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Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

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  • Ciencia

Las distintas caras de la ira

  • 05/12/2016
  • Karemi Rodríguez Batista

Aunque muchos la denominan “negativa”, lo cierto es que el enojo es una emoción básica, normal y generalmente sana, que suele presentarse cuando no conseguimos alguna meta, satisfacemos alguna necesidad, nos sentimos injustamente tratados, etc. 

Los problemas y el matiz destructivo viene cuando se nos va de las manos, cuando se incrementa en intensidad, duración y frecuencia; Es decir, cuando se torna en ira. De la misma manera que sucede con la ansiedad, la ira activa el sistema simpático y esto se traduce en cambios fisiológicos (taquicardia, incremento de la presión arterial, sudoración, etc.) que preparan al cuerpo para emitir una respuesta de lucha o de huida. Resaltar que desde ese estado intenso suelen darse errores en el procesamiento de información y distorsiones cognitivas importantes. Por ejemplo, el sesgo de atribución hostil o estilo de atribución hostil (Dodge, 2006); Es decir tenderemos a interpretar de manera incorrecta las señales sociales, atribuyendo una intención hostil e intencionada ante una situación hostil. Para saber más, pulsa aqui. 

Este estado emocional se caracterizada por sentimientos de enfado o enojo con distintos matices, que forman parte un continuo ira-hostilidad-agresividad. Aquí la hostilidad hace referencia a una actitud persistente de valoración negativa de, y hacia los demás; y la agresividad se entendería como una conducta dirigida a causar daño en personas o cosas.

Es muy importante ser conscientes de que la verdadera causa de la ira no son las cosas que nos pasan o lo que nos hacen los demás, sino cómo reaccionamos, o cómo interpretamos los comportamientos de los demás y la finalidad que persigue nuestra reacción. 

Aunque, como hemos dicho, esta emoción es natural y todos la experimentamos, si se nos va de las manos puede ser muy desagradable y traducirse en un deterioro en nuestro juicio y en un comportamiento disfuncional que puede conducirnos a un dolor emocional o físico intenso. Conocer las distintas formas en que la ira puede manifestarse, puede ayudarnos a controlarla y a entender las reacciones de los demás.

la ira es  una emoción básica, totalmente normal y generalmente sana

A pesar de que desde la psicología se ha intentado clasificar esta emoción, no hay un acuerdo real sobre la cantidad de tipos de enojo que hay.  Aunque se estima que hay una amplia variedad de tipología, la realidad es que la ira en tanto sentida como expresada es muy distinta y única en cada uno de nosotros.

Algunos tipos de ira (o intensidad del enojo) se podrían pensar como constructivos y un antídoto contra la desesperanza. Por ejemplo, si te enfureces con la situación política, la ira que compartes con otros ciudadanos de ideas afines puede ser potenciadora y llevaros incluso a la creación de una comunidad, dicen los investigadores.

Desde el budismo se enseña, también, que la ira es una forma de desconocimiento acerca de los puntos de vista de los demás. Es decir, si en medio de nuestra furia pudiésemos llegar a ver a nuestros adversarios no tanto como seres demoníacos, sino más bien seres frustrados como nosotros y tratáramos de ayudarles a cambiar, entonces éste tipo de ira nos podría ayudar a cultivar la empatía por el otro lado.

Otro ejemplo de matiz constructivo de la ira es cuando nos puede ayudar en un concurso, una lucha política o de otro tipo. Piensa en los  jugadores de fútbol que a propósito alimentan su ira antes de un partido. Saltan y gritan para ponerse en el estado de ánimo adecuado para derribar a su competencia. Su agresividad en esos momentos mejora su rendimiento y les sirve para comunicar a sus oponentes que pongan atención. Pero cuidado, ya te contamos en un artículo pasado cómo, al contrario de lo que se pensaba, descargar la ira de una forma catártica es dañino, altamente dañino.

Al final de cuentas, sea como sea, la ira prolongada es altamente dañina, pone énfasis en el sistema inmunológico, y está estrechamente relacionada con la depresión y otros trastornos del estado de ánimo.

Para finalizar te queremos dejar una guía de libre acceso que incluye ejercicios para ayudarte a entender y gestionar esa rabia de una manera más práctica y funcional. Descárgala aquí.

¡Hasta la próxima!

Fuentes: The New York Times I Health Guidance

Sin categoría

“No damos abasto con la cantidad de psicólogos y psiquiatras que se necesitan”

  • 05/12/2016
  • David Aparicio

El País realizó una interesante entrevista a la psiquiatra y presidenta de la Asociación Americana de Psiquiatría, Maria Oquendo. En esa conversación Oquendo habla sobre la influencia de la industria farmacéutica sobre la salud mental y también nos explica su propuesta para que el suicidio sea considerada como una psicopatología separada:

Yo propuse, junto a un colega en 2008, que debe considerarse una patología separada. Hoy, en los criterios de problemas psiquiátricos, solo aparece el intento de suicidio y la ideación suicida como síntoma de depresión mayor, ya sea unipolar o bipolar, o trastorno limítrofe. Sin embargo, sabemos que las personas se suicidan si tienen alcoholismo, si tienen esquizofrenia, estrés postraumático…

Tener una restricción conceptual reduce al suicidio a estar vinculado con problemas específicos, ya sea la depresión o el trastorno de personalidad limítrofe. Eso nos causa un problema conceptual al llevar el impacto del suicidio a través de todas las enfermedades psiquiátricas, y valga decir que hay algunas personas que no aparentan tener ningún problema psiquiátrico que también se suicidan. Tenemos que pensarlo de otra forma y hemos propuesto una serie de síntomas y criterios para poder evaluar el comportamiento suicida.

La necesidad de psicólogos en los países pobres:

Sí sabemos que los países pobres no tienen acceso a servicios psiquiátricos. Yo tengo varios proyectos en el África subsahariana, y por ejemplo, en Mozambique, el país que conozco mejor porque llevo tres años trabajando allí, para una población de 24 millones de personas, tienen 13 psiquiatras y 250 psicólogos. Obviamente en un país como ese, la pobreza tiene un peso importante.

Lee la entrevista completa en El País.

  • Ciencia

En Argentina se debate la implementación de planes educativos basados en las neurociencias

  • 02/12/2016
  • David Aparicio

Franco Spinetta escribió un completo artículo para Página/12, sobre el apasionado debate que se lleva en Argentina, por las intenciones que tiene el gobierno de introducir en las aulas programas educativos basados en las neurociencias. Algunos expertos se oponen al plan porque lo ven como una estrategia política y otros se oponen al neurocentrismo o la excesiva importancia que se le da a las neurociencias como única explicación de la conducta y del éxito o deserción escolar:

Florencia Salvarezza es la directora del Departamento de Lenguaje de Ineco. Egresada en Letras con una especialización en Lingüística, Salvarezza se especializa en los trastornos específicos del lenguaje y su relación con los trastornos del espectro autista, la dislexia y los trastornos cognitivos atípicos. Docente de la Universidad Favaloro, también dicta cursos de capacitación docente en la Universidad San Andrés. Salvarezza aseguró aPágina/12 que la relación entre neurociencias y educación es “casi una obviedad”. “En general la gente que se opone al ingreso de las neurociencias, creen que lo biologicista anula lo cultural. La idea es enriquecer al sistema educativo, que no tiene buenos resultados”, agregó.

Para la especialista en educación e investigadora del Conicet, Carina Kaplan, “es una barbaridad afirmar que el fracaso escolar está en el cerebro”. Kaplan indicó que el problema no son las neurociencias, que pueden aportar elementos valiosos para profundizar algunos métodos, sino la intención de imponerlas como una explicación del éxito o la deserción en las escuelas. “No se puede permitir que se produzca una biologización de lo social”, exigió.

Lee el artículo completo en Página/12.

  • Ciencia

«Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»

  • 02/12/2016
  • Rita Arosemena P.

La frase de apertura que titula este artículo se atribuye al jefe de campaña de Adolf Hitler: Joseph Goebbels, reconocido por su trascendencia en el proceso de ascenso de Hitler al poder y por el impacto de sus estrategias mediáticas en la creación de la identidad anti-semita.

Para Goebbels, al igual que para los adeptos a la filosofía maquiavélica (es decir, referente a la obra de Nicolás Maquiavelo), el acto de mentir debía ser analizado y evaluado más allá del prisma de la moralidad para extraer de él una utilidad innegable: la de influir en la sociedad.

De este modo, el político o la figura pública debía estar preparada para adecuar, deformar e incluso crear conscientemente versiones distorsionadas de los hechos y transmitirlos posteriormente a una audiencia que, si bien podía resistirse a su aceptación, terminaba cediendo — decía Goebbels — con la repetición de la mentira.

El terreno político es sin duda un ámbito donde la sociedad puede ver reflejada de manera franca y común el ejercicio de la deshonestidad, pero también lo es el mundo de los escándalos financieros, los fraudes, las pirámides, los dopajes deportivos e incluso la cotidianidad del individuo común que descubre un engaño impensable de alguien cercano.

La mentira y el fraude son sin duda un flagelo emocional para quien se ve afectado por ello, pero ¿qué ocurre en el cerebro de quienes ejercen la deshonestidad?

¿Cómo se desenvuelve el proceso de escalada mediante el cual una persona pasa de emitir «pequeñas mentiras» a convertirse en un experto evasor de impuestos, estafador o embaucador de multitudes?

«La primera vez que haces trampas, te sientes mal por ello. Pero eso es bueno, frena tu deshonestidad. La próxima vez que hagas trampa, ya te has adaptado»

Según un estudio publicado en la revista Nature Neuroscience, la clave está en cómo el cerebro de los mentirosos se va adaptando progresivamente al engaño. Para los investigadores, el impacto de la deshonestidad a nivel neuronal es de tal magnitud que incluso puede hablarse de un «mecanismo neural» que soporta la mentira, o en otras palabras: un principio biológico de adaptación que contribuye al fenómeno, llamado adaptación emocional. 

Para la realización del estudio, el equipo de investigadores de la University College London (U.C.L) reclutó a 80 adultos para participar en una tarea que implicaba estimar y asesorar a una pareja sobre la cantidad de dinero que había en un frasco de monedas, el cual contenía entre 15 y 35 libras esterlinas (entre 18 y 43 dólares, aproximadamente).

