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  • Ciencia

Divorcio de la pareja; ¿separación de los hijos?

  • 23/05/2013
  • Irina Zanetti
divorcio

Si bien los datos que nos arrojan diversas estadísticas en relación al divorcio siguen aun hoy alertándonos, el hecho de que los números sean cada vez más elevados produce una naturalización de estas circunstancias al punto de que pasa por desapercibida el alcance que una ruptura de pareja puede llegar a tener.

La problemática resulta aun más dificultosa en el caso de que la pareja tenga hijos en común, ya que el modo en que encaren la situación y la manejen en relación a los niños delimitará un escenario que puede resultar propicio para la invención de nuevos vínculos o, por el contrario, facilitar el desencadenamiento de modos patológicos de enfrentamiento.

Mientras que el concepto de “conyugalidad” supondría una convivencia, un contacto sexual, un proyecto de vida y un vínculo amoroso entre dos partes, el término “parentalidad” marca la presencia de hijos en común. Pese a que son dos cuestiones autónomas e independientes, suele asociarse en los hechos la ruptura de la conyugalidad con una consecuente separación de los hijos.

¿En qué circunstancias una pareja decide divorciarse?

En Buenos Aires ocurre un divorcio cada dos casamientos diarios, así como en las grandes ciudades, tales como Córdoba o Rosario, habría una separación cada tres matrimonios; mientras que en lugares más tranquilos, como ser Jujuy o Salta, la relación es de 1 a 10.

Dicha información anima a pensar que el divorcio está muy asociado a las actividades, siendo en las grandes ciudades característico un modo acelerado de vivir que imposibilita el disfrute del tiempo de distracción, necesario para romper con la rutina y rencontrarse con la intimidad de la pareja.

En un contexto tal suele darse un desencuentro que aproxima a las partes a un sentimiento de desconocimiento en relación a ese otro con el que conviven y con quien incluso no mantienen diálogo alguno.

Está comprobado que en aquellas parejas donde el tipo de comunicación se asocia a una escucha atenta y receptiva, se genera una red de contención tal que habilita un sentimiento de reconocimiento y pertenencia del vínculo, desarrollando, a su vez, una identidad al interior de la relación.

Por el contrario, cuando la comunicación es nula o se basa en reproches, acusaciones y querellas, termina configurándose una trama rígida que no sostiene, volviéndose el vínculo una de las fuentes de malestar y desencuentros más grandes.

En este tipo de relaciones, a su vez, se acrecienta la no tolerancia a la diferencia y con ella la posibilidad de querer aplastar y borrar los rasgos alternos, siendo la violencia un recurso utilizado para convertir al sujeto en objeto, funcionando como una bola de nieve que amenaza con destruir a las partes.

Es en este punto que el divorcio aparece como un panorama posible y cuando se decide emprender el camino de la separación, comenzando así a producirse la necesidad de transformación del vínculo.

¿Qué implicaciones tiene el divorcio?

Sin lugar a dudas, el divorcio resulta una situación crítica y traumática en tanto instala un cambio brusco en el devenir de la pareja, y de la familia; los acuerdos e ideales establecidos dejan de tener valor y resulta necesario inventar nuevas reglas y proyectos.

La ruptura desgarra, duele porque lleva a la gran pregunta de quién se es sin ese otro con el que se compartieron años de vida, emergiendo un sentimiento de desprotección y de desorientación en torno a uno y los demás.

A la par surge una gran paradoja: mientras se vuelve menester la ausencia del otro para poder olvidarlo y superar la separación, en el caso de que haya hijos, ese otro deberá estar también presente y eso resulta muy difícil de afrontar.

De allí que, en gran medida, se crean organizaciones dualistas como modo defensivo de atravesamiento, en el que aparecen dos figuras: la víctima y el victimario, el culpable y el inocente.

¿Qué ocurre cuando estas dualidades entrampan a los hijos?

Cuando los padres hacen partícipes a sus hijos de la ruptura de la pareja y pretenden negociar con ellos, éstos no saben para dónde correr.

Muchas veces los niños quedan sujetados a la voluntad y manejo de los adultos, como si se tratara de un objeto más por el que se disputa la herencia y la distribución de bienes ante el divorcio.

Generalmente se apabulla a los hijos con frases que no hacen más que desvalorizar y responsabilizar al otro por la separación o abandono de la familia, como si el divorcio entre los padres implicase también separarse de los hijos.

Cuando el hijo queda posicionado de uno u otro lado suelen despertarse en él emociones ambivalentes de amor y odio, junto a la culpa por aquellos pensamientos y sentimientos negativos que se le aparecen en relación a alguno de sus papás.

Al fantasear que él pudo haber provocado las peleas entre los progenitores, sintiéndose responsable por ello. Al suponer que, si el amor entre sus padres se agotó, también podrían dejarlo de amar a él, es frecuente el desprendimiento de una profunda angustia.

En ese contexto de desorientación y desprotección suelen aparecen síntomas tales como enuresis, miedos desmedidos, distracción y bajas calificaciones en la escuela y comportamientos agresivos hacia uno u otro sexo, sólo por mencionar algunos de los fenómenos patológicos.

Sin lugar a dudas, cuando los adultos involucran a los hijos en su separación, se produce un impacto nocivo en la manera en que éstos establecen lazos, no sólo durante su niñez sino a lo largo de todo su crecimiento. Repercuten incluso en sus primeras relaciones amorosas que se ven atravesadas por los temores derivados de esta experiencia tan traumática.

De allí que, si bien el divorcio implicará un duelo tanto para padres como para los hijos, en la medida en que la familia es una estructura en la que la modificación en uno conlleva a la afectación de todos, transformar el nexo entre los padres e hijos hacia un vínculo más sano posibilitaría ahorrar gran parte del sufrimiento.

¿Cuáles podrían ser salidas más saludables a esta situación?

En primer lugar, se vuelve menester que una vez que se toma la decisión de separarse, se lo comuniquen al hijo dejándole en claro que la disposición es de ambas partes y que en cuanto tal nada tiene que ver con él, así como el hecho de que los padres vivan en diferentes hogares no quiere decir que él deje de contar ni con uno ni con el otro y que el amor que le tienen seguirá siendo el mismo, más allá de los cambios que puedan darse en la pareja.

En segundo lugar, dado que bajo ningún motivo el niño debe quedar en posición de tener que elegir, ya que seguirá siendo el hijo de ambos, no deberá ser utilizado como medio ni intermedio de ninguno de los padres.

Por dicha razón los adultos no dejarán de cumplir sus obligaciones ni ejercerán sus derechos, lo cual quiere decir que deberán responsabilizarse por el cuidado, mantenimiento monetario y calidad de crianza de sus hijos a la par que podrán disfrutar de compartir momentos con ellos y de entablar contacto asiduamente.

Una elaboración saludable tiene que ver entonces con el hecho de aceptar que  el divorcio es de la pareja y no de los hijos y que sólo si se reinventa la relación entre los adultos, en cuanto a padres que comparten un hijo en común, podrá el niño no salir mayormente lastimado de la situación.

Sin categoría

(PDF) Utilidad clínica de las clasificaciones de los trastornos del desarrollo del lenguaje

  • 22/05/2013
  • Equipo de Redacción

Se han presentados varias propuestas de clasificación de los trastornos del lenguaje en los niños: unas, basadas en el deseo de diferenciarlos en función de su posible causa, y otras, en el criterio de formar agrupaciones de síntomas (‘síndromes’) de cara a facilitar el proceso de diagnóstico y orientar los programas de intervención.

En una primera parte, se analizan las ventajas y limitaciones de las clasificaciones más utilizadas, insistiendo en la imprecisión de las descripciones y de los criterios para diferenciar distintos subgrupos.

En una segunda parte, se analiza la utilidad clínica del uso de estas nomenclaturas. Se propone finalmente una herramienta clínica dirigida a introducir el criterio de gravedad de los síntomas en el diagnóstico diferencial.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Fuente: Neurología

Sin categoría

(PDF) Neurosífilis: formas de presentación y manejo clínico

  • 22/05/2013
  • Equipo de Redacción

La neurosífilis es la afectación del sistema nervioso central por Treponema pallidum. Provoca diversos cuadros clínicos que, en ocasiones, son similares a otras enfermedades neurológicas más conocidas. En este artículo se pretende dar una visión clínica global de esta entidad revisando sus formas de presentación y su manejo diagnóstico y terapéutico.

Las formas de presentación de la neurosífilis se agrupan en dos: precoces (neurosífilis asintomática, meníngea y meningovascular) y tardías (parálisis general progresiva y tabes dorsal). Además se han descrito otras de menor importancia, como el goma, formas oculares, amiotrofia sifilítica o hipoacusia.

El diagnóstico es complejo y se basa en el estudio del líquido cefalorraquídeo. Debido a la dificultad para hacer un diagnóstico con certeza se han establecido diferentes criterios diagnósticos, en los que juega un papel fundamental la serología para T. pallidum.

El tratamiento más eficaz es la penicilina, que en ocasiones puede no ser efectivo, por lo que se recomienda un seguimiento posterior clínico y licuoral. Finalmente, se describen los cambios en la incidencia y presentación clínica, así como las dificultades diagnósticas que pueden darse en los enfermos portadores del VIH que además sufran esta enfermedad.

La neurosífilis es una enfermedad aún presente en nuestros días, que ha de tenerse en cuenta como diagnóstico diferencial en múltiples enfermedades neurológicas y psiquiátricas dado su polimorfismo clínico. Este hecho, la difícil interpretación de los tests serológicos y su irregular respuesta al tratamiento habitual suponen una dificultad para su manejo, y para el neurólogo, la necesidad de conocerla con detalle.

Descarga el artículo completo en formato PDF. 

Fuente: Neurología

  • Clínica

Fumar pasivamente durante la infancia se relaciona directamente con problemas de conducta

  • 22/05/2013
  • David Aparicio
fumar pasivamente

Los niños que fueron expuestos al humo del cigarrillo de segunda mano (exhalado) en la infancia temprana son más propensos a desarrollar agresividad social y antisocial, independientemente de si han sido expuestos durante el embarazo o si sus padres tienen historia antisocial. Este fue el hallazgo de Linda Pagani y Caroline Fitzpatrick que fue publicado el 21 de Mayo en Journal of Epidemiology and Community Health.

