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Protocolo para la detección y evaluación del alumnado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad en el ámbito educativo

  • 07/10/2020
  • David Aparicio

Descripción de la guía:

La guía consta de dos partes bien diferenciadas. Una primera parte dirigida fundamentalmente a los y las profesionales de la orientación educativa en la que se describen ampliamente los procedimientos para la detección temprana, la evaluación y la intervención educativa con los alumnos y alumnas con TDAH, y se sugieren y proporcionan diversas herramientas para llevar a cabo esta labor. Y una segunda parte dirigida a todo el profesorado, en la que se facilitan estrategias que permitan ajustar la atención a las necesidades educativas que este alumnado presenta. Un lugar destacado va dirigido a las adaptaciones necesarias en el proceso de evaluación. Se tratan también aspectos esenciales a tener en cuenta para facilitar la colaboración entre la familia y el centro educativo.Se presenta esta guía como un documento abierto a las aportaciones de los y las profesionales del ámbito de la educación y de las familias del alumnado.

Descarga la guía completa en formato PDF.

  • Ciencia

1 de cada 3 personas en relaciones monogámicas tendría fantasías con relaciones abiertas

  • 02/10/2020
  • Maria Fernanda Alonso

En las relaciones consensualmente no monógamas las personas que las componen pueden tener más de una pareja sexual o romántica a la vez. Tras evaluar las consultas web anónimas de cientos de miles de usuarios de motores de búsqueda de Google durante un período de 10 años (2006-2015), investigadores encontraron que las búsquedas de palabras relacionadas con el poliamor y las relaciones abiertas han aumentado significativamente con el tiempo. Esta investigación destacó también que la magnitud de la correlación entre las consultas web de relaciones no monógamas consensuadas y el tiempo fue significativamente mayor que las consultas web populares durante el mismo período de tiempo, indicando un patrón único de gran interés en el poliamor y las relaciones abiertas (Moors, 2017). A estos datos se suman las crecientes representaciones en medios populares de la industria audiovisual, mayor cobertura de medios de comunicación, y la proliferación de libros y guías sobre cómo llevar adelante una relación no monógama consensuada.

¿De qué se tratan las relaciones no monógamas consensuadas? De manera muy breve, podemos decir que estos acuerdos incluyen, entre otras conductas, relaciones abiertas (los miembros de la pareja se permiten tener relaciones sexuales fuera de la pareja); poliamor, que implica tener relaciones íntimas con más de una pareja a la vez; voyeurismo en el que uno de los miembros de la pareja observa al otro cuando mantiene relaciones sexuales con otra persona.

Recientemente, un equipo de investigadores quiso saber qué tan común puede ser fantasear con relaciones no monógamas consensuadas entre las personas que se encuentran en una relación monógama, qué fantasías de este estilo son más populares y quiénes están interesados en ellas.

Metodología: para averiguarlo, llevaron a cabo una encuesta online de la que participaron 822 personas adultas, las cuales informaron encontrarse actualmente en una relación monógama.

Se pidió a los participantes que describieran su fantasía sexual favorita. Las fantasías sexuales fueron definidas como «imágenes mentales que tienes mientras estás despierto y que encuentras sexualmente excitantes o eróticas».

Posteriormente se les dio una lista de temas de fantasía sexual (por ejemplo, tener relaciones sexuales con más de una pareja al mismo tiempo, intentar algo prohibido o tabú, estar en una relación sexualmente abierta), y se les pidió que marcaran uno o más temas que sean sus fantasías sexuales favoritas.

Además, los participantes respondieron una serie de preguntas sobre su deseo de llevar a cabo su fantasía sexual y si la habían discutido con su pareja actual. Finalmente, completaron evaluaciones de ansiedad y evitación del apego, erotofilia, búsqueda de sensaciones sexuales, satisfacción en la relación y el Inventario de las Cinco Grandes Personalidades.

Resultados: tras analizar los datos el equipo encontró que el 33% de la muestra informó que su “fantasía sexual favorita de todos los tiempos” tenía que ver con pertenecer a algún tipo de relación sexualmente abierta. Además, el 80% de estos participantes indicó que quería llevar a cabo esta fantasía en el futuro (Lehmiller, 2020).

Explican los autores que esto confirma la distinción entre “fantasía sexual” y “deseo sexual”, teniendo presente que no todas las personas querían actuar sobre su fantasía.

Por otro lado, se encontró que identificarse como hombre o no binario se asoció con fantasías más frecuentes sobre relaciones no monógamas consensuadas, que identificarse como mujer; con la excepción de las fantasías voyeuristas, en las que no había diferencia de género.

Otras asociaciones con las fantasías de relaciones no monógamas consensuadas fueron no ser heterosexual, ser mayor y puntuar alto en erotofilia, apertura y búsqueda de sensaciones. Aquellos con puntuaciones más bajas de neuroticismo y satisfacción sexual/de relación también eran más propensos a informar fantasías de relación no monógama consensuada.

Señalan finalmente los autores que pocas personas (de las que informaron el deseo de realizar estas fantasías), las llevaron a cabo en la realidad, e interpretan que si se suma este dato al hallazgo de que el miedo y la falta de conocimiento se encuentran entre los mayores obstáculos percibidos para llevar a cabo este tipo de fantasías, podría ser importante la desestigmatización de tales conductas.

Referencias:

  • Lehmiller, J. J. (2020). Fantasies About Consensual Nonmonogamy Among Persons in Monogamous Romantic Relationships. Archives of Sexual Behavior. https://doi.org/10.1007/s10508-020-01788-7
  • Moors, A. C. (2017). Has the American Public’s Interest in Information Related to Relationships Beyond «The Couple» Increased Over Time? En The Journal of Sex Research (Vol. 54, Número 6, pp. 677-684). https://doi.org/10.1080/00224499.2016.1178208

Fuente: Psypost

  • Ciencia

Ejercicio de meditación mindfulness sería beneficioso para la memoria visual a corto plazo

  • 01/10/2020
  • Maria Fernanda Alonso

La práctica de ejercicios de mindfulness y su posible impacto en el desempeño cognitivo, en la reducción de la angustia y mejora de habilidades de afrontamiento, en el tratamiento del trastorno bipolar, en la toma de decisiones, e incluso en la reducción de consumo de alcohol como respuesta al estrés, entre otras áreas, ha sido y sigue siendo objeto de numerosos estudios. Recientemente, un equipo de investigadores quiso saber si practicar ejercicios de mindfulness podría influir en la memoria a corto plazo respecto de la percepción de los rostros, dado que investigaciones anteriores sugieren que podría tener efectos sobre la memoria a corto plazo y de trabajo.

¿Por qué es importante? Apunta esta investigación a la posibilidad de obtener beneficios para la memoria a corto plazo a partir de la escucha de grabaciones breves. De este modo se resalta que el medio puede aplicarse fácilmente en sentido práctico para obtener estos beneficios, más allá de que sean necesarias más investigaciones para identificar el mecanismo subyacente que posibilita tal mejora.

Metodología: participaron del estudio 90 estudiantes de pregrado, los cuales fueron asignados al azar a sesiones de 8 minutos para:

  • escuchar el comienzo de «El Hobbit» de J.R.R. Tolkien;
  • escuchar un ejercicio guiado de «atención al cuerpo y la respiración»;
  • sentarse en silencio y ocupar su tiempo como lo desearan.

Antes y después de esta sesión de 8 minutos, los participantes completaron una tarea de reconocimiento facial para evaluar su memoria visual a corto plazo.

Hallazgos: encontraron los autores que las personas que escucharon el ejercicio de meditación mindfulness tendían a mejorar en la prueba de memoria visual, mientras que aquellos que escucharon un audiolibro u ocuparon su tiempo como desearon no lo hicieron (Youngs et al., 2020).

Explican los investigadores que la incapacidad para evitar distracciones visuales se ha relacionado con una mala memoria a corto plazo, y los ejercicios de meditación de atención plena pueden ayudar en la difícil tarea de ignorar la información irrelevante para la actividad que se procura realizar o reducir la ansiedad. Aunque esto no fue probado directamente en el estudio. Resta identificar el mecanismo que opera en la mejora de la memoria a corto plazo cuando se practica este ejercicio de atención plena, remarcan los autores. Señalan también que la mejora podría extenderse a otros estímulos más allá de lo que refiere a la percepción de imágenes faciales.

Referencia: Youngs, M. A., Lee, S. E., Mireku, M. O., Sharma, D., & Kramer, R. S. S. (2020). Mindfulness Meditation Improves Visual Short-Term Memory. Psychological Reports, 33294120926670. https://doi.org/10.1177/0033294120926670

Fuente: Psypost

  • Ciencia

Vivir en la calle con discapacidad intelectual

  • 30/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

Tener una vivienda digna es un derecho fundamental consagrado en numerosos tratados internacionales de Derechos Humanos. Sin embargo, ya en el año 2005 se estimaba que 100 millones de personas a lo largo del mundo no tenían hogar. Muchos duermen sin refugio por la noche, o lo hacen albergues transitorios. Según las investigaciones, del 30 al 40 por ciento de las personas sin hogar tienen un deterioro cognitivo, que incluye lesión cerebral traumática, dificultades de aprendizaje, discapacidades intelectuales, trastorno del espectro autista y trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Una revisión reciente encontró que las personas con discapacidad intelectual corren un mayor riesgo de quedarse sin hogar; pero con un sistema de apoyo coordinado, es posible ayudarlos a permanecer en una vivienda estable y, potencialmente, a salir de la falta de vivienda (Brown & McCann, 2020).

Metodología: se llevó a cabo una revisión sistemática de estudios que examinan la falta de vivienda entre las personas con discapacidad intelectual que utilizan las bases de datos CINAHL, MEDLINE, PsycINFO y Sociological Abstracts desde su inicio hasta noviembre de 2019.

Fueron hallados 259 artículos y, tras la selección, se incluyeron en la revisión un total de 13 artículos. Los temas identificados fueron 1) caminos hacia la falta de vivienda, 2) experimentar falta de vivienda y 3) rutas para salir de la falta de vivienda.

¿Qué datos surgen de la revisión?

  • Tener una discapacidad intelectual es un factor de riesgo para las personas sin hogar, y esto puede ser difícil de identificar.
  • Las personas sin hogar con discapacidad intelectual eran mayormente de raza negra y hombres.
  • Tenían más probabilidades de haber abandonado la escuela y de experimentar otros problemas relacionados con la falta de vivienda, incluido el abuso de sustancias y otros problemas de salud mental.
  • Los participantes con discapacidad intelectual fueron los únicos que informaron que querían quedarse sin hogar.
  • Los participantes con discapacidades intelectuales tenían menos probabilidades de recordar su domicilio original y menos probabilidades de reintegrarse con miembros de la familia.

Principales problemáticas y posibles soluciones

Las personas con discapacidad intelectual tienen más probabilidades de quedarse sin hogar a una edad avanzada debido a la ruptura de una relación o la muerte de un cuidador principal. Es más probable que tengan dificultades para acceder a los servicios de atención médica debido a sus discapacidades.

A esto se suma la probabilidad de que las personas con discapacidad intelectual no sepan o no puedan describir su discapacidad, lo que plantea desafíos adicionales para los proveedores de atención médica y aquellos que ofrecen apoyos de servicios sociales. Sostienen los investigadores que una solución simple a este problema es proporcionar exámenes de detección a las personas sin hogar cada vez que acceden a nuevos servicios.

Por otro lado, la revisión encontró que es posible evitar que las personas con discapacidad intelectual se queden sin hogar prestando especial atención a sus necesidades después de la muerte de un cuidador o un ser querido. Ofrecer atención médica y servicios sociales coordinados en este importante punto de inflexión podría ser determinante para mantenerles en una vivienda estable.

Un trabajo en conjunto desde las organizaciones sociales, órganos estatales encargados de proveer asistencia social, atención médica y vivienda, así como la colaboración de la justicia penal, es fundamental para brindar el apoyo necesario y prevenir la falta de vivienda entre las personas con discapacidades intelectuales, señalan los autores.

La identificación de personas con discapacidad intelectual dentro de los servicios para personas sin hogar y sus inquietudes sobre atención y apoyo sigue siendo un desafío, lo que impacta en la provisión de evaluaciones, intervenciones, atención y apoyo, necesarios para ayudarlos a salir de su situación de calle.

Referencia: Brown, M., & McCann, E. (2020). Homelessness and people with intellectual disabilities: A systematic review of the international research evidence. Journal of Applied Research in Intellectual Disabilities: JARID. https://doi.org/10.1111/jar.12815

Fuente: Psychology Today

  • Análisis

¿Por qué compramos lo que compramos?

  • 30/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

Mantener una vivienda, atención en salud, llevar comida a la mesa, estudiar… podemos decir que casi todo lo que hacemos requiere dinero. La cuestión toma otro color cuando pensamos en que además de los gastos realizados para cubrir necesidades básicas, académicas o profesionales, somos capaces de gastar un porcentaje importante de nuestros ingresos en compras impulsivas. En EEUU, por ejemplo, una persona gasta en promedio US$5400 por año en tales compras. ¿En qué se va ese dinero? Alimentos que no son realmente necesarios (helados, papas fritas saborizadas, entre otros); moda, artículos para el hogar y zapatos. Si reflexionamos sobre nuestra situación financiera personal y familiar, puede suceder que nos encontremos con que no podemos salir de nuestras deudas de tarjeta de crédito, o que tengamos gastos mensuales en artículos que no necesitábamos realmente y que terminan siendo una limitación cuando surge un imprevisto que necesita ser atendido o, incluso, a la hora de planificar ahorros.

Esta situación lleva a que nos preguntemos: ¿por qué compramos lo que compramos?

El Dr. David B. Feldman, profesor de psicología en la Universidad de Santa Clara, explica que, especialmente durante estos tiempos difíciles, ser capaces de satisfacer las necesidades básicas preocupa a muchas personas. Sin embargo, frecuentemente realizamos compras que no son necesarias ni racionales. El marketing y la publicidad son industrias psicológicamente avanzadas, con el objetivo de influir en nosotros, muchas veces de forma inconsciente, para que gastemos dinero. Matt Johnson y Prince Ghuman abordan esta temática en su libro Blindsight: The (Mostly) Hidden Ways Marketing Reshapes Our Brains, en el cual explican que cuando navegamos en el mundo consumidor tomamos decisiones que no siempre son conscientes respecto de cómo o por qué hacemos lo que hacemos.

