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  • Ciencia

¿De qué hablamos cuando hablamos de jugar?

  • 20/11/2014
  • Asociación Educar

El juego es un proceso didáctico natural e interesante. Vale analizarlo por su jerarquía relevante en todas las etapas de la vida, sus beneficios indiscutibles en la formación personal, las influencias varias y los resultados sorprendentes. El cerebro social se ve ampliamente favorecido en su desarrollo a través del juego.

Jugar es una de las actividades humanas más importantes; de hecho, en los niños representa un auténtico proyecto de investigación y una necesidad vital indispensable para el desarrollo.

El análisis detallado de toda actividad con fin lúdico demuestra que, además del placer, intervienen otros factores tales como la dimensión significante del mismo. Es decir, el desarrollo de los aspectos sociales, el simbolismo, la capacidad intelectual, la capacidad comunicativa, la emocional y la motriz. Mediante el juego el niño establece relación con el mundo que lo rodea: a través de él se expresa y es posible acercarse a su mundo interior. Por tal motivo, los psicólogos infantiles le conceden al juego vital importancia tanto en el campo del diagnóstico como en el terapéutico.

A medida que crecen los niños tienen la posibilidad de crear universos enteros de realidad que les permiten construir su subjetividad, conocer el mundo, relacionarse con otros, experimentar procesos internos placenteros y/o dolorosos. En definitiva, logran comenzar a desarrollarse y vivir.

Los adultos ―que obviamente han sido niños― conservan en cierta medida la idea de que jugar es una actividad más dentro del repertorio conductual. Por ello la insistencia de los sociólogos en que el factor diversión está casi omnipresente en todas las facetas de la sociedad y el ocio, y en que los adultos necesitan jugar de vez en cuando en busca de distracción, diversión, emoción e incluso aprendizaje.

Las experiencias lúdicas y creativas en la infancia modelan artísticamente las futuras posibilidades adultas, desde lo laboral hasta la vida personal y familiar. En cada etapa del desarrollo, la capacidad lúdica y creativa adquiere nuevas posibilidades que es posible potenciar, cultivar, facilitar o reprimir.

El juego en el niño podría ser el equivalente al trabajo en el adulto: reafirma su personalidad. No obstante, muchas veces resulta en un severo problema cuando una actividad inocente llega a convertirse en una severa patología o si la dependencia psicológica y los efectos perjudiciales surgen como auténtica adicción conductual.

Un criterio importante para distinguir los juegos es el tipo de recompensa que se obtiene al participar de ellos. Tanto es así que en inglés se distingue entre gambling (actividades en las que se arriesga algo para obtener una ganancia) y playing (juegos en los que sólo se persigue el entretenimiento).

Las neurociencias explican que la estimulación de algunas regiones del encéfalo producen un claro efecto de afianzamiento y que una parte esencial de los circuitos de recompensa está constituida por neuronas dopaminérgicas cuyos cuerpos celulares se localizan en el mesencéfalo. Estas células envían sus axones hacia algunas zonas del sistema límbico y de la corteza cerebral.

Normalmente, los circuitos de recompensa del encéfalo son estimulados por las conductas que tienen un valor de supervivencia, tales como ingerir alimentos, beber agua, mantener una temperatura corporal adecuada, la actividad sexual o las intervenciones sociales y familiares. Sin embargo, estas zonas de recompensa también pueden ser activadas por otras conductas.

Esto puede llevar a que el jugador muestre un disminuido control del impulso, sin poder resistir jugar, a pesar de las cuantiosas consecuencias negativas. De este modo, se intensifica cada vez más la demanda y la tensión, que solo se compensa con el juego.

Esta conducta tiene también una base neurobiológica. El sistema de recompensa en el cerebro (vía mesolímbica) se vuelve crónicamente sobreexcitado, tanto que conduce a una contra-regulación cerebral y, como protección ante una sobreexcitación perjudicial, reacciona con un estímulo de recompensa cada vez menor, hasta el acostumbramiento (neuroadaptación), o, el caso de experimentar nuevamente la deseada sensación, apostando, por ejemplo, cantidades más altas, o jugando más frecuentemente.

La habilidad de establecer contacto con los propios sentimientos y relacionarlos entre sí es una manera de aprovechar el conocimiento para orientar la conducta con capacidad de discernir y responder adecuadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos. Esto es lo que define la capacidad de la corteza prefrontal para gestionar adecuadamente nuestras conductas, algo que en el jugador compulsivo no es posible.

Para evitar esta posibilidad es importante asociar las actividades lúdicas con momentos únicos y compartidos como vivencias educativas capaces de valorar las distintas conductas ante los juegos, donde la simple diversión valora la destreza o el ingenio aplicado para superar dificultades, o donde recreación y docencia concluyen como las opciones más sensatas para prevenir potenciales vicios o pasiones desenfrenadas.

El juego de por sí promueve un vínculo de afecto que transforma el estímulo en una respuesta adecuada. Consolida y afianza las interrelaciones sociales, disminuye los impactos por diferencias ideológicas o conductas dispares. Asimismo, es un medio útil enseñar a tolerar lo adverso, fomentar el equilibrio emocional y el fortalecimiento del espíritu.

Enseñar a través de juegos y diversiones es hacerlo de manera simple y efectiva, con el fin de fomentar una convivencia razonable, con alto contenido afectivo y con la posibilidad de confortables encuentros a cualquier edad de la vida.

Jugar es, por encima de todo, una actitud vital; una manera concreta de abordar la vida: libre, placentera y gratuita: nos identifica como personas y define. El adulto que juega, igual que el niño, está más preparado para abordar de modo creativo los viejos y nuevos retos, con más defensas ante la frustración y una manera más sana de expresar sus sentimientos y emociones.

Hoy un adulto es capaz de superar retos de la vida, probablemente, porque un día se atrevió a subir a una bicicleta, o de colocarse en el lugar de otro porque alguna vez jugó a ser otra persona… Durante el juego nuestro cerebro aprende nuevas maneras o modos posibles de hacer las cosas, los resultados de actuar de determinado modo, etcétera: así aprendemos otras realidades posibles sin darnos cuenta.

¡Cuán importante es darse el permiso de recuperar la capacidad de jugar! ¡La alegría es siempre doble alegría y la pena, media pena, cuando es posible compartirla! ¡Jugar nos permite compartir y aprender con los otros!

DR. NSE. LUIS M. LABATH – Ex Director Médico del Hospital José M. Cullen. Periodo: 2002-2007.
  • Clínica

¿La autoestima sólo depende de uno mismo?

  • 20/11/2014
  • Clotilde Sarrió

Acabo de leer un artículo que fue publicado en prensa en noviembre de 2013  y he sentido la necesidad de hacer unos comentarios, pues discrepo con muchos de los temas que aborda. Dice entre otras cosas:

“Reforzar la autoestima significa aumentar el valor personal ante uno mismo, pero no delante de nadie. Cualquier palabra que empiece con auto (autoestima, autoconcepto, autoimagen…) tiene que ver con uno mismo y no con los demás. Aun estando claro, parece que se olvida. Llega un momento en la vida en el que tenemos que centrarnos en aclarar la relación con la persona más importante, que no es otro que uno mismo. Si esa relación es sana e intensa, seremos felices; si es insana, seremos infelices…”

Aunque estoy de acuerdo en que no es recomendable –ni saludable– estar a la deriva de la aprobación o reconocimiento de los demás, así como también coincido con el gran peso específico que tiene nuestro valor personal –ese mismo que en el artículo se recomienda aumentar «ante uno mismo, pero no delante de nadie»–, no puedo evitar preguntarme de qué modo se podría llevar a cabo tal empeño así como aumentar la autoestima, al menos con la facilidad que lo plantean algunos manuales de autoayuda tan en boga.

La autoestima no depende exclusivamente de uno mismo

Es comprensible que para cada individuo sea él mismo lo más importante, pero hay que considerar que tambien lo son aquellos con quienes se relaciona, o se relacionó en el pasado, y que llegan a ser personas muy significativas por el modo en que pueden influir en la evolución de su personalidad ya desde la infancia. De entrada, hay que considerar que la autoestima no depende exclusivamente de uno mismo ya que es un concepto abstracto que engloba un conjunto de percepciones autoevaluativas que se fomentan y construyen no desde la individualidad, sino a partir de la relación que entablemos con los demás ya que, la valoración que cada cual tiene de sí mismo (así como el modo en que los demás nos valoran) se produce en un entorno y surge de la relación de yo con el otro, es decir, de la interacción que mantenemos con las personas que nos rodean.

Desde esta perspectiva relacional, discrepo con el artículo referenciado y considero difícil –mas bien imposible– admitir que la autoestima pueda trabajarse sólo a partir de uno mismo siendo que ésta surge de la relación que con el otro se produce en un entorno.

El concepto de sí mismo

Para entender el proceso descrito, es interesante conocer cómo se construye el concepto de sí mismo.

Desde el momento en que somos concebidos, disponemos de un entorno inmediato: el útero materno. Una vez que nacemos y nos asomamos al mundo exterior, ese entorno inmediato cambia y se concreta en la figura materna (o en una figura sustituta de apego) a quien podríamos denominar como nuestra cuidadora principal. Así, el primer vínculo relacional del bebé tras el parto se establece con la persona que se encargará de satisfacer sus necesidades tanto en lo que respecta a los alimento como al suministro de afecto: la madre.