Los participantes observaron imágenes grandes y de alta resolución de los tarros durante tres segundos y se les dijo a su pareja (interpretada por un actor) que vería una imagen más pequeña del tarro durante un segundo. A los participantes se les dijo que la tarea de su pareja era estimar la cantidad de dinero de la jarra con su ayuda, la cual se daría a través de computadores enlazados. Esto permitió a los investigadores registrar las estimaciones de los participantes cuando no tenían ninguna razón para mentir.

Los participantes recibieron instrucciones distintas que les proporcionaron incentivos para ser deshonestos. La comparación de las estimaciones entre las situaciones honestas y deshonestas permitió al equipo medir los grados de deshonestidad.

Dependiendo del escenario, la deshonestidad podía beneficiar al participante a expensas de su pareja, beneficiar a la pareja a costa del participante, beneficiar a ambos o beneficiar al participante o a la pareja sin afectar al otro. En el primer caso, por ejemplo, se les dijo a los participantes que serían recompensados con base en qué tanto sobrestimara su pareja la cantidad de dinero en la jarra, mientras que su pareja sería recompensada por la exactitud. También se dijo a los participantes que su pareja no tenía conocimiento de estas nuevas instrucciones.

Los investigadores encontraron que la deshonestidad aumentó a lo largo de 60 presentaciones de la jarra, pero sólo cuando el beneficio era egoísta. Los participantes mintieron también cuando sólo su pareja se beneficiaba, pero esta deshonestidad permaneció constante. Cuando ambas partes se beneficiaban, los participantes mintieron más, sugiriendo que encontraron este tipo de deshonestidad más aceptable.

Este estudio es la primera evidencia empírica de que el comportamiento deshonesto se intensifica cuando se repite

Para Tali Sharot, neurocientífica del U.C.L., las personas mienten más cuando es bueno para ellos y para los demás. Cuando sólo es bueno para ellos, pero se hiere a otra persona, mienten menos. No obstante, el experimento también mostró que la mentira sólo aumentó con el tiempo cuando el participante obtuvo algún beneficio, lo que sugiere que el interés propio es necesario para que la deshonestidad se intensifique.

«Este estudio es la primera evidencia empírica de que el comportamiento deshonesto se intensifica cuando se repite, cuando todo lo demás se mantiene constante», explica Neil Garrett, neurocientífico cognitivo de la U.C.L. y autor principal del estudio.

Veinticinco de los participantes realizaron el experimento con apoyo de un escáner funcional de resonancia magnética (MRI), lo que permitió a los investigadores medir la actividad cerebral. El equipo se enfocó en áreas del cerebro previamente asociadas con la estimulación emocional, para lo cual se utilizó una base de datos de resultados de imágenes cerebrales. El área de mayor observación fue la amígdala, una región del cerebro conocida por responder y procesar las emociones.

Los investigadores constataron cómo la actividad en esta región fue inicialmente alta cuando los participantes mintieron, pero fue declinando con el tiempo durante actos subsecuentes de deshonestidad. Un punto a destacar es que las mayores reducciones en la actividad de la amígdala pronosticaron mentiras mayores más adelante. Esto sugiere que un mecanismo biológico (la adaptación) podría apoyar la deshonestidad.

«La primera vez que haces trampas, te sientes mal por ello. Pero eso es bueno, frena tu deshonestidad», explicó Sharot. «La próxima vez que hagas trampa, ya te has adaptado. Hay menos de una reacción negativa para detenerte, y puedes mentir más».

El equipo de Sharot considera que estos hallazgos podrían ser relevantes para una mejor comprensión de otros tipos de comportamiento, como la escalada de la toma de riesgos o el comportamiento violento.

Fuente: Scientific American

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Las autorrevelaciones desde la experiencia de un psiquiatra

  • 02/12/2016
  • David Aparicio

Hace dos días publicamos una nota del terapeuta español, Buenaventura Del Charco Olea, que examinaba los beneficios de las autorrevelaciones dentro de la consulta o en otras palabras, si el psicólogo debe o no hablar sobre si mismo en la consulta. El artículo de Buenaventura causó mucho interés y muchos comentarios interesantes.

Para enriquecer aun más el debate les comparto un artículo de opinión escrito por el psiquiatra Alberto Soler Montangud sobre las autorevelaciones en su práctica profesional:

Confieso no obstante, que en ocasiones me surge la duda de si con mi espontaneidad estaré quizás rebasando los límites de la distancia que debe haber entre terapeuta y terapiado. La respuesta a esta incertidumbre siempre varía según cada caso, según la reciprocidad que perciba así como la demanda subliminal de contacto que manifieste el (o la) paciente, y también según el momento evolutivo en que se encuentre, tanto en su proceso como en la calidad y la consistencia del vínculo terapéutico establecido. 

Concluiré expresando mi convicción de que compartir ciertos detalles y anécdotas de mi privacidad, pueden servir de ayuda a algunos pacientes. Incluyo entre ellas el hacerles partícipes, incluso de algunas experiencias duras o difíciles que, con el paso del tiempo, haya llegado a resolver. Estoy convencido de que mostrarme tal cual soy, sin enmascarar ni adornar mi realidad con imposturas que enaltezcan mi rol de superioridad, es un factor que añade una pátina de verismo y de naturalidad a la relación que mantengo con mis pacientes.

Lee el artículo completo en Gestalt Terapia.

Otras voces

💌 Sitios afines: amistades, colegas, referentes y compañeros de camino que leemos con gusto.

  • P Psyche psyche.co Revista de ensayos con artículos de psicología y neurociencias.
  • S Steph Ango stephango.com CEO de Obsidian, su página personal comparte análisis y reflexiones sobre la vida, el dolor y el crecimiento.
  • P Pablo Malo Ocejo pablomalo.substack.com Pablo Malo es psiquiatra, escritor y ensayista.
  • F Fabián Maero grupoact.com.ar Colega y amigo, escribe sobre ACT con rigor y humor
  • A Aeon aeon.co Filosofía en formato ensayo para publico general
→ ver todos
  • Ciencia

El arte: una forma humana de combatir la muerte – Psyciencia

  • 02/12/2016
  • Rita Arosemena P.

Un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Kent y publicado en el Journal of Creative Behavior sugiere que las personas creativas muestran menos ansiedad en relación con la muerte, ya que su filosofía de vida suele ir orientada a la misión de dejar un legado cultural perdurable a la humanidad.

Los escritores, pintores, cantantes y artistas en general materializan a través de su trabajo creativo una forma de vida alterna que permanece incluso más allá de su propia desaparición física, consecuentemente, su preocupación en torno a la muerte se ve minimizada y también manifiestan una mayor resiliencia al momento de sobrellevar eventos trágicos relacionados con el fallecimiento.

Los artistas materializan a través de su trabajo creativo una forma de vida que permanece más allá de su propia muerte

El estudio, dirigido por el investigador Rotem Perach de la Escuela de Psicología de Kent bajo la supervisión del Dr. Arnaud Wisman, consideró el análisis de una muestra de 108 estudiantes, quienes completaron dos cuestionarios para medir su nivel de logro creativo y ambición creativa.

Se encontró que quienes poseían un récord de logros creativos junto con altos niveles de ambición creativa realizaron menos asociaciones de muerte en sus procesos de pensamiento después de considerar su propio fallecimiento en comparación con el grupo de control.

Para los estudiantes con bajos niveles de ambición creativa, en cambio (y cualquiera que fuese su registro de logro creativo), pensar en su propia desaparición física no afectó sus índices de pensamientos relacionados con la muerte en comparación con el grupo de control.

Los resultados sugieren que quienes orientan su vida hacia la creatividad y producen contribuciones creativas significativas pueden beneficiarse de la seguridad existencial frente a la muerte.

Los investigadores describen estos hallazgos como un apoyo a la noción de que el logro creativo puede ser «una vía hacia la inmortalidad simbólica», particularmente entre las personas que valoran la creatividad.

Fuente: Psypost.org

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(Vídeo) Por qué nos dejamos engañar por las pseudociencias

  • 01/12/2016
  • David Aparicio

Alberto Soler ha creado uno de los mejores vlogs de psicología. En cada episodio logra explicar las teorías psicológicas complejas con elegante sencillez y lucidez. En este episodio Alberto nos explica por qué la gente cree en ovnis, horoscopo y cuenta cosa exista aun cuando saben que no hay una explicación completamente racional que las sostenga.

Nosotros en Psyciencia tambien hemos abordado estos temas con artículos más extensos si deseas puedes leerlos aquí:

  • Escribo artículos porque soy de Aries: el efecto Forer y el horóscopo

  •  ¿Por qué la gente no cambia de opinión?

  •  Kit para detectar las pseudociencias de Carl Sagan (Infografía)

  • El combustible de la ansiedad: la intolerancia a la incertidumbre

Sin categoría

La mayoría de los pacientes con depresión recibe tratamientos inadecuados

  • 01/12/2016
  • David Aparicio

Más de 350 millones de personas sufre de depresión en todo el mundo y según la OMS, esta será la principal causa de discapacidad para el año 2020. Los datos son preocupantes, muy preocupantes.

Pero todavía falta lo peor: Un nuevo estudio de The British Journal of Psychiatry demuestra que la mayoría de los pacientes con depresión no recibe los tratamientos adecuados o no recibe ningún tipo de tratamiento. Sus datos se obtuvieron de una muestra de 50.000 sujetos provenientes de 21 países:

  • Brazil.
  • Bulgaria.
  • Colombia.
  • Iraq.
  • Líbano.
  • México.
  • Nigeria.
  • China.
  • Rumania.
  • Argentina.
  • Bélgica.
  • Francia.
  • Alemania.
  • Israel.
  • Italia.
  • Japón.
  • Holanda.
  • Portugal.
  • España.
  • Estados Unidos.

El 4.6 % del total de los sujetos cumplió con los criterios diagnóstico del Trastorno Depresivo Mayor. De ese grupo diagnosticado, el 56.7% reportó que necesitaba tratamiento; el 71% de ellos había visitado al menos una vez a un médico y de aquellos que reciban tratamiento sólo el 41% recibió tratamientos que cumplieran con estándares mínimos.