Dado que no sería ético exponer a los niños al humo del tabaco para probar la hipótesis de la investigación, las autoras utilizaron datos longitudinales obtenidas por las autoridades de salud de Quebec, Canadá.

Las autoras explican:

“El humo del cigarrillo de segunda mano es en realidad más peligro que el humo inhalado, y el 40% de los niños de todo el mundo están expuestos a él. Por otra parte, la exposición a este humo en la primera infancia es particularmente peligroso, ya que el cerebro del niño aún está en desarrollo. Observamos los datos que se recogieron de aproximadamente 2.055 niños desde su nacimiento hasta los diez años de edad, incluidos los informes de los padres, de los maestros y de los propios niños sobre el comportamiento en el aula y encontramos que los que habían estado expuestos al humo del cigarrillo, aunque sea temporalmente, eran mucho más propensos a ser agresivos para cuando terminaron cuarto grado.”

Aunque no se pudo determinar ningún vínculo causal, las correlaciones estadísticas sugieren que la exposición al humo del cigarrillo podría provocar una desviación en la conducta de los niños. La información más detallada recopilada por el Estudio Longitudinal de Quebec de Desarrollo Infantil, les permitió a las investigadoras distinguir la contribución única de la exposición al humo de cigarrillo en el comportamiento desviado posterior de los niños.

Las autoras explicaron que los estudios anteriores han observado a los grupos de niños en general y han encuestado a las madres para conocer si fumaban o no y con cuanta frecuencia, en lugar de preguntar si alguien fumaba en el hogar donde los niños viven y juegan. Agregaron que, pocos estudios han examinado el comportamiento antisocial en los padres y aún menos han indagado sobre la influencia posterior de la exposición prolongada al humo de cigarrillo a largo plazo. Según ellas, ningún estudio anterior ha tenido en cuenta el hecho de que las familias desfavorecidas son menos propensas a participar en un estudio tan largo, lo que produce un sesgo en las estadísticas.

Las estadísticas de este estudio están respaldadas por otros estudios biológicos sobre los efectos del humo de cigarrillo en el cerebro. Se considera que el humo de cigarrillo de segunda mano es más tóxico, ya que contiene una mayor concentración de diversos tóxicos respirables durante un periodo de exposición más largo.

Las investigadoras concluyen que las fuentes ambientales de humo de cigarrillo representan la causa más pasiva y prevenible de enfermedad y discapacidad. Este estudio sugiere que el periodo postnatal es importante para la prevención del desarrollo neurológico deteriorado, y abogan por la promoción de un entorno no contaminado para los niños.

Fuente: ScienceDaily

  • Ciencia

El nacimiento prematuro podría reducir las habilidades cognitivas de los niños

  • 21/05/2013
  • David Aparicio

Por medio de una nueva técnica de escaneo, se encontró que el nacimiento prematuro interrumpe los procesos vitales del desarrollo del cerebro, lo que acarrea la reducción de las capacidades cognitivas de los niños.

Los investigadores del King’s College London y del Imperial College London publicaron en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) el estudio que utilizó por primera vez una nueva forma de resonancia magnética para identificar los procesos de desarrollo importantes en el cerebro que son vulnerables a los efectos del nacimiento prematuro. Los resultados mostraron una interrupción de estos procesos específicos que pueden tener un impacto en la función cognitiva.

Para realizar la investigación se utilizó la Resonancia Magnética por Difusión, un tipo de formación de imágenes que utiliza la difusión natural del agua para observar la maduración de la corteza cerebral, donde reside la mayor parte de la potencia de cálculo del cerebro. Por medio del análisis de la difusión del agua en la corteza cerebral de 55 bebés prematuros y 10 bebés nacidos a término se mapeó la creciente complejidad y la densidad de las células nerviosas a través de toda la corteza en los meses anteriores al tiempo normal de nacimiento.

Se encontró que, durante este periodo, la maduración fue más rápida en áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento social y emocional, la toma de decisiones, la memoria de trabajo y el procesamiento visual-espacial. Estas funciones a menudo se deterioran después de un nacimiento prematuro, y los investigadores encontraron que el desarrollo cortical se redujo en neonatos prematuros en comparación con los bebés que habían nacido a término. Cuando los investigadores re-examinaron a los infantes a la edad de dos años, los que habían nacido prematuramente y tenido un lento desarrollo cortical, demostraron un bajo desempeño en las pruebas de desarrollo neurológico. Esto demuestra el impacto a largo plazo de la prematuridad en la maduración cortical.

 Las últimas semanas en el vientre
de la madre son realmente necesarias.

David Edward, director del Centre Of Developing Brain en el King’s College London explicó que el número de bebés que nacen antes de tiempo es cada vez mayor, por lo que es muy importante mejorar nuestra comprensión de cómo el nacimiento prematuro afecta al desarrollo del cerebro y provoca daño cerebral. Sabemos que la prematuridad es muy estresante para un bebé, pero mediante el uso de esta nueva técnica somos capaces de rastrear la maduración del cerebro en los bebés para identificar los procesos exactos que pueden ser afectados por el nacimiento prematuro.

Estos resultados ponen en relieve una etapa clave del desarrollo del cerebro donde las neuronas se ramifican para crear una estructura compleja y madura. Ahora podemos ver que esto ocurre en las últimas etapas de desarrollo en él bebés sanos cuando aún están en el útero. Esto sugiere que el nacimiento prematuro puede interrumpir este proceso de desarrollo vital y podría explicar por qué a veces vemos efectos adversos en el desarrollo del cerebro en los que han nacido sólo un poco antes de tiempo, ya que ahora sabemos que está ocurriendo hasta la hora normal de nacimiento. Con este estudio se encontró que cuanto antes nace un bebé, menos madura es su estructura de la corteza. Las últimas semanas en el vientre de la madre son realmente necesarias.

Edward y sus colaboradores concluyen que esta nueva técnica permitirá explorar cómo la alteración de los procesos clave también puede causar condiciones como el autismo, y serán utilizados en futuros estudios para probar posibles tratamientos para prevenir el daño cerebral.

Fuente: ScienceDaily

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  • Clínica

Maltrato infantil podría incrementar el riesgo de sufrir de obesidad en la adultez

  • 21/05/2013
  • David Aparicio

Un estudio realizado por investigadores del King’s College London y publicado en Molecular Psychiatry, encontró que los niños que han sufrido de maltrato tienen un 36% de probabilidades de sufrir de obesidad en su adultez en comparación con los niños que no fueron maltratados. El mismo también estima que la prevención o el tratamiento eficaces de 7 casos de maltrato infantil podría evitar 1 caso de obesidad en la adultez.

Para realizar este estudio, los investigadores utilizaron los análisis combinados de 40 estudios que en suma incluyeron a 190.285 individuos.

El Dr. Andrea Danese, autor principal del estudio dice:

“Hemos encontrado que el maltrato a un niño aumenta significativamente el riesgo de obesidad en la vida adulta. La prevención del maltrato infantil sigue siendo fundamental y nuestros resultados ponen en relieve los graves efectos para la salud a largo plazo.”

Aunque estudios experimentales en animales ya han sugerido que el estrés en los primeros años de vida se asocia con un mayor riesgo de obesidad, este nuevo estudio evaluó exhaustivamente la evidencia a partir de todos los estudios existentes con población humana para explorar las posibles fuentes de inconsistencia.

En este meta-análisis, los autores fueron capaces de descartar factores específicos que podrían explicar la relación entre el maltrato infantil y la obesidad adulta con independencia de otras variables como el estatus socioeconómico, el tabaquismo, el consumo de alcohol o la actividad física. Además, el maltrato infantil no estaba vinculado a la obesidad en niños y adolescentes, por lo que es poco probable que la relación se explicara por causalidad inversa (es decir, los niños son maltratados porque eran obesos).

Sin embargo, el análisis mostró que si la depresión actual se toma en cuenta, el vínculo entre el maltrato infantil y la obesidad adulta ya no resulta significativo. Esto nos sugiere que la depresión podría ayudar a explicar por qué algunos individuos maltratados se convierten en obesos.

Investigaciones previas sugieren explicaciones biológicas de esta relación. Los individuos maltratados pueden comer más a causa de los efectos del estrés infantil en áreas cerebrales que están ligadas a la inhibición de la alimentación o de las hormonas que regulan el apetito. Otra explicación es que las personas maltratadas pueden quemar menos calorías debido a los efectos del estrés en el sistema inmunológico que trae como consecuencia fatiga y disminución de la actividad física. Los autores sostienen que estas hipótesis deben ser incluidas en futuros estudios.

El Dr. Danese explica que, si la asociación es causal, como sugieren los estudios con animales, entonces el maltrato infantil puede considerarse como un factor de riesgo potencialmente modificable para la obesidad, un problema de salud que afecta a 1/3 de la población y que generalmente es resistente a las intervenciones.

Los investigadores concluyen que se necesita más investigación para aclarar cómo los efectos del maltrato infantil en la obesidad podrían ser aliviados por medio de intervenciones después que ocurra el maltrato.

Fuente: Eurekalert

  • Ciencia

El cerebro del bebé: cuándo aparece la conciencia

  • 20/05/2013
  • Alejandra Alonso

Puede que los bebés más pequeños no sean conscientes de mucho, sin embargo, de ellos podemos obtener información valiosa sobre cómo surgen los pensamientos conscientes y cómo se desarrollan en el tiempo. Y así aprender más sobre qué significa estar consciente.

“Podemos probar que los mismos neuromarcadores de consciencia encontrados en adultos pueden ser encontrado en bebés de sólo cinco meses de edad,” dice el autor principal Sid Kouider, un investigador del École Normale Supérieure en París, sobre su nuevo estudio, el cual fue publicado en Science.

