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  • Ciencia

Solo las relaciones cara a cara se vinculan con el bienestar

  • 13/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Las relaciones interpersonales revisten una importancia fundamental en el desarrollo de toda persona. De hecho, una nueva investigación encontró que un número pequeño de relaciones, cara a cara y de calidad aumenta el bienestar de las personas de todas las edades (Bruine de Bruin, Parker, & Strough, 2019).

En este estudio, los investigadores querían saber si los adultos más jóvenes que tienden a cultivar numerosas conexiones con amigos, familiares y conocidos a través de las redes sociales online son más felices que los adultos mayores que tienen círculos más pequeños de relaciones cara a cara.

Descubrieron que sólo el número reportado de amigos cercanos estaba asociado con la satisfacción social y el bienestar a lo largo de la vida adulta. La relación se encontró entre el número de amigos cercanos y el bienestar, incluso después de tener en cuenta el número de miembros de la familia, vecinos y otros periféricos, que no sumaron al bienestar.

«Los estereotipos del envejecimiento tienden a describir a los adultos mayores en muchas culturas como tristes y solitarios,» dijo Wändi Bruine de Bruin, autora principal del estudio.

«Pero la investigación muestra que las redes más pequeñas de los adultos mayores no socavaron la satisfacción social y el bienestar. De hecho, los adultos mayores tienden a reportar mayor bienestar que los adultos más jóvenes.»

Los investigadores analizaron los datos de dos encuestas online realizadas por American Life Panel de RAND Corp., una encuesta representativa a nivel nacional de adultos reclutados a través de una variedad de enfoques.

Los participantes informaron el número de personas de diferentes redes sociales (amigos, familiares, vecinos) y otras personas periféricas (compañeros de trabajo, relaciones escolares o de la infancia, personas que prestan un servicio) con quienes tuvieron «contacto regular en los últimos seis meses.» Dicho contacto incluyó encuentros cara a cara, por teléfono, correo electrónico o en Internet. Los participantes también calificaron los sentimientos de bienestar en los últimos 30 días.

Los investigadores descubrieron que los adultos mayores tenían redes sociales más pequeñas que los adultos más jóvenes, pero el número de amigos cercanos no estaba relacionado con la edad. Los adultos más jóvenes tenían grandes redes sociales que consistían principalmente en contactos periféricos, tal vez porque los sitios online han facilitado el mantenimiento de redes sociales cada vez más grandes e impersonales, según los autores.

La relación del número reportado de amigos cercanos con la mayor satisfacción social y bienestar no varió con la edad, lo que sugiere la importancia de las amistades cercanas a lo largo de la vida.

Esto es consistente con los patrones observados entre los usuarios de Facebook que informaron un mayor bienestar si percibían más amigos reales en sus redes sociales online, según Bruine de Bruin.

«La soledad tiene menos que ver con la cantidad de amigos que tienes, y más que ver con cómo te sientes con tus amigos. A menudo son los adultos más jóvenes los que admiten tener percepciones negativas de sus amigos. La soledad ocurre en personas de todas las edades. Si te sentís solo, puede ser más útil establecer una conexión positiva con un amigo que tratar de buscar nuevas personas para conocer,” explicó la autora.

Referencia bibliográfica

Bruine de Bruin, W., Parker, A. M., & Strough, J. (2019). Age differences in reported social networks and well-being. Psychology and Aging. https://doi.org/10.1037/pag0000415

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Los problemas de sueño se relacionan a un mayor riesgo de accidente cerebrovascular y ataques cardíacos

  • 13/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Los síntomas de insomnio, problemas para conciliar el sueño o quedarse dormido se relacionan con más probabilidades de sufrir un derrame cerebral, un ataque cardíaco u otras enfermedades cerebrovasculares o cardiovasculares (Zheng et al., 2019).

Los investigadores interpretan que las terapias conductuales orientadas a abordar los problemas de sueño podrían contribuir a reducir la cantidad de casos de derrame cerebral, ataque cardíaco y otras enfermedades.

La investigación involucró a 487200 personas en China (edad promedio de 51 años) sin antecedentes de accidente cerebrovascular o enfermedad cardíaca al comienzo del estudio. Los participantes informaron si tenían alguno de los tres síntomas de insomnio al menos tres días por semana: problemas para conciliar el sueño o permanecer dormido; despertarse muy temprano en la mañana; o problemas para mantenerse enfocado durante el día debido a la falta de sueño.

11% de los encuestados tuvo dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido; el 10 por ciento informó que se despertó demasiado temprano; y el 2% tuvo problemas para mantenerse concentrado durante el día debido a la falta de sueño. Los investigadores no determinaron si las personas cumplían con la definición completa de insomnio.

Los participantes fueron seguidos durante un promedio de aproximadamente 10 años. Durante ese tiempo, hubo 130032 casos de accidente cerebrovascular, ataque cardíaco y otras enfermedades similares.

Los resultados muestran que las personas con los tres síntomas de insomnio tenían un 18% más de probabilidades de desarrollar estas afecciones de salud en comparación con las personas sin síntomas de insomnio. Los investigadores ajustaron otros factores que podrían afectar el riesgo de accidente cerebrovascular o enfermedad cardíaca, incluido el consumo de alcohol, el tabaquismo y el nivel de actividad física.

