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Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

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  • Análisis

Escribir es pensar

  • 02/04/2026
  • David Aparicio

El año pasado, la reconocida revista científica Nature publicó este breve pero contundente artículo sobre el valor de escribir artículos científicos en lugar de delegar esa tarea a los sistemas de inteligencia artificial. En una época en la que los grandes modelos de lenguaje pueden generar un manuscrito completo en minutos, la tentación es comprensible: alimentar la IA con nuestros datos, resultados y referencias, y obtener un texto listo para enviar a revisión. Pero el artículo nos invita a detenernos y preguntarnos: ¿qué perdemos en ese proceso? Porque escribir no es solo el paso final de una investigación; es parte del pensamiento mismo. Es en la escritura donde ordenamos ideas, descubrimos conexiones que no habíamos visto y construimos el argumento que da sentido a nuestro trabajo. Delegar eso por completo a una máquina no solo plantea problemas éticos y de precisión, sino que nos priva de una de las herramientas intelectuales más poderosas que tenemos.

Si bien el artículo está dirigido a la escritura científica, su argumento central aplica a cualquier área: clínica, educativa, periodística o personal. Cada vez que escribimos: un informe, un caso clínico, una clase, incluso un correo importante, estamos pensando. Y eso no es algo que convenga delegar a la ligera.

Precisamente por eso me tomé el tiempo de traducir este artículo de forma manual —sí, sin IA— para que puedas leerlo en español y reflexionar sobre lo que significa escribir en una era en la que ya no es estrictamente necesario hacerlo.

***

Sobre el valor de la escritura generada por humanos en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM).

Escribir artículos científicos es parte integral del método científico y una práctica común para comunicar hallazgos de investigación. Sin embargo, escribir no se trata solo de comunicar resultados; también es una herramienta para descubrir nuevas ideas y pensamientos. Escribir nos hace pensar —no de la forma caótica y no lineal en que usualmente funciona nuestra mente, sino de manera estructurada e intencional—. Al escribir, podemos ordenar años de investigación, datos y análisis en una historia coherente, identificar nuestro mensaje principal y dimensionar la influencia de nuestro trabajo. Esto no es meramente una observación filosófica, sino que está respaldado por evidencia científica. Por ejemplo, escribir a mano puede incrementar la conectividad cerebral y tiene un efecto positivo en el aprendizaje y la memoria.

Este es un llamado a continuar reconociendo la importancia de la escritura científica generada por humanos.

Este llamado podría parecer anacrónico en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), que, con los prompts correctos, pueden generar en unos pocos minutos un artículo científico completo (e incluso reportes de revisión por pares), ahorrando tiempo y esfuerzo una vez que el trabajo difícil de la investigación ha terminado. Sin embargo, los LLM no son considerados autores por su falta de responsabilidad, y no podemos aceptar para publicación manuscritos completamente escritos por LLM (usar LLM para editar textos sí está permitido, pero debe declararse). Y si escribir es pensar, ¿no estaríamos entonces leyendo los «pensamientos» del LLM en lugar de los del investigador?

Los LLM actuales también pueden equivocarse, un fenómeno conocido como alucinaciones. Por lo tanto, los textos que generan necesitan ser cuidadosamente revisados y verificados, incluida cada referencia que utilizan. Además, es cuestionable cuánto tiempo realmente ahorran. Puede ser más difícil y consumir más tiempo editar un texto generado por un LLM que escribir un artículo o un reporte de revisión desde cero, porque se necesita reconstruir el razonamiento detrás del texto para poder editarlo con criterio. Algunos de estos problemas podrían resolverse con LLM entrenados con bases de datos científicas, como lo describe el artículo de revisión de Fenglin Liu y su equipo. El tiempo lo dirá.

Nada de esto quiere decir que los LLM no puedan ser herramientas valiosas en la escritura científica. Por ejemplo, pueden ayudar a mejorar la redacción y la gramática, algo particularmente útil para quienes el inglés no es su primera lengua. También pueden ser herramientas valiosas para investigar y resumir literatura científica diversa, generar listas de datos y asistir en lluvias de ideas. Además, los LLM pueden ser útiles para superar el bloqueo del escritor, al ofrecer explicaciones alternativas para los hallazgos o identificar conexiones entre temas aparentemente inconexos, encendiendo así nuevas ideas.

Sin embargo, externalizar todo el proceso de redacción a los LLM puede privarnos de la oportunidad de reflexionar sobre nuestro campo y de participar en la tarea creativa y esencial de transformar resultados de investigación en una narrativa convincente —una habilidad que, sin duda, es importante más allá de la redacción y la publicación académica—.

  • Recursos

Cómo tomar buenos apuntes

  • 01/04/2026
  • David Aparicio

Ahora que doy clases en una maestría en psicología clínica, noto algo que me sorprende: incluso a este nivel, a muchos estudiantes les cuesta tomar apuntes de manera efectiva. No es una crítica —es una habilidad que rara vez se enseña de forma explícita, y sin embargo tiene un impacto enorme en el aprendizaje.

Busqué algunos recursos para compartir con ellos y encontré este video que resume muy bien tanto los errores más comunes como estrategias concretas para mejorar:

  • Recomendados

Cuidado con el contenido «ultraprocesado» que consumes en las redes

  • 01/04/2026
  • David Aparicio

El reconocido autor Carl Newport con un interesante artículo que te hará reflexionar sobre el contenido “ultraprocesado” que consumimos en las redes:

Deberíamos plantearnos adoptar una postura tan firme contra los contenidos ultraprocesados como la que ya adoptamos contra los alimentos ultraprocesados. Es decir: la mayoría de la gente debería evitar estas distracciones la mayor parte del tiempo. Del mismo modo que es poco probable que comas Twinkies con frecuencia o que sigas creyendo que las Pop-Tarts son un desayuno balanceado, deja de consumir contenidos ultraprocesados. No uses TikTok. No uses Instagram. No uses X. Sus beneficios con alto contenido en azúcar no valen la pena por su costo.

Hubo un tiempo en que hacer una sugerencia así se habría considerado excéntrica e inviable. (Sin duda recibí una dosis de resistencia cuando sugerí por primera vez que las redes sociales no eran en realidad tan importantes como la gente decía). Pero creo que, así como ha cambiado nuestra comprensión de la dieta, estamos dispuestos a aceptar que el valor nutricional metafórico de escrolear a través de publicaciones que buscan provocar indignación y videos cortos es mínimo.

Artículo completo en The New York Times.

  • Análisis

¿La generación Z está teniendo menos sexo o está cambiando la forma de vivir la intimidad?

  • 31/03/2026
  • Gabriel Genise

Por Gabriel Genise y Nicolás Genise

Durante los últimos años se ha instalado con fuerza en medios de comunicación y debates culturales la idea de que la generación Z —los jóvenes nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012— está teniendo menos sexo que generaciones anteriores. En distintos artículos periodísticos se habla incluso de una “recesión sexual” entre jóvenes adultos y adolescentes. Sin embargo, cuando se analizan los datos con mayor detenimiento, la situación parece ser más compleja de lo que sugieren estas narrativas simplificadas.

Un reciente artículo publicado en CNN plantea justamente esta discusión a partir del fenómeno cultural generado por la serie Heated Rivalry. Según el análisis presentado, el éxito del programa desafía la idea de que los jóvenes actuales estén desinteresados en el sexo. Más bien, sugiere que la generación Z continúa interesada en la sexualidad, pero busca representaciones más realistas, consensuadas y emocionalmente significativas de las relaciones íntimas (Andrew, 2026).

Desde una perspectiva psicológica y clínica, esta observación abre una pregunta más profunda: ¿estamos realmente frente a una generación menos interesada en el sexo o ante una generación que está redefiniendo las condiciones en las que quiere vivir la intimidad?

La llamada “recesión sexual”: qué dicen los datos

Diversos estudios poblacionales muestran que los jóvenes actuales reportan niveles más bajos de actividad sexual que generaciones previas. Un informe del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) citado en el artículo de CNN indica que el porcentaje de estudiantes de secundaria estadounidenses que reportaron haber tenido relaciones sexuales descendió de 47 % en 2013 a 32 % en 2023 (Andrew, 2026).

