«Cómo pensamos en diálogo con la inteligencia artificial»: un libro para entender qué nos pasa cuando pensamos con un chatbot
Pedirle a un chatbot que ordene una idea y recibir en pocos minutos un texto claro y bien armado ya es una experiencia común. Menos común es preguntarse después qué parte de ese trabajo hicimos nosotros. De eso trata Cómo pensamos en diálogo con la inteligencia artificial. Procesos psicológicos en la interacción humano–IA, un libro breve del psicólogo Ricardo Gómez Vecchio que se puede descargar gratis en Zenodo con licencia CC BY-NC-ND 4.0.
Gómez Vecchio es licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires y ha trabajado como psicoterapeuta de adultos y parejas. También tiene una larga trayectoria en divulgación científica. Coordinó el Centro de Divulgación Científica de la Facultad de Psicología de la UBA y colaboró con medios como Clarín, La Nación y Página/12. Las dos experiencias se notan en el libro.
Una pregunta distinta a la habitual
Buena parte del debate público discute si la inteligencia artificial piensa. El autor deja ese tema de lado desde la introducción: «La inteligencia artificial, en su desarrollo actual, no piensa como un ser humano, pero está modificando las condiciones en las que pensamos». Le interesa lo que nos ocurre a nosotros cuando pensamos con estos sistemas, más que lo que los sistemas son capaces de hacer.
Para plantearlo recurre a dos escenas que, según aclara, son inventadas. Claudia, de 47 años, conversa de madrugada con una IA sobre una discusión con su expareja y termina sintiendo alivio. Martín, docente universitario, prepara una exposición con ayuda de un chatbot. Después de varias horas de trabajo muy productivo relee el texto y ya no sabe «qué ideas había elaborado por sí mismo, cuáles habían surgido del intercambio y cuáles había comenzado a aceptar porque estaban formuladas de manera convincente». Con estos dos casos el autor introduce los ejes del libro, que son lo que pasa con nuestras ideas y lo que pasa cuando el intercambio adquiere un significado emocional.
Qué recorre el libro
Son cinco capítulos en menos de 50 páginas:
- Pensamiento, mediación y transformación cognitiva. Parte de Vygotsky y de la idea de que siempre hemos pensado con herramientas culturales, desde la escritura hasta los buscadores. La diferencia con estos sistemas es que responden y mantienen el intercambio, algo que el autor llama mediación interlocutiva.
- Lenguaje, interlocución y experiencia de presencia. Examina por qué atribuimos comprensión a un sistema que produce lenguaje coherente. Se apoya en Turing, Searle, Reeves y Nass y Sherry Turkle.
- La experiencia subjetiva en la interacción humano-IA. Trata la sensación de ser escuchado o acompañado, la confianza y la complacencia de algunos sistemas (sycophancy), y también la influencia y la dependencia.
- Transformaciones cognitivas. Revisa estudios experimentales recientes sobre atención, memoria, lenguaje, evaluación crítica y aprendizaje.
- La soberanía del pensamiento. Discute qué significa conservar la dirección de la propia actividad intelectual y cómo se reparten las responsabilidades.
Las ideas que más vale la pena llevarse
La fluidez no es comprensión
Una respuesta bien escrita se sigue con facilidad, y es fácil confundir esa facilidad con haber entendido. El autor lo explica así: «Recorrer sin dificultad un razonamiento no equivale a haber establecido las relaciones que lo sostienen, evaluado sus supuestos o poder reconstruirlo posteriormente». Tampoco defiende el esfuerzo por el esfuerzo. Su criterio está en otra parte: «No toda dificultad favorece el pensamiento ni toda facilidad lo empobrece. Lo decisivo es qué actividad elimina la facilidad».
Pseudoelaboración
Me parece el aporte conceptual más original del libro. Gómez Vecchio la define como «la situación en la que la elaboración producida por el sistema genera en la persona la sensación de haber realizado un trabajo de comprensión y organización conceptual que todavía no ha realizado». La vincula con la ilusión de profundidad explicativa descrita por Rozenblit y Keil, aunque marca una diferencia. Esa ilusión tiene que ver con cuánto creemos comprender, y la pseudoelaboración con el trabajo que sentimos que ya hicimos. Para detectarla propone algo sencillo, que es comprobar si podemos explicar la idea, reconstruir el argumento, identificar sus supuestos o aplicarlo a otra situación «sin recurrir nuevamente al sistema».
Operaciones instrumentales y constitutivas
Delegar tareas en la IA no es un problema en sí mismo. Buscar la expresión justa para una idea que ya entendimos es una tarea instrumental. En cambio, cuando buscamos palabras para aclarar una idea que todavía está confusa, esa búsqueda forma parte del pensamiento. De ahí que el autor proponga reformular la pregunta: «La pregunta pertinente no es cuánto trabajo ahorra la inteligencia artificial, sino qué trabajo realiza el sistema y qué trabajo conservamos nosotros».
