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Psicología humana en tiempos de máquinas 💞

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Páginas webs para psicólogos y psiquiatras con Wix – 50% de descuento

  • 21/12/2017
  • David Aparicio

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  • Ciencia

Escuchar diferentes acentos en casa afecta el procesamiento del lenguaje en bebés

  • 20/12/2017
  • Rita Arosemena P.

Siempre se ha dicho que los niños que crecen con padres que provienen de países distintos desarrollan una mayor tolerancia, riqueza cultural y capacidad para adaptarse a costumbres diferentes. No obstante, ¿nos hemos preguntado cómo afecta a nivel neuronal el hecho de que un bebé escuche acentos distintos en casa?

Los matrimonios y parejas multiétnicas son algo tan común hoy en día que pocas personas se detienen a pensar en cómo afecta esto el desarrollo del lenguaje en los hijos. Por fortuna, investigadores de la Universidad de Buffalo sí se hicieron esta pregunta y, en un artículo publicado por la Revista de la Sociedad Acústica de América, nos explican lo que ocurre realmente en el caso de bebés criados en hogares donde escuchan un solo idioma, pero se habla con diferentes acentos.

De acuerdo con los investigadores, estos bebés pueden reconocer las palabras de manera diferente que un niño que solo escucha un acento. Aunque existen extensas investigaciones sobre el bilingüismo, pocos estudios han tenido en cuenta los acentos al considerar el reconocimiento temprano de palabras en monolingüismo, y, según los autores del estudio, ninguno ha explorado el tema de los acentos en niños menores de 18 meses, la edad en que tradicionalmente se desarrolla la capacidad de reconocer las diferencias de pronunciación que pueden ocurrir a través de palabras idénticas.

Marieke van Heugten, psicóloga de la Universidad de Buffalo y parte del equipo, explica que «la variabilidad en el aporte del lenguaje de los niños, lo que escuchan y cómo lo escuchan, puede tener consecuencias importantes en el reconocimiento de palabras en niños jóvenes y monolingües». Por ejemplo, un padre que habla inglés-americano podría llamar al «vehículo amarillo» que lleva a los niños a la escuela un «autobús» (bus, en inglés), mientras que la pronunciación de la misma palabra por un padre que habla irlandés-inglés podría sonar más como «jefe» (boss, en inglés).

Los padres hacen referencia al mismo objeto, pero debido a que el niño escucha la palabra pronunciada de dos maneras distintas, necesita aprender cómo asignar esas diferentes pronunciaciones al mismo objeto.

El estudio en números

Para el estudio, los investigadores evaluaron a niños que estaban sentados en el regazo de uno de sus padres. Los niños escucharon palabras típicamente conocidas por niños de 12-1 y 2 meses, como papá, mamá, pelota, perro y baño, junto con palabras sin sentido, como dimma, mitty y guttle.

Los niños giran la cabeza como un procedimiento común usado en la percepción del habla infantil que señala el reconocimiento, la preferencia determinada por palabras particulares.

Un segundo experimento incluyó niños de 14-1 y 2-18 meses de edad. Van Heugten dice que los niños muestran preferencia por las palabras conocidas cuando reconocen palabras que en su idioma. Si no reconocen las palabras, no hay ninguna razón para que expresen una preferencia, ya que las palabras conocidas y sin sentido suenan igualmente emocionantes con una entonación dirigida por el bebé.

Los niños criados en entornos de múltiples acentos necesitan más información contextual para reconocer las palabras

Los resultados indican que los niños que escuchan un solo acento prefieren escuchar palabras reales en el laboratorio, aunque aquellos que escuchan acentos múltiples no tienen esa preferencia en 12-1 / 2 meses. Esta diferencia entre los patrones de preferencia se encontró a pesar de que los dos grupos coincidieron en el nivel socioeconómico, así como el número de palabras que los niños entienden y producen. Esto sugiere que ambos grupos de niños están aprendiendo palabras casi al mismo ritmo, pero que escuchar acentos múltiples en el hogar puede cambiar la forma en que los niños reconocen estas palabras alrededor de su primer cumpleaños, al menos en los entornos de laboratorio.

Esto sugiere que los niños criados en entornos de múltiples acentos necesitan más información contextual para reconocer las palabras, ya que no asumen que todas las palabras se hablarán en el acento regional, una dificultad que desaparece a los 18 meses de edad.

Para los investigadores, todo esto puede ser clave para entender mejor cómo funciona la adquisición del lenguaje en general y mejorar los métodos de diagnóstico y tratamiento de los retrasos en el lenguaje de los niños.

Fuente: Science Daily; The Journal of the Acoustical Society of America

  • Clínica

Tratamiento psicológico y farmacológico en TDAH. ¿El orden altera los resultados?

  • 20/12/2017
  • Mauro Colombo

En la actualidad, se encuentra bastante bien establecido que los tratamientos con mayor evidencia para el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), son los de corte conductual y aquellos que incluyen medicamentos con psicoestimulantes (Conners, 2002; Pelham & Fabiano, 2008; Evans, Owens & Bunford, 2014). Ambos tipos de abordajes han sido ampliamente estudiados. Sin embargo, no existe por el momento acuerdo sobre la forma en que los mismos deben administrarse. Algunos profesionales e instituciones recomiendan comenzar a tomar medicamentos inmediatamente y, de acuerdo a la necesidad, complementarlos con otros fármacos adicionales (Grupo de Trabajo de AACAP sobre Cuestiones de Calidad, 2007).

Otros en cambio, recomiendan un inicio con tratamientos psicosociales y combinar con medicamentos en caso de ser necesario (Grupo de Trabajo de APA sobre Medicamentos Psicoactivos para Niños y Adolescentes, 2006). Por último, están aquellos que proponen un comienzo simultáneo, es decir, ambos procedimientos a la vez.

El asunto es que, a pesar de la gran cantidad de investigaciones que se ocuparon de estas intervenciones en forma separada, es escasa la bibliografía que contraste los efectos de ellas en conjunto. No se encuentran estudios tampoco que comparen y alteren de forma sistemática la secuencia en la cual se administran los tratamientos. Como contrapartida, la medicación es la opción más comúnmente usada, y con frecuencia, la única implementada durante largos períodos de tiempo. Esto significa que quienes padecen TDAH pasan gran parte de su niñez recibiendo psicofármacos (con los consiguientes efectos secundarios), pero sin un tratamiento psicológico que les enseñe habilidades a ellos y a sus entornos.

Investigaciones recientes — con diseños intrasujetos y ensayos controlados aleatorizados (ECA), para evaluar diferentes dosis de medicamentos y cantidades variables de terapia de conducta — hallaron que tratamientos intensivos conductuales producen efectos similares que altas dosis de medicamentos (aplicados en forma separada), pero que dosis bajas de ambos abordajes también producen modificaciones sustanciales en una buena cantidad de niños (nuevamente, aplicados en forma separada) (Fabiano et al., 2007; Pelham et al., 2005; Pelham et al., 2014). A su vez, estos estudios arrojan que la combinación de tratamiento conductual combinado con medicación, ambos en proporciones bajas, producen efectos equivalentes que aquellos tratados de forma unimodal (solo medicación o solo psicoterapia) en dosis/intensidad alta. Los resultados de estos diseños mostraron menor cantidad de síntomas secundarios producidos por la medicación, mayores niveles de satisfacción de los padres, y menor intensidad de intervenciones conductuales.

Todo esto muestra un panorama complejo, donde la decisión sobre la forma de tratar a un niño con TDAH está supeditada muchas veces a la voluntad del profesional tratante, y no a criterios preestablecidos basados en la evidencia.

Tomando en cuenta la ausencia de estos criterios, un conjunto de investigadores intentó responder a la pregunta sobre si el orden en que se aplican los tratamientos en TDAH influye, y si es posible formular reglas de elección a la hora de recomendar un abordaje a las familias.

¿En qué consistió la investigación?

El estudio, publicado en el Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology durante el año pasado, tomó como punto de partida la limitación de las investigaciones existentes en cuanto a la secuenciación, combinación y dosificación de tratamientos en entornos naturales. Concretamente, los investigadores se plantearon 3 preguntas:

  • ¿Produce mejores resultados (medido por registros de padres y maestros) comenzar con una dosis baja de tratamiento (a) farmacológico, o (b) conductual?
  • ¿Cuál es el protocolo de tratamiento más efectivo? Suponiendo que se inicia un tratamiento y el mismo no da resultado, ¿cómo conviene seguir? Si consideramos que, como punto de partida tenemos dos tratamientos posibles, el conductual (C) y el farmacológico (F), obtenemos las siguientes posibilidades de combinación: c_onductual- conductual (CC)_, conductual- farmacológico (CF), farmacológico- farmacológico (FF) y por último farmacológico- conductual (FC).
  • Cómo interrogante final, los investigadores se plantearon si en caso de respuesta insuficiente al tratamiento inicial, el mismo mejora aumentado la dosis del mismo tipo de abordaje, agregando por ejemplo al farmacológico una dosis mayor de fármacos (FF) o cambiando la modalidad e introduciendo el conductual (FC en nuestro ejemplo).

Para responder estas preguntas, se reclutaron 152 chicos de entre 5 y 12 años, todos con TDAH, referidos por colegios, médicos y sistemas de salud. Los mismos fueron asignados aleatoriamente a los dos tipos de intervención: farmacológica y conductual.

En los casos donde los pequeños respondían favorablemente al tratamiento inicial, no se le aplicaba el segundo. Es decir, no se expuso a ningún niño a un abordaje que no necesitara. Si una de las preguntas centrales de la investigación era conocer si administraciones bajas en dosis/intensidad son suficientes para mejorar el TDAH, no tenía sentido desperdiciar tiempo y recursos. En caso de no responder bien al primer tratamiento, se los asignaba aleatoriamente al segundo tipo de abordaje, quedando los tratamientos combinados en la forma en que mencionamos antes: CC (conductual- conductual) / CF (conductual- farmacológico) / FF (farmacológico- farmacológico) / FC (farmacológico- conductual).

Se observaron a los niños en los colegios y en sus casas durante un año, documentando variables como habilidades sociales, conductas de oposición, calificaciones escolares y violaciones a las reglas en estos dos ámbitos.

Como parte del tratamiento conductual inicial, los padres recibieron ocho sesiones de entrenamiento sobre la forma en que debían conducirse con sus hijos, y se instruyó a maestros y personal de los colegios a utilizar distintas economías de fichas en los colegios, en la que los niños accedían a los reforzadores en sus casas.

Como parte del tratamiento farmacológico inicial, los niños recibieron 0,15 mg/kg de metilfedinato de liberación prolongada.

Resultados

El estudio, como se mencionó en el apartado anterior, buscó dar respuestas a tres preguntas distintas y de gran relevancia en cuanto a la toma de decisiones clínicas:

  • ¿Se observan mejoras comenzando con un tratamiento de baja intensidad/dosis de terapia de conducta o farmacológica?
  • ¿Qué protocolo es más efectivo?
  • En caso de respuesta insuficiente al tratamiento inicial, ¿qué abordaje es recomendable?

Analizaremos los resultados tomando una a una las preguntas de investigación.

¿Mejora los resultados comenzar con un tratamiento de baja intensidad/dosis de terapia de conducta o farmacológica?

El comenzar con una intensidad baja de modificación de conducta reportó resultados similares e incluso mejores que iniciar el tratamiento con una dosis baja de psicofármacos. Si bien las evaluaciones de docentes y personal escolar no variaron significativamente en cuanto a la ruptura de normativas escolares en los dos tratamientos, si variaron en relación a los comportamientos de oposición, siendo significativamente menores en aquellos pequeños que comenzaron con el abordaje comportamental.

Con respecto al ámbito hogareño, no hubo diferencias entre los dos tipos de abordajes. Los reportes de los padres en cuanto a síntomas, comportamiento de oposición y habilidades sociales fueron similares en ambos grupos.

De los sujetos que comenzaron con el tratamiento (C) el 33% no necesitó el segundo tratamiento, comparado con el 53% del tratamiento (F). No obstante, aquí algo curioso, el 24% de los niños que comenzaron por el tratamiento conductual concluyó el protocolo de investigación sin medicación. Este porcentaje es muy superior al de las personas que comenzaron con medicación (F). Esto sugiere que, por más que inicialmente sea necesario incrementar el tratamiento original, tanto los pacientes como sus familias adquirieron herramientas que les posibilitó a los primeros prescindir de los psicofármacos en etapas posteriores de su desarrollo.

Otro resultado no previsto por los investigadores, fue que la participación que tuvieron los padres en las sesiones de capacitación se redujo drásticamente en aquellas familias a las cuales inicialmente se les administró el tratamiento (F), en comparación con el protocolo conductual. Expresado con otras palabras, la provisión de medicamentos previo a las capacitaciones en comportamiento, se asoció a tasas mucho más bajas de participación posterior en los grupos de padres.