Necesitamos ofrecer tratamientos adecuados

Los números constatan que no se están haciendo las cosas bien. Falta mayor compromiso de los gobiernos e inversión en planes de intervención y prevención. Pero la critica también va para los profesionales de la salud mental. Hoy en día existen tratamientos psicológicos quehan demostrado ser eficaces para tratar la depresión, pero, lamentablemente, esos tratamientos son dejados de lado por los profesionales que eligen ofrecer otros tratamientos que se ajustan más a sus preferencias y no a la evidencia.

Según los autores del estudio, no ofrecer tratamientos con evidencia generan dos problemas: no sólo se pone en riesgo la vida de las personas, sino que además se reduce la probabilidad de que las personas busquen la ayuda psicológica debido a la pobre reputación que tienen esos tratamientos de eficacia cuestionable. Y tiene mucho sentido, si los pacientes van donde los profesionales de salud mental y no ven mejorías entonces no van a volver.

Graham Thornicrof, director de la investigación añade una razón no sólo científica sino también moral:

“Proveer tratamientos a la escala requerida para tratar a todas las personas con depresión es crucial, no solo para reducir la discapacidad y la muerte por suicidio, sino también desde una perspectiva moral y humana y para ayudar a las personas a ser miembros productivos de la sociedad.”

Recursos útiles para la depresión:

  • (PDF) Guía para pacientes y familiares para afrontar la depresión
  • Datos importantes sobre la depresión de la OMS
  • Activación Conductual para la depresión
  • ¿Qué miden las escalas para depresión?
  • Los orígenes de la Depresión

Fuente: Psypost

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Claves en el desarrollo de la autoestima infantil: ¿cómo potenciarla?

  • 01/12/2016
  • Elisabet Rodríguez

La autoestima puede definirse como el componente valorativo del “yo”, del autoconcepto, el cual se inscribe dentro de la dimensión más cognitiva. Presenta una connotación motivacional y, por lo tanto, indica tanto el conjunto de opiniones y actitudes que guían nuestro comportamiento, como la forma como nos relacionamos con otras personas y con el mundo de forma general. El carácter valorativo se centra en dos pilares fundamentales: sobre la opinión y aprecio hacia uno mismo y sobre la capacidad que disponemos para mejorar aspectos personales propios y de las personas de nuestro entorno. También se refiere a cómo afrontamos situaciones adversas adaptándonos a las circunstancias, cómo favorecemos el crecimiento personal, emprendemos nuevos proyectos vitales, etc.

La autoestima es un fenómeno relativamente estable y permanente, aunque puede ser modificada a partir de influencias pertenecientes a nuevas experiencias. Tales influencias pueden derivar de los siguientes factores: personales (características físicas y emocionales, capacidades y habilidades personales, aspectos relativos a personas significativas del entorno familiar, escolar o grupo de iguales, etc.) y sociales (valores y creencias culturales). Así, pueden diferenciarse cuatro áreas básicas en la formación de la autoestima global: el área social, el área académica, el área familiar y la imagen física.

El tipo de desarrollo que se dé a partir de los factores indicados está determinado principalmente por la naturaleza de la base del vínculo afectivo establecido durante la primera infancia. A medida que se produce el desarrollo del niño, este va generando opiniones, valoraciones, impresiones, sentimientos y cogniciones de lo que va experimentando durante su crecimiento y maduración. Dependiendo de la connotación que tengan estas manifestaciones, el grado de percepción de aprecio hacia sí mismo y de autovalía se irá configurando de una determinada manera, más o menos adaptativa. Entre las actitudes que favorecen la autoestima pueden destacarse la confianza hacia uno mismo, la seguridad en afrontar situaciones personales e interpersonales, la capacidad de adaptarse a las circunstancias, de mostrarse flexible, tolerante y empático respecto de otros puntos de vista, etc. Aparte de la clase de vínculo afectivo consolidado en edades tempranas, otro aspecto que determina sustancialmente la adquisición de un nivel adecuado de autoestima es el auto-conocimiento (¿quién soy yo?). Este proceso deviene un requisito fundamental para llegar a la autoaceptación y a la valoración positiva de sí mismo.

Demostrar interés y aprecio

Derivado de aquello anterior, el primer aspecto fundamental que se indica a los padres como significativo a la hora de potenciar la autoestima en sus pequeños es que realmente demuestren interés y aprecio por ellos. Los niños tienen que tener constancia clara de que sus padres se preocupan verdaderamente por ellos, que prestan atención a sus necesidades, pensamientos, inquietudes, sentimientos y emociones.

Logros, competencias, habilidades

Por otro lado, el hecho de orientar al pequeño en la consecución de logros, recordándole su competencia, habilidad y confianza en la obtención del éxito permite poseer una disposición más positiva a iniciar proyectos y poner en marcha nuevos retos personales. Es relevante, para conseguir un efecto más intenso en esta práctica, analizar conjuntamente con el niño qué sensaciones experimenta cuando realiza una acción en la cual se sabe competente, de forma que se hace consciente una auto-percepción más positiva. Por eso, siempre según su desarrollo y maduración personal, los educadores deben facilitar todas las oportunidades que se presenten para que el niño haga uso de su autonomía e independencia; es importante dejarle tomar sus propias decisiones (aunque en alguna ocasión nuestra visión adulta pueda discrepar de la suya) y realizar una reflexión conjunta sobre qué resultados se han obtenido (tanto los exitosos como los erróneos) para otorgarles un significado de oportunidad de aprendizaje, en lugar de la concepción de haber fracasado. Los adultos podemos servirles de guía presentando diferentes opciones sobre las cuales decidir, pero tiene que ser el niño quien efectúe la elección final.

La idea de que padres o educadores no deben realizar aquellas acciones que él pueda llevar a cabo por sí mismo hay que tenerla siempre presente, siendo aconsejable el destierro de la sobreprotección y la preocupación excesiva sobre las posibles consecuencias derivadas de las decisiones que el niño toma.

Refuerzo de conductas y actitudes adecuadas

Otro aspecto fundamental hace referencia a enfatizar el reconocimiento y el refuerzo positivo de aquellos comportamientos y actitudes adecuadas y la disminución de la crítica negativa y destructiva, chantajes o amenazas. Por eso, no es recomendable la instigación en exceso sobre su comportamiento, así como tampoco recordarle con frecuencia aquellos aspectos que tendría que mejorar o que no resultan del todo satisfactorios. Parece de mayor utilidad recordar las ventajas que posee un comportamiento adecuado para que él mismo pueda analizar las consecuencias de su comportamiento y qué decisión tiene que tomar sobre cada cuestión. Relacionado con esto, tiene que tenerse en cuenta que el niño presenta su propio ritmo de aprendizaje y mejora; por eso tiene que respetarse el hecho de que los avances se den más lentamente de lo esperado por los padres u otras figuras cercanas; el hecho más significativo es que se produzca tal evolución.

Finalmente, y a modo de conclusión, parece indispensable no centrarse en el refuerzo exclusivo de logros a nivel cuantitativo. El aprecio hacia el niño tendría que ser incondicional y no estar sólo basado en los éxitos obtenidos. Es más razonable premiar con reforzadores intangibles, sociales y afectivos por el logro de hitos en los cuales se valore el esfuerzo y se recompensen los aspectos cualitativos. Resulta adecuado, por lo tanto, que el niño trabaje en el establecimiento de objetivos personales realistas y muy definidos, siempre que estos repercutan en una mejora en su bienestar y satisfacción personal dejando de lado la comparación respecto con los pares u otras personas significativas de su entorno.

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Conferencia online: cómo abordar situaciones de crisis en la consulta

  • 01/12/2016
  • David Aparicio

Jorge Ayala se ha dedicado por mucho tiempo a entrenar y formar a psicólogos en la interesante Terapia breve centrada en soluciones.

Jorge dictará hoy una conferencia online totalmente gratuita titulada: Cómo abordar una situación de crisis en consulta y en esta sesión aprenderás recursos útiles para hacerle frente a las crisis y ayudar a las personas a generar los recursos necesarios para afrontar las experiencias traumáticas.

La conferencia online empieza en unas horas, así que apresúrate e inscríbete aquí.

  • Recomendados

Duro golpe a la homeopatía: su etiquetado deberá basarse en evidencia científica

  • 01/12/2016
  • David Aparicio

Una excelente noticia escrita por Carlos Zumenszky para Gizmodo:

La Comisión Federal de Comercio (FTC) acaba de dar luz verde a una nueva normativa titulada Enforcement Policy Statement on Marketing Claims for Over-the-Counter (OTC) Homeopathic Drugs. Lo que hace esta norma es equiparar las obligaciones de los fabricante de fórmulas homeopáticas con las del resto de la industria farmacéutica.

El matiz es importante porque obliga a los fabricantes a realizar pruebas de eficacia en laboratorio mediante doble test ciego. De esas pruebas dependen directamente las afirmaciones de marketing que aparecen en la caja. En otras palabras, si el test científico de un producto para aliviar el resfriado falla, en la etiqueta no puede poner que alivia el resfriado.

Si esta evidencia no existe, los fabricantes de homeopatía deben especificarlo claramente en el etiquetado. También deberán reconocer que las supuestas virtudes del compuesto se basan en teorías del siglo XVIII que han sido rechazadas por la mayor parte de la comunidad científica actual.

La medida que toma Estados Unidos representa un avance importante en los tratamientos médicos y en la capacidad de salvar vidas. Muchas personas creen que la homeopatía y terapias alternativas son inocuas y no se pierde nada con probarlas; pero la realidad es que la homeopatía como primera linea de tratamiento sí representa un serio peligro porque el paciente deja de acudir a los tratamientos con evidencia mientras invierte tiempo y dinero en terapias que al final no lo ayudarán.

En la psicología sucede algo similar. Hay tratamientos que cuentan con mucha evidencia, estudios aleatorios controlados, y hay otros tratamientos que no tienen datos que demuestren que funcionen o su evidencia es muy pobre, y a pesar de ello, las terapias se usan según la preferencia del psicólogo y su comodidad. Lo cual provoca que un paciente que sufre y que busca ayuda de un profesional no reciba el mejor tratamiento para su condición.