Hallazgos similares se han observado en estudios longitudinales realizados en Europa y Estados Unidos. Investigaciones sobre tendencias generacionales han documentado una disminución gradual en la frecuencia de actividad sexual entre jóvenes adultos desde principios de la década de 2010 (Twenge, Sherman & Wells, 2019). Esta tendencia ha llevado a algunos autores a hablar de una “sexual recession” en sociedades occidentales.

La generación Z parece abordar la sexualidad con mayor cautela y deliberación

Sin embargo, interpretar estos datos exclusivamente como un desinterés por la sexualidad puede ser un error conceptual. La disminución de actividad sexual no implica necesariamente menor deseo, sino cambios en el contexto cultural, social y psicológico en el que los jóvenes toman decisiones sobre su vida íntima.

Más cautela, más reflexión y mayor intencionalidad

Uno de los elementos que emergen con mayor claridad en la literatura reciente es que la generación Z parece abordar la sexualidad con mayor cautela y deliberación que generaciones anteriores.

Según estudios del Kinsey Institute citados en el artículo periodístico, alrededor del 81 % de los jóvenes de esta generación ha fantaseado con relaciones monógamas estables (Andrew, 2026). Este dato desafía el estereotipo frecuente de que las nuevas generaciones priorizan exclusivamente vínculos casuales o relaciones efímeras. Por el contrario, sugiere que muchos jóvenes siguen valorando profundamente el vínculo afectivo y el compromiso.

Desde la psicología del desarrollo, este fenómeno puede interpretarse en relación con varios factores contextuales que han marcado la experiencia vital de esta generación:

• Crecimiento en entornos digitales altamente sexualizados.
• Mayor conciencia sobre consentimiento y abuso.
• Mayor percepción de riesgos asociados al sexo.
• Impacto de la pandemia en la socialización adolescente.

En conjunto, estos factores parecen haber contribuido a una aproximación más reflexiva hacia la intimidad.

El deseo no desapareció: cambió su forma de expresión

Uno de los hallazgos más interesantes que emergen del análisis cultural de la generación Z es que el deseo sexual no ha desaparecido, sino que ha cambiado la forma en que se expresa.

Muchos jóvenes continúan interesados en contenidos sexuales en los medios, pero prefieren representaciones que incluyan relaciones saludables, consentimiento y continuidad emocional (Andrew, 2026).

Este punto resulta particularmente relevante desde la psicología clínica y la sexología. Durante décadas, gran parte de las representaciones sexuales en cine y televisión se caracterizaron por escenas desconectadas del contexto relacional, centradas en el impacto visual más que en la dinámica emocional de los vínculos.

El deseo sexual no ha desaparecido, sino que ha cambiado la forma en que se expresa

En contraste, producciones recientes que han captado la atención de audiencias jóvenes parecen enfatizar justamente los aspectos relacionales de la sexualidad: deseo, tensión, comunicación y consentimiento.

Consentimiento, comunicación y nuevas normas relacionales

Otro rasgo distintivo de la sexualidad contemporánea en jóvenes parece ser el énfasis creciente en la comunicación explícita sobre el consentimiento.

Este cambio cultural es consistente con investigaciones recientes que muestran que los jóvenes valoran cada vez más la negociación explícita de los límites sexuales y la claridad en la comunicación interpersonal (Beres, 2014).

Desde una perspectiva clínica, este cambio cultural podría interpretarse como un avance significativo en términos de salud sexual y relacional.

La paradoja de la generación Z: entre el deseo y la cautela

Uno de los aspectos más fascinantes del comportamiento sexual de la generación Z es la coexistencia de dos tendencias aparentemente contradictorias.

Por un lado:
• mayor cautela en la actividad sexual
• menor frecuencia de encuentros sexuales casuales
• mayor preocupación por los riesgos asociados

Por otro lado:
• fuerte interés en narrativas románticas y eróticas
• apertura a conversaciones sobre deseo, identidad y consentimiento

Esta paradoja sugiere que el fenómeno no puede explicarse simplemente como una disminución del deseo sexual.

Más bien, parece tratarse de una transformación en la forma en que los jóvenes organizan sus expectativas sobre la intimidad.

Sexualidad y significado relacional

Desde la psicología evolutiva y la teoría del apego, la sexualidad humana nunca ha sido únicamente un comportamiento reproductivo o fisiológico. También cumple funciones fundamentales en la regulación emocional, la construcción del vínculo y la identidad interpersonal.

Las investigaciones de Hazan y Shaver (1987) mostraron hace décadas que las relaciones románticas adultas comparten múltiples características con los vínculos de apego.

Si interpretamos el comportamiento de la generación Z desde esta perspectiva, la aparente “recesión sexual” podría reflejar en realidad una reorganización de prioridades relacionales.

En lugar de priorizar encuentros sexuales casuales, muchos jóvenes parecen privilegiar experiencias de intimidad que integren deseo, seguridad emocional y conexión afectiva.

Conclusión

La narrativa de que la generación Z está “teniendo menos sexo” puede ser cierta desde un punto de vista estadístico. Sin embargo, esta afirmación pierde gran parte de su significado cuando se analiza fuera de su contexto cultural y psicológico.

Más que una generación desinteresada en la sexualidad, la evidencia sugiere que estamos frente a una generación que está redefiniendo las condiciones en las que desea vivir la intimidad.

Comprender estas transformaciones resulta relevante tanto para la investigación académica como para la práctica clínica contemporánea.

Referencias

  • Andrew, S. (2026). Gen Z isn’t sexless. They just want a love like “Heated Rivalry.” CNN.
  • Beres, M. (2014). Rethinking the concept of consent for anti‑sexual violence activism and education. Feminism & Psychology, 24(3), 373–389.
  • Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524.
  • Owens, E., Behun, R., Manning, J., & Reid, R. (2012). The impact of internet pornography on adolescents: A review of the research. Sexual Addiction & Compulsivity, 19(1–2), 99–122.
  • Twenge, J., Sherman, R., & Wells, B. (2019). Declines in sexual frequency among American adults. Archives of Sexual Behavior.
  • Biografías

Edna Foa, la mujer que le enseñó al mundo a no huir del miedo

  • 25/03/2026
  • David Aparicio

Ayer estaba dando una clase de maestría hablando de su trabajo cuando un estudiante la buscó en su teléfono y nos enteramos en ese momento: Edna Foa acababa de fallecer.

Edna Foa era profesora de psicología clínica en la Universidad de Pensilvania, donde dirigió el Centro para el Tratamiento y Estudio de la Ansiedad. Fue una autoridad internacionalmente reconocida en el campo de la psicopatología y el tratamiento de los trastornos de ansiedad, y abordó la comprensión y el tratamiento de los trastornos mentales desde una perspectiva cognitivo-conductual.

Su contribución más duradera fue demostrar, con décadas de investigación rigurosa, que los tratamientos basados en exposición funcionan. Desarrolló la Exposición Prolongada para el TEPT y sentó las bases empíricas de la Exposición con Prevención de Respuesta para el TOC, dos de los tratamientos con mayor respaldo científico disponibles hoy.

Foa nació en Haifa en 1937. Obtuvo su licenciatura en Psicología y Literatura en la Universidad Bar Ilan en 1962, y completó su doctorado en Psicología Clínica en la Universidad de Missouri en 1970. A lo largo de su carrera publicó más de 500 artículos y libros, y formó a generaciones de clínicos e investigadores alrededor del mundo.

Sus reconocimientos incluyen el Premio por Contribuciones Científicas Distinguidas a la Psicología Clínica de la American Psychological Association, el Premio de Logros de por Vida de la International Society for Traumatic Stress Studies, y fue nombrada una de las 100 Personas Más Influyentes del Mundo por la revista TIME en 2010.