La hipótesis sugerida por los autores del estudio indica que el hecho de ver algunos resultados inmediatos producto de los fármacos reduce la motivación de los padres en asistir a encuentros que demandan tiempo y esfuerzo, ya que además de dichas sesiones éstos deben poner en práctica aquello en que son capacitados.

Este último punto es de importancia especial a la hora de recomendar un comienzo de tratamiento, aunque constituya un resultado secundario de la investigación. Aquellos padres y maestros que no reciban capacitación en manejo de conducta, es probable que queden atados a la medicación para observar cambios posteriores en sus hijos.

¿Qué protocolo es más efectivo?

Para no marear a los lectores con las combinaciones, recordemos que las posibilidades de integración son cuatro: conductual- conductual (CC)/ conductual- farmacológico (CF)/ farmacológico- farmacológico (FF) y farmacológico- conductual (FC).

En general, los resultados de los protocolos que implicaban aumentar la intervención inicial, estos son (CC) y (FF), fueron comparables y eficaces; aunque el protocolo comportamental arrojó mejores resultados en el ámbito escolar.

Ya del lado de las combinaciones, el procedimiento conductual seguido del farmacológico, demostró ser mucho más eficaz en el ambiente escolar y el familiar que su inverso, el (FC).

Con respecto a los tratamientos secundarios que involucraban medicación, aquellos pequeños que recibieron primeramente terapia de conducta, recibieron significativamente menos fármacos que los que comenzaron con la ingesta de éstos, una vez terminada la investigación.

En caso de respuesta insuficiente al tratamiento inicial, ¿qué abordaje es recomendable?

Antes de dar responder concretamente este interrogante, el equipo de investigadores encontró que una proporción amplia de niños se ve beneficiada por tratamientos de baja intensidad tanto conductuales como medicamentosos. Para muchos, solo con uno de los abordajes disponibles (medicación o psicoterapia) alcanza para obtener mejoras significativas en la escuela y en sus casas. Esto es un dato de gran relevancia clínica para los niños, pero también para los sistemas de salud.

De los resultados del estudio, los investigadores señalan que, en caso de un tratamiento inicial insuficiente, tanto medicación como abordaje conductual pueden resultar eficaces, pero solo cuando el procedimiento inicial es la terapia de conducta. Comenzar con intensidad baja de terapia de conducta e incrementar (en caso de no respuesta) la misma o combinar con medicación, produce los mejores resultados; en comparación con un comienzo farmacológico. Simplificando, (CC) y (CF) son las combinaciones que mejores resultados dan. Por el contrario, del estudio se desprende que (FF) y (FC) no producen los mismos efectos. Incluso peor, como ya se sugirió en la primer respuesta, comenzar con medicación y proseguir con psicoterapia inhibe los resultados de esta última, por lo que no resulta una propuesta recomendable.

Conclusiones y consideraciones finales

De los resultados comentados hasta aquí, podemos sostener, jugando con un viejo dicho de las matemáticas, que el orden de los factores si altera el producto. No obtenemos los mismos resultados comenzando por un tratamiento psicofarmacológico que por uno conductual.

En caso de encabezar el tratamiento un abordaje comportamental, es probable que los padres sean más receptivos en cuanto a las herramientas que necesitan adquirir para relacionarse con sus hijos, a la vez que éstos presentarán mayores avances, necesitando en un futuro próximo menores cantidades de psicofármacos. Extendiendo estas consecuencias, los efectos secundarios sufridos por medicamentos serán menores, y lo aprendido por la psicoterapia seguramente se sostenga más en el tiempo, que lo que sucede con la medicación.

Con respecto a intensidades y dosis, una buena parte de los niños se ven beneficiados por intensidades bajas de tratamiento, por lo que según el estudio mencionado, debería considerarse como punto inicial de toda intervención.

Si bien la muestra de niños tomada es pequeña y los resultados no son generalizables al universo de sujetos con el trastorno, muestra una línea muy promisoria de investigación con implicancias en todo el espectro clínico. Por el lado de los niños y las familias, podrían verse beneficiadas al no recibir tratamientos innecesarios. A su vez, podrían limitarse al máximo los efectos secundarios que produce la medicación y los efectos inhibidores entre los distintos abordajes.

Desde la óptica de los sistemas de salud, se optimizarían recursos temporales y económicos, al tener un criterio de elección clínica que se adapte a las particularidades de la persona y de como responde a la intervención.

Para quienes lean en inglés y deseen darle una ojeada a la investigación, pueden seguir el siguiente enlace.

Referencias bibliográficas

  • AACAP Work Group on Quality Issues (2007). Practice parameter for the assessment and treatment of children and adolescents with attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of the American Academy of Child & Adolesc Psychiatry. 46 (7)894-921.
  • APA Working Group on Psychoactive Medications for Children and Adolescents (2006). Report of the Working Group on Psychoactive Medications for Children and Adolescents. Psychopharmacological, psychosocial, and combined interventions for childhood disorders: Evidence base, contextual factors, and future directions.Washington, DC: American Psychological Association.
  • Conners, CK (2002). Forty years of methylphenidate treatment in Attention-Deficit/ Hyperactivity Disorder. Journal of Attention Disorders 6 (1) 17-30.
  • Evans SW., Owens JS., Bunford N. (2014). Evidence-based psychosocial treatments for children and adolescents with attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology 43_(4)_ 527-51.
  • Fabiano, GA, et (al) (2007). The single and combined effects of multiple intensities of behavior modification and methylphenidate for children with Attention Deficit Hyperactivity Disorder in a classroom setting. School Psychology Review. 36 195–216
  • Pelham, WE., et (al) (2005). Transdermal methylphenidate, behavioral, and combined treatment for children with ADHD. Experimental and Clinical Psychopharmacology. 13 (2) 111-26.
  • Pelham, WE. Jr, Fabiano GA. (2008). Evidence-based psychosocial treatments for attention-deficit/hyperactivity disorder. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology. 37 (1) 184-214.
  • Pelham, WE., et (al)(2014). A dose-ranging study of behavioral and pharmacological treatment in social settings for children with ADHD. Journal of Abnormal Child Psychology 42(6):1019-31.
  • Ciencia

Conductas parentales vinculadas al suicidio adolescente

  • 20/12/2017
  • Alejandra Alonso

Una reciente investigación sobre las conductas parentelas y el suicidio en adolescentes, observó que el apoyo y compromiso emocional positivo de los padres con sus hijos es un factor clave para prevenir el suicidio.

El estudio nacional del año 2012 patrocinado federalmente, muestra un vínculo significativo entre las conductas parentales y los pensamientos de suicidio entre adolescentes, de acuerdo con una presentación dada por dos profesores de la Universidad de Cincinnati en la conferencia de la Asociación Americana de Salud Pública, llevada a cabo este 2017.

Los profesores Keith King y Rebecca Vidourek realizaron un análisis de datos de seguimiento de la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud del año 2012, la cual provee datos a nivel nacional (y estatal) sobre consumo de tabaco, alcohol, drogas ilegales (incluido el uso no médico de medicamentos con receta) y salud mental en los Estados Unidos.

La encuesta incluía datos de 17.399 adolescentes de entre 12 y 17 años.

Sus hallazgos mostraron que los niños de entre 12 y 17 años son significativamente más propensos a contemplar, planear e intentar suicidarse cuando sus padres no realizan ciertas conductas que les demuestren a los chicos que se preocupan por ellos. Sorprendentemente, los resultados mostraron que el grupo etario para el cual el impacto era más significativo, eran los niños de entre 12 y 13 años. Los niños de esas edades, cuyos padres no les decían que estaban orgullosos de ellos, eran casi cinco veces más propensos a tener pensamientos suicidas, alrededor de siete veces más propensos a formular un plan de suicidio y a hacer el intento, comparados con sus pares. De forma similar, los chicos de 12 y 13 años a los que los padres nunca les decían que habían hecho un buen trabajo o a los que nunca les habían ayudado con las tareas estaban a un riesgo excesivamente alto de suicidarse.

Los autores creen que es de vital importancia que los chicos se sientan conectados positivamente con sus padres y familiares.

Además resaltan que, aunque el riesgo de suicidio es menor en chicos más grandes (comparados con los de 12 y 13 años), sigue siendo alto si los papás no se involucran emocionalmente con sus hijos. Por ejemplo, los adolescentes de entre 16 y 17 años cuyos padres raramente o nunca les decían que estaban orgullosos de ellos, eran tres veces más propensos a tener pensamientos suicidas y casi cuatro veces más propensos a hacer un plan de suicidio e intentarlo.

Aunque el hecho de que el riesgo sea más bajo en niños de 14 años para arriba sea esperanzador, probablemente se deba a que han encontrado otros mecanismos de afrontamiento para reemplazar la falta de compromiso parental. Sin embargo, dichos mecanismos muchas veces no son saludables, suelen involucrar el consumo de sustancias o conductas sexuales altamente riesgosas. Los autores señalan por último, que los resultados se mantienen a pesar del género o al raza.

Igualmente es importante recordar el suicidio es un evento complejo y el hallazgo del estudio antes mencionado es solo uno de los factores involucrados. Otros estudios han encontrado que el tiempo que los adolescentes de entre 13 y 18 años pasan frente a la pantalla también está vinculado a las conductas suicidas, por ejemplo. Así mismo, se sabe que tener un padre que ha intentado suicidarse aumenta el riesgo también para sus hijos.

Las investigaciones deben continuar para poder proveer mejores planes de prevención.

Fuente: Science Daily

  • Ciencia

Un programa de preescolar que ayuda a mejorar habilidades académicas en niños en situación de pobreza

  • 19/12/2017
  • Alejandra Alonso

Los niños que crecen en la pobreza enfrentan muchos desafíos, suelen afrontar situaciones muy difíciles y esto, sumado al hecho de que muchas veces no reciben la ayuda que necesitan, puede repercutir en otras áreas de sus vidas. Sin duda la experiencia escolar sería una de ellas, pero en un nuevo estudio se investigó la utilidad de un programa de preescolar, que apunta a mejorar las habilidades sociales y emocionales, para incrementar su concentración y mejorar el aprendizaje en clase.

Los científicos observaron dos grupos de niños desde preescolar hasta tercer grado. Uno de los grupos participó en el programa Head Start REDI (basado en investigaciones e informado sobre el desarrollo) y el otro grupo no fue parte de dicho programa. Cada año, los investigadores medían las funciones ejecutivas (habilidades para concentrarse, controlar impulsos, recordar detalles y otras habilidades necesarias en el salón de clases) de los niños.

Karen Bierman, profesora de psicología en Penn State Evan Pugh, explicó que muchos niños parecieron beneficiarse con el programa REDI y que fueron los niños que empezaron con los puntajes más bajos en funciones ejecutivas, los que se beneficiaron más.

Los investigadores pudieron observar una pequeña mejora en las habilidades relacionadas con las funciones ejecutivas al finalizar el programa en el preescolar, pero fue el grupo antes mencionado el que mostró mayores mejoras. Y ellos creen que esto se debe a las habilidades emocionales y sociales que se refuerzan en REDI, las cuales los ayudan a su vez a comprometerse con las actividades del salón y alcanzar también un beneficio cognitivo.

Las funciones ejecutivas son claves para todos los estudiantes, sin embargo los niños que crecen en situación de pobreza no suelen tenerlas muy desarrolladas. Esto influye en su regulación conductual y concentración en el salón de clases. Es difícil para ellos aprender estas habilidades.

El programa REDI fue desarrollado en Penn State como forma de mejorar el programa existente llamado Head Start, que provee educación preescolar a niños de bajos ingresos. El REDI tiene el objetivo de mejorar habilidades sociales y emocionales y habilidades de alfabetización y escucha, incorporando historias, títeres y otras actividades que les enseñan a los alumnos conceptos como entender sentimientos, cooperación, amistad y autocontrol.

Para el estudio se reclutó a 356 niños, de los cuales 192 participaron en el programa REDI y 164 realizaron un programa tradicional del currículo de Head Start.

Los niños comenzaron el programa estando en preescolar, al ir subiendo de grado y hasta llegar a tercero, los investigadores los chequeaban cada año y medían sus funciones ejecutivas y desempeño académico. No solo se realizaron comparaciones con el grupo control, sino que también se comparó el avance de los niños que habían comenzado con puntajes bajos, medios y altos de funciones ejecutivas.

Luego de analizar todos estos resultados, encontraron que los niños con puntajes bajos en funciones ejecutivas mostraron un aumento más importante en las funciones ejecutivas que el grupo control. También observaron que la lectura, el lenguaje, arte y matemáticas eran más fluidos en el grupo que había puntuado más bajo en funciones ejecutivas, comparados con el grupo control.

Los autores ven que las intervenciones enriquecidas que ofrece el programa REDI tienen beneficios a largo plazo, especialmente en niños con mayor riesgo de tener dificultades académicas. Los beneficios más grandes fueron observados en el área social y de adaptación conductual al avanzar a la primaria. Los niños con puntajes más bajos también mejoraron sus habilidades académicas.