Entre muchas necesidades básicas importantes como son el sentirse escuchado, contemplado o acariciado (activación sensorial auditiva, visual y táctil), existe la necesidad interpersonal consistente en entablar una relación que nos vincule con el otro y que influirá de un modo significativo en la maduración del ser humano.

A lo largo de la infancia se va construyendo –muy poco a poco– nuestro sentido de identidad, de pertenencia así como también la percepción que tenemos de nosotros mismos, todo ello a través de las interacciones que entablamos con los otros que son significativos para nosotros.

Si en este periodo sensible de nuestra infancia el niño se siente valorado, aceptado, apoyado y reconocido en su singularidad, evidentemente la percepción que tendrá de si mismo en la edad adulta será adecuada y su tendencia apuntará a una buena autoestima.

Una percepción evaluativa de sí mismo que se fomenta en el ámbito de la relación que se mantiene con los otros

Sin embargo, no sucederá lo mismo con quienes en la infancia no se sintieron reconocidos y valorados –en y por su entorno– al interaccionar con los otros significativos. En estos casos, la percepción acerca de si mismo quedará debilitada y el individuo no confiará en si mismo (baja autoestima) porque en ese periodo sensible que es la infancia, no encontró el reconocimiento necesario por parte de los demás para llegar a creer en sus propias capacidades. Obviamente, estos casos están abocados a sufrir en la edad adulta una autoestima baja, negativa o inadecuada.

Como consecuencia de lo expuesto, nos encontramos con que la autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos y a nuestra forma de ser y comportarnos, que no dependerá exclusivamente de nosotros y de nuestro esfuerzo sino también de las respuestas que obtengamos de los demás cuando nos relacionamos con ellos.

¿Cómo puedo solucionar mi autoestima?

Muchos libros de autoayuda recomiendan ciertos ejercicios encaminados a aumentar la autoconfianza y la aceptación de sí mismo por parte del individuo, técnicas que no comparto ya que la autoestima no es algo que se construya ni se regule sólo de modo individual, sino una percepción evaluativa de sí mismo que se fomenta en el ámbito de la relación que se mantiene con los otros en un entorno compartido. Dicho de otro modo, no puede proponerse una solución individual a algo que nace a partir de una relación y que sólo a partir de la relación y del reconocimiento podrá ser abordado.

Termina de leer el artículo completo en el blog de Clotilde Sarrió: Gestalt Terapia

  • Ciencia

Jugar vídeojuegos de acción podría mejorar tu aprendizaje

  • 19/11/2014
  • David Aparicio

Ya tienes una excusa científica para jugar Call of Duty. Según una investigación publicada hace unos días en la revista Proceedings of National Academy of Science, los vídeojuegos de acción podrían ayudar a mejorar nuestros modelos mentales predictivos, lo que se podría traducir en un mejor aprendizaje.

Nuestro cerebro realiza constantemente modelos predictivos para saber qué actividad o tarea (conducir, hablar en público, cocinar e incluso realizar una compleja cirugía) está por ocurrir con el fin de ayudarnos a prepararnos y desempeñarnos mejor. Entre más rápidos y precisos sean nuestros modelos predictivos mejores habilidades de aprendizaje tendremos.

Bajo este modelo teórico, un grupo de investigadores de la Universidad de Rochester, dirigido por la Dra. Daphne Bavelier diseñaron una serie de tests para evaluar los efectos de los videojuegos de acción sobre nuestros modelos predictivos.

El primer test consistió en una serie de tareas de predicción de patrones que permitió comparar el rendimiento visual de los jugadores de videojuegos de acción, con el de las personas que no juegan estos vídeojuegos. Sus resultados demostraron que los jugadores de vídeojuegos de acción superaron al grupo control. Según los autores, esto se debe a que el cerebro de los jugadores utilizaba mejores modelos de predicción necesarios para la tarea.

Estos primeros hallazgos despertaron aún más el interés de los investigadores que se preguntaron si eran los vídeojuegos de acción los que provocaban que el cerebro generara mejores modelos predictivos o si eran algo innato de los jugadores habituales.

Para responder a esta pregunta, los autores reclutaron a un grupo de personas con poca experiencia en videojuegos y se les pidió que jugaran 50 horas en el transcurso de nueve semanas. Un grupo jugó videojuegos de acción rápidos como el conocido Call of Duty y otro grupo jugó la misma cantidad de horas de un videojuego de no-acción, muy popular también, llamado Los Sims.

Se les aplicó una tarea de discriminación de patrones antes y después de las 50 horas de juego y se encontró que los jugadores de acción tuvieron mejores modelos predictivos que el grupo que jugó a Los Sims.

Pero esto no fue todo, los investigadores aún no conformes con los descubrimientos utilizaron unas pruebas de modelado neuronal para comprender cómo los videojuegos de acción pueden mejorar nuestros modelos predictivos. Los tests de esta serie consistieron en una serie de tareas de aprendizaje perceptivos y se descubrió que los jugadores eran capaces de construir rápidamente modelos predictivos sobre la marcha del juego ypudieron afinarlos más rápido que los que jugaron otro tipo de vídeojuegos.

Pero, ¿son duraderos los efectos encontrados? Para evaluar su duración, los autores tomaron evaluaciones en varias ocasiones durante el año siguiente a haber terminado las primeras investigaciones. Ellos encontraron que los jugadores entrenados aún superaban a los otros participantes.

Como podemos ver, el equipo de investigadores se tomó un gran trabajo a la hora de diseñar e implementar toda la serie de pruebas que permitió conocer cómo los vídeojuegos de acción pueden afectar y, en este caso, mejorar nuestros modelos predictivos. El equipo ahora está interesado en investigar si otros géneros de vídeojuegos pueden provocar los mismos efectos y esperan poder ofrecernos una respuesta en un futuro próximo.

Fuente: Psypost
Imagen: Huffpost

  • Ciencia

(Vídeo) TED: Explorando la mente de un asesino

  • 16/11/2014
  • David Aparicio

Los asesinos psicópatas son la base de muchos programas de televisión, pero, ¿qué es lo que los hace actuar? El neurocientífico Jim Fallon habla sobre estudios cerebrales y análisis genéticos que podrían revelar el siniestro origen de la naturaleza (y el cultivo) de los asesinos. En un giro del tipo «si no lo veo no lo creo», comparte una fascinante historia familiar que hace de su trabajo algo escalofriantemente personal.

Fuente: TED

  • Análisis
  • Ciencia

¿Por qué la gente no cambia de opinión?

  • 16/11/2014
  • Paula José Quintero

Participo de varios foros de psicología. Encuentro una y otra vez los mismos argumentos frente a los mismos planteos. Encuentro mucha gente proponiendo buenos argumentos y citando evidencia sólida y aún así, las creencias siguen intactas. Encuentro que aún siendo refutada la información sobre la que se basa una creencia, la creencia permanece. Encuentro, quizá sea lo más difícil de entender, que las creencias — en algunos contextos llamadas “teorías” — se basan en muy poca información, débil e insuficientemente demostrada, escasa para las conclusiones generales que genera. Fugazmente recuerdo que alguien dijo una vez que incluso si el cuerpo de Cristo fuera encontrado, los fieles permanecerían fieles.

Intentando encontrar respuestas para este fenómeno — dejando de lado las emociones que genera — y considerando que si alguien se aferra con todas sus fuerzas a algo que ya ha sido desacreditado es porque ese aferrarse cumple una función muy importante en su vida, me encontré con una serie de investigaciones llevadas a cabo por un grupo de personas que se preguntaron lo mismo que yo bastante antes y de mejor manera. Espero no aburrirlos demasiado con los datos que siguen a continuación, pero si se encuentran igual que yo, tratando de entender qué sostiene este fenómeno, seguramente les van a interesar.

Participemos o no de foros de discusión, todos alguna vez intentamos cambiar la opinión de un amigo sobre algún tema puntual y nos encontramos frustrados al fallar en esa misión. Ofrecemos evidencia sólida y buenos argumentos que no producen ningún cambio en las creencias del otro. De hecho, sospechamos que nosotros mismos podemos cometer intransigencias similares cuando nuestras propias creencias son atacadas.

De estas observaciones de la vida cotidiana, hay dos preguntas obvias que surgen: ¿Somos propensos a persistir en nuestras creencias acerca del mundo hasta el punto en que son indefendibles? Y si es así ¿Por qué?

La primera pregunta aparentemente simple es bastante compleja. Notemos que cualquier consideración al respecto  de que nuestras creencias son menos permeables a las discusiones empíricas o lógicas de lo que “deberían ser” requiere que podamos especificar cuánto cambio en nuestras creencias “debería” ocurrir en un desafío particular a dichas creencias. Las observaciones de la vida cotidiana rara vez permiten esa especificación.

Pero hay un caso en el cual no podemos ser muy flexibles. Son aquellos en los que toda la evidencia que originalmente dio lugar a una creencia en particular es completamente desacreditada. Cuando toda la evidencia en la que se basó una creencia se muestra ficticia, entonces esperamos que la creencia se revierta –cambie.

