¿Cuál es la mejor postura para dormir?
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Caroline Hopkins Legaspi para The New York Times:
Aunque no sabemos exactamente qué tienen las pantallas que afectan nuestro sueño, algunas investigaciones sugieren que lo que haces en ellas puede desempeñar un papel importante, dijo Hartstein.
Las actividades interactivas, como jugar videojuegos, navegar por las redes sociales, comprar y apostar, se encuentran entre los peores tipos de uso de las pantallas para el sueño, dijo Daniel Buysse, psiquiatra y profesor especializado en el sueño de la Universidad de Pittsburgh. Estos comportamientos activan el sistema de recompensa del cerebro, lo que puede mantenerte despierto y pegado al dispositivo hasta bien entrada la noche, dijo.
El uso de las redes sociales es especialmente preocupante, añadió Buysse, porque están diseñadas para mantenerte inmerso el mayor tiempo posible.
Las actividades digitales potencialmente gratificantes, como comunicarse con amigos y jugar, así como las angustiosas, como desplazarse sin cesar por artículos de noticias o videos inquietantes, también pueden estimular el cerebro de un modo que dificulta el sueño, dijo Hartstein.
Uso pantalla antes de dormir y no me afecta el sueño porque veo la misma serie. Es una forma de condicionarme para dormir y bastante relajante:
Lo más probable es que empezar a leer o ver un nuevo drama de suspenso afecte más al sueño que volver a ver o releer una serie antigua y reconfortante, dijo Harvey. Si ya conoces el desenlace, te resultará más fácil apagar la televisión o el lector electrónico y conciliar el sueño.
El artículo hace un buen recorrido por las investigaciones que vinculan la luz azul con los problemas para dormir y las conclusiones de dichos estudios. Básicamente la explicación es más sencilla, son los hábitos, las conductas que realizamos con los celulares y pantallas lo que afecta nuestro sueño, no tanto el tipo de luz. Así que no gastes en lentes y parafernalia que elimina ese tipo de luz.
Constanza Cabrera detalla datos interesantes del efecto de la siesta en la lucidez mental:
Y no son los únicos. No hace falta ser un genio para experimentar un momento eureka, esa chispa repentina que resuelve un problema o descubre una idea. Un nuevo estudio de la revista de PLOS Biology sugiere que alcanzar la primera fase del sueño profundo (o N2) durante una siesta podría ayudar a alguien que necesita esa epifanía o instante de lucidez. Para alcanzar un auténtico ¡ajá!, a veces lo más efectivo es cerrar los ojos y desconectarse por un momento. La neurociencia empieza a confirmar lo que algunos artistas practicaban de forma casi ritual.
Anika Löwe y Maria Tzegka, investigadoras de la Universidad de Hamburgo (Alemania), diseñaron un experimento en el que participaron un grupo de 90 voluntarios entre los 18 y 35 años. La tarea, en apariencia sencilla, consistía en seguir una serie de puntos en una pantalla y responder pulsando un teclado. Lo que los participantes no sabían es que, tras completar el 40% del ejercicio, los científicos introducirían un truco que facilitaba la tarea. Después de cuatro rondas de ensayos, algunos de los sujetos fueron puestos a dormir una siesta de 20 minutos, mientras sus cerebros eran monitoreados mediante un electroencefalograma (EEG).
Al despertar, todos los grupos mostraron cierta mejora en su desempeño, pero el 70,6% de los que llegaron a la fase N2 al dormir detectaron la estrategia oculta. Y solo el 55% de los que permanecieron despiertos pudieron descubrir la treta. “El resultado es un cerebro más plástico y receptivo a las nuevas ideas, lo que podría explicar por qué tantas personas descubren el truco oculto tras la siesta”, señala a EL PAÍS Anika Löwe, autora principal de la investigación que se publica este jueves. En otras palabras, una mente más atenta para ver lo que antes pasaba desapercibido.
Artículo recomendado: Más evidencia a favor de la siesta
Adrián Cordillat escribe en El País que la terapia cognitivo conductual para el insomnio es efectiva, pero toma tiempo en hacer efecto:
“El problema del insomnio es que un trastorno muy frecuente y no está bien atendido. Las guías dicen que hay que empezar por la terapia cognitivo conductual, pero tenemos a miles de pacientes tomando hipnóticos y benzodiacepinas desde hace años”, lamenta el doctor Manuel de Entrambasaguas, neurofisiólogo clínico de la Unidad del Sueño del Hospital Clínico de Valencia. Su opinión la comparte Odile Romero, coordinadora de la Unidad del Sueño del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, que señala a varios factores. Por un lado, la falta de personal formado y de unidades que oferten la terapia: “A la mayoría de los pacientes que sufren de insomnio les cuesta llegar a un especialista”. Por otro, a la incapacidad para mirar a largo plazo. “Los recursos sanitarios son los que son y el insomnio no es algo que, aparentemente, genere un riesgo a corto plazo, así que no se ve como algo urgente y, por tanto, no está en las listas de prioridades”. Y, por último, a la falta de tiempo, que hace que la solución más rápida siempre sea un fármaco, aunque estos tengan importantes efectos secundarios, uno de ellos la dependencia: cuesta mucho retirarlos y hay pacientes enganchados a ellos durante años, aunque la mayoría de estos medicamentos tengan una indicación para apenas tres o cuatro semanas de tratamiento.
En mi consulta, veo con frecuencia que los pacientes con problemas de sueño llegan ya muy medicados. Por otro lado, también me enfrento al desafío de manejar la frustración de quienes buscan resultados inmediatos para su insomnio.
