Cannabinoides no sirven para tratar los trastornos mentales
Publicaciones por autor
Lindo artículo de Clotilde Sarrió sobre la diferencia entre vulnerabilidad y debilidad:
Quienes ridiculizan o infravaloran a quienes exhiben fácilmente su sensibilidad, propician la inercia de aprovecharse de las personas extravertidas al dar por supuesto que ser sensible es ser débil y por lo tanto vulnerable, cuando la realidad demuestra que no siempre es así, algo que puede producir graves fiascos que reviertan contra quienes tienen esta falsa creencia.
Sin embargo, para muchos, la sensibilidad es un motivo de vergüenza que les dificulta en la comunicación sobre todo cuando entran en juego los sentimientos.
Buena parte de culpa de esta vergüenza la tiene el cliché de la vulnerabilidad que se atribuye a quienes exteriorizan los sentimientos. Es por ello que quienes consiguen abandonar esta creencia impuesta —las más de las veces se logra a través de psicoterapia— experimenta un bienestar, seguridad, madurez y firmeza hasta entonces desconocidas.
Otra consecuencia es que el paciente se sentirá capaz de conectar de nuevo con las emociones que mantuvo soterradas. Esto permitirá que florezca una sensibilidad, que en un principio, tal vez le desconcertará (puede incluso creer que ha empeorado), cuando en realidad se trata de un signo de mejoría que podrá disfrutar al aplicar las nuevas habilidades adquiridas y poder sentir de otro modo.
Javier Salas describe la mejor noticia del día en El País:
La homeopatía ha sido un «sistema curativo» durante 167 años, al menos en el idioma español. Desde que se consignara por primera vez esta voz llegada del alemán en la edición de 1852, la Real Academia Española siempre ha considerado en su definición que esta pseudoterapia curaba. Hasta hoy. En su nueva definición, la homeopatía pasa de ser un sistema curativo a una simple «práctica» que «supuestamente» produce unos síntomas.
Y agrega:
De este modo, la homeopatía pierde la segunda de las tres patas que mantenían su respaldo social. Ahora ha perdido el respaldo lingüístico: homeopatía, en español, no significa un remedio que cura. Antes, el consenso científico-médico ya le había retirado su apoyo hace tiempo, con manifestaciones cada vez más tajantes por parte de las sociedades científicas. Hace dos años la Real Academia de Farmacia aseguró no solo que no funciona, sino que «la homeopatía puede poner en riesgo la salud». En España, ninguna universidad pública enseña homeopatía en una asignatura desde el pasado año. El último respaldo que le queda es el legal, ya que la normativa europea determina que debe venderse como medicamento, aunque el Gobierno español pretende que esto cambie. En Francia, ya está en proceso que se retire su financiación pública.
La psiquiatra Fanny Mcpherson Lugo, escribió un estupendo artículo de opinión/análisis en La Prensa, sobre cómo el Guasón expone el crudo sufrimiento que viven las personas con problemas de salud mental cuando no son aceptadas por la sociedad:
El Guasón me dejó enternecida, triste y renovada. Con extraordinaria sensibilidad, presenta el sufrimiento de las personas con enfermedad mental sin ingenuidad; no solamente muestra un qué sino un por qué que incomoda.
(…)
He identificado múltiples maneras y escenarios en que se rechaza a aquellos que padecen una enfermedad mental a lo largo de mi práctica como psiquiatra. Ofrecer terminar el año escolar “por módulos” al adolescente que ha sido hospitalizado por intento de suicidio; ignorar la calificación técnica de una persona que sufre de trastorno bipolar y negarle el empleo porque admitió con honestidad que recibe medicación; alejar físicamente las instalaciones donde se ofrecen los servicios de salud mental; dejar de invitar a la reunión familiar al pariente con un diagnóstico psiquiátrico, son algunos de los múltiples ejemplos que se pueden dar.
Uno de los velos, es la negación de la enfermedad mental. Arthur Fleck se quejaba de que las personas actuaban como si su padecimiento no existiera, por ende, los síntomas, conductas y limitaciones derivadas de su enfermedad mental no eran validados. La moralización de la enfermedad mental, velo muy frecuente. Es decir, la persona con enfermedad mental es débil, no quiere “poner de su parte”, es manipuladora o hasta perversa; escoge estar mal y es culpable. Por último, el más antiguo de los velos, es la espiritualización de la enfermedad mental. Aunque exime parcialmente de culpa a quienes la padecen por ubicar las causas en fuerzas espirituales ajenas a la persona, impide la aceptación del diagnóstico y tratamiento. Y al final, produce desesperanza y estigma porque las personas con padecimientos mentales que son tratadas como “poseídas” o “embrujadas” no mejoran su condición a pesar de múltiples rituales a las que son sometidas. He visto que llegan a sentirse abandonadas por Dios, porque no son “liberadas”. Lamentablemente, la espiritualización de la enfermedad mental no fortalece la fe de quienes la padecen, la deteriora. En lo personal creo que la fe y esperanza se fortalecen cuando sentimos que, aceptada la realidad de nuestras circunstancias, nos sentimos aceptados y protegidos, tal como somos, por Dios.
Ingresa las palabras de la búsqueda y presiona Enter.