Veamos que nos dicen al respecto  algunas investigaciones:

  • Ross, Lepper, and Hubbard (1975), realizaron una investigación en la que pidieron a los sujetos que distingan entre notas suicidas verdaderas y falsas. Se les comunicaba que se estaba evaluando su capacidad de empatía y sensibilidad social. Luego, los investigadores proveyeron falso feedback indicando su aparente éxito o fracaso en discriminar las notas. Finalmente, a la mitad de los sujetos, en una instancia posterior de debriefing se les explicó que el feedback era falso. Aunque los sujetos entendieron y aceptaron este “debriefing”, sus predicciones de éxito a futuro y de sus propias habilidades continuaron estando muy influídas por el feedback previo de éxito o fracaso que había sido desacreditado. Esto es: quienes habían recibido un feedback de éxito continuaron creyendo en sus habilidades para discriminar luego de que se comunicó que ese feedback era falso. Lo mismo para el grupo que recibió feedback de fracaso.
  • Jennings, Lepper, & Ross (1980) y Lepper, Ross, & Lau (1980) mostraron que primeras impresiones equivocadas acerca de la habilidad de los otros para la persuasión y el razonamiento lógico sobrevivían a pesar de la remoción de la evidencia inicial.

Parece sorprendente. Pero esto no es todo. Queda una cuestión importante por resolver que tiene que ver con la segunda pregunta que nos hemos hecho: la pregunta por el mecanismo que puede estar sosteniendo la perseverancia de las creencias. La hipótesis central es que un proceso cognitivo fomenta esta perseverancia. Este proceso involucra la formulación de guiones causales o explicaciones y deriva de nuestra tendencia a buscar o construir explicaciones para dar cuenta de eventos salientes del ambiente o relaciones entre eventos que son percibidos (Kelley, 1967, 1973).

Tales explicaciones causales permiten al observador tener un recurso eficiente para organizar y entender el mundo social. Sin embargo, debido a que esas explicaciones pueden volverse independientes de la información que originalmente les dio origen, ellas pueden contribuir a la persistencia injustificada de creencias y teorías. Una vez que una explicación causal es generada, continuará implicando la probabilidad del estado de cosas explicado aún cuando las bases originales para creer en ese estado de cosas sean eliminadas. Ross, Lepper, Strack, & Steinmetz (1977) mostraron en una investigación que dar una explicación para un posible resultado en la vida de una persona incrementó la estimación subjetiva de probabilidad de ocurrencia de ese resultado  — creían que había más probabilidades de que suceda en el futuro.

Respecto a los dos interrogantes que planteamos al comienzo, voy a compartir una investigación realizada por Anderson, Lepper y Ross (1980) cuyos resultados son bastante llamativos y que apoyan los resultados de las investigaciones citadas anteriormente. La investigación consistió en dos estudios.

En el Estudio 1 los sujetos fueron inducidos a creer que había o bien una relación positiva o bien una relación negativa entre la “preferencia por el riesgo” en bomberos y el consecuente” éxito” como bomberos en su desempeño. Es decir, a un grupo se lo indujo a pensar  — a través de la presentación de dos casos de bomberos- que la preferencia por el riesgo se relacionaba positivamente con el éxito como bomberos y a otro grupo se lo indujo a pensar que la preferencia por el riesgo se relacionaba negativamente con el éxito como bomberos.  Luego se les pidió que escribieran una explicación escrita de dicha relación. Posteriormente, un grupo de ellos recibió un debriefing en donde se les contaba que la información aportada al comienzo — los dos casos en donde se mostraba relación negativa o positiva entre las variables- era falsa y que no tenía ningún valor probatorio. El otro grupo no recibió ese debriefing. Finalmente, todos los sujetos — de ambos grupos- completaron una serie de cuestionarios que evaluaban sus creencias respecto a la verdadera relación entre estas dos variables y el poder predictivo de esta relación. También hubo un grupo control que no recibió ninguna información sobre la relación entre estas dos variables pero completó las medidas del final.

¿Qué esperaríamos de los resultados? Quizá que el grupo que recibió el debriefing abandone la idea de que estas dos variables se relacionan de la forma explicada, ya que la información inicial fue desacreditada. Veamos qué ocurrió: en principio llama la atención que hayan establecido fuertes explicaciones causales basándose en la información de sólo dos casos de bomberos. Fueron expuestos a información inicial muy débil que generó un fuerte efecto en sus creencias. Sólo por leer dos casos, un grupo estaba convencido de que había una relación negativa entre preferencia por el riesgo y éxito posterior, y el otro grupo estaba convencido de la inversa. Pero ¿qué ocurrió con el grupo que recibió debriefing diciendo que los dos casos eran falsos? El descrédito total de la evidencia en la que se basaron para armar sus explicaciones tuvo mínimo impacto en sus creencias respecto a la relación existente entre la preferencia por el riesgo y la habilidad como bomberos. En el grupo con condición de debrefing, los sujetos que fueron expuestos a información que indicaba una relación positiva continuaron creyendo que dicha relación positiva existía, mientras que los sujetos expuestos a información que indicaba una relación negativa continuaron creyendo que existía relación negativa.

Esto apoya la hipótesis de que aún luego de que la evidencia inicial en la que se basa la creencia fue totalmente desacreditada, la gente falla en reconsiderar y revisar sus propias creencias. El hecho de que las teorías de los sujetos sobreviven virtualmente intactas es particularmente sorprendente, cuando además consideramos lo débil de la información inicial (como en este ejemplo, sólo dos casos).

Pero aun falta algo. En el estudio 1 todos los sujetos armaron explicaciones sobre esta relación, de modo que es difícil evaluar desde ahí si las explicaciones juegan un rol mediador importante o no en la perseverancia de las creencias. Era necesario otro estudio.

En el Estudio 2 se intentó averiguar si las explicaciones son necesarias como precondición para la perseverancia de las creencias o si, en todo caso, incrementan la magnitud de dicha perseverancia. Igual que en estudio 1, todos los sujetos recibieron información con casos ilustrativos respecto a la relación positiva o negativa entre las dos variables para que “descubran” la relación. A un tercio de los sujetos se les pidió que escriban una explicación que dé cuenta de la relación descubierta y luego recibieron debriefing respecto a que los casos presentados eran falsos. A otro tercio no se les pidió explicación y recibieron debriefing respecto a la falsedad de la información. Al tercio restante no se les pidió explicación y no recibieron debriefing. De modo que quedaron conformados tres grupos: 1) No explicación/No debriefing; 2) Explicación/ Debriefing y 3) No explicación/ Debriefing. Finalmente, como en el estudio anterior, los sujetos completaron una serie de cuestionarios que evaluaban sus creencias respecto a la verdadera relación entre estas dos variables y el poder predictivo de esta relación.

Si la hipótesis mencionada al comienzo es cierta, y el armado de explicaciones tiene poder mediador sobre la magnitud de la perseverancia en las creencias, esperamos que de los grupos que recibieron debriefing, presente mayor perseverancia aquel que realizó la explicación escrita. Y eso fue lo que ocurrió: aquellos que no realizaron la explicación y recibieron debriefing refirieron creencias menos extremas que aquellos que sí realizaron la explicación — y, por supuesto, que aquellos que no recibieron debriefing. De esta manera, podemos notar que el proceso de explicar la relación observada aumenta la perseverancia de los sujetos en sus creencias respecto de la relación que “descubrieron”.

Estos resultados nos permiten concluir tres cosas: a) que la gente se aferra a sus creencias mucho más de lo que es lógicamente esperable, aún cuando la evidencia que las sostiene es sumamente débil, como es el ejemplo de dos casos de dudosa procedencia, b) que las creencias iniciales pueden perseverar incluso frente a la invalidación de sus fuentes, c) que la perseverancia de las creencias está mediada en parte por la generación de explicaciones causales, aun luego de la refutación de la información en la que se basan.

Quedan algunos interrogantes que hipotéticamente podrían constituir posibles formas de disminuir la perseverancia en las creencias y los efectos adversos que tiene en tantas áreas como en los contextos clínicos o de toma de decisiones: ¿los efectos de esa perseverancia podrían reducirse si los sujetos, luego del debriefing, fueran invitados a pensar en las explicaciones que hubieran dado si hubieran estado en el otro grupo opuesto al de ellos? ¿o si se les hubiera solicitado hacer una lista de todas las posibles razones que podrían imaginar que podrían producir tanto una relación positiva como negativa entre las dos variables estudiadas?

¿Podría ser la práctica de tomar diferentes perspectivas un antídoto contra la perseverancia de las creencias desacreditadas? ¿Qué hace que algunas personas muestren más perseverancia que otras? Quedan muchas preguntas sin responder pero como ocurre con la buena investigación, más que cerrar con respuestas, habilita nuevas y mejores preguntas.

Ilustraciones de Fabián Valenzuela. Te invitamos a visitar su Página de Facebook  para que conozcas más de su trabajo.

Referencias

Anderson, Lepper & Ross (1980) Perseverance of Social Theories: The Role of Explanation in the Persistence of Discredited Information. Journal of Personality and Social Psychology, Vol. 39, No.6, 1037-1049.

Jennings, D. L., Lepper, M. R., & Ross, L. Persistence of impressions of personal persuasiveness:

Perseverance of erroneous self-assessments outside the debriefing paradigm. Unpublished manuscript, Stanford University, 1980.

Kelley, H. H. Attribution theory in social psychology. In D. Levine (Ed.), Nebraska symposium on motivation (Vol. 15). Lincoln: University of Nebraska Press, 1967.

