Cómo usar ChatGPT para escribir tus artículos sin hacer trampa
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Enrique Alpañés recopila nuevas investigaciones que sugieren que, aunque la tecnología puede tener un impacto negativo, el verdadero problema podría ser la disminución del tiempo al aire libre y del juego físico. La reducción del juego en la calle, debido a la percepción de inseguridad y al aumento de actividades extraescolares y virtuales, ha afectado el desarrollo socioemocional de los niños. Los expertos señalan que las experiencias físicas y sociales reales son cruciales para el desarrollo saludable.
Este artículo es interesante porque desafía la narrativa simplista de que la tecnología es la principal culpable de los problemas de salud mental en los jóvenes, sugiriendo en cambio una visión más compleja que incluye cambios en el estilo de vida y el entorno social.
Rebecca Jennings escribió en Vox sobre el fenómeno de los terapeutas que están dejando el consultorio para dedicarse a hacer videos en TikTok y ganar mucho más dinero. En su artículo, Jennings destaca cómo algunos profesionales de la salud mental están optando por crear contenido en redes sociales en lugar de atender a sus pacientes de manera tradicional. Esta tendencia surge en un momento en que tanto los terapeutas como sus pacientes parecen estar experimentando una fatiga hacia la terapia convencional. En lugar de las sesiones privadas y confidenciales, estos terapeutas ahora producen videos accesibles a millones de personas, lo que les permite obtener ingresos significativamente mayores a través de acuerdos con marcas, venta de mercancía y suscripciones directas. Un ejemplo destacado es el de @TherapyJeff, cuyo nombre real es Jeff Guenther, un terapeuta de Portland, Oregón, que ha logrado multiplicar por ocho o nueve sus ingresos anuales gracias a su presencia en redes sociales.
¿Por qué atender 25 pacientes a la semana cuando puedes hacer un TikTok de 30 segundos? Si la motivación es puramente financiera, tiene todo el sentido del mundo. Sin embargo, si se trata de proporcionar atención genuina en salud mental, entonces no. Desde mi perspectiva, el artículo plantea una cuestión crucial sobre el equilibrio entre la democratización del acceso a la información sobre salud mental y la necesidad de mantener la calidad y efectividad del tratamiento. Si bien los videos en redes sociales pueden servir como una herramienta complementaria útil, es fundamental que las personas no los vean como un sustituto de la terapia profesional, especialmente para aquellos que requieren un apoyo más profundo y personalizado. Es importante que los profesionales de la salud mental transmitan claramente que hacer un video de TikTok no equivale a proporcionar terapia, y que se ejerza un cuidado especial al comunicar esta idea.
Anna Gibbs para The New York Times:
En parte, simplemente porque mantener la higiene —como lavarse los dientes y las manos— requiere energía, y un síntoma común de la depresión es la fatiga.
Por eso, aunque quieras ducharte, es posible que no tengas energía para hacerlo, explicó Christine Judd, psicoterapeuta y trabajadora social de salud mental en Australia.
Pero ducharse supone un reto especial. Según Patrick Bigaouette, psiquiatra de la Clínica Mayo, la depresión puede mermar la capacidad de resolver problemas, tomar decisiones y fijarse objetivos. Eso puede dificultar muchas tareas, pero sobre todo las que tienen varios pasos.
“Si lo desglosamos, en realidad son muchos los pasos que hay que dar para ducharse”, dijo Bigaouette. Una sola ducha puede incluir desvestirse, abrir el grifo, enjabonarse, lavarse el pelo, afeitarse, enjuagarse, secarse y elegir qué ponerse.
El artículo es excelente porque detalla cómo una conducta aparentemente «sencilla» puede resultar sumamente compleja y desafiante para alguien que enfrenta un episodio depresivo. Además, introduce los principios de la activación conductual para desglosar una conducta en pasos más pequeños y manejables, facilitando su ejecución.
Ellen Barry para The New York Times:
Los servicios de salud mental para empleados se han convertido en una industria millonaria. A los recién contratados, una vez que han encontrado dónde se ubican los baños y se han inscrito en los planes de ahorro para el retiro, se les presenta una panoplia de soluciones digitales de bienestar, seminarios de mindfulness, clases de masaje, talleres de resiliencia, sesiones de coaching y aplicaciones para dormir.
Estos programas son un motivo de orgullo para los departamentos de recursos humanos con visión de futuro, una prueba de que los empresarios se preocupan por sus trabajadores. Pero un investigador británico que analizó las respuestas de 46.336 trabajadores de empresas que ofrecían estos programas descubrió que las personas que participaban en ellos no estaban mejor que sus compañeros que no participaban.
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En la amplia población del estudio, ninguna de las demás ofertas —aplicaciones, coaching, clases de relajación, cursos de gestión del tiempo o de salud financiera— tuvo ningún efecto positivo. De hecho, los cursos sobre resiliencia y gestión del estrés parecían tener un efecto negativo.
“Es un hallazgo bastante controvertido que estos programas tan populares no fueran eficaces”, dijo William Fleming, autor del estudio y miembro del Centro de Investigación en Bienestar de la Universidad de Oxford.
Básicamente la investigación encontró que si los empleadores están realmente interesados en mejorar la salud mental de sus colaboradores deben invertir su presupuesto en mejorar los horarios de trabajo, mejores remuneraciones y revisiones de rendimiento, en vez de gastar dinero en programas de coaching para que los colaboradores regulen su estrés.
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