Podemos pensar, por ejemplo, que estamos eligiendo un alimento en particular del estante del supermercado porque sabe mejor, pero la realidad puede ser más complicada. En un estudio se realizó una prueba de sabor a ciegas de patés. Su metodología consistió en invitar a los participantes a degustar cinco patés que habían sido presentados de manera apetitosa con guarnición de perejil. Pero una de las muestras era comida para perros, que había sido molida hasta obtener una pasta fina en un procesador de alimentos para disfrazar su textura. Después de probar las cinco muestras, se pidió a los participantes que adivinaran cuál era en realidad la comida para perros. Los resultados fueron sorprendentes: su conjetura no fue mejor que el azar (Bohannon et al., 2010).

Otro grupo de investigadores le sirvió a los participantes de su estudio (estudiantes en formación para convertirse en sommeliers) vinos tintos y blancos, y se les pidió que describieran su sabor. Los investigadores descubrieron que cuando se agrega tinte rojo al vino blanco, los estudiantes a menudo no se dan cuenta de que algo no está bien: usaron palabras típicamente reservadas para vinos tintos para describir los sabores (Morrot et al., 2001).

Explica Johnson que muchas veces tomamos decisiones por razones diferentes a las que creemos. Sucede por ejemplo, cuando vamos a un restaurante elegante y gastamos mucho dinero para degustar platos deliciosos de comida, pero en realidad aquella “delicia” no proviene de lo que saboreamos a través de la boca sino que ocurre en el cerebro, y en este campo los especialistas en marketing tienen mucha influencia.

La presentación (empaque o “packaging”) y el reconocimiento de la marca son algunos de los factores principales que influyen en nuestras elecciones como consumidores. Para graficar mejor esto trae a colación el famoso “Pepsi Challenge,” un desafío de prueba del sabor, del cual destaca que aunque Coca-Cola supera constantemente en ventas a Pepsi, la mayoría de las personas prefiere el sabor de Pepsi. Según los hallazgos de este experimento, cuando las personas creían que la bebida que consumían era Coca Cola, reportaban disfrutarla más que si era Pepsi. Resalta el autor que, a pesar de contar con reconocimiento a nivel mundial, Coca-Cola aún invierte miles de millones de dólares anualmente en publicidad porque con cada anuncio puede, realmente, influenciar nuestras preferencias.

Para recuperar nuestro poder como consumidores y evitar ser influenciados tan fácilmente, Johnson y Ghuman señalan que, al darnos cuenta de la influencia que el marketing puede ejercer sobre nosotros, podemos tomar decisiones más sabias y deliberadas.

Su sugerencia fundamental implica comprar de una manera más consciente. En particular, exhortan a que no compremos si estamos emocionados, distraídos o hambrientos. Todas estas situaciones hacen que pensar sea más difícil.

Nuestros cerebros solo tienen una cierta cantidad de poder de procesamiento. Cuando una parte de nuestros recursos mentales está siendo ocupada por distracciones, simplemente nos queda menos poder cerebral para tomar buenas decisiones de compra. Del mismo modo, ya sea que estemos comprando alimentos o cualquier otro producto, cuando no hemos comido por un tiempo, nuestro cerebro no tiene la energía para tomar las mejores decisiones posibles. Eso significa que somos más susceptibles a realizar compras impulsivas.

Tener esto presente puede ayudarnos a estar mejor preparados para hacer frente a las estrategias del marketing. En tiempos de dificultades financieras para tantos debido a la pandemia de COVID, cualquier herramienta que nos ayude a tomar mejores decisiones como consumidores y ahorrar dinero es de gran valor.

Referencias:

  • Bohannon, J., Goldstein, R., & Herschkowitsch, A. (2010). Can people distinguish Pâté from dog food? En CHANCE (Vol. 23, Número 2, pp. 43-46). https://doi.org/10.1007/s00144-010-0022-1
  • Morrot, G., Brochet, F., & Dubourdieu, D. (2001). The Color of Odors. En Brain and Language (Vol. 79, Número 2, pp. 309-320). https://doi.org/10.1006/brln.2001.2493

Fuente: Psychology Today

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  • Recursos

Traducción al español y validación de una medida breve de ansiedad por el COVID-19 en estudiantes de ciencias de la salud

  • 30/09/2020
  • David Aparicio
a man in red shirt covering his face

Introducción y Objetivos: El COVID-19 ha generado consecuencias negativas para la salud mental de las personas. Este es el caso del Perú, uno de los países latinoamericanos más afectados por la pandemia. En este sentido, el objetivo del estudio fue traducir y validar la Coronavirus Anxiety Scale (CAS) al español.

Material y Método: Los participantes fueron 704 estudiantes universitarios de ciencias de la salud (Medad = 23.39 años, DE = 3.45) a quienes se les administró el CAS en español, el Mental Health Inventory-5 y el Patient Health Questionnaire-2 item. El CAS se tradujo al español mediante el método hacia adelante y hacia atrás. Se examinaron la fiabilidad y las evidencias de validez basada en la estructura interna y relación con otras variables.

Resultados: El análisis factorial confirmó la estructura factorial unidimensional del CAS (χ2 = 7.62, gl = 5, p = .18, χ²/df = 1.52, CFI = .99, RMSEA = .03 90% CI .00, .06; SRMR = .02, WRMR = .52); además las cargas factoriales fueron grandes y significativas (de .68 a .87). Los cinco ítems del CAS mostraron correlaciones ítems test total corregido aceptables (de .64 a .74). La confiabilidad por consistencia interna fue buena (ω = 0.89; αordinal= 0.89). La evidencia de validez en base a la relación con otras variables del CAS fue respaldada por la correlación positiva con la depresión (r = .52, p <.01) y negativa con el bienestar subjetivo (r = -.50, p <.01). Además, la depresión media la relación entre la ansiedad por el COVID-19 y el bienestar subjetivo (valor bootstrap = – .24, IC 95% = – .28, – .20).

Conclusión: La versión en español del CAS posee evidencias de validez y confiabilidad para medir la ansiedad por el COVID-19 en una muestra de universitarios peruanos.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Autores: TomásCaycho-Rodríguez, MiguelBarboza-Palomino, JoséVentura-León, CarlosCarbajal-León, MartínNoé-Grijlava, MiguelGallegos, MarioReyes-Bossio, AndreaVivanco-Vidal.

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Cómo incrementar la resiliencia y bienestar psicológico desde la psicología positiva

  • 30/09/2020
  • David Aparicio

La psicología positiva se define como: “el estudio científico de las fortalezas y virtudes humanas, las cuales permiten adoptar una perspectiva más abierta respecto al potencial humano, sus motivaciones y capacidades” (Sheldon y King, 2001). Durante los últimos años esta rama de la psicología se ha dedicado a explorar y determinar cómo potenciar la resiliencia, una capacidad humana sumamente necesaria para poder adaptarnos ante las adversidades que nos da la vida.

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  • Análisis

6 formas de incrementar la paciencia con el aprendizaje en casa

  • 30/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

“Lo que más extraño de la escuela son los recreos, y mis compañeros… Bueno, y las clases también” (Nahir, 9 años).

Compartir las 24 horas del día, todos los días, con otras personas es, por lo menos, desafiante. Si estas personas son niñas y niños que toleran hace meses medidas de restricción de circulación, el desafío se potencia. Madres, padres, cuidadores y personas encargadas de la crianza lo saben. Muchos de ellos se encuentran con la responsabilidad de velar por los cuidados precisos en virtud de la pandemia que vivimos, adaptarse a nuevas formas de trabajo (y, quizás, lidiar con inestabilidad económica), y acompañar a los más pequeños en sus clases virtuales y el cumplimiento de sus deberes.

Con esta situación presente, la Dra. Andrea Bonior, psicóloga clínica, nos presenta 6 formas de incrementar la paciencia con el aprendizaje a distancia. Empezar cada día desde cero, y tomar un día a la vez son las primeras recomendaciones que debemos recordar constantemente. Veamos las siguientes:

No tenés el deber de reproducir la experiencia escolar en persona

Puede ser que adolescentes no tengan la experiencia del “viaje de fin de año” con todos sus compañeros, o que niñas y niños no participen de una feria de ciencias que comparte con toda la escuela aquello que han aprendido y preparado durante el año. Sin embargo, puede suceder que estén aprendiendo a manejar conflictos con sus hermanos, a bañar y cortar el pelo a su perrito, a lidiar con la decepción. Quizás estén descubriendo cosas nuevas que no hubieran aprendido si esto no hubiera sucedido.

Esto no significa que debes sentirte agradecida o agradecido por estar viviendo lo que estamos viviendo. Reconocer que las lecciones de vida más profundas o la oportunidad de impulsar la inteligencia emocional pueden surgir incluso en las situaciones más difíciles, y esto es muy importante.

Buscá ayuda

No estás sola. Hay muchas madres y muchos padres lidiando con esta misma situación y, de hecho, es probable que hayan muchas personas que estén lidiando con correos electrónicos confusos, aplicativos que no responden y escasez de tiempo para resolver. Una herramienta que puede ser de utilidad es crear una comunidad, un grupo de WhatsApp, un perfil cerrado en Instagram, o el medio que resulte más práctico, en el que participan otras personas que están viviendo lo mismo (quizás, madres y padres de los compañeros de tus hijos). El apoyo social puede proporcionar un gran impulso a nuestra salud mental y física.

Mantené presentes tus valores

En los momentos en que las herramientas de la tecnología no responden, las tareas son confusas o demandan que tripliques los malabares que ya tenías que hacer y te sientas abrumada por una situación que te sobrepasa, respirá, da un paso atrás y procurar visualizar el panorama general. ¿Cuál es el propósito de todo esto? ¿Qué tipo de valores desea transmitir a su hijo? ¿Qué querés que vean en vos durante este tiempo y qué tipo de madre/padre querés ser? ¿Qué te gustaría ver cuando mires hacia atrás en este momento, algún día?

Podés tener un día (o una semana) en que todo va mal, pero enfocar la atención en tus valores, en tu propósito sobre la crianza durante este tiempo, y en el hecho de que tus hijos te buscan para que les orientes a través de la incertidumbre, puede ayudarte a recordar lo que es realmente importante, y no estancarte en aquello que no lo es.

Empatía, empatía, empatía

Todos nos sentimos cansados, agotados, desgastados. Puede ser difícil ser empáticos con otras personas porque nuestras reservas están vacías. Sin embargo, la empatía puede mejorar tu paciencia a la hora de hacer frente a las frustraciones que puede traer el aprendizaje online.

Empatía por la maestra que podría estar manejando su propio caos en casa, empatía por que su hijo extrañe a sus amigos y tenga que mirar una pantalla por mucho más tiempo de lo que usted hubiera querido que lo hiciera, y empatía por los administradores que tienen que tomar decisiones (nunca podría haberlo anticipado, todo está justificado y es importante).

Cuando puedas, encontrá humor

El humor puede ser muy importante para tu bienestar emocional, es capaz disminuir la presión arterial y romper la tensión para ayudar a que todo el cuerpo se sienta mejor.

¿Cuándo fue la última vez que reíste profundamente? ¿Y qué podrías hacer para conseguirlo de nuevo? Encontrá cosas con las que puedas reír junto a tus hijos: ya sea un programa de televisión que comparten, o soltarse con movimientos de baile tontos. Esto también puede ayudar a aumentar la conexión con ellos.

Basta de perfeccionismo

Es muy importante que ajustes tus expectativas en relación a la escolaridad de tus hijos y también en cuanto a tu propio rol como madre/padre. Muchas personas se sienten fracasadas porque no son tan pacientes como les gustaría ser con sus hijos, o no están preparando las comidas perfectamente saludables que ven en las redes sociales, o no sienten una gran conexión con sus hijos a pesar de todo el tiempo que pasan juntos.

¿Con qué vara te estás midiendo? Reflexioná sobre esto. Si sos perfeccionista, planteate cómo podés empezar a darte crédito solo por sobrellevar y sobrevivir (las actividades más productivas de todas) la etapa más desafiante en tu rol parental.

Fuente: Psychology Today

  • Ciencia

Los padres que pasan más tiempo con sus bebés tendrían menos riesgo de depresión

  • 29/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

En el mundo se considera de formas diversas la maternidad en el marco del derecho laboral: hay Estados que garantizan el derecho a una licencia por maternidad de hasta seis meses, otros prevén 3 meses de los que la madre puede disponer según su necesidad hasta 45 días antes de la fecha estimada de parto. Existen países que restringen mucho más estas licencias, otorgando seis semanas para la madre que acaba de tener un hijo. El panorama es variado, pero no lo es tanto cuando se consideran los derechos de los hombres de gozar de licencias por paternidad.

¿Por qué es importante? Investigadores encontraron recientemente que los padres pueden necesitar licencias por paternidad tanto como las madres. La depresión postparto es un trastorno que afecta del 10 al 20% de las madres, en el primer año después de dar a luz. Lo llamativo es que entre el 8 y el 10% de los padres también padecen depresión posterior al parto (Bamishigbin et al., 2020).

Por otra parte, debido a que uno de los factores de riesgo de la depresión materna posparto es la solidaridad del padre, es más probable que las madres también sufran cuando el padre está deprimido. Además, el impacto se extiende a los bebés: los hijos de padres con depresión tienen más problemas de conducta y problemas de salud mental.

Metodología: el equipo de investigación realizó entrevistas en el hogar con 881 padres un mes después del nacimiento de sus bebés. Los padres fueron descritos como de bajos ingresos, de diversidades étnicas y raciales, pertenecientes a cinco lugares diferentes en los EEUU. Este es un grupo importante para estudiar porque encontrar apoyo y ayuda con el cuidado de los niños puede ser difícil cuando el dinero es escaso.

Fueron analizados tres factores clave: cuánto tiempo pasaba el padre con su bebé, su sentido de autoeficacia como padre y el apoyo material para el bebé. Los investigadores también administraron la escala de depresión postparto de Edimburgo a los padres cuando los bebés tenían 1, 6 y 12 meses de edad.

Hallazgos: una mayor participación temprana se relacionó con menor depresión en el futuro. Si bien los tres factores fueron relevantes, el tiempo que un padre pasó con su bebé se destacó, señalaron los autores y explicaron que esto sugiere que si los padres se involucran con sus bebés temprano y con frecuencia, su salud mental y la salud de toda la unidad familiar puede ser mejor. Esto podría contribuir a que los padres se sientan más competentes y satisfechos con su rol a lo largo del tiempo y consecuentemente reduciría los síntomas depresivos.

Por último, recomiendan a los Estados la adopción de políticas que aborden la licencia por paternidad remunerada teniendo en cuenta estos hallazgos y proporcionen la oportunidad a los padres de involucrarse más con sus hijos y ganar confianza en su rol paterno desde el primer momento, sin tener que preocuparse por su seguridad económica.