Kelley, H. H. The processes of causal attribution. American Psychologist, 1973, 28, 107-128.

Ross, L., Lepper, M. R, & Hubbard, M. Perseverance in self-perception and social perception: Biased attributional processes in the debriefing paradigm. Journal of Personality and Social Psychology, 1975, 32, 880-892.

Ross, L., Lepper, M. R., Strack, F., & Steinmetz, J. Social explanation and social expectation: Effects of real and hypothetical explanations on subjective likelihood. Journal of Personality and Social Psychology, 1977, 35, 817-829.

Otras voces

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  • Recursos

(PDF) Calidad de vida y esclerosis múltiple

  • 14/11/2014
  • Equipo de Redacción

Introducción

La calidad de vida relacionada con la salud (CVRS) es un concepto complejo en el que se engloba la valoración de los dominios físicos, emocionales y sociales de la salud. Con el aumento de la prevalencia de pacientes con enfermedades crónicas progresivas, la valoración de la CVRS ha cobrando importancia, especialmente en pacientes con esclerosis múltiple (EM), en los que la CVRS se ha mostrado como una condición más deteriorada que en otras enfermedades crónicas. Objetivo. Realizar una revisión de la información disponible sobre la CVRS de los pacientes con EM, que permita ofrecer una visión global de la situación actual.

Desarrollo

Los estudios realizados han logrado identificar los principales factores relacionados con la CVRS: factores físicos (alteraciones motoras/sensitivas, fatiga, dolor, problemas sexuales/urinarios), factores psicológicos (depresión, ansiedad, pérdida de funciones cognitivas, actitud frente a la enfermedad) y factores sociales (alteración de relaciones sociales/familiares, actividad laboral). La incorporación de cuestionarios de CVRS en el seguimiento de los pacientes constituye una herramienta para optimizar su tratamiento, facilitando la selección de la terapia, mejorando la adhesión y reduciendo los inconvenientes de la medicación, como la presentación de efectos adversos.

Conclusiones

La CVRS es un aspecto sumamente complejo de analizar en pacientes con EM ya que resulta difícil identificar los dominios específicos que interfieren en mayor medida. No obstante, su valoración periódica proporciona información esencial para mejorar el tratamiento sintomático, incrementar la adhesión al tratamiento y modificar el tratamiento inmunomodulador.

Descarga el PDF: Calidad de vida y esclerosis múltiple 

Fuente:  Neurología

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Cybermonday: 60% de descuento en los cursos online de psicología

  • 11/11/2014
  • David Aparicio

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Autolesionarse en la adolescencia vinculado a problemas en salud mental en la adultez

  • 10/11/2014
  • Alejandra Alonso

El acto de lastimarse a uno mismo en la adolescencia fue vinculado con problemas de salud mental y abuso de sustancias en la adultez temprana, según revela un nuevo estudio llevado a cabo en Inglaterra.

Los investigadores de las Universidades de Bristol, Oxford y College London, recolectaron datos de 4.799 adolescentes como parte del Children of the 90s (Niños de los ’90, uno de los estudios con mayor muestra del mundo) para examinar las consecuencias de auto-lastimarse por primera vez.

Lo que encontraron fue que el 19% de los adolescentes de 16 años de edad que formaron parte de la investigación tenían un historial de lesiones autoinfligidas y no habían buscado ayuda de profesionales de la salud.

Cuando los científicos examinaron su progreso durante los 5 años posteriores, hallaron que incluso aquellos que se  autolesionaron sin intentos de suicidio presentaban un alto riesgo de desarrollar problemas de salud mental (depresión y ansiedad) comparados con adolescentes que no se habían autolesionado. Además, fueron más propensos a volver a autolesionarse y a tener problemas de abuso de sustancias (uso de drogas ilegales, fumar o excederse con el alcohol).

Se puede tomar como una señal de advertencia para los profesionales

En cuanto a los individuos que se autolesionaron con intento de suicidio,  tuvieron más riesgos de tener notas pobres en el colegio y eran menos propensos a seguir su educación, estar en entrenamiento o tener un trabajo tres años después.

Aunque el riesgo era mayor de manera general en aquellos que se habían autolesionado con intentos de suicidio, los resultados también fueron pobres entre aquellos que se autolesionaron sin intento de suicidio.

La Dra. Becky Mars, quien dirigió el estudio, concluye que se ha demostrado la vulnerabilidad de los adolescentes que se autolesionan; si bien no hay una relación de causalidad entre dicha conducta y los problemas de salud mental o abuso de sustancia posteriores, si se puede tomar como una señal de advertencia para los profesionales.

La Dra. Mars también señala que es importante que haya mejor entendimiento entre las instituciones educativas y los profesionales de la salud en cuanto al tema de las auto-lesiones y la importancia que debe dársele.

Fuente: PsyPost
Imagen:  Wikipedia

  • Entrevistas

En el ocaso de la vida: El nuevo campo que estudia la Psicogerontología – Entrevista a Daniela Thumala

  • 07/11/2014
  • Diego Almonte

Existen muchos mitos en relación al adulto mayor, en cuanto a su sexualidad, de lo que se supone ser adulto mayor, sus posibilidades de cambio, sus relaciones interpersonales, anhelos, deseos, etcétera.

Ciertamente abocarse en este campo no es tarea fácil, hay primero que desbaratar ciertas ideas asociadas a la etapa evolutiva y lo segundo trabajar las propias percepciones con respecto a temas vinculados: la vejez, las enfermedades y la muerte. Mal que mal, se entra en la última etapa del juego de la vida. Así nos explica muy bien la psicóloga y docente Daniela Thumala, especialista en Psicogerontología, quien el viernes 10 de Octubre recién pasado dio un seminario en las dependencias de la Universidad de Chile y que llevó por título «Psicogerontología desde una perspectiva sistémica».

Así como existen otros campos de conocimiento e intervención tales como la psicología infanto-juvenil, o del adulto joven, Daniela Thumala define la Psicogerontología como el estudio de los procesos psicológicos asociados al proceso del envejecimiento y la vejez desde la perspectiva de la psicología. Daniela reconoce que no es patrimonio exclusivo de los psicólogos, hay otras disciplinas que estudian los temas sobre calidad de vida, el bienestar subjetivo en adultos mayores y están haciendo también Psicogerontología.

¨Es un campo muy nuevo, hay muy poca gente todavía, esto comenzó a desarrollarse alrededor de los años 70¨

Como muy bien dice ella, “es un campo muy nuevo, hay muy poca gente todavía, esto comenzó a desarrollarse alrededor de los años 70´, siendo ésta una nueva área de estudio, investigación y sobre todo de especialización”.

¿Cuál fue la importancia de impartir este seminario?

Mostrar que existe un campo de especialización, en este caso clínico, que muchas veces es desconocido por los estudiantes. Generalmente hay bastante prejuicio también en torno al trabajo con el adulto mayor, es como una creencia de que “ya no hay mucho que hacer a esas alturas de la vida”, mucha mitología dando vuelta, como decir “que los adultos mayores no cambian”, “que para qué vamos a hacer psicoterapia a una persona tan mayor”, “¿Qué sentido tiene?”, “Que no les interesa la terapia”, “Que tienen un pensamiento concreto y por lo tanto no se benefician de intervenciones más reflexivas”, es decir, puros mitos.

¿Y en cuanto a eso, qué puedes decir?

Primero: Que una persona adulta mayor cambie, no tiene que ver con su edad. Así como hay gente joven que tienen más facilidad para cambiar y otras que tiene menos facilidad para cambiar, lo mismo pasa con las personas adultas mayores. Es decir, ser adulto mayor no significa ponerse más rígido en término de posibilidades de cambio, hay personas adultas mayores que se rigidizan con los años, y hay personas adultas mayores que se flexibilizan con los años.

Ser adulto mayor no significa ponerse más rígido en término de posibilidades de cambio

Segundo: Que una persona cambie o no en terapia, no tiene que ver necesariamente con la edad. Tiene que ver con veinte mil otros factores: con características de personalidad, con el tipo de terapia, con el tipo de problema, en fin, no con la edad.

¿Cuáles son las aplicaciones prácticas y concretas de la Psicogerontología?

En el campo de la Psicogerontología se puede abordar desde lo clínico-psicoterapéutico, tanto la atención al adulto mayor o a sus familiares o cercanos, con temas relacionados al proceso del crecimiento y vejez; por ejemplo, puede ser que la hija consulte por la madre. Ése es un ámbito de aplicación. Pero también está todo lo que se encuentra afuera del box, por así decir, todo lo que tiene que ver con la  intervención a nivel comunitario, educacional, social, laboral… en todos los campos. Por ejemplo, la gente que trabaja en el ámbito de las organizaciones se están encontrando con el problema de los jubilados, preparación para la jubilación, con talleres pre y post jubilación, de reinventarse y todas estas cosas que están de moda y que tienen que ver con afrontar temáticas que están relacionadas con el proceso de envejecimiento y vejez. Entonces no es puramente clínico.

¿Cómo incluimos a la Tanatología aquí?