Por lo tanto, haré una pregunta que se que molestará a muchos, pero la haré porque creo que es una pregunta válida que debemos hacernos los psicólogos:

¿Qué pasaría si aplicamos una norma similar en la práctica clínica y los psicólogos tuvieran que avisarle a los pacientes cuando están utilizando terapias que no cuentan con evidencia de que realmente funcionan?

Ya se imaginarán la respuesta…

Lee el artículo completo en Gizmodo.

  • Ciencia

La causa del miembro fantasma y un nuevo tratamiento

  • 30/11/2016
  • David Aparicio

Los pacientes con el síndrome del miembro fantasma sufren de sensaciones y terribles dolores provenientes del miembro que les fue amputado.

Varías teorías se han desarrollado sobre este extraño síndrome: algunos consideran que las sensaciones se deben a que el cerebro continuaba recibiendo las señales de los nervios que estaban en el miembro amputado. Otras explicaciones más modernas sugieren que la causa del dolor y de las sensaciones no está en las terminaciones nerviosas sino en el cerebro, el cual continúa enviando señales eléctricas desde las áreas dedicadas al miembro amputado porque no reciben los estímulos que provenían de ese miembro.

Una reciente investigación proveniente de Japón, apoya la idea de que la causa está en el cerebro. Con la diferencia que considera que el dolor se debe a una reorganización de las conexiones neuronales, y que a partir de la amputación se genera un «cruce» de los cables neuronales responsables del movimiento y las sensaciones que a su vez generan las sensaciones y dolores que los pacientes experimentan. Según sus autores, este novedoso estudio no sólo ofrece una mejor comprensión del síndrome del miembro fantasma sino que además abre nuevos caminos de tratamiento.

La investigación se valió de un moderna interfaz robótica-cerebral que permitió entrenar a 10 sujetos amputados para controlar un brazo robótico con su cerebro. Gracias a esta técnica, pudieron encontrar que los sujetos experimentaban dolor cuando intentaban mover el brazo robótico a través de la asociación de su brazo amputado. Pero la investigación no quedó ahí. Los investigadores entrenaron a los pacientes para que movieran el brazo robótico a través de la asociación de su otro brazo y fue aquí donde encontraron que esta técnica redujo significativamente el dolor que experimentaban.

Lo que significa que sus hallazgos podrían ser aplicados no solo a los pacientes que sufrieron alguna amputación, sino también para aquellos que sufren de dolor crónico.

Hay mucha esperanza en estas terapias, pero lamentablemente los autores explican que sus resultados fueron temporales y que la tecnología empleada es todavía muy costosa para salir a los centros médicos y que tal vez sea rentable en 10 años o más.

Si deseas conocer con más detalle el desarrollo de esta investigación te sugiero que leas paper publicado en la revista Nature Communications

Fuente: ScienceDaily

  • Clínica

¿Puede un psicólogo hablar de sí mismo en psicoterapia?

  • 30/11/2016
  • Buenaventura del Charco Olea

La autorrevelación ha sido definida como: “la revelación personal o de información relacionada a reacciones o respuestas hacia el cliente que surgen por parte del terapeuta durante la sesión”, es decir, se trata de intervenciones en las que el psicólogo habla abiertamente sobre hechos de su biografía u sobre aquello que se está tratando en la sesión. Aclarar, que la autorrevelación, siempre tiene una finalidad terapéutica, sino, se trata simplemente de desahogo por parte del terapeuta. Dependiendo del modelo de psicoterapia, las autorrevelaciones son algo que han sido censuradas, encuadradas o fomentadas.

Así, los psicoanalistas más ortodoxos catalogan la autorrevelación dentro de lo que denominan “contratransferencia”, entendiendo por ella el proceso en el que el psicólogo proyecta en el otro sentimientos propios, rompiendo así la finalidad de ser un lienzo en blanco, una figura neutral, en la que el paciente pueda proyectar sus conflictos inconscientes, lo que requiere por tanto una neutralidad por parte del psicoanalista. Si bien es cierto, que Kohut, un afamado psicoanalista, criticó este papel de experiencia distante y propuso una experiencia cercana en la relación psicoterapeuta-paciente que puede dar más lugar a este tipo de intervenciones, para fomentar fundamentalmente el clima empático y la apertura del paciente a recibir las interpretaciones.

A veces, los pacientes están muy enfrascados en su narrativa o percepción de las cosas, y verlas con distancia en una situación ajena les ayuda a funcionar de formas diferentes

Las terapias cognitivo-conductuales consideran la autorrevelación como algo útil y sobre todo enfocado a las funciones de reforzamiento y modelado ante determinadas técnicas terapéuticas. Para Goldfried o Hill y Knox, el psicólogo que trabaja desde este marco suele emplear la autorrevelación para expresar su opinión sobre la adherencia o el desarrollo del paciente ante determinadas técnicas “Creo que lo estás haciendo muy bien” “me pareces muy valiente”… o para narrar experiencias propias en las que existe un modelado sobre formas de interpretar una realidad o sobre formas de actuar. A veces, los pacientes están muy enfrascados en su narrativa o percepción de las cosas, y verlas con distancia en una situación ajena les ayuda a funcionar de formas diferentes. Ellis también las señala como forma de crear “rapport” y un aprendizaje mutuo sobre como sobrellevar los problemas comunes.

Para las psicoterapias humanistas, la autorrevelación se convierte en uno de los pilares de la intervención, bien porque desde un enfoque rogeriano es una de las actitudes del terapeuta imprescindibles para el cambio o bien porque desde lo gestáltico se entiende que la simpatía del psicoterapeuta aporta validez ecológica a la intervención, ya que el psicólogo no es ajeno al proceso experiencial de la psicoterapia. La autorrevelación puede ser además una experiencia emocional correctora, en la que el paciente perciba en la figura del terapeuta una respuesta emocional adaptativa que no recibió cuando la necesitaba, por ejemplo, un paciente que cuenta una historia de abuso en la que nadie le protegió, sintiendo que su dolor no le importa a nadie, y el psicoterapeuta le confiesa que siente rabia hacia quien abusó de él, ayudando a darle lo que necesitaba al propio paciente como paso previo al autosoporte.

Este, ha sido uno de los grandes debates de la psicoterapia. Los que están a favor de las autorrevelaciones, postulan que es evidente que el psicólogo siente y vibra en la relación terapéutica, y que los contenidos de los temas tratados le conectan con aspectos de su propia historia biográfica, que, dado que es imposible no sentir hacia el otro, lo mejor es ponerlo encima de la mesa y tratarlo con honestidad, empleándolo como una herramienta terapéutica más. También es frecuente argumentos entorno a la reciprocidad en las relaciones humanas, de modo que es difícil pedirle a un paciente que se abra enormemente y contarle toda su intimidad a un profesional, si este al menos, no lo hace un poco también.

Otro de los grandes argumentos a favor de este tipo de intervenciones es a favor de la empatía y la creación de una buena alianza terapéutica paciente-psicólogo. Las autorrevelaciones ayudan a que el terapeuta se perciba como una figura más humana y cercana. Algunos incluso cuestionan la utilidad y la validez ecológica (aplicación fuera de la consulta y generabilidad) de una relación en la que uno de los miembros no expresa sus sentimientos, algo que no ocurre en las relaciones reales del paciente en el mundo exterior.

Los detractores de las autorrevelaciones por el contrario, postulan que el terapeuta debe mostrarse como objetivo, evitando que sus propias emociones o distorsiones emerjan, ya que el paciente recurre al profesional como un experto y quiere aprender de su mayor conocimiento técnico y científico. Por otro lado, creen que el rol del experto del psicólogo, en quien el paciente deposita su confianza puede verse mermado si aparece en terapia la parte más humana del psicoterapeuta, lo que puede quitar parte de ese efecto experto, que consideran beneficioso para el tratamiento.

Es evidente que el psicólogo siente y vibra en la relación terapéutica

También señalan que, para poder generar nuevas formas de funcionamiento, hacen falta nuevas formas de relación, de ahí el aporte que supone que el psicólogo no exprese datos de su vida personal o sentimientos. Otros añaden además que con las autorrevelaciones se corra el riesgo de que sea el psicoterapeuta el que busque desahogar su propio malestar, o que el paciente entre en preguntarle entorno a su vida y el foco de las sesiones se aleje de los problemas que atañen al paciente. La autorrevelación también puede implicar el riesgo de que el paciente desapruebe algunos de las revelaciones del terapeuta, lo que provoque una ruptura en la alianza terapéutica y en la confianza hacia el psicólogo como profesional cualificado para ayudarle con sus problemas.

Investigación sobre las autorrevelaciones en psicoterapia

Orlinsky, Grawe y Parks demostraron tras la revisión de 132 investigaciones la existencia de una gran consistencia entre el empleo de autorrevelaciones y el establecimiento de una mejor alianza terapéutica. Esto es importante, pues como demostró Lambert y ha sido confirmado en investigaciones posteriores, la alianza terapéutica es el mayor predictor de éxito de una psicoterapia y la mayor variable explicativa en el cambio de los pacientes, por delante de la técnica (36%-15%).

Otra investigación de Teyber señala que las autorrevelaciones reducen el nivel de ansiedad ante la propia situación de terapia o que, como demostró Beitman y Yue es particularmente útil para lograr la involucración en la terapia de pacientes más reactivos.

Pero no sólo parece que influya en la implicación o tranquilidad en la terapia, sino que tanto las terapias de larga duración como de corta duración son más exitosas cuando hay autorrevelaciones, tal y como postulan varias investigaciones. Destacar entre estas las de Barret y Berman que señalan que si durante las cuatro primeras sesiones hay autorrevelaciones como reacción a información revelada por el paciente esto lleva a una reducción de los síntomas.

Las terapias de larga duración como de corta duración son más exitosas cuando hay autorrevelaciones

Sin embargo, en el tema que parece haber investigaciones más solidas sobre la eficacia de las autorrevelaciones, es en la percepción de la competencia y cercanía de la figura del psicólogo por parte del paciente o de la influencia de la autorrevelación en el éxito de la terapia.