Si bien la terapia no toma años en dar efecto y en cuestión de semanas ya se observan mejoras, muchos pacientes esperan cambios instantáneos y, ante la falta de resultados inmediatos, son propensos a abandonar el tratamiento. Esto hace aún más importante educar sobre el proceso terapéutico y la importancia de la constancia para lograr un descanso reparador.
Si alguna vez has sentido una oleada de fatiga a mitad de la tarde, no estás solo. Este artículo de The New York Times explora la ciencia detrás del bajón de energía vespertino, explicando cómo nuestros ritmos circadianos y la presión del sueño influyen en este fenómeno. A través de la opinión de expertos en neurociencia y medicina del sueño, se desmitifica esta sensación y se ofrecen estrategias prácticas para manejarla.
Descubre por qué ciertos alimentos pueden acentuar la somnolencia, cómo una breve siesta o un paseo pueden ayudarte a recuperar energía, y qué hacer si esta fatiga se vuelve persistente.
Me encantó este artículo del New York Times sobre las siestas, su importancia y el horario ideal para disfrutarlas:
El mejor momento para dormir la siesta es entre seis y ocho horas después de despertarse por la mañana, dijo Sara Mednick, profesora de ciencias cognitivas de la Universidad de California en Irvine.
Hay un “bajón circadiano natural” entre las primeras horas y la mitad de la tarde, dijo Wu, porque los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y otras señales que nos ayudan a mantenernos alerta empiezan a disminuir en esos momentos.
Wu dijo que hay que tener cuidado con las siestas demasiado largas o que se hacen demasiado tarde, sobre todo si se padece insomnio: “Eso es como comer un postre muy grande antes de cenar; te quitará el apetito”.
Mantén las expectativas bajas
Puede que no te duermas durante la siesta —o al menos puede que creas que no lo has hecho— y no pasa nada, dijo Mednick. A menudo estamos “algo conscientes” en las primeras etapas del sueño, dijo, pero “sigue siendo un buen descanso”.
Mednick se refirió a un estudio reciente en el que se descubrió que entrar en la fase más ligera del sueño —una especie de zona crepuscular en la que la mente divaga como en un sueño— aunque solo fuera un minuto durante un descanso de 20 minutos generaba más creatividad y mejor resolución de problemas en adultos jóvenes.
Un riesgo que va en aumento:
La experta señala que el sueño, precisamente, es uno de los grandes damnificados de esta falta de exposición a la luz natural diurna: “Sabemos que la luz, sobre todo azul durante la noche, inhibe la secreción de melatonina, hormona del sueño, por lo que, si recibimos luz por la noche, nuestro sueño se ve afectado, pero también hay evidencia de que, para una correcta síntesis y secreción de melatonina por la noche, es esencial exponerse a luz natural a primera hora de la mañana. Si no se sintetiza melatonina puede dificultarse la conciliación del sueño y cuando conseguimos dormirnos, nuestro sueño será más superficial, menos profundo y reparador”, cuenta.
Maravilloso artículo de divulgación sobre la terapia cognitiva conductual para el insomnio en The New York Times:
Algunos estudios han revelado que la TCC-I es tan eficaz como usar pastillas para dormir a corto plazo, y más eficaz a largo plazo. Los datos de los ensayos clínicos indican que hasta el 80 por ciento de las personas que prueban la TCC-I ven mejoría en su sueño, y la mayoría de los pacientes encuentran alivio en cuatro a ocho sesiones, incluso cuando han padecido insomnio durante décadas, señaló Philip Gehrman, director del laboratorio de Sueño, Neurobiología y Psicopatología de la Universidad de Pensilvania.
Las pastillas para dormir pueden acarrear algunos riesgos, sobre todo para los adultos mayores, quienes tal vez tengan algunas contrariedades como caídas, problemas de memoria o confusión como consecuencia del uso del medicamento. Por otro lado, la TCC-I se considera segura para adultos de cualquier edad; incluso puede adaptarse para usarse en niños.
Este artículo artículo es muy importante porque la mayoría de las personas cree que el insomnio “se cura” con pastillas, cuando en realidad la terapia es muy efectiva y no acarrea síntomas secundarios.
Artículo completo en The New York Times.
Si eres psicoterapeuta aquí hemos preparado una serie de recursos que te pueden ayudar en el abordaje del insomnio.
Un estudio reciente encuentra que las personas que se acuestan y levantan más tarde tienen más probabilidades de ser fumadores y bebedores. Sin embargo, no hay evidencia de que la noche en sí misma esté directamente relacionada con una mayor mortalidad:
Ahora, un reciente estudio publicado en la revista Chronobiology International con datos obtenidos tras un seguimiento durante 37 años a más de 23.000 adultos finlandeses, ha concluido que la mayor mortalidad asociada al cronotipo vespertino (cifrada en un 9% en la investigación) podría deberse fundamentalmente a dos malos hábitos: fumar y beber. De hecho, según el estudio, en el caso de personas no fumadoras que, como mucho, son bebedores ocasionales, no se encontró ninguna asociación del cronotipo vespertino con la mortalidad. “Creo que el mensaje más importante que deja nuestro estudio es que las personas noctámbulas no se exponen a un mayor riesgo de muerte. El cronotipo es una característica personal, pero por razones que desconocemos vemos que los estilos de vida poco saludables parecen desarrollarse con más frecuencia entre los noctámbulos”, explica Jaakko Kaprio, profesor del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Helsinki y coautor del estudio.
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