Si uno trabaja con adultos mayores, están trabajando con la última parte de la vida. Vale decir, a diferencia de las personas que trabajan con niños, con el comienzo de la vida, yo trabajo con el final de la vida. Ahora trabajar con el final de la vida supone en muchos casos trabajar con personas en condiciones de pacientes terminales, que están enfrentando impedimentos muy grandes o patologías muy severas. La persona que se dedica a la Psicogerontología puede dedicarse a eso también o no, por ejemplo, dedicarse al adulto mayor hay veces que implica trabajar pacientes con demencias. No todos los psicogerontólogos trabajan con pacientes con demencia, ese es uno de los temas que aparece en la adultez mayor, hay algunos que se especializan en eso (demencia) y otros que se especializan en otro tipo de cosas, entre ellos, la tanatología.

La persona que trabaja en psicogerontología es una persona que debe pararse a mirar qué le pasa con la temática de su propia vejez

¿Crees que para dedicarse en este campo hay que resolver primero ciertas temáticas que son a veces sensibles para las personas, como son la vejez y la muerte?

Sí, claro. Creo que independiente del enfoque teórico que uno trabaje, la persona que trabaja en el campo de la psicogerontología es una persona que debe pararse a mirar qué le pasa con la temática de su propia vejez, con la vejez, y con el tema de la muerte, por supuesto.

¿Cuáles son las temáticas que quisiste abordar en tu seminario?

Lo fundamental fue decir que este es un campo nuevo, que es un campo relevante, porque la población mayor está en un aumento significativo, queramos o no vamos a trabajar con adultos mayores porque el cambio demográfico va para allá, por lo tanto es un campo interesante en especialización. Eso fue lo primero que transmití. Hablar de la relevancia del campo, porque hace tiempo atrás no tenía la misma relevancia que ahora. Y ahora hay mucha gente adulta mayor, TODOS vamos a llegar a la vejez y todos vamos a vivir mucho como viejos, entonces estamos hablando de un periodo de vida largo y al que llegamos todos. Así que es socialmente  relevante en ese sentido.

Y de todo lo expuesto, ¿qué fue lo que quisiste en el fondo resaltar? Vale decir, decirte a ti misma “con que se queden con esto, quedo conforme”

Creo que se llevaron la mitad (ríe). La mitad de lo programado. En el fondo yo quería…  y por eso vamos a hacer una segunda reunión, yo quería mostrar que en el trabajo clínico o lo psicoterapeutas que nos dedicamos a los adultos mayores debemos tener al igual que los que se dedican a las otras etapas de la vida, formación básicamente en dos ámbitos:

(1) el área clínica propiamente tal, la formación terapéutica, y eso tiene que ver con que alguien puede formarse desde el marco psicoanalítico, o sistémico o cognitivo, o cualquiera, es decir, aprender el hacer terapia desde una perspectiva determinada. Eso va por un carril, y por el otro.

Es gratificante trabajar con adultos mayores

(2) el área del conocimiento general, qué pasa en el periodo del envejecimiento y vejez, cuáles son las temáticas o las especificidades de la población adulta mayor. Así como alguien que, por ejemplo, un terapeuta cognitivo-conductual de niños sabe de terapia cognitiva-conductual y sabe de temáticas y problemáticas asociadas a la infancia, con los mayores es lo mismo.

En otras palabras, tenemos que saber y adoptar una manera de hacer terapia desde una perspectiva que en este caso, con la que yo trabajo, el enfoque sistémico estratégico, que fue lo que estuvimos hablando en la reunión, donde hice algunas diferencias con la formación sistémica de algunas de las personas que asistieron y ahí estuvimos aclarando dudas, discutiendo, metiéndonos en las particularidades del enfoque, y por el otro, la formación en Psicogerontología propiamente tal que es la que apenas alcanzamos a insinuar y no pudimos terminar de abordar y nos vamos a volver a juntar nuevamente a hablar de eso.

Y para cerrar esta entrevista, Daniela, ¿Qué dirías, aconsejarías o recomendarías a los estudiantes o psicólogos para que se involucren en este campo?

(Sonrisa) Es gratificante trabajar con adultos mayores, sí, los adultos mayores son en general… uno se puede sorprender mucho trabajando con ellos. Yo creo que hay tanto prejuicio alrededor de lo que es la vejez y el envejecimiento que cuando uno da el paso y se acerca al mundo de la vejez, se da cuenta que las cosas pueden ser bien distintas y eso es una sorpresa muy interesante, eso te diría.

  • Ciencia

Síndrome del ¨Nido vacio¨

  • 06/11/2014
  • Julián Illán

Hoy presento el caso de María. María tiene 60 años. Se casó a los 23 años y tiene dos hijos de 25 y 30 años respectivamente. Toda su vida la ha dedicado al cuidado de la casa y a sacar adelante a sus hijos. María a trabajado mucho en casa para que a los suyos no les falte de nada. Todo este trabajo daba razón a su existencia, un sentido a su vida.

Su hijo menor se acaba de casar y se siente muy triste. Su marido, Pedro, que llega siempre tarde a casa después de trabajar, no sabe cómo animarla. Sus hijos van a visitarla a casa y le llaman por teléfono todo lo que pueden, pero para María no es suficiente. Ella piensa que es “el deber de sus hijos el preocuparse de cómo está su madre”. Sin embargo, cuando los hijos llaman a María, esta tan sólo les cuenta lo sola que se encuentra y lo mucho que les echa de menos.

Todo este trabajo daba razón a su existencia, un sentido a su vida

Desde que sus hijos no están en casa, María se siente triste y melancólica y piensa que, como ya no se puede ocupar directamente de su cuidado, ya no sirve para nada. Además María se siente cansada y nerviosa casi cada día, e incluso le cuesta dormir. El marido de María y sus hijos cada día están más preocupados.

Plan de tratamiento

Lo primero que se le comenta a María es que lo que le pasa es normal: las madres sienten un profundo vacío cuando los hijos se van de casa a vivir sus propias vidas y comprueban que ya no son tan necesarias para sus hijos. Se le comenta que, al centrar sus vidas en el cuidado y atención de sus hijos, es normal que se sientan “vacías” y que reflexionen sobre cuál es su lugar en el mundo.

Lo primero que se trató con María es el tema de las actividades placenteras. María se pasaba todo el día en casa sin salir y recordando viejos tiempos, y esto, debía de cambiar. Hablando con ella, María llegó a la siguiente conclusión: un poco de actividad fuera de casa le podía ayudar a no sentirse tan apática y triste cada día. Así, María retomó sus clases de costura que había abandonado hacía tiempo y empezó a colaborar con una ONG del barrio dos días por semana.

También María cambio poco a poco su forma de pensar. Las nuevas actividades la ayudaron mucho a ver las cosas de distinta manera, ya no dependía tanto de la atención de sus hijos para que los días fueran agradables. Se trató con María el hecho de no esperar a todas horas la llamada de sus hijos y que si no se producían estas, ello no significaba que no la quisieran.

Realizó un cambio en su conducta y un cambio en su manera de pensar

Se llegó a la conclusión de que, aunque María ya no se dedicara al cuidado de sus hijos, eso no quería decir que no pudiera ejercer su papel de madre: sus hijos siguen requiriendo de su experiencia y sus consejos para seguir el camino de sus vidas.

María realizó un cambio en su conducta (realización de nuevas actividades placenteras en su vida) y un cambio en su manera de pensar (menos negativa) y todo esto hizo que su autoestima aumentara considerablemente. Además, su familia es mucho más feliz, al verla a ella más contenta, y disfrutan mucho más de su compañía.

Visita la web de Don Psico donde encontrás más ilustraciones, comics y artículos de psicología. 

  • Ciencia

¿Por qué la tristeza dura más que otras emociones?

  • 05/11/2014
  • David Aparicio
tristeza

¿Alguna vez te has preguntado por qué la tristeza puede durar mucho más que otros sentimientos, como por ejemplo, el aburrimiento? Las diferencias de duración sólo se habían explorado en un pequeño número de emociones y las diferencias no eran explicadas.

La universidad de Leuven en Bélgica ha sido la primera en proveer evidencia empírica que nos explica el porqué. Según sus resultados, la tristeza a menudo se relaciona con los eventos que tienen mayor impacto en nuestras vidas y que exigen más tiempo para reflexionar, entenderlos y hacerles frente. Por ejemplo, la pérdida de un ser querido o un accidente.

Se aplicó una encuesta a 233 estudiantes de secundario que recolectó información de los episodios emocionales que vivieron recientemente los jóvenes y de las estrategias que utilizaron para afrontar esas emociones.

En un set de 27 emociones que experimentaron los participantes, la tristeza duró más tiempo que la vergüenza, el miedo, la repugnancia y el aburrimiento. Como dato curioso, el aburrimiento fue una de las emociones que menos tiempo duró. Esto significa, según los autores, que el aburrimiento no dura tanto, aún cuando sentimos que el tiempo pasa muy lento.

Las emociones que tienen menos duración suelen ser provocadas por eventos que las personas menos relevancia le otorgan. Por otro lado, las emociones de larga duración, tienden a ser provocadas por eventos que tienen fuertes implicaciones en la vida de la persona. Por lo tanto, el sentimiento perdura mientras una persona se replantea los acontecimientos y las consecuencias una y otra vez.

La investigación está publicada en la revista Motivation & Emotion y puedes descargarla completa en formato PDF.