Así los pacientes suelen señalar las autorrevelaciones como muy beneficiosas para el efecto de la psicoterapia o que los psicólogos que empleaban autorrevelaciones solían ser percibidos como más humanos y reales, pero sobre todo como más empáticos, creíbles y expertos.

También parece que una buena alianza modula la utilidad de las autorrevelaciones, así cuando la alianza es fuerte, las autorrevelaciones hacían que los pacientes perciban las sesiones como más profundas y de ayuda y al psicólogo como más experto, cuando la alianza era negativa, los resultados eran contrarios.

Bibliografía

  • Barret, M.S., Berman, J.S. (2001) “Is psychoterapy more effective when therapist disclose information about themselves?” Journal of Consulting & Clinical Psychology.
  • Ellis, A. (2001) Rational and irrational aspects of countertransference. In Session/Journal of Clinical Psychology.
  • Goldfried, M.R et al 2003) Therapist Self-Disclousure in Cognitive-Behavior Therapy. New York: Wiley InterSciencie.
  • Hill, C.E. Knox, S (2002) Self-disclousure. In J.C. Norcross. Psychoterapy relationships that work. New York: Oxford.
  • Knox S, Hess S, Petersen, D.A, Hill, C.E. (1997)” A qualitive analysis of client perceptions of the effects of helpful therapist self-disclosure in long-term therapy”. Journal of Counseling Psychology.
  • Kohut, H. (1959). Introspection, empathy, and psychoanalysis: An examination of the relationship between mode of observation and theory. Journal of the American Psychoanalytic Association.
  • Orlinsky, D., Grawe, K., Parks, K., (1994) “Process and outcome in pshycotherapy”. En A.E. Bergins & S.L. Garfield (Eds.) Handbook of psychoterapy and behaviour change (4ta ed. Pp 270-378) Nueva York: Wiley.
  • Sanchez, S. (2011) “Efectos de la autorrevelacion del terapeuta en la alianza terapéutica y satisfacción del cliente”. Tesis de Grado. Universidad San Francisco de Quito.
  • Teyber, E. (1991) Interpersonal process in psychotherapy: a guide for clinical training. (2nd ed) Homewood, IL. Dorsey Press.
  • Artículos de opinión (Op-ed)

¿Por qué las “ofertas” por «fin de temporada” nos resultan tan tentadoras e irresistibles?

  • 30/11/2016
  • Sergio Lotauro

Buenos Aires, la ciudad en donde vivo, tiene varias particularidades, algunas buenas y otras malas, como cualquier otra gran urbe del mundo.

Dentro del primer grupo, se destaca la vasta oferta cultural que ofrece la capital de Argentina: galerías de arte, centros de exposiciones, cines, teatros y museos para todos los gustos y preferencias.

Una vez al año, y solo una vez, los museos de Buenos Aires abren sus puertas al público de manera gratuita. El evento se lo conoce como “la noche de los museos” y si bien uno puede satisfacer su apetito de arte y regodearse en esculturas y pinturas cuando le venga en gana, durante esta jornada en particular se puede ingresar sin pagar arancel.

Lo curioso del asunto es que los museos de la ciudad, en líneas generales, durante el resto del año atraen a un porcentaje menor de visitantes en términos comparativos. La gente no se desespera, precisamente, por visitar los museos, y esto ocurre a pesar de que los tickets habitualmente suelen ser bastante económicos.

Pero, por alguna extraña razón, cuando llega la noche de los museos, la gente se lanza masivamente a recorrer todos los establecimientos que pueda. De repente, una especie de fiebre del arte se apodera de la población y así es como por un día, y solo por ese día, pueden observarse largas filas de personas para ingresar a donde sea y ver lo que sea, y grandes multitudes desparramadas por aquí y por allá en los diferentes salones y galerías.

Mi hipótesis personal sobre este curioso fenómeno es que, en líneas generales, a juzgar por la concurrencia del público durante el resto del año, los museos son de escaso interés para la mayoría de la gente, no siendo el caso de otros eventos como el fútbol y los espectáculos deportivos. Pero la noche de los museos, incluso para aquellos que no sienten un especial interés por el arte, resulta una oferta muy tentadora, difícil de resistir, solo por el hecho de ser acotada en términos de tiempo: es ahora, o luego habrá que esperar al año que viene.

Ahora bien, imaginemos la siguiente situación:

En el paseo de compras que está a pocas calles de su domicilio, acaba de abrir una tienda de venta al público de chocolates.

Como parte de la promoción inaugural, una bonita señorita de ojos claros y trenzas rubias, vestida como campesina belga, se encuentra parada frente a un stand en la puerta de la tienda, ofreciendo bombones gratis en el marco de una degustación entre los visitantes que asisten al centro comercial.

Ante la oportunidad de saborear una confitura sin necesidad de tener que sacar la billetera del bolsillo, usted se acerca al stand y la promotora, mientras despliega frente a sus ojos un delicado estuche que contiene dos bombones, lo saluda con melosa amabilidad y le explica que lo que está a punto de saborear ha sido elaborado con el más fino y delicioso chocolate del centro de Europa. Acto seguido, lo anima a que tome uno de los dos bombones del exclusivo estuche y lo pruebe con confianza.

Lo que usted no sabe, es que la promotora en cuestión ha sido contratada para colaborar en un experimento psicológico.

A la mitad de los transeúntes, les dará a probar un bombón que ellos mismos deberán extraer de una caja en la que solo caben dos. A la otra mitad, les dará a probar un bombón de una caja más grande, en donde fácilmente entran veinte o treinta.

Luego, la promotora le dará una breve encuesta en donde usted deberá puntuar en una escala cuanto la ha gustado el bombón, y también especificar cuánto estaría dispuesto a pagar por él.

Como ya se estará imaginando, las personas que tomaron su bombón del estuche que contenía solo dos, manifestaron en promedio que les gustaba mucho más que aquellas personas que lo tomaron de la caja grande. Y en general, también estaban bien predispuestas para pagar un precio mayor.

Tanto el ejemplo de la noche de los museos como el de la degustación de bombones son ilustrativos de una particular característica del cerebro, que nos impulsa a valorar, como mucho más atractivo, cualquier producto o servicio que percibamos como escaso.

Todos, alguna vez, hemos pasado por alguna situación similar a la que describiré a continuación.

Estamos considerando la idea de comprar un televisor nuevo, ya que el que tenemos lleva algunos años instalado en el living de nuestra casa y está empezando a mostrar algunas fallas propias de la obsolescencia planificada.

Sin estar del todo convencidos, mientras paseamos por los pasillos de la casa de electrodomésticos, vemos un plasma que captura nuestra atención.

Lo observamos cuidadosamente de un lado y del otro, empezamos a hurgar en las características técnicas del producto, y es en ese preciso momento, cuando impresionamos estar interesados, que se nos acerca un vendedor y nos suelta la típica pregunta: “¿Los puedo ayudar en algo?”.

Le respondemos que solo estamos mirando, y el hombre añade: “Este es un excelente televisor, no solo por la calidad y definición de la imagen, sino también por el precio. Se ha vendido muchísimo esta semana, la gente se lo lleva como pan caliente; de hecho, creo que ya no tenemos más y la fábrica los ha discontinuado por este año. Solo queda este, y está para exhibición”.

Una mueca de fastidio aparece entonces en nuestro rostro. Antes no estábamos seguros si queríamos comprarlo o no, pero ahora que la posibilidad de tener un televisor nuevo y a buen precio se nos ha escurrido entre los dedos de la mano, el artículo se vuelve repentinamente mucho más atractivo. Incluso, perdemos de vista nuestras dudas y vacilaciones anteriores.

“¿No habrá quedado alguna unidad en el depósito’”, le preguntamos al vendedor, mientras en nuestro interior la fuerza de la frustración hace que crezca exponencialmente el deseo de poseer el producto.

“Mmm no creo”, nos responde el vendedor por lo bajo mientras mueve la cabeza. “Puedo averiguar… Llamar a otras sucursales. Si se los consigo, ¿me aseguran que se lo llevan?”, nos pregunta entonces con su mejor expresión de entusiasmo e ingenuidad.

Alcanzado ese punto, ya nos hemos tragado el señuelo con anzuelo y todo. Nos hemos comprometido a comprar el televisor impulsados por el poder de lo inalcanzable.

Como termina la historia también es un cliché: el vendedor vuelve invariablemente unos cinco minutos después, portador de la feliz noticia de que encontró un último televisor embalado en el depósito.

Dar marcha atrás y escapar de la trampa es sumamente difícil, y las investigaciones demuestran, además, que es también improbable. Seguimos adelante con la transacción. El vendedor nos felicita por la elección y la “buena suerte” y se dispone a embaucar al próximo incauto que se pasee dubitativo por el establecimiento.

Los trailers de las películas que se van a estrenar, usualmente terminan con la leyenda “sólo en cines”. Por supuesto, esto es una verdad a medias. En la era de la informática e internet, muchos filmes que todavía no llegaron a la pantalla grande ya pueden verse en forma clandestina en la red, eso sin mencionar que si no los vemos en el cine en el momento que se nos indica que debemos hacerlo, seguramente podremos disfrutarlos “on-line” un par de meses después, sin movernos del living de nuestra casa.

La sentencia “solo en cines” pretende limitar geográficamente el acceso a la película, y volverla así más interesante.

“Oferta solo por hoy”, “edición única limitada” y “llame ahora, quedan muy pocas unidades” son ardides típicos destinados a incrementar el grado de deseabilidad de artículos que luego, supuestamente ya no van a estar disponibles.

La idea de las “liquidaciones por fin de temporada” en tiendas de indumentaria usualmente no son reales, y tienen por objetivo impulsarnos a comprar cosas que, tal vez, en un principio no teníamos la intención de comprar, pero que capturan nuestra atención y nos empujan subrepticiamente a considerar con seriedad la idea, en la medida de que si no lo hacemos ahora, después deberemos pagar un precio mayor por el mismo artículo.

Esta es la misma premisa que subyace a eventos como “black friday” y “cyber monday”, que disparan autenticas corridas de compras por ser escasos y limitados: Sólo se realizan una vez al año y duran exactamente 24 horas.

