La alucinante sencillez de aprender a decir “no”
A muchos nos cuesta decir «no», y esto quizás se deba al miedo de sentirnos rechazados, de perder relaciones o de dejar pasar oportunidades que podrían no volver. Sin embargo, vivir complaciendo constantemente las necesidades de los demás puede volver nuestra vida miserable, porque la ecuación se transforma en nuestra contra. Cada vez que decimos «sí» a algo que realmente no queremos, le estamos diciendo «no» a algo que sí valoramos o necesitamos.
Por eso me ha gustado tanto este artículo de Leslie Jamison para The New York Times. En él, Jamison plantea una perspectiva liberadora: las peticiones de los demás no son invasiones o actos de desconsideración; son simplemente eso, peticiones. Las personas tienen derecho a pedir lo que desean, y nosotros tenemos el derecho de decir «no» y de establecer nuestros propios límites.
Jamison también propone un recurso útil para reforzar esos límites: un «Cuaderno de Noes». Este cuaderno consiste en registrar cada vez que decimos «no» a una solicitud, anotando también lo que ese «no» nos ha permitido ganar. Por ejemplo: «decir no a una salida con amigos me permitió pasar más tiempo leyendo» o «decir no a un trabajo extra me dio espacio para trabajar en mi proyecto personal».
Decir «no» no siempre es fácil, pero puede ser bastante simple. A veces, debemos enfocarnos en estrategias sencillas como esta para enfrentar nuestros problemas. Con el «Cuaderno de Noes», aprendemos a priorizar lo que realmente importa y a tomar decisiones que nos acerquen a una vida más auténtica y equilibrada.
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La esperanza de vida se desaceleró en los últimos 30 años
Los avances en la calidad de vida y en la salud pública han generado un incremento significativo en la esperanza de vida. Durante un tiempo, los científicos pronosticaban que, gracias a estos progresos, podríamos superar los 100 años de vida. Sin embargo, en los últimos 30 años, este ritmo de crecimiento se ha desacelerado considerablemente. Aunque algunos podrían atribuir esta desaceleración a nuevos problemas de salud o a enfermedades crónicas como el cáncer, la realidad es diferente. Los investigadores que publicaron su estudio en la revista Nature Aging sugieren que la causa principal no son estas enfermedades, sino algo mucho más fundamental: el envejecimiento en sí mismo.
En Gizmodo compartieron la investigación:
(…) Jay Olshansky, principal autor del estudio, indicó que el mayor obstáculo ahora es el envejecimiento biológico. Mientras que los avances en la lucha contra enfermedades como el cáncer y las cardiovasculares han sido claves para la longevidad, el envejecimiento sigue siendo una barrera difícil de superar.
El estudio sugiere que la humanidad podría estar acercándose a un límite biológico en términos de esperanza de vida. Durante décadas, algunos investigadores han planteado la posibilidad de que el ser humano no pueda superar un techo natural de longevidad, establecido alrededor de los 85 años. Mientras que muchos esperaban que los avances en la medicina llevarían a la mayoría de las personas a alcanzar los 100 años, los resultados de este nuevo estudio parecen confirmar que dicho límite es difícil de superar.
Básicamente no le podemos ganar al envejecimiento (por ahora) y creo que eso esta bien.
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¿Ozempic tratar el trastorno por atracón?
Hoy leí un artículo de The New York Times que aborda el potencial uso de medicamentos como Ozempic, que originalmente fueron diseñados para la diabetes y pérdida de peso, como un tratamiento para el trastorno por atracón.
La premisa central del artículo es que estos fármacos, al reducir el apetito y los pensamientos obsesivos sobre la comida, podrían ofrecer una solución a quienes luchan con los atracones compulsivos. Sin embargo, aunque algunos pacientes han experimentado mejoras, los efectos son mayormente anecdóticos, y los médicos expresan preocupación por los riesgos asociados, como la desnutrición y la posibilidad de intercambiar un trastorno alimentario por otro.
Es interesante cómo el artículo plantea un enfoque biológico para un problema que es complejo y multifacético, con componentes emocionales y psicológicos profundos, como el trauma y la regulación emocional. Aunque los medicamentos parecen ofrecer una «curita», el tratamiento integral del trastorno por atracón debe incluir intervenciones psicoterapéuticas, como la terapia cognitivo-conductual y la terapia dialéctica conductual, para abordar las causas subyacentes que llevan a las personas a recurrir a la comida como una vía de escape.
En resumen, aunque los medicamentos como Ozempic ofrecen esperanza, no deben ser vistos como una solución única. El tratamiento debe ser holístico, considerando tanto los aspectos emocionales como biológicos para lograr una recuperación sostenida y saludable.