Sharenting: los riesgos de publicar fotos de tus hijos (y qué hacer)
¿Alguna vez te preguntaste quién puede ver, guardar o reutilizar la foto del primer día de clases que subiste de tu hijo? La mayoría de las madres y padres no lo pensamos. Publicar fotos de los hijos parece inofensivo, pero tiene riesgos reales que casi nunca consideramos. En este artículo resumo qué es el sharenting, por qué lo hacemos y qué puedes hacer para cuidar la identidad digital de tus hijos. Al final encontrarás la guía completa para descargar gratis.
¿Qué es el sharenting?
La palabra une share (compartir) y parenting (crianza). Blum-Ross y Livingstone (2017) lo definen como la divulgación pública o semipública de información, imágenes o videos de menores por parte de sus cuidadores en entornos digitales. Incluye fotos, videos, anécdotas cotidianas, datos personales e hitos del desarrollo.
La diferencia con el álbum familiar de siempre es que en internet el almacenamiento, la copia y el acceso pueden ser permanentes. Y hay algo nuevo: por primera vez, una persona puede tener un pasado público que no recuerda. Durante los primeros años de vida la memoria autobiográfica todavía no está desarrollada, pero el archivo digital ya empezó. El archivo llega antes que el narrador.
¿Por qué lo hacemos?
No es vanidad ni descuido. Es aprendizaje. Según el aprendizaje operante, las conductas que tienen consecuencias reforzantes se vuelven más probables (Skinner, 1953). Cuando subes una foto de tu hijo y llegan los «¡Qué grande está!» o los «Salieron hermosos», recibes validación, conexión y apoyo. Eso refuerza la conducta.
Además, el refuerzo es intermitente: no todas las publicaciones reciben la misma respuesta. Esa variabilidad hace que la conducta sea más persistente. Las plataformas amplifican el mecanismo porque cada like, cada comentario y cada notificación llegan de inmediato y se pueden contar. Con el tiempo, publicar deja de ser una decisión pensada y se vuelve casi automático.
Hay otra razón menos visible. La crianza trae incertidumbre y dudas sobre si lo estamos haciendo bien. Compartir y recibir aprobación alivia ese malestar por un rato, y ese alivio también refuerza la conducta. Desde la terapia de aceptación y compromiso, esto se entiende como una forma de evitación experiencial (Hayes et al., 2011). No es patológico. El problema no es publicar, sino hacerlo de forma rígida, sin elegir.
Los riesgos que no vemos
- Pierden el control de su propia historia. La identidad digital de tu hijo se forma antes de que pueda participar en ella o dar su consentimiento.
- Los datos sueltos se suman. El nombre, el uniforme del colegio, la plaza del barrio y el horario de salida parecen inofensivos por separado. Juntos pueden revelar quién es tu hijo, dónde está y cuál es su rutina.
- Grooming. Un adulto con malas intenciones puede usar esa información para parecer familiar y ganarse la confianza de un niño.
- Lo que se sube no se baja. Una vez publicada, la foto queda fuera de tu control, aunque después la borres. El riesgo no depende de tus buenas intenciones.
- Aprenden de lo que ven. Si su vida se documenta y se comparte todo el tiempo, los niños pueden aprender que mostrarse es lo normal y que la privacidad no importa. Y cada vez que sacamos el teléfono en medio de un momento compartido, la experiencia se vive a través de una pantalla.
Hay un desajuste de fondo: nuestro cerebro evolucionó para audiencias pequeñas y conocidas, no para audiencias globales, invisibles y permanentes (Cosmides y Tooby, 1992).
¿Qué puedes hacer?
Nadie nace sabiendo, y menos en un entorno que cambia tan rápido. No podemos recurrir a cómo lo manejaron nuestros padres porque ellos no tuvieron redes. Pero sí podemos cambiar algunas cosas hoy:
- Antes de publicar, haz una pausa y pregúntate para qué lo haces. Si la respuesta es calmar una duda o buscar aprobación, quizá puedas quedarte con esa incomodidad un momento en lugar de publicar.
- Revisa qué datos aparecen en la foto: uniforme, nombre del colegio, lugares que frecuentan, horarios.
- Piensa qué opinaría tu hijo de esa imagen dentro de 10 o 20 años.
- Cuando tenga edad para opinar, pídele permiso. Así le enseñas respeto, consentimiento y autonomía sobre su cuerpo y su imagen.
- Cuida también la imagen de los hijos de otros: en los grupos del colegio, no reenvíes fotos donde aparecen otros niños.
- Deja el teléfono a un lado en los momentos importantes. Tu hijo aprende a cuidar su privacidad viendo cómo cuidas la suya.
Tenemos la oportunidad de enseñar que incluso de grandes podemos seguir aprendiendo, y de cuidar a los adultos que serán nuestros hijos con pequeños cambios hoy.
Descarga la guía completa
En la guía Sharenting: Guía para cuidar a nuestros hijos de los peligros de la era digital. ¿Estamos siendo cómplices involuntarios? desarrollo con más detalle cómo se construye el self, por qué publicamos y cada uno de los riesgos. Es gratuita y está en PDF.
Referencias
- Blum-Ross, A. y Livingstone, S. (2017). Sharenting, parent blogging, and the boundaries of the digital self. Popular Communication, 15(2), 110–125. https://doi.org/10.1080/15405702.2016.1223300
- Cosmides, L. y Tooby, J. (1992). Cognitive adaptations for social exchange. En J. H. Barkow, L. Cosmides y J. Tooby (Eds.), The adapted mind: Evolutionary psychology and the generation of culture (pp. 163–228). Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/oso/9780195060232.003.0004
- Hayes, S. C., Villatte, M., Levin, M. y Hildebrandt, M. (2011). Open, aware, and active: Contextual approaches as an emerging trend in behavioral and cognitive therapies. Annual Review of Clinical Psychology, 7, 141–168. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-032210-104449
- Skinner, B. F. (1953). Science and human behavior. Macmillan.
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