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Jane E. Brody, para The New York Times:
La creciente incidencia de la miopía está relacionada con los cambios en el comportamiento de los niños, en especial con el poco tiempo que pasan al aire libre y la frecuencia con la que miran pantallas en el interior en vez de disfrutar de actividades iluminadas por la luz del día. Atrás quedaron los días en que la mayoría de los niños jugaban al aire libre entre el final de la jornada escolar y la hora de la cena, y la pandemia devastadora del año pasado puede estar empeorando las cosas.
La propensión a la miopía está determinada por la genética y el entorno. Los niños con uno o ambos padres miopes tienen más probabilidades de serlo; sin embargo, aunque los genes tardan muchos siglos en cambiar, la prevalencia de la miopía en Estados Unidos ha pasado del 25 por ciento a principios de los años 70 a casi el 42 por ciento solo tres décadas después. El aumento de la miopía no se limita a los países altamente desarrollados. La Organización Mundial de la Salud calcula que la mitad de la población mundial podría ser miope para 2050.
Como los genes no cambian con tanta rapidez, los expertos creen que la causa probable de este aumento de la miopía son los factores ambientales, en especial la menor exposición de los niños a la luz exterior. Por ejemplo, tengamos en cuenta los factores que mantienen a los niños modernos en el interior de las casas: el énfasis en los estudios académicos y las tareas resultantes, la atracción irresistible de los dispositivos electrónicos y las preocupaciones de seguridad que exigen la supervisión de un adulto durante los juegos al aire libre. Todos estos factores limitan drásticamente el tiempo que los niños pasan ahora al aire libre con la luz del día, en detrimento de la claridad de su visión a distancia.
El artículo describe muy bien que este problema no es por culpa de los videojuegos o las pantallas, sino por la falta de exposición a la luz del aire libre. Este es un problema que antecede a la pandemia y se debe a que a los niños ya no tienen tiempo suficiente afuera de la casa para jugar, disfrutar y desarrollar habilidades. Es un problema que describe muy bien este artículo.
Estupendo artículo de Jorge Ayala:
Deja que tu singularidad brille. Cuando te dedicas a la terapia, es posible que tengas la tentación de emular a otros terapeutas que han creado un trabajo que admiras. Tan fácil como suena, no es la ruta adecuada.
Es una pérdida de tiempo porque la energía que estás gastando en hacer terapia como lo haría otra persona, podrías usarla para regar tu propio jardín y prosperar mientras lo haces.
Lo que consideras tu debilidad, puede ser en realidad tu poder.
A medida que muestras tu manera única de hacerlo, vas creando estilos.
Apunta a conectar con las personas y demostrar porqué vale la pena invertir en tu servicio. Cuando combinas tu personalidad con servir a las personas y seguir una serie de principios en la práctica, estarás a la mitad de camino.
Lee el artículo completo en la página web de Jorge Ayala, Qué ha sido lo más útil.
Anahad O’Connor para The New York Times:
Por otro lado, los expertos afirman que el consumo excesivo de alcohol, especialmente a largo plazo, puede suprimir el sistema inmunitario e interferir potencialmente en la respuesta de la vacuna. Dado que el organismo puede tardar semanas en generar niveles protectores de anticuerpos contra el nuevo coronavirus después de la inyección para la covid, cualquier cosa que interfiera en la respuesta inmune sería motivo de preocupación.
Algo que queda claro a partir de los estudios es que el consumo excesivo de alcohol deteriora la respuesta inmune y aumenta la susceptibilidad a las infecciones bacterianas y víricas. Impide que las células inmunitarias se desplacen a los focos de infección y lleven a cabo sus funciones, como destruir los virus, las bacterias y las células infectadas; facilita que los agentes patógenos invadan sus células, y causa una serie de otros problemas.
En cambio, el consumo moderado de alcohol no parece tener este efecto. En un estudio, los científicos expusieron a 391 personas a cinco virus respiratorios diferentes y descubrieron que los bebedores moderados eran menos propensos a desarrollar resfriados, pero no si eran fumadores.
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