Método de estudio

Para estudiar la intención en bebés que son demasiado pequeños para hablar, los autores aprovecharon las investigaciones sobre percepción visual, que mostraban que el cerebro procesa una gran cantidad de información visual antes de que llegue a un nivel de conciencia. Las señales de EEG, que se miden al poner electrodos en la cabeza, pueden distinguir con claridad entre datos visuales que se ven conscientemente y los que no. Estas señales muestran un gran cambio cuando una persona se vuelve consciente por primera vez de un objeto que previamente sólo recibió atención subliminal.

Estadios del procesamiento perceptual

“Hay dos estadios en el procesamiento de lo perceptual,” explica Kouider. “El primer estadio consiste básicamente en la activación de neuronas en la corteza sensorial. Solo una pequeña estimulación (incluso si no lo ves conscientemente) va a activar .” El cerebro sigue mostrando actividad eléctrica en un EEG, por ejemplo, incluso aunque las imágenes o palabras pasen tan rápido que no se hayan percibido de manera consciente.“

El segundo estadio, que puede ser reportado de forma verbal por adultos, viene con una señal diferente y es esencialmente o “todo” (cuando puedes verlo) o “nada,” si el objeto no es visible, indicando un nivel consciente de atención y procesamiento.

La investigación

Para entender mejor cómo o cuándo estos niveles de la percepción pueden estar comprometidos en los bebés, los investigadores utilizaron EEG en 30 bebés de 5 meses, 29 niños de 1 año y 21 de 15 meses, mientras les mostraban imágenes de caras para determinar si generarían las señales asociadas con el segundo nivel de procesamiento, el más intencional. Y en efecto, Kouider dice que encontraron que los cerebros de los bebés trazaron la misma señalización de la consciencia que los cerebros adultos.

“Lo que cambia básicamente es que la señal neural de consciencia que observamos es más débil a los 5 meses,” dice el, “es menos estable y más lenta.” Efectivamente, un bebé de 5 meses debe ver una imagen por un tiempo cuatro veces mayor al de un adulto para mostrar señales de consciencia visual intencional (y tres veces más tiempo que un niño de 12 o 15 meses de edad).

“Es intrigante,” dice Lise Eliot, profesora asociada de neurociencia en la Universidad Rosalind Flanklin de Medicina y Ciencia en Chicago y autora de “What’s going on in there?”, en donde se examina el desarrollo del cerebro de los infantes. “Este es un estudio mucho más elegante y cuidadosamente controlado y tienen muchos adultos paralelos para relacionarlos.”

Implicaciones

Kouider y sus colegas planean estudiar a bebés más pequeños la próxima vez, y tratar de determinar a qué edad la señal aparece por primera vez. Los resultados podrían tener implicaciones en la expansión de nuestro conocimiento sobre lo que es la conciencia y como se desarrolla a nivel cerebral. “Sería estupendo si pudieras utilizar infantes para saber qué consciencia es porque aparece repentinamente a cierta edad,” dice Eliot.

Kouider dice que no le sorprende que la consciencia no este bien desarrollada en infantes como lo está en los adultos porque requiere de un interjuego entre la corteza prefrontal y las regiones sensoriales del cerebro (y durante los primeros tres años de vida, la conexión entre esas regiones no es muy robusta ya que la corteza prefrontal el cableado de esas conexiones se encuentra todavía en desarrollo). “Si no va a ser subliminal, tiene que involucrarse la corteza prefrontal,” dice él, “sabemos gracias a estudios anatómicos, que la corteza prefrontal está subdesarrollada hasta el segundo año de vida. No es inexistente, solo que no es totalmente funcional.”

La investigación también tiene implicaciones más prácticas. Idealmente, los estudios sobre infantes podrían permitir a los científicos trazar la trayectoria de cómo se genera la consciencia. “Puedes comenzar a usar el método muy temprano para, básicamente, intentar chequear si el desarrollo es normal o anormal,” dice Kouider. “Sabemos que los niños autistas pueden tener problemas para concientizarse sobre las caras y puedes imaginar estos métodos ayudando a diagnosticar tempranamente si alguien está reaccionando de manera normal a objetos o caras.”

Fuente: Healthland

  • Ciencia

La estimulación eléctrica cerebral podría mejorar tu desempeño en las matemáticas

  • 20/05/2013
  • David Aparicio

Un grupo de investigadores anunció el 16 de Mayo  en la revista Current Biology que se puede mejorar la habilidad en matemáticas si el cerebro recibe entrenamiento cognitivo y  estimulación eléctrica en un área específica.

Roi Cohen Kadosh, director de la investigación explicó lo siguiente:

“Con solo cinco días de entrenamiento cognitivo y no invasivo la estimulación indolora cerebral, hemos logrado  mejoras duraderas en las funciones cognitivas y cerebrales.”

Aunque parezca increíble, las mejoras se mantuvieron constantes por un periodo de 6 meses luego del entrenamiento. Nadie sabe exactamente cómo funciona este relativamente nuevo método de estimulación, llamado estimulación transcraneal de ruido aleatoria (TRANS). Según los  investigadores, la evidencia sugiere que esta técnica permite que el cerebro funcione de manera más eficiente, por lo que las neuronas se disparan de forma más sincrónica.

Implicaciones

TRANS también tiene el potencial de ayudar a más personas debido a que ha demostrado que mejora la aritmética mental, es decir, la capacidad de sumar, restar o multiplicar una serie de números mentalmente. La aritmética es una tarea compleja y difícil con la que el 20% de la población lucha.

Cohen Kadosh sostiene que, con una mejor integración de las neurociencias y la educación, se podría ayudar a la humanidad a llevar nuestro potencial cognitivo y matemático más allá. También podría ser de gran ayuda para aquellos que sufren de una enfermedad neurodegenerativa, derrame cerebral o dificultades del aprendizaje.

“Las matemáticas son una facultad cognitiva altamente compleja que se basa en una variedad de capacidades diferentes. Si somos capaces de mejorar las matemáticas, podremos también ser capaces de mejorar las funciones cognitivas más simples.”

Fuente: Science

Sin categoría

(PDF) Autismo y lenguaje: aspectos moleculares

  • 20/05/2013
  • Equipo de Redacción

El autismo es un trastorno cognitivo que incluye entre sus síntomas distintivos un déficit en el componente pragmático del lenguaje. Sin embargo, parecen existir determinados subtipos en los que se advierten además otros déficit que afectan a los componentes fonológico, léxico, sintáctico y morfológico del lenguaje.

Desarrollo

Los análisis de ligamiento y de asociación encaminados a identificar los genes que constituyen factores causales o de riesgo para el trastorno han permitido caracterizar determinados loci que aparecen ligados o asociados de forma estadísticamente significativa con endofenotipos del autismo de carácter lingüístico.

Conclusiones

Los genes a los que apunta este tipo de análisis desempeñan diversos papeles biológicos, relacionados con el desarrollo y el funcionamiento del sistema nervioso. En determinadas ocasiones, los loci identificados coinciden con otros que se habían vinculado previamente con distintos trastornos del lenguaje (un caso paradigmático sería el de la región cromosómica 7q31 en relación con el trastorno específico del lenguaje), lo que sugiere que dichos trastornos y el autismo podrían compartir una base genética parcialmente común, que explicaría las semejanzas que se advierten entre ellos a nivel fenotípico.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Fuente: Neurologia

  • Clínica

El tiro por la culata: cuando controlar pensamientos y emociones resulta contraproducente

  • 19/05/2013
  • Fabián Maero

Más frecuentemente de lo que quisiéramos, los intentos de controlar algunos eventos de nuestra mente resultan en un tiro por la culata: todos conocemos la desesperante experiencia de acostarnos a dormir, sólo para encontrarnos a las dos de la mañana acostados en la cama con los ojos abiertos de par en par, pensando “tengo que dormirme”. Lo mismo nos suele suceder cuando queremos dejar de preocuparnos, concentrarnos en algo, quitarnos el mal humor, distraernos de un dolor físico, ser humildes, relajarnos, no ser prejuiciosos, etc.: una y otra vez nos encontramos haciendo exactamente aquello que intentábamos evitar.

La literatura que da cuenta de estos fenómenos los denomina “procesos irónicos” (Wegner, 1994). Básicamente, la teoría dice que los procesos que obstaculizan el control intencional de los estados mentales son inherentes a ese mismo control. Dicho de otro modo, los intentos de control de las experiencias internas están condenados a fallar precisamente por la manera en que funcionan, y  estos intentos de control no fallan de cualquier manera, sino generando exactamente lo opuesto a lo que se quiere controlar.

En palabras de Wegner: “no es sólo que cometemos errores, sino que una gran parte de ellos caen en una categoría especialmente grave: el error precisamente contra-intencional”. Es ese tipo de error que nos hace decir exactamente lo peor que podríamos decir en una situación social.

Los errores suceden, pero es llamativo que este tipo de error suceda con tanta frecuencia. No sólo perdemos el control sobre lo que queremos decir o pensar, sino que surge su exacto opuesto (su “reverso irónico”, como lo llama Wegner). Hay muchos ejemplos de esto en la vida cotidiana: apenas se empieza con una dieta, no podemos evitar que nuestra mente se llene con pensamientos de comida; llamamos a nuestra nueva pareja con el nombre de nuestra pareja anterior, no podemos dormir cuando intentamos hacerlo, etc.

Para que surjan los procesos irónicos deben cumplirse una serie de condiciones previas:

  • La persona debe intentar activamente controlar el contenido; no basta con querer controlar, sino que se requiere un esfuerzo activo por controlar.
  • El contenido a controlar debe ser controlable en principio.  Esto excluye cosas como ser más creativo, ser más inteligente, ser más saludable.
  • Los procesos irónicos se hacen más visibles en cuanto aumenta el estrés al cual está sometida la persona. Cualquier estrés o carga mental extra aumenta la expresión de los procesos irónicos.
  • Los procesos irónicos se manifiestan más frecuentemente cuando el resultado que se busca es la ausencia en lugar de la presencia de un contenido mental: es más probable que surjan bajo un “no pienses en…”, que bajo un “pensá en…”. Dicho de otro modo, la aparición de procesos irónicos aumenta cuando el objetivo es suprimir un contenido interno y disminuyen cuando el objetivo es crear un contenido interno.

