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En el día de ayer, la OMS declaró al nuevo coronavirus o 2019-nCoV, como emergencia de salud pública internacional. Este nuevo coronavirus, pertenece a una familia de virus que causan el resfriado común y enfermedades como el MERS y el SARS. A raíz de todo este brote, el gobierno de China está trabajando incansablemente para frenar su propagación.
Este nuevo coronavirus también se denomina como virus de Wuhan, ciudad donde originó, pero, ¿de dónde viene realmente? La página de Gizmodo en español ha publicado un completo reportaje que lo explica:
Los virólogos que habían acudido para cazar el virus Sars creían que las fuentes más probables eran cerdos o pollos, pero los intentos de infectar a los animales con el virus tomado de humanos infectados fracasaron, lo que sugirió que debía venir de otra especie.
Finalmente, Yuen Kwok-Yung, un microbiólogo de la Universidad de Hong Kong, decidió examinar grandes cantidades de civetas y otros animales de caza. Descubrió que cuatro de las civetas de las palmeras enmascarada portaban un coronavirus que causó Sars. Los animales son comunes en China, India y Malasia.
El experto explicó que era poco probable que las personas se hubieran infectado al comer civetas. Sin embargo, el virus podía haber saltado a los humanos cuando los criaron, los mataron y los cocinaron para preparar la sopa de dragón-tigre-fénix.

Los ingredientes de la sopa dragon-trigre-fénix:
Uno de los platos más exóticos que se puede degustar en las regiones del sur de China, como Guangdong, es la denominada sopa de “dragón tigre fénix”. Su receta ha pasado de mano en mano entre los locales desde hace siglos, y proviene de un antiguo plato de la cocina cantonesa.
Si te estás preguntando cómo demonios pueden hacerse con estos tres “ingredientes” para mantener semejante plato en el menú, la respuesta la encuentras en los múltiples mercados de animales que se encuentran en el sur de la región. Y por encima de todos, el de Guangzhou, una especie de zoológico alternativo donde se mezclan vísceras y sangre, tejones y ranas, gatos o serpientes, todo al por mayor. Con una excepción, si buscas ratas, la temporada solo ocurre en verano.
Volviendo al plato, su nombre, obviamente, proviene del uso de tres animales. El dragón está representado por la serpiente, el tigre está representado por el gato (o por la civeta de las palmeras enmascarada) y el fénix está representado por el pollo. En cuanto a la civeta, se trata de la única especie del género monotípico Paguma, y se distingue de otras por su barba blanca y ausencia de manchas o rayas en su cuerpo.
¿Cómo llegó el virus a las civetas?
La duda, no obstante, seguía existiendo, ¿y si el virus saltó de otro animal a las civetas?
De hecho, tuvieron que pasar varios años antes de que en 2017, un grupo de investigadores chinos pudieran rastrear el virus a través de las civetas. Entonces sí, descubrieron por fin el origen del coronavirus: una cueva remota en la provincia china de Yunnan.

Este es el mejor artículo que he leído sobre los orígenes de el coronavirus. Léelo completo en Gizmodo.
El País, publicó hoy una serie de imágenes que muestran las contingencias aplicadas por el gobierno de China para intentar frenar el contagio del Coronavirus y hemos seleccionado algunas de las más importantes:
Calles cortadas para evitar el contagio:

La guardía real con mascaras de protección:

Una niña lleva una botella de plástico como máscara de protección improvisada:

Confección frenética de mascaras protectoras:

Mira todas las imágenes en El País.
Para más información sobre el coronavirus, te recomiendo este completo artículo de Gizmodo.
Con excesiva frecuencia hemos escuchado que los celulares están dañando el cerebro de los adolescentes y que esta tecnología “casi diabólica” es la responsables de los trastornos mentales de la juventud. Bueno, en Psyciencia hemos advertido la falta de evidencia que tiene esa idea, y en el día de hoy Jordí Pérez Colomé publicó en el diario El País, un reporte de dos estudios que explican por qué no tenemos datos para culpar a la tecnología digital:
(…) Hay un miedo sustancialmente exagerado de las tecnologías digitales», dice por email Amy Orben, investigadora en psicología experimental de la Universidad de Cambridge. «Pero apenas tenemos evidencia por ahora de que el tiempo pasado ante una pantalla –en total– impacte negativamente a la mayoría de la población infantil», añade.
El pánico se ha convertido en un modo de ganar dinero para algunos. «La teoría del miedo sobre la tecnología se ha convertido en una industria casera para vender libros, charlas y consultoría», dice Andrew Przybylski, director de investigación del Oxford Internet Institute y uno de los grandes expertos en jóvenes y móviles. Pero eso no es sensato para nadie, sobre todo para las preocupaciones de los padres, añade: «Lo mejor es no tratar la tecnología como una ‘caja negra’. Intentemos tratar esta actividad como ir en bicicleta, con sus riesgos y recompensas: implícate y elabora una idea realista sobre lo que está bien y cuándo para tus chicos».
La razón por la que la tecnología digital ha sido erróneamente identificada como la causa de todos los males:
Orben ve un motivo casi evolutivo para esta asignación de culpas al primer sospechoso. Es una razón repetida en la historia, donde lo nuevo es malo porque los viejos de esta generación no lo vivieron de jóvenes: «La preocupación por tecnologías nuevas que cambian nuestra sociedad es normal, una podría decir que tienen un beneficio evolutivo al hacernos más cautos a cambios bruscos. No tiene que sorprendernos que ahora estemos preocupados por las pantallas porque antes lo estuvimos por la adicción a la radio, las novelas románticas y la imprenta», dice.
Como todas las narrativas, la corrección del pánico inicial suele llevar más tiempo y evidencia, que aún no ha llegado. No es extraño: el iPhone es de 2007. Apenas ha pasado una década. Incluso a la velocidad que ocurren ahora los cambios, es poco tiempo para entender las consecuencias de su llegada.
El tiempo de pantalla no es una medida precisa:
(…) el tiempo de pantalla significa poco. La obsesión de los mayores es que el tiempo ante una pantalla es perdido ante la aparente belleza del mundo real. Puede ser. Pero lo que es seguro es que no todo el tiempo de pantalla es igual. Las apps que miden el tiempo de pantalla fustigan igual a sus usuarios por ver vídeos, jugar a videojuegos (ya sea Fortnite o para aprender a programar), responder a vídeos de amor en TikTok, leer la Divina Comedia o hacer un Skype con el abuelo.
Pero eso es injusto y poco científico. «Cuando hablamos de tiempo de pantalla hacemos la media de una uso muy amplio de tecnologías distintas, y eso puede ser uno de los problema que limita nuestro conocimiento», dice Orben. «Ahora mucha de nuestra conversación social sobre tiempo de pantalla lo junta todo, lo que debe tener un efecto consistente. No debe sorprendernos si no encontramos resultados notables», añade.
Todo vuelve a demostrar la necesidad que tenemos en en psicología de revisar la evidencia con precisión antes de salir a prevenir. Es cierto que hay estudios que hallaron una relación entre el tiempo del uso del celular y la salud mental de los adolescentes, pero hay que recordar — como se resaltó en el artículo de El País – que esas investigaciones tenían grandes limitaciones que no permiten tomarlas como pruebas.
Lee el artículo completo en El País.
Los artículos científicos mencionados en el reporte:
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