Referencia: Bamishigbin, O. N., Wilson, D. K., Abshire, D. A., Mejia-Lancheros, C., & Schetter, C. D. (2020). Father Involvement in Infant Parenting in an Ethnically Diverse Community Sample: Predicting Paternal Depressive Symptoms. En Frontiers in Psychiatry (Vol. 11). https://doi.org/10.3389/fpsyt.2020.578688

Fuente: Psychology Today

  • Recursos

Tarjetas para trabajar valores

  • 29/09/2020
  • David Aparicio

Fabián Maero y el equipo de Grupo ACT Argentina han preparado una serie de tarjetas para trabajar valores (lo importante para el consultante) en terapia. Fabián describe cómo usarlas y también tiene añade el enlace para descargar las tarjetas en blanco y negro y en colores:

El ejercicio en sí se hace en tres rondas. En primer lugar, se clasifican todas las tarjetas en tres montones: muy importante, importante, menos importante. En segundo lugar, se toman las tarjetas de la pila «Muy importante» y se vuelven a seleccionar solo diez. En tercer lugar, se toman esas diez tarjetas y se seleccionan solo tres, que son las que representan los valores centrales en la vida de la persona. Entre ronda y ronda tiene lugar una pequeña conversación sobre algunos puntos de la tarea. En cada archivo están las instrucciones detalladas.

Hemos traducido y adaptado las tarjetas a tres formatos para que resulten más fáciles de usar. El primer formato es un powerpoint. Esto permite utilizarlas por videollamada, compartiendo la pantalla con la persona con la que estemos trabajando. Las tarjetas están apiladas en el tercer slide y pueden ir moviéndolas para clasificarlas.

Para descargar las tarjetas visita la página de Grupo ACT Argentina.

  • Ciencia

¿Son las personas narcisistas más propensas a experimentar vergüenza cotidianamente?

  • 28/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

Un equipo de investigadores buscó averiguar si los sentimientos de vergüenza son típicos del narcisismo patológico y examinó si los rasgos narcisistas modulan el impacto de las situaciones en esas experiencias emocionales.

¿Por qué es importante? Determinar con claridad la relación entre la vergüenza y el narcisismo es una herramienta necesaria cuando se diseñan planes de tratamiento que puedan resultar eficaces en pacientes con narcisismo patológico.

Metodología: participaron del estudio de diseño longitudinal 196 adultos jóvenes, cuya edad promedio fue de 22 años. Se registraron seguimientos diarios, los participantes completaron medidas de autoinforme de narcisismo utilizando el Inventario Breve de Narcisismo Patológico (B-PNI) y el Inventario de Narcisismo de Cinco Factores – Forma Corta (FFNI-SF). También completaron medidas de propensión a la vergüenza y autoestima.

Después de eso, todos descargaron una aplicación donde se les pedía que respondieran a una breve encuesta una vez al día durante 28 días. Los cuestionarios diarios evaluaron cómo se sentían los participantes ese día en términos de vergüenza, narcisismo grandioso, narcisismo vulnerable y autoestima.

Resultados: encontraron los investigadores que el rasgo de narcisismo vulnerable se correlacionó de forma positiva con la vergüenza diaria como promedio a lo largo de los 28 días. Es decir que cuanto mayor narcisismo vulnerable presentaba una persona, más vergüenza experimentaba (Sarno et al., 2020).

Además: las personas con autoestima frágil (autoestima contingente B-PNI), tendencia a devaluar la intimidad por temor a la decepción (devaluación de B-PNI) y necesidades pronunciadas de admiración (es decir, FFNI-SF) tenían mayores probabilidades de experimentar vergüenza.

Concluyen los autores que según sus resultados, las experiencias conscientes de vergüenza son típicas de aquellos que puntúan más alto en las medidas de narcisismo vulnerable, con la probable excepción de aquellos que tienden a reaccionar con hostilidad a expectativas de reconocimiento no satisfechas.

Un dato que destacan es que aquellos días en que los participantes informaron sentirse más vulnerables, también informaron sentir más vergüenza. Sostienen los autores que, en cierto sentido, si el narcisismo disposicional grandioso no protege necesariamente contra la vergüenza, sentirse grandioso en el momento generalmente sí lo hace.

Limitaciones: la dependencia de medidas de autoinforme y una muestra no clínica de adultos jóvenes, que eran principalmente mujeres, son las limitaciones más importantes del estudio. Estudios futuros deberían tener como objetivo incluir una muestra más diversa de participantes.

Referencia bibliográfica:

Sarno, M. D., Di Sarno, M., Zimmermann, J., Madeddu, F., Casini, E., & Di Pierro, R. (2020). Shame behind the corner? A daily diary investigation of pathological narcissism. En Journal of Research in Personality (Vol. 85, p. 103924). https://doi.org/10.1016/j.jrp.2020.103924

Fuente: Psypost

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Cómo leer más libros

  • 28/09/2020
  • David Aparicio

¿Cuántos libros leíste en los últimos meses? Si tu respuesta no te satisface, entonces este artículo puede ser de ayuda.

Hace cuatro años publiqué un artículo que explicaba mi plan para leer más de 8 mil páginas en un año. Es un plan sencillo que aprovechaba cada momento libre que tuviera para leer 25 páginas por día. En su núcleo, es un plan que sigo utilizando con algunas modificaciones y agregados que he aprendido sobre la marcha y por medio de recomendaciones de otras personas que leen más de 100 libros al año. En este nuevo artículo quiero compartir esas estrategias que puedes combinar y adaptar según tus preferencias y rutinas.

¿Por qué quieres leer libros?

Nuestra mente está diseñada para buscar la gratificación inmediata y esto hace que sea difícil iniciar y mantener objetivos a largo plazo. Pero con un poco de práctica y con los objetivos bien definidos podrás cultivar el hábito de la lectura. Es importante definir claramente la o las razones por las que quieres empezar a leer. Definir tu objetivo te ayudará a mantenerte enfocado y será tu norte cuando aparezcan otras actividades que intenten desviarte de lo que quieres lograr. Definir el porqué es un principio que te ayuda a establecer tus prioridades y funciona muy bien con cualquiera de los objetivos a largo plazo que quieras establecer: iniciar una rutina de ejercicios, ahorrar, empezar una carrera universitaria, etc.

A veces es difícil poner en palabras las razones por la que quieres empezar a leer, pero algunas de las más comunes son:

Conocimiento

Es cierto que los libros no son la única fuente de conocimiento, con internet tenemos ilimitadas fuentes de información, todas ellas útiles y valiosas. Sin embargo, esos medios de información están hechos para la brevedad y superficialidad. En cambio, los libros, a pesar de ser una tecnología un poco más antigua, tienen características únicas que los ayudan a sobresalir: abordan temas específicos con más profundidad, son investigados con mayor rigurosidad, cuentan con mayor control editorial que permite una prosa mucho más pulida. Así que si deseas estudiar con más detalle cualquier tema siempre es bueno buscar un buen libro reconocido.

La lectura también te ayuda a ampliar tu vocabulario, mejorar tu escritura y, en definitiva, te ayuda a expresar mejor tus ideas. Todo el conocimiento que adquieres con los libros también te abre puertas de conversación con otras personas y mejora tus habilidades sociales.

En mi caso, soy un poco curioso así que leo libros para aprender sobre los temas que me interesan. También leo libros para articular mejor mis pensamientos y opiniones. Creo que necesito mejorar mi habilidad para expresar ideas con mayor claridad, y los libros me dan un buen ejemplo de cómo hacerlo.

Distracción, relajación y aventuras

Después de un largo día de exigencias y responsabilidades, leer un libro puede ser un oasis para desconectarte de los constantes mensajes, emails y estímulos que debilitan tu capacidad de concentrarte y pensar con claridad. Con un libro puedes distraerte, relajarte, viajar y experimentar toda clase de emociones, sensaciones y pensamientos. Claro que puedes distraerte viendo una serie de Netflix o revisar el feed de Instagram pero, en mi opinión, ninguna de ellas se equipara con un buen libro. George R.R. Martin, autor de la saga Canción de hielo y fuego, escribió una frase que transmite muy bien lo que los libros pueden ofrecerte: “Un lector vive mil vidas antes de morir, aquel que nunca lee vive solo una”.

Empatía

Hay una serie de estudios que sugieren que leer ficción incrementa la capacidad de empatía y disminuye el prejuicio. Tiene sentido, un buen libro te mete en la piel de sus personajes, te hace experimentar sus emociones y pensamientos. Lo que te puede ayudar a ampliar tus perspectivas y entender un poco mejor las emociones de otras personas.

Reserva cognitiva

Diversos estudios han encontrado que leer libros es una buena herramienta para mejorar la memoria y generar reserva cognitiva, capaz proteger a las personas de enfermedades como el mal de Alzheimer. Así que con la lectura de libros puedes no solo aprender, divertirte y relajarte, sino que también proteges tu cerebro.

No tienes que elegir una razón, puedes combinarlas

Establecer tus objetivos no significa que tengas que elegir solo una. Simplemente es una manera de saber con mayor claridad porqué quieres hacerlo. En mi caso, leo por una combinación de objetivos. Soy un poco curioso así que cuando escucho o leo sobre un tema que no conozco y que me interesa, procuro buscar un libro que me ayude a entender un poco mejor. Hace poco leí un estupendo libro sobre los mitos griegos, porque escuché una muy buena recomendación en un podcast y fue una buena oportunidad para aprender sobre un tema que conocía muy poco. Ahora estoy leyendo una biografía de Marx, porque me di cuenta que lo único que sabía sobre el comunismo y Marx era lo que había visto en la televisión. Intento leer también todo lo que pueda sobre psicología clínica, y en otros momentos del día leo libros de ficción para relajarme, preferiblemente en la noche y antes de acostarme. Nuevamente, la idea es tener en claro por qué quieres leer.

Aprovecha mientras esperas el colectivo para avanzar con tu lectura.

Técnicas para empezar el hábito de lectura e incrementar el ritmo

Ya sabes por qué quieres leer, tienes tus objetivos claramente definidos y tienes ganas de leer. Aquí hay una serie de recomendaciones para empezar:

Elige varios géneros literarios que te interesen o te llamen la atención

Sin el hábito de la lectura, puede ser difícil saber qué tipo de libro te va a gustar. Por eso recomiendo que elijas varios géneros y pruebes los que más te apetezcan, novelas cortas, ciencia ficción, novelas gráficas, lo que quieras. Tampoco tienes que leerlas de principio a fin y forzarte a terminarlas, te recomiendo leer el 20% de un libro y si no te gusta o no te atrapa, déjalo. Estamos en una fase de prueba y al inicio lo importante es que puedas disfrutar de la lectura y no sentirla como una carga más. Una vez que hayas desarrollado el hábito entonces podrás pasar a libros más desafiantes. Yo empecé un poco tarde con la lectura, leí el primer libro completo a los 19 años: Las aventuras de Sherlock Holmes. Con los años he podido leer libros un poco más desafiantes y voluminosos.

¿Cómo encontrar géneros que me gusten? Una buena forma de encontrar libros es buscar recomendaciones en internet, leer los comentarios de los lectores en Amazon (donde puedes comprar libros usados a muy bajo costo), Goodreads (red social de lectores), leer la sección del New York Times de libros, visita las librerías locales (así también les das una mano en estos momentos) y pide recomendaciones o simplemente revisa qué libros tienen. Una manera que me gusta de encontrar buenos libros es revisar la lista de lectura de Bill Gates, siempre publica una lista muy interesante y actual. Gracias a este recurso conocí la maravillosa biografía Una educación y Por qué dormimos, una completa y muy bien escrita investigación sobre el sueño.

Solo necesitas 5 minutos al día

Hay más probabilidad de que cumplas tus objetivos cuando les estableces un momento específico para hacerlo. Analiza con calma cómo es tu día a día y qué momentos le dedicarías a la lectura. Leer durante periodos prolongados es una habilidad que exige mucho entrenamiento, por lo tanto no es muy efectivo que te esfuerces en leer una hora seguida. Esto incrementaría tu frustración cuando no lo logres y aumentaría las chances que dejes de intentarlo. Mejor busca pequeños espacios de 5 y 15 minutos para leer. Puede ser mientras esperas el colectivo, almuerzas, preparas un café o lo que sea. Si logras leer 5 minutos al día, habrás completado tu objetivo y si logras dedicarle varios espacios de 5 minutos habrás leído mucho más de lo que hacías antes.

Registra las páginas que lees, no los libros

Leer un libro de 500 páginas puede ser bastante desafiante, especialmente para las personas que no han desarrollado el hábito de la lectura. Una alternativa más efectiva es establecer la cantidad de páginas que quieres leer por día y no la cantidad de libros. De esta manera podrás saber fácilmente si alcanzaste el objetivo diario y te ayudará a mantener tu motivación de manera inmediata.

Al iniciar intenta marcar objetivos muy pequeños y que sean imposibles de no cumplir. Por ejemplo, puedes establecer “leer 2 páginas por día” y llevar registro ya sea en una aplicación de notas o en un papel cuando lo logras. Al principio puede parecer demasiado poco ¿solo 2 páginas? Pero recuerda que estás estableciendo un hábito nuevo, es mucho más efectivo empezar de una manera que no genere fricción en tu vida. Además esas dos páginas se irán sumando y al completar la semana habrás leído 14 páginas que antes no leías, lo que es un logro bastante importante. Una vez que hayas logrado de manera constante el objetivo de 4 páginas por día (28 páginas a la semana) entonces puedes incrementarlo progresivamente.

Al terminar el libro, puedes hacer un registro de los libros que terminaste. Es bonito ver al final del año cuántos libros pudiste leer.

Lee libros en digital y en formato físico

Tener libros a la mano es fundamental para empezar el hábito de la lectura. Una buena estrategia es tenerlos en formato físico y en formato digital. Ambos cuentan con ventajas y desventajas, pero al combinarlos tienes la solución perfecta.

Con un lector de libros digitales, como el Kindle, puedes leer en cualquier lugar y sin necesidad de iluminación.

Los libros en formato digital son bastantes económicos, puedes descargar una muestra y si te gusta puedes comprarlo completo en cuestión de segundos en tu celular, tablet, Kindle (para mi el mejor dispositivo de lectura electrónica) o cualquier dispositivo. Los libros digitales incluyen función de diccionario, notas, resaltado, registro de lectura, te permiten cambiar el tamaño de letra, fondo (para que sea más cómodo para tus ojos) y hasta puedes leer en lugares con poca luz. Tener libros en formato digital ayuda mucho a mantener el ritmo de lectura. Por ejemplo, si estás esperando en una fila, puedes avanzar con tu plan de lectura desde el celular en vez de entrar en el agujero negro de las redes sociales.

