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La siesta más saludable, según la ciencia: corta, temprano y no en la cama
Jesica Mouzo para el diario El País:
La siesta impacta en la salud. Para bien y para mal. La comunidad científica aún no tiene clara la dimensión de su influencia ni hasta qué punto puede modular la salud y la enfermedad, pero los datos que arroja la investigación médica al respecto apuntan en las dos direcciones: lo poco gusta y lo mucho enferma. Un estudio publicado hace unos días en la revista Obesity señalaba, precisamente, que el riesgo de obesidad aumenta un 23% cuando las cabezadas son largas; en cambio, las personas que hacen un episodio corto de siesta tienen menos riesgo de presión arterial alta. Los expertos consultados coinciden en que una siesta corta (menos de 30 minutos), en el sofá y no en la cama, al mediodía o primera hora de la tarde, puede ser reconfortante y ayuda a mejorar la atención.
Y añade:
La investigadora y su equipo también analizaron otros hábitos de estilo de vida que median en esa asociación entre las siestas largas y la peor salud metabólica y encontraron que los que dormían siestas más largas también fumaban más y retrasaban las comidas, el ejercicio físico y el sueño. También los que echaban las siestas largas solían hacerlo en la cama en lugar del sofá o un sillón. “Si duermes en la cama, hay una asociación con más hipertensión que si te quedas en el sofá. Parece que tiene que ver con los cambios posturales, pero no lo tenemos claro”, apunta la investigadora, que también es profesora visitante en la Universidad de Harvard. Garaulet también descubrió, como relata en un estudio publicado en Nature Communications, que hay 123 genes específicos que se asocian con la siesta, lo que ayudaría a explicar por qué hay personas que no son capaces de echar una cabezada y otras sí.
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El cotilleo es esencial para la cooperación
Bob Holmes para EL País:
“Una de las razones por las que el cotilleo es una herramienta tan poderosa es que puede cumplir muchas funciones sociales”, dice Molho. “Te sientes más cerca de la persona que ha compartido información contigo. Pero también descubrimos que proporciona información útil para la interacción social: aprendo con quién cooperar y a quién evitar”.
Y los cotilleos también cumplen otra función, dice Van Lange: quienes chismorrean pueden ordenar sus sentimientos sobre si la violación de una norma es importante, si hubo circunstancias atenuantes y qué respuesta es la adecuada. Esto contribuye a reforzar las normas sociales y puede ayudar a la gente a coordinar su respuesta a los infractores, afirma.
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Hay plástico en nuestro cuerpo
Imperdible artículo en el New York Times:
Hay plástico en nuestro cuerpo; está en nuestros pulmones, en nuestros intestinos y en la sangre que fluye a través de nosotros. No podemos verlo, ni podemos sentirlo, pero está ahí. Está en el agua que bebemos y en los alimentos que comemos, incluso en el aire que respiramos. No sabemos, todavía, cómo nos afecta, porque hace muy poco que somos conscientes de su presencia. Pero desde que nos enteramos, esta se ha convertido en una fuente de profunda y variopinta ansiedad cultural.
Influencia de la desigualdad de género en las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres: Un estudio revelador
David Mediavilla resume los resultados de una nueva investigación sobre las diferencias estructurales del cerebro de hombres y mujeres:
Para comprobar si las circunstancias de mayor o menor desigualdad entre sexos se relacionan con diferencias en la estructura del cerebro de hombres y mujeres, un grupo internacional de científicos tomó casi 8.000 imágenes por resonancia magnética de personas de 29 países. En un artículo que ha publicado la revista PNAS afirman que en los países con mayor igualdad de género, medida con el Índice de Desigualdad de Género y el Índice de Brecha de Género, no se observaron diferencias significativas entre los cerebros de unos y otros. Sin embargo, donde había una mayor desigualdad, vieron que el grosor del lado derecho de la corteza cerebral era menor en las mujeres.
Los autores reconocen la complejidad de los índices de desigualdad de género que a su vez interactúan con diferentes mecanismos biológicos, pero tienen hipótesis para explicar sus observaciones. La corteza cingulada anterior y la orbitofrontal, donde se encontraron diferencias de grosor, se han relacionado con respuestas a la desigualdad o resistencia a la adversidad. Además, se han visto cambios en estas regiones en dolencias donde el estrés se considera un mecanismo central y se ha visto cómo adelgaza durante la depresión o se reduce por el estrés postraumático.
“La esencia humana es la colaboración y es lo que nos ha dado nuestro poder”
Muy interesante entrevista al reconocido zoólogo Matthew Cobb en el diario El País:
Somos muy similares a nuestros parientes cercanos, pero tenemos diferentes ecologías. Los humanos son muy cooperativos. Tenemos guerras terribles, pero somos muy colaborativos y criábamos a los hijos en grupo, aunque no lo hagamos ahora. Es una forma de crianza que no vemos en los grandes simios. Además, estamos estrechamente relacionados genéticamente. Los estudios genéticos nos dicen que hace 70.000 años había unos 10.000 humanos. Algo muy malo que desconocemos pasó en África y vemos esa restricción de la variación genética, así que somos muy parecidos y la cooperación está inscrita en nuestra sociedad. Si miras los enfrentamientos de los chimpancés, son terribles, y tienen unos niveles de intimidación y violencia que, aunque exista en las sociedades humanas, no están en su esencia.
La esencia humana es la colaboración y es lo que nos ha dado nuestro poder. Los pulpos son muy inteligentes, tienen recuerdos y hacen cosas maravillosas, pero ¿quién manda? Nosotros. Los pulpos son solitarios, solo se unen para aparearse. No podríamos haber salido de África y llegar a colonizar el Ártico en solitario. Ningún otro animal lo ha conseguido, y esa inteligencia se ha desarrollado por nuestra ecología.