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Charcot, el precursor más importante del psicoanálisis
Edith Sánchez escribió para La mente es maravillosa, una buena síntesis de la vida y obra de Jean-Martin Charcot:
Jean-Martin Charcot fue sobre todo un estudioso del cerebro. Sus investigaciones permitieron sentar las bases para comprender enfermedades como la esclerosis. También precisar muchos aspectos de las hemorragias cerebrales y de otras como la enfermedad de Friedrich y el síndrome de Tourette. Sin embargo, su curiosidad lo llevaba una y otra vez al pabellón de los llamados epilépticos simples. Allí el 90% de los pacientes estaban catalogados como histéricas y neurasténicos.
Charcot evidenció que la histeria no estaba en el útero, sino en el cerebro. También postuló que el origen de esas convulsiones, sofocos, parálisis y otros síntomas sin explicación, podría estar en una experiencia del pasado. Casi simultáneamente, propuso la idea de que este mal podía ser tratado por medio de la hipnosis. Así fue como surgió uno de los escenarios más fascinantes de aquellos tiempos: las sesiones de los martes.
En ellas Charcot presentaba los casos de histeria, casi en el marco de un escenario histérico. Es decir, teatral. El médico francés mostraba, uno a uno, cómo los síntomas desaparecían bajo el estado de hipnosis. Y no todos eran mujeres: se probó que esto también ocurría con los hombres.
Charcot fue duramente criticado por muchos de sus contemporáneos. Le acusaban de ser poco científico y de haber convertido en un circo sus sesiones de los martes. Las afirmaciones no eran justas. Charcot tenía un profundo espíritu científico y por eso mismo no se cerraba a ninguna opción. Pronto, encontró analogías entre la histeria y la hipnosis.
Las teorías de Charcot no han sido probadas. Pero, sin duda alguna, su trabajo abrió el camino para que la medicina se interesara más en el desarrollo de mecanismos que permitieran entender y tratar los trastornos mentales desde una postura más científica. Un camino que todavía no hemos terminado de construir, pero en el que hemos avanzado muchísimo.
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“Me torturaron para ‘curar’ mi homosexualidad”, Sam Brinton
Sam Brinton para The New York Times:
A principios de la década de los 2000, cuando estudiaba la secundaria en Florida, me sometieron a un trauma que tenía como propósito borrar mi existencia como bisexual recién salido del clóset. Mis padres eran misioneros bautistas sureños que creyeron que la práctica peligrosa y desacreditada de la terapia de conversión podría curar mi sexualidad.
Me senté en un diván durante dos años y aguanté sesiones emocionalmente dolorosas con un orientador. Me dijeron que mi congregación rechazaba mi sexualidad, que yo era la abominación de la que habíamos escuchado hablar en la escuela dominical, que yo era la única persona homosexual en el mundo, que era inevitable que contrajera VIH y tuviera sida.
Sin embargo, el asunto no terminó con estas hirientes sesiones de charlas terapéuticas. El terapeuta dio instrucciones para que me amarraran a una mesa y me pusieran hielo, calor y electricidad en el cuerpo. Me obligaron a ver en un televisor videos de hombres homosexuales que se tomaban de las manos, se abrazaban y tenían sexo. Se suponía que asociaría esas imágenes con el dolor que estaba sintiendo para hacerme heterosexual de una vez por todas. Al final no funcionó, pero yo decía que sí solo para dejar de sentir dolor.
Sam Brinton representa a cientos de miles de personas que han sufrido de algún tipo de terapia de conversión y que no han podido recibir ningún tipo de contención.
Este tipo de terapias todavía son “legales” dentro de 41 estados de Estados Unidos. Otros países como Argentina, Inglaterra y Australia, han tomado el problema con la responsabilidad que merece y las han prohibido totalmente y la OMS también se ha pronunciado argumentando que no tienen ningún tipo de justificación médica y que atentan contra la salud de las personas, causando epresión, suicidio, etc.
Un punto muy interesante del artículo del testimonio, es que las terapias de “conversión” no solo son aquellas que son dirigidas por un “especialista” en un centro, sino cualquier acto de querer cambiarlos como: el castigo recurrente que sufre un niño de sus padres por ser demasiado femenino o llevarlo a sesiones de oraciones para eliminar la homosexualidad.