Las personas que tenían problemas para conciliar el sueño o quedarse dormidas tenían un 9% más de probabilidades de desarrollar un derrame cerebral o enfermedad cardíaca que aquellos que no tenían este problema. De las 55127 personas que tenían este síntoma, 17650 (32%) tuvieron un derrame cerebral o enfermedad cardíaca, en comparación con el 26%, de las 432.073 personas que no tenían este síntoma de insomnio.

Los participantes que se despertaron demasiado temprano en la mañana y no pudieron volver a dormir tenían un 7% más de probabilidades de desarrollar estas enfermedades que aquellos sin ese problema. Y las personas que informaron que tenían problemas para mantenerse concentrados durante el día debido a la falta de sueño tenían un 13% más de probabilidades de desarrollar estas enfermedades que las personas que no tenían ese síntoma.

«El vínculo entre los síntomas del insomnio y estas enfermedades fue aún más fuerte en los adultos más jóvenes y en las personas que no tenían presión arterial alta al comienzo del estudio, por lo que la investigación futura debería analizar especialmente la detección temprana y las intervenciones dirigidas a estos grupos,» dijo Li autor del estudio, quien a su vez señala que esta investigación no muestra la causa y el efecto entre los síntomas del insomnio y los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades cardíacas. Solo muestra una asociación.

Una limitación del estudio fue que las personas informaron sus propios síntomas de insomnio, por lo que la información puede no haber sido precisa. Además, los investigadores no preguntaron a los participantes si tenían un sueño no reparador, otro síntoma común del insomnio.

Referencia bibliográfica:

Zheng, B., Yu, C., Lv, J., Guo, Y., Bian, Z., Zhou, M., … China Kadoorie Biobank Collaborative Group. (2019). Insomnia symptoms and risk of cardiovascular diseases among 0.5 million adults: A 10-year cohort. Neurology. https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000008581

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Efectos neurocognitivos de la meditación breve

  • 13/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Diferentes formas de meditación pueden tener distintos efectos neurocognitivos. La meditación de monitoreo abierto es una forma de meditación que enfoca la conciencia en los sentimientos, pensamientos o sensaciones a medida que se desarrollan en la mente y el cuerpo.

No meditadores que participaron en una sola sesión de 20 minutos de «meditación de monitoreo abierto» muestraron cambios en la actividad cerebral que sugieren un mayor reconocimiento de errores (Lin, Eckerle, Peng, & Moser, 2019).

«Algunas formas de meditación hacen que te concentres en un solo objeto, comúnmente tu respiración, pero la meditación de monitoreo abierto es un poco diferente,» dijo Jeff Lin, coautor del estudio. “Te hace sintonizar hacia adentro y prestar atención a todo lo que sucede en tu mente y cuerpo. El objetivo es sentarse en silencio y prestar mucha atención al lugar donde viaja la mente sin quedar demasiado atrapado en el escenario.”

Para el estudio, el equipo reclutó a más de 200 participantes para evaluar cómo la meditación de monitoreo abierto afecta la detección del cerebro y la respuesta a los errores.

Los participantes, que nunca antes habían meditado, fueron sometidos a un ejercicio de meditación de monitoreo abierto de 20 minutos, mientras que los investigadores midieron la actividad cerebral a través de electroencefalografía (EEG). Luego, completaron una prueba de distracción computarizada.

«El EEG puede medir la actividad cerebral a nivel de milisegundos, por lo que obtuvimos medidas precisas de la actividad neuronal justo después de los errores en comparación con las respuestas correctas,» dijo Lin.

«Una cierta señal neuronal se produce aproximadamente medio segundo después de un error llamado error positivo, que está vinculado al reconocimiento consciente de errores. Descubrimos que la fuerza de esta señal aumenta en los meditadores en relación con los controles.»

Si bien los meditadores no tuvieron mejoras inmediatas en el desempeño real de la tarea, los hallazgos de los investigadores ofrecen una ventana prometedora al potencial de la meditación sostenida.

«Estos hallazgos son una fuerte demostración de lo que solo 20 minutos de meditación pueden hacer para mejorar la capacidad del cerebro para detectar y prestar atención a los errores,» dijo el Dr. Jason Moser, coautor del estudio. «Nos hace sentir más seguros de lo que la meditación mindfulness realmente podría ser capaz de realizar para el desempeño y el funcionamiento diario en el momento.»

«El interés de las personas en la meditación y la atención plena está superando lo que la ciencia puede demostrar en términos de efectos y beneficios», dijo Lin. «Pero es sorprendente para mí que pudimos ver cómo una sesión de meditación guiada puede producir cambios en la actividad cerebral en personas que no meditan.» El investigador es cauto al señalar los beneficios respaldados con evidencia científica de la meditación, y se muestra entusiasmado en continuar estudiando sus efectos en los cerebros de meditadores y no meditadores.

Referencia bibliográfica:

Lin, Y., Eckerle, W. D., Peng, L. W., & Moser, J. S. (2019). On Variation in Mindfulness Training: A Multimodal Study of Brief Open Monitoring Meditation on Error Monitoring. Brain Sciences, 9(9). https://doi.org/10.3390/brainsci9090226

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

¿Cuáles son los factores que causan mayor estrés en 2019?