Ámbitos

A continuación revisaremos algunos ámbitos en los cuales se ha investigado y encontrado evidencia que sustenta la presencia y el funcionamiento de los procesos irónicos.

Supresión de pensamientos

La supresión de pensamientos es un ámbito conocido en cuanto a procesos irónicos. El juego de “no pienses en un elefante rosado”, es un buen ejemplo de esto. En investigación, el experimento clásico involucra intentar no pensar en un oso blanco (en referencia a una novela de Dostoievsky), y una y otra vez los resultados han sugerido que intentar suprimir un pensamiento es la mejor manera de que este pensamiento regrese una y otra y otra vez.

Otro experimento en el ámbito de supresión de pensamientos involucró pedir a los sujetos respuestas que no tuvieran nada que ver con una palabra (“casa”), al presentárseles determinadas palabras-estímulo. Algunas de estas palabras-estímulo eran más cercanas semánticamente al pensamiento a suprimir (por ejemplo, “hogar”), mientras que otras eran más neutrales (por ejemplo “adulto”), y frente a cada una de ellas, los sujetos debían responder con cualquier palabra, excepto “casa”. Un grupo de sujetos pudo responder contando con bastante tiempo, mientras que otro grupo de sujetos tuvo que responder rápidamente una vez presentada la palabra estímulo. Como era de esperar, los sujetos que debían responder con rapidez tendieron a decir la palabra que estaban tratando de suprimir (“casa”), con mayor frecuencia. Como decíamos antes, cualquier tipo de presión (en este caso, el tiempo), hace que se acentúen los procesos irónicos.

Este y otros experimentos similares apuntan a lo mismo: precisamente aquello que no querríamos decir o pensar aparece cuando estamos distraídos o estresados. Los llamados “lapsus freudianos” que involucran precisamente lo que menos se querría decir en una situación son más reveladores del mecanismo de los procesos irónicos que de una intención inconciente o un auto-sabotaje.

Concentración

La capacidad de concentrarse es otro típico dominio de los procesos irónicos. Bajo condiciones de estrés o sobrecarga, terminamos no solo distrayéndonos sino enfocándonos involuntariamente en cualquier cosa salvo aquello en que querríamos concentrarnos.

En un experimento, se les pidió a un número de sujetos que vieran un mapa de África que contenía los nombres de 40 ciudades poco conocidas y se les dio la instrucción de recordar los nombres de 20 de esas ciudades, que estaban resaltadas en amarillo en el mapa, y se les dijo que luego deberían recordarlas para un examen. No era necesario recordar los nombres de las otras 20 ciudades.

Para testear el efecto del stress mental sobre la concentración, a la mitad de los sujetos se les pidió además recordar un número de nueve dígitos mientras estudiaban el mapa, mientras que la otra mitad no recibió ninguna tarea extra.

Previsiblemente, los sujetos sometidos a una carga mental extra recordaron menos los nombres de las ciudades señaladas… pero, curiosamente, recordaron más las ciudades que no estaban destacadas, las ciudades que no era necesario recordar, es decir, terminaron memorizando precisamente aquello que los distraía.

Estados de ánimo

Las personas intentan controlar sus estados de ánimo, y hasta cierto punto, con ciertas limitaciones, esto es alcanzable. Pero,¿ qué pasa cuando se agrega presión a la tarea de controlar las emociones?

Un experimento similar al último citado, pero orientado a estados de ánimo (felicidad y tristeza), fue llevado a cabo. El resultado fue similar y consistente: cuando no estamos bajo ninguna presión, podemos relativamente controlar nuestros estados de ánimo, generando o evitando tristeza o felicidad. Pero cuando se agrega algún tipo de estrés o presión se invierten las tornas, y terminamos experimentando justamente lo opuesto de lo que querríamos experimentar. Esto es especialmente así cuando lo que estamos intentando es suprimir un estado de ánimo. Curiosamente, el contenido del estado de ánimo es irrelevante: la tarea “no sentir tristeza”, y la tarea “no sentir felicidad”, generan resultados irónicos equivalentes cuando estamos bajo presión.

Relajación

La relajación es un estado muy deseado hoy en día. Televisión, radio, gurúes y demás nos comunican que la relajación es deseable. “Relajáte”, le decimos a alguien que está nervioso por un examen. “Necesito relajarme”, es una frase repetida por las personas que experimentan estrés o ansiedad. Ahora bien, ¿qué tanto funciona esto de relajarse voluntariamente?

En un experimento (Adler et al, 1987), se trabajó con personas que sufrían ataques de pánico, y se les pidió que escucharan una de dos grabaciones de audio: una grabación con una serie de instrucciones de relajación, o bien una grabación del relato de una novela popular. A esta altura del artículo no debería ser sorprendente para nosotros enterarnos de lo siguiente: el grupo que escuchó el audio de relajación experimentó síntomas más severos de pánico, y ritmo cardíaco más elevado que el grupo que escuchó la novela…  Dicho sea de paso, ese es el motivo por el cual trabajar con relajación está contraindicado en la terapia de las personas con trastorno de pánico.

En otro experimento (Wegner et al, 1993), se trabajó con un método popular en terapia cognitivo conductual, llamado “relajación muscular progresiva” (RMP), en el cual alternativamente se tensan y relajan los principales grupos musculares. Nuevamente, nos encontramos con el mismo resultado: sin presión extra, los sujetos fueron capaces de relajarse siguiendo las instrucciones de RMP, pero al agregar estrés (por ejemplo, pidiéndoles que recuerden un número largo a la vez que siguen las instrucciones de RMP), los sujetos no sólo no se relajaron, sino que su tensión aumentó.

Dolor

También el dolor es uno de los ámbitos en que se ha estudiado los procesos irónicos. Aquí los resultados son un tanto más complejos: las investigaciones sugieren que distraerse del dolor funciona mejor para dolores agudos pero no para dolores persistentes, mientras que la atención dirigida al dolor funciona mejor para los dolores persistentes (Cioffi, 1993).  La próxima vez que vayan al dentista quizá quieran distraerse durante los procedimientos, pero si están experimentando un dolor de muelas persistente, intentar distraerse de eso puede generar mayores niveles de dolor.

Sueño y vigilia

Como decíamos al inicio de este artículo, un fenómeno que todos hemos experimentado es el siguiente: mañana tenemos un gran día por delante, ya sea un viaje, un examen o cualquier otro evento importante, y necesitamos descansar, queremos descansar lo antes posible. Esa noche, a las tres de la mañana, estamos más despiertos y alertas que cualquier otro día, maldiciendo por lo bajo e intentando lograr al menos un par de horas de sueño.

Quizá haya un consuelo en saber que no estamos solos en esto: Gross y Borkovec (1982), encontraron que instrucciones dirigidas a dormirse cuanto antes hacen que los sujetos tarden más en dormirse, hallazgo replicado por Wegner y sus colaboradores (1993). El fenómeno inverso también ha sido observado: indicar a las personas con insomnio que permanezcan despiertas puede ayudarlas a dormir (Ascher y Efran, 1978), y tampoco es desconocido para nosotros el fenómeno de empezar a cabecear o quedarnos dormidos cuando estamos prestando atención a algo importante (como por ejemplo, la lectura de este artículo), aunque aún hay poca investigación sobre el particular.

Estos son los principales, pero no los únicos ámbitos en que se han estudiado estos fenómenos. Otras áreas en que se han estudiado los procesos irónicos incluyen las creencias, la presentación de sí mismo, los prejuicios y ciertas formas de control motriz. Pero los que citamos aquí son los más tienen más peso cuando hablamos de tratamientos psicológicos, y por ello discutiremos brevemente el peso clínico que tienen los procesos irónicos.

Implicaciones clínicas

Por lo que hemos visto hasta aquí, las investigaciones sugieren que los intentos de suprimir pensamientos, de concentrarse, de controlar el estado de ánimo, de dormir, de relajarse, etc., no solo pueden fallar, sino que, cuando se añade presión o estrés a la tarea, pueden producir efectos diametralmente opuestos a los deseados.

Si consideramos los diagnósticos más frecuentes en la clínica, veremos que muchos de ellos involucran intentos de controlar de alguna manera contenidos internos: el trastorno de ansiedad generalizada se define por la incapacidad de controlar la preocupación, las personas con trastorno obsesivo compulsivo sufren de pensamientos indeseados persistentes, las personas con diagnóstico de estrés postraumático intentan no recordar el evento traumático y controlar su malestar, etc. A tal punto está presente este fenómeno en la psicopatología que ha recibido nombre propio: evitación experiencial (Hayes et al, 1996), definida como intentos de controlar o reducir contenidos internos (emociones, pensamientos, recuerdos, sensaciones, impulsos de acción), o las situaciones que los disparan. Un gran número de investigaciones ha encontrado que la evitación experiencial funciona como mediador en gran parte de los trastornos psicológicos más habituales en la clínica.

La literatura sobre los procesos irónicos y su equivalente psicopatológico, la evitación experiencial, sugiere consistentemente que tenemos menos control sobre nuestros estados internos justamente cuando más lo necesitaríamos. Podemos controlar nuestra preocupación cuando es poco importante, pero cuando el tema de la preocupación es vital o cuando la preocupación en sí se transforma en una carga, intentar no preocuparse puede disparar justamente el efecto contrario. Intentar no experimentar una emoción, como por ejemplo celos, puede ser posible mientras no haya perturbación extra y los celos no sean tan intensos, pero cuando estamos estresados, o si los celos mismos son lo suficientemente intensos, intentar controlarlos puede provocar una escalada. Para las personas que llegan a terapia (cosa que suele suceder cuando el malestar es significativamente alto y cuando han fallado las estrategias habituales), ofrecer más estrategias de control y reducción del malestar quizá no sea la mejor alternativa. Pero si los procesos irónicos están firmemente establecidos, tampoco resulta útil ignorarlos o hablar de otro tema, ya que esto podría empeorar la situación.