El año pasado instalaron a pocas calles de donde vivo, una sucursal de una famosa franquicia de gimnasios.

Un par de semanas antes de la inauguración, ya se podía acceder a la recepción del establecimiento para adquirir información. En la vereda del gimnasio, un enorme y colorido letrero anunciaba con bombos y platillos que las primeras 300 personas que se inscribieran no pagarían matrícula de ingreso, y accederían además a una cuota mensual reducida por apertura.

La señorita que entregaba la folletería y explicaba las condiciones se ocupaba de dejar bien en claro a quien estuviera interesado que una vez cubierto el cupo de 300 personas, ya no se podría evitar la matrícula inicial y la cuota mensual sería alrededor de un 100 % más cara.

“Ya se apuntaron 285 personas” me dijo personalmente la promotora cuando me acerqué al stand para informarme al respecto. “Quedan disponibles solo 15 vacantes, así que no se demore mucho en pensarlo” subrayó con énfasis mientras depositaba en mis manos un folleto que describía las bondades del lugar y los beneficios de comprar ahora.

Una semana después, envié a una persona de mi confianza a preguntar por la “oferta lanzamiento” del gimnasio. “Le recomiendo que se apure” le dijo esta vez un muchacho alto y fornido, enfundado en una remera con el logo del establecimiento: “Tenemos 280 personas inscriptas, solo nos quedan 20 lugares”, remató.

La idea que está detrás del truco es simple: Sentimos una mayor atracción hacia las cosas que percibimos como escasas o de difícil acceso.

Tanto objetos como personas son más deseables y apetecibles en la medida que no abunden y además, sea difícil acceder a ellos.

La explicación que subyace a este fenómeno hunde sus raíces en la evolución de nuestra especie.

La zona del cerebro que nos incita a acaparar todo lo que podamos, es exactamente igual a la de nuestros antepasados, que hace miles y miles de años vivían en un mundo donde la escasez de alimentos era la norma.

En un sentido nada metafórico y muy real, el cerebro sigue pensando que aún habitamos en ese mundo hostil, donde cada día, conseguir algo para comer constituye un verdadero problema.

El cerebro primitivo está programado para detectar cualquier oportunidad que se presente, ignorando sistemáticamente cualquier información que le indique que ya tenemos suficiente.

No importa que estemos gordos como una ballena, y contemos de sobra con todo lo necesario para pasarlo bien sin mayores carencias ni limitaciones. Toda esta información se asienta en áreas del cerebro diferentes de las que regulan el apetito, el sexo, la búsqueda permanente de la comodidad personal y otras cuestiones básicas asociadas a la supervivencia.

Y es precisamente a esas áreas primitivas del cerebro a las que le hablan y tientan los vendedores astutos.R

  • Recomendados

No es lo mismo ser racional que inteligente

  • 30/11/2016
  • David Aparicio

A menudo confundimos o tomamos como sinónimos los términos de inteligencia y racionalidad. Daniel Kahneman y Amos Tversky con sus investigaciones nos han demostrado las diferencias y los estudios de Keith Stanovich, revelan— más sorpréndete aún— que las personas más inteligent son más propensas a caer en las decisiones irracionales.

Todo esto lo puedes leer en el artículo maravillosamente escrito por David Hambrick y Alexander Burgoyne para The New York Times en su sección en español.

Los humanos somos esencialmente irracionales:

(…) a partir de finales de la década de los noventa, los investigadores comenzaron a añadir un giro significativo a esa opinión. Tal como el psicólogo Keith Stanovich y otros observaron, incluso los datos de Kahneman y Tversky mostraban que algunas personas son muy racionales. ¿Quiénes son estas personas más racionales? Es de suponer que son las más inteligentes, ¿cierto?

Falso. En una serie de estudios, el profesor Stanovich y sus colaboradores pidieron a muestras grandes de sujetos (por lo general varios cientos) que llenaran pruebas de juicios como el problema de Linda, además de someterlos a una prueba de coeficiente intelectual (IQ). El hallazgo más importante fue que la irracionalidad (o lo que el profesor Stanovich llamó “disracionalidad”) se correlaciona de manera relativamente débil con el IQ. Una persona con un IQ alto tiene las mismas probabilidades de padecer disracionalidad que una con un IQ bajo. En un estudio llevado a cabo en 2008, el profesor Stanovich y sus colegas presentaron a los sujetos el problema de Linda y encontraron que aquellos con un IQ alto eran, en todo caso, más susceptibles de caer en la falacia de la conjunción.

Pero no todo está perdido, en el artículo también se explica que podemos entrenar nuestra mente para tomar decisiones más racionales:

La profesora Morewedge y sus colaboradores encontraron que el entrenamiento por computadora llevó a reducciones estadísticamente mayores y más durables del sesgo de toma de decisiones. En otras palabras, los sujetos se mostraron considerablemente menos sesgados después del entrenamiento, incluso después de dos meses. La disminución fue mayor en los sujetos que recibieron el entrenamiento por computadora que en quienes lo recibieron a través del video (aunque en este último grupo también fue grande). Aun cuando hay escasas evidencias de que cualquier tipo de “entrenamiento cerebral” tenga algún impacto en la vida real sobre la inteligencia, puede ser posible entrenar a las personas para que su toma de decisiones sea más racional.

Lee el artículo completo en The New York Times.

  • Ciencia

DSM-5: ¿síndrome de psicosis atenuada?

  • 30/11/2016
  • David Aparicio
Postergación y TB

El síndrome psicótico aglutina un conjunto de trastornos mentales devastadores que se caracterizan por una ruptura de las funciones mentales superiores. Los signos y síntomas de psicosis comienzan en la adolescencia o temprana adultez y suelen tener un inicio gradual y progresivo en el tiempo. El Síndrome de psicosis atenuada es una nueva propuesta diagnóstica del DSM-V que trata de identificar a personas con un estado mental de alto riesgo (EMAR) que pueda ser predictor de transición a la psicosis.

El beneficio potencial sería que si el trastorno psicótico es tratado con más eficacia en sus fases iniciales se podría producir un efecto beneficioso duradero que probablemente no se alcanzaría con intervenciones más tardías. Dicho síndrome ha generado un intenso debate en los foros científicos y profesionales especializados, esgrimiéndose argumentos a favor y en contra de su inclusión.

La evaluación de los EMARs se realiza preferentemente en población de adolescentes o adultos jóvenes. La evolución de los EMARs se asocia a una mayor tasa de transición hacia psicosis no afectivas, si bien puede evolucionar hacia otro trastorno mental, mantenerse estable o remitir con el tiempo.

La evidencia empírica indica que una intervención temprana parece tener un cierto efecto beneficioso, aunque los resultados son por el momento insuficientes y contradictorios. La falta de especificidad de los síntomas en la predicción de la psicosis, la presencia de ciertas limitaciones (p. ej., estigmatización), los resultados encontrados en las intervenciones tempranas y la falta de evidencia empírica, han llevado a incluir el Síndrome de psicosis atenuada en el apéndice III del DSM-V.

A la luz de los hallazgos encontrados se comentan los principales beneficios y limitaciones de la inclusión de esta supuesta categoría, las posibles lecciones aprendidas de este tipo de estudios así como futuras líneas de actuación.

Autores: Eduardo Fonseca-Pedrero, Mercedes Paino y David Fraguas

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Fuente: Papeles del Psicólogo 

  • Ciencia

La ciencia detrás de la fuerza de voluntad

  • 29/11/2016
  • Karemi Rodríguez Batista

Y, ¿qué no haríamos con suficiente fuerza de voluntad? Quizás dejaríamos de fumar, lograríamos bajar esos kilitos que tanto nos molestan, haríamos ejercicio, evitaríamos el consumo de drogas, de alcohol, haríamos eso que siempre postergamos… ¡Vamos, que lograríamos casi todo lo que quisiéramos! ¿verdad?…  O al menos, eso es lo que pensamos.

Cuando nos ha vencido la tentación parece que es el fin del mundo, que es un fracaso moral digno de castigo. Estudios recientes sugieren que hay prácticas para fortalecer nuestra fuerza de voluntad. Sin embargo, también hay estudios que demuestran que cuando la gente se resiste a la tentación, o bien sólo tiene ganancias a corto plazo o bien puede ser un fracaso rotundo.

Una encuesta reciente de la Universidad de Chicago concluyó que el 75 por ciento de los estadounidenses creían que la falta de fuerza de voluntad era una barrera para perder peso, a pesar de la evidencia científica que muestra más cruciales que la fuerza de voluntad misma, los factores genéticos y del medio ambiente (la educación alimentaria).

la gente se resiste a la tentación, o bien sólo tiene ganancias a corto plazo o bien puede ser un fracaso rotundo

Si dejaramos de “rendir culto” al autocontrol, tal vez podríamos empezar a ayudar a las personas a alcanzar sus metas de forma diferente, con más eficacia y menos esfuerzos.

En contra de la fuerza de voluntad

En el pensar colectivo tenemos incrustadas frases como “Querer es poder”, o “El que quiere azul celeste que le cueste”. Pero… y si, por ejemplo, el cambio que queremos hacer es comer menos dulces, y de pronto nos encontramos delante de un montón de galletas de chocolate, los investigadores dicen que la pila de galletas “ya  nos ha ganado la partida”.

Nuestro prototípico modelo de autocontrol se asemeja a tener un ángel por un lado y un demonio por otro, que constantemente luchan. Tendemos a pensar que las personas con gran fuerza de voluntad, serán capaces de ganar eficazmente esta batalla. La verdad es que las personas que realmente tienen buen autocontrol nunca tienen estas batallas en primer lugar. Es decir, son los que experimentan menos tentaciones en general los que más éxitos consiguen, no los que utilizan la fuerza de voluntad (que casi siempre suele agotar).

En 2012 se publicó un estudio en la revista Personality and Social Psychology. En éste se seguía la pista a 205 personas toda una semana en Alemania. A los participantes se les proporcionaba BlackBerrys que aleatoriamente les preguntaban sobre qué deseos, tentaciones y autocontrol experimentaban en el momento. El estudio tropezó con una paradoja: Las personas que se auto percibían con más autocontrol, informaron menos tentaciones a lo largo del período de estudio. En definitiva, las personas sobresalientes en autocontrol casi no lo utilizaban en absoluto.

