Flexibilidad psicológica y estrés: qué muestra un estudio con 1.035 adultos en Suiza
¿Protege la flexibilidad psicológica frente al estrés? En parte, y no frente a todo. En una muestra representativa de 1.035 adultos de Suiza, las personas más flexibles mostraban un vínculo más débil entre el estrés del día a día y su salud física, su salud mental y su bienestar. Frente a los acontecimientos vitales graves, como la muerte de un ser querido o perder el empleo, esa diferencia casi desaparecía.
El estudio, de Andrew T. Gloster, Andrea H. Meyer y Roselind Lieb, de la Universidad de Basilea, se publicó en el Journal of Contextual Behavioral Science (Gloster et al., 2017). Parte de una pregunta de salud pública: si muchos factores de riesgo son difíciles de eliminar, ¿hay alguna habilidad entrenable, presente en toda la población, que cambie cuánto daño hacen? Lo más útil de su respuesta no es el titular, sino el mapa: muestra dónde la flexibilidad marca diferencia y dónde no.
Un repaso mínimo del concepto: en la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la flexibilidad psicológica es la capacidad de abrirse a pensamientos y emociones difíciles sin quedar atrapado en ellos y seguir actuando según lo que uno valora. Ya explicamos sus seis componentes y las bases de la ACT; aquí basta saber que los autores la tratan, siguiendo a Kashdan y Rottenberg (2010), como un aspecto fundamental de la salud.
Cómo se estudió
Una empresa de encuestas reclutó a los participantes de un panel en línea, por cuotas, hasta reflejar a los adultos suizos de 18 a 74 años que usan internet (50,3 % mujeres; edad media de 45,4 años). La flexibilidad se midió con el Cuestionario de Aceptación y Acción II (AAQ-II), de siete ítems (Bond et al., 2011), con las puntuaciones invertidas para que un valor alto indicara más flexibilidad.
Se analizaron tres factores de riesgo (acontecimientos vitales graves del último año, estrés cotidiano y bajo apoyo social) frente a una docena de resultados: salud física y psicológica general, visitas al médico, días de baja, discapacidad, síntomas de depresión y ansiedad, satisfacción con la vida y bienestar.
La pregunta no era si las personas flexibles están mejor en general, sino si la relación entre cada riesgo y cada resultado cambia según el nivel de flexibilidad. Es lo que en estadística se llama moderación y en divulgación suele llamarse «efecto amortiguador», el mismo que un estudio reciente no encontró al interactuar con perros y gatos. Los autores ajustaron por edad, sexo y situación laboral y estimaron 35 modelos, uno por cada combinación de riesgo y resultado.
Dónde se notó la flexibilidad y dónde no
En 33 de los 35 análisis, a más flexibilidad, más débil era la relación entre el riesgo y el problema de salud o bienestar; 17 de esas 33 interacciones (el 51,5 %) fueron estadísticamente significativas, y las dos de signo contrario no lo fueron. Pero ese promedio esconde lo interesante: el patrón cambió mucho según el tipo de riesgo.
Estrés cotidiano: casi siempre
Fue el hallazgo más consistente: la flexibilidad moderó la relación con 10 de los 11 resultados analizados (90,9 %), desde las visitas al médico y la discapacidad hasta la depresión, la ansiedad, la satisfacción con la vida y las tres dimensiones del bienestar. En el gráfico que publican los autores, con el estrés cotidiano y la depresión, la línea de las personas menos flexibles sube con claridad a medida que aumenta el estrés; la de las más flexibles es casi plana.
Aquí la flexibilidad moderó 5 de 12 relaciones (41,7 %): salud física y psicológica generales, discapacidad, depresión y ansiedad. No es un detalle menor, porque el apoyo social pesa mucho en la salud: en un metaanálisis de 148 estudios, unas relaciones sociales más sólidas se asociaron con un 50 % más de probabilidad de supervivencia (Holt-Lunstad et al., 2010).
Acontecimientos vitales graves: casi nada
Solo 2 de 12 (16,7 %), ambos en el terreno emocional: depresión y ansiedad. Para los autores tiene sentido: una muerte o un despido provocan reacciones intensas en casi cualquiera, y su daño tiende a instalarse cuando se cronifican en el estrés de cada día, justo donde la flexibilidad sí marcó diferencia. Es una idea cercana a la de que el duelo no daña tanto por su intensidad como por la rigidez con que se vive.