En los últimos años, consistentemente con estas investigaciones, ha surgido un número de terapias que no emplean estrategias de control, sino de aceptación para lidiar con los trastornos que surgen como consecuencia del fallo de las estrategias de control. Estas terapias (llamadas “terapias de tercera ola”), no ponen el foco del tratamiento en la reducción de los síntomas, sino más bien en la ampliación del repertorio conductual, en enriquecer la calidad de vida, permitiendo así reducir la energía y el tiempo dedicado al control de las experiencias internas y redirigirlos hacia objetivos vitales importantes, más amplios. Además de esto, se enseñan y practican nuevas habilidades para lidiar con las experiencias internas, habilidades que reemplacen los intentos inefectivos de control.

Dentro de estas terapias encontramos ACT (terapia de aceptación y compromiso), DBT (Terapia dialéctico conductual), MBCT (terapia cognitiva basada en mindfulness), Activación conductual, entre muchas otras. Una tendencia que puede parecer paradójica en la eficacia de algunos de estos modelos basados en aceptación es que parecen funcionar mejor con los pacientes que experimentan mayores niveles de malestar. Pero a la luz de las investigaciones aquí revisadas, quizá no sea tan paradójico esto: los intentos de control de las experiencias internas fallan espectacularmente cuanto mayor es el nivel de estrés.

A la luz de esto, encontramos una nueva sabiduría en este extracto de la conocida “plegaria de la serenidad”

concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar,

y la sabiduría para conocer la diferencia.

De acuerdo con lo que hemos estado viendo, las cosas que no podemos cambiar (al menos, no de manera muy efectiva), incluyen los estados internos, emociones, recuerdos, pensamientos,etc., mientras que las cosas que sí podemos cambiar son nuestras acciones. Quizá, al disminuir el control que aplicamos sobre nuestras emociones y pensamientos, podamos hacer espacio para ganar en el control de nuestras acciones.

  • Clínica

La hipocondría desde la terapia cognitivo conductual

  • 19/05/2013
  • Laura Fuster
hipocondría

Como sabemos, uno de los valores más importantes en la sociedad actual es el del cuidado de la salud. Cuántas veces hemos escuchado esa frase de “lo importante es tener salud”, y cierto es, que cuidarse es muy importante. El problema es que en algunas  personas llega a ser una preocupación que les genera un gran malestar y que llega a ser demasiado recurrente.

La hipocondría o ansiedad por la salud consiste en una” preocupación y miedo a tener, o la convicción de padecer, una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos”.

Además, esta preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas.

Las personas que sufren este problema centran la atención continuamente en los diferentes síntomas que todo cuerpo humano percibe sobre su propio funcionamiento. Por poco que nos prestemos a ello, captamos latidos del corazón, ruido intestinal, movimientos reflejos, sudoración, calor, frío, tensión, eccemas, protuberancias y un largo etcétera. Para el hipocondriaco son síntomas que interpreta como el desarrollo de una patología grave, que seguramente tendrá un desenlace dramático.

Una secuencia típica sería: notar un dolor en el brazo, pensar “seguro que es cáncer”, “tendrán que operarme”, “seguro que la operación sale mal”. Evidentemente, estos pensamientos generan gran malestar y ansiedad. Para calmar esa ansiedad y mitigar los pensamientos la persona realiza una serie de conductas como por ejemplo buscar en internet sus “síntomas” o tomar un ansiolítico.

ORÍGEN  (sensación física= peligro)

Como la mayor parte de los problemas emocionales, la hipocondría tiene un origen aprendido. Es decir, en algún momento de su vida la persona empezó a ver sus dolores o sensaciones como síntomas. Poco a poco, fue asociando las sensaciones físicas con peligro. Es lo que en psicología llamamos condicionamiento clásico o aprendizaje por asociación.

Este tipo de aprendizaje aparece en situaciones de nuestra vida cotidiana, tanto positivas como negativas. Por ejemplo cuando escucho una canción y me aporta emociones agradables porque la asocio a un momento en el que estaba feliz. O si a una persona le ha atacado un perro y cada vez que ve uno se aleja porque ha aprendido que son peligrosos a raíz de esa experiencia.

Este aprendizaje, que nos lleva a presentar ansiedad por la salud,  puede surgir por diferentes motivos:

  • Enfermedad prematura: personas que han padecido enfermedades a edades tempranas o durante un largo periodo de tiempo.

  • Modelos: casos en los que alguna persona significativa presentaba gran preocupación por la salud.

  • Negligencias médicas: personas que han sufrido algún error médico.

  • Información médica: diagnósticos comunicados de manera brusca o campañas de salud demasiado efectivas

En todos los ejemplos anteriores, se aprende que la enfermedad es algo real y muy peligrosa. Normalmente se generaliza la enfermedad a cualquier sensación física que presente nuestro cuerpo, por lo que el resultado final es:

MANTENIMIENTO

Cuándo nos preocupa algo, se presentan pensamientos negativos y recurrentes respecto a ese tema. Estos pensamientos nos llevan a sentir sensaciones físicas desagradables. Normalmente, si aguantamos un tiempo ese malestar, éste tiende a bajar. Si es algo importante para nosotros, tardaremos más tiempo en sentir alivio, pero la intensidad de esas sensaciones siempre baja.

Una persona con  una excesiva preocupación por la salud, presenta los pensamientos y sensaciones anteriormente comentados. Para cortar esa ansiedad o malestar realiza una serie de conductas que llamamos escapes o evitaciones. Éstas pueden ser mirar en internet, ir al médico, pregunta a su madre, tomar ansiolíticos, no hablar de enfermedades…

A corto plazo, esas conductas generan un alivio. A largo plazo están siendo lo que mantiene el problema. Si las realizamos nuestro cerebro no puede desconectar sensación física=peligro y además no comprobamos que lo que tememos no sucede. A este proceso lo llamamos “trampa de la ansiedad”.

Como podemos ver, la solución pasaría por  no realizar esas conductas. El problema es que si tengo pensamientos tan dramáticos es normal que me preocupe e intente cortar esa ansiedad.

Sentir ansiedad es algo adaptativo ya que nos protege de situaciones peligrosas. Por este motivo, nuestro organismo la activará cuando “salte la alarma”. Por ello, cuando tenemos pensamientos tan negativos sobre los “síntomas” es muy difícil no realizar las conductas de seguridad.

PENSAMIENTOS EN HIPOCONDRÍA

Los pensamientos que aparecen en la hipocondría suelen ser: “seguro que es una enfermedad grave”, “seguro que es un tumor”, “seguro que es un infarto”, “seguro que los resultados médicos son negativos”, “seguro que el médico se equivoca”…

Evidentemente, cualquier persona que tenga este tipo de pensamientos sentiría una gran ansiedad.

En general, los pensamientos irracionales o que nos hacen daño vienen de manera muy extrema, en términos de todo-nada, siempre-nunca.. o es blanco o es negro. Por ello nos generan emociones muy fuertes y difíciles de controlar.

Si la persona con este problema es capaz de identificar estos pensamientos ya tiene mucho ganado. El siguiente paso será ver que estamos dando una probabilidad del 100% a que el “síntoma” sea algo grave, y esa gravedad también será del 100%. Por ejemplo, asumimos que el dolor de cabeza es algo malo, ese “algo malo” es un tumor y ese tumor será mortal.

En la consulta, mediante la terapia cognitiva, te enseñaremos una manera sistemática de ir quitándole fuerza a esos pensamientos.

Parece muy difícil porque llevan mucho tiempo contigo y son muy intensos pero con constancia conseguirás poco a poco ver las cosas de una manera más objetiva.

CONDUCTAS EN HIPOCONDRÍA

Los pensamientos que hemos comentado anteriormente nos aportan ansiedad y, como hemos explicado, si aparece la señal de alarma, nuestro cuerpo pondrá en marcha una serie de conductas para “ponernos a salvo” y cortar esa ansiedad.

En el momento en el que los pensamientos tengan un grado de credibilidad más bajo, podremos empezar a dejar de hacer esas acciones que como hemos visto  son las que están manteniendo el problema.

En hipocondría estas conductas suelen ser:

Anticipación: El temor ante la incertidumbre, enfermar de gravedad en el caso del hipocondríaco  acaba resolviéndose a menudo anticipando los escenarios posibles. Piensan que si preveen el “peligro” podrán solucionarlo. El problema es que, de esa manera, estaremos constantemente adivinando el futuro y temiendo algo que tiene una probabilidad muy baja de ocurrencia.

Atención focalizada: La persona con hipocondría centra su atención en las sensaciones de su cuerpo. Esto puede hacer que aparezcan “síntomas” nuevos. Por ejemplo, ahora mismo no estás notando tu pie derecho, pero si te pido que le prestes atención, empezarás a notar cosquilleo, que te aprieta el zapato, alguna herida…

Comprobación: una de las conductas que alivia la ansiedad que producen las sensaciones es la de comprobar “que no es nada”. De este modo, la persona con hipocondría se mirará en el espejo, se tocará la zona que piensa que está afectada, revisará partes de su cuerpo para cerciorarse de que siguen igual, etc.

Reaseguración: por los motivos anteriores, una conducta típica es la de preguntar a algún familiar sobre los “síntomas”, buscarlos en Internet,  llamar al médico o ir al hospital.

En conclusión, la terapia se va a centrar en trabajar los pensamientos para que podamos dejar de realizar las acciones. Cuando bajemos la credibilidad de esos pensamientos será mucho más fácil quitar las conductas.

De esta manera, la persona volverá a aprender que las sensaciones no son síntomas y que los síntomas no tienen por qué ser igual a enfermedad o muerte. ¡Ánimo!

 

  • Ciencia

(Vídeo) Los bebés comprenden la música

  • 17/05/2013
  • David Aparicio

¿Nuestro sentido musical es algo innato? ¿Está escrito en nuestros genes y llegamos al mundo con esta capacidad? ¿O por el contrario responde al aprendizaje y a la influencia cultural y social de los primeros años de nuestras vidas?

