Litio: qué es, para qué se usa y efectos secundarios
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Guillermo Lahera para El País:
El trastorno bipolar es, probablemente, el trastorno mental grave más banalizado. En contraste con los términos esquizofrenia o anorexia nerviosa, que evocan algo sórdido y oscuro, la llamada “bipolaridad” sugiere una divertida alternancia entre lo expansivo o genialoide y lo triste, entre lo amable y lo colérico. “Mi jefa debe ser bipolar” o “yo es que soy un poco bipolar” ―seguido de una carcajada cómplice― son ya clásicos de las conversaciones triviales contemporáneas. Este malentendido es especialmente injusto con los pacientes y familias que sufren este grave trastorno, que supone la séptima causa de discapacidad mundial.
Y agrega:
El trastorno bipolar es otra cosa. Afecta en torno al 1,5% de la población y es la alternancia de fases de depresión (de verdad, enfermedad depresiva, no “bajones” ni frustraciones) con episodios de manía, en los que el sujeto está anormalmente expansivo o irritable, con verborrea, pensamiento acelerado, ideas megalómanas de omnipotencia, reducción en las horas de sueño (no hay insomnio: al paciente no le hace falta dormir), impulsividad, conductas de riesgo, gastos desorbitados y, casi en la mitad de los casos, delirios y alucinaciones (pueden creer tener poderes o escuchar voces). Es cosa seria: el paciente en absoluto cree tener ningún problema ―es habitual que se niegue a ingresar o tomar medicación― y el cuadro puede acabar de cualquier manera. Afortunadamente, existen fármacos útiles para “bajar” estos cuadros y otros ―las benditas sales de litio, a las que responde totalmente al menos un tercio de los pacientes― que previenen recaídas. Tenemos más problemas para tratar la depresión bipolar, hay menos herramientas y son menos eficaces, y a ella se asocia gran parte de la discapacidad del trastorno.
Christina Caron describe en The New York Times, los peligros del consumo de la marihuana potenciada:
Un estudio riguroso descubrió que el riesgo de padecer un trastorno psicótico era cinco veces mayor entre los consumidores diarios de cannabis de alta potencia en Europa y Brasil que entre los que nunca lo habían consumido.
Otro estudio, publicado en 2021 en JAMA Psychiatry, informó de que, en 1995, solo el dos por ciento de los diagnósticos de esquizofrenia en Dinamarca estaban asociados al consumo de marihuana, pero en 2010 esa cifra había aumentado hasta el seis u ocho por ciento, lo que los investigadores asociaron al aumento del consumo y la potencia del cannabis.
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