Bierman cree que mejorar las habilidades ejecutivas de los niños que más lo necesitan les dio a su vez habilidades para participar y concentrarse en clases.

Los científicos quieren darles seguimiento a los niños mientras van creciendo y llegando a la secundaria para medir los efectos del programa REDI en un plazo mayor de tiempo.

El año pasado escribimos un artículo sobre los efectos de la pobreza en el desarrollo cerebral que había encontrado una investigación. En la misma se decía que los niños que crecen en situación de pobreza están más expuestos a factores de riesgo como violencia, estrés, nutrición deficiente, poca interacción con estímulos cognitivos y exposición al humo del cigarrillo. Esto aumenta el riesgo de sufrir trastornos mentales. Pero el estudio concluye que las intervenciones que apunten al desarrollo emocional y cerebral en esta población de niños pueden prevenir dichos efectos.

Las intervenciones que provee el programa REDI son parte de los esfuerzos por mejorar la calidad de vida de estos niños.

Fuente: Science Daily

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La psiquiatría siempre ha estado en crisis

  • 19/12/2017
  • Pablo Malo Ocejo

En primer lugar, quiero agradecer la oportunidad que me ofrece Psyciencia de comentar el artículo de la Dra. Eve Wood, El psiquiatra desilusionado y generar así un debate sobre los planteamientos de dicho escrito. Hay que señalar que las condiciones de trabajo de la Dra. Wood en EE.UU. y las mías en el País Vasco pueden ser muy diferentes, entre otras cosas por razones administrativas y de otro tipo. Eso puede explicar parte de nuestras diferentes visiones. Pero hay cosas que son comunes a grandes rasgos en la psiquiatría como disciplina y me voy a centrar en algunos de los puntos que toca la Dra Wood.

1- La Dra. Woods comienza su artículo hablando del gran desgaste existente en la profesión psiquiátrica dando a entender que se encuentra en crisis y que está llevando a los psiquiatras al suicidio, aunque las cifras que da se refieren a médicos en general. Hay que decir que esto no es nada nuevo. Mis años de ejercicio en esta profesión son casi los mismos que los de ella y siempre se ha conocido que las cifras de suicidio entre médicos son elevadas. Tratar con personas —y con pacientes en particular— desgasta mucho. Todo el sector sanitario tiene una alta tasa de bajas por ansiedad y depresión. Pero conviene señalar que la situación no es mejor para los psicólogos. Casi la mitad de los psicólogos del Reino Unido dice estar deprimido. Según otros estudios, un 61-76% refieren depresión. Ver esta otra referencia. Viéndolo desde el otro lado, según esta encuesta médicos y psicólogos se declaran igual de felices con su trabajo.

El psiquiatra siempre ha tenido que convivir con las dudas, la incertidumbre y la impredicibilidad de la conducta humana

También hay que ser cauto a la hora de hacer atribuciones causales en relación a estos suicidios o cuadros psiquiátricos. Es claro que los psiquiatras no aterrizan de forma aleatoria en psiquiatría (ni los psicólogos) así que no se puede deducir causalidad de una correlación. Parte de estas altas cifras se puede deber a que hay una auto-selección por la que personas con predisposición a trastornos mentales acaban, o acabamos, estudiando psiquiatra o psicología. Así que no, lo psiquiatras no se están suicidando en masa.

2- En los primeros párrafos, la Dra Wood pinta un mundo bucólico y feliz inicial, un paraíso perdido en el que los psiquiatras éramos felices y nos realizábamos con nuestro trabajo y echa de menos el psicoanálisis y el poder de la palabra. Ese paraíso perdido es absolutamente falso. Nunca ha existido felicidad en la psiquiatría. Nunca se ha podido curar a los pacientes, nunca han existido tratamientos realmente eficaces. No tenemos ni una definición clara de trastorno mental, ni una clasificación que no tenga problemas de los trastornos mentales. Nunca la ha habido. Ni nadie la tiene. Se critica, con razón, al DSM pero no existe una clasificación solvente alternativa. El psiquiatra siempre ha tenido que convivir con las dudas, la incertidumbre y la impredicibilidad de la conducta humana. Se las ha tenido que ver con patología a donde no llega la ciencia, con trastornos que tocan el problema mente/cuerpo que absolutamente nadie ha resuelto en siglos de historia y que sigue sin resolver. La psiquiatría siempre ha estado en crisis. Siempre ha tenido el psiquiatra que convivir con la impotencia, con el no-saber y con las limitaciones para aliviar el sufrimiento de los pacientes mentales.

Pero es que si las palabras hubieran curado no habrían hecho falta los psicofármacos y no habría llegado toda esa época oscura de pastillas y laboratorios que la doctora lamenta. El psicoanálisis llegó a la escena del crimen el primero. Todos los departamentos psiquiátricos norteamericanos en los años 50 del siglo pasado eran dirigidos por psicoanalistas y los libros que se leían y enseñaban eran psicoanalíticos. Pero todo esto no mejoró la situación de los pacientes mentales graves. Si todo fuera tan idílico como lo pinta, ¿por qué triunfó la clorpromacina si no había ninguna necesidad? ¿por los malvados laboratorios? Los primeros psicofármacos surgieron por serindipia a partir de observaciones clínicas. No existía una Big Pharma merecedora de tal nombre en psiquiatria y la clorpromacina fue un éxito no por manipulación de los laboratorios —que no tenían la fuerza que tienen ahora— sino por las observaciones de los clínicos y sus asombrosos efectos sobre los pacientes, algo nunca visto con anterioridad. De modo que no, ningún tiempo pasado fue mejor.

La psiquiatría está entre las más humanas de todas las especialidades médicas, tal vez porque ha hecho de la necesidad virtud, es decir, al no disponer de una tecnología al mismo nivel que otras especialidades sigue basándose en el contacto humano y en escuchar al paciente

3- Tiene razón en la sobremedicalización de la atención médica en general, no solo de la psiquiatría, que ha perdido el contacto con el paciente. Creo que esta es la explicación del gran auge que siguen teniendo medicinas alternativas que basan su eficacia en la movilización del efecto placebo. Su fuerza es que dedican tiempo al paciente, hablan, escuchan y tocan al paciente en vez de introducirlo en una máquina y no mirarlo siquiera. Pero hay que decir que la psiquiatría está entre las más humanas de todas las especialidades médicas, tal vez porque ha hecho de la necesidad virtud, es decir, al no disponer de una tecnología al mismo nivel que otras especialidades sigue basándose en el contacto humano y en escuchar al paciente. Los pacientes nos consultan sus problemas orgánicos, personales, económicos, familiares y se desahogan con nosotros como no pueden hacerlo con otras especialidades. Los médicos de familia son la otra especialidad que atiende a toda la persona de forma global y se interesa por todos los aspectos de la vida del paciente.

4- También tiene razón en que en muchos sitios la formación en psicoterapia es muy escasa aunque depende de los lugares. Esa es una faceta que debe entrar en la formación de todo psiquiatra. Una formación en psicoterapia individual, de grupo y familiar es de gran ayuda en el manejo de la relación terapéutica y de los pacientes.

5- Se siente conmovida por el daño que se puede hacer a los pacientes. Por supuesto que sí, pero ya desde los primeros años de carrera no dejan de hablarnos de los efectos secundarios de los fármacos, de sus contraindicaciones, interacciones y de los riesgos de toda intervención médica. Todo acto médico es un balance entre riesgos y beneficios, desde tomar una aspirina hasta una mastectomía. Merece la pena comentar que la psicoterapia no está exenta de riesgos y por citar sólo unos ejemplos de daños producidos por una psicoterapia de orientación dinámica mencionaré la catástrofe de los falsos recuerdos que provocó una histeria sin precedentes, separación de familias y encarcelamientos de inocentes. O el daño infligido a las personas con autismo y esquizofrenia y a sus familias con los conceptos de la “madre nevera” y la “madre esquizofrenógena”. La palabra también tiene efectos secundarios.

Estoy desilusionado de que compañeros míos sean incapaces de concebir una relación entre cerebro y enfermedad mental cuando tenemos datos claros como que la heredabilidad de la esquizofrenia es del 80%

6- Plantea que la psiquiatría tiene que ir de ayudar al paciente y no de beneficios criticando los intereses económicos de la Big Pharma. Totalmente de acuerdo, pero hay que ir más lejos porque de no hacerlo este enfoque sería sesgado. Se le olvida mencionar que la Big Pharma no es la única que tiene intereses. La que podríamos llamar Big Psycho(profesionales, Institutos, Asociaciones…) también tiene conflictos de intereses económicos e ideológicos que casi nunca se declaran. Hay mucha gente que vive de las terapias, de cursos de formación tanto a pacientes como a personal sanitario, de cursos en colegios y en empresas, etc. La industria de la psicoterapia —tenemos el ejemplo reciente de la mindfulness— mueve miles de millones de euros en todo el mundo. Y esto se refleja también en la investigación por medio de lo que se conoce como sesgo de afiliación.

Pero matizadas estas cosas he de decir que yo también estoy desilusionado, solo que por razones diferentes a las de la Dra. Wood. Estoy desilusionado de que cuando alguien quiere señalar a los demás lo progre que es lo haga criticando la psiquiatría y no aplique el mismo rigor a las alternativas. Estoy desilusionado de que compañeros míos sean incapaces de concebir una relación entre cerebro y enfermedad mental cuando tenemos datos claros como que la heredabilidad de la esquizofrenia es del 80% o que un 70% de las personas que padecen una encefalitis por anticuerpos contra los receptores NMDA ingresan en hospitales psiquiátricos porque tienen síntomas indistinguibles de los de un cuadro psicótico funcional.

Pero sobre todo estoy desilusionado porque necesitamos mejores fármacos para combatir las enfermedades mentales y no los tenemos…y no los vamos a tener en las próximas décadas porque los laboratorios han abandonado la investigación en este campo ante la falta de teorías que puedan llevar a nuevos descubrimientos. Y necesitamos también mejores psicoterapias. Yo soy consciente de las limitaciones de los fármacos porque los uso todos los días y no me resuelven las cosas como me gustaría. Pero mis pacientes acuden a psicoterapeutas con los mismos escasos resultados. Toda esta situación no es una buena noticia para los pacientes y sus familias así que me parece lógico estar desilusionado.

En Imagen: Philippe Pinel, Considerado el fundador de la psiquiatría en Francia, exigiendo que liberaran a una mujer con algún trastorno mental. Fuente: Wikimedia

  • Ciencia

Diferencias en el uso de pornografía en hombres y mujeres

  • 19/12/2017
  • Rita Arosemena P.

El consumo de pornografía entre los hombres y las mujeres ha sido siempre un tema tabú del que pocas personas se atreven a hablar en público.

En las sociedades más conservadoras, el hecho de que una persona visualice pornografía puede ser asociado con la depravación sexual, lo que suele conducir al rechazo y la estigmatización; no obstante, ¿cuántos de nosotros nos hemos preguntado los posibles factores que motivan esta práctica?

El Journal of Social and Personal Relationships ha publicado un artículo interesante acerca de las razones detrás del consumo de pornografía en hombres y mujeres. De acuerdo con los expertos, todo gira en torno a la relación entre la satisfacción sexual y la visualización de diferentes tipos de contenido sexual.

En palabras de Nathan D. Leonhardt, de la Universidad Brigham Young, el estudio se enfocó en evaluar cómo la pornografía convencional, con representación explícita de actos sexuales y medios sexuales provocativos no explícitos centrados en las mujeres, se asocia con varios aspectos de la satisfacción sexual (tiempo dedicado al juego previo, variedad, satisfacción general, frecuencia, amor y afecto, tiempo dedicado a las relaciones sexuales).

El estudio encuestó a 858 personas en relaciones románticas comprometidas acerca de su exposición a la pornografía heterosexual convencional y otras formas de medios sexualmente provocativos, como la imagen de una mujer en ropa interior con una pose provocativa. Los investigadores descubrieron que los hombres que veían más pornografía también tendían a estar más insatisfechos con la cantidad de variedad en su vida sexual y más insatisfechos con la cantidad de tiempo que pasaban en el acto sexual.

Según Leonhardt, todo esto sugiere que los hombres que ven pornografía podrían estar decepcionados por la falta de habilidad o el deseo de sus parejas de realizar los actos sexuales retratados en la pornografía, que sí son explícitos.

Hombres Vs. Mujeres: ¿qué diferencias hay?

El uso de la pornografía se relaciona con una menor satisfacción respecto a la variedad sexual y el tiempo dedicado a las relaciones sexuales, pero solo para los hombres. En el caso de las mujeres, los investigadores no encontraron conexión negativa entre la satisfacción y el consumo de pornografía, tal vez porque sus parejas masculinas están más dispuestas a participar en los actos sexuales representados en la pornografía (posiciones del kamasutra, fantasías sexuales…).

