¿Qué ocurre en el cerebro infantil al leer libros frente a usar pantallas?
Por qué las cosquillas nos hacen reír incluso cuando molestan
Facundo Macchi resumen en El País los datos de una nueva y curiosa investigación de las cosquillas:
Hay algunas conductas humanas que son cotidianas, de apariencia sencilla, pero inexplicables. Una de ellas es lo que los científicos llaman gargalesis y que el resto de los mortales conocemos como cosquillas. Aquellas que provocan un ataque de risa involuntario e incontrolable, incluso cuando no las deseas. Desde Aristóteles hasta Darwin se han preguntado sobre los mecanismos físicos y cognitivos que se disparan con las cosquillas. Sin embargo, y a pesar de su trivialidad, la ciencia no termina de comprenderlas.
(…)
Las plantas de los pies y las axilas suelen ser el punto débil para las cosquillas, según se ha demostrado en pruebas hechas en niños y adultos mayores. La respuesta más intuitiva a esta pregunta suele ser fisiológica. Es decir, pensamos que tenemos más cosquillas en regiones con mayor sensibilidad al tacto o al dolor. Sin embargo, esto no es así. Las plantas de los pies y las axilas no son las zonas con mayor densidad de receptores sensoriales cutáneos, aquellos que detectan los estímulos en la piel.
Aprendí que el término científico de las cosquillas es gargalesis.
¿De qué me sirve?
¿Tengo un problema psicológico?
«A mí me funcionó la terapia psicoanalítica»
Equipo de enGrama:
¿Por qué una técnica psicoanalítica puede funcionar, por ejemplo? Porque lo de menos es la forma, esa técnica en concreto. Hay que atender a la función subyacente a la forma y a los principios de aprendizaje que toman lugar.
Al haber unos mecanismos comunes independientemente del envoltorio del enfoque pertinente, es que puede suceder que cualquier terapia funcione.
Muchas pseudoterapias pueden acertar y tocar en la tecla correcta sin saber ni cómo lo han hecho.
Pero esto no debe ser lo óptimo, sino que lo interesante es contar con profesionales expertos en los principios que subyacen a la conducta para tratar de tocar tal tecla correcta sin antes desarmar todo el piano.
Que alguien asevere que le funcionó una pseudoterapia, no es argumento de peso para validar su praxis, ni para refutar la importancia de que las terapias psicológicas se sustenten sobre la evidencia recogida por la ciencia.
La ilusión de la inocuidad del porno
No podemos seguir pensando que la pornografía es inocua y saludable. Su consumo, especialmente el de la gente más joven, está afectando severamente su conducta sexual. Este ensayo de Christine Emba es algo que tienes que leer. Así que compartiré unos fragmentos y el resto lo puedes leer en la fuente original:
La pornografía inunda internet. Un informe de 2023 de la Universidad Brigham Young estimaba que se podía encontrar pornografía en el 12 por ciento de los sitios web. Los bots porno aparecen regularmente en X, en Instagram, en secciones de comentarios y en mensajes directos no solicitados. Los defensores de la pornografía suelen citar la existencia de porno ético, pero no es lo que ve la mayoría de los usuarios. “El porno que ven los niños hoy en día hace que Playboy parezca un catálogo de muñecas American Girl”, escribió un adolescente en 2023 en The Free Press, y a menudo se centra en la violencia y la deshumanización de la mujer. Y los sitios que lo suministran tampoco se preocupan por la ética. En una columna de la semana pasada, Nick Kristof expuso cómo Pornhub y sus sitios relacionados lucran con videos de violaciones de menores.
Hay consecuencias para los miembros de la Generación Z, en particular, los primeros en crecer junto a una pornografía ilimitada y siempre accesible, y en tener sus primeras experiencias sexuales moldeadas y mediadas por ella. Es difícil no ver una conexión entre los comportamientos entrenados por el porno —los estrangulamientos, bofetadas y escupitajos que se han convertido en la norma incluso en los primeros encuentros sexuales— y la desconfianza de las mujeres jóvenes en los hombres jóvenes. Y en el futuro, el porno será solo más adictivo y eficaz como maestro, a medida que la realidad virtual lo haga más inmersivo y la inteligencia artificial permita que sea personalizable. (Para hacerte una idea de dónde puede acabar esto, puedes leer un ensayo reciente de Aella, investigadora y trabajadora sexual, en Substack, que defiende la pornografía infantil con IA).