Sentirse escuchado no significa que alguien escuche
Probablemente sea el capítulo que más interese a quienes hacemos clínica. El autor no le quita valor al alivio que alguien puede sentir al hablar con un chatbot: «El carácter artificial del origen del mensaje no vuelve artificial la emoción que experimentamos». Sugiere que parte de ese efecto puede deberse al hecho mismo de poner en palabras lo que uno siente, y revisa estudios sobre autorrevelación ante chatbots. Aun así, sostiene una distinción importante: «Sentirse comprendido, escuchado o acompañado no demuestra que el sistema comprenda, escuche o acompañe».
Sobre la soledad, repasa estudios longitudinales con resultados heterogéneos que apuntan a una posible relación en ambas direcciones, y advierte que no conviene leerlos en términos causales simples. Sobre la validación deja una frase que puede servir en consulta: «Validación y precisión no son equivalentes».
Qué dice la evidencia (y qué no)
El capítulo IV se apoya en investigaciones concretas. Entre las que recoge el libro están estas:
- En un experimento de campo de Bastani y colaboradores participaron cerca de mil estudiantes secundarios. Quienes practicaron matemática con una interfaz general basada en GPT-4 rindieron peor en un examen posterior sin asistencia que quienes no usaron IA. Con un tutor diseñado para dar pistas en lugar de respuestas, esa diferencia prácticamente desapareció.
- En un ensayo controlado de Barcaui, quienes estudiaron con ChatGPT sin restricciones recordaban menos contenidos 45 días después que el grupo de comparación.
- En el experimento de Doshi y Hauser, las ideas generadas por GPT-4 mejoraron los relatos de los participantes, aunque también los volvieron más parecidos entre sí.
Lo más útil es la manera en que interpreta estos datos. El autor distingue entre ejercer una capacidad durante una tarea, rendir en esa tarea y tener la capacidad. Que la persona ejerza menos una capacidad mientras usa la IA no prueba que esa capacidad haya disminuido. Al citar el preprint de Kosmyna y colaboradores «Your Brain on ChatGPT», recuerda que usó muestras pequeñas y que las diferencias en la actividad cerebral «no demuestran una disminución de la capacidad de pensar».
La soberanía del pensamiento
El cierre no es tecnofóbico. Para el autor, «Esa soberanía no exige que realicemos todas las operaciones que intervienen en el proceso, sino que conservemos la capacidad de orientar nuestra actividad, evaluar aquello que recibimos y decidir qué incorporamos a nuestro pensamiento y a nuestras decisiones». Considera además que la responsabilidad es «compartida y diferenciada». Usuarios, desarrolladores, instituciones educativas y profesionales intervienen cada uno sobre aspectos distintos del problema.
Fortalezas
- Equilibrio. El autor lo anuncia al principio («No defiendo ni condeno la inteligencia artificial») y lo mantiene a lo largo del libro. Reconoce que la IA puede ayudar a destrabar bloqueos o a explorar ideas, y no por eso deja de señalar los riesgos.
- Prudencia con la evidencia. Separa lo que puede describirse conceptualmente de lo que tiene respaldo experimental y de lo que sigue siendo hipótesis. Menciona tamaños de muestra, preprints y límites de generalización, algo poco habitual en los libros sobre IA para público general.
- Conceptos útiles. La pseudoelaboración, la mediación interlocutiva y la distinción entre operaciones instrumentales y constitutivas sirven para pensar casos en la consulta, en el aula o en el trabajo propio.
- Bibliografía actualizada. Junto a autores clásicos como Vygotsky, Rogers, Kahneman o Bion cita estudios publicados entre 2024 y 2026, todos con su referencia.
- Acceso libre. Es gratuito y corto. Se lee en una tarde.
Limitaciones
- Es un ensayo, no una revisión sistemática. El autor lo dice: no pretende «ofrecer una revisión exhaustiva del campo». Quien busque un análisis metodológico detallado de cada estudio no lo va a encontrar.
- Pocas aplicaciones prácticas. Plantea bien el problema, pero da pocas pautas concretas para la clínica. No dice, por ejemplo, qué preguntarle a un paciente que usa un chatbot como apoyo emocional.
- Estilo reiterativo. Algunas ideas centrales, como que la coherencia no implica comprensión o que importa qué operaciones delegamos, vuelven en varios capítulos con formulaciones muy parecidas.
- Un campo todavía en construcción. El propio libro reconoce que la evidencia sobre efectos a largo plazo es limitada, de modo que varias de sus conclusiones son provisionales.
¿Para quién es?
Lo recomendamos sobre todo a psicólogos clínicos que empiezan a encontrarse con pacientes que conversan con un chatbot sobre lo que les pasa. También puede servir a docentes y formadores preocupados por cómo aprenden sus estudiantes, y a profesionales que usan la IA a diario y quieren entender qué efecto tiene en su manera de pensar. No hace falta saber de tecnología para leerlo.
El libro termina con esta frase: «El problema decisivo no será cuánto llegará a hacer la inteligencia artificial por nosotros, sino qué seguiremos haciendo nosotros cuando pensemos con ella».
Ficha: Ricardo Gómez Vecchio. Cómo pensamos en diálogo con la inteligencia artificial. Procesos psicológicos en la interacción humano–IA. Edición digital, 2026. DOI: 10.5281/zenodo.23674040. Descarga gratuita en Zenodo.
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