La psicóloga canadiense Sandra Trehub lleva décadas explorando la adquisición de competencias musicales en bebés para responder a preguntas como estas. En este capítulo de Redes, Eduard Punset charla con Trehub sobre la relación que tenemos con la música en nuestra más tierna infancia y de qué modo la utilizamos para comunicarnos en esa edad.

Y en su sección, Elsa Punset, de la mano del psicólogo holandés René Diekstra, nos muestra lo importante que es para padres y maestros conocer las distintas etapas del desarrollo físico y mental del niño.

Fuente: Redesparalaciencia

  • Clínica

Adicción parental asociada a la depresión adulta de los niños

  • 16/05/2013
  • David Aparicio

Los hijos de padres que son adictos a las drogas o el alcohol son más propensos a estar deprimidos durante la vida adulta, según los resultados de un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Toronto.

El estudio fue publicado en la revista Journal Psychiatry Research del presente mes. En el mismo se detalló la asociación entre la depresión y las adicciones de los padres adultos en una muestra representativa de 6.268 adultos, extraídos de la Encuesta de Salud de la Comunidad Canadiense del 2005. De estos participantes, 312 habían tenido un episodio depresivo mayor en el año anterior a la encuesta y 877 informaron que, si bien tenían menos de 18 años y todavía vivían en la casa de sus padres, al menos uno de los padres bebía o usaba drogas “tan a menudo que causó problemas a la familia.”

Los resultados indicaron que los individuos que tenían padres adictos a las drogas o al alcohol eran más propensos a desarrollar depresión que sus pares. Luego de ajustar por edad, sexo y raza, las adicciones de los padres fueron asociadas con más del doble de probabilidades de depresión.

Esme Fuller-Thomson, co-autor de la investigación explicó:

“Incluso después de ajustarse factores que van desde el maltrato infantil y el desempleo de los padres a los comportamiento de salud del adulto, incluyendo el consumo de tabaco y alcohol, encontramos que la adicción parental se asocia con probabilidades de hasta el 69%  de depresión durante la vida adulta de los hijos.”

Este estudio no pudo determinar la causa de la relación entre la adicción parental y la depresión adulta. Robyn Katz también co-autora, sugiere que:

“Es posible que la tensión prolongada e ineludible de las adicciones de los padres puedan alterar permanentemente la forma en que los cuerpos de estos niños reaccionan al estrés durante toda su vida. Una vía importante para la investigación futura consiste en indagar las posibles disfunciones en la producción de cortisol: la hormona que nos prepara para la “lucha o huida” que puede influir en el desarrollo posterior de la depresión.”

Estos hallazgos ponen en relieve las consecuencias intergeneracionales de la adicción a las drogas y el alcohol y refuerzan la necesidad de desarrollar intervenciones que apoyen el desarrollo saludable de la niñez.

Fuente: PsychJournal

  • Ciencia

La marihuana podría proveer alivio para aquellos que sufren de exclusión social

  • 16/05/2013
  • David Aparicio
marihuana

Una investigación publicada el 14 de Mayo en la revista Social Psychological and Personality Science, sugiere que la marihuana ayuda a las personas a reducir el dolor emocional.

Timothy Deckman, director del estudio escribió:

“Trabajos previos han demostrado que el acetaminofén analgésico, que actúa indirectamente a través de los receptores CB1, reduce el dolor de la exclusión social. La presente investigación proporciona la primera evidencia de que la marihuana también amortigua las consecuencias emocionales negativas de la exclusión social en los resultados emocionalmente negativos.»

El estudio se dividió en cuatro partes e incluyó a un total de 7.040 participantes y 3 metodologías y se basó en investigaciones anteriores que encontraron una coincidencia entre el dolor físico y social. Se encontró que el acetaminofén, que se utiliza en medicamentos de venta libre, sirve para reducir el dolor físico y social.

El acetaminofén y la marihuana afectan los receptores cerebrales cannabinoide 1 (CB1) y ambos medicamentos se utilizan para tratar el dolor físico.

Los cuatro estudios

Para los primeros dos estudios, los investigadores examinaron los datos de corte transversal de las principales encuestas de EE.UU. El primer estudio utilizó los datos del Estudio Nacional de Comorbilidad y encontró que los consumidores de marihuana que reportaron estar solos tenían altos niveles de autoestima y salud mental en comparación con las personas que no consumían marihuana y que reportaron estar solas.

El segundo estudió usó los datos de la Replicación de la Encuesta Nacional de Comorbilidad. Este nuevo análisis encontró que aquellos que utilizan la marihuana con relativa frecuencia y que experimentan dolor social fueron menos propenso a experimentar un episodio depresivo mayor durante los últimos 12 meses.

El tercer estudio se valió de un diseño longitudinal y se encuestó a estudiantes de secundaria respecto a la soledad, el uso de marihuana y la depresión. Los mismos estudiantes fueron encuestados dos años después. Los resultados demostraron que el consumo de marihuana predijo niveles más bajos de depresión entre los estudiantes que se encontraban solos. Sin embargo, la marihuana no tuvo los mismos efectos para los estudiantes que no estaban solos.

El cuarto y último estudio empleó un diseño experimental con un grupo control. En este estudio los participantes jugaron un juego de computadora llamado Cyberball. Este juego de 3  jugadores esta diseñado para evocar la exclusión social y el rechazo al ignorar sistemáticamente a un participante. Se encontró que los usuarios de marihuana tenían una menor disminución de la autoestima y pertenencia después del juego.

Los investigadores concluyen que la marihuana se ha utilizado para tratar el dolor físico y estos estudios sugieren que también podría reducir el dolor emocional. Esto puede reflejar pobres estrategias de afrontamiento, pero también puede explicar parte de la gran aceptación que tiene la  marihuana.

¿Ustedes lectores, qué opinan?

Fuente: Sagepub

  • Ciencia

Los videojuegos violentos tienen menos efectos en los adolescentes altamente expuestos

  • 15/05/2013
  • David Aparicio

Los adolescentes que están altamente expuestos a videojuegos violentos (tres o más horas por día) mostraron una reducida respuesta física y psicológica al jugar este tipo de juegos. Estos fueron los hallazgos publicados en la revista Psychosomatic Medicine: Journal of Biobehavioral Medicine.

Así explicó Malena Ivarsson, directora de la investigación: “La alta y baja experiencia en los videojuegos violentos parece estar relacionada con diferentes procesos fisiológicos, emocionales y procesos relacionados con el sueño, luego de la exposición a videojuegos violentos.”

manhunt

El estudio incluyó a dos grupos de niños que tenían entre 13 y 15 años de edad, que fueron expuestos a diferentes tipos de videojuegos. Quince de los niños fueron expuestos a juegos altamente violentos (Manhunt) y jugaron por lo menos 3 horas por día. Los otros quince tuvieron poca exposición (no más de 1 hora por día) al juego Animaniacs. Se compararon las reacciones fisiológicas, emocionales y el sueño de ambos grupos.

Repercusiones Fisiológicas

Aunque se presentan pocas diferencias en las reacciones durante el tiempo que los chicos jugaron los juegos, se presentaron diferencias significativas después. Al dormir esa noche luego de jugar, los adolescentes en el grupo de baja exposición tuvieron el pulso más rápido después de jugar el videojuego violento, comparado con la noche después de jugar el juego no violento. Por el contrario, para los adolescentes en el grupo de alta exposición la frecuencia cardíaca fue menor en la noche después de jugar el juego violento.

También se presentaron diferencias significativas en la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC), que mide latido a latido variaciones en la frecuencia cardíaca. Los patrones de diferencias HRV sugirieron embotamiento de las reacciones del sistema nervioso simpático en los chicos del grupo de alta exposición.

Las respuestas emocionales y del sueño también fueron afectadas

Los cuestionarios del sueño de los niños del grupo de baja exposición también reportaron una menor calidad en el sueño la noche después de jugar el videojuego violento, en comparación con el juego no violento. Los adolescentes  en el grupo de alta exposición no demostraron diferencias en la calidad del sueño luego de jugar el videojuego violento. También los adolescentes de baja exposición informaron mayor sensación de tristeza luego de jugar el videojuego violento.

Ambos grupos mostraron alta ansiedad y altos niveles de estrés luego de jugar el juego violento.

Ivarsson y sus colegas explicaron: “Parece que el videojuego violento provocó una tensión a la hora de dormir en ambos grupos y también parecería que el juego violento causó algún tipo de agotamiento general. Sin embargo, el cansancio no parecía ser del tipo que normalmente promueve un buen sueño, sino más bien como un factor estresante que puede afectar la calidad del sueño, especialmente para los jugadores de poca exposición.”

Estudios anteriores han mostraron que los videojuegos violentos pueden inducir a la rabia y a la conducta agresiva, así como también problemas del sueño. Y la frecuencia cardiaca y el HRV son indicadores útiles de las reacciones físicas al estrés y las emociones por medio de las respuesta del sistema nervioso simpático.

Los investigadores especulan que las diferencias entre los dos grupos puede representar un efecto desensibilizante producto de la frecuente exposición a los videojuegos violentos. Aunque también es posible que lo niños con ciertos rasgos pueden ser atraídos por los juegos violentos.

Este estudio se suma a la evidencia previa de que los videojuegos violentos pueden afectar a la actividad del sistema nervioso simpático y las respuestas fisiológicas y que con el tiempo puede repercutir en las emociones y en el sueño. Los investigadores piden más estudios que puedan estudiar los mecanismos de respuesta para ver si los cambios de comportamiento están relacionados con los videojuegos violentos.

Fuente: Newswise

  • Clínica

4 elementos de una conversación para el cambio

  • 15/05/2013
  • Jorge Ayala Salinas

Toda demanda de ayuda y cambio requiere de una conversación terapéutica que haga posible otras realidades alternativas que se acerquen a la vida deseada por las personas que solicitan.