Parece que si te opones al porno eres un mojigato:
Pero en su reticencia a reconocer lo que sugieren las pruebas, Girl on Girl no es inusual. A pesar de las pruebas significativas de que la avalancha de pornografía ha tenido un impacto negativo en la sociedad moderna, existe un curioso rechazo, especialmente en los círculos progresistas, a admitir públicamente la desaprobación de la pornografía.
Criticar la pornografía va en contra de la norma de no juzgar de las personas a quienes les gusta considerarse progresistas, reflexivas y abiertas de mente. Existe el temor de parecer mojigato, aburrido, poco moderno, tal vez un resabio de la invasión cultural que Gilbert detalla tan minuciosamente. Más generosamente, existe el deseo de no imputar las decisiones de los individuos (mujeres u hombres) que crean contenidos sexuales por necesidad o deseo personal o permiten que la legislación perjudique a quienes dependen de ella para sobrevivir.
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El TOC y sus diversos síntomas
Lindo artículo de divulgación que explica las características del trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y sus tipos:
Las personas con TOC pueden diferir en muchos aspectos, como la presencia o ausencia de tics (movimientos o vocalizaciones involuntarios y repetitivos). Los pacientes también varían en su grado de “insight”, que es el nivel de consciencia que tienen de su condición, así como en la manera en la que se sienten cuando se desencadenan sus síntomas.
Otro aspecto en que los pacientes difieren es en el contenido de sus obsesiones y compulsiones.
La preocupación por la contaminación, la necesidad de simetría u orden, los pensamientos prohibidos o tabúes y el miedo a hacer daño a los demás o a uno mismo son temas comunes, dijo Helen Blair Simpson, profesora de psiquiatría e investigadora del TOC en la Universidad de Columbia.
Guía clínica para la reducción gradual de benzodiacepinas
Esta es la forma segura de dejar las benzodiacepinas
Qué buena noticia que medios como The New York Times estén visibilizando las complicaciones asociadas al uso de benzodiacepinas:
Las directrices actuales recomiendan prescribir la dosis eficaz más baja durante el menor tiempo posible, normalmente menos de cuatro semanas. Pero los pacientes suelen tomarlas durante más tiempo. Una revisión de la FDA descubrió que en 2018 aproximadamente la mitad de los pacientes las tomaron durante dos meses o más. A veces los pacientes permanecen con ellas durante años sin consultas periódicas para ver si los fármacos siguen siendo necesarios o bien tolerados, dijo Edward Silberman, profesor emérito de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, quien ha escrito con frecuencia sobre las benzodiacepinas.
Dado que los pacientes pueden desarrollar una dependencia física al cabo de varias semanas de consumo continuado de benzodiacepinas, dejar los fármacos —incluso tras un breve periodo— requiere un proceso gradual. Sin embargo, muchos médicos no están bien formados en la reducción gradual de las prescripciones. Para aclarar el proceso, en marzo los expertos de la Sociedad Estadounidense de Medicina de las Adicciones (ASAM, por su sigla en inglés) publicaron nuevas directrices para la reducción de la dosis, elaboradas con financiación de la FDA.
“Es una absoluta locura presionar a la gente para que lo deje y retirarlo bruscamente”, dijo Silberman.
Los problemas que enfrentan los pacientes a la hora de reducir las dosis:
Pero aunque las benzodiacepinas existen desde la década de 1960, algunos médicos desconocen cuál es la mejor forma de ayudar a sus pacientes a dejar de tomar estos fármacos. Esto se debe, en parte, a que no existe una estrategia única para reducir la dosis. Son los síntomas de abstinencia, dicen algunos pacientes, los que hacen necesario que sigan accediendo a estos fármacos mientras los reducen lentamente.
Silberman recuerda a una paciente que tuvo que raspar pedacitos de la píldora con una cuchilla de afeitar para reducir lentamente la dosis y minimizar los efectos secundarios difíciles.
Las nuevas directrices de la ASAM para reducir la dosis de benzodiacepinas de un paciente se basan en gran medida en la experiencia clínica, dada la escasa y limitada investigación sobre la reducción gradual. Recomiendan que los médicos evalúen los riesgos y beneficios de la prescripción continuada de benzodiacepinas al menos cada tres meses y que, al reducirla, consideren la posibilidad de disminuir la dosis actual entre un 5 y un 10 por ciento cada dos o cuatro semanas. Las directrices también dicen que los pacientes que llevan años tomando benzodiacepinas pueden necesitar más de un año de reducción progresiva, y que deben ser controlados incluso después de dejar de tomar el fármaco.