  • 13/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Cada año, la Asociación Americana de Psicología (APA) realiza una encuesta sobre estrés en Estados Unidos. “La investigación nos muestra que con el tiempo, los sentimientos prolongados de ansiedad y estrés pueden afectar nuestra salud física y mental en general. Los psicólogos pueden ayudar a las personas a desarrollar las herramientas que necesitan para controlar mejor su estrés,» explica el Dr. Arthur C. Evans Jr., director ejecutivo de la APA.

Si bien esta encuesta fue realizada sólo en EEUU, sus datos pueden ser de utilidad en otras partes del mundo. La encuesta fue realizada entre el 1 de agosto y el 3 de septiembre de 2019 por The Harris Poll. Participaron 3617 adultos que viven en los EE. UU.

Según los hallazgos:

  • Alrededor de 7 de cada 10 adultos (69%) dicen que la atención médica es una fuente importante de estrés;
  • Casi la misma cantidad, el 71%, dice que los tiroteos masivos son una fuente importante de estrés;
  • Entre los adultos que experimentan estrés por la atención médica al menos a veces (47%), el costo de la atención médica es la fuente más comúnmente citada de ese estrés (64%);
  • Los adultos con seguro privado (71%) son más propensos que aquellos con seguro público (53%) a decir que el costo de la atención médica les causa estrés. Más de la mitad de los adultos en general (55%) se preocupan de que no podrán pagar los servicios de atención médica que puedan necesitar en el futuro.
  • Los tiroteos masivos son la fuente más común de estrés citada por los adultos estadounidenses en 2019: más de 7 de cada 10 adultos (71%)dicen que son una fuente importante de estrés en sus vidas. Este es un aumento con respecto a 2018, cuando más de 6 de cada 10 adultos (62%) dijeron que los tiroteos masivos eran una fuente importante de estrés;
  • Por demografía, es más probable que los adultos hispanos digan que los tiroteos masivos son una fuente importante de estrés (84%), seguidos por los adultos negros (79%), asiáticos (77%), nativos americanos (71%) y blancos (66%);
  • Más de la mitad de los adultos estadounidenses (56%) identifica las elecciones presidenciales de 2020 como un factor estresante significativo. En 2016 el 52% de los adultos informaron que las elecciones presidenciales eran una fuente importante de estrés.
  • El estrés relacionado con el cambio climático/calentamiento global ha aumentado significativamente desde el año pasado (56% en 2019 frente a 51% en 2018);
  • Otro porcentaje que ha aumentado es el de los adultos que informan que el acoso sexual generalizado les causa estrés hoy (45% en 2019 frente a 39% en 2018);
  • Casi la mitad de los adultos (48%) mencionan la inmigración como un factor estresante, y los adultos hispanos fueron más propensos a identificarlo como un factor estresante (66%), seguido de los asiáticos (52%), los nativos americanos (48%), los negros (46%) y los adultos blancos (43%);
  • La discriminación es otro factor estresante que se ha vuelto más frecuente en los últimos años (25% en 2019 frente al 24% en 2018, 21% en 2017, 20% en 2016 y 20% en 2015);
  • En 2019, la mayoría de las personas de color (63%) dicen que la discriminación les ha impedido tener una vida plena y productiva, con una proporción similar de adultos LGBT (64%) que expresan el mismo sentimiento.

Al observar las respuestas de las personas de color, los resultados de este año representan un aumento significativo desde 2015, la última vez que se hizo este conjunto de preguntas, cuando menos de la mitad (49%) dijo que la discriminación les impedía tener una vida plena y productiva.

«La encuesta de este año nos muestra que los eventos actuales afectan a los estadounidenses de manera diferente, y que las personas de color son más propensas a decir que se sienten estresadas por la atención médica, la inmigración y la discriminación,» dijo Evans.

«Si bien estos son problemas sociales importantes que deben abordarse, los resultados también refuerzan la necesidad de tener conversaciones más abiertas sobre el impacto del estrés y el manejo del estrés, especialmente con grupos que están experimentando altos niveles de estrés.»

  • Con respecto al futuro de la nación, menos de 2 de cada 5 adultos (38%) sienten que el país está en camino de ser más fuerte que nunca, pero casi las tres cuartas partes (73%) se sienten optimistas sobre su futuro.

Si bien los niveles promedio de estrés reportados permanecen constantes en comparación con el año pasado (4.9 en 2019 y 4.9 en 2018 en una escala de 1 a 10, donde 1 es «poco o nada de estrés» y 10 es «una gran cantidad de estrés»), continúa habiendo una diferencia generacional, con adultos de la Generación Z que informan el nivel de estrés promedio más alto (5.8), seguidos de los Gen Xers (5.5), millennials (5.4), boomers (4.2) y adultos mayores (3.0).

Entre los factores estresantes personales que la encuesta rastrea cada año, el trabajo (64%) y el dinero (60%) continúan siendo los más comúnmente mencionados. Sin embargo, la economía se cita como una fuente importante de estrés con menos frecuencia en 2019 que en su apogeo en 2008 (46% en 2019 frente a 69% en 2008).

