La detección de síntomas de psicosis en jóvenes se duplica con el uso de una evaluación previa en una tableta
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Claire Cain Miller para The New York Times:
La investigación también encontró que los progenitores de hoy sienten una enorme presión para educar a sus hijos e interactuar con ellos en todo momento, mientras que las generaciones anteriores pasaban más tiempo haciendo actividades de adultos cuando sus hijos estaban presentes. Aunque esta mayor atención solía ser una meta de la clase media alta, estudios más recientes muestran que personas de todas las clases creen que es la mejor manera de ser padres.
El Centro Pew encontró que en muchas ocasiones esto significa un mayor compromiso emocional. Casi la mitad de los encuestados afirmaron que educaban a sus hijos de manera distinta a como lo habían hecho sus propios padres y la mayoría dijo que la principal diferencia radicaba en la forma en que mostraban amor y entablaban relaciones con sus hijos. En respuestas abiertas, comentaron que querían criar hijos que sintieran el apoyo incondicional de sus padres. Eso significaba menos gritos y más afirmaciones verbales, muestras de afecto y conversaciones sinceras sobre temas difíciles.
Parece que todo es positivo, pero los datos también muestran que tanta presión por ser un buen padre o madre ha sido en parte responsable del declive de fertilidad:
Según la encuesta, otra de las dificultades de ser padre en la actualidad tiene que ver con una nueva serie de preocupaciones sobre el bienestar de los niños. Los padres suelen preocuparse por esto, pero los temores han cambiado a lo largo del tiempo. Los llamados padres helicóptero de la década de 1980 se preocupaban sobre todo por la seguridad física, como los secuestros y los embarazos adolescentes. Esas preocupaciones persisten, pero han sido sustituidas por otras relacionadas con la salud mental: tres cuartas partes de los padres declararon que les preocupaba que sus hijos sufrieran ansiedad o depresión o que fueran víctimas de acoso escolar.
Knvul Sheikh para The New York Times:
Los problemas de salud, el duelo por perder a seres queridos, el aislamiento social y la interrupción de las actividades cotidianas fueron la combinación perfecta que contribuyó al desasosiego, sobre todo al inicio de la pandemia. Pero en comparación con quienes no se contagiaron (y también enfrentaron las dificultades de pasar por una pandemia), parece que las personas que se enfermaron de COVID-19 son mucho más propensas a sufrir una gama de problemas de salud mental.
¿Por qué?
Los científicos siguen estudiando el modo preciso en que el coronavirus altera el cerebro, pero las investigaciones ya comienzand a ofrecer algunas explicaciones posibles. Por ejemplo, unos cuantos estudios han revelado que el sistema inmunitario de algunas personas se satura al enfermarse. Es posible que terminen con inflamación en todo el cuerpo e incluso en el cerebro. También existen pruebas de que las células del endotelio que recubren los vasos sanguíneos del cerebro se ven afectadas durante un ataque de COVID-19, lo cual puede permitir que, de manera inadvertida, penetren algunas sustancias nocivas que afectan el buen funcionamiento mental. Además, según Al-Aly, en algunos pacientes, las células llamadas microglía, que por lo general trabajan en las labores de limpieza del cerebro, pueden descontrolarse, atacar a las neuronas y perjudicar las sinapsis.
Es posible que el COVID-19 afecte, incluso, la diversidad de las bacterias y microbios del intestino. Puesto que se ha demostrado que estos microbios producen neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, los cuales ayudan a regular el estado de ánimo, este cambio podría ser el origen de algunos problemas neuropsiquiátricos.
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