Su influencia llegó incluso a la clasificación diagnóstica: fue presidenta del subcomité del DSM-IV para el TOC y co-presidió el subcomité para el TEPT. Pocas personas han tenido tanto peso simultáneo en la investigación, la práctica clínica y la política científica de una disciplina.

Tengo un arrepentimiento concreto relacionado con ella: hace unos años hubo un entrenamiento en Argentina en el que Foa participaba como formadora. No fui. Las razones de ese momento me parecieron suficientes entonces. Hoy no. Hay cosas que uno entiende solo cuando ya no son posibles.

Su trabajo, sin embargo, sigue vivo y disponible. La Exposición Prolongada está manualizada. Sus textos son accesibles. Sus videos de entrenamiento circulan. Eso es, en parte, lo que hace grande a un científico: que su contribución sobreviva su presencia.

Desde Psyciencia queremos reconocer lo que significó Edna Foa para la psicología clínica basada en evidencia, y para todos quienes trabajamos tratando de reducir el sufrimiento de las personas con herramientas que realmente funcionan. Fue una de las grandes.

Otras voces

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  • Análisis

Mi mente sigue quedándose en blanco. ¿Debería preocuparme?

  • 18/03/2026
  • The Conversation

Por Sophie Andrews en The Conversation

Todos hemos pasado por eso. Ya sea en un momento crucial de un examen, al entrar a una habitación con un propósito específico, o al dar un discurso improvisado, la mente se queda en blanco.

Puede ser frustrante, estresante o preocupante.

Pero ¿qué está pasando realmente en tu cerebro? ¿Y cuándo deberías consultar a tu médico?

¿Qué es la mente en blanco?

Una de las primeras observaciones de la psicología es que nuestros pensamientos generalmente producen una corriente de conciencia que fluye casi constantemente.

A veces nuestra atención y pensamientos están enfocados. Otras veces, la mente divaga.

Pero con menos frecuencia (quizás alrededor del 15% del tiempo) la mente se queda completamente en blanco. Por eso, en los últimos años, los investigadores han comenzado a intentar descubrir por qué ocurre esto.

La mente en blanco puede ocurrir cuando intentamos recuperar un recuerdo y lo encontramos desaparecido. Esto podría ser olvidar completamente las respuestas a las preguntas de un examen, o no recordar por qué entramos a una habitación.

También puede ocurrir cuando no somos conscientes de estar pensando en absoluto. Alguien podría hacernos una pregunta y nos damos cuenta de que habíamos «desconectado».

A veces esa desconexión se debe a que la mente divaga, y somos conscientes de nuestros pensamientos. Sin embargo, otras veces, cuando no estamos seguros de a dónde fue nuestra mente, eso es la mente en blanco.

Algunas personas son mucho más propensas que otras a decir que su mente se queda en blanco. Entre ellas se encuentran personas con TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) o ansiedad.

La mente en blanco también es más común en ciertos tipos de demencia, como la demencia con cuerpos de Lewy, en personas con privación de sueño o después de ejercicio físico intenso.

Empecemos por el cerebro

Para entender qué causa que la mente se quede en blanco, necesitamos partir de cómo el cerebro normalmente presta atención y forma nuevos recuerdos.

Una red cerebral clave involucrada en estos procesos es la red de atención ejecutiva. Se trata de una red de regiones cerebrales interconectadas que resulta importante para mantenerse alerta, prestar atención y sentirse motivado.

Estas áreas cerebrales están conectadas a regiones de la capa externa del cerebro, la corteza frontal y parietal, que apoyan la planificación, la toma de decisiones y la integración sensorial.

Esta red de atención ejecutiva se utiliza tanto para enviar información a los sistemas de memoria para su almacenamiento, como para recuperar esos recuerdos cuando los necesitamos.

Uno de los neuroquímicos clave que sostiene esta red es la noradrenalina, también conocida como norepinefrina. Esta controla nuestra alerta y disposición para la acción.

¿Qué ocurre cuando la mente se queda en blanco?

Una alteración en cualquier parte de la red de atención ejecutiva puede afectar la capacidad del cerebro para prestar atención y recuperar recuerdos, lo que lleva a la mente en blanco.

Cuando nos falta sueño

La fatiga causada por la privación del sueño o los trastornos del sueño puede impactar la parte de alerta de la red.

Cuando estamos muy cansados, podemos experimentar «sueño local«. Esto es cuando la actividad en partes de nuestro cerebro es similar al sueño aunque estemos despiertos. Esto puede causar que el sistema de atención se apague temporalmente, lo que los investigadores creen puede llevar a la mente en blanco.

Las investigaciones de neuroimagen muestran que partes de la red de atención ejecutiva se «desactivan» durante la mente en blanco.

Esto probablemente explica lo que causa el tipo de mente en blanco de «desconexión».

Cuando estamos estresados

Los altos niveles de estrés o ansiedad, como los que podríamos experimentar en una sala de exámenes, pueden resultar en niveles elevados de noradrenalina. Esto pone al cuerpo en «modo de lucha o huida».

Esto enfoca nuestra atención en las amenazas inmediatas, reduciendo su capacidad para recuperar lo que considera recuerdos no esenciales, como la información que estuviste repasando el día anterior.

Cuando hacemos múltiples tareas a la vez

Si la red de atención ejecutiva no codifica un recuerdo eficientemente en primer lugar —porque, por ejemplo, estábamos haciendo varias tareas a la vez o distraídos—, es posible que no pueda recuperarse fácilmente después. Esto también puede llevar a la mente en blanco.

¿Cuándo es momento de consultar al médico?

Si bien la mente en blanco es común y generalmente no es motivo de preocupación, su ocurrencia frecuente puede ser señal de una condición médica.

Algunas condiciones que afectan estos sistemas de red de atención incluyen depresión, ansiedad, demencia o accidente cerebrovascular. Una condición que afecta los propios sistemas de memoria, como el Alzheimer, también puede parecerse a la mente en blanco, al igual que algunos tipos de convulsiones.

En general, si has notado que la mente en blanco se vuelve más frecuente, si ha habido un inicio repentino de síntomas, o si tus amigos o familiares han expresado preocupación, consulta a tu médico para un chequeo.

Si has notado algún cambio en tu capacidad para realizar tus actividades diarias, o te encuentras confundido o desorientado, también deberías consultar a tu médico.

Si vas al médico para un chequeo, es probable que tome tu historial médico y te haga algunas preguntas para evaluar tus habilidades de pensamiento y memoria.

También puede referirte a una evaluación neuropsicológica o neurológica, o solicitar un estudio de imagen cerebral (como una tomografía computarizada o resonancia magnética) para verificar si hay cambios cerebrales causados por un accidente cerebrovascular o demencia.

Artículo original publicado en The Conversation y cedido para su republicación en español en Psyciencia.

  • Recursos

¿Cuál es la mejor postura para dormir?

  • 12/03/2026
  • David Aparicio

Cada noche adoptamos una postura sin pensarlo dos veces: boca arriba, de lado, boca abajo, encogidos como un caracol. Pero ¿sabías que la posición en la que duermes puede tener efectos reales sobre tu salud física y mental?

Un nuevo video de TED-Ed, dirigido por Sofia Pashaei y narrado por Susan Zimmerman, aborda precisamente esta pregunta con base en la investigación de Rachel Marie E. Salas, neuróloga especializada en medicina del sueño.

Aunque en el lenguaje popular existen decenas de nombres creativos para describir cómo dormimos —el zombi, el escalador, el soldado, el caído libre— los expertos en sueño simplifican estas posturas en tres grandes categorías: de lado, boca abajo y boca arriba. Y cada una tiene implicaciones distintas para el organismo.

El video explora cómo el tiempo que pasamos en cada posición afecta cosas tan diversas como la calidad del descanso, la salud de la columna, la circulación, e incluso la consolidación de la memoria durante el sueño.

¿Por qué esto es importante?

El sueño es uno de los pilares más sólidos de la salud mental. Sabemos desde hace tiempo que la privación o la mala calidad del sueño está asociada con mayor vulnerabilidad a trastornos del estado de ánimo, ansiedad, deterioro cognitivo y dificultades en la regulación emocional. Sin embargo, raramente hablamos con nuestros pacientes sobre cómo duermen, más allá de cuántas horas.