Conocer estos datos es fundamental a la hora de diseñar planes sociales de asistencia en salud mental orientados a todos los miembros de la sociedad, en especial a aquellos grupos en mayor riesgo.

Fuente: American Psychological Association

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Cannabis medicinal para el tratamiento del dolor (curso online)

  • 12/11/2019
  • David Aparicio

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  7. Efectividad del cannabis y otras condiciones
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  • Ciencia

¿Qué es «evidencia» en psicoterapias?

  • 12/11/2019
  • Equipo de Redacción

Con artículos de renombrados investigadores y terapeutas, la revista académica World Psychiatry dedicó su último número a las psicoterapias. El primer artículo, que es de acceso libre, fue escrito por Scott Lilienfeld, uno de los psicólogos más representativos en el trabajo de las terapias basadas en la evidencia. En Psyciencia admiramos el trabajo de Lilienfeld y a lo largo de los años hemos publicado traducciones y adaptaciones de sus artículos. Si te interesa puedes leer la entrevista que hicimos en Psyciencia; su revisión sobre la validez de las técnicas proyectivas; los mitos más importantes de la psicología; y algunos términos psicológicos que deberíamos evitar, entre otros artículos.

A diferencia de sus publicaciones anteriores, Lilienfeld se enfoca en establecer cuales son los puntos débiles de la estructura o requisitos de las psicoterapias basadas en la evidencia (PBE) y propone algunos caminos para solucionar estas limitaciones.


El concepto de medicina basada en la evidencia (MBE), que se originó a principios de la década de 1990 en la Universidad McMaster (Canadá) y se extendió al Reino Unido y América del Norte, anunció un esfuerzo por colocar la medicina en una base científica más firme. Los objetivos generales de EBM eran dobles: establecer estándares hortatorios («deberías»), guiar a los profesionales hacia intervenciones científicamente respaldadas, y estándares minatorios («no deberías»), alejándolos de las intervenciones científicamente no respaldadas.

Pronto, MBE encontró su camino en el campo de las psicoterapias. Las psicoterapias basadas en la evidencia se conceptualizan comúnmente como un taburete de tres patas. Una pata comprende la mejor evidencia disponible sobre la eficacia (efectos beneficiosos en condiciones rigurosamente controladas) y efectividad (efectos beneficiosos en condiciones del mundo real); los otros dos comprenden experiencia clínica y preferencias / valores del paciente (ver Cuijpers en este número de la revista).

Aún así, a medida que la influencia de MBE ha crecido, queda una pregunta persistente: ¿cómo debemos conceptualizar la evidencia en psicoterapias? Aunque el concepto de «evidencia» puede parecer auto-explicativo, los datos de la entrevista sugieren que los académicos de múltiples disciplinas, incluidas las ciencias sociales y naturales, a menudo están en total desacuerdo sobre cómo definirlo.

Probablemente, la operacionalización más influyente de la punta de prueba de las características antes mencionadas fue adoptada a mediados de la década de 1990 por la Asociación Americana de Psicología (APA) . Inicialmente denominadas terapias validadas empíricamente y más tarde psicoterapias basadas en la evidencia (PBE), esta punta consiste en psicoterapias, típicamente entregadas a través de un manual, que han demostrado funcionar para una condición psicológica específica.

Criterios

Modelado en gran medida según las pautas para los medicamentos de la Administración de Drogas y Alimentos de EE. UU., los criterios PBE consideran que un tratamiento está «bien establecido» si ha funcionado mejor que un placebo o una intervención alternativa o como una intervención establecida en al menos dos pruebas independientementes (realizadas por diferentes equipos de investigación), ensayos aleatorios controlados o en una serie de estudios sistemáticos dentro del tema. Una categoría secundaria de PBE de intervenciones «probablemente eficaces» comprende, entre otros, tratamientos que superan a un grupo de control en lista de espera o que cumplen con los criterios «bien establecidos» antes mencionados sin replicación independiente.

Otros criterios para las psicoterapias basadas en la evidencia, como las recientes guías de práctica de la APA para el trastorno de estrés postraumático, la depresión y la obesidad infantil, y las del Instituto Nacional de Salud y Excelencia en la Atención (NICE) del Reino Unido, consideran un rango más amplio de resultados que los criterios PBE.

A pesar de los loables esfuerzos de estas organizaciones, existen cada vez más razones para dudar si la operacionalización actual de las psicoterapias basadas en evidencia ha cumplido su misión de detener la ola de intervenciones no científicas. Por ejemplo, en 2016 la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de EE. UU. agregó a su registro de prácticas basado en evidencia a la terapia de campo de pensamiento, una práctica que se basa en la suposición científicamente dudosa de que la psicopatología puede tratarse eliminando bloqueos en campos de energía invisibles e inconmensurables. En 2018, el NICE ofreció una «recomendación de investigación» para una terapia energética relacionada, técnicas de libertad emocional. Numerosos otros métodos científicamente dudosos, como la percusión grupal, la terapia con asistencia equina, la acupuntura para la depresión y la musicoterapia para el autismo, han reclamado de manera similar el manto basado en la evidencia. Para ser justos, la mayoría de estas técnicas podrían satisfacer los criterios de APA para PBE.

