La revolución sexual: ¿libertad sin consecuencias? Un análisis profundo del feminismo actual
Antes se pensaba que era una respuesta natural del envejecimiento, pero nuevos datos cuestionan esa idea. Mohana Ravindranath lo presenta en The New York Times:
La inflamación es una respuesta inmunitaria natural que protege al organismo de lesiones o infecciones. Los científicos han creído durante mucho tiempo que la inflamación de bajo grado a largo plazo, también conocida como inflammaging o envejecimiento inflamatorio, es una característica universal del envejecimiento. Pero estos nuevos datos plantean la cuestión de si la inflamación está directamente relacionada con el envejecimiento o si, por el contrario, está vinculada al estilo de vida o al entorno de la persona.
El estudio, publicado ayer, descubrió que las personas de dos zonas no industrializadas experimentaban un tipo de inflamación diferente a lo largo de su vida que las personas más urbanas, probablemente vinculada a infecciones por bacterias, virus y parásitos, más que a los precursores de las enfermedades crónicas. Su inflamación tampoco parecía aumentar con la edad.
Los científicos compararon los marcadores de inflamación en conjuntos de datos existentes de cuatro poblaciones distintas de Italia, Singapur, Bolivia y Malasia; como no recogieron directamente las muestras de sangre, no pudieron hacer comparaciones exactas de manzanas con manzanas. Pero si se validan en estudios más amplios, las conclusiones podrían sugerir que la dieta, el estilo de vida y el entorno influyen en la inflamación más que el propio envejecimiento, dijo Alan Cohen, autor del artículo y profesor asociado de ciencias de la salud medioambiental en la Universidad de Columbia.
La mayoría de las investigaciones sobre la inflamación y el envejecimiento se han desarrollado en países industrializados y las conclusiones de esos estudios no representan la alimentación ni los hábitos de las personas en otros países.
Artículo completo en The New York Times.
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Jennifer Delgado Suarez:
Hablar de las emociones es el primer paso. Pero quedarse ahí, eternamente, es otra manera de evitar la transformación. Una forma disfrazada de “trabajo interior” que en realidad es una resistencia al cambio personal.
Y es que las palabras pueden ser un bálsamo para el alma, pero también un refugio donde esconderse para no tomar decisiones incómodas, poner límites, asumir responsabilidades, no decepcionar a los demás, afrontar verdades incómodas o salir del rol de víctima
Hablar del trauma infantil no es lo mismo que dejar de culpar a tus padres. Contar que sufres ansiedad no es lo mismo que renunciar a la hiper exigencia con la que te estresas cada día.
Y repetir que tienes miedo al abandono no es lo mismo que aprender a vivir solo cuando alguien se va.
Hablar excesivamente de las emociones, del pasado y los traumas puede ser un arma de doble filo que prolonga la rumia y el cambio.
Lee el artículo completo aquí.
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El uso indiscriminado de la IA está generando muchos problemas éticos, especialmente en el mundo académico. Gina Kolata reporta en The New York Times el patrón de uso de la IA en artículos científicos:
En un artículo publicado el miércoles en la revista Science Advances, Dmitry Kobak, de la Universidad de Tubinga, y sus colegas reportan que han encontrado una forma de rastrear la frecuencia con que los investigadores utilizan chatbots de inteligencia artificial para escribir los resúmenes de sus artículos. Las herramientas de IA, dicen, tienden a utilizar ciertas palabras —como “profundiza”, “crucial”, “potencial”, “significativo” e “importante”— con mucha más frecuencia que los autores humanos. (Estas palabras en inglés, el idioma del estudio, son, respectivamente, delves, crucial, potential, significant e important).
El grupo analizó el uso de las palabras en más de 15 millones de resúmenes (o abstracts) biomédicos publicados entre 2010 y 2024, lo que les permitió detectar el aumento de la frecuencia de ciertas palabras en los resúmenes.
El excesivo uso de la palabra profundizar hace que los investigadores tengan miedo de usarla:
Los científicos de la computación son conscientes de que la IA favorece determinadas palabras, aunque no está claro por qué, dijo Subbarao Kambhampati, profesor de ciencias de la computación de la Universidad Estatal de Arizona y expresidente de la Asociación para el Avance de la Inteligencia Artificial. Algunos científicos, dijo, se han abstenido deliberadamente de utilizar palabras como “profundizar” por miedo a ser sospechosos de utilizar la IA como herramienta de escritura.
La escritura creativa como la investigación, era un área exclusivamente humana, pero ahora estamos perdiendo esa humanidad por la culpa de una tecnología que solo automatiza todo. No estoy en contra de la IA, pero el uso que se está haciendo es cada vez más preocupante.
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