La duración corta del sueño y su impacto en el neurodesarrollo
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Los avances en la calidad de vida y en la salud pública han generado un incremento significativo en la esperanza de vida. Durante un tiempo, los científicos pronosticaban que, gracias a estos progresos, podríamos superar los 100 años de vida. Sin embargo, en los últimos 30 años, este ritmo de crecimiento se ha desacelerado considerablemente. Aunque algunos podrían atribuir esta desaceleración a nuevos problemas de salud o a enfermedades crónicas como el cáncer, la realidad es diferente. Los investigadores que publicaron su estudio en la revista Nature Aging sugieren que la causa principal no son estas enfermedades, sino algo mucho más fundamental: el envejecimiento en sí mismo.
En Gizmodo compartieron la investigación:
(…) Jay Olshansky, principal autor del estudio, indicó que el mayor obstáculo ahora es el envejecimiento biológico. Mientras que los avances en la lucha contra enfermedades como el cáncer y las cardiovasculares han sido claves para la longevidad, el envejecimiento sigue siendo una barrera difícil de superar.
El estudio sugiere que la humanidad podría estar acercándose a un límite biológico en términos de esperanza de vida. Durante décadas, algunos investigadores han planteado la posibilidad de que el ser humano no pueda superar un techo natural de longevidad, establecido alrededor de los 85 años. Mientras que muchos esperaban que los avances en la medicina llevarían a la mayoría de las personas a alcanzar los 100 años, los resultados de este nuevo estudio parecen confirmar que dicho límite es difícil de superar.
Básicamente no le podemos ganar al envejecimiento (por ahora) y creo que eso esta bien.
El País publicó recientemente un artículo sobre el mito de la catarsis. Y aunque es algo que ya sabíamos, está muy bien que los medios tradicionales publiquen este tipo de información:
“Al expresar la ira estás practicando un comportamiento agresivo. Quería romper el mito de que es algo efectivo a la hora de controlarla y mostrar alternativas más sanas”, explica. Para ello, revisó 154 estudios que exploraban la eficacia de distintas actividades a la hora de reducir ese nivel de excitación al que nos lleva la ira. La conclusión es clara: desahogarse soltando la rabia (golpeando objetos, saliendo a correr, etc.) no funciona. Sí lo hace, en cambio, bajar nuestro nivel de activación: respirar hondo, meditar, practicar yoga…
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