Los libros en formato físico te ayudan a desconectarte, ofrecen la ventaja de poder dejar el celular y cualquier otro aparato tecnológico para concentrarte mejor. Según las investigaciones las personas aprenden mejor cuando leen en formato impreso porque pueden moverse fácilmente por el libro, repasar conceptos y hacer rápidamente anotaciones para revisar después. Por último, y no menos importante, es que con los libros físicos podrás ir construyendo tu biblioteca personal, lo cual es muy reforzante.

En mi caso uso ambos modos según el libro que vaya a leer. Si es ficción puedo leerlo desde la Kindle y si me gusta mucho el libro y quiero coleccionarlo también lo compro en formato impreso. Para mi trabajo compro libros en formato físico, así puedo resaltar, escribir notas, etc.

Trátate con amabilidad

Habrán días en que no puedas leer o que te cueste mucho concentrarte, y es muy probable que surjan pensamientos del tipo “no soy bueno para esto”, “nunca podré terminar este libro”, etc. Es muy importante que si eso sucede, te trates con amabilidad, y notes qué está sucediendo. Puedes decirte algo como “en este momento estoy distraída y no puedo leer, ¿qué lo está causando? Con curiosidad y un trato amable podrás notar qué es lo que está interfiriendo con el hábito de lectura que estás forjando, podrás modificarlo y al mismo tiempo reducirás la autocrítica y te sentirás más motivada.

Estas son solo algunas recomendaciones, si tienes otras estrategias útiles y quieres compartirlas, por favor agrégalas en la sección de comentarios. Estaría encantado de leerte.

  • Ciencia

¿Qué relación existe entre la pérdida auditiva relacionada con la edad y el deterioro de las funciones cognitivas?

  • 24/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

La pérdida de audición relacionada con la edad (PARE) ha sido identificada como el factor de riesgo de demencia potencialmente más modificable. Este es un problema común para los adultos mayores, que conduce a dificultades de comunicación, aislamiento y deterioro cognitivo.

Un equipo de investigadores llevó a cabo una revisión sobre los efectos de PARE en áreas del cerebro involucradas en la percepción del habla, desde la corteza auditiva, a través de redes de atención, y hasta el sistema motor. El objetivo de su estudio, señalan, es inspirar investigaciones innovadoras e intervenciones novedosas para aliviar la pérdida auditiva y el deterioro cognitivo (Slade et al., 2020).

¿Por qué es importante? Escuchar en situaciones desafiantes, o cuando el sistema auditivo está dañado, sobrecarga los recursos corticales, y esto puede cambiar la forma en que el cerebro responde a situaciones cognitivamente exigentes en general. La PARE ha sido asociada con una tasa mayor de deterioro cognitivo y un mayor riesgo de desarrollar demencia; esta probabilidad aumenta con la gravedad de la pérdida auditiva. Esto resalta la necesidad de comprender la relación causal entre el sistema auditivo dañado, los cambios neuronales observados en la PARE y el deterioro cognitivo.

La prevalencia de la pérdida de la audición relacionada con la edad afecta a más del 40% de las personas mayores de 50 años, y llega a un 71% de las personas mayores de 70 años. Para la mayoría de las personas, esta es una parte relativamente normal del proceso de envejecimiento, pero algunas experimentan esfuerzo y dificultades para comprender el habla, lo que dificulta la comunicación y la socialización. Un mayor esfuerzo de escucha puede llevar a los adultos mayores a evitar la interacción social, exacerbar la soledad y la depresión y reducir el bienestar (Rutherford et al., 2018). Investigaciones recientes muestran, además, que la pérdida auditiva está asociada con el deterioro cognitivo y la demencia ((Livingston et al., 2017; Rutherford et al., 2018; Uchida et al., 2019).

¿Qué encontraron los autores? Tras la revisión de numerosos estudios, el equipo de investigación encontró que:

  • La pérdida auditiva ha sido identificada como el mayor factor de riesgo modificable para la demencia y el deterioro cognitivo, pero no está claro el vínculo causal entre estas dos condiciones que afectan principalmente a los adultos mayores.
  • La pérdida de audición relacionada con la edad comprende diversas disfunciones que afectan tanto la periferia auditiva, la corteza auditiva y la organización cortical global.
  • Existe evidencia de una asignación compensatoria de recursos neuronales, lo que sugiere una compensación cognitiva, que puede tener un impacto significativo en el funcionamiento cognitivo.
  • Se han propuesto varias hipótesis para explicar la posible relación entre el deterioro auditivo y cognitivo: unas sugieren que la relación se sustenta en la neurodegeneración general del envejecimiento; otras sugieren que el deterioro auditivo y la privación sensorial están relacionados causalmente con el deterioro cognitivo.
  • Las limitaciones en los métodos utilizados para cuantificar tanto la pérdida auditiva relacionada con la edad como el deterioro cognitivo pueden llevar a una sobreestimación o subestimación de la asociación entre la pérdida auditiva relacionada con la edad y el deterioro cognitivo.

En este punto, resulta importante señalar que la pérdida de audición no diagnosticada o no tratada puede dar lugar a un diagnóstico erróneo o una sobreestimación del nivel de deterioro cognitivo (Uchida et al., 2019). Explican los autores que esto puede deberse a la administración verbal de evaluaciones cognitivas, que dependen del procesamiento auditivo: es posible que las personas con pérdida auditiva malinterpreten o no puedan escuchar completamente las instrucciones de la tarea, lo que hará que su desempeño sea deficiente y resulte en un diagnóstico erróneo de deterioro cognitivo. De hecho, la investigación muestra que, cuando se reduce la audibilidad de los elementos de la prueba, o cuando existe ruido en el entorno de la prueba, las puntuaciones en las evaluaciones cognitivas son peores (Dupuis et al., 2015; Jorgensen et al., 2016; Lim & Loo, 2018). Debido a que escuchar con discapacidad auditiva requiere esfuerzo, los adultos mayores con pérdida auditiva pueden tener un peor desempeño en estas evaluaciones cognitivas basadas en la audición porque se dirigen más recursos cognitivos hacia la escucha, lo que deja menos recursos disponibles para el procesamiento cognitivo requerido para funcionar adecuadamente (Al-Yawer et al., 2019).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la relación entre la pérdida auditiva y el deterioro cognitivo se ha demostrado incluso cuando se utilizan tareas no auditivas para cuantificar las capacidades cognitivas (Jayakody et al., 2018; Wong et al., 2014).

Los autores señalan que aunque hay pruebas razonables de que la pérdida auditiva es un marcador de riesgo de deterioro cognitivo, todavía no está claro si existe un efecto causal de la pérdida auditiva sobre el deterioro cognitivo. Las investigaciones proporcionan distintas hipótesis sobre posibles mecanismos subyacentes y relaciones entre la pérdida auditiva, los cambios neuronales y la demencia.

Hipótesis de la causa común

Según esta propuesta, la manifestación comórbida de deterioro cognitivo y PARE es atribuible a una patología neurodegenerativa común. Esta hipótesis está respaldada por la evidencia de cambios paralelos en varios dominios perceptuales y cognitivos en adultos mayores; por ejemplo, disminución del deterioro cognitivo y disminución de la agudeza visual. Además, la atrofia cerebral observada tanto en el envejecimiento como en la PARE puede sugerir que la manifestación concurrente se debe al envejecimiento biológico que afecta el funcionamiento global. Sin embargo, también hay evidencia que apoya una relación causal en la que PARE exacerba el deterioro cognitivo en el envejecimiento: tanto las hipótesis de degradación de la información como de privación sensorial apoyan este punto de vista (Fischer et al., 2016).

Hipótesis de la degradación de la información o hipótesis de la carga cognitiva

La entrada auditiva degradada, como resultado de la periferia auditiva deteriorada, aumenta la demanda de recursos de procesamiento limitados. Numerosos modelos de memoria de trabajo y recursos cognitivos comparten la idea común de que estos recursos de procesamiento de información están limitados en la cantidad de información que puede ser atendida, retenida en la memoria y utilizada en cualquier momento en particular. Las situaciones en las que la calidad del habla se degrada por el ruido ambiental o la pérdida de audición aumentan el «esfuerzo de escucha» para procesar y comprender la señal auditiva. Por lo tanto, los recursos cognitivos limitados se desvían de otras tareas cognitivas hacia la escucha con esfuerzo, lo que resulta en recursos cognitivos agotados. Esta reasignación de recursos tiene efectos perjudiciales sobre las funciones cognitivas, que teóricamente podrían conducir a un deterioro cognitivo.

Según la evidencia, cuando escuchar es más difícil, se requieren recursos cognitivos adicionales para hacer frente a la demanda, lo que significa que se agotan los recursos para otros procesos cognitivos. Más evidencia en apoyo de esta hipótesis proviene de estudios sobre los efectos de los audífonos que ayudan a restaurar la percepción auditiva y así reducir la carga cognitiva. Por ejemplo, se descubrió que una intervención de 6 meses con audífonos mejora significativamente tanto la discapacidad auditiva percibida como el rendimiento de la memoria (Deal et al., 2017).

Hipótesis de la privación sensorial

Comparte algunos puntos conceptuales con la hipótesis de la degradación de la información, pero hace énfasis en que la reasignación crónica de los recursos cognitivos hacia la percepción auditiva a lo largo del tiempo debido a la privación sensorial a largo plazo en la PARE conduce al deterioro cognitivo. Esta hipótesis destaca que la privación prolongada conduce a una reorganización cortical compensadora y alteraciones neuronales que dificultan los procesos cognitivos y emocionales generales en favor de la percepción auditiva. La evidencia apoya la idea de alteraciones corticales en la PARE incluida una mayor dependencia de las regiones cerebrales frontales durante la percepción del habla, así como una reducción de la materia gris en la corteza auditiva con disminución de la capacidad auditiva.

Los investigadores han ampliado la hipótesis de la privación sensorial sugiriendo que, aunque la privación afecta la cognición directamente a través de una entrada sensorial inadecuada, también puede afectar la cognición indirectamente a través de una menor socialización y comunicación, o un aumento de la depresión La hipótesis propone que la interacción social reducida asociada con el aislamiento social y la depresión puede mediar la relación causal entre la pérdida auditiva y el deterioro cognitivo (Dawes et al., 2015).

Según esta perspectiva, los cambios neuronales que resultan de la pérdida de la audición relacionada con la edad, como la disminución de la activación de la corteza cingulada anterior (parte anterior de la corteza cingulada dentro de la corteza cerebral posiblemente involucrada en una multitud de procesos cognitivos complejos), pueden afectar directamente la regulación de las emociones y el estado de ánimo.

Los investigadores también sugieren que la discriminación por edad y el estigma asociado con la PARE y el envejecimiento pueden exacerbar los síntomas depresivos y reducir las interacciones sociales como resultado de la vergüenza o la disminución de la percepción de la propia capacidad (Pichora-Fuller et al., 2015).

Limitaciones: señalan los autores que existen limitaciones con la cuantificación tanto de la pérdida auditiva como de la capacidad cognitiva en la literatura actual, que conducen a la ambigüedad en la interpretación de la relación entre la pérdida auditiva y el deterioro cognitivo. La PARE se cuantifica con frecuencia mediante audiometría de tonos puros, que no captura las dificultades que experimentan los adultos mayores con el habla cuando hay ruido o la PARE neuronal. Esto puede llevar a una subestimación del vínculo entre la pérdida auditiva y el deterioro cognitivo si no se capta el efecto completo de la pérdida auditiva en la comunicación y en la capacidad para funcionar en la vida diaria.

La incorporación de pruebas de comprensión del habla con ruido en evaluaciones audiométricas estándar puede resultar valiosa para capturar la comprensión del habla, así como la agudeza auditiva. Comprender el alcance de las dificultades de comunicación en personas con PARE puede ayudarnos a entender la posible contribución de tales dificultades a la función cognitiva en el envejecimiento. Existe evidencia que sugiere que extender el rango de frecuencia de la audiometría clínica para evaluar la agudeza auditiva por encima de 8000 Hz puede ser beneficioso para predecir la PARE más temprano en la vida. Además, esta agudeza auditiva ampliada de alta frecuencia puede estar relacionada con la capacidad de los adultos mayores de comprender el habla cuando hay ruido.

