Preocupación: ¿hasta cuando sirve preocuparnos?
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Actualmente se cree que las expresiones faciales de las emociones son universales y que no están determinadas por la cultura. Paul Ekman es uno de los psicólogos investigadores más representativos de esta teoría y quizás muchos de ustedes han escuchado o leído algo de su trabajo. La universalidad de las emociones y su expresión puede resumirse en cinco emociones básicas: alegría, tristeza, enfado, miedo y asco.
Pero también hay investigadores que no están de acuerdo con la idea de la universalidad de las emociones. Uno de ellos es el psicólogo José Miguel Fernández Dols que con su equipo de la Universidad Autonoma de Madrid, observaron la cara de decenas de deportistas olímpicos, personas tenido un orgasmo, aficionados al futbol, toreros en plena acción y niños de las islas Trobriand. Y sus resultados sugieren que sugieren que las expresiones faciales, como la sonrisa, son en realidad herramientas para la interacción social, más que una representación de una emoción básica:
“El concepto de emoción básica es popular, pero no necesariamente científico”, opina Fernández Dols. El psicólogo recuerda que un reciente libro, The Book of Human Emotions, de la historiadora británica Tiffany Watt Smith, describe 156 emociones diferentes, como el awumbuk, una palabra de la cultura Baining de Papúa Nueva Guinea que se refiere a la sensación de vacío que dejan los invitados al irse. «En psicología empleamos el vocabulario de la calle. Es como si en física utilizaran palabras de la calle para estudiar la mecánica newtoniana. La gente quiere Inside Out, pero la realidad, a lo mejor, es otra».
El Aikido es una arte marcial japonés que tiene como principal objetivo el de neutralizar al adversario en situaciones de conflicto.
Bajo ese principio, Antonio Perez Leal, nos explica en el blog Nueces y Neuronas los principios filosóficos del Aikido para defendernos y neutralizar los agotadores e interminables conflictos verbales:
El punto clave del aikido verbal es la escucha atenta y completa manteniendo el buen ánimo y la disposición para encontrar una solución al conflicto en la que nadie sufra. Realmente se puede entrenar la escucha, y podemos mantener un estado de calma a través de la respiración. Debemos centrarnos en el flujo de nuestras propias emociones y de las reacciones físicas que nos provocan. Además hemos de recordar que es normal tener desacuerdos y es necesario darlos a conocer de forma directa y honesta, sin ofender o lastimar al compañero de disputa.
Y cómo esquivar una provocación verbal:
• Hacer un gesto mudo como una mirada extraña, un guiño, tomar nota o cualquier otro gesto que se nos ocurra cuando alguien dice algo para provocarnos.
• Cambiar el tema desviando la atención que nuestro agresor pone sobre un asunto que nos ofende, para dirigirlo a cualesquier otro sin importancia. Minimizar el tema ofensivo y centrarnos en lo que nos concierne, la propia integridad.
• Hacer un comentario monosilábico. Se hace ante un interlocutor que alardea bajo una avalancha de palabras y no pretendemos seguirle el juego y malgastar energía en discusiones inútiles, de tal manera que menos preciamos su locuacidad con una frase corta que desestima sus argumentos.
• Responder con un refrán inapropiado es una estrategia directa a la confusión, es decir se hace con esa intención directamente, apelar a la lógica de la comunicación de que todo lo que decimos tiene sentido, es pues un sinsentido ante el comentario insolente con el que hemos sido atacados.
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