Fuente: ScienceDaily

  • Ciencia

Twitter: la solución para alguien que perdió su memoria episódica

  • 04/11/2014
  • Alejandra Alonso

Cuatro años atrás, Thomas Dixon se encontraba corriendo cerca de la casa de sus padres cuando un auto lo embistió. El incidente fue tan grave que los médicos no creían que Dixon sobreviviría, pero lo hizo. Sin embargo, le dejó una secuela que le cambió la vida: su memoria episódica se vio comprometida como consecuencia del trauma cerebral sufrido.

La memoria episódica es la que se encarga de guardar episodios particulares, información autobiográfica como qué comiste, a dónde fuiste o que tipo de café tomaste y si te gustó o no. Dixon sabe de lo que esta hablando en este momento o lo que está pasando ahora, el problema es cuando debe recordar qué hizo ayer o antes de ayer.

No hace falta explicar porqué no recordar los detalles de lo que hiciste ayer podría hacerte la vida un poco difícil, pero este inteligente hombre (literalmente, es miembro del Mensa) encontró una solución a su problema: tuitear todo lo que probablemente no vaya a recordar mañana. Sí, todo. Hasta detalles sobre su vida sexual (aunque por pudor, lo hace en coreano).

Tuitear todo lo que probablemente no vaya a recordar mañana

Dixon está agradecido a los avances de la tecnología porque, como él mismo comenta, algunas décadas atrás, en vez de depender de su celular debería usar libretas o carpetas para anotar lo que necesitara recordar. Además, este nuevo estilo de vida que tuvo que adoptar le permite hacer cosas interesantes como descargar su archivo personal de Twitter, pasarlo a Excel, analizarlo y ver cosas como que ha mencionado ir al gimnasio 234 veces o ha hablado sobre el café 240 veces, cualquiera creería que son datos superficiales pero Dixon puede encontrar patrones en esto, el dice:

«A veces si tengo como una hora, digo ‘¿Cómo ha sido la última semana?’ Le echo un vistazo a la semana pasada y digo: ‘Oh, okay. Realmente quiero hacer esto’. Y lo uso para influenciar ciertas decisiones.”

Además de Twitter, el utiliza un calendario y su cuenta de Gmail para dejar recordatorios. Esta experiencia ha hecho que Dixon mire las cosas con ojo empresarial y esta empezando a pensar en una aplicación que condense todo lo que una persona con problemas de memoria necesita.

Thomas Dixon está pensando en tal vez dedicar su vida a ayudar a personas con problemas de memoria, no solo con la aplicación sino también ofreciendo servicios como consultor para otros que puedan beneficiarse de sus estrategias.

Fuente: Fast Company
Imagen: Multinacional

  • Ciencia

Descubren un cerebro humano que no tiene pliegues

  • 04/11/2014
  • David Aparicio

El fotógrafo Adam Voorhes encontró un cerebro adulto sin pliegues o giros, mientras fotografiaba un estante de cerebros humanos almacenados en un armario de la Universidad de Texas.

Se sabe que los cerebros pertenecen a un grupo de pacientes del Hospital Mental de Austin y habían sido olvidado por más de 20 años en un closet del laboratorio de animales. Voorhes buscó en los registros médicos para encontrar a su dueño, pero al parecer los datos se extraviaron y todavía no se conoce de quién es.

cerebro liso 3

Los humanos somos la especie con el cerebro más arrugado, lo que nos ha permitido almacenar una gran cantidad de neuronas en un espacio reducido. La falta de surcos y pliegues  se debe a un raro trastorno llamado lisencefalia que podría ser el resultado de infecciones virales intrauterinas, falta de sangre o trastornos genéticos y que produce un severo retraso.

cerebro liso

La colección incluye solamente cerebros malformados que serán examinados a través de pruebas de Resonancia Magnéticas y posteriormente se exhibirán en el campus de la misma universidad. Puedes ordenar el libro de Voorhes que saldrá en diciembre, donde se incluyen todas las imágenes en alta calidad.

Fuente: Fayerwayer

  • Clínica

Infografía: Qué es la Agorafobia

  • 03/11/2014
  • David Aparicio

Haz click en la imagen para agrandarla.

La persona que sufre agorafobia siente un miedo y una ansiedad intensa de estar en lugares donde es difícil escapar o donde no se podría disponer de ayuda. Generalmente involucra miedo a las multitudes, a los puentes o a estar solo en espacios exteriores.

Ese miedo y ansiedad excesiva provoca que las personas con agorafobia eviten los lugares o situaciones porque no se sienten seguros en lugares públicos.

Principales síntomas físicos:

  • Corazón acelerado.
  • Sudoración.
  • Molestia o dolor torácico.
  • Temblores.
  • Asfixia.
  • Mareo o desmayo.
  • Náuseas u otro malestar estomacal.

Síntomas de la agorafobia:

  • Miedo a quedarse solo.
  • Miedo a estar en lugares donde el escape podría ser difícil.
  • Miedo a perder el control en un lugar público.
  • Dependencia de otros.
  • Sentimientos de separación o distanciamiento de los demás.
  • Sentimientos de desesperanza.
  • Sensación de que el cuerpo es irreal.
  • Sensación de que el ambiente es irreal.
  • Temperamento o agitación inusual.
  • Permanecer en casa por periodos prolongados.

Tratamiento

El tratamiento se centrará en ayudar al paciente a desempeñarse y sentirse mejor. La Terapia Cognitivo Conductual (TCC) es el método de tratamiento habitual y en ocasiones se utiliza en conjunto con antidepresivos y en algunas ocasiones algunos medicamentos ansiolíticos.

(No te pierdas nuestro artículo: Trastorno de Pánico: Una guía para profesionales)

La terapia cognitiva conductual implica de 10 a 20 consultas e incluye:

  • Aprendizaje de técnicas de manejo de estrés y relajación.
  • Psicoeducación: que busca orientar y normalizar los síntomas del paciente a través de información adecuada acerca de qué puede esperar el paciente del tratamiento.
  • Exposición:  El paciente se debe exponer a las situaciones evitadas, como por ejemplo, salir al cine, ir al shopping o a una plaza. Se debe incluir también la exposición interoceptiva, la cual busca la exposición a las sensaciones físicas que el paciente asocia con la agorafobia.
  • Cambios en el estilo de vida que involucre ejercicio, suficiente descanso y buena nutrición.

Fuente de la infografía: NTMX 

Fuente: NLM

Sin categoría

La terapia de exposición podría ayudar a las personas que sufren del trastorno por duelo prolongado

  • 03/11/2014
  • David Aparicio

El duelo prolongado (DP) se explica por la dificultad de elaborar la pérdida de un ser significativo y se caracteriza por un dolor emocional, sensación de falta de sentido y dificultades para participar en nuevas actividades significativas. Los síntomas deben durar por lo menos seis meses y debe haber una preocupación constante por la persona fallecida.

Algunos análisis sugieren que afecta aproximadamente al 10% de las personas que afrontan un duelo.  Sin embargo, esta condición todavía no está reconocida por el DSM-5 y el ICD-11, los manuales psiquiátricos más importantes, pero hay estudios como el de Prigerson y colaboradores que han propuesto una validación psicométrica para estos manuales.

Produjo una mayor reducción de los síntomas en comparación con la TCC sola

Las personas que sufren de esta condición generalmente reciben psicoterapia tradicional, en este caso Terapia Cognitivo Conductual (TCC). Pero un nuevo estudio encontró que la combinación de la Terapia de Exposición (generalmente usada para los trastornos de ansiedad) en combinación con la TCC produjo una mayor reducción de los síntomas en comparación con la TCC sola.

(No te pierdas nuestro artículo: Terapia de Exposición 3.0)

El estudio aleatorio publicado en JAMA Psychiatry contó con 80 pacientes que sufrían de DP. Del total de los individuos, 41 recibieron la combinación de TCC/exposición y 39 recibieron la TCC sola. Todos los pacientes recibieron 10 sesiones de dos horas semanales de terapia de grupo donde se trabajaron las técnicas de TCC. Además tenían sesiones individuales donde fueron expuestos a los recuerdos de sus seres queridos. En cambio, los que recibieron únicamente TCC sólo discutían lo que quisieran. Los resultados se midieron a través de los puntajes  de depresión, evaluaciones cognitivas y el funcionamiento general luego de seis meses de seguimiento.

Los pacientes lograron mejoras cuando fueron capaces de exponerse a la angustia

Los análisis indicaron que la TCC/Exposición se tradujo en mayores reducciones en la depresión, evaluaciones negativas y deterioro funcional del DP en comparación a la TCC sola. Menos pacientes del grupo TCC/Exposición (14.8%) cumplieron con los criterios diagnósticos para el DP luego de la evaluación en comparación con el grupo que solo recibió TCC (37.9%).

La gente podría pensar que exponerse a los recuerdos y las secuelas de la muerte de los seres queridos produciría respuestas aversivas. Pero este estudio demuestra todo lo contrario. Los pacientes lograron mejoras cuando fueron capaces de exponerse a la angustia provocada por los recuerdos de sus seres queridos.

Resulta importante resaltar que la terapia por exposición es una intervención estandarizada pero que se ajusta a las necesidades de cada persona.

Los autores esperan que esta evidencia permite entrenar a los profesionales de la salud en técnicas de exposición que permitan a las personas adaptarse a la pérdida de la mejor manera posible.

Fuente: ScienceDaily
Imagen: Huff Post

Sin categoría

(Vídeo) Qué se siente vivir con el Síndrome de Tourette

  • 31/10/2014
  • Equipo de Redacción

El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico heredado que inicia generalmente en la infancia y se caracteriza por: múltiples tics físicos y vocales (fónicos).