Referencias bibliográficas:

Al-Yawer, F., Pichora-Fuller, M. K., & Phillips, N. A. (2019). The Montreal Cognitive Assessment After Omission of Hearing-Dependent Subtests: Psychometrics and Clinical Recommendations. Journal of the American Geriatrics Society, 67(8), 1689-1694. https://doi.org/10.1111/jgs.15940

Dawes, P., Emsley, R., Cruickshanks, K. J., Moore, D. R., Fortnum, H., Edmondson-Jones, M., McCormack, A., & Munro, K. J. (2015). Hearing loss and cognition: the role of hearing AIDS, social isolation and depression. PloS One, 10(3), e0119616. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0119616

Deal, J. A., Betz, J., Yaffe, K., Harris, T., Purchase-Helzner, E., Satterfield, S., Pratt, S., Govil, N., Simonsick, E. M., Lin, F. R., & Health ABC Study Group. (2017). Hearing Impairment and Incident Dementia and Cognitive Decline in Older Adults: The Health ABC Study. The Journals of Gerontology. Series A, Biological Sciences and Medical Sciences, 72(5), 703-709. https://doi.org/10.1093/gerona/glw069

Dupuis, K., Pichora-Fuller, M. K., Chasteen, A. L., Marchuk, V., Singh, G., & Smith, S. L. (2015). Effects of hearing and vision impairments on the Montreal Cognitive Assessment. Neuropsychology, Development, and Cognition. Section B, Aging, Neuropsychology and Cognition, 22(4), 413-437. https://doi.org/10.1080/13825585.2014.968084

Fischer, M. E., Cruickshanks, K. J., Schubert, C. R., Pinto, A. A., Carlsson, C. M., Klein, B. E. K., Klein, R., & Tweed, T. S. (2016). Age-Related Sensory Impairments and Risk of Cognitive Impairment. Journal of the American Geriatrics Society, 64(10), 1981-1987. https://doi.org/10.1111/jgs.14308

Jayakody, D. M. P., Friedland, P. L., Eikelboom, R. H., Martins, R. N., & Sohrabi, H. R. (2018). A novel study on association between untreated hearing loss and cognitive functions of older adults: Baseline non-verbal cognitive assessment results. En Clinical Otolaryngology (Vol. 43, Número 1, pp. 182-191). https://doi.org/10.1111/coa.12937

Jorgensen, L. E., Palmer, C. V., Pratt, S., Erickson, K. I., & Moncrieff, D. (2016). The Effect of Decreased Audibility on MMSE Performance: A Measure Commonly Used for Diagnosing Dementia. Journal of the American Academy of Audiology, 27(4), 311-323. https://doi.org/10.3766/jaaa.15006

Lim, M. Y. L., & Loo, J. H. Y. (2018). Screening an elderly hearing impaired population for mild cognitive impairment using Mini-Mental State Examination (MMSE) and Montreal Cognitive Assessment (MoCA). International Journal of Geriatric Psychiatry, 33(7), 972-979. https://doi.org/10.1002/gps.4880

Livingston, G., Sommerlad, A., Orgeta, V., Costafreda, S. G., Huntley, J., Ames, D., Ballard, C., Banerjee, S., Burns, A., Cohen-Mansfield, J., Cooper, C., Fox, N., Gitlin, L. N., Howard, R., Kales, H. C., Larson, E. B., Ritchie, K., Rockwood, K., Sampson, E. L., … Mukadam, N. (2017). Dementia prevention, intervention, and care. The Lancet, 390(10113), 2673-2734. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)31363-6

Pichora-Fuller, M. K., Mick, P., & Reed, M. (2015). Hearing, Cognition, and Healthy Aging: Social and Public Health Implications of the Links between Age-Related Declines in Hearing and Cognition. Seminars in Hearing, 36(3), 122-139. https://doi.org/10.1055/s-0035-1555116

Rutherford, B. R., Brewster, K., Golub, J. S., Kim, A. H., & Roose, S. P. (2018). Sensation and Psychiatry: Linking Age-Related Hearing Loss to Late-Life Depression and Cognitive Decline. The American Journal of Psychiatry, 175(3), 215-224. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2017.17040423

Slade, K., Plack, C. J., & Nuttall, H. E. (2020). The Effects of Age-Related Hearing Loss on the Brain and Cognitive Function. Trends in Neurosciences. https://doi.org/10.1016/j.tins.2020.07.005

Uchida, Y., Sugiura, S., Nishita, Y., Saji, N., Sone, M., & Ueda, H. (2019). Age-related hearing loss and cognitive decline – The potential mechanisms linking the two. Auris, Nasus, Larynx, 46(1), 1-9. https://doi.org/10.1016/j.anl.2018.08.010

Wong, L. L. N., Yu, J. K. Y., Chan, S. S., & Tong, M. C. F. (2014). Screening of cognitive function and hearing impairment in older adults: a preliminary study. BioMed Research International, 2014, 867852. https://doi.org/10.1155/2014/867852

Fuente: Pubmed

  • Ciencia

Patologías asociadas al lóbulo frontal

  • 23/09/2020
  • Lynda Evelin Acuña Hernández

El lóbulo frontal es parte de la corteza cerebral, fue la última región del encéfalo en evolucionar, por lo que es una adición relativamente nueva. Todos los mamíferos tienen un lóbulo frontal, aunque el tamaño y la complejidad varían según la especie. La mayoría de las investigaciones sugieren que los primates tienen lóbulos frontales más grandes que muchos otros mamíferos (Reber & Tranel, 2019).

Los lóbulos frontales

Los sistemas de clasificación tradicionales dividen los lóbulos frontales en la corteza precentral (la franja inmediatamente anterior al surco central o cisura de Rolando) y la corteza prefrontal (que se extiende desde los polos frontales a la corteza precentral e incluye el opérculo frontal). Ésta última que se divide a su vez en: corteza orbitofrontal (incluidas las regiones orbitobasal o ventromedial y mesial inferior), corteza prefrontal ventrolateral, corteza prefrontal dorsolateral, corteza prefrontal medial (que contiene la circunvolución cingulada anterior y las cortezas preliminar e infralímbica) y corteza prefrontal caudal, que incluye los campos oculares frontales (Zanto & Gazzaley, 2019).

Cada una de estas áreas tiene una conectividad generalizada y se caracterizan por sus distintas funciones, entre ellas su intervención en los diferentes procesos cognitivos como: la memoria, el lenguaje, la atención, abstracción, funciones ejecutivas, motoras, sociales, emocionales e inhibición de respuestas básicas en la búsqueda de un objetivo más complejo (Pressman & Rosen, 2015). Según Deright (2019) su importancia radica en la ejecución de la toma de decisiones y el control ejecutivo, es decir, la selección y coordinación de comportamientos.

Diversos estudios realizados han demostrado que los lóbulos frontales son extremadamente vulnerables a las lesiones debido a su ubicación en la parte delantera del cráneo, la proximidad al ala esfenoidal y su gran tamaño. Los estudios de resonancia magnética han demostrado que el área frontal es la región más común de lesión después de un trauma craneoencefálico leve o moderado (Levin et al., 1987 citado por Chow, 2000).

Clínicamente, se han utilizado para describir los trastornos de los lóbulos frontales y sus redes extendidas como: síndromes del lóbulo frontal, síndromes de la red frontal, síndromes de los sistemas frontales, la disfunción ejecutiva y la metacognición, aunque no todos son sinónimos y los términos difieren dependiendo de los autores o investigadores (Garrard et al., 2002; Goldberg, 2002; Hoffmann & Schmitt, 2004; Karussis et al., 2000; Kumral et al., 1999; Malm et al., 1998; Neau et al., 2000; Tarkka, 2001; Tullberg et al., 2004).

Según Hoffmann (2013) estrictamente hablando, los síndromes de la red frontal constituyen la representación neurobiológica más precisa. El término, síndromes de red frontal (FNS) enfatiza la conectividad universal de los lóbulos frontales con todas las demás regiones del cerebro. Por ejemplo, la literatura sobre accidentes cerebrovasculares está repleta de FNS que se han reportado con lesiones discretas fuera del límite anatómico del lóbulo frontal, como materia gris subcortical, materia blanca subcortical, con lesiones aisladas del tronco encefálico, cerebelo, lóbulos temporales y parietales.

Dentro de los síndromes de red frontal más estudiados se encuentran: el deterioro de la memoria de trabajo, la función ejecutiva, la abulia, la desinhibición y el descontrol emocional. Además, se pueden identificar una serie de manifestaciones secundarias, como una amplia gama de anomalías de comportamiento, entre ellas: la pérdida de las normas sociales, el comportamiento de imitación, las compulsiones y las obsesiones (W. Chow & Cummings, 2009; Hoffmann, 2013a).

No obstante, debido a su anatomía e importancia, los estudios del lóbulo frontal no se han centrado solo en los síndromes de red frontal, sino también en las alteraciones asociadas con las funciones cognitivas clásicas atribuidas a las regiones prefrontales (Markowitsch et al., 1979; Pressman & Rosen, 2015).

Control del movimiento

Entre estas funciones cognitivas clásicas se encuentran las relacionadas con el control del movimiento, el cual se implementa en muchos niveles incluida la médula espinal, el cerebelo y los ganglios basales. No obstante, hay tres regiones cerebrales corticales principales que intervienen en esta función: la corteza motora primaria (PMC), la corteza premotora (preMC) y las áreas motoras del lóbulo frontal medial, que incluyen el área motora presuplementaria (preSMA), el área motora suplementaria (SMA) y las áreas motoras adyacentes en el surco cingulado (Pressman & Rosen, 2015).

Por tal motivo, una lesión del lóbulo frontal, incluido el córtex prefrontal (PFC) puede provocar la aparición de un trastorno motor conocido como apraxia, el cual se asocia a la incapacidad de realizar una actividad motora experta a pesar de la fuerza intacta, la sensación, la atención, la memoria y el impulso, sin que interfieran otros trastornos del movimiento como distonía, temblor o corea. Los pacientes con apraxia pueden describir una pérdida de la capacidad de manipular herramientas de uso común, o de realizar algo más complejo, como coser o tejer. La apraxia no es un trastorno bien localizado, y diferentes tipos de lesiones pueden provocarla, incluidas las lesiones parietales, frontales y subcorticales. Casi siempre se asocia con lesiones en el hemisferio izquierdo o el cuerpo calloso, y se ha descrito específicamente en el contexto de las lesiones motoras frontales medianas y la corteza premotora. La apraxia a menudo se presenta en pacientes con trastornos neurodegenerativos, en los cuales se observa una afectación predominantemente de los lóbulos parietales, como la enfermedad de Alzheimer, o los lóbulos frontales en las degeneraciones corticobasales (Heilman, 2010; Pressman & Rosen, 2015).

Atención

Otro de los procesos clásicos más investigados en las últimas décadas ha sido la atención, debido a su complejidad y conexión con muchas regiones corticales y subcorticales. Una de las principales funciones que desempeñan los lóbulos frontales en este proceso es la dirección de la atención a los estímulos nuevos, asimismo, en la atención sostenida con el cortex prefrontal, también se ha postulado una red de atención ventral, que incluye partes del giro frontal medio e inferior y la corteza temporoparietal (Daffner et al., 2000; Mesulam, 2010; Pardo et al., 1991; Pressman & Rosen, 2015).

Por lo tanto, las lesiones en el cortex prefrontal pueden asociarse con déficits en tareas que requieren atención sostenida (por ejemplo, presionar botones en respuesta a estímulos específicos), así como en tareas de atención dividida (rastrear múltiples estímulos espontáneamente). En la vida diaria, estos déficits pueden verse en la distracción y la dificultad con la multitarea (por ejemplo, no poder realizar una tarea si la radio o la televisión están encendidas). Si no se atienden estímulos novedosos, puede resultar en perseverancia, en la cual un paciente se fija en una tarea o estímulo a pesar de que ya no es relevante para la situación inmediata. Un fenómeno particular conocido como heminegligencia (es frecuente en lesiones del hemisferio derecho) que se caracteriza por el descuido de la mitad del espacio contralateral (generalmente izquierdo). Este fenómeno puede observarse con lesiones frontales y/o parietales izquierdas (Pressman & Rosen, 2015; Zanto & Gazzaley, 2019).

Memoria

Con relación a la memoria, aunque las estructuras típicamente asociadas son el hipocampo y estructuras asociadas, el lóbulo frontal juega un papel importante en varios aspectos. Por ejemplo, en la memoria episódica y de trabajo el lóbulo frontal desempeña una función de apoyo.

En un innovador trabajo con grabación unicelular en 1988, Patricia Goldman-Rakic ​​demostró que las neuronas en la corteza frontal dorsolateral funcionan por medio de una especie de disparo durante los períodos en que un animal debe guardar información en la memoria y luego detienen el mismo cuando el animal necesita actuar sobre esta información. Los estudios de imágenes cerebrales funcionales han demostrado actividades similares en humanos. En consecuencia, los pacientes con lesión del lóbulo frontal, pueden desarrollar problemas para recordar pequeños fragmentos de información como un número de teléfono o qué buscaban en una habitación (Cheryl et al., 1998; Pressman & Rosen, 2015).

Una gran cantidad de evidencia ha demostrado que los lóbulos frontales participan en la fase de codificación. Los estudios de imágenes funcionales muestran la activación del cortex prefrontal durante la codificación y la recuperación. Por consiguiente, los pacientes con disfunción del lóbulo frontal pueden quejarse de problemas de memoria que son similares en tipo y grado a los observados con lesiones en el hipocampo, específicamente para retener información, repetir preguntas, escribir información para recordar, organizar semánticamente información y utilizar estrategias mnemotécnicas. De igual forma, muestran déficits en la recuperación de la información previamente aprendida, siendo susceptibles a la interferencia de la información competitiva. Por último, el fenómeno de la confabulación, donde los pacientes no solo tienen dificultades para recordar información, sino que inventan información en respuesta a consultas, generalmente se asocia con daño en la región frontal ventromedial, del córtex prefrontal y el prosencéfalo basal (Gershberg & Shimamura, 1995; Gilboa & Moscovitch, 2002; McKinnon et al., 2007; Shimamura, 1995; Lee et al., 2002; Nyberg et al., 1996; Pressman & Rosen, 2015).

Funciones ejecutivas

Con relación a las funciones ejecutivas, las cuales abarcan una amplia gama de actividades cognitivas como: organizar una respuesta a un problema complejo, secuenciar tareas, priorizar estímulos externos, abstraer información, entre otros. Se encuentran altamente relacionadas con el lóbulo frontal debido a que sus funciones apoyan y superponen otros procesos como la activación de patrones motores complejos, la organización del lenguaje y la selección de comportamientos sociales apropiados. Básicamente, estas funciones dependen de la capacidad de mantener y manipular información no disponible en el ambiente. Por tal motivo se convierte en una de las principales funciones del lóbulo frontal, dando como resultado que diversos investigadores hayan creado diferentes modelos para su explicación (Anderson, 2011; Bertelli et al., 2018; Deright, 2019; Goldman-Rakic et al., 1996; Hagenhoff et al., 2013; Pressman & Rosen, 2015; Reber & Tranel, 2019).

Aunque existan muchas teorías que explican el desarrollo de las funciones ejecutivas, la mayoría de investigadores concuerdan que el deterioro de las funciones ejecutivas en un individuo puede observarse mediante diversas dificultades que presentan en los distintos contextos que participa, por ejemplo: la incapacidad de mantenerse enfocado en una tarea determinada, clínicamente, esto se manifestaría en la imposibilidad de completar las tareas que se iniciaron en una prueba determinada. Déficits en la planificación y ejecución de tareas complejas (planificar viajes o eventos como fiestas, e incluso en tareas cotidianas como cocinar que requieren tiempo y secuencia), dificultades en la capacidad de inhibir respuestas a estímulos cognitivos o socialmente relevantes, por ejemplo, la desinhibición social (toma de decisiones impulsiva), este es quizás uno de los más investigados, debido a que su gravedad se refleja en el comportamiento asociado a la utilización y la dependencia ambiental, términos que originalmente fueron acuñados por Lhermitte et al., en 1986, quien descubrió en su investigación que el comportamiento de utilización realizado por algunos participantes se encontraba relacionado con patrones de movimiento que dependían completamente de estímulos externos (beber de un vaso vacío colocado frente a ellos, o utilizar un martillo cuando no hay clavos presentes). Con referencia a la dependencia ambiental, Lhermitte et al., (1986) describe que los participantes manifestaban una tendencia a seguir pasivamente los gestos de los demás, aunque esas señales no estuvieran apropiadas con el momento. Por ejemplo, los pacientes pueden pedir pasivamente los mismos artículos que ordena un amigo cuando están juntos en un restaurante, repetir la última frase expresada por otros (ecolalia) e imitar los movimientos de los demás (Pressman & Rosen, 2015; Reber & Tranel, 2019; Zanto & Gazzaley, 2019).