Cuatro lineas de evidencia adicionales y necesarias

Aunque es un primer paso útil, las pautas actuales basadas en evidencia, incluidas las de PBE, omiten varias fuentes probatorias clave necesarias para evaluar adecuadamente la base científica de una psicoterapia. Para abordar esta supervisión, las pautas PBE deben incorporar cuatro líneas de evidencia adicionales.

Primero, la crisis de replicación en psicología y otros campos nos recuerda que debemos ser escépticos ante los hallazgos a menos que hayan sido replicados ampliamente por múltiples equipos independientes, idealmente con alianzas teóricas compensatorias. Visto desde esta perspectiva, los criterios PBE de la APA son demasiado laxos: otorgan apoyo empírico a los tratamientos que han arrojado resultados positivos en solo dos estudios, e incluso a los tratamientos que han arrojado múltiples resultados negativos. Para mejorar el rigor probatorio, los criterios PBE deben acomodar el conjunto completo de datos de resultados del tratamiento, tanto positivos como negativos, y publicados y no publicados. También deben tener en cuenta la calidad metodológica de los estudios incluidos, como las fuentes de sesgo experimental potencial (por ejemplo, la deserción del grupo diferencial, la asignación aleatoria imperfecta a las condiciones). Finalmente, necesitan adoptar procedimientos estadísticos, como los métodos bayesianos, las técnicas de curva p y el índice r (replicabilidad), para medir la fuerza probatoria y estimar el sesgo de publicación.

Para que la disciplina de la psicoterapia aspire y alcance estándares científicos más estrictos, debe adoptar una conceptualización multidimensional de la evidencia, que abarque criterios de replicabilidad y rigor metodológico

En segundo lugar, las pautas basadas en la evidencia deben ir más allá de la dependencia de las medidas de mejora sintomática, enfatizadas en los criterios PBE, para incorporar criterios objetivos y subjetivos del funcionamiento de la vida cotidiana. Algunos pacientes con depresión mayor, por ejemplo, pueden mostrar una mejora significativa en los signos depresivos y los síntomas (p. ej., anhedonia, culpabilidad), pero permanecen alterados en el trabajo y las relaciones interpersonales.

En tercer lugar, los datos provisionales pero crecientes de estudios experimentales y cuasi-experimentales sugieren que ciertos tratamientos, como el informe de crisis después del trauma, las intervenciones directas  para el trastorno de conducta y las técnicas sugerentes para recuperar supuestos recuerdos de abuso sexual, son iatrogénicos para algunos pacientes. Sin embargo, la mayoría de las pautas basadas en la evidencia, incluidas las de PBE, pasan por alto la posibilidad de daño. Un desafío para abordar esta omisión es que muchos estudios de psicoterapia se basan en medidas de resultado unipolares, que van desde ninguna mejora hasta una mejora sustancial; en su lugar, deben administrar medidas de resultado bipolares, que pueden detectar el deterioro del paciente durante y después del tratamiento.

Cuarto, las guías existentes basadas en evidencia se enfocan exclusivamente en evidencia de resultado; ninguna considera la plausibilidad científica de la justificación del tratamiento. Como consecuencia, abren la puerta a todo tipo de intervenciones pseudocientíficas, muchas de las cuales superan la lista de espera o las condiciones mínimas de tratamiento. Para ser justos, el modo de acción de muchas intervenciones psiquiátricas efectivas sigue siendo en gran medida desconocido. Sin embargo, cuando las intervenciones se basan en mecanismos que contradicen la ciencia básica bien establecida, como las alteraciones en los campos de energía invisibles, su estado científico debe ser sospechoso. Es poco probable que dichos procedimientos posean una eficacia específica, es decir, una eficacia más allá del placebo y otros factores no específicos.

El análisis ofrecido aquí deja sin resolver la cuestión de cómo se deben sintetizar y ponderar estas diversas fuentes de evidencia al evaluar las intervenciones. Se pueden presentar argumentos razonables para una variedad de marcos probatorios alternativos. Dicho esto, para que la disciplina de la psicoterapia aspire y alcance estándares científicos más estrictos, debe adoptar una conceptualización multidimensional de la evidencia, una que abarque criterios de replicabilidad y rigor metodológico, vaya más allá de los índices circunscritos de mejora sintomática, explica el daño potencial, y considera toda la evidencia científica relevante para los tratamientos, incluida la información científica básica relacionada con los mecanismos de tratamiento.

Referencia del artículo original: Lilienfeld, S. O. (2019), What is “evidence” in psychotherapies?. World Psychiatry, 18: 245-246. doi:10.1002/wps.20654

  • Ciencia

La pobreza aumenta en gran medida las tasas de suicidio juvenil

  • 12/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

En Estados Unidos, el suicidio juvenil es la segunda causa principal de muerte para personas de entre 10 y 19 años de edad. Comprender los factores de riesgo es fundamental para direccionar los esfuerzos de prevención.

Una nueva investigación muestra que los niños estadounidenses que viven en los condados con las tasas de pobreza más altas tienen un 37% más de probabilidades de morir por suicidio que los que viven en los condados menos empobrecidos (Hoffmann, 2019).

Para el estudio, los investigadores realizaron un análisis transversal retrospectivo de suicidios entre personas de 5 y 19 años de edad, en EEUU, entre 2007 a 2016, utilizando datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y el Censo de EEUU.

