Dormir de forma irregular se asocia a más síntomas internalizantes en adolescentes, sobre todo en chicas
Cuando evaluamos el sueño de un adolescente, solemos preguntar cuántas horas duerme. Un estudio reciente sugiere que también conviene preguntar cuánto cambia ese número de una noche a otra.
El equipo de Sarah Sampaio Izabel y Andrea Goldstein-Piekarski, de la Universidad de Stanford, analizó datos de 1.371 adolescentes de unos 14 años que participan en el estudio ABCD, una cohorte que sigue a miles de jóvenes en Estados Unidos. Los participantes usaron una pulsera Fitbit durante hasta tres semanas, lo que permitió medir el sueño de forma objetiva en lugar de depender del recuerdo de cada adolescente. También respondieron cuestionarios sobre síntomas internalizantes (preocupación, tristeza, culpa, sentirse inferior) y sobre dos estrategias de regulación emocional: la reevaluación cognitiva y la supresión expresiva.
Qué encontraron
Dormir menos que la media de la muestra (unas siete horas), acostarse más tarde y tener una duración del sueño más variable entre noches se asociaron con más síntomas internalizantes. La asociación con la variabilidad fue clara en las chicas y prácticamente nula en los chicos.
En regulación emocional el patrón fue más selectivo. Solo la variabilidad del sueño se asoció con un mayor uso de la supresión expresiva, la tendencia a ocultar lo que uno siente. Ninguna medida de sueño se asoció con la reevaluación cognitiva. Los autores proponen que la irregularidad podría alterar los ritmos circadianos y el funcionamiento prefrontal que sostiene estrategias más flexibles, aunque el estudio no evaluó esos mecanismos.
Implicaciones clínicas
El dato más útil para la consulta es que el promedio de horas puede ocultar el problema. Un adolescente que duerme cinco horas entre semana y diez el sábado puede tener un promedio aceptable y un sueño muy irregular. Dos semanas de diario de sueño, o los datos del reloj que muchos adolescentes ya usan, permiten ver esa variabilidad.
Como objetivo de intervención, una hora de despertar estable es un punto de partida razonable y ya forma parte de la TCC para el insomnio adaptada a adolescentes. En DBT encaja con el trabajo sobre el sueño de la habilidad PLEASE. Y cuando un adolescente suprime de forma rígida lo que siente, vale la pena revisar cómo duerme antes de abordar esa estrategia de forma aislada, en especial si se trata de una chica con ansiedad o ánimo bajo.
Referencia: Sampaio Izabel, S., Kiss, O., Krause, A. J., Hunt, E. T., Dube, S. L., Allgaier, N., Potter, A. S., Johnson, M. E., Garavan, H., Baker, F. C., & Goldstein-Piekarski, A. N. (2026). Associations between objective sleep duration, sleep duration variability, and sleep onset with emotion regulation and internalizing symptoms in adolescents: findings from the ABCD study. npj Mental Health Research. https://doi.org/10.1038/s44184-026-00230-5