Lenguaje

En relación con el lenguaje, según las observaciones históricas de Broca en 1861, se ha reconocido que el lóbulo frontal es una parte central en el procesamiento del lenguaje. Si bien Broca planteó la hipótesis de que la región frontal inferior izquierda era el centro del lenguaje en el cerebro, las observaciones posteriores de Wernicke y muchos otros han demostrado que el lenguaje se procesa en una red distribuida de regiones en el lóbulo frontal y parietal izquierdo alrededor de la cisura de Silvio. Por consiguiente, un deterioro en este proceso puede relacionarse con lesiones en el lóbulo frontal y dar como resultado una afasia, estas se caracterizan por un discurso vacilante, con frases relativamente cortas y largas, pausas entre palabras o frases y patrones de habla no fluidos, en lo que se refiere a la baja cantidad de palabras producidas en un período de tiempo determinado. Una de las más comunes, es la afasia de Broca, la cual se desarrolla por una variedad de alteraciones (accidentes cerebrovasculares, tumores o enfermedades neurodegenerativas) en el lóbulo frontal izquierdo. En un estudio clásico publicado en 1978, Mohr y sus colegas demostraron que una lesión que afecta solo la corteza del lóbulo frontal inferior izquierdo no causa un tipo completo de afasia tipo Broca, sino que causa un mutismo inicial que evoluciona a una dificultad limitada con la articulación que sí lo hace, no afecta a otros aspectos del lenguaje (p. ej., la escritura). Cuando en las enfermedades neurodegenerativas el síntoma más significativo es la alteración en el lenguaje se conoce como afasia progresiva primaria (PPA). Las lesiones en otras regiones, por ejemplo, en el área más alta del lóbulo frontal izquierdo, alrededor de la porción anterior de la circunvolución frontal media, puede asociarse con un síndrome llamado afasia motora transcortical (Freedman et al., 1984; Gorno-Tempini et al., 2011; Mohr et al., 1978; Pressman & Rosen, 2015).

Emoción, motivación y conducta social

En cuanto a los procesos relacionados con la emoción, motivación y comportamiento social, según diversos estudios, sus aspectos iniciales, rápidos y reflexivos se implementan en sistemas filogenéticamente antiguos, a menudo referidos como la red límbica y compuestos de estructuras subcorticales y corticales. No obstante, algunas de las estructuras paralímbicas residen en los lóbulos frontales y la ínsula anterior adyacente. A través de las acciones de estas y otras regiones, el lóbulo frontal juega un papel importante en el procesamiento emocional. Aunque no siempre se expresa en términos de estas construcciones de evaluación, reactividad y regulación, (Pressman & Rosen, 2015; Reber & Tranel, 2019; Rosen & Levenson, 2009)

Respecto a la construcción de evaluación, es probablemente el proceso menos asociado con las funciones del lóbulo frontal. La amplia evidencia indica que la evaluación comienza muy temprano en el procesamiento de los estímulos entrantes, en las regiones subcorticales y la corteza sensorial. Sin embargo, los estudios fisiológicos y de lesiones proporcionan evidencia de compromiso frontal en la evaluación. Las regiones frontales mediales, especialmente el ACC, están activas durante la visualización de caras emocionales en estudios de resonancia magnética funcional y durante tareas donde las decisiones están en parte mediadas por el contenido emocional del estímulo. El ACC puede tener varias divisiones, todas las cuales contribuyen a la integración de información emocional y cognitiva para influir en las acciones y la atención. Por consiguiente, las lesiones en las regiones frontales ventral y medial deterioran el reconocimiento de las emociones. En algunos casos, se cree que el daño a regiones corticales específicas causa un deterioro relativamente selectivo al apreciar emociones específicas (por ejemplo, el miedo). Un aspecto importante de la evaluación es la capacidad de saber lo que sienten otras personas, un componente de empatía que a veces se denomina toma de perspectiva emocional. Esta capacidad se pierde comúnmente en la demencia frontotemporal, probablemente debido a la pérdida de tejido en el PFC medial y la circunvolución paracingulada adyacente (Bush et al., 2000; Fernandez-Duque et al., 2010; Phan et al., 2002; Pressman & Rosen, 2015).

En cuanto a la expresión o reactividad del comportamiento (visceromotor y somático complejo) es generado por regiones subcorticales y corticales como: la ínsula y el ACC. Por consiguiente, las convulsiones en ACC pueden conducir a estados y expresiones afectivas alteradas. Los pacientes pueden mostrar un comportamiento psicopatológico asociado a episodios de agresividad, miedo exacerbado, baja motivación, generación de comportamientos obsesivo compulsivos y/o antisociales. De acuerdo con el papel de la corteza frontal en el procesamiento de recompensas, las lesiones del lóbulo frontal medial pueden producir profundas apatías o abulias. Los pacientes con este grado de apatía pueden moverse solo en raras ocasiones (cuando van alimentarse) y hablan en monosílabos, observándose una completa falta de interés en su entorno. Agudamente, la abulia puede ser el resultado de isquemias en las arterias cerebrales anteriores o hemorragias en una arteria que se comuniquen con el área anterior (debido a la proximidad de esta vasculatura al cingulado anterior y las cortezas frontales mediales). Los síntomas progresivos más lentos podrían representar una masa de crecimiento lento, como un meningioma o glioblastoma de la línea media, una infección crónica (como el virus de inmunodeficiencia humana) o una enfermedad neurodegenerativa (como la demencia frontotemporal). Las neoplasias del tercer ventrículo que crean una hidrocefalia obstructiva también pueden provocar apatía o mutismo acinético. En las enfermedades neurodegenerativas, la apatía puede progresar lentamente, presentándose inicialmente solo como retraimiento social, que otros pueden percibir como depresión o egoísmo. De igual forma, las lesiones que afectan a la ínsula o ACC pueden causar embotamiento emocional, de modo que los estímulos nocivos no provocan la respuesta emocional adecuada, esto se observa en enfermedades como la demencia frontotemporal. Los trastornos psiquiátricos como el trastorno obsesivo-compulsivo y ludopatía, pueden considerarse trastornos del procesamiento de recompensas; estudios con imágenes funcionales y estructurales han demostrado anormalidades de la función del lóbulo frontal en estos y muchos otros trastornos psiquiátricos (Balakrishnan & Rosen, 2008; Bechara et al., 1996; Pressman & Rosen, 2015; Reber & Tranel, 2019).

Acerca de la regulación emocional, la mayoría de las investigaciones se han centrado en la reevaluación y han indicado que las regiones frontales dorsales y dorsolaterales juegan un papel importante. Esto es consistente con la idea de que este tipo de regulación probablemente invoca procesos tales como atención dirigida, memoria de trabajo, abstracción y memoria, dependiendo de la situación. Los estudios específicos de la regulación de la emoción son poco frecuentes en la enfermedad neurológica, pero algunos estudios han identificado déficits de regulación en la demencia frontotemporal, y un estudio reciente de pacientes con afecto pseudobulbar sugirió que el trastorno está relacionado con una regulación alterada de la emoción, posiblemente debido a una disfunción frontal. Muchas lesiones neurológicas que típicamente afectan los lóbulos frontales como la enfermedad de Alzheimer y las lesiones cerebrales traumáticas, se asocian con irritabilidad y agitación caracterizadas por reacciones emocionales rápidas, que probablemente representan una alteración de la regulación emocional, aunque esto no se ha estudiado formalmente. Ciertas enfermedades psiquiátricas, como el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad, se han caracterizado como trastornos de la regulación emocional, y aunque algunas se han relacionado con la disfunción frontal, los estudios formales de los vínculos entre la función frontal y la regulación emocional son relativamente poco frecuentes (Balakrishnan & Rosen, 2008; T. W. Chow, 2000; Mak & Lam, 2013; Pressman & Rosen, 2015).

Se ha identificado que la corteza orbitofrontal (OFC) desempeña un papel particular en la regulación emocional, específicamente actualizando e invirtiendo las asociaciones de señal-recompensa o señal-castigo previamente aprendidas. Esto se ha estudiado más en el entorno del condicionamiento del miedo, donde se ha descubierto que la corteza orbitofrontal es fundamental para abolir la respuesta una vez que la asociación ya no es verdadera (extinción). Se ha hipotetizado que la incapacidad para extinguir estos tipos de asociación contribuye al trastorno de estrés postraumático. Los estudios de la corteza orbitofrontal también han vinculado esta región con un papel más amplio en la codificación de los valores actuales en un estímulo, dando como resultado que un fracaso de este mecanismo pueda conducir a un comportamiento extraño relacionado con la recompensa. Por ejemplo, se sabe que los pacientes con demencia frontotemporal comen en exceso y continúan haciéndolo incluso después de estar llenos, lo que resulta en un aumento de peso significativo. Dichos pacientes también se ven obligados a acumular artículos específicos (videos, juguetes, monedas) en grandes cantidades, llenando las habitaciones de su casa. Es probable que la falla de estos mecanismos contribuya a anormalidades en el comportamiento social que se observa en este trastorno. Por ejemplo, los pacientes pueden tocar a extraños de manera inapropiada porque las neuronas de la corteza orbitofrontal no están indicando que el contexto (un extraño, un lugar público) es inapropiado. Investigaciones relacionadas han examinado las contribuciones emocionales a la toma de decisiones en pacientes con lesiones en la corteza orbitofrontal utilizando tareas de «juego» con varias barajas virtuales de cartas que requieren que los sujetos aprendan en muchas pruebas qué barajas son económicamente ventajosas. Los pacientes con lesiones en la corteza orbitofrontal se sienten atraídos hacia las cartas menos ventajosas a pesar de poder expresar su conciencia de que les harán perder dinero. Esto puede estar relacionado con el papel de la corteza orbitofrontal en cambiar nuestras percepciones sobre qué estímulos ambientales predicen recompensas y cuáles no. Debido a este tipo de discapacidad, los pacientes con enfermedades que afectan la corteza orbitofrontal toman decisiones notoriamente malas que pueden ser financieramente ruinosas, a pesar de poder verbalizar la razón por la cual estas decisiones son malas. Las causas patológicas típicas de este tipo de lesiones incluyen lesiones cerebrales traumáticas, tumores en el cráneo por encima de las órbitas y demencia frontotemporal (Bechara et al., 1996; Hoffmann, 2013b; Pressman & Rosen, 2015; Reber & Tranel, 2019).

Conclusión

El lóbulo frontal se encuentra relacionado con todos los procesos cognitivos del ser humano, por tal motivo, su importancia en el monitoreo, control y modificación de las funciones más básicas, desencadenan diversos síndromes que alteran el funcionamiento “normal” del individuo.

Los estudios relacionados con estas alteraciones, trastornos o síndromes de la red frontal, en su mayoría se han centrado en su función y localización, dejando de lado el tratamiento de los mismos, en especial, los relacionados con la parte emocional (regulación, evaluación y expresión),

Por consiguiente, surgen diversas dudas: ¿los pacientes que desencadenan problemas en el proceso de la emoción después de una lesión, trauma, accidente cerebrovascular, inflamación o enfermedad neurodegenerativa en el lóbulo frontal, pierden por completo su funcionalidad?, ¿existen terapias farmacológicas, neurorrehabilitaciones o terapias de otro tipo que lleguen a mejorar la función del lóbulo frontal?

Respecto a las enfermedades psiquiátricas, investigaciones y metaanálisis realizados por Deright (2019), Díaz-Canaleja et al., (2019), Hagenhoff et al. (2013), Palomares et al., 2019, Mcclure et al. (2015), entre otros, han demostrado que en enfermedades como el trastorno bipolar, la esquizofrenia y los trastornos de la personalidad como el límite, se encuentran alteraciones de las funciones ejecutivas, las cuales se encuentran estrechamente relacionadas con el lóbulo frontal, si esto es cierto ¿Por qué los tratamientos de estas enfermedades y trastornos mentales solo se remiten al área de psicología y psiquiatría?¿es posible que una rehabilitación neuropsicológica en estos pacientes mejore aspectos como la regulación emocional y funciones ejecutivas?

Artículo escrito por las psicólogas Ana Carolina Morales Arias y Lynda Evelin Acuña Hernández.

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  • Palomares, N., Portella, M. J., Díaz-marsá, M., & López-micó, C. (2019). Perfil neuropsicológico en primeros episodios de esquizofrenia y trastorno límite de la personalidad : un estudio comparativo. Actas Españolas de Psiquiatría, 47(1), 7–15. https://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=lth&AN=134412626&lang=es&site=ehost-live
  • Pardo, J., Fox, P., & Raichle, M. (1991). Localization of a human system for sustained attention by positron emission tomography. Nature, 349(6304), 61–64. https://doi.org/10.1038/349061a0
  • Phan, K. L., Wager, T., Taylor, S. F., & Liberzon, I. (2002). Functional neuroanatomy of emotion: A meta-analysis of emotion activation studies in PET and fMRI. NeuroImage, 16(2), 331–348. https://doi.org/10.1006/nimg.2002.1087
  • Pressman, P., & Rosen, H. J. (2015). Disorders of Frontal Lobe Function. In Neurobiology of Brain Disorders: Biological Basis of Neurological and Psychiatric Disorders. Elsevier Inc. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-398270-4.00033-1
  • Reber, J., & Tranel, D. (2019). Frontal lobe syndromes. In Handbook of Clinical Neurology (1st ed., Vol. 163). Elsevier B.V. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-804281-6.00008-2
  • Rosen, H. J., & Levenson, R. W. (2009). The emotional brain: Combining insights from patients and basic science. Neurocase, 15(3), 173–181. https://doi.org/10.1080/13554790902796787
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  • Ciencia

Mayor prevalencia de TDAH en personas negras señala la necesidad de diagnósticos precisos y atención culturalmente apropiada

  • 23/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

En general, se estima que la prevalencia del trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) es menor entre personas negras, comparadas con la población general; pero esta información suele recabarse en lugares donde las personas negras son grupos minoritarios y subrepresentados, como en los países de América del Norte y Europa. Un equipo de investigadores señala la importancia de estimar tal prevalencia en una muestra verdaderamente representativa de esta población, y con ese objetivo realizaron un estudio en el cual encontraron que dicha prevalencia alcanza hasta un 15% de las personas negras, y que las características sociodemográficas, conductas de riesgo, factores familiares y ambientales son señaladores de riesgo de prevalencia del TDAH (Cénat et al., 2020).