Aquí 4 elementos para generar una conversación terapéutica:

1. Apoyo para el pensamiento

Significa crear un contexto donde las personas se sientan cómodas y estén alentadas para para decir lo que piensan y sienten sin temer las consecuencias de un juicio de valores o una actitud correctiva y normalizadora, con la confianza de compartir sus pensamientos y sentimientos con el terapeuta, convirtiendo la conversación en un medio para resolver el conflicto, revelando pensamientos y sentimientos que quizás no hayan expresado con otras personas.

2. Cuestionamiento para el pensamiento

Implica hacer preguntas que requieren que la persona revise su propio análisis y percepción de la circunstancia. Nosotros actuamos como una segunda voz que hace preguntas que la persona no se ha planteado por sí misma todavía, y que descubren posibilidades de tomar partido en nuevos pensamientos para ampliar su perspectiva y observar su propia información, desde la cual toma decisiones y crea definiciones.

3. Cuestionamiento para la acción

A menudo pensamos y pensamos sobre el problema comprendiéndolo a la perfección pero sin imaginar que existe una solución y que el pensamiento y la interpretación sustituyen la acción. Ofrecer terapia sólo como una ayuda para el pensamiento es un lujo que hay que dejar que se lo permitan otros. Nosotros mantengamos la atención centrada en convertir la conversación en una oportunidad para encontrar excepciones y convertirlas en soluciones y nuevas acciones y relatos.

4.   Apoyo para la acción

Cuando la persona ha definido la acción, nuestra habilidad radica en ofrecer el apoyo para que esta acción se haga posible, ayudando a la persona a establecer la magnitud de la acción de manera que pueda tener buenas probabilidades de éxito confrontando la realidad existente y la confianza que la persona tenga para llevarla a cabo cuando finalice la conversación y se marche. (Ojo, esto va más allá de las palabras de aliento: “¡Estoy seguro de que podrás hacerlo!” es menos útil que: “¿Cuánta confianza tienes en que podrás hacer lo que te comprometiste y qué te ayudaría a mejorar aún más esta confianza para iniciar esta acción?”). Apoyo para la acción significa asegurarnos de que el tamaño de la acción corresponda con las habilidades y la confianza de la persona.

La combinación de estos 4 elementos será vital para el proceso. Si apoyamos el pensamiento y no cuestionamos la acción sólo tendremos una bonita charla (“una charla más con el psicólogo”) si un resultado claro. Si cuestionamos la acción sin apoyo para el pensamiento, la persona se sentirá forzada a hacer algo sin comprender lo que hará ni sentirse comprometida con la acción.

Si cuestionamos el pensamiento sin apoyarlo, tendremos un mero debate intelectual sin propósito ni contexto para el cambio. Si apoyamos el pensamiento sin cuestionarlo, la persona se irá imaginando que su percepción del mundo representa la realidad total, negándole la oportunidad de reformular su pensamiento y las posibilidades de las que dispone.

Si cuestionamos la acción sin apoyarla tendremos metas muy ambiciosas con poca probabilidad de éxito. Y finalmente, si apoyamos la acción sin cuestionarla, podemos dedicarnos tranquilamente al oficio de motivadores o animadores, sin que las personas se responsabilicen de esforzarse todo lo que pueden.

  • Ciencia

(Vídeo) Mi tortuga interna ¿es posible desacelerarse? – Carl Honoré

  • 13/05/2013
  • Alejandra Alonso

“Siento que estoy viviendo mi vida en vez de correr a través de ella.” Carl Honoré

Esa es la conclusión a la que llega Carl Honoré luego de darse cuenta de los efectos de la vida rápida que llevaba, sobre su salud, su familia, su trabajo, etc.

Carl es un periodista premiado, embajador del movimiento defensor de la lentitud y autor de varios libros. Entre sus publicaciones mas famosas está: “In price of slowness” (Elogio de la lentitud). Te invito a que mires esta excelente conferencia, conozcas su perspectiva y dejes tu opinión.

  • Ciencia

Infografía sobre el Estrés Traumático Infantil

  • 13/05/2013
  • David Aparicio

Una interesante infografía que resume los principales componentes del estrés traumatico infantil

estrestraumaticoinfantil (1)

 

Fuente: infografiasencastellano.com

  • Ciencia

Género, relaciones de poder y subjetividad

  • 13/05/2013
  • Irina Zanetti

En un recorrido a través de las últimas noticias nos topamos con una gran cantidad de casos de violencia de género, al punto que la cuestión ha dejado de ser una problemática del ámbito privado para pasar a ser un campo de intervención por parte del Estado y un área de competencia de la Psicología, tanto como del resto de los profesionales.

En un contexto socio-cultural tan agitado en el que ya es cuenta corriente escuchar acerca del maltrato verbal y físico, resulta menester revisar de qué hablamos cuando nos referimos a “género” pero también a “violencia”.

Ante todo cabe aclarar que el género nada tiene que ver con las condiciones biológicas de un sujeto, pese a lo cual, durante mucho tiempo las diferencias anatómicas se han usado para justificar la desigualdad social entre hombres y mujeres.

Desigualdad que tiene sus raíces en ciertas costumbres, tradiciones y creencias que han sido socialmente construidas y que se expresan en el acceso a los recursos económicos e incluso intelectuales, la toma de decisiones, el modo de desear y obtener placer, las tareas y los roles.

Mientras que el sexo se define según una diferenciación orgánica o anatómica, en el caso del género se trata de una construcción histórico- social en torno a un modo de ser, cuyos lineamientos surgen según fuerzas de poder en los procesos de crianza, socialización y educación, en el marco de diversas instituciones.

De ello se desprende que ni nacemos varones ni nacemos mujeres sino que la posición femenina o masculina es algo a construir. De ahí que las actividades y modos de relacionarse de un hombre o una mujer no depende tanto de sus capacidades ni de sus condiciones físicas como de los roles que se internalizan.

Sin lugar a dudas, cada sociedad, en determinado momento histórico inventa, crea y define las formas sociales. Si nos remontamos al periodo de la sociedad industrial nos dirigimos al momento de eclosión de una división que demarca límites entre lo privado y lo público, lo reproductivo y lo productivo, en concordancia con una marcada frontera entre lo femenino y lo masculino.

En aquel entonces el mundo se fraccionó en dos: por un lado, eran competencia de la mujer los asuntos domésticos o privados, así como la reproducción, el cuidado e instrucción de los hijos, siendo menester garantizarse el encaminamiento de estos futuros productores.

Y por el otro, en el caso de los hombres su papel pasaba exclusivamente por su productividad en el ámbito público, donde debía mostrarse fuerte, autónomo e independiente.

Pese a que actualmente podemos apreciar ciertos cambios en los modos de ser y de relacionarse respecto a estos parámetros, aun queda mucha tela por cortar en cuestión de género, en tanto las diferencias han dejado de ser características de uno y otro para pasar a ser una cuestión de discriminación y abuso de la fuerza del poder.

Para transformar esta situación será necesario primero de-construir y reconstruir las nociones fundadas, lo cual implica una tarea de desnaturalización de la concepción que se tiene tanto de hombres como de mujeres.

Siguiendo esta línea la “Mujer” se enmarca, tal como lo cuenta Ana María Fernández en su texto “La mujer de la ilusión”, dentro de tres mitos:

Uno de los mitos comprende una ecuación según la cual para ser madre hay que ser mujer, de allí que toda mujer debe ser madre, mito que establece una sinonimia entre uno y otro aspecto, acentuando el nexo en una cuestión “natural”.

Por otra parte, la mujer se caracterizaría por cierta pasividad; teniendo sólo cabida en el acto de reproducción pero no para sentir o mostrar placer en ese proceso. Este mito aparta el placer femenino, quedando exclusivamente al servicio del hombre.

Finalmente, el otro mito sostiene que la mujer esperaría toda su vida la llegada de un príncipe azul que vendría, en tanto héroe, a su rescate, posicionándola en un lugar de dependencia.

Sin embargo, lejos de quedarse la mujer en el área privada y el hombre en lo público, ciertas puntas instituyentes comienzan a filtrarse actualmente entre lo instituido generando nuevos modos de ser, produciéndose una subjetividad diferente.

La mujer sale a estudiar, a capacitarse, y luego a trabajar. Recién después piensa en la posibilidad de convertirse en madre, sin dejar las actividades que lleva, así como no tiene inconvenientes en dar a conocer su satisfacción sexual y el modo en que lo logra.

Por su parte, el hombre comienza a participar en los quehaceres hogareños, aportando su grano de arena en la conducción del hogar no sólo en términos económicos sino también con su presencia, con sus cuidados y educación.

La mayoría de las tareas pasan a ser compartidas habiendo menos diferencias en cuanto a los roles dentro del vínculo familiar, tal vez por una nueva urgencia histórica que sabremos denominar a posteriori, con el paso de los años, echando una mirada retrospectiva a las necesidades económicas actuales o a las inquietudes de las mujeres y a su deseo pujante que estaba en silencio hasta ahora en penitencia.

Si bien las actividades cambian, el viejo imaginario tiene aun hoy efectos en los modos de ser, relacionarse, sentir y pensar. Pareciera que cuesta admitir que tanto hombres como mujeres pueden estar ubicados en una misma posición en cuanto al poder más allá de sus peculiaridades y diferencias, más allá de que por momentos uno ejerza la fuerza y el otro la resista.

En todas las clases de vínculos existe un ejercicio del poder y, según nos cuenta Foucault, eso no tiene nada que ver con la violencia, en tanto que es el abuso de este ejercicio en beneficio de uno y en detrimento del otro, lo que lo convierte en violencia.

“Violencia” significa una fuerza utilizada para producir un daño en el intento de anular al otro como ser autónomo, pretendiéndolo reducir a la categoría de objeto para que no desee, para que no aparezcan rasgos de lo diferente, arrasando con la subjetividad de quien es lastimado y con ella, la posibilidad de decidir y razonar.

En el Artículo 1º de la Ley Nº 12569 de Violencia Familiar de la Provincia de Buenos Aires, consta que la violencia familiar remite a una acción, omisión o abuso que afecte la integridad física, psíquica, moral, sexual y/o la libertad de una persona en el ámbito del grupo familiar.

