Las emociones no son una identidad, sino una experiencia
Derek Bolz hizo un video sobre el impacto del ciclismo en su salud mental. Aquí tienes una versión traducida de la transcripción parcial:
Últimamente la vida ha sido difícil. No quiero ventilar mis problemas personales en internet, así que no entraré en detalles. Pero por muchas razones, estoy bastante estresado, tal vez más que nunca. En pocas palabras: no estoy bien.
Pero entonces, de repente, todo está bien. Mis manos están en el manubrio, mis pies en los pedales, el viento en la cara, la mente en calma. Solo tengo que superar ese salto, tomar bien esa curva, aterrizar ese truco, mantener el equilibrio, pedalear más fuerte y no soltarme.
Esa es la magia del ciclismo: exige tanta atención que no te deja otra opción que habitar el presente. No hay espacio para preocuparse. Es como meditación en movimiento. Y al final, siempre te sientes un poco mejor.
Esa es una de las razones por las que me enamoré del ciclismo de montaña en los últimos años: cuando estoy montando, todo lo demás se desvanece. No hay lugar para el pasado ni para el futuro. Solo pienso uno o dos segundos por delante. Y el simple hecho de moverme por el espacio físico me da una sensación de avance, algo valiosísimo cuando el resto de tu vida se siente estancada.
Dependiendo del sendero, si me desconcentro un segundo, podría lastimarme seriamente o incluso morir. Nunca me han interesado los deportes extremos, así que no tengo idea de por qué estar al borde del peligro se siente tan liberador. Pero lo es.
Sé que el ciclismo de montaña no es para todos. Otros encuentran esa misma sensación de presencia y enfoque en correr, esquiar, hacer cerámica, carpintería, fotografía, caminar, surfear, escribir, tejer, meditar, cultivar un jardín, pintar, leer… la lista es larga. Me siento afortunado de haber encontrado mi cosa. Me encantaría saber si tú ya encontraste la tuya.
Sé que el ciclismo no es terapia, y que el término se usa con demasiada ligereza últimamente. La terapia implica un trabajo estructurado, deliberado y centrado en los problemas específicos que enfrenta una persona. Aun así, realizar actividades placenteras que requieren atención plena y conexión con el momento presente tiene beneficios reales para la salud mental: reduce la rumia, mejora el estado de ánimo general y aporta una sensación de bienestar sostenida. El video me gustó mucho porque conectó profundamente conmigo. Hace años practicaba ciclismo y, aunque nunca fui especialmente bueno, recuerdo con claridad lo mucho que disfrutaba estar en la bicicleta y sentirme presente en el momento. Verlo me hizo pensar en retomar esa actividad, e incluso me ha dado ganas de probar el ciclismo de montaña.
Aquí puedes ver el video:
Via: Kottke
Perder a un ser querido de forma inesperada —por suicidio, un accidente o cualquier causa súbita— desestabiliza por completo la vida de una persona. A diferencia de una muerte anticipada, estas pérdidas sumergen a los dolientes en un caos emocional y práctico, donde incluso los gestos más simples de apoyo pueden marcar una gran diferencia.
Las investigaciones y experiencias personales muestran que no siempre las personas en duelo reciben ayuda efectiva. Muchas veces, familiares y amigos se alejan, incapaces de tolerar el dolor ajeno o por miedo a confrontar su propia vulnerabilidad. Esto puede generar una “segunda pérdida”: la del sostén social.
El artículo recuerda que el duelo no tiene una línea de tiempo fija, y que los mejores apoyos no son los que prometen “curar” sino los que permanecen cerca, con acciones tangibles y compasión sostenida.
Fuente: The New York Times
Facundo Macchi resumen en El País los datos de una nueva y curiosa investigación de las cosquillas:
Hay algunas conductas humanas que son cotidianas, de apariencia sencilla, pero inexplicables. Una de ellas es lo que los científicos llaman gargalesis y que el resto de los mortales conocemos como cosquillas. Aquellas que provocan un ataque de risa involuntario e incontrolable, incluso cuando no las deseas. Desde Aristóteles hasta Darwin se han preguntado sobre los mecanismos físicos y cognitivos que se disparan con las cosquillas. Sin embargo, y a pesar de su trivialidad, la ciencia no termina de comprenderlas.
(…)
Las plantas de los pies y las axilas suelen ser el punto débil para las cosquillas, según se ha demostrado en pruebas hechas en niños y adultos mayores. La respuesta más intuitiva a esta pregunta suele ser fisiológica. Es decir, pensamos que tenemos más cosquillas en regiones con mayor sensibilidad al tacto o al dolor. Sin embargo, esto no es así. Las plantas de los pies y las axilas no son las zonas con mayor densidad de receptores sensoriales cutáneos, aquellos que detectan los estímulos en la piel.
Aprendí que el término científico de las cosquillas es gargalesis.
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