Este video ofrece una forma accesible y visualmente atractiva de introducir el tema del higiene del sueño en el trabajo clínico o psicoeducativo.

  • Ciencia

Las infecciones virales alteran la memoria y el pensamiento a través del sistema inmune

  • 11/03/2026
  • David Aparicio

Cuando el cuerpo combate una infección viral, el sistema inmune desencadena una respuesta que puede dejar huellas duraderas en la memoria y la capacidad de concentración. Una revisión sistemática publicada en Neuroscience & Biobehavioral Reviews analizó datos de más de 25.000 pacientes con distintas enfermedades virales y encontró patrones inmunológicos compartidos que comprometen funciones cognitivas específicas, independientemente del virus en cuestión.

El problema que todos conocen pero pocos han estudiado en conjunto

Quienes han padecido COVID-19 prolongado conocen bien la sensación: dificultad para concentrarse, pensamiento enlentecido, olvidos frecuentes. Este fenómeno, conocido popularmente como «niebla mental», también aparece en personas que viven con VIH, herpes o hepatitis. Sin embargo, hasta ahora la investigación abordaba cada enfermedad por separado, lo que dificultaba identificar si distintos virus comparten los mismos mecanismos que afectan al cerebro.

El equipo liderado por Anthony Nuber-Champier, doctorando en la Universidad de Ginebra y los Hospitales Universitarios de Ginebra, se propuso trazar un mapa común. «Nuestro objetivo era adoptar un enfoque transdisciplinario para superar la perspectiva fragmentada que prevalece en este campo», explicó Julie Péron, profesora asociada de la Universidad de Ginebra y coautora del estudio.

Cómo se realizó la revisión

El equipo partió de 931 artículos científicos y los filtró hasta seleccionar 32 estudios que cumplían criterios estrictos de inclusión. La muestra final reunió datos de más de 25.000 pacientes adultos con infecciones virales —COVID-19, VIH, herpes y hepatitis, entre otras— y sin enfermedades oncológicas ni trastornos psiquiátricos previos que pudieran confundir los resultados.

A diferencia de revisiones anteriores que usaban pruebas cognitivas globales, este estudio se centró en dominios específicos: la memoria episódica (la capacidad de recordar eventos concretos del pasado) y la velocidad de procesamiento (la rapidez con que el cerebro comprende y responde a la información).

Qué encontraron: la inflamación como denominador común

Los resultados muestran una relación consistente entre la inflamación persistente y el deterioro en dominios cognitivos concretos.

Citocinas proinflamatorias y memoria. Niveles elevados de interleucina-6 y factor de necrosis tumoral (TNF) se asociaron con peor rendimiento en memoria episódica y mayor lentitud en el procesamiento mental.

Monocitos activados y velocidad de pensamiento. Una alta concentración de monocitos circulantes —un tipo de glóbulo blanco— correlacionó con menor velocidad de procesamiento y menor flexibilidad cognitiva.

Anticuerpos y atención. Niveles altos de inmunoglobulina G (IgG) se vincularon negativamente con la memoria y la atención. La caída combinada de linfocitos T y B predijo déficits similares en atención.

Estos patrones se asemejan a los cambios biológicos que se observan en el envejecimiento cerebral acelerado.

No todo es negativo: los marcadores que protegen el cerebro

Un hallazgo relevante es que no toda actividad inmune es perjudicial. Algunos marcadores se asociaron con una función cognitiva preservada o incluso mejor:

  • Linfocitos T CD4 elevados se asociaron con mayor velocidad de procesamiento mental.
  • Interleucina-10, una citocina antiinflamatoria, se relacionó consistentemente con mejor memoria y función ejecutiva —las habilidades para planificar, mantener la atención y gestionar múltiples tareas simultáneamente.

Estos datos subrayan que no es la inflamación en sí misma el problema, sino el desequilibrio entre señales proinflamatorias y antiinflamatorias. «Lo que parece decisivo es el equilibrio entre estas diferentes señales inflamatorias para mantener la estabilidad cognitiva a largo plazo», señaló Péron.

Limitaciones y pasos futuros

Los autores reconocen varias limitaciones importantes. La mayoría de los estudios analizados midieron marcadores inmunológicos en sangre periférica, no en líquido cefalorraquídeo, que refleja más directamente lo que ocurre dentro del sistema nervioso central. Tampoco es seguro que los marcadores sanguíneos reflejen fielmente la inflamación que ocurre en el tejido cerebral.

Además, una parte significativa de los datos provino de investigaciones sobre VIH, lo que podría limitar la generalización de algunos hallazgos. Muchos estudios utilizaron pruebas de cribado cognitivo básicas, insuficientemente sensibles para captar cambios sutiles en dominios específicos.

Los investigadores proponen que estudios futuros combinen evaluaciones neuropsicológicas detalladas con neuroimagen avanzada, y que consideren variables como la reserva cognitiva —la capacidad del cerebro para compensar daños—, factores genéticos y determinantes sociales.

Por qué importa en la práctica clínica

Si los perfiles inmunológicos pueden predecir qué pacientes tienen mayor riesgo de deterioro cognitivo tras una infección viral, se abre la posibilidad de intervenciones tempranas. En el futuro, los profesionales de salud podrían identificar biomarcadores de alarma y actuar antes de que el daño cognitivo se vuelva significativo.

Para quienes trabajan en salud mental, estos hallazgos refuerzan la importancia de evaluar sistemáticamente la cognición en pacientes con infecciones virales crónicas o prolongadas, más allá de los síntomas emocionales evidentes.

Referencia: Nuber-Champier, A., Bréville, G., Lalive, P. H., Assal, F., & Péron, J. A. (2025). Immune-cognitive relationships across viral infections: A transnosological systematic review. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2025.106097

  • Clínica
  • Exclusivo para miembros de Psyciencia Pro

Whatsapp como herramienta de defusión: una experiencia clínica con ansiedad por salud

  • 11/03/2026
  • David Aparicio

La defusión cognitiva es uno de los procesos centrales de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), y también uno de los más difíciles de enseñar en consulta. No porque los conceptos sean complicados, sino porque requiere que el paciente desarrolle una habilidad experiencial que no puede simplemente explicarse: la capacidad de notar que está teniendo un pensamiento, sin confundirse con él.

En pacientes con ansiedad por salud, esto tiene una dificultad adicional. La fusión no se presenta como irracionalidad obvia. Se presenta disfrazada de responsabilidad, de prudencia, de cuidado. «Tengo que saber qué me pasa» no suena a pensamiento ansioso. Suena a sentido común.

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  • Definiciones

Término de la semana: Priming semántico

  • 11/03/2026
  • David Aparicio

Cada miércoles, un término del Diccionario de Psicología y Neurociencias de la APA para enriquecer tu vocabulario y comprensión psicológica.

Priming semántico:

Fenómeno por el cual la exposición a un estímulo (prime) facilita el procesamiento de un estímulo relacionado semánticamente presentado posteriormente. Esta facilitación se manifiesta en tiempos de reacción más rápidos o mayor precisión en tareas de reconocimiento.

Ejemplo

«Después de leer la palabra ‘doctor’, las personas reconocen más rápidamente la palabra ‘enfermera’ que una palabra no relacionada como ‘mantequilla’, debido a la activación automática de conceptos semánticamente asociados.»

