Diplomado en abordaje del bullying y cyberbullying en niños y adolescentes
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Blas Ramon Rodriguez escribe para Psicocode un valioso artículo que explica qué es la homofobia y estrategias para hacerle frente:
La homofobia es una conducta que describe rechazo, miedo, repudio, prejuicio, persecución y discriminación hacia mujeres y hombres, niñas y niños que se reconocen a sí mismos y a sí mismas como homosexuales.
La homofobia no es en sí misma una fobia. Mientras que las fobias son emociones motivadas por el miedo, la homofobia está estimulada por el odio. En algunos casos se manifiesta de forma moderada, mediante sensaciones corporales de repulsión, incomodidad psicológica, en otros casos, o por evolución, se convierte en un fenómeno capaz de manifestarse a través de alteraciones motrices en forma de insultos, vejaciones y agresiones.
Los jóvenes homosexuales sufren más situaciones de discriminación y acoso en los entornos educativos que sus pares heterosexuales. Son quienes peores experiencias tienen en ámbito escolar, y quienes más se alejan de los mismos por sentimientos de inseguridad.
En general la atmósfera más inhóspita para estos jóvenes la provoca el uso de lenguaje homofóbico. El lenguaje discriminatorio es nocivo, divide a la sociedad y fomenta el odio social, la violencia física, psicológica y simbólica. Las expresiones discriminatorias no están protegidas por el principio de libertad de expresión. Las palabras son pensamientos y el pensamiento lenguaje. No es compatible emplear palabras inadecuadas y tener un pensamiento adecuado.
El bullying homofóbico tiene un alcance amplio y resulta muy negativo para la salud mental. Los conflictos psicológicos experimentados por sentimientos de aislamiento, de no pertenencia y de culpabilidad que genera la exposición de una persona a conductas intimidatorias intencionadas, suelen ser muy difíciles de superar.
Sebastían A. Ríos para La Nación sobre el debate entre padres sobre lo que es el bullying y qué hacer cuando aparece:
Considerar el bullying «un problema de chicos» es uno de los principales obstáculos para su abordaje. Al hacerse a un lado, los padres validan el accionar de sus hijos y naturalizan la situación de maltrato. Pero en tiempos de redes sociales, esa ausencia se vuelve cada vez más peligrosa. «El bullying es hoy un tema ardiente. Y no porque se trate de un fenómeno nuevo, sino porque en los últimos tiempos se han multiplicado sus vías de acción y, por lo tanto, sus efectos psíquicos se hacen sentir con mayor crudeza», afirma la psicoanalista especialista en niñez y adolescencia Susana Mauer. «Las redes sociales se han convertido en un escenario privilegiado y maldito para accionar destructivamente sobre un compañero. El aparente anonimato del autor del acoso en el mundo virtual parece envalentonarlos con mayor facilidad a amenazar, inventar mentiras, a subir fotos inadecuadas de terceros, publicar información privada comprometida haciéndose pasar por otro. Un accionar impiadoso que entre los 9 y los 15 años se ha convertido en un fenómeno social endémico».
Pero más allá de lo poco aproximado o banalizado que sea el uso del término, lo cierto es que el bullying existe, que genera daño y que requiere de los padres atención y compromiso en su abordaje. Tanto de los padres de los chicos que lo sufren como -y es este generalmente el lado ausente- de los que lo ocasionan.
¿Se ha banalizado el término bullying?
María Antonia Osés, magíster en Lexicografía Hispánica y autora del primer Diccionario Paidós de bullying y ciberbyllying, opina sobre el tema: «El uso que se hace en general de las palabras relacionadas con esta temática no responde en todos los contextos a las definiciones precisas. Sin embargo, no me animaría a decir que se banaliza el uso de los términos, sino que se utilizan con significación aproximada -opina-. Si bien ya hay una realidad instalada en nuestras sociedades con manifestaciones de bullying, es un problema bastante nuevo. Y, como hablantes, nos expresamos utilizando muchas voces que tenemos a mano, ya sea porque las tomamos de los medios o porque las escuchamos casi a diario. Para dar un ejemplo de la vida cotidiana, en mi casa, cuando se sirve una porción de torta más pequeña a alguien, los chicos en seguida saltan diciendo: «Le hacen bullying a papá». Lo toman como sinónimo de discriminación o de una situación injusta».
Nidia Represa es una joven de 22 años que durante la adolescencia sufrió de terribles episodios de Bullying que le dejaron serias secuelas: alopecia (pérdida del cabello), fuertes dolencias de estomago, afecciones de garganta y alergias alimentarias.
Pero que a pesar de todo, y con el apoyo incondicional de su familia, pudo salir adelante. Hoy Nidia estudia en el segundo año de psicología y ya escribió su primer libro: “Bajo mi piel”,En el que narra la odisea que vivió, las características del Bullying escolar y cómo puede destruir la salud e integridad de una persona:
Todas las víctimas de acoso escolar sufrimos un proceso de autodestrucción, porque el acoso deja tan baja la autoestima que al final crees todo lo que te están diciendo y terminas por autodestruirte. Piensas que no eres nada, que todo lo que haces y dices está mal. Es cuando te preguntas «¿para qué estoy aquí?, ¿por qué vivo?». Entonces te dices que a lo mejor no deberías estar aquí. Pero lo que más me dolió fue que los acosadores eran chicos que yo conocía desde muy pequeña y mis mejores amigos estaban detrás.
Me costó mucho superarlo. Primero porque yo no dije nada durante muchos años. No quería hacer daño a los demás. Fui año tras año a peor, las secuelas iban a más, me costaba más relacionarme, suspendía más… Y llegó un momento que colapsé. En segundo de bachiller ya no pude más. Cogía el Metro para ir a clase y me daban ataques de pánico pensando en los exámenes. Entonces me tracé un plan: no voy a clase, estudio por mi cuenta y haré los exámenes cuando lleguen. Además había empezado a hacer amigos pero me daba mucho miedo porque eso significaba que ellos me estaban conociendo más y yo me estaba volviendo más vulnerable. Intenté ocultarlo, pero mi madre lo descubrió. Lo peor es que yo no sentía, estaba hueca, vacía… Al llegar hasta el fondo me di cuenta de que me tenía que recomponer, y encontrarme a mí misma. Mi madre y mi psicóloga comenzaron a darme estrategias para ello. Poco a poco comencé a salir adelante.
El libro de Nidia es un buen recurso para los psicólogos y maestros que buscan literatura de primera persona que ayuden a los jóvenes y adultos a enterar de una vez por todas que el bullying es mucho más peligroso que una simple broma.
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