Además, en el caso de las mujeres, los medios sexuales provocativos fueron particularmente problemáticos ya que también se relacionaron con una menor satisfacción con la variedad sexual, la satisfacción sexual general y la satisfacción con el tiempo dedicado a las relaciones sexuales. Esto puede deberse a que el uso de los medios sexuales por parte de las mujeres quizás conduzca a la autoobjetivación, lo que podría disminuir la calidad y disfrute de las relaciones sexuales.

En general, Leonhardt concluye que existe más de una posible explicación y forma de interpretar estos resultados:

  • Por un lado, la asociación puede deberse a que los hombres están decepcionados por no poder participar en actos sexuales representados en la pornografía.
  • O también puede que los hombres que no están satisfechos con la variedad de su relación sexual y están mirando pornografía para encontrar nuevas ideas.

Leonhardt advierte que aún queda por analizar el modo en que influye la evaluación moral de ambos miembros de la pareja acerca del consumo de pornografía, así como la medida en que las parejas ven el contenido juntos.

Fuente: Psypost; Journal of Social and Personal Relationships

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Curso online: Introducción a la Psicología – por la Universidad de Toronto

  • 19/12/2017
  • David Aparicio

La Universidad de Toronto, en conjunto con la plataforma educativa Coursera lanzaron el curso de Introducción a la Psicología para que cualquier persona pueda enriquecer su conocimiento a través de las investigaciones más importantes en el campo de la psicología y sus implicaciones en el entendimiento de la mente y conducta humana.

En el curso se explorará el cerebro y las habilidades cognitivas base para la memoria, el aprendizaje, la atención, percepción y conciencia.

Así también se explorará el desarrollo humano y se debatirá la manera en que nuestra conducta afecta nuestros propios pensamientos y comportamientos.

Por último en el curso se desarrollará en los trastornos mentales más importantes y sus tratamientos.

Esta es una excelente opción para cualquier persona que desee aprender más sobre la psicología – especialmente para los jóvenes que están por ingresar a la universidad y que están interesados en la psicología pero todavía no saben qué elegir.

El curso está a cargo Steve Joordens, profesor del departamento de psicología en la prestigiosa Universidad de Toronto.

Programa del curso

El curso inicia el 8 de enero del 2018 y está dividido en 12 semanas:

  • Primera semana: bienvenida y orientación al curso.
  • Segunda semana: historia y el método científico
  • Tercera semana: la materia de la mente
  • Cuarta semana: sensación, percepción, atención y conciencia
  • Quinta semana: aprendizaje
  • Sexta semana: memoria
  • Séptima semana: la mente social
  • Octava semana: trastornos mentales
  • Novena semana: trabajos finales
  • Décima semana: recursos externos
  • Décima y duodécima semana: videos opcionales

Como siempre Coursera te ofrece dos opciones: puedes tomar el curso de forma gratuita pero no recibirás certificado de participación. La segunda opción es de pago. El curso cuesta solo 49 dólares y al pagarlo tendrás derecho al certificado emitido por la Universidad de Toronto y Coursera.

Para inscribirte haz click aquí.

  • Clínica

ABA en el tratamiento de autismo (tercera parte)

  • 18/12/2017
  • Mauro Colombo

En los últimos años se viene dando un incremento en la cantidad de personas que son diagnosticadas con Trastorno del Espectro Autista. Actualmente, alrededor de 1 de cada 64 bebés recibirán el diagnóstico en los próximos años.

Esto por un lado torna imprescindible mejorar los instrumentos de detección, para que pueda realizarse lo más tempranamente posible, mejorando las perspectivas de desarrollo. Al mismo tiempo, nos obliga a continuar investigando para diseñar intervenciones cada día más eficaces.

En cuanto a este último punto se da una situación compleja. Paralelo al incremento en la incidencia del TEA, se dio un aumento exponencial en los tratamientos disponibles. Como para mencionar solo algunos, podemos encontrar desde dietas con suplementos alimenticios, tratamientos basados en oxigenación hiperbárica, de manipulación de células madre, hasta estimulación sensorial, TEACCH, Denver o el que nos ocupa aquí, ABA (la sigla de Análisis Conductual Aplicado).

Esto que en principio puede parecer beneficioso por ofrecer opciones para todos los gustos y preferencias, se convierte en una situación delicada si consideramos que muchos abordajes no tienen ninguna evidencia que respalde su implementación, algunos escasa; y otros incluso son considerados nocivos, tal como sucede con el MMS por ejemplo.

Conocer cuales son aquellos procedimientos que mejores resultados ofrecen, es entonces una forma de —separar la paja del trigo— y no perder tiempo y recursos en tratamientos ineficaces. El presente artículo se basa en la que es probablemente una de las mayores revisiones sistemáticas realizadas en autismo, con foco principal en intervenciones de Análisis Conductual Aplicado.

¿Qué es ABA?

El Análisis Conductual Aplicado (Applied Behavioral Analysis) está compuesto por los conocimientos y estrategias derivados de los principios del aprendizaje, aplicado a conductas socialmente significativas. Si bien dentro de la terminología común se suele hablar de —Tratamiento ABA—, el mismo no es ni un tratamiento ni un método rígido, sino un conjunto de procedimientos y estrategias de enseñanza que suelen aplicarse en paquete, a partir de la evaluación realizada y de las necesidades específicas de la persona o grupo al cual se apliquen.

Una característica esencial es la importancia dada a la evaluación constante tanto de las estrategias usadas para enseñar, modificar y reducir comportamientos, así como a la evaluación de sus resultados. Otro aspecto esencial, es que aquellas conductas a abordar, deben poseer relevancia social para el individuo. Es decir, una intervención ante todo debe proporcionar beneficios socialmente válidos para aumentar la autonomía y desarrollo personal del destinatario.

Como el propósito hoy es realizar un recorrido por las principales investigaciones sobre el método y no tanto desarrollarlo, dejó dos artículos previos (aquí y aquí), donde ya hemos hablado tanto de la historia como de la evolución del Análisis Conductual en TEA.

¿Qué nos dicen las revisiones?

El análisis conductual aplicado en autismo, por sus características, posee estudios empíricos desde sus inicios. Presentar todas y cada una de ellas sería además de aburrido, un verdadero soporífero. La comunidad científica, para facilitar el acceso y la comprensión de los resultados de las investigaciones en ciertos temas, utilizan las revisiones sistemáticas y los meta- análisis, que justamente son procedimientos de investigación que analizan investigaciones previas, facilitando la comprensión de las mismas y permitiendo que se extraigan conclusiones clínicas sobre ellas.

En el año 2008, el New Zealand Guidelines Group, publicó una revisión que incluyó a 43 investigaciones realizadas entre 1998 y 2007, llegando a la conclusión de que los acercamientos conductuales pueden producir resultados positivos en niños y jóvenes (principalmente de preescolar) con TEA. De los estudios que compararon ABA con enfoques eclécticos, se hallaron mayores beneficios en ABA en habilidades del lenguaje, CI y conducta adaptativa; aunque las variaciones entre sujetos eran amplias. Esto significa que mientras algunos mejoraban significativamente, otros no tanto.

El National Autism Center, en el año 2009 realizó un meta-análisis que incluyó 22 investigaciones de programas intensivos de ABA, realizadas entre 1957 y 2007. Los autores de esta revisión consideran a las intervenciones tempranas basadas en ABA un tratamiento sólido para personas con TEA. Los mejores resultados se vieron en niños de 2 a 9 años de edad. A su vez, aquellas áreas más favorecidas por las intervenciones fueron: comunicación, funciones cognitivas superiores, habilidades interpersonales, habilidades motoras, responsabilidad personal, emplazamiento en contextos escolares más ordinarios y juego.
Mudford, Blampied, Phillips, Harper, Foster, Church y otros (2009), incluyendo un total de 508 estudios realizados entre 1998 y 2007, hallaron fuerte evidencia científica de los programas conductuales para el desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y de autonomía. En forma paralela, aquellos niños que fueron objeto de análisis mejoraron sus habilidades de flexibilidad y de emplazamiento escolar significativamente.

Peters‐Scheffer, Didden, Korzilius y Sturmey (2011) realizaron un meta- análisis con la finalidad de medir la eficacia de ABA en tratamientos intensivos para niños pequeños. El mismo incluyó a 11 investigaciones con un total de 344 niños. Entre sus conclusiones, podemos mencionar que aquellos niños que recibieron ABA, superaron a los grupos de control en el CI, CI no verbal, lenguaje expresivo y receptivo y conducta adaptativa. Sin embargo, algo que remarcan los investigadores, es que los resultados variaron considerablemente entre los participantes (mientras algunos mejoraban de forma significativa, otros manifiestan pocos cambios). Las variaciones podrían ser producto de las características personales de los participantes, del tratamiento y de los procedimientos del grupo control, entre otros factores. Los autores del meta- análisis sugieren que investigaciones posteriores deberán determinar qué características del niño, junto al coeficiente intelectual de línea base y de edad en el comienzo del tratamiento, se relacionan con los mejores resultados al tratamiento.

Conclusiones de las investigaciones

A partir de la revisión sobre la que se escribe este artículo — recordemos que aquí solo mencionamos algunas investigaciones— se ha llegado una serie de conclusiones generales, las cuales detallo a continuación.

  • Existe un acuerdo generalizado en la amplia variabilidad que presentan los niños a nivel individual en los tratamientos ABA. Mientras que algunos mejoran notablemente en diversas áreas de su vida (CI, lenguaje, comunicación, flexibilidad, etc.), otros presentan mejoras mucho más modestas e incluso algunos sujetos no muestran mejorías. Esto, comparando la investigación presente en todo el espectro del autismo, lleva a la conclusión de que en la actualidad, no existe ningún tratamiento, incluido ABA, que sea eficaz para la totalidad de la población con TEA.
  • Es necesario continuar investigando para dilucidar aquellos factores responsables de la inestabilidad en la eficacia de los procedimientos. La misma podría deberse a factores personales, de los tratamientos, la intensidad de los mismos, o la falta de ajustes a variables culturales, entre otros elementos.
  • Se vuelve prioritario incrementar el acceso que tiene la población a este tipo de tratamientos, los cuales suelen ser costosos y duraderos. En algunos países, como Argentina, el Estado solventa económicamente los tratamientos. Sin embargo, en muchos otros lugares del mundo, la gente que no posee cierto nivel adquisitivo queda por fuera de abordajes con respaldo empírico.
  • A pesar de lo mencionado en cuanto a la variación entre las personas tratadas y sus mejoras, el consenso existente indica que ABA, como tratamiento global para autismo y principalmente en la primera infancia, es el tipo de enfoque que más investigación posee en el espectro, con resultados más sólidos comparados a otros enfoques y abordajes eclécticos, y que debería ser considerado como tratamiento de primera elección.

Características de un buen tratamiento en TEA

Además de las conclusiones del apartado anterior, las investigaciones y meta- análisis en TEA han aportado una serie de elementos que, si bien no aseguran la eficacia del programa a implementar, potencian las posibilidades de éxito terapéutico, por lo que deben ser tenidas en cuenta a la hora de elegir un plan de tratamiento.

  • La intervención debe ser precoz. La misma debería comenzar ni bien se confirma el diagnóstico de autismo. En casos donde la sospecha sea fuerte y sea evidente la necesidad de abordar ciertos comportamientos (por ejemplo lenguaje), incluso puede iniciarse antes de tener un diagnóstico.
  • La intervención debe ser intensa. En general, y siempre teniendo en cuenta variables personales, un programa intenso contiene entre 25 a 40 horas semanales. La carga horaria no algo estático, sino que varía de acuerdo al momento cronológico del niño, gravedad de síntomas, nivel de desarrollo del niño, etc.
  • Los familiares tienen que tener una participación activa en los tratamientos. Todo abordaje debe tener un componente de asesoramiento familiar. A su vez, padres y cuidadores deben convertirse en coterapeutas de los niños.
  • El plan de tratamiento debe ser lo más abarcativo posible, incluyendo las principales áreas en la vida de la persona: lenguaje, comunicación, ocio, motricidad, habilidades sociales, actividades pedagógicas y académicas y autovalimiento.
  • Continua evaluación, seguimiento y registro de los progresos. Esto funciona por un lado como verificación objetiva de los avances, a la vez que permite detectar focos donde la intervención no está dando los resultados esperados.
  • Niveles altos de apoyos físico, temporal y personal. De ser posible la enseñanza debe ser de 1 a 1 y estructurada.
  • Planificación de la generalización de los aprendizajes a nuevas conductas, situaciones y personas. Un error común en los tratamientos, es esperar a que los niños por sí solos sistematicen lo aprendido en terapias. La generalización puede y debe ser planificada con cada plan de trabajo.
  • Un enfoque positivo y funcional frente a los problemas de conducta. Los aprendizajes y refuerzos positivos deberán priorizarse frente a los castigos e intervenciones restrictivas. El análisis funcional de la conducta se revela como instrumento fundamental para reducir comportamientos disfuncionales a la vez que se incrementan los adaptativos.
  • En la medida que sea beneficioso para ellos, los niños deben recibir tratamientos o enseñanza especializada en los contextos donde otros niños sin discapacidad se desenvuelven. Esto es priorizar, siempre que sea posible, la inclusión de las personas con TEA.

