Investigadores identificaron actividad reducida de una enzima importante en pacientes suicidas
¿Me estará mirando? – El cerebro nos ayuda a hacer amigos
Los recuerdos interconectados serían esenciales para cultivar amistades fuertes
Protocolo de actuación en situaciones de bullying (PDF) – UNICEF
El pueblo en el que la sonrisa no significa alegría
Actualmente se cree que las expresiones faciales de las emociones son universales y que no están determinadas por la cultura. Paul Ekman es uno de los psicólogos investigadores más representativos de esta teoría y quizás muchos de ustedes han escuchado o leído algo de su trabajo. La universalidad de las emociones y su expresión puede resumirse en cinco emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo y asco.
Pero también hay investigadores que no están de acuerdo con la idea de la universalidad de las emociones. Uno de ellos es el psicólogo José Miguel Fernández Dols que con su equipo de la Universidad Autonoma de Madrid, observaron la cara de decenas de deportistas olímpicos, personas tenido un orgasmo, aficionados al futbol, toreros en plena acción y niños de las islas Trobriand. Y sus resultados sugieren que sugieren que las expresiones faciales, como la sonrisa, son en realidad herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica:
“El concepto de emoción básica es popular, pero no necesariamente científico”, opina Fernández Dols. El psicólogo recuerda que un reciente libro, The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, describe 156 emociones diferentes, como el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. «En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out, pero la realidad, a lo mejor, es otra».
Mirar a otro sufrir en extremo tiene un efecto duradero en el cerebro
Ansiolíticos: Definición y Características
Curso Online: Terapia Cognitivo Conductual de los Trastornos Bipolares
La psicología de la mal – Philip Zimbardo (Ted vídeo)
Música para aliviar algunos de los síntomas que sufren los pacientes de cáncer
Buena digestión, buenas emociones
Los médicos son menos empáticos, pero ¿es su culpa?
Cómo hacer realidad nuestra peor pesadilla
Entrevista conductual estructurada para la selección de personal (Vídeo)
Técnicas conductuales para la modificación de cogniciones
El toque maternal, un importante factor en el desarrollo cerebral del niño
¿Las personas inteligentes son más perezosas?
Haciendo buena letra: una revisión de la validez de la grafología
¿A quién le importan los zurdos? – La Nación
Hubo un tiempo donde se le obligaba a los niños zurdos a escribir y hacer todo con la mano derecha. Era una tortura. Hoy hay más opciones para los zurdos, hay sacapuntas, tijeras, lápices y hasta bolígrafos (birome en Argentina) para los que escriben con la mano izquierda. Pero eso no significa que ellos reciban los materiales adecuados para su lateridad, ni que los centros educativos se preocupen por ofrecer las opciones destinadas a sacarle provecho a la mano con que escriben. Muchos los ven como un accesorio, un gasto innecesario y tal vez exagerado. Cómo dice Emilise Pizarro en el artículo de opinión publicado el 13 de agosto, Día Internacional del Zurdo: “El mundo está hecho por y para diestros”
Aquí un fragmento de su artículo:
En ese mundo vive el zurdo, en una tortura cotidiana e invisible que comienza -si serán perversos los diestros- en la escolarización. En primer grado, cuando un niño diestro vuelve a casa y muestra qué linda le sale la a y qué bien pone el puntito sobre la i, el zurdo le enseña a su madre una estela de tinta azul que empieza en el cuaderno y se prolonga hasta su puño del guardapolvo blanco. Ella consolará: «Voy a hablar con la directora para que te deje usar birome en lugar de tinta», mientras le refriega con agua y jabón la mano, en la pileta del baño.
Resuelto ese trauma, permanecerá el suplicio de cortar con tijera, llegará el de usar un abrelatas, hacerse el nudo de la corbata para el otro lado, aprender en espejo a atarse los cordones, hacer fuerza al revés para abrir una puerta, resaltar un texto en reversa (comenzará el trazo en la última palabra y culminará en la primera) y tomar el café con leche en una taza hermosa de Los Pitufos, aunque sólo él sabrá que hay pitufos porque el dibujo mira hacia su pecho.