Puede afectar a personas de cualquier grupo étnico y de cualquier sexo, aunque los varones lo sufren unas 3 ó 4 veces más que las mujeres.

El curso natural de la enfermedad varía entre pacientes. A pesar de que los síntomas oscilan entre leves hasta muy severos, en la mayoría de los casos son moderados.

Entre sus síntomas más llamativos se destaca la coprolalia o exclamación de palabras obscenas.  Pero como verás en el vídeo, este síntoma solo se presenta en una pequeña minoría.

En el vídeo conocerás a un chico de 20 años que sufre del síndrome de Tourette desde los 12. Él nos cuenta sus experiencias y que ha hecho para afrontarlo.

 

  • Clínica

Distorsiones cognitivas – su relación con los paradigmas de condicionamiento clásico y operante

  • 31/10/2014
  • CETECIC

En el presente artículo destacamos la importancia del conocimiento de los procesos básicos de condicionamiento y aprendizaje para enriquecer el trabajo cognitivo.

Lamentablemente, en nuestro medio existen aun psicólogos que se autodefinen como “cognitivos puros”, lo cual significa que desdeñan la importancia de los paradigmas de condicionamiento. En las próximas líneas, argumentaremos que el conocimiento de las teorías conductuales es condición necesaria para un adecuado trabajo cognitivo. Sin tales conocimientos no puede dilucidarse, definitivamente, el verdadero alcance de la cognición, pues esto se deduce a partir de un pormenorizado análisis de secuencias ambientales.

Desde el paradigma conductual, las cogniciones mediatizan entre estímulos y respuestas. Para acceder a estas cogniciones es menester en primera instancia, delimitar el ambiente y así, identificar la mediación cognitiva existente entre situación ambiental y conducta.

Condicionamiento operante y cognición

El condicionamiento operante o instrumental versa sobre el aprendizaje de las relaciones entre la conducta y las consecuencias que siguen a la misma. La idea básica es que una conducta puede aumentar o disminuir su probabilidad de ocurrencia en función de los resultados o estímulos que sean contingentes a la misma.

Por ejemplo, si una persona ha reprobado un examen, la próxima vez que se presente a una evaluación probablemente aumentarán los pensamientos sobre las consecuencias negativas que podrían acaecer. Así, cogniciones tales como “no llego” o “me van a tomar justo lo que no sé” reflejan las expectativas de consecuencias negativas sobre el propio rendimiento.

A continuación, reseñamos algunos tópicos del proceso de evaluación conductual en los que se evidencia la interacción entre cognición y conducta.

Análisis de contingencias y probabilidades:

Para delimitar claramente la influencia de la cognición, puede evaluarse la relación conducta-resultados mediante el análisis de probabilidades. Prosiguiendo con el ejemplo anterior, se trataría de establecer si la predicción cognitiva del alumno se ve apoyada por las consecuencias ambientales o, si por el contrario, se trata de una distorsión. El objetivo se alcanza indagando la historia de su comportamiento-crítico.

De este modo, el paciente informa al terapeuta a cuantos exámenes se ha presentado y en cuantos ha sido reprobado durante determinado período. En el caso de una persona que haya asistido, por ejemplo, a 36 exámenes en los últimos 3 años y sólo haya sido desaprobada en uno de ellos, la probabilidad de reprobar el próximo es naturalmente pequeña, en términos cuantitativos, menor al 3 %.

Para llegar a esta conclusión es necesario pues evaluar la performance, es decir, la relación entre la conducta de estudio y las calificaciones obtenidas, esto es, las consecuencias. Si el rendimiento ha sido bueno, como arroja este ejemplo, pero aún persiste la ansiedad ante los exámenes porque la persona piensa “me pueden bochar”, concluimos entonces que son las distorsiones cognitivas las que hoy mantienen el problema.

En lo que concierne a la intervención terapéutica, la reestructuración cognitiva apunta a que el paciente se maneje con predicciones basadas en “probabilidades”, más que en “posibilidades” con poco apoyo empírico.

Análisis de la conducta:

Otro modo de detectar la influencia de distorsiones en las emociones y conductas se efectúa mediante el análisis de habilidades específicas del repertorio conductual del sujeto. Continuando con el ejemplo previo, a los fines de delimitar si los pensamientos que aparecen sobre las propias conductas son efectivamente distorsiones cognitivas, es necesario que el psicólogo verifique fehacientemente el grado de preparación que posee el alumno en la asignatura determinada.

Ello puede lograrse mediante ensayos de la conducta en los cuales el mismo psicólogo u otra persona, como un compañero de clase, realiza preguntas sobre la materia; también pueden utilizarse métodos de autoevaluación, como cuestionarios autogenerados o confección de resúmenes.

Si las respuestas son satisfactorias, el pensamiento “creo que no sé nada” se calificará inequívocamente como distorsión. Sin embargo, incluso habiendo efectuado los ensayos de evaluación que establecen un adecuado nivel de preparación, el paciente podría desestimar las evidencias y continuar creyendo “es necesario saber absolutamente todos los textos de la materia para poder aprobar”, lo que conduciría a un aumento excesivo del nivel de ansiedad. En esta instancia, un psicólogo cognitivo hipotetiza que tal pensamiento no se basa en hechos sino en interpretaciones absolutistas y negativas.

Nótese que para arribar a una tal conclusión el terapeuta debe conocer los fundamentos del condicionamiento operante. En efecto, determinar si la creencia contiene o no una distorsión requiere evaluar previamente la relación entre la conducta y sus consecuencias, en el caso presente la consecuencia es el rendimiento en los ensayos de conducta.

Si no se evalúa primero la relación conducta-ambiente, el psicólogo que se autodenomine “cognitivo” estaría aplicando un procedimiento erróneo, un simple juego de palabras que intenta convencer al paciente de la irracionalidad de sus creencias, pero sin saber genuinamente su historia de rendimiento académico (análisis de probabilidades) o si posee un déficit de habilidades de estudio que afectan su performance (análisis de conducta).

En otras palabras, surge como indispensable el distinguir entre las reglas cognitivas y las contingencias ambientales. Así pues; en este caso en particular, la cognición “es necesario saber todos los temas para poder aprobar el examen” (regla) no coincide con los hechos, ya que estudiando gran parte del material, aunque no todo, puede obtenerse un buen resultado (contingencias). Sólo una adecuada evaluación conductual permitirá dilucidar si el problema es fruto de déficits conductuales o de distorsiones cognitivas.

Condicionamiento clásico y cognición

El condicionamiento clásico o respondiente hace hincapié en cómo los estímulos contextuales provocan respuestas emocionales. Respecto a la clínica, posee especial relevancia en el tratamiento de los trastornos de ansiedad. Discutiremos algunos de sus vínculos con el paradigma de aprendizaje cognitivo.

Análisis de la situación-estímulo y las respuestas emocionales:

Muchas respuestas emocionales son provocadas por estímulos específicos; en este sentido, los pensamientos se conceptúan como respuestas reflejas ante determinadas situaciones. El paradigma de condicionamiento clásico también sostiene que los pensamientos actúan como estímulos encubiertos, activando reacciones emocionales, entre ellas, la ansiedad.

Si un paciente tiene ataques de pánico y cree que los mismos le conducirán al infarto, el miedo experimentado será muy intenso y evitará, por ejemplo, hacer actividad física. El pensamiento “los ataques de pánico me pueden provocar un infarto si hago actividad física”, constituye un elemento mediador entre estímulo (ir al parque a correr) y respuesta (ansiedad).

Si el psicólogo le propone al paciente que realice actividad física, pero no reestructura los pensamientos distorsionados, muy probablemente el paciente no podrá ni aceptará la indicación. Por el contrario, si el psicólogo le informa al paciente que las crisis de pánico no conducirán al infarto, tal vez la ansiedad disminuya y la persona sea capaz de realizar actividad física. Nos hallamos claramente ante una distorsión cognitiva.

Ahora bien, a los fines de asegurarnos de la existencia de tal distorsión debemos descartar que el paciente no posea una afección cardiovascular orgánica. En efecto, de ser así, sus temores surgirían como fruto de estímulos condicionados puntuales dado que las personas cardiacas tienen una probabilidad real mayor de sufrir un infarto.

Por lo tanto, en un tal caso, es necesario cotejar si el temor aparece como consecuencia de una estimulación ambiental específica -el médico le ha informado al paciente su problema orgánico, lo cual actúa como estímulo condicionado provocando la ansiedad- o si es efecto de pensamientos automáticos “catastróficos”.

Nuevamente, arribamos a un mismo punto, este es, la importancia de una adecuada evaluación conductual que dirima si los problemas emocionales son efecto del condicionamiento (análisis de la situación-estímulo) o del modo de pensar del paciente. Llegamos a la “cognición” una vez que inferimos cómo la misma mediatiza entre estímulo y respuesta, siendo dicho mediador de mayor injerencia en la activación de ansiedad que los estímulos contextuales en sí mismos.

Dos vías de procesamiento emocional:

Para efectuar una adecuada reestructuración cognitiva, resulta imprescindible deslindar la ansiedad derivada de asociaciones propias del condicionamiento clásico de aquélla que se desprende de procesos cognitivos patológicos.