Comentarios finales

Ante una creciente oferta de tratamientos para el Trastorno del Espectro Autista necesitamos, como terapeutas y padres, herramientas que nos permitan tomar decisiones a la hora de elegir como tratar a las personas. La investigación científica nos ayuda con su metodología a tomar dichas decisiones. Está claro que aún falta mucho por indagar y que no existe ningún procedimiento que sirva para todas y cada una de las personas. No obstante, el conocimiento actual muestra que —no todo da igual— y que nuestras elecciones (como profesionales) pueden ser guiadas por los diferentes niveles de evidencia que tienen los tratamientos.

Quienes deseen leer la revisión completa mencionada en este artículo, pueden descargarla aquí.

  • Artículos de opinión (Op-ed)

El psiquiatra desilusionado

  • 18/12/2017
  • Equipo de Redacción

Este artículo fue escrito por la Dra. Eve A. Wood, psiquiatra integrativa preocupada por el bienestar de sus colegas en medicina, por lo cual trabaja con ellos como consultora para eliminar estigmas y miedos que tienen consecuencias en la profesión. La traducción fue realizada por Alejandra Alonso. Puedes leer el artículo original en Mad in America.


***

Muchos de nosotros, los psiquiatras, nos encontramos en una lucha con respecto a nuestra profesión y nuestro campo. Nuestras tasas de burnout están por las nubes. El suicidio es común; 400 doctores en EE.UU. se suicidan anualmente y en los últimos 12 meses, el 5% de los médicos ha considerado suicidarse. El aislamiento y la desesperanza abundan entre los médicos. Y el 40% de ellos no ha buscado ayuda de ningún tipo, por miedo a que les quiten su licencia de trabajo. ¡Es con toda seguridad un problema serio!

Nosotros los psiquiatras fuimos alguna vez “médicos del alma”, que es el verdadero significado de la palabra psiquiatra. No hace tanto tiempo atrás, nuestro trabajo involucraba entrar a lo más hondo del mundo de nuestros pacientes y acompañarlos a encontrar salud y transformación. Muchos fuimos atraídos al campo de la psiquiatría porque nos daba la mejor oportunidad de conocer y ayudar a otros en necesidad de ser curados. Se entendía ampliamente que la relación terapéutica era clave para este proceso.

Antes pasábamos mucho tiempo con nuestros pacientes y éramos profundamente conscientes del poder de nuestras palabras para hacer daño y para sanar. Aunque a veces prescribíamos alguna medicina, no lidiábamos con un universo de diagnósticos cuestionables en constante expansión y recomendaciones de medicamentos sin fundamento. No nos sentíamos traicionados por las organizaciones en las que confiábamos nos diera las mejores herramientas para hacer nuestro trabajo. Nos sentíamos muy felices y realizados en nuestro labor. Lamentablemente esa realidad se ha transformado totalmente.

¡Los cambios que he visto en el campo de la psiquiatría en el curso de mis 35 años de medicina son abrumadores! Cosas antes impensables ahora son comunes. El 15 de octubre del 2017 apareció un artículo en Doximity’s Op-(med) feed escrito por Jeffrey Alan Vernon, y titulado: Porqué el entrenamiento en psicoterapia no debería ser parte de la residencia en psiquiatría. Para aquellos que no lo sepan, Doximity es un servicio de redes sociales en línea para médicos de EE. UU. Lanzada en Marzo del 2011, Doximity contaba con 800.000 miembros verificados hasta Febrero del 2017. Desde la publicación del artículo del Dr. Vernon, 214 médicos, mayormente psiquiatras, lo han comentado. Muchos estaban realmente preocupados por la sugerencia de que la psicoterapia fuera relegada a otro lugar, y el psiquiatra estuviera “libre” para hacer más “manejos médicos”. Pero 32 de ellos han expresado estar de acuerdo con el artículo.

Ahora se cree que los psiquiatras somos proveedores más que sanadores

Una noción que este artículo refleja y que nuestra cultura ha adoptado, es que se considera al psiquiatra como un médico experto, cuyo trabajo es la enfermedad y la prescripción de medicamentos. Ahora se cree que los psiquiatras somos proveedores más que sanadores. Este creciente movimiento que cuestiona la importancia del psiquiatra que se compromete profundamente con sus pacientes, para tratar de la mejor manera los desafíos que atraviesan, es muy desalentador. Y yo creo que es un factor que influye en nuestro estrés como psiquiatras.

Muchos estamos desilusionados con nuestra profesión. Hemos experimentado una pérdida de sentido, propósito, conexión y esperanza. A medida que el campo se aleja de la maravilla y patologías de la existencia humana y se adopta un modelo que reduce la vida a una lista de síntomas y prescripción de pastillas, hemos perdido contacto con lo que nos hace humanos. El campo psicoanalíticamente orientado en el que yo fui formada, la psiquiatría psicodinámica, hablaba de seres humanos complejos que sufrían y luchaban. Como psiquiatras, tuvimos la oportunidad de conocer a estas personas y escuchar sus historias en forma íntima.

“La psiquiatría moderna nos da un sentido tan empobrecido de lo que significa ser humano”, me dijo Robert Whitaker, “y ha hecho desastres por donde miremos”. Los conductores de este cambio cataclísmico, de compartir historias a tomar pastillas, incluyen a las mismas instituciones que esperábamos que nos protegieran y lo previnieran.
Mucho se ha escrito en Mad in America sobre la gran traición de la APA (Asociación Americana de Psiquiatría), la industria farmacéutica, la FDA (Administración de Drogas y Alimentos) y gremios interesados en perpetuar esta castillo de naipes. No necesito hacer una revisión aquí. Pero si necesito decir que muchos de nosotros nos cuestionamos si hemos ayudado o hemos hecho daño a nuestros pacientes a través de algunas de nuestras intervenciones, confundidos sobre en quién podemos confiar y con muchas preocupaciones sobre lo que debemos y necesitamos hacer de ahora en adelante.

Nosotros los psiquiatras ya no tratamos pacientes, sino que “manejamos medicinas”

Como muchos de nosotros, he sido medico por gran parte de mi vida adulta. Amo haber tenido la oportunidad de ayudar a aquellos que estaban sufriendo y, a cambio, he aprendido de ellos. Siempre me he sentido privilegiada de ser bienvenida a lo más profundo del corazón y alma de otros y de que se me diera la oportunidad de acompañarlos a encontrar mejores resultados. Me he sentido bendecida de ser una sanadora y maestra. Pensé que ejercería la psiquiatría para siempre.

Nunca esperé tener que preocuparme de que la caja de herramientas que se me dio para hacer mi trabajo estuviera llena de implementos oxidados y pociones inefectivas. Nunca pensé que se me empujaría a hacer cosas que tienen el potencial para lastimar o incluso matar personas. Pero hoy se que nuestras drogas pueden hacerlo. Mientras la cortina se corría y la macabra naturaleza del universo farmacéutico se revelaba, me sentí completamente abrumada y personalmente cambiada.

A lo largo de mi carrera he visto médicos convertirse en “proveedores de medicamentos”. He visto desaparecer la capacidad de un médico de preocuparse por sus pacientes de la oficina al hospital y de nuevo a la oficina. Yo solía estar disponible para mis pacientes dentro y fuera del hospital. Ahora tenemos médicos que solo ven pacientes en el hospital. Se llaman «hospitalistas». Y no podemos ver a nuestros propios pacientes en el hospital porque sus aseguradoras controlan a dónde van y a quién pueden ver.

Nosotros los psiquiatras ya no tratamos pacientes, sino que “manejamos medicinas”. Casi todos usamos un record de salud electrónico (EHR, se utiliza para recolectar información de pacientes o poblaciones en formato digital), en el cual necesitamos documentar las notas clínicas y prescripciones. Dicha actividad quita tiempo preciado de los pocos momentos cara a cara que tenemos con nuestros pacientes. Todo el trabajo de la visita, que frecuentemente solo dura 20 minutos, debe ser documentado en un incómodo EHR que solo nos resta tiempo.

En 1997, a principios de mi carrera, los Estados Unidos se convirtieron en el primer país en el mundo en permitir a la industria farmacéutica que comercializara sus productos directamente al consumidor. Hasta ese entonces, solo podían comercializarlos a nosotros los médicos. Nosotros los doctores aunque sea podíamos ser reguladores en ese entonces. Ahora, el presupuesto de marketing de la industria farmacéutica empequeñece enormemente su nuevo presupuesto de desarrollo de fármacos, y las compañías farmacéuticas bombardean al público con mensajes sobre todo lo que tienen de malo, necesitando siempre una otra “pastilla maravillosa” para solucionarlo. Nuestros pacientes vienen demandando medicamentos específicos, y un estudio recientemente publicado ha demostrado que podemos obtener malas críticas como médicos si no prescribimos y ordenamos lo que el paciente quiere. Desafortunadamente, muchas organizaciones esperan que obtengamos revisiones consistentemente buenas, independientemente de los desafíos que se presentan por hacerlo.

Al escribir estas palabras, me siento profundamente triste por lo que todos hemos perdido. Ya no tenemos esa habilidad de preocuparnos por aquellos que están sufriendo y el optimismo y confianza de que podemos recobrarnos de los golpes, heridas y contratiempos que son cuestiones de la vida. Se nos ha dirigido en manada hacia la prescripción de pastillas, ciegamente y sin lógica o justificación. No se nos ha respetado o escuchado. Nos han dado pocas opciones. Y nosotros hemos llegado a confiar y creer que necesitamos cosas que pueden estar interfiriendo con nuestra buena vida. Todos hemos hecho un gran daño. ¡Nos merecemos mucho más!

Yo creo, y tal vez tu también, que el cuidado médico debería tratarse de ayudar a las personas. No debería ser dirigido ante todo por las ganancias. El paciente debería ser el centro del modelo y la prioridad. La organización profesional de uno debería ser el baluarte contra el que podemos contar para recibir apoyo y hacer nuestro mejor esfuerzo. Pero todo el campo se ha enloquecido. Y nosotros los psiquiatras, y nuestros pacientes, hemos sido las víctimas. Esto es verdaderamente trágico. Entender esto es suficiente para que queramos acurrucarnos y darnos por vencidos. Pero somos resilientes y capaces. Así que nos vamos a levantar, sacudirnos el polvo y empezar a mirar hacia a donde nos dirigimos ahora.

He decidido escribir este artículo de opinión porque creo que los psiquiatras desilusionados necesitamos un foro para conectarnos, ser escuchados, apoyarnos y recibir ayuda. Es duro hablar, y hacerlo públicamente, en contra del modelo imperante. Y es difícil saber para dónde ir, o qué hacer, cuando todos los trabajos abiertos para ti— y hay miles — son fundamentalmente los mismos.

Somos resilientes y capaces. Así que nos vamos a levantar, sacudirnos el polvo y empezar a mirar hacia a donde nos dirigimos ahora.

Los residentes de último año de psiquiatría reciben un promedio de 100 ofertas de trabajo para hacer manejo de medicinas. Y no hay otras opciones. Muchos graduados tienen préstamos educativos enormes que pagar y puede que no tengan mucho conocimiento de los riesgos del modelo imperante. El entrenamiento en psicoterapia en la residencia psiquiátrica tal vez ni siquiera pueda emplear opciones terapéuticas para abordar el estrés y promover la transformación en los pacientes.

Los psiquiatras no podemos permanecer en el paradigma imperante y al mismo tiempo luchar para cambiarlo. Yo misma traté de trabajar con el nuevo modelo durante 10 años. Y me hizo muy mal. Estaba viendo pacientes sin parar, perdí mucho peso, estaba ansiosa e inestable y tenía problemas para dormir. Traté de trabajar en una serie de organizaciones diferentes, pensando que en otro lado sería distinto. Pero aprendí que el modelo y los desafíos eran básicamente los mismos en todas ellas. En mi último empleo, tuve tantas visitas de pacientes en tres años como en 10 años de consultorio privado a tiempo completo. ¡Y escribí más prescripciones en esos tres años que las que escribí en los 20 años previos!

Por último, me encontré incapaz de seguir trabajando en el modelo de manejo de medicinas, esa casilla donde muchos de nosotros residimos ahora. ¡Pero irme también fue difícil! No tenía idea de qué hacer. Y amo ser doctora, no quería dejarlo. Sin embargo, lo que estaba haciendo, y lo que se me pedía que hiciera, corría en contra de mis más profundas creencias sobre lo que significaba participar en el saneamiento. Luche mucho. Y realmente no habían muchos lugares seguros para hablar de esto. No podía hablarlo con mis supervisores en el trabajo, donde desafiaría el modelo financieramente dirigido de la organización. No podía escribirlo abiertamente, por miedo a perder credibilidad como psiquiatra. No veía forma de mejorar y me seguía sintiendo más y más aislada y estresada. Así que finalmente me fui, en Marzo del 2017.