Destacan los autores que de esta investigación se desprende la necesidad de aumentar las evaluaciones, los diagnósticos precisos y la atención apropiada culturalmente.

Metodología: el equipo realizó una revisión sistemática y metaanálisis de 21 estudios revisados ​​por pares publicados hasta el 18 de octubre de 2019, utilizando las bases de datos APA PsycInfo, MEDLINE, Embase, Cochrane CENTRAL, CINAHL, ERIC y Education Source.

El criterio de selección de los estudios tuvo en cuenta que estuvieran redactados en idioma francés o inglés, que contaran con datos empíricos sobre la prevalencia del TDAH en muestras o submuestras de personas negras y hayan sido realizados en países con poblaciones minoritarias negras. Todos los estudios fueron analizados y pasaron una evaluación de calidad. En total, se incluyeron 24 muestras independientes y submuestras de 21 estudios publicados entre 1979 y 2020, que contaron con 154818 participantes negros. Todos los estudios incluidos se realizaron en Estados Unidos.

Resultados: tras su análisis, los autores encontraron que:

  • dos estudios que evaluaron a adultos (de 18 años o más),
  • 8 a niños (de 0 a 12 años),
  • 1 a adolescentes (de 13 a 17 años) y
  • 13 a niños y adolescentes.

La prevalencia combinada de TDAH fue del 14,54% (IC del 95%, 10,64% -19,56%).

Algunos de los estudios analizados encontraron factores de riesgo asociados con el TDAH, como características sociodemográficas (edad, sexo, raza y nivel socioeconómico), factores familiares, factores ambientales y conductas de riesgo, pero no fue posible realizar un análisis de moderación con los datos disponibles en el estudio presente.

Concluyen los investigadores que estos hallazgos sugieren que las personas de raza negra tienen un mayor riesgo de diagnóstico de TDAH que la población general de Estados Unidos, y destacan la necesidad de aumentar la evaluación y el seguimiento del TDAH entre las personas negras de diferentes orígenes sociales, ofrecer diagnósticos precisos y seguimientos culturalmente apropiados.

Referencia bibliográfica:

Cénat, J. M., Blais-Rochette, C., Morse, C., Vandette, M.-P., Noorishad, P.-G., Kogan, C., Ndengeyingoma, A., & Labelle, P. R. (2020). Prevalence and Risk Factors Associated With Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder Among US Black Individuals: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA Psychiatry . https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2020.2788

Fuente: Jama Network

  • Recursos

La brecha entre la investigación y la práctica clínica: hacia la integración de la psicoterapia

  • 22/09/2020
  • David Aparicio
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Abstract del artículo publicado en la revista Papeles del Psicólogo:

La brecha entre investigación y práctica clínica constituye uno de los rasgos distintivos de la psicoterapia. Esta brecha se ha conceptualizado históricamente como un problema de diseminación unidireccional. Sin embargo, existen razones consistentes para considerar que la desarticulación entre ciencia y práctica también responde al modo en que se ha venido produciendo el conocimiento científico en el campo. En el presente artículo se desarrollan algunos de los principales aspectos que, hasta la fecha, han obstaculizado la construcción de una ciencia integrada de la psicoterapia y la implementación de la mejor investigación disponible en los entornos clínicos naturales. En particular, se presenta el paradigma de la Investigación Orientada por la Práctica (IOP) como una aproximación que aporta propuestas específicas para articular la brecha entre investigación y práctica con el doble propósito de mejorar tanto la calidad de los proyectos de investigación que se realizan como la práctica clínica habitual.

Descarga el artículo completo en formato PDF.

Autores: Javier Fernández-Álvarez, Javier Prado-Abril, Sergio Sánchez-Reales, Guadalupe Molinari, Juan Martín Gómez Penedo y Soo Jeong Youn.

  • Ciencia

Medicamentos antihipertensivos vinculados con reducción del riesgo de depresión

  • 22/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

La Organización Mundial de la salud explica que cuanto más alta es la tensión arterial de una persona, mayor es el esfuerzo que debe realizar el corazón para bombear. La problemática más grave está dada por el hecho de que la mayoría de las personas que sufren de esta condición no tienen síntomas, pero si no es controlada, la hipertensión puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón y, a la larga, insuficiencia cardiaca

¿Por qué es importante? Investigaciones han encontrado que cerca del 30% de las personas con hipertensión u otros problemas cardiovasculares tienen depresión comórbida, y puede promover el desarrollo de demencia. Las personas con ambos trastornos tienen peores índices de mortalidad, una calidad de vida más pobre y necesitan más servicios de atención médica. Prevenir el desarrollo de depresión en personas con hipertensión y enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares es primordial, así como una reevaluación de las intervenciones y tratamientos utilizados para abordar estas condiciones.

Una investigación reciente encontró que los adultos que toman medicamentos para la presión arterial no tienen un mayor riesgo de depresión. De hecho, nueve de los 41 medicamentos evaluados en el estudio se asociaron con una menor incidencia de depresión (Kessing et al., 2020).

Los medicamentos que protegieron contra la depresión fueron amlodipino, atenolol, bisoprolol, carvedilol, enalapril, propranolol, ramipril, verapamilo y combinaciones de verapamilo.

Metodología: los investigadores usaron datos del registro de salud danés para evaluar la incidencia de depresión y el uso de medicamentos antihipertensivos entre todos los adultos daneses que no tenían antecedentes de depresión durante un período de 10 años a partir de enero de 2005.

Los participantes fueron divididos en grupos según el número de prescripciones antihipertensivas que recibieron durante el período de estudio. El estudio abarcó 41 medicamentos antihipertensivos en cuatro clases de medicamentos: agentes angiotensina, antagonistas del calcio, betabloqueantes y diuréticos.

Hallazgos: a partir del estudio de los datos, los autores encontraron que las personas a quienes nunca se les había recetado un antihipertensivo tenían un riesgo de depresión de entre un 40% y un 50% menor en comparación con aquellos que habían recibido tales recetas. Sin embargo, entre los adultos que tomaron antihipertensivos, la cantidad de medicamento utilizado no afectó el riesgo de depresión respecto de ninguno de los 41 medicamentos analizados. Y, de hecho, para 9 de esos medicamentos el uso prolongado se asoció con tasas reducidas de depresión.

Señala la investigación que los medicamentos asociados con depresión reducida incluyeron dos agentes angiotensina (enalapril y ramipril), tres antagonistas del calcio (amlodipina, verapamilo y combinación de verapamilo) y cuatro betabloqueantes (propranolol, atenolol, bisoprolol y carvedilol); ningún diurético se asoció con un riesgo reducido de depresión.

Estos datos sugieren un posible efecto positivo del uso continuo de nueve agentes antihipertensivos individuales, señalan investigadores a la vez que sostienen que esta evidencia debería ser usada como guía al momento de recetar medicamentos antihipertensivos a personas en riesgo de desarrollar depresión, incluidos aquellos con depresión o ansiedad previa y pacientes con antecedentes familiares de depresión.

En el mismo sentido, otro equipo de investigadores había señalado que según sus hallazgos, disminuir la presión arterial reduciría el riesgo de desarrollar demencia.

Finalmente, cabe señalar que una investigación anterior encontró que aquellos pacientes que consumían betabloqueadores y betabloqueadores de los canales de calcio, presentaron dos veces más riesgo de ser hospitalizados por algún trastorno del estado de ánimo, mientras que los que consumían inhibidores de angiotensina tuvieron menos riesgos de hospitalización por el mismo motivo, y aquellos que utilizaban diuréticos tenían el mismo riesgo que el grupo control (es decir, que no incrementaron el riesgo).

Referencia bibliográfica:

Kessing, L. V., Rytgaard, H. C., Ekstrøm, C. T., Torp-Pedersen, C., Berk, M., & Gerds, T. A. (2020). Antihypertensive Drugs and Risk of Depression: A Nationwide Population-Based Study. Hypertension, 76(4), 1263-1279. https://doi.org/10.1161/HYPERTENSIONAHA.120.15605

Fuente: Psychiatric News

  • Clínica
  • Recursos

Cuando la crisis es una adicción desde la perspectiva de la DBT

  • 21/09/2020
  • David Aparicio

DBT es un trastorno con evidencia robusta no solo para el trastorno límite de personalidad, sino también para trastornos de abusos de sustancias, trastornos de conducta alimentaria y trastorno bipolar.

En esta clase, Mariví Navarro, entrenadora en DBT Latinoamérica, explica las particularidades de DBT como tratamiento para el abuso de sustancias.

He tenido la oportunidad de escuchar y aprender de Mariví en el entrenamiento intensivo de DBT y les recomiendo ver el video. Es una docente muy clara y didáctica.

DBT Latinoamérica está publicando regularmente clases y webinars gratuitos, les recomiendo seguirlos en su página de Instagram o en su canal de Youtube.

  • Ciencia

Trastornos del sueño en la infancia se vincularían con psicosis y trastorno límite de la personalidad durante la adolescencia

  • 21/09/2020
  • Maria Fernanda Alonso

La evidencia destaca al sueño como un factor de suma importancia para la salud mental. Se ha vinculado el sueño deficiente con variaciones en el rendimiento académico, impulsividad en niños y adolescentes, cambios en el estado de ánimo, detrimento en la memoria, el tiempo de reacción, inflamación, aumento de la presión arterial, e incluso se lo ha relacionado con la diabetes y la obesidad.

Un estudio reciente encontró que los problemas del sueño en la infancia pueden preceder al desarrollo de trastornos mentales en la adolescencia. Esta investigación examinó tanto las pesadillas como el impacto de problemas conductuales del sueño más comunes como el sueño corto, la fragmentación del sueño o las rutinas de sueño irregulares (Morales-Muñoz et al., 2020).

¿Por qué es importante? Los problemas del sueño en la primera infancia podrían ser un factor de riesgo potencial para el desarrollo de psicopatología prospectiva en la adolescencia, por lo que resulta necesario considerar y evaluar la presencia de tales alteraciones. Esto ayudaría a identificar a las personas con mayor riesgo de experiencias psicóticas o síntomas de trastorno límite de la personalidad en la adolescencia y, potencialmente, podría guiar el diseño de intervenciones psicológicas orientadas al sueño saludable para prevenir o atenuar la posible aparición de trastornos mentales, señalan los autores.

Metodología: el equipo de investigadores estudió datos de la cohorte de nacimiento Avon Longitudinal Study of Parents and Children. Tal estudio longitudinal reclutó a madres embarazadas de 13488 bebés hace casi tres décadas. Como parte del estudio, madres y padres informaron el comportamiento del sueño de sus hijos e hijas cuando tenían 6, 18 y 30 meses, y nuevamente a los 3.5, 4.8 y 5.8 años.

Hallazgos: dentro de la muestra, habían aproximadamente 7000 niños con síntomas psicóticos en la adolescencia temprana y más de 6,000 niños con síntomas de trastorno límite de la personalidad en la misma etapa.

Según su análisis, las niñas y niños que presentaron despertares nocturnos frecuentes a los 18 meses de edad y rutinas de sueño irregulares a los 6 y 30 meses y a los 5.8 años de edad tenían más probabilidades de informar experiencias psicóticas entre los 12 y 13 años de edad. Además, los niños que dormían menos durante la noche y se iban a la cama más tarde a la edad de tres años y medio eran más propensos a informar síntomas de trastorno límite de la personalidad en la adolescencia temprana.

Explican los investigadores que mantener rutinas regulares de sueño es de suma importancia en la primera infancia: estos hábitos tienen un impacto específico en el desarrollo de problemas específicos de salud mental en etapas posteriores de la vida, como la adolescencia. Conforme a sus hallazgos, los despertares nocturnos frecuentes y las rutinas de sueño irregulares se vinculan más con la psicosis; la duración del sueño presenta una vinculación más cercana al trastorno límite de la personalidad. Y agregan otro dato: la depresión a los 10 meses de edad explica parcialmente las asociaciones entre estos problemas específicos del sueño y los síntomas psicóticos.

Limitaciones: advierten los autores que las medidas utilizadas fueron informadas por padres y madres, por lo que fueron medidas subjetivas. El equipo controló varios factores entre los cuales se incluyen el estado socioeconómico, el abuso físico y sexual y el temperamento emocional.

Por último, señalan que existen dos interrogantes que aún deben estudiarse: en primer término, si otros factores potenciales relevantes, además de la depresión a los 10 años de edad, podrían ser la base de las asociaciones entre los problemas conductuales del sueño en la infancia y los síntomas psicóticos y de trastorno límite de la personalidad en la adolescencia; y si las intervenciones del sueño serían de hecho eficaces para prevenir el desarrollo de futuros síntomas psicóticos y/o de trastorno límite de la personalidad. Esto último podría proporcionar evidencia del posible papel causal del sueño.

Referencia bibliográfica:

Morales-Muñoz, I., Broome, M. R., & Marwaha, S. (2020). Association of Parent-Reported Sleep Problems in Early Childhood With Psychotic and Borderline Personality Disorder Symptoms in Adolescence. JAMA Psychiatry . https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2020.1875

Fuente: Psypost

  • Clínica

Cómo funciona la defusión cognitiva

  • 21/09/2020
  • Equipo de Redacción

Como analista del comportamiento, una de las cosas que tengo que recordarme constantemente es que los conceptos científicos no reflejan “el mundo real”, sino que son términos que se han construido porque nos permiten interactuar con el entorno que nos rodea (incluidas otras personas) de una manera más eficaz. Es decir, son útiles. Tomemos, por ejemplo, la imagen de abajo. ¿Qué es?

La mayoría de la gente diría que es «una abeja». Al nombrarlo «abeja», podemos interactuar mejor con otras personas e influir en su comportamiento, por ejemplo, ayudando a un amigo a proteger su bebida diciendo «cuidado, hay una abeja cerca de su café»; o regular nuestro propio comportamiento, manteniéndonos alejados de ella (porque las abejas tienen picaduras) pero no necesariamente saliendo de la habitación, a menos que seas alérgico a las abejas (porque las abejas no son agresivas). En resumen, nombrarlo “abeja” nos ayuda a influir en el comportamiento de los demás y en el nuestro de una manera útil.

Pero no se equivocaría si la respuesta que dio a mi pregunta fuera «un animal», «un insecto» o incluso «una Apis mellifera». Todos estos términos son respuestas adecuadas. La diferencia entre los cuatro es su grado de precisión. La imagen realmente muestra un animal, pero también lo sería una imagen de un elefante, un salmón o su mascota. Por lo tanto, llamarlo «un animal» tiene un bajo grado de precisión. Alternativamente, nombrarlo “Apis mellifera” lo reduce al nombre científico de la especie y, por lo tanto, tiene un alto grado de precisión, distinguiéndolo de otras especies de abejas.