Si vencer la tentación es una virtud, entonces a mayor resistencia debería producirse mayores logros, ¿verdad? Eso no es lo que concluyen los resultados, a la espera de su publicación en la revista Social Psychological and Personality Science.

Lo que podemos aprender sobre la  fuerza de voluntad

1) Las personas con mayor autocontrol disfrutan de actividades que algunos de nosotros resistimos, como comer sano, estudiar o hacer ejercicio.

Estas actividades, por lo tanto, ya no son vistas como tareas para ellos. Hay mayor probabilidad de obtener los objetivos desde el “quiero” que desde el “debo”. Es más fácil alcanzar las metas así, y uno se esfuerza menos.

Si haces ejercicio porque “tienes que” estar en forma, pero encuentras esta actividad pesada, horrible, etc., pues es más probable que no la continues. Pero si la actividad, sea la que sea, te gusta, entonces sí que se incrementan las probabilidades de volverla a hacer. Es decir, tenemos que hacernos “coco wash”, o el “cambio de gafas o posición” desde la que percibimos la actividad hasta encontrarle el atractivo, para que nos motivemos si es necesario.

2) Las personas que son buenas con el autocontrol han aprendido mejores hábitos

Los psicólogos Brian Galla y Angela Duckworth publicaron un artículo el año pasado, en la Revista de Personalidad y Psicología Social. En él dan cuenta de los resultado encontrados a través de seis estudios y más de 2.000 participantes. Afirman que las personas más autocontroladas tienden a tener buenos hábitos, como comer sano, hacer ejercicio regularmente, dormir bien y estudiar.

¿Os acordáis de la prueba clásica sobre el autocontrol, “La prueba del malvavisco” de Walter Mischel, en los años 60?

En esta prueba, sentaron a los peques enfrente de un malvavisco y se les dijo que se la podrían comer, o que si se esperaban entonces podrían comer dos. ¡Ay, pobretes!

Se encontró que la capacidad de resistencia (tolerancia a la frustración) correlaciona con todo tipo de resultados positivos en la vida. Los niños que evitaron comer el primer malvavisco encontraron formas para distraerse y no mirar el caramelo. Estos niños lograron mayor autocontrol debido a la aplicación estrategias más eficaces. El factor crucial para tolerar la frustración es la capacidad de cambiar la percepción del objeto o la acción que deseamos resistir.

las personas sobresalientes en autocontrol casi no lo utilizaban en absoluto

3) Algunas personas experimentan menos tentaciones

Hemos de tomar en cuenta las disposiciones personales y otros factores para entender que hay personas que, por ejemplo, tienen más tendencia al juego o a las compras, o por el contrario, que puntúan alto en el rasgo de personalidad “conciencia”, luego tienden a ser más cautos o poseer hábitos más saludables, y está claro que les irá mejor en esto del autocontrol.

4) Es más fácil tener autocontrol cuando no eres pobre

Cuando la prueba de malvavisco de Mischel se repite en poblaciones de niños más pobres, hay una tendencia clara: tienen peor desempeño y parece que son menos capaces de resistirse. La razón de esto, según Elliot Berkman, neurólogo de la Universidad de Oregon, es que las personas que crecen en la pobreza son más propensas a centrarse más en las recompensas inmediatas que en las recompensas a largo plazo, ya que cuando eres pobre, el futuro es menos seguro.

Los investigadores quieren averiguar si el autocontrol se puede ejercer sin esfuerzo

«El autocontrol no es un músculo moral especial»,  afirma Galla. Es como cualquier decisión, y para mejorar la decisión, tenemos que mejorar el medio ambiente, y dar a la gente las habilidades necesarias para evitar la tentación en primer lugar.

Las nuevas investigaciones aún no son concluyente sobre si es realmente posible enseñar a las personas las habilidades necesarias para que se ejerza el autocontrol sin esfuerzo. Es necesario realizar más trabajo: diseñar intervenciones y evaluar sus resultados con el tiempo.

Ya para finalizar os traemos un informe elaborado por la Asociación Americana de Psicología, que nos explica más a fondo por qué el autocontrol triunfa o fracasa y nos da una serie de recomendaciones para saber utilizar la fuerza de voluntad a nuestro favor. Aquí puedes descargarlo.

Fuente: Vox

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Revelando los secretos para ganar botes progresivos

  • 29/11/2016
  • David Aparicio

Los juegos de azar son muy populares en los tiempos modernos. Esta forma de pasar el tiempo atrae la atención de los jugadores con una variada selección de interesantes máquinas tragamonedas y la oportunidad de ganar dinero real en un corto período de tiempo. https://www.brazino777.mx/ ofrece una gran selección de juegos entre los que ganarás cantidades reales, así como la oportunidad de llevarte el premio mayor. Para que la suerte esté de su lado y se acredite una gran suma de dinero en tu cuenta, debes seguir las recomendaciones de los jugadores experimentados. Los botes progresivos no son un mito. Hoy en día la probabilidad de ganar una gran cantidad de dinero es bastante alta.

Jackpot progresivo: características ganadoras

El bote progresivo es un tipo especial de recompensa. La acumulación de premios en metálico se lleva a cabo en el proceso de realización de apuestas en determinadas máquinas tragamonedas. Los montos del premio mayor pueden alcanzar tamaños inimaginables. Debido al atractivo de tal premio, cada vez son más los fanáticos que se esfuerzan por ganar el premio principal en efectivo.

Cabe señalar que para ganar el premio mayor es importante seguir ciertas estrategias. Y aunque las garantías de ganarlo no existan y las pérdidas financieras sean una consecuencia, también está latente la emoción de disfrutar del juego.

Cuáles son las principales características de las ganancias acumulativas:

  • El proceso principal del juego es la acumulación. El bote progresivo aumenta cuando un jugador realiza una apuesta en una máquina que tiene una función de “bote”. Un cierto porcentaje de la apuesta realizada por el participante se acredita al premio total, cuyo monto aumenta hasta que se otorga el premio principal en efectivo.
  • Cadena de premios mayores. Los botes progresivos a menudo se combinan en varios clubes en línea o máquinas tragamonedas de operadores específicos. En este caso, el fondo total de premios aumenta debido a las apuestas realizadas por jugadores de diferentes establecimientos de juego conectados por un premio mayor. El tamaño de dichas ganancias puede ser de varios millones.
  • El premio mayor puede ser de cierto nivel. Los botes progresivos pueden ser de diferentes niveles, por lo que la cantidad ganadora también puede variar. Estamos hablando de botes mini y maxi. Los jugadores ganan premios mínimos con mucha más frecuencia que recompensas grandes.
  • Posibilidades de ganar. La probabilidad de recibir el premio principal en efectivo es baja; además, muchos clientes de casinos en línea se esfuerzan no solo por ganar una pequeña cantidad de dinero, sino también por ganar el premio mayor. Todos los jugadores tienen las mismas posibilidades de ganar, por lo que el resultado del juego depende en gran medida de la suerte.

Los botes progresivos añaden entretenimiento extremo a los juegos de azar, porque la probabilidad de ganar es baja y las apuestas deben realizarse con dinero real. Todo jugador que quiera ganar un premio mayor debe ser consciente de que el éxito depende únicamente de la suerte y que es casi imposible influir en el resultado del juego.

Consejos para ganar el bote progresivo

Como se mencionó anteriormente, no hay garantía para ganar un premio mayor progresivo, pero puede aumentar sus posibilidades si sigue las siguientes recomendaciones:

  • Cuidado al elegir el casino virtual donde planea jugar. La plataforma debe operar legalmente y tener una licencia para actividades de juego. Una de esas plataformas es https://www.brazino777.mx/. Hay una gran selección de tragamonedas con botes progresivos, que se encuentran en una sección separada. Hay varios sistemas de pago disponibles para los usuarios y también se ofrecen lucrativas ofertas de bonificación a los jugadores.
  • No tengas miedo de hacer apuestas máximas. Para aumentar las posibilidades de ganar el premio mayor, el jugador debe correr riesgos y realizar grandes apuestas. Si realizas apuestas pequeñas, la probabilidad de recibir una gran recompensa será mínima.
  • Estudia detenidamente las condiciones y reglas del juego. Para ganar un bote progresivo, debes cumplir estrictamente con todos los requisitos establecidos por el casino en línea y el proveedor.
  • Elije las máquinas tragamonedas más populares a las que juega una gran cantidad de jugadores. En estos juegos, la probabilidad de ganar el premio mayor es mucho mayor que en las máquinas tragamonedas tradicionales sin bonificaciones ni otras funciones avanzadas.
  • Establece un límite y no lo excedas si ganas.

Los generadores de números aleatorios son la base de las máquinas tragamonedas modernas. Las tragamonedas con jackpot progresivo tampoco son una excepción. Por eso no intentes encontrar una estrategia específica que te permita ganar el premio mayor. Sigue las recomendaciones anteriores y cuenta con la suerte.

Conclusión

Te recomendamos no tener miedo de probar suerte en las tragamonedas con botes progresivos. No excedas los límites, juega en plataformas probadas y ¡seguro que ganarás el premio mayor!

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Machismo a la mexicana

  • 28/11/2016
  • David Aparicio

Mónica Redondo escribió para Hipertextual un análisis de como el machismo se apoderó de los medios mexicanos. En especial de la sección del pronóstico del tiempo.

El artículo de Redondo nos ofrece mucho para reflexionar sobre como los medios de comunicación siguen perpetuando ese machismo rancio que hace rato deberíamos haber eliminado. Pero claro, el machismo genera mucho dinero y los medios no están dispuestos a perder ni un centavo:

El pronóstico del tiempo nunca fue tan sensual. Mujeres jóvenes con tacones de infarto y vestidos apretados o minifaldas. Muchos espectadores desearán que hayan chubascos en el sur del país para que la presentadora se agache.

La sección del tiempo en los informativos del canal mexicano Televisaes el producto televisivo más rentable de toda la programación. Todo gracias a ellas, las chicas del tiempo, chicas jóvenes que no pasan de 30 años y que informan sobre el clima con looks que quitan el hipo.