Desde entonces, he estado aprendiendo mucho sobre lo que nos aflige, y lo que nos inhabilita a buscar ayuda. He sido capaz de escribir más abiertamente sobre dónde estoy y en qué creo. Y he decidido que necesito proveer ayuda y apoyo como consultora a mis colegas que pueden estar experimentando dificultades similares y no tienen un lugar a donde hablar de ellas. Nuestro estrés, literalmente, nos está matando.

Recientemente tuve la oportunidad de asistir a la primer Conferencia sobre la Salud del Médico en San Francisco, co-patrocinado por la AMA (Asociación Americana de Medicina) y la Universidad Stanford. Habían 375 lugares, pero dada la extraordinaria demanda, aceptaron a 425 participantes y ¡tuvieron una lista de espera de 100 más! Claramente estamos luchando por algo de apoyo y guía.

El ex Cirujano General de los EE. UU., el doctor Murthy, habló sobre la creciente deshumanización y despersonalización en medicina. Habló además sobre nuestra necesidad de ser valorados, entendidos, queridos y apreciados. Dijo que “los lugares de trabajo no priorizan las conexiones sociales con nuestros colegas” y que los doctores están sufriendo y su dolor es válido.” Habló de la falta de autoeficacia que muchos sentimos y del costo personal extremo que involucra hacer un gran trabajo por nuestros pacientes. Se utilizó la aplicación 2shoes app para preguntas, así que los participantes podían votar preguntas formuladas para cada orador, para que el moderador supiera cuáles eran las que más querían que respondieran- La primera y más votada para el Dr. Murthy fue: “¿Cómo desestigmatizamos el hecho de que los médicos busquen ayuda?”. Aplaudo a la Universidad Stanford, la AMA, los oradores y al Dr. Murthy por validar este crucial problema.

Artículo de opinión: La opinión es una creencia subjetiva, y es el resultado de la emoción o la interpretación de los hechos. Una opinión puede ser apoyada por un argumento, aunque las personas pueden dibujar las opiniones opuestas de un mismo conjunto de hechos. Este artículo representa la opinión del autor y no necesariamente de aquellos que colaboran en Psyciencia.

Imagen: Ümit Bulut on Unsplashs

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  • David Aparicio

El Dr. Alberto Soler Montagud explica algunos de los componentes filosóficos del suicidio:

Debemos considerar la agresión como un componente natural e inherente al ser humano del que pueden surgir consecuencias negativas si no es canalizado mediante los mecanismos adecuados, algo que suele ir asociado al instinto suicida de quienes han reprimido previamente su agresividad, o bien utilizan mecanismos inadecuados de descarga de sus instintos violentos (por ejemplo, dirigiéndolos contra ellos mismos).

El vacío existencial es otro factor importante a la hora de explicar como se puede llegar al suicidio. Este vacío se produce en aquellas situaciones en las que el individuo no encuentra un sentido a la vida —tal vez nunca lo encontró— y concluye que nada justifica que merezca la pena vivir. El vacío existencial es una sensación inherente a la condición humana y a la experiencia vital del individuo, un estado que le aleja de su propia identidad, le distancia de la realidad y le predispone a la depresión, el aburrimiento, la apatía, la tristeza y el pesimismo.

Desde una perspectiva transcultural, la cultura occidental y la oriental interpretan el vacío existencial de un modo completamente distinto. Mientras para los occidentales suele vincularse con la depresión, los orientales lo asocian a un nivel superior donde el ser humano tiende a alcanzar un estado de serenidad en el que nada lo perturbe. En nuestro contexto occidental —y en situaciones y personalidades especiales— el vacío existencial puede predisponer al suicidio como un modo de acabar con el sufrimiento.

Lee el artículo completo en Gestalt Terapia.

  • Artículos de opinión (Op-ed)

Por qué es tan importante la filosofía en la educación científica

  • 13/12/2017
  • Equipo de Redacción

El siguiente artículo fue escrito por Subrena Smith, profesora asistente de Filosofía en la Universidad de New Hampshire y traducido por Alejandra Alonso. Puedes leer el artículo original en inglés aquí.


***

Cada semestre doy cursos sobre la filosofía de la ciencia a alumnos de la Universidad de New Hampshire. La mayoría de los estudiantes toma mis cursos para cumplir con requerimientos educativos generales, muchos nunca antes habían tomado una clase de filosofía.

El primer día del semestre, trato de darles una idea de lo que es la filosofía de la ciencia. Comienzo por explicarles que la filosofía aborda cuestiones que no pueden ser resueltas solo con hechos o datos y que la filosofía de la ciencia es la aplicación de este enfoque al dominio de las ciencias.

Luego les explico algunos conceptos que serán centrales para el curso: inducción, evidencia y método en investigación científica. Les digo que la ciencia procede por inducción, la práctica donde se recurre a observaciones pasadas para sacar conclusiones generales sobre lo que todavía no se ha observado, pero que los filósofos ven a la inducción como inadecuadamente justificada y, por ende, problemática para la ciencia. Luego toco el tema de la dificultad para decidir qué evidencia encaja con cada hipótesis de forma única y porqué hacerlo correctamente es vital para cualquier investigación científica. Les dejo saber que el “método científico” no es singular y directo y que hay disputas básicas sobre cómo debería ser la metodología científica. Por último, enfatizo que aunque estas cuestiones sean “filosóficas”, igualmente tienen consecuencias reales sobre cómo se lleva a cabo la ciencia.

En este punto, me suelen hacer preguntas como: ‘¿Cuáles son sus títulos?’ ‘¿A qué Universidad asistió?’ ‘¿Es usted científica?’

Tal vez me hacen estas preguntas porque, como filósofa mujer de origen jamaicano, personifico un grupo de identidades no familiares, y ellos se sienten curiosos. Estoy segura de que, en parte, ese es el caso, pero también pienso que hay algo más, porque he observado un patrón similar en un curso de filosofía de la ciencia impartido por un profesor que encaja mejor en los estereotipos. Como estudiante graduada de la Universidad Cornell en Nueva York, me desempeñé como docente asistente en un curso sobre naturaleza humana y evolución. El profesor que lo impartía daba una impresión personal muy diferente a la mía. Era un hombre blanco, con barba y rondaba los 60 años— la imagen misma de una autoridad académica. Pero los estudiantes eran escépticos sobre su visión de la ciencia porque, como algunos expresaron reprobatoriamente: ‘El no es científico’.

Yo pienso que dichas razones tienen que ver con la preocupación sobre el valor de la filosofía comparada con el de la ciencia. No me sorprende que algunos de mis alumnos tengan sus dudas sobre si los filósofos tienen algo útil que decir sobre la ciencia. Son conscientes de que científicos prominentes han afirmado públicamente que la filosofía es irrelevante para la ciencia, si no absolutamente carente de valor y anacrónico. Saben que a la educación en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se le concede una importancia mucho mayor que a cualquier cosa que las humanidades tengan para ofrecer.

Muchos de los jóvenes que asisten a mis clases piensan que la filosofía es una disciplina poco clara que solo se preocupa de opiniones, mientras que la ciencia está en el negocio de descubrir hechos, dar pruebas y diseminar verdades objetivas. Más aún, muchos creen que los científicos pueden responder preguntas filosóficas, pero los filósofos no tienen nada que hacer ponderando las científicas.

¿Porqué los estudiantes universitarios suelen tratar a la filosofía como totalmente diferente y subordinada a la ciencia? En mi experiencia, destacan 4 razones.

Una tiene que ver con una falta de conciencia histórica. Los estudiantes universitarios tienden a pensar que las divisiones departamentales reflejan marcadas divisiones en el mundo y así no pueden apreciar que la filosofía y la ciencia, así como también la pretendida division entre ellas, son dinámicas creaciones humanas. Algunas de las materias que ahora se etiquetan como ‘ciencia’ solían tener diferentes títulos. La física, la más segura de las ciencias, fue alguna vez del ámbito de la ‘filosofía natural’. Y en la facultad de matemáticas alguna vez estuvo también incluida la música. El alcance de la ciencia se ha reducido y ampliado a la vez, dependiendo del tiempo, lugar y contexto cultural donde era practicada.

Otra razón tiene que ver con resultados concretos. La ciencia resuelve problemas del mundo real. Nos da tecnología: cosas que podemos tocar, ver y usar. Nos da vacunas, cultivos OGM y analgésicos. La filosofía no parece, para el estudiante, tener nada tangible para mostrar. Pero, por el contrario, los tangibles filsófios son muchos: Los experimentos de pensamientos filosóficos de Albert Einstein hicieron que Cassini fuera posible. La lógica de Aristóteles es la base de la informática, que nos dio celulares inteligentes y computadoras. Y el trabajo de los filósofos sobre el problema mente-cuerpo preparó el escenario para el surgimiento de la neuropsicología y, por lo tanto, de la tecnología de imágenes cerebrales. La filosofía siempre ha estado trabajando silenciosamente en el fondo de la ciencia.

Una tercera razón tiene que ver con preocupaciones sobre la verdad, objetividad y sesgos. La ciencia, insisten los estudiantes, es puramente objetiva, y cualquiera que desafíe esa visión debe estar confundido, perdido. No se cree que una persona sea objetiva si enfoca su investigación con una serie de suposiciones de fondo. En su lugar, es ‘ideológica’. Pero todos estamos ‘sesgados’ y nuestros sesgos alimentan el trabajo creativo de la ciencia. Esta cuestión puede ser difícil de tratar, porque una concepción ingenua de la objetividad esta fuertemente arraigada en la imagen popular de lo que la ciencia es. Para abordarlo, invito a los estudiantes a mirar algo que este cerca sin ninguna presuposición. Luego les pido que me digan qué ven. Hacen una pausa…y luego reconocer que no pueden interpretar sus experiencias sin basarse en ideas anteriores. Una vez que han notado esto, la idea de que puede ser apropiado hacer preguntas sobre la objetividad en la ciencia deja de ser tan extraña.

La cuarta fuente de incomodidad para los estudiantes viene de lo que ellos toman por sentado que es la educación científica. A uno le da la impresión de que piensan que la ciencia se basa principalmente en las cosas que existen—los “hechos”— y la educación científica en enseñar lo que son estos hechos. No me conformo a estas expectativas. Pero como filósofa, me preocupa mucho cómo se seleccionan e interpretan estos hechos, por qué algunos se consideran más importantes que otros, la forma en que los hechos están inmersos en presuposiciones y así sucesivamente.

Los alumnos responder a menudo a estas preocupaciones afirmando impacientemente que los hechos son hechos. Pero decir que una cosa es idéntica a sí misma no es decir nada interesante. A lo que se refieren los estudiantes cuando dicen “los hechos son hechos” es que una vez que tenemos “los hechos” no hay lugar para interpretaciones o desacuerdos.

¿Por qué pensamos así? No es porque esta sea la forma en que se practica la ciencia, si no que más bien es la forma en que se enseña normalmente. Hay un intimidate número de datos y procedimientos que los estudiantes deben dominar si quieren ser científicamente letrados, y solo tienen una limitada cantidad de tiempo en la que aprenderlos. Los científicos deben diseñar sus cursos para mantenerse al día con el conocimiento empírico en rápida expansión, y no tienen el placer de dedicar horas de clase a preguntas que probablemente no están capacitados para abordar. La consecuencia involuntaria es que los estudiantes a menudo salen de sus clases sin darse cuenta de que las preguntas filosóficas son relevantes para la teoría y la práctica científica.

Pero las cosas no tienen que ser de esta manera necesariamente. Si la plataforma educacional correcta se instala, los filósofos como yo no tendremos que trabajar contra el viento para convencer a los estudiantes de que tenemos algo importante que decir sobre la ciencia. Para ello necesitamos la asistencia de nuestros colegas científicos, a quienes los estudiantes ven como los únicos proveedores legítimos de conocimiento científico. Propongo una división de trabajo explícita. Nuestros colegas científicos deberían continuar enseñando los fundamentos de la ciencia, pero pueden ayudar al aclarar a sus alumnos que la ciencia está llena de importantes problemas conceptuales, interpretativos, metodológicos y éticos, que los filósofos tienen una posición única para abordarlos y que, lejos de ser irrelevantes para la ciencia, las cuestiones filosóficas se encuentran en su corazón.

  • Ciencia

Malas noticias para los más inteligentes

  • 13/12/2017
  • Alejandra Alonso

Además de lo obvio, se ha observado que las personas inteligentes tienen otras ventajas, en general parecen ser más felices que las personas menos inteligentes (tal vez debido a la posibilidad de acceder a mejores oportunidades y empleos). También se ha observado que tienden a ser más longevas y gozar de mejor salud.