Qué aporta a la salud pública
El estrés cotidiano tiene dos rasgos que lo vuelven central para la salud pública: está en todas partes y es muy difícil de reducir desde fuera. Los acontecimientos graves, en cambio, son por definición infrecuentes, y el apoyo social cuesta mucho de mover con campañas. Por eso los autores ven en la flexibilidad un objetivo atractivo: una habilidad que todos tenemos en algún grado, que se asoció con un menor peso del estrés diario sobre muchos resultados a la vez, incluido el bienestar y no solo los síntomas, y que ya se sabe entrenar. En 2017 remitían a más de 135 ensayos clínicos aleatorizados con intervenciones que la aumentan; aquí resumimos el estado empírico de la ACT.
Su propuesta concreta es priorizar a los grupos con menos flexibilidad, donde el margen sería mayor. Y señalan un dato tranquilizador: en ningún análisis una flexibilidad más alta se asoció de forma significativa con un vínculo más fuerte entre riesgo y daño, así que no ven señales de que promoverla pueda resultar contraproducente.
Lo que no es
El mismo estudio marca los límites de esa promesa:
- No es un sustituto de la prevención ni de la atención tras los golpes grandes: frente a los acontecimientos vitales graves apenas hubo diferencia.
- No reemplaza el apoyo social, cuya relación con la salud solo en parte varió con la flexibilidad.
- No llega a todo: los días de baja no se moderaron en ningún caso. Como señalan los autores, la flexibilidad no decide si alguien se contagia de un virus.
En consulta
Para quienes trabajan en clínica, el mensaje es mirar no solo cuánto estrés vive una persona, sino cómo se relaciona con él: si lo evita, si se enreda en lo que piensa sobre él o si puede seguir haciendo lo que le importa. Para evaluarlo en un caso concreto, sirve esta guía para conceptualizar un caso desde ACT.
Limitaciones
Los datos son transversales y correlacionales: muestran que más flexibilidad y un menor peso del estrés van juntos, no que una cause lo otro ni que entrenarla produzca ese efecto. Además, se ha cuestionado que el AAQ-II distinga bien la evitación experiencial del malestar emocional (Tyndall et al., 2019), lo que podría inflar justo los resultados más claros, depresión y ansiedad. Todo se midió por autoinforme, en un panel en línea de un país rico, y la escala de apoyo social tuvo una fiabilidad baja (α = 0,57).
En resumen
En la población general, la flexibilidad psicológica se asoció con un vínculo más débil entre el estrés de cada día y la salud física, la salud mental y el bienestar, pero apenas se relacionó con el impacto de los acontecimientos vitales graves y solo en parte con el del bajo apoyo social. Eso la convierte en un candidato razonable para programas de salud pública centrados en el estrés cotidiano, no en un escudo contra todo.
Referencias
- Bond, F. W., Hayes, S. C., Baer, R. A., Carpenter, K. M., Guenole, N., Orcutt, H. K., Waltz, T., y Zettle, R. D. (2011). Preliminary psychometric properties of the Acceptance and Action Questionnaire–II: A revised measure of psychological inflexibility and experiential avoidance. Behavior Therapy, 42(4), 676–688. https://doi.org/10.1016/j.beth.2011.03.007
- Gloster, A. T., Meyer, A. H., y Lieb, R. (2017). Psychological flexibility as a malleable public health target: Evidence from a representative sample. Journal of Contextual Behavioral Science, 6(2), 166–171. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2017.02.003
- Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., y Layton, J. B. (2010). Social relationships and mortality risk: A meta-analytic review. PLoS Medicine, 7(7), Artículo e1000316. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1000316
- Kashdan, T. B., y Rottenberg, J. (2010). Psychological flexibility as a fundamental aspect of health. Clinical Psychology Review, 30(7), 865–878. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2010.03.001
- Tyndall, I., Waldeck, D., Pancani, L., Whelan, R., Roche, B., y Dawson, D. L. (2019). The Acceptance and Action Questionnaire-II (AAQ-II) as a measure of experiential avoidance: Concerns over discriminant validity. Journal of Contextual Behavioral Science, 12, 278–284. https://doi.org/10.1016/j.jcbs.2018.09.005
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