Nervio vago: qué es y función
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Alec Wilkinson en The New York Times:
Sin embargo, si hubiera entendido la profundidad con que están integradas las matemáticas en el mundo, cómo figuran en cada gesto, ya sea cruzar una calle llena de gente o atrapar una pelota, cómo figuran en la pintura y la perspectiva y en la arquitectura y en el mundo natural, etcétera. Entonces tal vez las habría podido ver como las habían visto los antiguos: como una parte fundamental del diseño del mundo, quizá incluso el diseño mismo. Si hubiera sentido que el mundo estaba conectado en las partes de la matemática, podría haberme inspirado una especie de asombro y entusiasmo. Podría haber querido aprender.
Me enseñaron matemáticas de una forma tan abstracta y complicada que al final no aprendí mucho de las clases de matemáticas. Básicamente las clases consistían en resolver de memoria problemas en el libro de Algebra de Baldor. No siento odio hacia las matemáticas, siento frustración de no haberle podido sacar todo el provecho que se menciona en el artículo. Pero no es tarde, todavía puedo aprender.
Daniel Mediavilla para El País:
Montserrat Fernández Rivas, jefa del servicio de Alergia del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, advierte de que “no existe evidencia científica” para estos test de sensibilidad a alimentos que pueden identificar cuáles son nocivos para nosotros y deben salir de nuestra dieta. “Lo de sensibilidad a los alimentos no es ningún tipo de diagnóstico, es un invento; un concepto que ha tenido éxito entra la población general, sobre todo entre aquellos con molestias digestivas crónicas por trastornos funcionales del intestino. Y algunos oportunistas hacen negocio con ello”, explica. Según Fernández Rivas, los resultados de estos test “no tienen ninguna relación con la tolerancia a los alimentos”.
Miguel Ángel Martínez Olmos, miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), tampoco cree en la utilidad de estas pruebas: “Aparecieron hace algunos años y, supuestamente, detectaban las intolerancias alimentarias, e incluso prometían ser útiles para encontrar la causa de trastornos crónicos como la migraña, el colon irritable o la obesidad”, recuerda. “Todas las sociedades científicas de alergología e inmunología, y también las de nutrición, rechazan la utilización de estos llamados test de intolerancias alimentarias”, añade. Los resultados que ofrecen, en opinión de Martínez Olmos, “condicionan que las personas se sometan a dietas estrictas que pueden poner en riesgo su salud”.
No es lo mismo que la intolerancia a la lactosa o gluten:
Las intolerancias alimentarias, como las que sufren los celiacos por una reacción autoinmune que provoca el gluten, o losintolerantes a la lactosa por falta del gen que produce la enzima que permite digerir bien la leche, son algo diferente y que producen un daño progresivo y mayor dependiendo de la cantidad de alimento consumido. Aunque algunos test de intolerancia a alimentos miden las IgG, famosas durante la pandemia por indicar si se había pasado la covid, para identificar una respuesta inmune a algunos alimentos, los estudios no han demostrado que los datos que ofrecen ayuden a identificar intolerancias a alimentos y no sean fruto de una reacción normal del sistema inmune. En el caso de estas intolerancias, explica Martínez, “hay pruebas que están bien definidas y otras no tanto, aunque en el mercado haya personas que mezclan los conceptos de alergias e intolerancias”. Para conocer la diferencia, el científico recomienda “recurrir a especialistas. Hay información sobre nutrición de precisión sustentada en tests de alergias, y pruebas genéticas, que sirven para detectar algunas intolerancias, y que deben complementarse con otras determinaciones de composición corporal, bioquímicas y fenotípicas”, explica. En cualquier caso, esas pruebas deben ser “exhaustivas”, dice Martínez, para poder prescribir o retirar alimentos concretos”, continúa.
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