Sucede que muchas veces, quizá la mayoría, nos hallamos ante un proceso mixto. En efecto, la formulación conductual más sintética de los trastornos de ansiedad en general y de las fobias en particular plantea que la respuesta emocional es provocada por el estimulo fobígeno, (condicionamiento clásico) mientras que la evitación y escape del mismo es mantenida por la disminución de la ansiedad (condicionamiento operante). Claro está, frecuentemente tanto las emociones como las conductas se modulan por procesos mediacionales, como pensamientos e imágenes de tinte catastrófico.

Así, quien padece una fobia a los espacios cerrados, reaccionará con un aumento de su ansiedad de manera automática vía condicionamiento respondiente al encontrarse, por ejemplo, en un ascensor. Pero al mismo tiempo, vale decir, en paralelo, puede pensar “me voy a sentir mal en el ascensor, y si me siento así, me va a pasar algo malo”, lo cual contribuye a elevar aún más su temor y el impulso de escape.

Este tipo de pensamiento representa un ejemplo de razonamiento emocional, una distorsión cognitiva por la cual se valida una idea partiendo y tomando como evidencia un estado emocional subjetivo. Deseamos remarcar que ambos procesos, condicionamiento y cognición, actúan en simultáneo y en el mismo sentido, lo cual otorga al fóbico una idea general de “coherencia catastrófica”.

En otras palabras, las asociaciones de estímulo-respuestas establecidas disparan el estado subjetivo de malestar, el cual a su vez se toma como base para creer que “algo malo va a suceder”, idea que incrementa aún más a la ansiedad. Un caso como el descripto debería abordarse con un programa terapéutico que combine técnicas vinculadas tanto al paradigma de aprendizaje clásico como al cognitivo.

Así, se utilizarían procedimientos de desactivación, como la Relajación Muscular Profunda o la Desensibilización Sistemática junto con técnicas cognitivas dirigidas a desarticular el dramatismo expresado mediante el razonamiento emocional.

Una vez más, nos topamos con la importancia del análisis de la situación ambiental y de los episodios ambientales críticos para detectar y modificar cogniciones. Un buen abordaje cognitivo descansa en una adecuada evaluación de la influencia de eventos ambientales.

El interaccionismo recíproco: Integración entre Conducta, Cognición y Ambiente

Seguramente, nadie más que Albert Bandura ha enfatizado la interacción permanente entre procesos conductuales y cognitivos. En su libro, Pensamiento y Acción (1986), lo expresa claramente: “…Dentro del modelo de reciprocidad triádica, la acción, la cognición y los factores ambientales actúan juntos para producir los cambios psicológicos. Las personas con problemas psicológicos crean una realidad social perturbadora como consecuencia de su comportamiento y de su interpretación errónea de los acontecimientos que se producen en su vida diaria.

Por tanto, la contribución causal de la cognición se comprende y utiliza mejor en concierto con los demás interactuantes conductuales y ambientales. Las influencias psicológicas no son ni exclusivamente cognitivas ni conductuales (…), actúan bidireccionalmente para moldear el curso del cambio personal y ambiental…” En otras palabras, el interaccionismo recíproco destaca las interacciones permanentes entre conducta, cognición y ambiente.

En esta línea, la relación entre SITUACIÓN-PENSAMIENTO-EMOCIÓN-CONDUCTA no puede omitirse durante las evaluaciones y formulaciones de casos clínicos. Por ello, solicitamos al paciente que describa episodios puntuales en los cuales haya ocurrido su comportamiento-problema; información con la cual indagamos y analizamos las posibles relaciones funcionales, a saber:

  • La relación entre situación-estímulo y emoción, correspondiente al condicionamiento clásico.
  • La relación entre conducta y consecuencias, propia del condicionamiento instrumental.
  • La relación entre pensamiento y emoción, piedra angular los modelos cognitivos.

Las hipótesis del caso contemplarán las relaciones funcionales mencionadas y sus interacciones, siempre entre los tres elementos, vale decir entre la situación-estímulo (ambiente), la conducta (habilidades o déficits) y las cogniciones (interpretaciones sobre el ambiente y la conducta). La reciprocidad triádica descripta se patentiza en el tratamiento de la depresión, allí cuando se alcanza el cambio cognitivo mediante la aplicación técnicas operantes, como la programación y ejecución de tareas graduales.

Tal estrategia no modifica únicamente conductas y emociones, sino también pensamientos negativos de inutilidad porque el paciente percibe que puede llevar a cabo satisfactoriamente las actividades. Recíprocamente, la discusión cognitiva de pensamientos automáticos de fracaso durante la ejecución mejora el estado de ánimo, aumentando la motivación para llevar adelante tales conductas.

Hemos intentado destacar la importancia de comparar las influencias ambientales con las influencias cognitivas sobre las emociones y las conductas; no con el fin de establecer una oposición entre tales perspectivas, sino para valorar su complementariedad. Esta interacción compromete al terapeuta cognitivo-conductual a desarrollar un trabajo auténticamente completo, donde la evaluación conductual inequívoca de las contingencias ambientales detecte mejor las distorsiones y enriquezca el trabajo cognitivo.

Por ello, una completa formación en terapia cognitiva, requiere el conocimiento previo de los paradigmas conductuales de condicionamiento y aprendizaje.

Por: Lic. Carmela Rivadeneira, Lic. José Dahab y Lic. Ariel Minici

  • Sponsor

Taller: Grupo de risa (Montevideo, Uruguay)

  • 31/10/2014
  • Equipo de Redacción

La terapia de risa es una estrategia terapéutica complementaria que tiene fundamento científico en las neurociencias y beneficiosos efectos en pacientes que padecen crisis de pánico, fobia social, depresión, burnout y personas con miedo al ridículo y a la risa (Gelotofobia). Dicha estrategia ha mejorado la calidad de vida de estos pacientes de forma considerable.

Te recomendamos el artículo: Grupos Terapéuticos de Risa (GTR) donde Andrés Buschiazzo explica con mas detalle en qué consiste esta novedosa terapia.

Fecha: 15 de noviembre de 2014

Hora: 17:00 Hs

Lugar: Embajada de Alemania, La cumparsita 1435

Entrada Libre

Coordinador:  Lic. Andrés Buschiazzo

Información: [email protected]

  • Clínica

La terapia con animales podría reducir la ansiedad y soledad en los estudiantes universitarios

  • 30/10/2014
  • David Aparicio

La terapia asistida con animales podría reducir los síntomas de ansiedad y soledad en los estudiantes universitarios. Esos fueron los resultados de una investigación realizada por la Universidad de Georgia y publicada en la revista Creativity in Mental Health.

Los 55 estudiantes participantes recibieron terapia asistida con un perro entrenado y certificado, dos veces al mes durante un trimestre académico. Durante las sesiones se les invitaba a interactuar con el perro a través de caricias, abrazos, darles de comer, dibujos, fotografías y jugar con la pelota.

El 60% de ellos reportó una disminución en los síntoma de ansiedad y soledad y cerca del 50% dijo que la interacción con el perro fue la parte más significativa del programa.

La interacción con el perro fue la parte más significativa del programa

Los perros son los animales ideales para este tipo de terapia porque ya están domesticados y ya han aprendido a Leer las señales que le damos, incluso algunos sostienen que los perros saben cuando estamos tristes.

¿Cómo se explican estos hallazgos? Según los investigadores, los perros podría ayudar a facilitar la conexión psicoterapéutica entre el cliente y el psicólogo, un factor fundamental para poder trabajar eficazmente en la terapia.

Es cierto que el perro del estudio estaba entrenado y calificado, pero creo que el resultado de esta investigación es una buena razón para adoptar a un perro. Ellos nos dan amor, cariño, llenan nuestro hogar de felicidad y su compañía podría ayudarnos en algún momento difícil.

Fuente: ScienceDaily

  • Recursos

¿Qué es la teoría de la mente? (PDF)

  • 29/10/2014
  • Equipo de Redacción

El cerebro es, básicamente, una máquina predictiva encaminada a reducir la incertidumbre del entorno. El origen del concepto de ‘teoría de la mente’ se encuentra en los trabajos pioneros de Premack y Woodruf y se refiere a la habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones, sus emociones y sus creencias.En un principio este término se hallaba confinado al estudio de la primatología y la etiología del autismo; se proponía que la causa de los trastornos generalizados del desarrollo era una ausencia de teoría de la mente.

Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a una gran proliferación de estudios sobre este complejo concepto y su afectación en diversas patologías. En este trabajo se propone una división del concepto de teoría de la mente en distintos procesos y cómo evaluar cada uno de ellos. Se trata, a su vez, de establecer las estructuras cerebrales relacionadas con cada nivel de la teoría de la mente. Estos niveles de complejidad son: reconocimiento facial de emociones, creencias de primer y segundo orden, utilización social del lenguaje, comportamiento social y empatía.

Para finalizar, reflexionamos sobre algunos aspectos teóricos relevantes para el tema como el papel del córtex prefrontal en la teoría de la mente, lo categorial frente a lo dimensional cuando nos referimos a este tipo de conceptos, la modularidad o las redes neurales, la inteligencia emocional y social frente a la inteligencia cognitiva o el papel de la bidireccionalidad en estos procesos cognitivos complejos.

Descarga: ¿Qué es la teoría de la mente?

Fuente: Neurología

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