El gráfico de la evolución del lenguaje verbal de un bebé
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Pilar González Moreno escribió un completo artículo para EFE Salud sobre el estigma que viven las personas que consumen cannabis con fines terapéutico, una práctica que está muy alejada a la clásica imagen de una persona fumando un porro cuando siente dolor o cuando está diagnósticas con una enfermedad crónica o terminal. En realidad, el cannabis terapéutico se consume en un tipo de aceite que se administra a través de goteros. Pilar entrevistó a varios investigadores y especialistas en el tema:
El cannabis, se advierte en la web del Observatorio, “no es una panacea”, pero sí posee propiedades terapéuticas para el tratamiento sintomático de algunas enfermedades, como diversos cuadros de dolor crónico, trastornos motores asociados a la esclerosis múltiple, caquexia en cáncer o sida, vómitos y náuseas asociadas a quimioterapias oncológicas, convulsiones en epilepsias infantiles y desórdenes inflamatorios gastrointestinales.
El cannabis terapéutico suele venir en frascos con gotero para que cada paciente se administre las gotas que necesita. Sus usuarios, normalmente suelen acudir a los club de uso recreativo de la marihuana para adquirir estos frascos, pero afirman que se sienten casi como “criminales” porque consumir y transportar THC es ilegal. El CBD está admitido como suplemento alimenticio y se puede comprar hasta por internet.
Jaime Rubio Hancock escribió para Verne un lindo artículo sobre las ventajas de ser tímido:
Los tímidos somos conscientes de que a menudo “las conversaciones son rituales vacíos, mero relleno de silencios incómodos”. No todas las conversaciones “pueden ser trascendentales o profundas porque nuestra vida interior siempre será más rica que nuestra capacidad para articularla”. Y eso significa que si pasamos un rato callados no pasa absolutamente nada.
Es decir, no es que los tímidos y los introvertidos seamos incapaces de desenvolvernos con comodidad en lo que en inglés se llama small talk, las charlas sobre nada en concreto, sino que estamos en contra de estas conversaciones.
El small talk a menudo se traduce como “charla de ascensor”. No es casual: el etnólogo sueco Åke Daun explica que en su país es habitual subir por las escaleras para no verse atrapado en un ascensor con un desconocido, “por miedo a no ser capaz de pensar en algo acerca de lo que hablar”. No es algo que ocurra solo en Suecia. Hay tímidos en todo el mundo.
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