Lo que es interesante notar es que los distintos grados de precisión del lenguaje descritos anteriormente son más o menos útiles según el contexto. Cuando un niño pequeño está ampliando su vocabulario, decir que es «un insecto» puede ser un paso importante en el desarrollo para enseñarle a discriminar entre diferentes tipos de animales. Cuando nuestro amigo esté tomando café, decir que es “una abeja” lo ayudará a mirar al aire y no al suelo para proteger su bebida, como lo haría si la amenaza fuera “una hormiga”; pero no sabe qué especie de abeja es para poder hacerlo. Y cuando un biólogo está realizando una evaluación ecológica de un ecosistema, es importante para él discriminar entre Apis mellifera y otras especies de abejas. Por lo tanto, es crucial poder alternar de manera flexible entre diferentes niveles de precisión del lenguaje, porque uno será más útil que el otro en contextos específicos.

Todo esto es probablemente muy intuitivo, pero cuando miramos más de cerca la ciencia del comportamiento, la capacidad de alternar de manera flexible entre diferentes niveles de precisión del lenguaje está actualmente en el centro de un acalorado debate. Como comunidad científica, el análisis de conducta históricamente ha favorecido el uso de conceptos con alta precisión, como “refuerzo positivo” y “discriminación simple”, argumentando que tal precisión conduciría a una mejor predicción y control de la conducta. Es decir, que son más útiles para los analistas conductuales. Pero, recientemente, otros científicos del comportamiento, alineados con la estrategia científica de Contextual Behavioral Science (CBS), han estado argumentando a favor de adoptar conceptos con menor precisión, que serían más útiles en el contexto de la aplicación y difusión de principios conductuales: términos de nivel medio.

Cuando miramos más de cerca la ciencia del comportamiento, la capacidad de alternar de manera flexible entre diferentes niveles de precisión del lenguaje está actualmente en el centro de un acalorado debate

La terapia de aceptación y compromiso (ACT) es una terapia conductual contextual que ha estado en el centro de este debate debido a que su modelo se presenta más comúnmente a través de seis términos de nivel medio: aceptación, defusión cognitiva, contacto con el momento presente, el yo como contexto, los valores y la acción comprometida. A pesar de las fortalezas de estos términos en cuanto a su difusión a un público más amplio, no vincularlos a procesos básicos, con mayores niveles de precisión lingüística, puede dificultar su integración con el razonamiento funcional-analítico, que es el núcleo de la filosofía y teoría conductual-analítica. Pero, si dicho vínculo se establece explícitamente, el hablante puede alternar de manera flexible entre diferentes niveles de precisión del lenguaje para comunicarse con un público no especializado, crear líneas científicas sólidas de investigación e integrar conceptos de ACT dentro de una conceptualización de caso funcional-analítica adaptada a cada caso.

Durante los últimos años, nuestro laboratorio de la Universidad de São Paulo, en colaboración con investigadores externos, ha estado investigando cómo los analistas de comportamiento han estado utilizando el término defusión cognitiva para evaluar la existencia del vínculo entre este nivel medio. término y proceso conductual básico y, por tanto, permiten un uso flexible de conceptos, potenciando su utilidad.

Examinando la literatura sobre ACT, lo que encontramos inicialmente fue mucha ambigüedad conceptual en cómo los científicos del comportamiento estaban usando el término defusión cognitiva. En ocasiones, se refería a procedimientos específicos empleados por los terapeutas. De vez en cuando, describía el proceso de comportamiento mediante el cual funcionaban dichos procedimientos. Y aquí y allá, se utilizó para especificar los resultados clínicamente relevantes producidos por estos procesos. A veces, los tres usos del término se vieron mezclados en el mismo párrafo. Con todo, fue un caso claro de ambigüedad conceptual, en el que un concepto se refiere a tres tipos distintos de fenómeno. Al final del día, afirmar que los procedimientos de defusión cognitiva funcionan a través de procesos de defusión cognitiva para promover la defusión cognitiva no es muy útil. ¿Se imagina a un médico explicando a su paciente que utilizará procedimientos de quimioterapia que promueven procesos quimioterapéuticos que conducen a resultados quimioterapéuticos? Sería muy confuso, por decir lo menos.

Con el fin de mejorar la claridad conceptual, comenzamos separando los procedimientos, procesos y resultados relacionados con la defusión cognitiva, como se indica en la literatura. Primero, delineamos que el resultado deseado es reducir el control verbal de los pensamientos del cliente sobre su comportamiento. Clínicamente hablando, eso es especialmente importante cuando dicho control verbal está promoviendo patrones de respuesta que son rígidos y lo alejan de sus valores, denominada fusión en términos ACT. En otras palabras, la defusión cognitiva no tiene como objetivo reprimir pensamientos o cambiar su contenido, sino reducir su capacidad para regular nuestro comportamiento: pensar pero no necesariamente actuar de acuerdo con lo que pensamos, creando una brecha para elegir lo que realmente queremos hacer en el momento.

Esta experiencia psicológica se parece a la postura que aprendemos a desarrollar con los sueños. Cuando eras niño y tuviste una pesadilla y te despertabas asustado, ¿qué decían tus padres a menudo? Probablemente algo parecido a “fue solo un sueño”. Esta frase no niega que la experiencia fue real o incómoda, solo que no debemos tomarlos tan en serio: no discutas con tu pareja si te engañó en tu sueño. La defusión cognitiva tiene como objetivo construir una experiencia similar con nuestros propios pensamientos: solo porque estás pensando que la gente juzgará si te expresas, no significa que no debas hacerlo de todos modos si es importante para ti.

Alejándonos del resultado deseado, identificamos una amplia gama de procedimientos relacionados con la defusión cognitiva. Para algunas personas, pueden parecer muy creativas o extremadamente extrañas. De cualquier manera, se acumula evidencia de que al menos parte de ellos pueden ser efectivos. Para resumir, se esbozaron seis categorías de procedimientos:

  • Jugando con los pensamientos repitiéndolos durante 30 segundos, cantándolos con una melodía familiar o pronunciándolos muy lentamente.
  • Objetivar los pensamientos, atribuyéndoles propiedades físicas.
  • Observar la corriente de pensamientos, a menudo con la ayuda de objetivarlos, como las hojas que fluyen por una corriente.
  • Interrumpir el vínculo entre el pensamiento y la acción, creando y llamando la atención sobre experiencias de incongruencia entre el contenido del pensamiento y las acciones de la persona, cuando las desobedece claramente.
  • Identificar componentes del pensamiento, nombrándolos sin rodeos como pensamientos o evaluaciones, por ejemplo.
  • Cuestionar el proceso mediante el cual las personas construyen sus narrativas personales y las razones de su comportamiento.

Pero la parte que más nos interesaba era cómo la literatura conceptualizaba lo que estaba sucediendo, conductualmente hablando, cuando los clientes pasaban por este tipo de procedimientos, cuáles eran los procesos conductuales involucrados. Después de todo, si entendemos cómo funcionan estos procedimientos, estaremos en una mejor posición para optimizar su efectividad en la práctica clínica; hacer florecer la creatividad y el estilo personal del terapeuta al diseñar procedimientos nuevos y emocionantes; y difundir este conocimiento en la formación de los terapeutas.

La explicación más extendida del proceso involucrado en la defusión cognitiva fue que el pensamiento es capaz de controlar el comportamiento bajo parámetros estilísticos y estructurales específicos del habla. Estos parámetros se denominaron contexto de literalidad. Por lo tanto, eliminar tales parámetros reduciría el control del pensamiento sobre el comportamiento. Sin embargo, esta definición se basa en el supuesto de que debido a que la fusión cognitiva y la defusión son opuestas en cuanto al resultado, también deberían ser opuestas en cuanto a los procesos. Sin embargo, esto no es necesariamente verdad. El comportamiento humano es complejo, por decir lo menos, y no siempre hay simetría entre el resultado y el proceso. Esto significa que si ve a un niño que le tiene miedo a un perro, no puede saber solo por esta escena si este comportamiento se aprendió porque un perro lo mordió previamente, vio a alguien ser mordido por un perro o le dijo que los perros son animales peligrosos. De manera similar, incluso si el proceso de aprendizaje se adquirió verbalmente (es decir, se le dijo al niño que los perros son peligrosos), las funciones aversivas de los perros se pueden reducir a través de múltiples procesos, incluida la exposición directa a los perros o nuevas instrucciones sobre cuán amigables son los perros.

Para dar cuenta de tal complejidad en la conducta humana cotidiana, la propuesta conceptual de nuestro laboratorio es que existen diferentes vías a través de las cuales se puede lograr el objetivo de reducir el control del pensamiento sobre la conducta. Diferenciamos tres procesos principales que subyacen a la variedad de procedimientos encontrados en la literatura. Para ilustrarlos, haga una pausa por un segundo e identifique un pensamiento que le resulta difícil y que a veces le impide hacer cosas importantes.

La primera vía es redirigir la atención del cliente del significado simbólico de los pensamientos a sus propiedades físicas, cambiando el control de los estímulos. Tome el pensamiento que identificó anteriormente y trate de decirlo en voz alta, pero muy lentamente, enfatizando claramente cada sílaba. Haga esto un par de veces. Es probable que su atención se desvíe un poco de su significado a cómo suenan las palabras o cómo se mueve su boca, lengua o garganta mientras habla. O tomar el pensamiento y atribuirle propiedades físicas. Si el pensamiento se refiere a la presión que siente para hacer algo, puede imaginarlo como un yunque viejo, pesado y gris que pesa sobre su espalda; o como un viejo reloj de cuco mirándote constantemente desde el otro lado de la habitación, haciendo tic-tac, tic-tac. Observe su forma, su color, su tamaño, su peso, su textura, etc.

Si estos ejercicios tuvieron éxito, la experiencia debería ser similar a cuando viaja al extranjero y trata de leer un alfabeto diferente pero nunca lo ha aprendido (como ruso, chino o árabe para hablantes de inglés): solo puede reaccionar a las propiedades físicas de los símbolos, pero no su significado. O cuando estás cantando una canción pero enfocado en la melodía y no en la letra, lo que incluso puede tomarte con la guardia baja cuando te detienes y prestas atención a lo que realmente dice la canción. Si los ejercicios no tuvieron éxito, no se preocupe. Solo pasamos un minuto haciéndolos y algunos pensamientos nos dominan tanto que tomará algo de tiempo y práctica para soltarlos.

La segunda vía consiste en llamar la atención del cliente hacia experiencias anteriores o crear nuevas en las que desobedece los contenidos de su pensamiento, actuando de una manera incongruente con ellos. Tales respuestas de “desobediencia” pueden así reforzarse en sesión cuando el terapeuta ayuda al cliente a vincularlas con sus objetivos y valores, promoviendo una simple discriminación: cuando tienes un pensamiento que no te ayuda, desobedece. Por un minuto, piense en el pensamiento que identificó anteriormente. Probablemente le impidió hacer cosas que consideraba valiosas. Pero, ¿alguna vez ha tenido ese pensamiento y aún ha hecho lo que era importante para usted? Incluso si fue solo una vez, captura ese momento. ¿Como se sintió? ¿Cómo te sientes ahora mismo al recordar este momento? ¿Puedes experimentar ese pensamiento y aun así hacer lo que elijas hacer? Esta experiencia es similar a cuando tiene ensoñaciones o fantasías que no son posibles o socialmente aceptables y, por lo tanto, no actúa en consecuencia. Al final, esto significa que no es necesario que haya una correspondencia entre lo que pensamos y lo que hacemos.

La tercera vía implica darse cuenta de que los pensamientos no ocurren en el vacío. Más bien, son el producto de un individuo, que se está comportando de la manera que debe debido a su historia y a los efectos que tienen pensamientos específicos en su comportamiento. Para ilustrar esto, tome una preocupación que tuvo recientemente. El hecho de que esté preocupado por algo malo que pueda suceder en el futuro no significa que sea probable que suceda. Probablemente signifique que este evento es importante, que ha tenido experiencias con cosas malas que le sucedieron a partes importantes de su vida en el pasado; y que preocuparse por el peor de los casos puede ayudarlo a encontrar soluciones creativas sobre cómo evitar que suceda. Incluso si esos pensamientos pueden parecer irracionales o crueles, podrían ser la mejor forma en que podamos responder a la situación en ese momento.

Una vez que pueda ver a este orador histórica y funcionalmente motivado que es usted mismo, podrá involucrarse con él y con la narrativa de preocupación que ha creado en el diálogo. Eso se puede hacer reconociendo y apreciando sus intenciones: está tratando de protegerte del daño. O utilizando el humor y la irreverencia hacia la coherencia o creatividad de la narrativa: la preocupación es muy apremiante, pero probablemente dejó fuera algunas cosas malas que también pueden pasar, le falta más inspiración. Esta experiencia es similar a la que experimentamos cuando un vendedor hace una afirmación sobre su producto que no parece confiable: nos mostramos escépticos, con razón, de que solo lo dice para vender, pase lo que pase. O al de un crítico de cine, analizando los diálogos y el guión y señalando sus buenos y malos aspectos. Al final, lo que estamos haciendo es crear una discriminación condicional que incluye al pensador, el pensamiento y cómo respondemos a ambos. Si el orador fuera diferente, nuestra respuesta cambiaría en consecuencia.

En resumen, hemos llegado a una propuesta de claridad conceptual sobre la defusión cognitiva en la que se entiende mejor como un resultado, porque los procedimientos y procesos relacionados con la defusión varían mucho, mientras que el resultado es un fenómeno unificado: la reducción de lo verbal de pensar en el comportamiento si tal control evoca respuestas rígidas y problemáticas. Y tal resultado se puede lograr a través de diferentes procesos que subyacen a una amplia variedad de procedimientos que el médico puede elegir o crear de nuevo: cambio en el control de estímulos, discriminación simple y discriminación condicional. Se alienta la investigación futura para evaluar cómo esta conceptualización teórica se ajusta a los datos empíricos y, si no se sostiene, cambiarla hacia una mejor y más útil. Pero incluso si eso sucede, el trabajo descrito aquí de separar los resultados, los procedimientos y los procesos y tratar de ponerlos en funcionamiento es un paso importante en la misma dirección.

Artículo publicado en ABA INTERNATIONAL por Daniel Assaz, psicólogo clínico e investigador doctoral de la Universidad de São Paulo en Brasil.

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