Violencia es entonces no sólo pegar sino también maltratar, denigrar, humillar, desaprobar constantemente, gritar, amenazar, vigilar y controlar, coartar la libertad, obligar a asilarse, así como generar miedos en la mente de la otra persona.

La violencia puede manifestarse en todas las relaciones, pese a lo cual, aquella que actualmente nos despierta sumo terror y angustia a causa de la gran cantidad de casos que salen a la luz es la violencia contra la mujer.

Si bien considero que no hay justificación alguna ante el hecho aberrante de la violencia, sí pienso que tal vez la motivación se encuentre en un no querer dar lugar a la mujer en términos diferentes a aquellos previamente establecidos y consensuados socialmente, como una resistencia contra la fuerza instituyente.

Con ello quiero decir que, mientras que el hombre haciendo uso y abuso del poder se posiciona como fuerte y autoritario, la mujer queda a disposición de él, siendo dependiente y pasiva, características que tienen bastante que ver con el imaginario de qué es ser hombre y mujer.

Que la mujer elija una pollera para salir de casa, que no haya hecho la comida porque no tenía ganas o que haya salido a comprar ropa o tomar mate con alguna amiga, no quiere decir que sea ni una prostituta ni una mala madre ni una mala pareja, quiere decir que es mujer, un sujeto, no un objeto y, en cuanto tal, tiene derecho a preservar su integridad física y mental, así como a elegir libremente qué quiere hacer con su cuerpo, qué decir , qué sentir y qué pensar.

La diversidad entre las personas no debería de ser concebida como una amenaza ni convertida en motivo de sometimiento, discriminación o desigualdad, sino que debemos echar luz sobre el hecho de que es gracias a la heterogeneidad que pueden recrearse vínculos novedosos en términos subjetivos.

Afortunadamente desnaturalizar los imaginarios que se construyen socialmente habilita la posibilidad de de-construirlos y volverlos a construir.

  • Clínica

Buscando evidencia de que la psicoterapia funciona

  • 12/05/2013
  • David Aparicio

Artículo originalmente publicado en The New York Times y traducido por David Aparicio y Alejandra Alonso.

El cuidado de la salud mental ha recorrido un largo camino desde que el remedio de elección fue la trepanación (perforación en el cráneo para liberar los malos espíritus) hasta el día de hoy. A lo largo de los últimos 30 años, los tratamiento como la terapia cognitivo-conductual, la terapia dialéctico conductual y el tratamiento basado en la familia, han demostrado ser eficaces para el tratamiento de dolencias que van desde el trastorno por estrés postraumático hasta los trastornos de alimentación.

El problema es que sorprendentemente pocos pacientes reciben este tipo de tratamiento basados en la evidencia. Un meta-análisis realizado en el 2009, conducido por los principales investigadores de la salud mental, encontró que los pacientes psiquiátricos en los Estados Unidos y en Gran Bretaña rara vez reciben T.C.C., pese a las numerosas investigaciones que demuestran su eficacia en el tratamiento de enfermedades comunes. Una encuesta de casi 2.300 psicólogos de los Estados Unidos encontró que el 69% utiliza T.C.C. sólo a tiempo parcial o en combinación con otras terapias para el tratamiento de la depresión y la ansiedad.

La T.C.C. se  refiere a una serie de tipos estructurados y directivos de psicoterapia que se centran en los pensamientos detrás de los sentimientos de un paciente y que a menudo incluyen la terapia de exposición y otras actividades.

En cambio, muchos pacientes son sometidos a un tipo de enfoque dim-sum, un poco de esto, un poco de aquello, gran parte de los cuales proceden más de los prejuicios de terapeuta y de su formación que de los últimos resultados de investigación. Incluso los profesionales que dicen utilizar tratamiento basados en la evidencia rara vez lo hacen. El problema se llama “el terapeuta a la deriva.”

“Un gran número de personas con problemas de salud mental que se podrían abordar sin rodeos, están recibiendo terapias que tienen muy pocas posibilidades de ser eficaces”, dijo Glenn Waller, presidente del departamento de psicología en la Universidad Sheffield y uno de los autores del meta-análisis.”

Una encuesta realizada con 200 psicólogos, publicada en el 2005, encontró que sólo el 17% de ellos utilizaron la terapia de exposición (TCC) con pacientes con trastorno por estrés post-traumático, a pesar de la evidencia sobre su efectividad. Los hallazgos de una investigación realizada en el 2009  por la Universidad de Columbia demuestran que los resultados de la investigaciones tienen poca influencia sobre los profesionales de la salud mental y su decisión de integrar un nuevo tratamiento al que ya estaban ofreciendo.

Este problema no está limitado a los Estados Unidos. Hace dos años, el Dr. Waller estudió el uso de T.C.C en Gran Bretaña en adultos con trastornos de alimentación, su objetivo era ver qué técnicas específicas utilizaban. El encontró que menos de la mitad de los profesionales hicieron algo remotamente parecido a la T.C.C basada en la evidencia.

“Alrededor del 30% hizo algo así como trabajo de motivación, y el 25% hizo algo parecido a la atención. Usted no compraría un auto en esas condiciones,” dijo Dr. Waller.

¿A qué se debe esta diferencia? Según Dianne Chambless, profesora de psicología  en la Universidad de Pennsylvania, algunos terapeutas ven su trabajo como un arte, un proceso delicado y personalizado (o no) sobre la base de la personalidad del terapeuta y la relación con el paciente. Otros ven a la terapia como un proceso más estructurado, fundamentado en la ciencia, que demuestra su eficacia con investigaciones y ensayos clínicos.

“La idea de que la terapia es un arte es bastante poderosa. Muchos psicólogos creen que tienen habilidades que les permiten adaptar un tratamiento a un cliente, que es mejor que cualquier científico que pueda llegar a todos con sus datos,” dice Dianne Chambless.

Pero la investigación sugiere lo contrario. Kristin von Ranson cita un ensayo clínico realizado el año pasado, que concluyó que los clínicos con casos de trastornos alimentarios a menudo no utilizan un tratamiento basado en la evidencia o combinado con otros, para conseguir un enfoque más ecléctico.

“Un estudio anterior había sugerido que estos pacientes pueden tener una peor evolución comparados con los que recibieron un tratamiento más uniforme,” señaló la Dra. Von Ranson.

Los terapeutas que se inclinaron hacia un lado más “artístico” afirman que el llamado tratamiento manualizado devalúa aspectos cruciales de la terapia como la empatía, la calidez y la comunicación – la “alianza terapéutica.”

Con respecto a esto, la Dra. Bonnie Spring, profesora de Psiquiatría en la Universidad de Northwestern dice: “Si quieres que un paciente utilice un tratamiento que funciona, es más probable que para llegar allí necesites que la relación se construya.”

Sin embargo, otros expertos piensan que esto es una opción falsa. “Nadie cree que es una buena idea tener una mala relación con su cliente,” dijo la Dra. Chambless. “El argumento en realidad es: ¿Una buena relación es todo lo que necesitas para ayudar a un paciente?”

Además, los tratamientos basados en la evidencia como T.C.C todavía requieren de experiencia, juicio clínico y habilidad de los profesionales, nota Terry Wilson, profesor de Psicología en la Universidad de Rutgers.

Las diferencias de fondo y la educación juegan un papel importante en la perspectiva que tiene un terapeuta sobre el tratamiento basado en la evidencia. “Puedes convertirte en un terapeuta con muy poca formación sobre el pensamiento científico. Psiquiatras, psicólogos clínicos, trabajadores sociales y otros profesionales de la salud mental pasan años completos de escolarización y de aprendizaje riguroso, pero es posible que la práctica en la terapia se realice sin ese fundamento,” sostuvo Carolyn Becker, profesora de Psicología en la Universidad Trinity.

“Muchos estudiantes dicen: “Odio la ciencia, pero soy bueno con las personas. Me gusta escucharlos y ayudarlos,” dice la Dra. Becker. “Existen pocos incentivos para que los terapeutas cambien lo que están haciendo si ellos creen que lo que hacen funciona. Pero muchos clínicos sobreestiman lo bien que lo están haciendo,” dijo la Dra. Spring. “A menudo los pacientes simplemente sienten que no le pueden decir a su terapeuta cuando las cosas no están funcionando.”

“Muchas veces, los terapeutas no lo saben. Las personas dirán: Gracias, estoy bien ahora, adiós y entran a una terapia diferente ,” expresó la Dra. Chambless.

A pesar de la brecha entre la investigación y la práctica, algunos expertos son cautelosamente optimistas. El Dr. Wilson cree que los profesionales de la salud mental, especialmente los clínicos más jóvenes, se están moviendo lentamente hacia tratamientos basados en la evidencia. Se refirió también a un cambio paralelo entre los médicos, el cual se llevó a cabo cuando la medicina se comprometió a la ciencia en lugar de la producción de medios artistas o gurús. “El campo de la psicología clínica tiene que hacer lo mismo. Tenemos que comprometernos con la ciencia,” agregó.

¿Tienes la necesidad de encontrar a un terapeuta que esté bien fundamentado en las investigaciones más recientes? Los expertos recomiendan entrevistar a los terapeutas antes de iniciar la terapia, especialmente si usted está buscando un tipo de tratamiento específico. Algunas preguntas útiles son:

¿Qué tipo de entrenamiento ha hecho y con quién?

¿Qué hace usted para mantenerse al día en la investigación para el tratamiento de mi condición?

¿Cómo sabe usted que su tratamiento funciona?

¿Se considera a usted y a su enfoque como eclécticos? (Los terapeutas que se suscriben a un enfoque ecléctico son menos propensos de adherirse a los tratamientos basados en la evidencia).

¿Qué manuales usted utiliza?

¿Qué datos puede usted enseñarme acerca de sus propios resultados?

“A un clínico que no puede decirte cuántos de sus pacientes han mejorado, no le va a importar mucho si te mejoras.” dijo el Dr. Waller.

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