En general, la tasa anual de suicidios fue de 3.4 por cada 100,000 niños. De los 20.982 niños que murieron por suicidio durante ese período de tiempo, el 85% tenía entre 15 y 19 años, el 76% eran varones y el 69% eran caucásicos.

Luego, los investigadores dividieron los condados en cinco categorías de pobreza, que van del 0 por ciento al 20 por ciento o más de la población que vive por debajo del nivel federal de pobreza. Controlando las variables, incluidos los datos demográficos de los niños que murieron (edad, sexo y raza), la clasificación rural-urbana del condado y los datos demográficos de la comunidad (edad, sexo y composición racial del condado), los investigadores encontraron que los condados con más de 10% de concentración de pobreza tuvieron una mayor incidencia de suicidio en comparación con los condados con menor concentración de pobreza (0-4.9 por ciento).

Las tasas de suicidio continuaron aumentando con el aumento de la pobreza, con niños que viven en condados con la mayor concentración de pobreza (más del 20% de la población viviendo por debajo del nivel federal de pobreza), 37% más probabilidades de morir por suicidio que los jóvenes que viven en los condados menos empobrecidos.

Los investigadores también analizaron los tres métodos de suicidio más comunes: asfixia (incluido el ahorcamiento), armas de fuego y envenenamiento. Según las conclusiones del estudio, las tasas de suicidio por ahorcamiento y sobredosis no fueron diferentes entre los diferentes niveles de pobreza del condado. Entre los suicidios con una pistola, la tasa aumentó con el aumento de la concentración de la pobreza.

«Tenemos que descubrir por qué los niños que viven en comunidades de mayor pobreza tienen un mayor riesgo de suicidio,» dijo Hoffman. «Podría estar relacionado con el almacenamiento inseguro de armas, el acceso limitado a la atención de salud mental o la acumulación de factores estresantes crónicos que los niños en situación de pobreza experimentan durante toda la vida.»

Los hallazgos del estudio también sugieren la necesidad de enfocarse en estrategias de prevención del suicidio pediátrico en áreas de alta pobreza, incluida la prevención del suicidio con armas de fuego.

«La mayoría de los suicidios de adolescentes por arma de fuego ocurren en el hogar con un arma de fuego propiedad de un adulto del hogar,» señaló. «Se ha demostrado que el almacenamiento seguro de armas de fuego (mantener la pistola descargada y bloqueada por separado de la munición) disminuye el suicidio juvenil con armas de fuego.»

El almacenamiento seguro de medicamentos peligrosos es otra forma comprobada de ayudar a disminuir el riesgo de suicidio entre los niños, agregó la autora.

Hoffmann también recomienda que los padres mantengan una línea abierta de comunicación con sus hijos tanto sobre salud mental como suicidio; esto disminuye el estigma y puede permitir que un niño acceda a la ayuda antes de que sea demasiado tarde.

Referencia del estudio:

Hoffmann, J. A. Pediatric Suicide Rates and Community-Level Poverty in the United States, 2007-2016 (2019). American Academy of Pediatrics.

Fuente: American Academy of Pediatrics

  • Ciencia

¿Cómo impacta la discriminación racial en la ideación suicida?

  • 12/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

La discriminación racial ocasiona grandes problemas tanto a nivel social como individual. No sorprende que sea un asunto recurrente en las asambleas de organizaciones internacionales y materia normada por tratados internacionales de Derechos Humanos.

Un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Michigan descubrió que varias formas de discriminación están asociadas con mayores tasas de depresión. Cuando se trata de discriminación racial, el riesgo de pensamientos suicidas entre los hombres afroamericanos se vuelve particularmente preocupante, según los investigadores (Goodwill, Taylor, & Watkins, 2019).

En el estudio, investigadores liderados por Janelle Goodwill examinaron si las experiencias de discriminación diaria están asociadas con tasas más altas de depresión y pensamientos suicidas.

Los datos se obtuvieron de la submuestra masculina afroamericana de la Encuesta Nacional de Vida Estadounidense, con un total de 1271 personas. A los participantes se les preguntó si experimentaron discriminación en su vida cotidiana, lo que incluía ser insultado o acosado, ser tratado con menos respeto o ser percibido como incompetente.

Posteriormente, los participantes identificaron la razón principal de sus experiencias. Las opciones de respuesta incluyeron raza, género, edad, etnia y tamaño corporal. Los participantes también informaron si alguna vez habían considerado seriamente terminar con sus propias vidas.

Los hallazgos del estudio indicaron que el vínculo entre la discriminación racial y los pensamientos suicidas era estadísticamente significativo.

Los hallazgos de esta investigación son particularmente importantes porque muchos estudios empíricos no se centran ni incluyen a los afroamericanos. Además, se ha descubierto que factores como la inseguridad financiera, la inestabilidad laboral y las enfermedades físicas aumentan el riesgo de pensamientos e intentos de suicidio, pero pocos estudios han analizado la discriminación.

Los investigadores señalaron que hay algunas intervenciones de salud mental que funcionan para abordar la salud mental de los hombres afroamericanos. Pocos, sin embargo, abordan específicamente los comportamientos suicidas.

