Entender el burnout (guía)
Me encantó este artículo del New York Times sobre las siestas, su importancia y el horario ideal para disfrutarlas:
El mejor momento para dormir la siesta es entre seis y ocho horas después de despertarse por la mañana, dijo Sara Mednick, profesora de ciencias cognitivas de la Universidad de California en Irvine.
Hay un “bajón circadiano natural” entre las primeras horas y la mitad de la tarde, dijo Wu, porque los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y otras señales que nos ayudan a mantenernos alerta empiezan a disminuir en esos momentos.
Wu dijo que hay que tener cuidado con las siestas demasiado largas o que se hacen demasiado tarde, sobre todo si se padece insomnio: “Eso es como comer un postre muy grande antes de cenar; te quitará el apetito”.
Mantén las expectativas bajas
Puede que no te duermas durante la siesta —o al menos puede que creas que no lo has hecho— y no pasa nada, dijo Mednick. A menudo estamos “algo conscientes” en las primeras etapas del sueño, dijo, pero “sigue siendo un buen descanso”.
Mednick se refirió a un estudio reciente en el que se descubrió que entrar en la fase más ligera del sueño —una especie de zona crepuscular en la que la mente divaga como en un sueño— aunque solo fuera un minuto durante un descanso de 20 minutos generaba más creatividad y mejor resolución de problemas en adultos jóvenes.
Aunque no está directamente relacionado con la psicología, es un tema que suele surgir con frecuencia en el consultorio. Muchas personas atribuyen diversos problemas de salud a una supuesta deficiencia de magnesio, basándose en información que encontraron en redes sociales. El artículo aborda este fenómeno y destaca que es difícil determinar con precisión si alguien realmente presenta una deficiencia de magnesio. En lugar de recurrir a suplementos sin una evaluación adecuada, la recomendación principal es mejorar la calidad de la dieta para garantizar un aporte suficiente de este mineral.
Les comparto un fragmento del interesante artículo de The New York Times:
Los científicos no saben exactamente cómo los suplementos de magnesio pueden ofrecer estos beneficios, ni si pueden ayudar de otras formas, como previniendo los calambres musculares o mejorando la salud ósea. Pero el mineral interviene en cientos de reacciones químicas del organismo, como la función de las células cerebrales, la contracción muscular, el control de la glucosa en sangre, la regulación de la tensión arterial y la producción de energía.
La mejor manera de asegurarte de que ingieres suficiente magnesio es consumir más alimentos ricos en magnesio, como frutos secos, semillas, verduras de hoja verde, frijoles y cereales integrales, dijo Tucker.
Dana G. Smith con un estupendo artículo que explica por qué lloramos y las funciones del llanto:
Otras especies producen lágrimas, pero las nuestras son las únicas que, según los científicos, emergen sistemáticamente no solo para lubricar y proteger los globos oculares, sino también para expresar emociones, como después de sufrir una ruptura, en las ceremonias de graduación y mientras vemos Diario de una pasión.
Aunque son una de las pocas cosas que nos hacen distintivamente humanos, en muchos sentidos, las lágrimas emocionales siguen siendo un enigma. La investigación ha revelado que nuestras emociones son aún más complicadas de lo que los neurocientíficos pensaban; no existe una zona del cerebro responsable de los sentimientos de tristeza o ira, por ejemplo. Y los científicos aún no han escaneado el cerebro de las personas para ver qué ocurre cuando lloran.
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