Necesitamos éxtasis y opioides en lugar de los antidepresivos y ansiolíticos
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Sebastían A. Ríos para La Nación sobre el debate entre padres sobre lo que es el bullying y qué hacer cuando aparece:
Considerar el bullying «un problema de chicos» es uno de los principales obstáculos para su abordaje. Al hacerse a un lado, los padres validan el accionar de sus hijos y naturalizan la situación de maltrato. Pero en tiempos de redes sociales, esa ausencia se vuelve cada vez más peligrosa. «El bullying es hoy un tema ardiente. Y no porque se trate de un fenómeno nuevo, sino porque en los últimos tiempos se han multiplicado sus vías de acción y, por lo tanto, sus efectos psíquicos se hacen sentir con mayor crudeza», afirma la psicoanalista especialista en niñez y adolescencia Susana Mauer. «Las redes sociales se han convertido en un escenario privilegiado y maldito para accionar destructivamente sobre un compañero. El aparente anonimato del autor del acoso en el mundo virtual parece envalentonarlos con mayor facilidad a amenazar, inventar mentiras, a subir fotos inadecuadas de terceros, publicar información privada comprometida haciéndose pasar por otro. Un accionar impiadoso que entre los 9 y los 15 años se ha convertido en un fenómeno social endémico».
Pero más allá de lo poco aproximado o banalizado que sea el uso del término, lo cierto es que el bullying existe, que genera daño y que requiere de los padres atención y compromiso en su abordaje. Tanto de los padres de los chicos que lo sufren como -y es este generalmente el lado ausente- de los que lo ocasionan.
¿Se ha banalizado el término bullying?
María Antonia Osés, magíster en Lexicografía Hispánica y autora del primer Diccionario Paidós de bullying y ciberbyllying, opina sobre el tema: «El uso que se hace en general de las palabras relacionadas con esta temática no responde en todos los contextos a las definiciones precisas. Sin embargo, no me animaría a decir que se banaliza el uso de los términos, sino que se utilizan con significación aproximada -opina-. Si bien ya hay una realidad instalada en nuestras sociedades con manifestaciones de bullying, es un problema bastante nuevo. Y, como hablantes, nos expresamos utilizando muchas voces que tenemos a mano, ya sea porque las tomamos de los medios o porque las escuchamos casi a diario. Para dar un ejemplo de la vida cotidiana, en mi casa, cuando se sirve una porción de torta más pequeña a alguien, los chicos en seguida saltan diciendo: «Le hacen bullying a papá». Lo toman como sinónimo de discriminación o de una situación injusta».
La experiencia transformadora de atender pacientes, escrito por Nayeli Hernández para The Mind Proyect:
Con mi primera paciente TLP aprendí a ver la vida con diferentes matices de colores, más brillantes algunas veces, mas oscuros otras. Aprendí también a escuchar sin juzgar, aprendí a validar; aprendí a bailar entre emociones cambiantes sin tomarlo personal. Con mi primera paciente TLP conocí la belleza de la plena conciencia y la importancia de la autenticidad. La recompensa fue mía, no cabe duda. Y hoy en día le agradezco a mi primera paciente con diagnóstico de Trastorno límite de Personalidad, no sólo mi crecimiento profesional, pero mas allá de éste, le agradezco mi transformación personal.
Javier Salas para El País:
No son buenos tiempos para la homeopatía y otras pseudoterapias, al menos desde el punto de vista institucional. En los últimos meses, los representantes de estas prácticas sin aval científico han visto cómo perdían cursos en universidades y capacidad de influir en organizaciones médicas y sanitarias. Ahora, se suma a esta corriente el Colegio de Médicos de Madrid (Icomem) que ha decidido eliminar todas sus secciones y actividades en el entorno de las llamadas terapias alternativas. Y por una simple razón: porque carecen de evidencia científica que demuestre que sirven para mejorar la salud de las personas.
Desde que llegó al Colegio la nueva junta directiva hace un año, se tomó la determinación de alejarse de prácticas pseudocientíficas que habían tenido algún tipo de amparo, ya sea como secciones o con la realización de cursos o actividades en sus instalaciones. «Creamos un consejo científico que ha optado por disolver todas estas secciones, más de treinta, que iban desde homeópatas y acupuntores a medicina antroposófica, todos equiparados a cualquier otra especialidad médica reconocida» explica a Materia el presidente de Iconem, Miguel Ángel Sánchez Chillón. “Esta junta directiva está trabajando para que el Icomem tenga el carácter científico que le corresponde y este es un paso más que para nosotros es prioritario”, subrayó.
Aplausos para el Colegio Médico de Madrid. Su decisión es un ejemplo que deben seguir las instituciones de salud en todo el mundo, incluidas la de psicología.
No podemos seguir con la idea de que “todas las terapias son validas” o el clásico del que “todo suma”. Cuando en realidad esos tratamientos no cuentan con ningun tipo de evidencia y sus autores usan la clásica excusa de que a ellos sólo les importa la subjetividad del paciente; o cuando sus autores dicen haberlas evaluado científicamente, pero no comparten los datos y procedimientos, porque según ellos, su terapia es muy compleja para ser analizada por terceros y nos piden que creamos ciegamente en ellos; o cuando usan la nueva estrategia de ponerle los términos “bio” y “neuro” a sus terapias para que parezcan científicas como tan popular Bioneuroemoción.
La decisión para algunos puede parecer rígida y quizás cientificista. Pero una institución de salud no debe incluir tratamientos pseudocientíficos, ya que eso refuerza la idea de que una pseudoterapia cuenta con la misma evidencia que otro tratamiento que si ha demostrado ser efectivo para el tratamiento de una enfermedad o trastorno.
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