La mitad de los trastornos mentales comienzan antes de los 14 años
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Emiliano Bruner escribe para la revista Investigación y Ciencia como los intereses mercantilistas pervierten el proceso de selección de investigadores, basandose en la capacidad de marketinera y no en la capacidad científica:
La otra contraindicación de la masificación científica es el haber despertado los intereses del mercado. Hoy en día, las universidades ya no tienen estudiantes, sino clientes, que pagan y que exigen un trato preferencial. Lo mismo pasa con las editoriales científicas, porque muchos investigadores ya no son autores, sino clientes, de sus revistas. Y el cliente siempre tiene la razón. También a nivel de investigación, un científico se valora (y se contrata) siempre más en función de cuánto dinero ha conseguido mover entre empresas, fundaciones y gobiernos, que en función de su producción científica y cultural. Es decir, la institución está interesada en su capacidad empresarial, más que en su capacidad investigadora. A pesar de ser algo tan patentemente contrario a los principios de la ciencia, hoy en día esta perspectiva está tan aceptada que la instituciones ni se esfuerzan en ocultarla, y ponen la capacidad de búsqueda de dinero en los requisitos oficiales de los concursos, en los deberes de un contrato laboral, o en las evaluaciones productivas.
Como bien lo menciona Bruner en su artículo, el proceso científico se ha visto debilitado cuando los gobiernos dejaron de invertir en la investigación científica y los investigadores tuvieron que buscar financiamiento en los laboratorios y empresas privadas. Ahí se empezó a corromper todo el principio que guía la investigación y el desarrollo científico, porque las empresas fueron creadas con el objetivo de obtener ganancias para sus inversionistas. Esa es su misión. Mientras que la investigación científica debe mejorar el desarrollo de la sociedad.
Mª Luisa Bustillo, Mar Gómez-Gutiérrez y Ana Isabel Guillén de la Universidad Complutense de Madrid escribieron una excelente investigación para la revista académica Clínica y Salud sobre la carga de trabajo que cae sobre los hombros de los familiares y cuidadores no formales de las personas mayores que, por alguna enfermedad o condición, quedan en completa dependencia de sus familiares:
Un análisis exhaustivo de las intervenciones que se han desarrollado en los últimos años a nivel internacional con cuidadores informales de personas mayores dependientes, pone de manifiesto que las intervenciones que mayoritariamente se aplican son las denominadas intervenciones psicoterapéuticas, las cuales se centran en mejorar el estado emocional de los cuidadores. Principalmente abordan la sintomatología depresiva, aunque estas intervenciones también abordan los niveles de estrés, la carga del cuidador y la ansiedad.
Los resultados de estas intervenciones son positivos puesto que demuestran que, tras recibir la intervención, disminuye el malestar que presentaban los cuidadores informales. Sin embargo, estas intervenciones, profundizan, en pocas ocasiones, sobre los beneficios que tienen para el cuidador a largo plazo.
Referencia del artículo completo: Bustillo, M.L., Gómez-Gutiérrez, M., y Guillén, A.I. (2018). Los Cuidadores Informales de Personas Mayores Dependientes: una Revisión de las Intervenciones Psicológicas de los Últimos Diez Años. Clínica y Salud, 29 (2). DOI: 10.5093/clysa2018a13
Fuente: INFOCOP
Carlos Sabin ofrece en la revista Investigación y Ciencia, una interesante herramienta para detectar rápidamente las tonterías pseudocientíficas que se promueven en los medios, coaching y en la homeopatía. Se trata del test de Shaw:
(…) cada vez que un término no relacionado con la ciencia aparece seguido de las palabras «cuántico» o «cuántica», hay una probabilidad muy alta de que alguien le esté intentando engañar. No lo dude más y use el test de Shaw. ¿Hacemos la primera prueba con «coaching»?
Valeria Sabater escribió para La Mente es Maravillosa un excelente análisis de las conductas que caracterizan a las personas honestas:
Las personas honestas son más felices e incluso gozan de una mejor salud. Así nos lo revela por ejemplo la doctora Anita E. Kelly, profesora de psicología en la Universidad de Notre Dame de París. Según este estudio, ser sinceros, no hacer uso de la mentira y ser genuino siempre con uno mismo y con aquello que se dice y hace genera un mayor bienestar. Ese equilibrio interno, esa paz mental revierte en la propia salud.
**Saben construir relaciones más significativas**
La deshonestidad y el hecho de mostrarse poco íntegros en algún momento, supone para este tipo de personas un sobreesfuerzo. Es esa disonancia cognitiva que les genera malestar, tensión e incomodidad. Por ello, las personas honestas valoran por encima de todo poder construir relaciones basadas en la confianza. No solo se muestran en todo momento de manera auténtica, sincera y respetuosa con quienes les rodean. Sino que además, exigen esto mismo en quienes forman parte de su día a día.
Algo así hace, sin duda, que no siempre cuenten con un gran número de amistades. Si cuentan con pocas, son siempre las más adecuadas, las más genuinas, aquellas donde se genera una reciprocidad continua y satisfactoria.
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