4 consejos para engañar a tu cerebro y motivarte a hacer ejercicio
Connie Chang escribió una buena síntesis con recomendaciones para activarnos un poco y hacer más ejercicio:
Los hábitos se pueden inculcar en el cerebro. Así que vincula tu acondicionamiento físico a un “hábito ancla”, algo que ya haces todos los días, aconsejó Ben Reale, entrenador personal en Atlanta. Por ejemplo, si dejas a tus hijos en la escuela a las 8:00 a. m., asegúrate de estar levantando pesas en el gimnasio a las 08:15 a. m.
“Como una respuesta pavloviana, cuando agrupamos estos hábitos de manera constante a lo largo de varias semanas, sacamos el punto de decisión y la fuerza de voluntad de la ecuación”, afirmó Reale.
Las personas más reacias a hacer ejercicio quizá necesiten una ayuda adicional. Intenta enlazar tu rutina de ejercicio con una actividad que te encante, como ver la temporada más reciente deThe Bachelor. Este “paquete de tentación” se amplifica si solo realizas la actividad deseada cuando haces ejercicio, dijo Katy Milkman, científica del comportamiento en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania.
“De modo que solo te des el gusto de ver programas populares de televisión o escuchar novelas de vampiros en el gimnasio”, sugirió Milkman.
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Las luces de la noche también perjudican la salud humana
Miguel Ángel Criado para El País:
Los resultados de un experimento con 100 personas expuestas a luz artificial, publicados en diciembre de 2022, mostraron la mecánica de la relación entre exceso de iluminación y supresión de la melatonina. La vía principal por la que el organismo sabe que se acerca la noche y toca dormir son los ojos, la cantidad de luz que entra por ellos. Los fotorreceptores de la retina se encarga de ello. Los más conocidos son los conos y los bastones (los primeros permiten ver el mundo en colores, los segundos, funcionan como unas gafas de visión nocturna). Pero hay otras células fotosensibles descubiertas hace un siglo, pero de las que se empiezan a conocer sus funciones ahora: las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs, por sus siglas en inglés), que son especialmente sensibles a la parte azul del espectro de la luz. El experimento con este centenar de personas permitió confirmar que tanto los conos como las ipRGCs hacen algo más que ayudar a ver. Se encargan de activar o cortocircuitar la liberación de melatonina, afectando al ritmo circadiano.
El arte puede ayudar a tu salud mental. (No hace falta talento)
En el New York Times publicaron un lindo artículo que nos explica cómo el arte puede ayudarnos a mejorar nuestra salud mental y algunas actividades en concreto para lograrlo, la primera se llama la técnica de los tres dibujos:
“En mi experiencia, este tipo de arte va más allá de las palabras, ya que nos ayuda a comprender lo que nos pasa y a entender qué debemos hacer con ello”, afirma Gordon en el libro.
No hace falta que tengas talento para dibujar: las figuras hechas con líneas simples funcionan. Empieza por hacer un dibujo rápido de ti mismo; sin pensarlo demasiado. En el segundo, dibújate con tu mayor problema y en el tercero, dibújate después de resolverlo.
El objetivo de este ejercicio es fomentar el autodescubrimiento y ayudar a las personas a tomar las riendas de su sanación. Puede hacerse con o sin terapeuta, explica Susan Magsamen, profesora adjunta de neurología en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y coautora del libro.
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Una mujer inmune al dolor y la ansiedad abre nuevas vías al tratamiento de las heridas y el estrés
Daniel Mediavilla para El País:
Joanne Cameron, una mujer de 75 años que vive en Escocia, es una mutante feliz. Un cambio en la expresión del gen FAAH, productor de una enzima que procesa los endocannabinoides y hace que se absorban en el organismo, la mantiene en un estado de bienestar inusualmente constante. En el cuerpo de Cameron, los niveles de anandamida, una sustancia con efectos parecidos a los de la marihuana, son más elevados de lo normal porque permanece más tiempo intacta y sus niveles de ansiedad, estrés o dolor son mucho menores. “Esto me hace ridículamente feliz y es molesto estar conmigo. A la gente le gusta estar triste”, bromeaba hace unos años entrevistada por EL PAÍS. Su caso llegó en 2013 a los expertos en genética del dolor de University College London (UCL), cuando sus médicos se dieron cuenta de que no sentía dolor después de dos intervenciones serias en la cadera y la mano. Desde entonces, los investigadores han tratado de comprender qué hace a Cameron especial para ayudar a los millones de personas que viven con dolor crónico y ansiedad y solo cuentan con soluciones insuficientes o fármacos peligrosamente adictivos.