula José Quintero

        Lo que muchos terapeutas no advierten es que están haciendo un análisis funcional de la conducta. Están identificando antecedentes, conductas y consecuencias. Están pensando en términos de función —qué mantiene la conducta, qué la refuerza— en lugar de quedarse en la topografía —cómo se ve la conducta desde afuera—. DBT les da un formato para hacerlo de forma sistemática y repetida, sesión tras sesión1. Y esa repetición es la que genera el hábito de pensar conductualmente.

        La jerarquía de objetivos

        DBT organiza los objetivos terapéuticos en una jerarquía clara: primero conductas que amenazan la vida, luego conductas que interfieren con la terapia, luego conductas que interfieren con la calidad de vida, y finalmente el aumento de habilidades conductuales. Esta jerarquía no se basa en categorías diagnósticas sino en conductas específicas organizadas por su severidad e impacto.

        Esto todavía no es pensar funcionalmente en el sentido estricto del análisis de conducta —la jerarquía clasifica por gravedad, no por qué mantiene cada conducta—, pero es un paso importante. El terapeuta aprende a preguntarse «¿cuál es la conducta concreta que necesitamos abordar ahora?» en lugar de «¿qué dice el DSM que debería tratar?». Y ese cambio de lente —de diagnósticos a conductas— es el primer movimiento hacia el pensamiento conductual. DBT lo facilita de manera tan natural que el terapeuta a veces ni se da cuenta de que está empezando a mirar el mundo de otra forma.

        Artículo recomendado: Cómo hacer un análisis funcional de conducta

        El manejo de contingencias

        En DBT, el terapeuta maneja contingencias de manera explícita. Refuerza conductas adaptativas, extingue conductas problemáticas (como las amenazas de suicidio instrumentales), usa moldeamiento para aproximaciones sucesivas al cambio. Linehan no esconde estos términos; los pone sobre la mesa. El terapeuta DBT aprende a preguntar: ¿qué estoy reforzando en este momento? ¿Estoy reforzando inadvertidamente la conducta problema? ¿Qué contingencias mantengo con mis respuestas?

        El coaching telefónico es un ejemplo particularmente claro. El consultante puede llamar al terapeuta entre sesiones (generalización), pero las reglas de cuándo y cómo están diseñadas con una lógica conductual precisa: la llamada está disponible antes de que ocurra la conducta problema, no después. Si el consultante se autolesiona y luego llama, el terapeuta no atiende — no porque sea cruel, sino porque atender en ese momento reforzaría la secuencia autolesión-contacto con el terapeuta. En cambio, si llama cuando siente el impulso pero antes de actuar, el terapeuta responde y trabaja con él en habilidades alternativas. Esto es extinción y reforzamiento diferencial. El terapeuta que implementa coaching telefónico está aplicando principios de aprendizaje, lo sepa o no.

        Y hay algo más que distingue a DBT: les enseña principios de modificación de conducta directamente a los consultantes. En el módulo de efectividad interpersonal, por ejemplo, los consultantes aprenden a identificar qué refuerza las conductas de las personas en su entorno y cómo modificar sus propias respuestas para cambiar patrones de interacción. No se usa necesariamente el vocabulario técnico, pero la lógica es abiertamente conductual. DBT no solo entrena al terapeuta en principios de aprendizaje; también se los pasa al consultante.

        Estas preguntas y estas prácticas son el corazón del conductismo aplicado. Y en DBT no son opcionales: son parte del programa de tratamiento.

        La estructura del programa

        Las diary cards, la consulta de equipo, los protocolos de crisis, el registro de conductas. Todo el andamiaje de DBT obliga al terapeuta a medir, a registrar, a ser sistemático. Puede sonar burocrático — y de hecho muchos terapeutas se resisten, lo ven como trabajo innecesario o papeleo que no aporta—, pero es una de las mejores escuelas de rigor conductual que existen. La diary card no es un formulario: es un instrumento que entrena al terapeuta (y al consultante) a observar conducta de manera sistemática. Un terapeuta que lleva meses usándolas desarrolla un ojo para el dato, para el patrón, para la contingencia, que difícilmente adquiriría solo leyendo sobre principios de aprendizaje.

        El grupo de entrenamiento en habilidades es otro ejemplo. Los terapeutas que facilitan estos grupos aprenden a estar muy atentos a los principios de aprendizaje en tiempo real: refuerzan la participación, refuerzan la realización de tareas, refuerzan el uso de habilidades, y extinguen conductas que interfieren con el grupo. No es algo que se deje a la intuición del terapeuta; es una competencia que se entrena explícitamente. El grupo de habilidades es, en la práctica, un laboratorio donde el terapeuta ejercita el manejo de contingencias con múltiples personas simultáneamente. Es difícil salir de esa experiencia sin haber incorporado, al menos de forma básica, una sensibilidad conductual que antes no se tenía.

        La teoría biosocial

        Antes de las herramientas concretas, hay algo en el marco conceptual de DBT que ya orienta al terapeuta hacia el pensamiento conductual: la teoría biosocial. DBT no explica los problemas del consultante como un síndrome ni como una entidad patológica que «tiene» la persona. Los explica como el resultado de una interacción entre una vulnerabilidad biológica (una sensibilidad emocional elevada) y un ambiente invalidante que no le enseñó —o le enseñó y reforzó esas conductas problemáticas— a regular sus emociones. En otras palabras: es una teoría sobre la historia de aprendizaje.

