¿Por qué se desarrollan y persisten los trastornos mentales? La perspectiva cognitivo-conductual
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Ana Torres Menárguez escribió un excelente artículo en el diario El País sobre la urgente necesidad de enseñar en las escuelas sobre regulación emocional:
Se trata de enseñar a los futuros maestros a entender y regular sus propias emociones para que sean capaces de dirigir a los niños y adolescentes en esa misma tarea. “Mis alumnos me cuentan que nadie les ha enseñado a regularse emocionalmente y que desde pequeños cuando se enfrentaban a un problema se encerraban en su habitación a llorar, era su forma de calmarse”, cuenta el docente. Inseguridad, baja autoestima y comportamientos compulsivos son algunas de las consecuencias de la falta de herramientas para gestionar las emociones. “Cuando llegan a la vida adulta, tienen dificultades para adaptarse al entorno, tanto laboral como de relaciones personales. Tenemos que empezar a formar a profesores con la capacidad de entrenar a los niños en el dominio de sus pensamientos”.
Los beneficios del entrenamiento en gestión de las emociones y regulación emocional son inmensos. Así lo explica Rafael Bisquerra, investigador y director del Posgrado en Educación Emocional en la Universidad de Barcelona:
Los jóvenes con un mayor dominio de sus emociones presentan un mejor rendimiento académico, mayor capacidad para cuidar de sí mismos y de los demás, predisposición para superar adversidades y menor probabilidad de implicarse en comportamientos de riesgo -como el consumo de drogas-, según los resultados de varios estudios publicados por el GROP. “La educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades que las materias académicas ordinarias no cubren. El desarrollo de las competencias emocionales puede ser más necesario que saber resolver ecuaciones de segundo grado”, apunta Bisquerra.
Pero suelen dejarse de lado por las escuelas porque consideran que no es de su pertinencia:
En su opinión, el cambio tiene que arrancar con la formación del profesorado, con la transformación del grado de Magisterio. “En la UB no hemos convencido al número de profesores necesario como para modificar el plan de estudios. Lamentablemente, los procesos de cambio educativo son muy lentos”, añade Bisquerra, que en 2005 publicó La educación emocional en la formación del profesorado, donde propone un modelo de asignatura para los profesores de educación Infantil, Primaria y Secundaria con teoría y actividades prácticas.
En España sólo hay una universidad, la universidad de La Laguna, que incluye el entrenamiento de manejo de emociones en el plan de estudio de la carrera de magisterio. El cambio empieza de a poco y esto es un logro importante que debemos admirar y replicar. Esto nos deja con la pregunta. ¿Cuantas universidad incluyen un programa en similar país?
Mayte Rius reporta para la web La Vanguardia:
Cada vez son más los psicólogos, médicos y pedagogos que vinculan el declive del juego libre, espontáneo y sin supervisión de adultos con el aumento de las enfermedades mentales infantiles, en especial de la depresión y la ansiedad. ¿Por qué?
“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”, responde Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.
Pero hoy padres y madres supervisan las actividades de los niños a escasa distancia y vigilan sus movimientos, sobreprotegiéndolos y privándolos de gran parte de esos aprendizajes. Y cuando no están bajo la mirada de los padres están bajo la supervisión de un maestro, un familiar o un monitor que dirige sus actividades, siempre controlado por un adulto que organiza y gestiona su ocio. El resultado es una notable falta de libertad para jugar y explorar por ellos mismos, para desarrollar intereses propios, para aprender a resolver sus problemas, cómo controlar su vida y, sobre todo, sus emociones.
“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, cosa que tiene relación directa con la depresión y la ansiedad, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC.
Los padres hacen grandes esfuerzos para darle a sus hijos mejores oportunidades para ser competitivos en esta sociedad híper especializada y exigente en la que vivimos. Pero saturar a los niños con cientos de actividades no les otorgará un verdadero beneficio y en realidad les quitará oportunidades para aprender lo que realmente necesitan para afrontar la vida y sus complejidades. Lo que los especialistas están diciendo es que es necesario que los padres y toda la sociedad pueda reflexionar en la posición en la que están poniendo a los niños y preserven las condiciones necesarias para satisfacer la necesidad psicológica de juego libre.
Para los que quieran leer más sobre esto, les recomiendo el estupendo artículo (en inglés) de Peter Gray, en la revista online AEON en la que describe con admirable elocuencia los efectos psicológicos a largo y corto plazo del déficit de juego libro y su propuesta para prevenirlo.Puedes leerlo aquí.
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