Investigaciones relevantes:

  •  Semantic priming: Perspectives from memory and word recognition. McNamara, T. P. (2005). Psychology Press.  Revisión comprehensiva de teorías y evidencia empírica sobre priming semántico, integrando perspectivas de memoria y reconocimiento de palabras.
  • Automatic semantic activation of embedded words. Neely, J. H. (1991). Psychological Review. Estudio clásico que demostró activación automática en redes semánticas, distinguiendo entre procesos automáticos y controlados en el priming semántico.
  • Semantic priming in schizophrenia: An examination. Spitzer, M., Braun, U., Hermle, L., Maier, S. (1993). Journal of Abnormal Psychology.Estudio que documentó priming semántico anormal en esquizofrenia, con activación excesiva de conceptos relacionados, sugiriendo desorganización en redes semánticas.
  • Recursos

Contribución Recíproca entre Psicoterapia Analítica Funcional (FAP) y Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

  • 11/03/2026
  • David Aparicio

FAP y ACT son terapias contextuales dentro de la Ciencia Conductual Contextual, pero parten de bases filosóficas distintas: FAP del conductismo radical y ACT del contextualismo funcional. Esas diferencias generan tensiones poco discutidas sobre cómo se conceptualiza al consultante, el lenguaje y el cambio terapéutico. Aun así, su integración es prometedora: FAP aporta al trabajo con patrones interpersonales y ACT a los procesos intrapersonales desde la flexibilidad psicológica. El artículo de la revista Papeles del psicólogo explora ese potencial y sus límites, y propone líneas de investigación y recomendaciones formativas.

Descarga el artículo en PDF.

  • Análisis

Hacer consciente lo inconsciente

  • 10/03/2026
  • Fabián Maero

Estuve revisando Determined (2023), el extenso alegato del neuroendocrinólogo Robert Sapolsky a favor del determinismo, la doctrina que asume de manera general que la ocurrencia de cualquier evento depende inexorablemente de un estado de cosas anterior. El determinismo es una suposición común para la práctica científica, ya que si los eventos no estuviesen determinados por las condiciones anteriores sería imposible hacer predicciones sobre ellos.

Aplicada a la psicología, esta doctrina sostiene que nuestras acciones no son voluntarias ni libres sino el fruto de un complejo entramado de condiciones previas, de manera que nuestra decisión sobre qué cenar a la noche no es libre ni espontánea, sino que está determinada por la conjunción de factores tales como la comida que tenemos disponible en la heladera, cómo nos ha caído lo que almorzamos, cuánto tiempo hemos pasado sin comer, nuestra historia de alimentación a lo largo de la vida, etcétera.

Los hallazgos empíricos que Sapolsky discute a lo largo del libro, si se pasa por alto el reduccionismo biologicista de algunas de sus interpretaciones, son muy aprovechables para quien tiene algún interés en el tema. En particular, el texto hace referencia a las investigaciones de Libet, una línea de investigación que siempre me ha fascinado y sobre la cual quisiera compartir algunas observaciones con ustedes.

En la década del 80, Benjamin Libet condujo una serie de investigaciones con un diseño muy particular, que de forma simplificada puede describirse así: se instalan sensores que registran la actividad de los músculos y el sistema nervioso de un sujeto de investigación, luego se le presenta un botón y se le pide que lo presione en cualquier momento, indicando, gracias a un cronómetro convenientemente instalado, el momento exacto en el que decide presionarlo. De esta manera se identifican tres eventos: el momento en que la persona decide conscientemente llevar a cabo el movimiento, la activación de la corteza motora del cerebro, y la pulsación del botón.

Los experimentos mostraron que hubo un retraso de unos 200 milisegundos entre el momento de la decisión consciente y la pulsación del botón, algo esperable por el tiempo que requiere la conducción del impulso nervioso. Pero lo notable es que fue posible detectar en la corteza motora del cerebro un potencial de preparación para el movimiento antes –unos 300 milisegundos antes– de la decisión consciente. Notarán que el orden de los eventos es contraintuitivo. Lo esperable sería que en primer lugar, la persona tome conscientemente la decisión, luego se active la corteza motora y finalmente se presione el botón. En lugar de eso, las investigaciones mostraron que la decisión consciente sucede después de que el proceso motor ha comenzado. Este hallazgo ha sido replicado de muchas maneras por distintos equipos a lo largo de los últimos cuarenta años, por lo que es un fenómeno que cuenta con un respaldo experimental bastante sólido.

Como podrán imaginarse, esos hallazgos han escandalizado a más de uno. Si se toman en serio, implican que no decidimos conscientemente qué hacer, sino que nuestro “elegir” consiste más bien en reportar qué acción ha empezado a suceder. No somos el conductor del autobús, sino un pasajero sentado en el primer asiento sin injerencia directa sobre el rumbo de la máquina. Llegamos tarde a nosotros mismos, ya que en el momento en que creemos decidir algo la acción ya ha empezado. Son hallazgos cuanto menos inquietantes para cualquier defensor del libre albedrío, y por ello aún hoy se continúan debatiendo acaloradamente.

Artículo recomendado: La creencia en el libre albedrío y su influencia en la psiquiatría

Pero al margen de la discusión sobre el libre albedrío, desde un punto de vista estrictamente conductista los hallazgos de esta línea de investigación no solo no resultan sorprendentes, sino que son de hecho bastante esperables.

Verán, desde hace unos ochenta años el conductismo entiende por “conciencia” a la conducta de responder (verbalmente) a las propias respuestas (Skinner, 1945). Ser consciente es responder a uno mismo. Más precisamente, se trata de una clase de conducta que consiste en emitir respuestas verbales controladas –al menos parcialmente– por la estimulación proveniente del propio organismo, sea observable o encubierta (movimientos, gestos, sensaciones somáticas, habla subvocal, etc.). La conciencia no es sentir o pensar, sino responder a lo que sentimos y pensamos. Por ello la conciencia no es causa de las conductas, sino más bien un reporte de ellas: lo que estoy haciendo, sintiendo, y sus circunstancias e historia. Es una conceptualización descriptiva de lo que sucede de manera general en las situaciones en las que hablamos de conciencia, las condiciones habituales del uso del término.

De acuerdo con esta conceptualización, la conciencia es resultado de un entrenamiento socioverbal. A medida que nos enseña el lenguaje, nuestra comunidad verbal (nuestra sociedad y cultura) de manera explícita o implícita se interesa por nuestra conducta (en particular, y justamente por ello, por sus aspectos privados): ¿qué estás haciendo? ¿dónde te duele? ¿qué hiciste? ¿qué sentís? ¿Qué temés? ¿qué deseás?, y refuerza cuando emitimos respuestas verbales controladas por esa estimulación: estoy pensando, me duele el pecho, me escondí, tengo frío, temo que las cosas no vayan a mejorar, ojalá que las cosas mejoren.

Un motivo posible para esto es que le permite a la comunidad verbal predecir e influenciar más eficazmente la conducta de quien hace el reporte. Cuando sabemos qué piensa y siente otra persona podemos lidiar mejor con ella; a su vez, expresar lo que piensa y siente le brinda a ella un grado de influencia sobre nuestras acciones. Para una especie hipercooperativa como la nuestra (Burkart et al., 2014), ésta es una práctica cultural que proporciona ventajas adaptativas decisivas para el grupo que la adopta (un grupo más coordinado funciona mejor), pero que también conlleva algunos beneficios para el individuo, como veremos más adelante.

La cuestión es que para responder a las indagaciones de la comunidad es necesario responder discriminativamente a uno mismo, diferenciar los aspectos de la experiencia empleando el vocabulario y las prácticas de la propia comunidad verbal. Distinguir una estimulación de otra, aprender a decir “miedo” frente a una constelación de estímulos, “duele” frente a otra, y “pienso” frente a una tercera, y así de manera cada vez más sutil (pensar, considerar, dudar, anticipar, etc.). En otras palabras, la comunidad nos enseña a mirarnos a nosotros mismos y nos proporciona un vocabulario y prácticas para hacerlo, de manera que tanto el surgimiento de nuestra conciencia como la forma y funciones de nuestro mundo interno son productos socioculturales.

