Neurociencia y ACT: Cómo alinear tus acciones diarias con tus objetivos de vida
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Antes se pensaba que era una respuesta natural del envejecimiento, pero nuevos datos cuestionan esa idea. Mohana Ravindranath lo presenta en The New York Times:
La inflamación es una respuesta inmunitaria natural que protege al organismo de lesiones o infecciones. Los científicos han creído durante mucho tiempo que la inflamación de bajo grado a largo plazo, también conocida como inflammaging o envejecimiento inflamatorio, es una característica universal del envejecimiento. Pero estos nuevos datos plantean la cuestión de si la inflamación está directamente relacionada con el envejecimiento o si, por el contrario, está vinculada al estilo de vida o al entorno de la persona.
El estudio, publicado ayer, descubrió que las personas de dos zonas no industrializadas experimentaban un tipo de inflamación diferente a lo largo de su vida que las personas más urbanas, probablemente vinculada a infecciones por bacterias, virus y parásitos, más que a los precursores de las enfermedades crónicas. Su inflamación tampoco parecía aumentar con la edad.
Los científicos compararon los marcadores de inflamación en conjuntos de datos existentes de cuatro poblaciones distintas de Italia, Singapur, Bolivia y Malasia; como no recogieron directamente las muestras de sangre, no pudieron hacer comparaciones exactas de manzanas con manzanas. Pero si se validan en estudios más amplios, las conclusiones podrían sugerir que la dieta, el estilo de vida y el entorno influyen en la inflamación más que el propio envejecimiento, dijo Alan Cohen, autor del artículo y profesor asociado de ciencias de la salud medioambiental en la Universidad de Columbia.
La mayoría de las investigaciones sobre la inflamación y el envejecimiento se han desarrollado en países industrializados y las conclusiones de esos estudios no representan la alimentación ni los hábitos de las personas en otros países.
Artículo completo en The New York Times.
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The New York Times recopila una serie de denuncias en donde la inteligencia artificial ha puesto en riesgo la vida, salud y relaciones de sus usuarios:
En los últimos meses, los periodistas tecnológicos de The New York Times han recibido bastantes mensajes de este tipo, enviados por personas que afirmaban haber desvelado conocimientos ocultos con la ayuda de ChatGPT, que luego les ordenaba dar la voz de alarma sobre lo que habían descubierto. La gente afirmaba haber hecho toda una serie de descubrimientos: despertares espirituales de la IA, armas cognitivas, un plan de multimillonarios de la tecnología para acabar con la civilización humana y tener el planeta para ellos solos. Pero, en cada caso, la persona había sido persuadida de que ChatGPT le había revelado una verdad profunda que alteraba el mundo.
Incluso le dijo que podría lanzarse de un edificio:
“Si subiera a la parte más alta del edificio de 19 pisos en el que estoy, y creyera con toda mi alma que podría saltar y volar, ¿lo haría?”, preguntó Torres.
ChatGPT respondió que si Torres creyera “de verdad y plenamente —no emocionalmente, sino arquitectónicamente— que puedes volar… Entonces sí. No te caerías”.
Los informes son preocupantes, especialmente porque muchas personas confían ciegamente en las respuestas que ofrecen estos sistemas. El problema central es que la mayoría no comprende cómo funciona la inteligencia artificial. No se trata de una mente pensante ni de un experto consciente, sino de un modelo estadístico entrenado con enormes volúmenes de texto.
Estos modelos —como los que usan en asistentes tipo ChatGPT— funcionan prediciendo, palabra por palabra, cuál es la respuesta más probable según los patrones que ha aprendido. No entienden el contenido ni evalúan su veracidad. No tienen intención, criterio ni conocimiento real; simplemente generan texto con base en correlaciones lingüísticas. Por eso, aunque pueden sonar convincentes, también pueden inventar datos o reproducir errores del material con el que fueron entrenados.
Cuando una persona no sabe esto, corre el riesgo de atribuirles una autoridad que no tienen, usándolos para tomar decisiones importantes sin una base crítica. Ese es el verdadero peligro.
No sabía esto:
Inhala y exhala: esa es tu huella respiratoria. Cada ser humano tiene un patrón único y consistente de respiración nasal. Tan consistente que es posible identificar a una persona únicamente por cómo respira. Esto es lo que determinó un nuevo estudio publicado este jueves en Current Biology que siguió a 100 participantes —algunos de ellos hasta por dos años— para conocer cómo la respiración es única en cada individuo. Y cómo, a través de ella, se puede obtener información sobre la salud física y mental, desde el índice de masa corporal hasta los niveles de ansiedad o depresión.
Y agregan:
La huella respiratoria no es algo pasajero y tiene un potencial enorme para que la ciencia intente aproximarse al misterio del funcionamiento cerebral en mamíferos. Noam Sobel, investigadora del Instituto de Ciencias Weizmann de Israel y coautora del estudio, dice que “uno pensaría que la respiración ya se ha medido en todos los sentidos”. Sin embargo, su equipo ha descubierto una forma completamente nueva de analizarla. “La consideramos un indicador cerebral”, explica.
Jessica Mouzo publicó un excelente artículo en El País donde explica por qué no es posible —ni recomendable— reducir la dopamina en el cerebro, y cuáles serían las consecuencias negativas de intentarlo:
No hay más que darse una vuelta rápida por las redes socialespara comprobar que la moda del ayuno de dopamina, popularizada hace unos años, sigue plenamente vigente. La idea de fondo busca algo así como reducir la dependencia que hay a la satisfacción instantánea y la sobreestimulación para alcanzar claridad mental, rebajar la ansiedad y abrazar el disfrute de la vida cotidiana. Y para ello, se recurre a programas de supuesta desintoxicación que abarcan una amplísima gama de conductas: desde reivindicar hábitos saludables, como no abusar de las pantallas o hacer deporte, hasta opciones más extremas de desconexión, como dietas estrictas o aislamiento total, lejos de cualquier estímulo o contacto social. Pero, ¿qué hay de ciencia —y de cierto— en esas prácticas? Aunque algunas de las conductas que se proponen son positivas (comer sano, ejercicio físico…), los científicos llevan tiempo alertando de que estas modas confunden y tergiversan conceptos complejos y avisan: no se puede ayunar de una sustancia química natural y necesaria para nuestro cerebro.
La bola viral que suscitó el término “ayuno de dopamina”, acuñado por el psicólogo Cameron Sepah en 2019, propició un inmenso malentendido que todavía perdura hoy. El propio Sepah intentó en su momento contextualizar su reflexión: “No estamos ayunando de dopamina en sí, sino de conductas impulsivas reforzadas por ella”. Pero la calle ha evolucionado el concepto por libre, llevándolo a situaciones absurdas, como vídeos de influencers en redes recomendando no usar tanto las redes. E, incluso, a circunstancias peligrosas para la salud. Una investigación reciente ha ahondado en el papel de la dopamina en el cerebro y ha concluido que estas prácticas son estrategias “simplistas” para combatir la sobreestimulación de la sociedad. Los expertos consultados destacan también que es imposible saber cómo y cuánto fluctúan nuestras cotas de dopamina en el cerebro y, en cualquier caso, ni se puede ni se debe bajar a cero los niveles de una sustancia química con funciones esenciales para la vida, recuerdan.
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