Referencia del estudio:

Goodwill, J. R., Taylor, R. J., & Watkins, D. C. (2019). Everyday Discrimination, Depressive Symptoms, and Suicide Ideation Among African American Men. Archives of Suicide Research: Official Journal of the International Academy for Suicide Research, 1-20. https://doi.org/10.1080/13811118.2019.1660287

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

La esperanza tendría un gran rol en la recuperación de los trastornos de ansiedad

  • 12/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Investigadores examinaron el papel de la esperanza en la predicción de la recuperación en un ensayo clínico con 223 adultos que seguían un tratamiento con terapia cognitivo conductual (TCC) para los trastornos de ansiedad comunes: trastorno de ansiedad social, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada y trastorno obsesivo compulsivo.

El Dr. Gallagher, autor del estudio, y sus colegas, descubrieron que la psicoterapia puede generar claros aumentos en la esperanza y que los cambios en la esperanza están asociados con cambios en los síntomas de ansiedad. «Al revisar la recuperación durante la TCC entre las diversas presentaciones clínicas, la esperanza era un elemento común y un fuerte predictor de recuperación,» dijo Gallagher. También informa que los aumentos moderados a grandes en la esperanza y los cambios en la esperanza fueron consistentes en los cinco protocolos de tratamiento de TCC separados (Gallagher et al., 2019).

En términos de psicoterapia, la esperanza representa la capacidad de los pacientes para identificar estrategias o vías para lograr objetivos y la motivación para seguir esas vías de manera efectiva.

Significativamente, los resultados de este estudio indican que la esperanza aumenta gradualmente durante el curso de la TCC, y los aumentos en la esperanza fueron mayores para aquellos en tratamiento activo que para los controles del grupo “lista de espera”.

La magnitud de estos cambios en la esperanza fue consistente en los diferentes protocolos de TCC y en los cuatro trastornos de ansiedad examinados, lo que subraya la gran relevancia de infundir esperanza como un factor importante para promover la recuperación durante la psicoterapia.

«Nuestros resultados pueden conducir a una mejor comprensión de cómo las personas se están recuperando y es algo que los terapeutas pueden monitorear. Si un terapeuta está trabajando con un cliente que no está progresando, o está atrapado de alguna manera, la esperanza podría ser un mecanismo importante para guiar al paciente hacia la recuperación,» dijo Gallagher.

La esperanza está estrechamente relacionada con otras construcciones de psicología positiva, como la autoeficacia y el optimismo, que también han demostrado tener una clara relevancia para promover la resiliencia y la recuperación de los trastornos emocionales, señaló Gallagher.

La investigación de Gallagher es parte de un proyecto más amplio que examina la eficacia de la TCC para los trastornos de ansiedad dirigida por el Dr. David H. Barlow, fundador y director emérito del Centro de Ansiedad y Trastornos Relacionados de la Universidad de Boston.

Referencia bibliográfica:

Gallagher, M. W., Long, L. J., Richardson, A., D’Souza, J., Boswell, J. F., Farchione, T. J., & Barlow, D. H. (2019). Examining Hope as a Transdiagnostic Mechanism of Change Across Anxiety Disorders and CBT Treatment Protocols. Behavior Therapy. https://doi.org/10.1016/j.beth.2019.06.001

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

El desempeño en la infancia puede predecir las habilidades cognitivas a los 70

  • 11/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

El desempeño de los niños de ocho años en una prueba cognitiva puede ayudar a predecir qué tan bien puntuarán en las pruebas de pensamiento y memoria cuando tengan 70 años (Lu et al., 2019). Los hallazgos también muestran que los niveles de educación y la presencia de placas beta-amiloides (asociadas con la enfermedad de Alzheimer) tuvieron un efecto adicional en los puntajes cognitivos en la edad avanzada. El estado socioeconómico tuvo un ligero efecto.

«Encontrar estos predictores es importante porque si podemos entender qué influye en el rendimiento cognitivo de un individuo en la edad adulta, podemos determinar qué aspectos podrían modificarse mediante la educación o los cambios en el estilo de vida, como el ejercicio, la dieta o el sueño, lo que a su vez puede retrasar el desarrollo de la disminución de la cognición,» dijo el Dr. Jonathan M. Schott, autor del estudio.

Participaron de la investigación 502 personas, todas nacidas durante la misma semana en 1946 en Gran Bretaña. Los participantes realizaron pruebas cognitivas cuando tenían ocho años y luego nuevamente entre las edades de 69 y 71.

Un test, similar a una prueba que completaron cuando eran niños, consistió en observar varios arreglos de formas geométricas e identificar la pieza que faltaba entre cinco opciones. Otras pruebas evaluaron habilidades como memoria, atención, orientación y lenguaje.

Los participantes se sometieron a tomografía por emisión de positrones (TEP) para ver si tenían placas de beta amiloide en el cerebro asociadas con la enfermedad de Alzheimer. También se les realizó resonancias magnéticas (IRM) detalladas del cerebro.

Los resultados muestran que las habilidades de pensamiento infantil se asociaron con puntajes en las pruebas cognitivas realizadas más de 60 años después. Por ejemplo, alguien cuyo rendimiento cognitivo estaba en el 25 por ciento superior cuando era niño, probablemente permanecería en el 25 por ciento superior a los 70 años.