Las investigaciones de Libet se vuelven mucho más comprensibles a la luz de esta forma de entender a la conciencia. La conciencia de tomar la decisión viene con retraso respecto al inicio de la actividad motora porque no es su causa sino una respuesta a ella –también podríamos decir que no la inicia sino que la reporta. El retraso entre el inicio de la acción y la decisión consciente sería el lapso que media entre (1) el inicio de la emisión de la respuesta operante de presionar el botón y (2) una respuesta verbal controlada principalmente por la activación motora de la primera –quizá bajo la topografía “ahora” o alguna otra–, a la cual le atribuimos poder causal sobre la primera porque la hace visible, por así decir. Presionar el botón en cualquier momento es una respuesta operante común que puede llevar a cabo tanto un humano como una paloma controlados por estímulos cualesquiera del ambiente, pero apenas ésta se inicia, y bajo las condiciones adecuadas, los seres humanos emitimos una segunda respuesta controlada por la estimulación de la primera y que por ello puede alterar su curso antes de que se complete, como cuando nos “mordemos la lengua” al percatarnos de que estamos por decir algo inapropiado.

La reconceptualización conductual implica varios cambios respecto a la forma tradicional de pensar a la conciencia.  En primer lugar, toda la conducta es en principio inconsciente, ya que la conciencia es algo que sobreviene como resultado de formar parte de una comunidad verbal que se interesa de ciertas maneras por la actividad de sus integrantes: “Toda la conducta, humana y no humana, es inconsciente; se vuelve “consciente” cuando los ambientes verbales proporcionan las contingencias necesarias para la autoobservación” (Skinner, 1987, p. 782). La conducta no es consciente sino que puede serlo. Basta considerar la cantidad de botones que pulsamos durante el día sin conciencia ni decisión intencional de hacerlo.

También implica que la conciencia no es un fenómeno continuo sino episódico. Somos conscientes sólo durante los fugaces momentos en los cuales ciertas características del contexto despiertan esa porción de nuestro repertorio conductual. Finalmente, no es un fenómeno universal y homogéneo sino que, al ser un producto social, “diferentes comunidades verbales generan distintas formas y grados de conciencia” (Skinner, 1974, p. 243). No es un fenómeno único sino una clase o familia de respuestas heterogéneas que comparten la característica funcional de estar parcialmente controladas por la estimulación proveniente de la propia persona.

Conducta, Conciencia y Clínica

La conceptualización conductual de la conciencia nos conduce a un corolario clínico que podría escribirse así: una parte significativa del trabajo clínico en la terapia de conducta consiste en hacer consciente lo inconsciente.

Alguien va a leer esto y se le va a zafar un tornillo, lo sé, pero creo que no es una afirmación inconsistente con la perspectiva conductual.

Por supuesto, no me refiero a “inconsciente” en sentido psicodinámico, como entidad o constructo, sino descriptivo. Como hemos visto, “toda conducta es básicamente inconsciente en el sentido de que está moldeada y mantenida por contingencias que son efectivas aunque no sean observadas ni analizadas” (Skinner, 1969, p. 246).

La conciencia es un fenómeno que se le añade a las respuestas –inicialmente para beneficio de la comunidad verbal, pero no es la única que sale ganando con este repertorio. Cuando una persona se vuelve consciente de sus acciones y circunstancias gana un grado de control sobre sí misma: “una persona que se ha vuelto ‘consciente de sí misma’ por las preguntas que se le hicieron está en mejor situación de predecir y controlar su propia conducta. (Skinner, 1974, p.35).

Volvernos conscientes de una respuesta y sus circunstancias nos permite anticipar su ocurrencia, inhibirla o modificarla apenas comienza, o revertirla una vez que se ha emitido. Si me permiten sugerirles un pequeño experimento, la próxima vez que tomen el celular digan en voz alta lo que están haciendo (“revisando las redes sociales”, “mirando el correo”, etc.); con un poco de suerte, esa pequeña descripción puede aumentar la conciencia sobre lo que están haciendo y facilitar un mayor control sobre el scrolling.

Por esto el trabajo clínico –que es la acción de la pequeña pero genuina comunidad verbal que es la alianza terapéutica– tiende a fomentar la conciencia de las propias respuestas (es decir, responder verbalmente a ellas), a través del análisis funcional en sesión, del registro de la conducta, y de otras herramientas similares. Por ejemplo, el trabajo clínico con una persona que se autolesiona suele incluir ayudarla a identificar no sólo las características topográficas de sus conductas autolesivas sino también las circunstancias, pensamientos, sentimientos y respuestas observables que suelen precederlas.

Esto puede requerir en primer lugar proporcionar criterios para discriminar más finamente los aspectos de su experiencia –es decir, llevar a cabo alguna forma de psicoeducación que oriente la atención hacia la acción, que ayude a identificar distintas emociones, a distinguirlas de pensamientos y acciones, etcétera. La microcomunidad verbal clínica induce a responder a los propios eventos más frecuentemente y con mayor detalle, y de esa manera aumenta el control sobre la propia conducta. Ahora bien, de acuerdo con la definición que hemos revisado, esto involucra alterar el grado y tipo de conciencia. Eventos de los cuales la persona no era consciente –o de los cuales lo era de manera débil o difusa– se vuelven conscientes y por ello susceptibles de un manejo más efectivo.

La clínica conductual fomenta una conciencia más poblada, refinada, efectiva. Por esto dije que una parte significativa del trabajo clínico en la terapia de conducta consiste en hacer consciente lo inconsciente, es decir, hacer consciente la conducta. No en el sentido psicodinámico de interpretar lo que está oculto, sino en el sentido de establecer repertorios de autoobservación y descripción verbal de la conducta y su contexto.

Claro está, la conciencia no siempre alcanza para generar un cambio clínico, y en algunos casos hasta puede ser contraproducente: “La conciencia puede ayudar si el problema es en parte , y un insight sobre la propia condición puede ser útil si se toman medidas correctivas. Sin embargo, la conciencia o el insight por sí mismos no siempre son suficientes, y pueden ser excesivos. No es necesario ser consciente de la propia conducta ni de las condiciones que la controlan para actuar efectivamente o no. Por el contrario, como demuestra la fábula del sapo y el ciempiés, la autoobservación constante puede ser un obstáculo. El pianista consumado tendría un mal desempeño si fuera tan consciente de su comportamiento como el estudiante que apenas está aprendiendo a tocar” (Skinner, 1971, p. 189). Quienes nos dedicamos a la clínica solemos encontrarnos con el “síndrome del diván”, en el cual una persona que ha realizado muchos años de psicoanálisis está tan orientada a sus pensamientos y sentimientos que se le vuelve difícil actuar de manera efectiva. La conciencia es sólo el primer paso.

Haciendo esa salvedad, ayudar a traer a la luz lo que estaba en penumbras, a exponer respuestas y patrones de respuestas, sus características y circunstancias, es un procedimiento conductual clínico de valor inestimable. La conciencia no causa la conducta, pero modifica las condiciones bajo las que ocurre. La exploración desde una perspectiva conductual de las formas y funciones de la conciencia, tanto en la clínica como el laboratorio, resulta entonces una tarea valiosa y necesaria.

Referencias

  • Burkart, J. M., Allon, O., Amici, F., Fichtel, C., Finkenwirth, C., Heschl, A., Huber, J., Isler, K., Kosonen, Z. K., Martins, E., Meulman, E. J., Richiger, R., Rueth, K., Spillmann, B., Wiesendanger, S., & Van Schaik, C. P. (2014). The evolutionary origin of human hyper-cooperation. Nature Communications, 5, 1–9. https://doi.org/10.1038/ncomms5747
  • Sapolsky, R. M. (2023). Determined: A Science of Life without Free Will. Penguin Press.
  • Skinner, B. F. (1945). The operational analysis of psychological terms. Psychological Review, 52(5), 270–277. https://doi.org/10.1037/h0062535
  • Skinner, B. F. (1969). Contingencies of Reinforcement. Appleton-Century-Crofts.
  • Skinner, B. F. (1971). Beyond freedom and dignity. Penguin Books.
  • Skinner, B. F. (1974). About behaviorism. Random House.
  • Skinner, B. F. (1987). Whatever happened to psychology as the science of behavior? American Psychologist, 42(8), 780–786. https://doi.org/10.1037/0003-066X.42.8.780

Pie de página:

 En realidad, el símil más preciso que se me ocurre es Maggie moviendo un volante falso en la apertura de Los Simpsons, creyendo que altera el rumbo del automóvil.

