Las personas que sufren de pesadillas tienen mas riesgo de autolesionarse
Imperdible entrevista que hizo Inés Abalo Rodríguez a Marino Perez Álvarez, catedrático de Psicología de la Personalidad y conocido crítico del neurocentrismo:
El cerebro humano actual es exactamente igual desde hace veinte, treinta o incluso cuarenta mil años, según algunos autores. Y sin embargo, actividades como el lenguaje, la escritura, la geometría o la ciencia han aparecido cronológicamente después; actividades cuya causa se atribuye en muchas ocasiones y de forma engañosa al cerebro. Todas estas actividades, incluyendo el lenguaje y la escritura, tienen una historia social y colectiva, no generada por un cerebro, sino por individuos, que tienen un cerebro, sí, pero que viven en una sociedad, en un contexto, que tienen sus circunstancias y unas posibilidades de vida. Y son esos contextos los que han permitido que el propio cerebro evolucione. El cerebro no crea estas actividades, sino que las media, las permite. El cerebro es un órgano mediador, no causador, de las actividades humanas. El cerebro forma parte de un andamiaje (como se dice en términos evolutivos y psicológicos) histórico y cultural gracias al cual media las actividades humanas, pero no las crea. Por eso hablo del “mito del cerebro creador”; porque el cerebro no crea, sino que media y permite la existencia de las actividades que se le atribuyen, pero estas actividades son históricas y sociales, colectivas, antes que generadas por ningún cerebro.
CNN reporta la innovadora idea realizada en Nueva York que puede transformar la vida de las personas que sufren de algún problema mental y que usualmente no tienen otra opción que internarse en un hospital, con todo lo que eso significa, especialmente con el prejuicio y discriminación social:
Las instalaciones, las cuales fueron inauguradas en 2013, están ubicadas en cuatro municipios y tienen habitaciones comunes y dormitorios estilo apartamento. La idea es crear un espacio libre, cómodo y que ofrezca apoyo para los adultos que prevén o experimentan una crisis emocional.
Las personas que buscan ayuda vienen de forma voluntaria. Ellos pueden hablar con miembros del personal capacitados y pueden quedarse hasta 10 noches si así lo desean.
Las puertas nunca están cerradas. No hay agujas o medicamentos. Pueden disponer de comidas recién preparadas, y los miembros del personal evalúan los niveles de necesidad de los huéspedes. Pueden recomendar atención médica si un miembro del personal lo considera necesario, pero en el sitio no se ofrecen servicios médicos.
La esperanza es que quienes lleguen a los centros de descanso desarrollen habilidades de recuperación y prevención de recaída, y evitar ser hospitalizados al hablar con compañeros que puedan identificarse con ellos. «En la mayoría de sistemas de cuidado, estas comodidades han sido pasadas por alto», dijo Alysia Pascaris, directora ejecutiva adjunta de Community Access.
Sin instalaciones como esta, muchos adultos no tienen otra opción sino internarse en un hospital, dijo Coe. Parachute NYC también ofrece consejería por teléfono, y tiene un centro de tratamiento móvil.
Infocop nos informa de una reciente investigación de Elvira Nieto Fernández y Jorge Barraca Mairal en la que compararon los efectos de la reestructuración cognitiva y la activación conductual para la depresión con resultados muy interesantes:
Los resultados obtenidos revelaron que tanto la TC como la AC eran eficaces en la disminución de la intensidad de la respuesta de ansiedad (ambos grupos tuvieron cambios significativos frente al grupo control). Este hallazgo es consistente con estudios anteriores donde ambos tipos de intervención redujeron significativamente los síntomas fisiológicos de la respuesta de ansiedad en una muestra de estudiantes (Soleimani et al., 2015). En el grupo de TC, asimismo, se observó un aumento significativo en la cantidad de pensamientos automáticos positivos (PAPs) tras la intervención, pero en el grupo de AC se redujo significativamente la cantidad de PANs. Estos resultados sugieren que el cambio en la ansiedad es posible también de “fuera hacia dentro” tal y como establece la AC, a partir de modificaciones en la conducta. En este sentido, al observar que la AC no solo produjo una disminución significativa de los síntomas a nivel motor (escape/evitación) y fisiológico (intensidad) de la respuesta de ansiedad, sino que, además, tuvieron lugar cambios en el plano cognitivo (PANs) se revela que la aplicación de técnicas cognitivas, como la reestructuración no conllevaría un mejor resultado.
Una aportación importante de este trabajo radica en el cambio en la variable cognitiva analizada (PANs y PAPs), ya que, a pesar de la existencia de investigaciones con notable evidencia empírica (Dimidjian et al., 2006; Dobson et al., 2008; Jacobson, 1966; Turner y Leach, 2009), sobre la comparación de la eficacia de estos dos enfoques terapéuticos en distintos tipos de sintomatología, ningún estudio hasta ahora se había ocupado de contrastar esta eficacia de forma específica en una variable cognitiva. Estos resultados son, además, un nuevo aval para que las estrategias terapéuticas que plantea la AC sean incorporadas en el tratamiento de distintos trastornos y se contemple, por tanto, como una intervención transdiagnóstica.
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