        Esto importa más de lo que parece para la formación del terapeuta. Cuando conceptualizas los problemas de tu consultante como producto de una historia de interacciones entre la persona y su contexto, ya estás pensando de forma compatible con el conductismo, aunque no uses ese vocabulario. No estás buscando un defecto interno ni una estructura de personalidad disfuncional. Estás preguntándote: ¿qué aprendió esta persona en su historia, y qué contingencias mantienen eso ahora? La teoría biosocial le da al terapeuta un lente que, sin proponérselo explícitamente, lo aleja de la patologización sindrómica y lo acerca a una comprensión contextual y funcional del comportamiento.

        Más descripción menos juicios

        Hay un aspecto de DBT que suele pasar desapercibido como herramienta de formación conductual: el énfasis en pensar de forma descriptiva y no juiciosa. En DBT, tanto en la atención clínica como en la consultoría de equipo, se entrena activamente a los terapeutas a abandonar las etiquetas evaluativas y reemplazarlas por descripciones de lo que ocurre. No decir «es manipuladora» sino describir qué hace la consultante, en qué contexto lo hace y qué consecuencias obtiene. No decir «es resistente» sino observar qué conductas específicas ocurren cuando se le pide algo en sesión.

        Esto es, en la práctica, el paso previo al análisis funcional. Cuando un terapeuta aprende a describir sin juzgar, está aprendiendo a observar conducta en contexto. Y observar conducta en contexto es el punto de partida del pensamiento funcional. La consultoría de equipo refuerza esto de forma constante: los acuerdos del equipo DBT exigen explícitamente una postura no juiciosa hacia los consultantes y hacia los propios colegas. Semana tras semana, el terapeuta practica un modo de pensar que, sin llamarse formalmente «análisis funcional», entrena exactamente la sensibilidad que ese análisis requiere.

        ¿Por qué no ACT?

        ACT es un modelo profundamente conductual. No tengo ninguna duda sobre esto. Es coherente con el conductismo radical, se basa en una ciencia básica sólida (la teoría de los marcos relacionales), y su énfasis en la función sobre la forma es impecable a nivel conceptual. Yo aprendí sobre conductismo con ACT y fue mi puerta de entrada. Pero hoy no la recomendaría como primer paso.

        Porque ACT no te dice muy bien qué hacer primero. Puedes trabajar desde cualquier punto del hexaflex sin una jerarquía de objetivos fija. Todo depende del contexto, de la conceptualización funcional del caso, de la sensibilidad del terapeuta al momento presente. Esto es una virtud clínica enorme para un terapeuta con bases conductuales sólidas. Pero para alguien que está empezando puede ser desorientador — y puede pasar justamente lo que veo dando clases de terapias contextuales en una maestría clínica: los estudiantes hacen ACT porque sí, aplican ejercicios de defusión sin un objetivo claro, disparan metáforas como perdigones de escopeta a ver cuál pega.

        Con DBT podría pasar algo similar: aplicar habilidades de forma mecánica, sin sensibilidad al contexto. Pero el propio modelo lo dificulta. Cada vez que aparece una conducta problema, DBT te pide un análisis en cadena. No es opcional, no depende de tu criterio clínico del momento: es parte del protocolo. Y eso reduce enormemente la posibilidad de intervenir topográficamente, porque te obliga a detenerte, analizar la secuencia de la conducta y diseñar la intervención en función de lo que encontraste. La estructura protege al terapeuta de sí mismo.

        Conclusión

        No estoy diciendo que DBT sea mejor que ACT, ni que ACT sea deficiente. Soy terapeuta de ambos modelos y en mi práctica clínica se nutren el uno al otro constantemente. Lo que estoy diciendo es que el orden en que un terapeuta se forma importa.

        Un terapeuta que llega a ACT después de haberse formado en DBT tiene algo invaluable: el hábito de pensar en conductas concretas, de identificar contingencias, de registrar con disciplina. Desde ahí, la flexibilidad de ACT no es desorientadora; es liberadora. Las metáforas no son trucos bonitos; son herramientas funcionales. La defusión no es un ejercicio abstracto; es una estrategia con un propósito claro.

        Y tampoco pretendo que DBT reemplace una formación en principios de aprendizaje. Un terapeuta que quiera hacer terapias contextuales con rigor eventualmente necesitará entender conductismo más allá de lo que cualquier modelo clínico le enseñe. Pero por su estructura — el análisis en cadena, la jerarquía de conductas, el manejo explícito de contingencias, la disciplina del registro, la teoría biosocial, el pensamiento descriptivo y no juicioso—, DBT es el modelo que más cerca te lleva a esos principios sin pedirte que primero te conviertas en analista de conducta. Es una puerta de entrada amable. Y una vez que cruzas esa puerta, el conductismo deja de parecer un mundo ajeno, frío y abstracto. Se convierte en lo que siempre fue: una forma práctica, rigurosa y profundamente humana2 de entender por qué las personas hacen lo que hacen.

        Notas al pie de página:

        1. Así lo indica DBT. Hay que hacer un análisis en cadena cada vez que se presenta una conducta problema. ↩
        2. Sí, humana. Nada de ratas de laboratorio 😉 ↩
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