 Por supuesto, no hace falta que se refuerce cada vez: como con cualquier conducta operante, basta con que sea reforzada de tanto en tanto.

 La causa de la acción tampoco es el cerebro, de paso: el cerebro es parte del organismo (podríamos decir que es parte del mecanismo que culmina en el movimiento del dedo), y en tanto tal, también está controlado en última instancia por el contexto. Caso contrario sería como decir que la causa de estas líneas es el procesador de mi computadora. La causa de una conducta nunca es otra conducta (aunque la estimulación surgida de una conducta puede ser parte de los antecedentes para la siguiente).

 No debemos confundir “consciente” con “sintiente”. Un animal puede “sentir” estímulos dolorosos y actuar al respecto, sin que esto implique conciencia en el sentido aquí expuesto.

 A lo que añade en el mismo párrafo: “Una ciencia independiente de lo subjetivo sería una ciencia independiente de las comunidades verbales”. Vale la pena destacar esto a la luz de que la mayoría de las investigaciones en conciencia actuales investigan el fenómeno dejando el contexto sociocultural en un lejanísimo segundo plano.

 Es decir, se trata en última instancia del mismo beneficio que tiene para la comunidad: predecir e influenciar las respuestas subsiguientes.

 El propio Skinner señaló que el psicoanálisis puede ser positivo al contribuir a mejorar el autoconocimiento de las respuestas privadas (Skinner, 1953, p. 287).

La entrada Hacer consciente lo inconsciente se publicó primero en Grupo ACT Argentina.

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Formación clínica en ansiedad: con pasantías supervisadas y casos reales

  • 10/03/2026
  • David Aparicio

Si trabajas con pacientes con ansiedad (o quieres empezar a hacerlo con una base sólida), este diplomado de CETECIC es una de las formaciones más completas que vas a encontrar en español.

El Diplomado Profesional en TCC de los Trastornos de Ansiedad es un programa de 2 años, 100% online, con 310 horas de formación que incluyen algo que pocos ofrecen: pasantías clínicas supervisadas con pacientes reales desde el primer año.

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¿Qué es el TOC? Recurso psicoeducativo para usar con tus pacientes

  • 10/03/2026
  • David Aparicio

Uno de los primeros pasos en el tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo es ayudar a la persona a entender qué le está pasando. Sin embargo, explicar el ciclo obsesivo-compulsivo en sesión no siempre es suficiente. Muchos pacientes necesitan un material que puedan llevarse a casa, revisar con calma y, en algunos casos, compartir con sus familiares.

Con eso en mente, preparé esta hoja informativa que te ayudará a explicar a los pacientes las características del TOC.

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  • Ciencia

La necesidad psicológica de certeza se asocia con el voto a partidos de extrema derecha

  • 09/03/2026
  • David Aparicio

¿Por qué hay personas que, ante un mundo que se siente cada vez más caótico, buscan respuestas simples, líderes fuertes y enemigos claros? Una parte de la respuesta podría estar en algo muy básico: la capacidad de tolerar no saber.

Un nuevo estudio publicado en Personality and Individual Differences propone que la forma en que una persona maneja la incertidumbre —lo que en psicología se llama tolerancia a la ambigüedad— influye directamente en sus preferencias políticas. Quienes tienen más dificultades para convivir con lo incierto tienden a adoptar visiones del mundo más rígidas y, como consecuencia, son más propensos a votar por partidos de extrema derecha.

¿Qué es la tolerancia a la ambigüedad?

La tolerancia a la ambigüedad describe qué tan bien una persona puede procesar información compleja, contradictoria o desconocida sin sentirse amenazada. Quienes tienen una tolerancia alta aceptan que el mundo es complicado y lleno de matices. Quienes tienen una tolerancia baja tienden al pensamiento en blanco y negro: buscan reglas claras y respuestas simples.

Investigaciones anteriores habían señalado que los rasgos de personalidad influyen en el comportamiento electoral, pero el mecanismo exacto no estaba del todo claro. Las investigadoras Almuth Lietz (Centro Alemán para la Investigación de Integración y Migración / Universidad Goethe de Fráncfort) y Sabrina Jasmin Mayer (Universidad de Bamberg) propusieron que la tolerancia a la ambigüedad actúa como puente entre la personalidad y la ideología política.

Marco teórico: la entropía psicológica

El estudio se apoya en la teoría de la entropía psicológica, que sostiene que la personalidad está profundamente moldeada por la forma en que cada persona gestiona la incertidumbre y la ansiedad que esta genera. Según este marco, un mundo impredecible produce una sensación de desorden interno, y las personas están motivadas a reducir ese desorden para sentirse seguras.

Las investigadoras hipotetizaron que quienes toleran menos la ambigüedad desarrollan una necesidad intensa de certeza, lo que haría especialmente atractivas ciertas actitudes ideológicas: el autoritarismo de derechas, el sentimiento anti-inmigración y las actitudes populistas.

El estudio

Para poner a prueba estas ideas, las investigadoras analizaron datos de una encuesta en línea realizada en Alemania entre noviembre de 2020 y junio de 2021, con 1.635 participantes de entre 18 y 74 años. La muestra fue seleccionada mediante cuotas por edad, género y región geográfica, e incluyó deliberadamente una proporción alta de personas con origen migrante.

Los participantes completaron cuestionarios que medían:

  • Los cinco grandes rasgos de personalidad (Big Five): apertura a la experiencia, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo.
  • Tolerancia a la ambigüedad.
  • Autoritarismo de derechas, actitudes populistas y sentimiento anti-inmigración.
  • Probabilidad de votar por Alternativa para Alemania (AfD), en una escala de 0 a 10.

Resultados principales

El análisis estadístico reveló que una menor tolerancia a la ambigüedad se asocia significativamente con niveles más altos de autoritarismo de derechas, actitudes populistas y sentimiento anti-inmigración. A su vez, estas orientaciones ideológicas predijeron una mayor probabilidad de votar por la AfD, siendo las actitudes populistas las que mostraron la conexión más fuerte con el voto a este partido.

Un hallazgo que llamó la atención a las propias autoras fue la intensidad de la relación entre baja tolerancia a la ambigüedad y autoritarismo de derechas, más marcada que con las otras dos variables ideológicas. Esto sugiere que el autoritarismo podría estar especialmente ligado a motivaciones epistémicas vinculadas a la reducción de la incertidumbre.

En cuanto a la personalidad, quienes puntuaban alto en apertura a la experiencia y extraversión tendían a mostrar mayor tolerancia a la ambigüedad, mientras que puntuaciones altas en neuroticismo se asociaban con menor tolerancia. Sin embargo, los tamaños del efecto entre rasgos de personalidad y tolerancia a la ambigüedad fueron pequeños, lo que sugiere que la personalidad orienta, pero no determina, la capacidad de manejar la incertidumbre.

Limitaciones

Las autoras señalan varias precauciones importantes. En primer lugar, el diseño es observacional: no permite establecer causalidad. Es posible, por ejemplo, que sostener ideologías rígidas también reduzca la tolerancia a la ambigüedad con el tiempo, no solo al revés.

En segundo lugar, la baja tolerancia a la ambigüedad es una disposición psicológica completamente normal y no debe interpretarse como un déficit. Los rasgos de personalidad tampoco son inherentemente buenos ni malos.

Por último, los datos fueron recogidos durante las primeras etapas de la pandemia de COVID-19, un período de incertidumbre social inusualmente alta, lo que podría haber amplificado las asociaciones observadas.

Implicaciones

«Nuestros hallazgos sugieren que el apoyo a partidos de extrema derecha no se trata únicamente de la ideología en sí, sino también de cómo los individuos afrontan la incertidumbre», señalaron Lietz y Mayer. «Esta mayor necesidad de certeza se vincula, a su vez, con niveles más altos de autoritarismo de derechas, actitudes populistas y sentimiento anti-inmigración, que en última instancia se relacionan con una mayor propensión a votar por partidos como la AfD.»