¿Mujeres objeto? Para nada. Ellas se ven como profesionales y simplemente admiten que el físico es algo muy importante en televisión. «Yo me pongo en la piel de un espectador y si veo a alguien feo ¡pues le cambio!», explica Gabriela Lozoya, una de las presentadoras de Televisa en entrevista con El País.

Lee el artículo completo en Hipertextual.

  • Ciencia

Cerebro y procrastinación

  • 28/11/2016
  • Sergio Lotauro

Siempre me gusta decir que el cerebro es como una mamushka, ya que en su interior contiene otro cerebro más chico, conformado por una serie de núcleos que en su conjunto controlan y regulan aquellos aspectos más ligados a la vida instintiva, como la alimentación, la sexualidad y la búsqueda de seguridad y protección, que son los tres pilares de la supervivencia en el reino animal.

Como luce el exterior del cerebro todo el mundo lo sabe. Es bastante parecido a una nuez, pero de un color rosáceo y consistencia viscosa. Pero en realidad, eso que podemos ver es solo la capa externa, llamada corteza cerebral.

La corteza posee un espesor de varios milímetros, y envuelve a otras regiones con una morfología y una bioquímica completamente diferente, que en su totalidad reciben el nombre de cerebro paleomamífero, más comúnmente conocido como sistema límbico.

Mientras las neuronas de la corteza cerebral están dispuestas en capas y se ocupan de dar soporte biológico a las funciones cognitivas más elaboradas del ser humano, como la personalidad, el pensamiento y el lenguaje; las neuronas del cerebro paleomamífero se encuentran apiñadas, dispuestas en grupos o conglomerados que constituyen núcleos cerebrales que cumplen diferentes tareas, más estrechamente vinculadas al metabolismo del cuerpo.

el cerebro es como una mamushka

No me voy a extender demasiado sobre las características anatómicas y funcionales de nuestros dos cerebros, pero es necesario que el lector sepa que la corteza cerebral es la sede de los procesos conscientes; es decir, gracias a ella podemos comprender y verbalizar aquella información que circula por nuestro cerebro.

Pero no ocurre lo mismo con la información que circula por debajo de la corteza. Los núcleos que conforman el sistema límbico funcionan con relativa independencia del resto del cerebro.

De hecho, las funciones cognitivas que residen en la corteza solo tienen una influencia muy limitada sobre las áreas subcorticales.

Para acelerar un poco la cosa, quiero dejar establecido que mientras utilizamos la corteza para hacer un cálculo matemático, leer un libro, o elaborar una teoría científica; el sistema límbico regula nuestro bienestar psicológico y una gran parte de la fisiología del cuerpo, como el funcionamiento del corazón, la tensión arterial, el sistema endócrino, el sistema digestivo y el sistema inmunológico.

Y mientras utilizamos la corteza de forma voluntaria, de acuerdo a nuestros intereses del momento, el sistema límbico, por el contrario, trabaja de forma automática, silenciosa, y más allá de nuestras intenciones.

Por ejemplo, no necesitamos pensar que el corazón bombee sangre para que pueda hacerlo. Tampoco le damos conscientemente la orden a nuestros pulmones para que respiren el oxigeno que necesitamos para vivir, ni le pedimos al estómago que digiera los alimentos, ni al sistema inmunológico que nos defienda de posibles virus o bacterias que invaden nuestro organismo.

En pocas palabras, no tenemos control ni registro consciente de lo que ocurre por debajo de nuestra corteza. Solo tenemos consciencia del resultado de estos procesos automáticos e invisibles.

En todo caso, podemos escuchar a nuestro corazón latir, o sentir a nuestros pulmones respirar, pero no tenemos que proponernos nada de eso para conseguirlo.

Que tengamos dos cerebros independientes e interrelacionados es la razón, probablemente, del porque nos cuesta tanto cambiar un habito o una costumbre fuertemente establecida.

Cuando nos proponemos hacer una dieta para bajar de peso o inscribirnos en el gimnasio para llevar una vida más saludable y menos sedentaria, nos cuesta muchísimo llevarlo a la práctica.

Muchas veces el resultado es la eterna postergación, la búsqueda infructuosa del “momento adecuado” para poder hacerlo.

De esta manera, demoramos el paso a la acción de nuestra decisión, y cabe pensar que tal vez se deba a que no es suficiente con la determinación consciente; el cerebro necesita estar convencido en su conjunto.

En casos como este, pareciera que estamos asistiendo a una lucha de poder entre las fuerzas conscientes del cerebro versus las inconscientes, en donde estas últimas claramente siempre tienen ventaja.

no tenemos control ni registro consciente de lo que ocurre por debajo de nuestra corteza

Aquí es donde se pone de manifiesto la necesidad de una decisión integral. Difícilmente alcance con nuestra corteza cerebral para doblegar los impulsos y las tendencias inconscientes que nacen en el sistema límbico.

Así es, el cerebro es desidioso, y muchas veces se deja arrastrar por los beneficios inmediatos que proporciona determinada decisión (ir a la cafetería de la esquina a comer una porción de torta de chocolate, por ejemplo), ignorando beneficios futuros mayores de la elección contraria (ir al gimnasio a hacer una rutina de actividad cardiovascular).

Esto es lo que se conoce como procrastinación, un mal que se ha extendido sobre la faz de la tierra como una pandemia y que afecta a casi todas las culturas por igual.

Muchas veces nos comportamos de una manera completamente hedonista, como si no existiera un mañana, o en su defecto, como si en el futuro fuéramos a estar menos cansados o mejor predispuestos de lo que estamos hoy.

El placer de saborear un helado de crema rusa nos proporciona una gratificación instantánea con la que no puede competir la valoración de un futuro en donde nos veamos más delgados, más apuestos, y probablemente más sanos.

También, esa es parte de la razón por la cual, como sociedad, nos encontramos inmersos en un consumismo desenfrenado, donde las compras compulsivas son cada vez más frecuentes entre la población, socavando la posibilidad de ahorrar dinero para una mejor jubilación y pasar económico en el día de mañana.

el cerebro es desidioso, y muchas veces se deja arrastrar por los beneficios inmediatos que proporciona determinada decisión

Los objetivos loables a largo plazo los planifica nuestra corteza cerebral. Ella es completamente capaz de hacer minuciosos análisis de costos y  beneficios, de sopesar las ventajas y desventajas de, por ejemplo, hacer una oportuna visita al dentista.

Sabe perfectamente que a largo plazo, la inversión en tiempo, dinero y sufrimiento personal, más el lucro cesante añadido como consecuencia de una simple caries en una muela, es sustancialmente mayor que el beneficio que reporta quedarse en casa durmiendo la siesta, o mirando la televisión mientras se bebe una cerveza.

Pero entonces aparece el sistema límbico con esa fuerza arrolladora que todos alguna vez hemos experimentado y el abandono se impone. Optamos por la satisfacción inmediata que nos proporcione cualquier otra actividad trivial. Preferimos algo de placer ahora, aún sabiendo que el beneficio futuro es exponencialmente mayor.

Sin duda, sabemos cuál es la mejor opción, la que nos favorece en el sentido más amplio posible, pero a una parte de nuestro cerebro no le gustan los sacrificios a corto plazo, y siempre tenemos a mano una buena razón para postergar lo indeseable, desde la dieta que empezaremos “sin falta” el lunes, hasta la catarata de buenas intenciones y objetivos que siempre nos proponemos todas las navidades para el inicio del año siguiente.

Y es entonces cuando empezamos a justificar nuestra conducta poco deseable en base a toda clase de racionalizaciones.

Las racionalizaciones se utilizan a menudo para reducir el malestar psicológico que provoca determinado comportamiento cuando no se ajusta a lo que creemos sobre nosotros o a nuestros valores.

Por ejemplo, si pensamos que la utilización del castigo físico no es adecuada y hasta resulta nociva en la crianza de los niños, pero por otra parte usualmente apelamos a las nalgadas o peor aún, a los cachetazos cuando nuestro pequeño hijo nos desobedece, es inevitable que en algún momento nos demos cuenta de la contradicción y nos sintamos, en consecuencia, confundidos y culpables ante nuestro propio proceder.

Con el propósito de reducir la tensión interna resultante, procuraremos entonces movernos en alguna dirección que alivie el malestar y ponga en congruencia nuestras acciones (pegarle a nuestros hijos) con nuestras creencias (no pegarle a nuestros hijos).

Podemos, naturalmente, dejar de castigar a nuestro pequeño vástago del averno, pero también podemos suavizar nuestra forma de ver el problema introduciendo racionalizaciones en la ecuación, que nos ayuden a ganar consistencia interna.

Podemos decirnos entonces: “Bueno, pero una nalgada de vez en cuando no le va a provocar ningún trauma psicológico”.

O bien: “Mi propia madre de vez en cuando me pegaba y tan mal no creo haber salido”.

Cuando quedamos atrapados en un conflicto de intereses, una buena racionalización resulta muchas veces más simple de poner en práctica que un cambio real y profundo de un hábito arraigado o una rutina enquistada, difícil de desmantelar.

Hacia donde miremos nos vamos a encontrar con personas haciendo racionalizaciones.

Todos sabemos, por ejemplo, que hay una correlación fuerte entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón, y también todos conocemos a alguien que a sabiendas de esto, mientras enciende un cigarrillo se justifica diciendo: “Bueno, pero yo conozco a Fulano que a su vez conoce a Mengano, que tiene 98 años, una excelente salud y fumó toda su vida!”

O argumenta algo más absurdo aún: “Si, está bien, pero el cigarrillo a mi no me afecta como a los demás”.

Una buena racionalización puede dejar a salvo nuestra autoestima y ayudarnos a dormir con la conciencia tranquila durante la noche. Pero conviene tener presente que, en esencia no es otra cosa que un invento, una explicación falsa elucubrada por nuestra corteza cerebral para no admitir su derrota frente al imperativo hedonista del sistema límbico.

Racionalizar es venderle el alma al diablo.

Usted acaba de leer este artículo y ahora lo sabe. Se le acabaron las excusas.

Artículo recomendado: El habito de postergar: técnicas comportamentales para su modificación

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