¡Narrar historias y leer: Un dúo dinámico en el desarrollo infantil!
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Dana Smith para The New York Times:
Numerosos estudios de laboratorio han arrojado resultados similares a los de la investigación de Cedeño: las puntuaciones en pruebas cognitivas disminuyen a medida que los científicos aumentan la temperatura ambiente. Una investigación descubrió que un aumento de tan solo dos grados —que los participantes describieron como una circunstancia aun cómoda— provocaba un descenso medio del 10 por ciento en el rendimiento en pruebas de memoria, tiempo de reacción y funciones ejecutivas.
Esto puede tener consecuencias reales. R. Jisung Park, economista especializado en medio ambiente y trabajo de la Universidad de Pensilvania, analizó los resultados de los exámenes estandarizados de preparatoria y descubrió que bajaban un 0,2 por ciento por cada medio grado por encima de 22 grados Celsius. Puede que no parezca mucho, pero el efecto puede acumularse para los estudiantes que hacen un examen en una habitación sin aire acondicionado durante una ola de calor de 32 grados.
En otro estudio, Park descubrió que cuantos más días calurosos por encima de la media había durante el curso escolar, peores resultados obtenían los alumnos en un examen estandarizado, especialmente cuando el termómetro superaba los 26,6 grados Celsius. Cree que esto puede deberse a que la mayor exposición al calor afectaba al aprendizaje de los alumnos durante todo el año.
En Ethic publicaron un interesante artículo que explora si es posible una amistad desinteresada entre hombres y mujeres heterosexuales. Señala que las opiniones y estudios son diversos. Algunos creen que siempre hay una tensión sexual, mientras otros consideran que una verdadera amistad puede existir sin atracción. Se destaca la importancia de la responsabilidad afectiva y la sinceridad en estas relaciones. Diferencias en cómo hombres y mujeres interpretan y experimentan la amistad también influyen. Además, menciona teorías sobre las «parejas de recambio» y cómo los adolescentes manejan estas amistades de manera más flexible.
La psicóloga y sexóloga Sara Belén explica con mucha elocuencia por qué funciona el contacto cero:
En una ruptura, el estímulo en cuestión es tu ex y todo lo relacionado con ella. Los estímulos menos difíciles son, por ejemplo, algunos recuerdos de la relación o levantarte por primera vez sin sus buenos días. Es más fácil exponerse al sentimiento de pérdida de estos que a estímulos más difíciles, como el contacto directo con tu ex. Mantener contacto cero con tu ex hace que puedas asimilar pérdidas de la ruptura haciéndolo lo más progresivo posible y, por lo tanto, con más probabilidad de ser efectivo.
Del mismo modo, si no entras en contacto con el sentimiento pérdida, no te expones a él. Seguir en contacto con nuestra ex pareja tras una ruptura no superada hace que el sufrimiento se prolongue sin beneficio a largo plazo, postergando y alargando el duelo.
El País publicó recientemente un artículo sobre el mito de la catarsis. Y aunque es algo que ya sabíamos, está muy bien que los medios tradicionales publiquen este tipo de información:
“Al expresar la ira estás practicando un comportamiento agresivo. Quería romper el mito de que es algo efectivo a la hora de controlarla y mostrar alternativas más sanas”, explica. Para ello, revisó 154 estudios que exploraban la eficacia de distintas actividades a la hora de reducir ese nivel de excitación al que nos lleva la ira. La conclusión es clara: desahogarse soltando la rabia (golpeando objetos, saliendo a correr, etc.) no funciona. Sí lo hace, en cambio, bajar nuestro nivel de activación: respirar hondo, meditar, practicar yoga…
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