Sin embargo, una investigación publicada en el journal Intelligence y llevada a cabo por la científica del Pitzer College, Ruth Karpinski y sus colegas, trae algunas malas noticias para las personas con un Cociente Intelectual (CI) alto.

¿Cómo se llevó a cabo el estudio?

El equipo envió correos electrónicos que contenían una encuesta sobre condiciones de salud física y mental a miembros del Mensa, una sociedad de personas con CI alto, que requiere que sus miembros tengan una puntuación de 132 o más en los tests de inteligencia (el promedio de la población general es 100).

La encuesta realizada a los miembros de Mensa encontró que eran más propensos a sufrir de una variedad de trastornos graves. La misma cubría trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, TDAH y TEA. También se indagó sobre alergias ambientales, asma y enfermedades autoinmunes.

Se les pedía a los participantes que reportaran si habían sido formalmente diagnosticados con cada condición nombrada o si sospechaban que sufrían de alguna de ellas y luego se procedió a evaluar los datos de las personas con un diagnóstico formal y también se incluyó una opción que llamaron “combinado”, donde a los datos antes nombrados sumaron los de las personas que sospechaban tener una condición. El 75% (es decir, 3.715 individuos) respondió a la encuesta y el equipo de científicos procedió a comparar los resultados obtenidos para cada trastorno con el promedio nacional.

¿Cuáles fueron los resultados?

Las mayores diferencias entre ambos grupos se observaron en los trastorno de ansiedad y del estado de ánimo. El 26.8% de los participantes reportó haber sido diagnosticado con un trastorno del estado de ánimo (vs el 9.5% del promedio nacional), mientras que el 20% reportó tener un trastorno de ansiedad (un porcentaje mucho mayor que el promedio nacional, que es de 10%). Aunque las diferencias eran más pequeñas en gran parte de las otras condiciones, seguían siendo estadísticamente significativas. La prevalencia de alergias ambientales triplicaba a la del promedio nacional (33% vs. 11%).

¿Cómo explican los autores sus hallazgos?

Para explicar sus hallazgos, Karpinski y sus colegas recurren a la teoría del hiper cerebro/hiper cuerpo. De acuerdo con dicha teoría, una inteligencia superior está asociada a una “sobre-excitación” (OE por su nombre en inglés ”overexcitabilities”) fisiológica y psicológica. Este concepto fue introducido por el psiquiatra y psicólogo polaco Kazimierz Dbrowski en la década de 1960, y se refiere a una reacción intensa a situaciones del ambiente.

Las OEs psicológicos se traducirían en una marcada tendencia a la rumiación y la preocupación, mientras que las OEs fisiológicas surgen de la respuesta corporal al estrés. Según la teoría del hiper cerebro/hiper cuerpo, esos dos tipos de OEs son más comunes en personas con una inteligencia alta, e interactúan entre sí en un “círculo vicioso” causando disfunción psicológica y fisiológica. Por ejemplo, una persona altamente inteligente puede sobre-analizar un comentario de desaprobación de su jefe, imaginando resultados negativos que nunca le ocurrirían a una persona menos inteligente. Esto puede activar la respuesta corporal de estrés, lo que a su vez aumentará la ansiedad.

Implicaciones

Los resultados deben ser tomados cautelosamente ya que son correlacionales. Es decir que haber encontrado que cierto trastorno es más común en personas con un CI más alto no quiere decir que la inteligencia causa dicho trastorno. También es posible que las personas que se unen a Mensa difieran de la población general en otros aspectos a parte del CI.

La investigación de Karpinski y su equipo nos ayuda a conocer un poco más sobre la relación entre salud e inteligencia. Otra posibilidad es que las asociaciones observadas se deban a algún gen pleiotrópico (es decir un gen que influye en rasgos aparentemente no relacionados), como sugieren algunos estudios como el de Rosalind Arden (2015), donde se observó que la relación entre la longevidad y el CI podía explicarse en gran parte por factores genéticos.

Desde el punto de vista clínico, estos hallazgos y los de futuras investigaciones que se realicen a partir de ellos, nos sirven para mejorar el bienestar fisiológico y psicológico de las personas.

Fuente:Scientific American

Sin categoría

Keaton Jones, el niño que evidencia lo que sufren millones de niños a causa del bullying y la internet le muestra su apoyo

  • 12/12/2017
  • David Aparicio

Keaton Jones es un niño de sexto grado que sufría constantemente de bullying, pero llegó el día en que no pudo soportar más y en un momento de crisis le cuenta a su madre el calvario que pasaba e intenta encontrar el “porqué” de las burlas. En ese momento su madre lo grabó y compartió el video en su cuenta de Facebook para que otros padres y amigos entendieran el sufrimiento de su hijo. Con el pasar de las horas el video se viralizó al punto de que muchas celebridades le escribieron a Keaton en señal de apoyo.

“Se ríen de mi nariz, dicen que soy feo, que no tengo amigos”, asegura entre sollozos Keaton a su madre, quien contó que lo recogió de clase porque, según dijo, su hijo tenía miedo de almorzar con sus compañeros. “Me tiran leche y ponen jamón dentro de mi ropa, me lanzan trozos de pan”, explica el niño.

El bullying es un asunto que todos debemos tomar muy en serio, ya que puede dejar serias secuelas en la salud física y mental de lo que lo sufren. Por ejemplo, los niños que sufren de bullying son más propensos a sufrir de baja autoestima, bajo rendimiento académico, sufrir de depresión y ansiedad y autolesionarse.

¿Qué podemos hacer? Nuestros colegas del centro de atención psicológica Sensorium nos ofrecen las siguientes recomendaciones:

  • Prestar atención a los indicadores de riesgo, por ejemplo: aislamiento social, perdida de interés en las actividades que anteriormente disfrutaban, baja en el rendimiento académico, moretones o lesiones sin explicación aparte, pedidos de “dinero extra”, pérdida frecuente de materiales escolares (cuando no era frecuente)
  • Conversar sobre sus relaciones sociales y adentrarse en conocer sus amigos y vínculos que tienen en la escuela. Saber si tiene amigos, con quienes se relaciona y cómo lo tratan. Establecer un espacio de conversación abierta y libre de juicios.
  • En caso de sospechas hablar con los profesores/directivos del colegio en lugar de los padres del acosador.
  • Enseñar estrategias de resolución de problemas y habilidades sociales asertivas. No incentivar a pelear, porque esto puede empeorar la situación y ponerlo en situación de riesgo innecesaria.
  • Involucrar al niño en actividades extracurriculares fuera del contexto escolar, en las cuales pueda hacer amigos dentro de un nuevo circulo social.
  • Buscar ayuda profesional de un psicólogo especialista en psicoterapia infantil.

Ojalá todos los niños que sufren de bullying encontraran el apoyo y contención que recibió Keaton. Este video es un llamado de atención para todos nosotros. Tenemos que estar alerta ante los niños que están expuestos al acoso escolar. No podemos quedarnos con los brazos cruzados esperando que otros intervengan. Tenemos que dar nuestro apoyo y protección a los más vulnerables.

  • Recursos

Guía práctica del trastorno límite de la personalidad (PDF)

  • 12/12/2017
  • Equipo de Redacción

El trastorno límite de la personalidad (TLP) consiste en un patrón persistente de inestabilidad en las relaciones interpersonales, afecto y autoimagen con escaso control de impulsos.

Esta GPC, resultado del trabajo de un grupo de profesionales vinculados a la atención de los pacientes con TLP y de expertos en metodología de elaboración de GPC, pretende dar a la población y a los profesionales sanitarios una herramienta útil que aporte recomendaciones basadas en la evidencia científica y en el mayor consenso posible sobre la atención a las personas afectadas de TLP: consideraciones generales (diagnóstico, manejo general y prevención), intervenciones psicosociales, tratamiento farmacológico, gestión de la crisis y organización de servicios y programas.

Asimismo, pretende disminuir la incertidumbre y la variabilidad en la práctica clínica y facilitar unos criterios comunes que hagan posible una actuación coordinada entre profesionales de distintos ámbitos clínicos y niveles asistenciales de la red sanitaria. Con seguridad, que la aplicación adecuada de la GPC sobre TLP, contribuirá a mejorar la calidad y la efectividad de la atención que se presta a estos pacientes desde los servicios de salud.

Descarga la guía completa en formato PDF.

Sin categoría

Encuentran signos patológicos de Alzheimer en los delfines

  • 12/12/2017
  • Rita Arosemena P.

Los delfines han sido siempre de las criaturas más interesantes por estudiar gracias a la semenjanza que guardan con los humanos en términos de biología cerebral y costumbres.

Ahora, un grupo de investigadores del Reino Unido y los E.E.U.U. asegura haber encontrado signos de Alzheimer patológico en delfines, lo cual aportaría información muy valiosa debido a la similitud entre el cerebro del delfín y los cerebros humanos. Los hallazgos derivan de una iniciativa que se remonta a más de una década de estudios realizados en las orillas de España por Gallego-Iradi, uno de los autores del artículo publicado en Alzheimer’s & Dementia.

Estos resultados apoyarían la hipótesis de que los factores que contribuyen a aumentar el riesgo de desarrollar Alzheimer en los delfines son la longevidad posterior a la fertilidad, es decir la supervivencia de una especie muchos años después de que los años de procreación han finalizado.

las investigaciones sugieren que el alzheimer y la diabetes no son enfermedades de la vejez, sino de una larga vida posterior a la fertilidad

Como sabemos, el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que conduce a la pérdida de memoria y a cambios en la capacidad cognitiva. Además, el Alzheimer no sólo merma la calidad de vida de quienes padecen la enfermedad conduciéndolos finalmente a la muerte, sino que también afecta directamente a familiares y seres queridos.

Actualmente, el Alzheimer es la sexta causa de muerte común en los Estados Unidos, con un aumento del 55% entre 1999 y 2004. Estas cifras motivan a los científicos e incluso a celebridades a aunar esfuerzos para profundizar en los mecanismos de desarrollo de la enfermedad y llegar al desarrollo de una cura.

El secreto podría estar en la longevidad de los delfines

Los delfines pertenecen a un orden de mamíferos llamados cetáceos que se ha adaptado para vivir en el agua, no obstante y a pesar de que los humanos somos seres terrestres, las similitudes entre el cerebro de los delfines y el cerebro humano son evidentes y podrían ocultar información clave.

La razón de esta similitud está en que el cerebro de los delfines, así como el de otros cetáceos, se ha estado expandiendo en los últimos 50 a 60 millones de años, un proceso llamado encefalización que ha influido en las complejas relaciones sociales que mantienen los delfines.

Sumado a esto, se halla el factor longevidad que comparten también los delfines y los humanos, lo cual podría sugerir que ambas especies hayan desarrollado maquinarias moleculares y características patológicas similares, incluidas enfermedades neurodegenerativas similares, vinculadas con el hecho de que vivan tanto tiempo.

Esta información es clave porque la longevidad es uno de los factores más relevantes en las enfermedades neurodegenerativas.

Los cetáceos son excepcionalmente propensos a un estado de prediabetes y son uno de los pocos animales, además de los humanos, con una vida útil prolongada después de la fertilidad. Esto, aseguran los autores del estudio, indica un mecanismo que vincula una larga vida post-fertilidad con el desarrollo del Alzheimer, así como una predisposición a la resistencia a de insulina.

Los científicos también han encontrado una tendencia a desarrollar depósitos de amiloide cerebral en nuestros parientes evolutivos: los simios y los monos, y en nuestras mascotas: los perros y los gatos. También ha sido vista esta peculiaridad en animales salvajes en cautividad, como los osos.

Los expertos buscan la forma de entender por qué sucede esto, y algunas posibles razones son la mala calidad del agua, el hecho de que los animales vivan en aguas muy profundas, desequilibrio y confusión creados por cambios en el campo magnético de la tierra, contaminación por metales pesados, contaminación por compuestos, virus y parásitos o sonares de barcos que interfieren con la ecolocación de los animales.

Fuente: The Conversation; Alzheimer’s & Dementia

  • Ciencia

Niveles de cortisol elevado en mujeres embarazadas con estrés postraumático

  • 11/12/2017
  • Rita Arosemena P.

Existe evidencia de que la salud física y emocional de una mujer embarazada puede afectar tanto la formación prenatal como el temperamento de un niño, y por ello siempre se habla de un embarazo saludable y de evitar conductas disfuncionales como el consumo de drogas o alcohol y el exponerse a situaciones de riesgo.

No obstante, existen otros factores vinculados con la salud mental y física de una mujer en embarazo que pocos estudios han atendido con la misma dedicación que los efectos del abuso de sustancias, entre ellos: las posibles implicaciones de los estresores pasados y el TEPT (Trastorno de Estrés Post-traumático).