El artículo también menciona la disfunción neurológica inducida por las benzodiacepinas (BIND) un fenómeno que abordamos en Psyciencia el año pasado y que que puedes leer aquí.
En mi consultorio he visto de cerca cómo el consumo prolongado de benzodiacepinas puede generar efectos nocivos en los pacientes. En muchos casos, los médicos no ofrecen indicaciones claras sobre su uso ni realizan un seguimiento riguroso, lo que lleva a que las personas las tomen durante períodos extensos, aumentando el riesgo de dependencia y otros daños a largo plazo.
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Por qué se vuelven virales los “trucos” para controlar a tu pareja
Isabel Rubio escribe en El País sobre una dinámica que crece en las relaciones actuales: el uso del celular y las redes sociales para controlar a la pareja:
“Hola, mis loquitas tóxicas, vengo con otro tip muy tóxico para ustedes”, afirma una usuaria en TikTok. A continuación, explica cómo averiguar la ubicación de la persona con la que se mantiene una relación a partir de una story —una publicación que desaparece tras 24 horas—. Este y otros vídeos publicados en redes como TikTok, Instagram y Facebook enseñan a los usuarios cómo recibir notificaciones cuando su pareja se conecta a una red social, escuchar sus conversaciones sin su consentimiento, comprobar con quién interactúa, investigar posibles infidelidades o incluso ver los mensajes que ha eliminado. Los expertos advierten que estos trucos, lejos de ser inofensivos, pueden dañar la relación y, en el peor de los casos, acarrear penas de cárcel.
“Controlar a tu pareja, revisar su teléfono, exigir sus contraseñas, seguirle los pasos o condicionar su libertad son formas de violencia psicológica”, asegura Laura Olmedilla Marcos. A esta psicóloga clínica, que trabaja en el gabinete Arturo Soria Psicólogos, estos “trucos tóxicos” le parecen “muy peligrosos”. Organismos como la ONU Mujeres y algunas leyes sobre violencia de género incluyen el control excesivo y la vigilancia tecnológica como formas de violencia psicológica.
Es un artículo imperdible.
Puedes leerlo completo en El País.
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No se puede hacer ayuno de dopamina
Jessica Mouzo publicó un excelente artículo en El País donde explica por qué no es posible —ni recomendable— reducir la dopamina en el cerebro, y cuáles serían las consecuencias negativas de intentarlo:
No hay más que darse una vuelta rápida por las redes socialespara comprobar que la moda del ayuno de dopamina, popularizada hace unos años, sigue plenamente vigente. La idea de fondo busca algo así como reducir la dependencia que hay a la satisfacción instantánea y la sobreestimulación para alcanzar claridad mental, rebajar la ansiedad y abrazar el disfrute de la vida cotidiana. Y para ello, se recurre a programas de supuesta desintoxicación que abarcan una amplísima gama de conductas: desde reivindicar hábitos saludables, como no abusar de las pantallas o hacer deporte, hasta opciones más extremas de desconexión, como dietas estrictas o aislamiento total, lejos de cualquier estímulo o contacto social. Pero, ¿qué hay de ciencia —y de cierto— en esas prácticas? Aunque algunas de las conductas que se proponen son positivas (comer sano, ejercicio físico…), los científicos llevan tiempo alertando de que estas modas confunden y tergiversan conceptos complejos y avisan: no se puede ayunar de una sustancia química natural y necesaria para nuestro cerebro.
La bola viral que suscitó el término “ayuno de dopamina”, acuñado por el psicólogo Cameron Sepah en 2019, propició un inmenso malentendido que todavía perdura hoy. El propio Sepah intentó en su momento contextualizar su reflexión: “No estamos ayunando de dopamina en sí, sino de conductas impulsivas reforzadas por ella”. Pero la calle ha evolucionado el concepto por libre, llevándolo a situaciones absurdas, como vídeos de influencers en redes recomendando no usar tanto las redes. E, incluso, a circunstancias peligrosas para la salud. Una investigación reciente ha ahondado en el papel de la dopamina en el cerebro y ha concluido que estas prácticas son estrategias “simplistas” para combatir la sobreestimulación de la sociedad. Los expertos consultados destacan también que es imposible saber cómo y cuánto fluctúan nuestras cotas de dopamina en el cerebro y, en cualquier caso, ni se puede ni se debe bajar a cero los niveles de una sustancia química con funciones esenciales para la vida, recuerdan.