Las autoras concluyen que comprender cómo las personas gestionan la incertidumbre sigue siendo central para explicar la polarización política contemporánea, y que las respuestas psicológicas a un mundo complejo tienen consecuencias reales para el funcionamiento de las democracias.

Referencia: Lietz, A., & Mayer, S. J. (2025). Navigating Uncertainty: The Role of Tolerance for Ambiguity in Linking Personality Traits to Ideological Variables and Radical Right Voting. Personality and Individual Differences.

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Psicoterapia con población LGTBIQ+ (webinar)

  • 09/03/2026
  • David Aparicio

Aceptar no es suficiente. Trabajar con personas LGTBIQ+ exige competencias clínicas específicas: entender cómo el estigma genera evitación experiencial, rigidez psicológica y dificultades para construir una vida con sentido.

El problema: la mayoría de los programas de formación en español no preparan para esto. Incluso terapeutas con una postura respetuosa cometen errores que dañan el vínculo o perpetúan el sufrimiento.

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  • Recomendados

La comida chatarra arruinó el paladar de los niños

  • 07/03/2026
  • David Aparicio

Helen Zoe Veit en NY Times:

Muchos adultos asumen que los remilgos prolongados son una etapa innata y que a los niños les disgustan muchos alimentos por naturaleza. Pero el melindre infantil generalizado es un fenómeno moderno creado en gran parte por las empresas de comida chatarra que comercializaron productos como los cereales azucarados como alimentos específicos para niños, y convencieron a los estadounidenses de que los niños necesitan alimentos diferentes y fáciles de disfrutar. Esto fomentó una cultura del remilgo que perjudica la salud de los niños y los priva de una serie de placeres y sabores que habrían estado a su disposición en el pasado, todo ello mientras se añade un montón de ansiedad innecesaria a las mesas de todo el país.

Si el melindre prolongado en la infancia fuera evolutivamente protector, esperaríamos verlo aparecer con regularidad en diferentes lugares y épocas. Pero esa delicadeza generalizada no existió hasta el siglo XX. Antes de eso, a los niños a veces les disgustaban alimentos específicos, igual que a algunos adultos. Pero la gente de épocas anteriores no pensaba que la quisquillosidad estuviera relacionada con la edad.

Todo esto cambió cuando empresas de alimentos como General Foods y Nestlé invirtieron dinero en diseñar productos en laboratorios para captar los instintos biológicos de los humanos y hacer que sus alimentos fueran muy difíciles de rechazar. A mediados del siglo XX, miles de alimentos industriales seductoramente dulces, salados y crujientes abarrotaban las estanterías de los supermercados, y muchos de ellos se comercializaban agresivamente para los niños, desde las galletas Goldfish hasta los SpaghettiOs. “Agradable para los niños” surgió como eslogan de mercadotecnia, y las marcas prometían en campañas publicitarias que incluso los comensales más quisquillosos encontrarían su comida irresistiblemente deliciosa. Un anuncio de Kraft de 1960 presentaba a una niña por demás “quisquillosa” que “¡nunca rechaza el suave y dorado Velveeta!”.

Lectura imperdible. Uno de los efectos más silenciosos de la globalización y el capitalismo es que esos hábitos alimentarios ya no son exclusivos de la población estadounidense: se han extendido por todo el mundo. Hoy damos por sentado que los niños necesitan un menú especial, diferente al de los adultos, cuando en realidad esa idea es en gran medida una construcción de las multinacionales alimentarias.

Artículo en NY Times.

  • Ciencia

Después de 13 años, el DSM finalmente sugiere un ajuste en la forma de diagnosticar 

  • 04/03/2026
  • Isabella Mtz Sierra

Los trastornos mentales afectan a 1 de cada 4 adultos, lo que debería hacer el DSM V uno de los manuales más consultados en el mundo. Esta guía, escrita por la APA, enlista síntomas y criterios para orientar al personal de la salud en la dirección correcta de un diagnóstico. 

Sin embargo, hay un debate constante en este campo: es difícil medir la experiencia interna de cada persona – y conectar con la trayectoria propia de los cambios neurológicos, emocionales y fisiológicos, desde este encuadre. 

Una de las principales críticas al manual es que categoriza síntomas y criterios, sin contemplar la etiología completa de la condición. Se reprocha la poca consideración de los factores socioculturales y ambientales, los cuales tienen un peso enorme en la salud mental de la persona.

Por eso, el reciente cambio sugerido por la APA es monumental. A finales de Enero, la Asociación de Psicología Americana finalmente respondió. Se planea hacer un ajuste crucial a este manual, publicado desde el 2013.

Uno de los enfoques centrales de la nueva ruta es ladimensionalidad: la idea de que el diagnóstico no deberá establecerse en categorías fijas, sino que deberá entenderse a lo largo de escalas de síntomas compartidos. 

Además, se incluye un énfasis en los otros factores que causan las enfermedades mentales – desde las razones culturales y ambientales, hasta las biológicas – así como la evaluación adecuada que pueda identificarlas. La nueva versión alza la voz de la persona, dándole espacio a la versión que el paciente tiene sobre el efecto de su condición mental; cómo influye y cómo se siente en su calidad de vida. 

Además, se le cambiará el nombre. Después de 13 años, la guía será conocida como “Manual Diagnóstico y Científico” reflejando el cambio que se plantea sostener. 

Este debate, y los resultados, nos invitan a repensar algo central en el mundo de la psicología: diagnosticar no es etiquetar, es comprender. Hacer un diagnóstico implica abordar una visión integradora, desde la evidencia científica pero sobre todo, con la historia de vida de cada persona. 

Me ilusiona mucho saber que en el mundo profesional de la salud mental, cada vez se logra humanizar más el proceso. No se puede hablar de la salud mental sin tomar en cuenta el contexto de la persona, los determinantes socioeconómicos, su cultura y los biomarcadores que han conformado su vida.  

Fuente: Nature

  • Recomendados

La razón de la buena memoria de los ‘superancianos’

  • 03/03/2026
  • David Aparicio
elderly couple standing beside a glass window

Dana G. Smith en The New York Times:

Un artículo publicado el miércoles en la revista Nature ofrece una nueva explicación posible para esta discrepancia, y aborda uno de los debates más controvertidos de la neurociencia: si los cerebros humanos pueden desarrollar nuevas neuronas en la edad adulta, un fenómeno denominado neurogénesis.

El estudio descubrió que los llamados ‘superancianos’ —personas de 80 años o más que tienen la capacidad de memoria de alguien 30 años más joven— contaban con aproximadamente el doble de neuronas nuevas que los adultos mayores con memoria normal para su edad, y 2,5 veces más que las personas con la enfermedad de Alzheimer. La investigación se enfocó en una zona del cerebro llamada hipocampo, que es importante para el aprendizaje y la memoria y que se cree que es el lugar donde nacen principalmente nuevas neuronas.

“Este artículo muestra pruebas biológicas de que el cerebro que envejece tiene plasticidad”, incluso hasta los 80 años, dijo Tamar Gefen, profesora asociada de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern, quien colaboró en la investigación.

Artículo completo en The New York Times.

  • Ciencia

El efecto óptico de la imagen residual negativa

  • 03/03/2026
  • David Aparicio

Cada tanto el efecto óptico de la imagen residual negativa se populariza en internet. Así que aprovecho para explicar un poco lo que se ve en este interesante video de Inmagic de Instagram.

Pero primero veamos el video:

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Muy bien. Ahora vamos con la explicación:

En los ojos tenemos tres tipos de conos, sensibles a la luz roja, verde y azul. Cuando nos exponemos durante un tiempo a una gran cantidad de luz de un color determinado, esos conos se fatigan y dejan de responder temporalmente. Por eso, al mirar luego una imagen en blanco y negro, solo actúan los conos que no están fatigados, y percibimos los colores complementarios a los «cansados» durante unos segundos, hasta que parpadeamos y los fotorreceptores se recuperan.

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