Con el fin de profundizar en cómo influye el TEPT en la salud de una mujer embarazada, un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan realizó un estudio para medir la hormona del estrés cortisol presente en una muestra de mujeres desde las primeras etapas de embarazo hasta las 6 semanas de edad de los bebés. Lo que los científicos encontraron es que las mujeres embarazadas cuyo TEPT es disociativo y se relaciona con abuso o trauma durante la infancia presentan niveles de estrés hasta 10 veces más altos que sus pares, lo cual nos habla de niveles tóxicos muy altos que pueden contribuir a problemas de salud en la generación siguiente, por ejemplo:

  • Nacimiento prematuro
  • Enfermedades cardíacas
  • Presión arterial alta
  • Sobrepeso
  • Depresión
  • Ansiedad

Embarazo y TEPT: descifrando el vínculo

De acuerdo con Julia Seng, autora principal del estudio, la investigación sobre los orígenes del desarrollo nos ha corroborado que el primer entorno del bebé en el cuerpo de su madre tiene implicaciones para la salud a lo largo de toda la vida. Esto significa que una mayor exposición al cortisol puede indicar al feto que debe adaptarse para sobrevivir, aunque esto no contribuya ni a su estado de salud ni a su longevidad.

En este caso, se contó con la participación de 395 mujeres que esperaban a su primer hijo, las cuales se dividieron en cuatro grupos:

  • Mujeres sin trauma
  • Mujeres con trauma pero sin TEPT
  • Mujeres con TEPT clásico
  • Mujeres con TEPT disociativo

Los investigadores midieron el cortisol salival en diferentes momentos durante el día. Luego, 111 de estas mujeres dieron muestras de saliva hasta el postparto. La diferencia en los niveles de cortisol fue mayor en los primeros meses del embarazo, cuando los índices fueron ocho veces más altos por la tarde y 10 veces más altos a la hora de acostarse para el grupo de mujeres con TEPT disociativo.

El subtipo disociativo incluye individuos que cumplen con los criterios de TEPT tradicionales pero que también exhiben despersonalización o desrealización (por ejemplo, alteraciones en la experiencia subjetiva y del mundo).

Para Seng, los resultados de este estudio son útiles porque nos permiten descifrar el vínculo entre el TEPT y el embarazo, así como desentrañar el misterio detrás de las variaciones en los índices de cortisol entre mujeres con TEPT disociativo y TEPT clásico.

Ahora sabemos que distintos tipos de trastorno de estrés pos-traumático actúan de forma diferente en el organismo, produciendo niveles de estrés distintos. Gracias a esto, señala Seng, es posible desarrollar programas de educación específicos para mujeres embarazas con TEPT que les enseñen a trabajar para evitar que el embarazo, la maternidad, el parto, la lactancia y la paternidad temprana desencadenen reacciones de estrés perjudiciales para la salud de su descendencia.

Fuente: Science Daily; Journal of Obstetric, Gynecologic & Neonatal Nursing

Sin categoría

El ejercicio aeróbico puede ayudar a preservar un área cerebral clave para la memoria

  • 11/12/2017
  • Alejandra Alonso
Actividad física

A estas alturas se sabe tanto sobre los beneficios de la actividad física para nuestra salud que debería ser parte de la rutina diaria de todas las personas de cualquier edad y sexo.

Ni siquiera es necesario que la OMS nos lo recuerde, pero se sabe que mejora la salud ósea, ayuda a controlar el peso y, por ende, también disminuye el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y ACVs.

Además, en Psyciencia hemos escrito solo sobre algunos de sus beneficios en salud mental, hemos dicho por ejemplo que puede:

  1. Reducir la ansiedad.
  2. Mejorar el rendimiento escolar de niños con TDAH y hasta podría atenuar algunos síntomas.
  3. Incrementar la capacidad cognitiva.
  4. Beneficiar a la salud cerebral.
  5. Reducir la ideación suicida en víctimas de bullying.
  6. Y funcionar como factor protector para la depresión en niños.

Con los beneficios a nivel cognitivo antes mencionados y su importancia para la salud del cerebro, no es de sorprender que se haya investigado a la actividad física en relación a la demencia y el deterioro cognitivo que ésta supone.

Un estudio reciente encontró por ejemplo que los individuos con Alzheimer tenían patrones de actividad diferentes, eran más sedentarios de mañana (cuando la mayoría de las personas son más activas) pero, con ayuda de sus cuidadores, este patrón puede cambiar (realizando ejercicios tan simples como las caminatas) y así mejorar varios aspectos de su vida como el sueño, la agitación, el deambular y el deterioro cognitivo.

Adicionalmente, otro estudio publicado en Noviembre de este año, halló que el ejercicio aeróbico (que incluye las caminatas, la bicicleta estática y usar la cinta caminadora ya sea para correr o caminar) puede compensar el encogimiento de una región cerebral clave, que mejoraría el funcionamiento de la memoria y mantendría la salud cerebral mientras envejecemos.

¿Cómo se realizó el estudio?

Fue una investigación pionera en su clase y se llevó a cabo por profesionales del National Institute of Complementary Medicine (NICM) en Australia y la División de Psicología y Salud Mental de la Universidad de Manchester en el Reino Unido.

Si bien ya habían evidencias de que el ejercicio aeróbico ayuda a mantener el hipocampo (estructura muy importante para la memoria y otras funciones cerebrales) en animales, todavía no existían estudios en humanos.

Normalmente, la salud de nuestro cerebro se deteriora con la edad. En promedio, el cerebro se encoge un 5% más cada década, luego de los 40 años.

Para el estudio, los investigadores hicieron una revisión sistemática de 14 ensayos clínicos que examinaron escáneres cerebrales realizados a 737 personas antes y después de participar en programas de ejercicio aeróbico o ser parte del grupo control.

Entre los participantes se incluyó a adultos sanos, individuos con impedimentos cognitivos moderados (como Alzheimer) y personas con un diagnóstico clínico de enfermedad mental, incluyendo depresión y esquizofrenia. Las edades oscilaron entre los 24 y los 76 años. El promedio fue de 66 años.

Específicamente, los científicos examinaron los efectos del ejercicio aeróbico como la bici estática, usar la cinta de correr y caminar. La duración de las intervenciones oscilaba entre 3 y 24 meses con un promedio de dos a cinco sesiones semanales.

A grandes rasgos, los resultados mostraron que, aunque la intervención no tuvo efectos en el volumen total del hipocampo, si incrementó significativamente el tamaño de la región izquierda del hipocampo en humanos.

El autor principal, Dr. Joseph Firth, explica que en vez de incrementar el tamaño del hipocampo, el ejercicio enlentece el deterioro del tamaño cerebral. Es decir que cumple una función de mantenimiento, mejorando la salud al envejecer.

Firth opina que hay implicaciones para la prevención de trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer, aunque se necesita más investigación en este área.

Comenzar una rutina de ejercicios, así consista solo en caminatas, es de vital importancia para nuestra salud en general, pero especialmente para el cerebro. No demores en agarrar las zapatillas y comenzar a crear el hábito de hacer ejercicios.

Fuente:PsychCentral

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Curso online: Terapia de activación conductual para la depresión

  • 11/12/2017
  • David Aparicio

La activación conductual para la depresión es una terapia con evidencia fuerte, de bajo costo, flexible ante las necesidades de los pacientes y ha sido recomendada por la APA como tratamiento de primera linea para la depresión, un trastorno que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y catalogado por la OMS como la principal causa de discapacidad.

La activación conductual para la depresión es un tratamiento que incorpora elementos del análisis funcional de la conducta, registro de actividades diarias, herramientas conductuales para tratar con la rumiación y además propone actividades que se conectan con los valores y áreas vitales de cada paciente. Este tratamiento puede utilizarse como tratamiento único o complemento de otra terapia.

Si eres psicólogo, psiquiatra o estudiante avanzado y quieres aprender más sobre este interesante y eficaz modelo terapéutico, los colegas de Terapias Contextuales , te invitan a su nuevo curso online de activación conductual para la depresión avalado por el Dr. Marino Pérez Álvarez, reconocido investigador y autor especializado en terapias basadas en evidencia.

Metodología del curso

El curso cuenta con vídeos didácticos explicativos por cada módulo, vídeos role-playing paso a paso de técnicas y ejercicios, foro de dudas, supervisión y consulta, entrega de actividades a desarrollar, revisión y feedback individualizado por parte de un equipo docente experimentado.

Con el acceso a la plataforma se hará entrega de una licencia para el acceso al manual electrónico editado por Síntesis, Activación Conductual para el tratamiento de la depresión, escrito por los psicoterapeutas de reconocimiento mundial, el Dr. Marino Pérez Álvarez y el Dr. Jorge Barraca Mairal.

¿Para qué me prepara este curso?

Que las personas entren en una situación de depresión es en muchos casos inevitable, pero nosotros podemos estar preparados para atender con calidad a personas que se pueden beneficiar de la Activación Conductual como antidepresivo natural.

La formación de Terapias Contextuales, te prepara para hacer una buena y exhaustiva valoración de la depresión en el paciente que viene a consulta, y así poder implementar estrategias que han mostrado ser eficaces con un fuerte apoyo empírico. La activación conductual (AC) ha mostrado ser el componente más eficaz para intervenir en Depresión, y su formación te prepara para ello.

Contenido del curso

Módulo 1. Depresión: repaso y tratamientos actuales.
Módulo 2. La depresión como contexto: su evaluación.
Módulo 3. Origen de Activación Conductual.
Módulo 4. Elementos de Activación Conductual.
Módulo 5. Principios terapéuticos.
Módulo 6. Estructura y curso de Activación Conductual.
Módulo 7. Herramientas principales en Activación Conductual.
Módulo 8. Estilo del terapeuta AC.
Módulo 9. Suicidio.
Módulo 10. Solución de problemas comunes.
Módulo 11. Role-playing: entrevista y análisis funcional.
Módulo 12. Role-playing: programación de actividades.
Módulo 13. Role-playing: revisión y graduación de actividades.
Módulo 14. Role-playing: recaída y solución de problemas.
Módulo 15. Role-playing: prevención de recaídas, alta y seguimiento.

Fechas

El curso puede empezar a realizarse desde su acceso, y no tiene fecha de fin. El alumno puede avanzar a través de los contenidos al ritmo que lo desee.

Precio

El curso tiene un precio base de 140€. Pero los colegas de Terapias Contextuales  han tenido la bondad de ofrecer un descuento exclusivo del 20% a los lectores de Psyciencia, dejando el precio a sólo 112€.

¿Como me beneficio del descuento?: al hacer la compra, debes introducir la palabra PSYCIENCIA en el apartado CUPÓN DESCUENTO. Oferta válida del 11 al 20 de Diciembre.

Haz click aquí para inscribirte y obtener mayor información.

Agradecemos a Terapias Contextuales por ser nuestro sponsor de la semana. 

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Dejen que los niños aprendan a resolver sus conflictos

  • 08/12/2017
  • David Aparicio

Adam Grant nos explica en el New York Times en Español, porqué es necesario que le enseñemos a los niños el valor de la discrepancia abierta:

Los niños necesitan aprender el valor de los desacuerdos reflexivos. Tristemente, muchos padres les enseñan a sus hijos que si no están de acuerdo con alguien es de buena educación quedarse callado. Tonterías. ¿Y si enseñáramos a los niños que quedarse callado es de mala educación? Es una falta de respeto hacia la capacidad de la otra persona de tener una discusión civilizada, y también hacia el valor de la opinión y la voz propia. Es una muestra de respeto preocuparnos tanto por la opinión de alguien como para estar dispuestos a rebatirla.

También podemos ayudar teniendo discusiones abiertas frente a los niños. Muchos padres ocultan sus conflictos: quieren presentar un frente unido y no quieren que los niños se preocupen. Pero cuando los padres están en desacuerdo, los niños aprenden a pensar solos. Descubren que ninguna autoridad monopoliza la verdad. Se vuelven más tolerantes ante la ambigüedad. En lugar de conformarse con las opiniones de otros, confían en su propio juicio.

Al parecer, la frecuencia con la que los padres discuten no es importante, sino cómo manejan las discusiones cuando se presentan. Según Albert, el psicólogo, la creatividad tiende a florecer en las familias que presentan “tensión y seguridad”. En un estudio reciente realizado en niños de 5 a 7 años, aquellos cuyos padres discutían de forma constructiva se sentían mucho más seguros. Durante los siguientes tres años, aquellos niños mostraron mayor empatía y preocupación hacia los demás. Eran más amistosos y comedidos con sus compañeros de clase.

En lugar de tratar de evitar las peleas, deberíamos poner como ejemplo conflictos amables y enseñar a los niños cómo estar en desacuerdo sanamente. Podemos comenzar con cuatro reglas:

• Hazlo ver como un debate y no como un conflicto.
• Argumenta como si estuvieras en lo correcto, pero escucha como si estuvieras equivocado.
• Interpreta con todo respeto la perspectiva de la otra persona.
• Reconoce los puntos en los que coincides con tus críticos y lo que has aprendido de ellos.

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