Incluso teniendo en cuenta las diferencias en los puntajes de las pruebas infantiles, hubo un efecto adicional de la educación. Por ejemplo, los participantes que completaron un título universitario obtuvieron un puntaje alrededor de un 16% mayor que aquellos que abandonaron la escuela antes de los 16 años.

Un estado socioeconómico más alto predijo un rendimiento cognitivo ligeramente mejor a los 70 años, pero el efecto fue muy pequeño. Por ejemplo, los participantes que habían trabajado en trabajos profesionales recordaron un promedio de 12 detalles de una historia corta, en comparación con 11 detalles para aquellos en trabajos manuales. Las mujeres obtuvieron mejores puntajes que los hombres en la prueba de memoria y velocidad de pensamiento.

Además, los participantes con placas de beta amiloide tuvieron puntuaciones más bajas en las pruebas cognitivas. Por ejemplo, en la prueba de piezas faltantes, obtuvieron un puntaje promedio de 8% más bajo. En otras palabras, obtuvieron 23 de 32 elementos correctos en promedio, 2 puntos menos que los participantes sin placas de beta amiloide. Sin embargo, la presencia de estas placas no se asoció con el sexo, las habilidades cognitivas de la infancia, la educación o el estado socioeconómico.

«Nuestro estudio encontró que las pequeñas diferencias en el pensamiento y la memoria asociadas con las placas amiloides en el cerebro son detectables en los adultos mayores, incluso a una edad en la que aquellos que están destinados a desarrollar demencia todavía están a muchos años de tener síntomas,» dijo Schott.

«También descubrió que las habilidades cognitivas de la infancia, la educación y el estado socioeconómico influyen de manera independiente en el rendimiento cognitivo a los 70 años. El seguimiento continuo de estos individuos y los estudios futuros son necesarios para determinar cómo utilizar mejor estos hallazgos para predecir con mayor precisión cómo una persona el pensamiento y la memoria cambiarán a medida que envejecen.»

Una limitación del estudio es que todos los participantes eran blancos, por lo que los hallazgos pueden no representar a la población general.

Referencia del estudio:

Lu, K., Nicholas, J. M., Collins, J. D., James, S.-N., Parker, T. D., Lane, C. A., … Schott, J. M. (2019). Cognition at age 70: Life course predictors and associations with brain pathologies. Neurology. https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000008534

Fuente: Psychcentral

  • Clínica

Una aproximación a la psicoterapia analítico funcional (FAP) y su posible articulación en la clínica infantojuvenil

  • 08/11/2019
  • Gabriel Genise

La psicoterapia analítico funcional (o FAP por sus siglas en inglés) es un enfoque de psicoterapia basado en el conductismo radical. Fue descripta por primera vez en 1991 con el objetivo de resolver la siguiente paradoja:¿Cómo puede aplicarse una psicoterapia basada en los principios del conductismo a población adulta estándar en un contexto ambulatorio sin sacrificar la relación terapéutica? Kanter et al., 2017).

Esta terapia examina el efecto directo del terapeuta sobre el comportamiento del consultante, que luego debe extenderse a la vida diaria del individuo a través de un proceso de promoción de la nueva respuesta relacional derivada (RRD) (Cattivelli, Tirelli, Berardo, & Perini, 2012). En su concepción la terapia analítico funcional es ideográfica, enfocándose exclusivamente en la conducta del consultante (Singh & O´Brien, 2017). La FAP se enmarca dentro de las denominadas “psicoterapias contextuales de tercera generación”. Se pone de manifiesto la importancia del cambio en el contexto para lograr modificar el comportamiento del consultante, es un modelo contextualista ya que la conducta es concebida como el acto en contexto (el comportamiento está en función del ambiente y existe mutua afectación) y no mecanicista. Basándose en el principio de equivalencia funcional, este modelo plantea que es posible modificar el comportamiento de los consultantes en sesión y generalizar estos cambios fuera del contexto terapéutico, en tanto la relación terapéutica comparte funciones con muchas de las relaciones que los individuos tienen en sus vidas. A partir de lo mencionado se desprende que la FAP considera que la relación terapéutica no es un factor que conduce al cambio, ni tampoco un elemento moderador, sino que es el contexto en donde se da el cambio (Muñoz – Martínez & Coletti, 2015).

La FAP se enfoca especialmente en el pensamiento funcional para trabajar con los comportamientos problemáticos del cliente que aparecen en el proceso de la terapia. El objetivo de la FAP es crear un enfoque altamente individualizado y basado en la evaluación para cada relación terapéutica (Holman, Kanter, Tsai, & Kohlenberg, 2017). Más aún, los métodos de FAP tienen por objetivo ayudar al terapeuta a desarrollar contextos terapéuticos que promuevan la equivalencia funcional entre la terapia y los ambientes de la vida diaria del consultante (Kohlenberg & Tsai, 1991/2008). Este modelo utiliza el AFC (análisis funcional de la conducta) para averiguar las funcional de los problemas del cliente y actuar con ella directamente para modificarla, moldeando progresivamente la conducta y utilizando contingencias naturales en ese entorno. El terapeuta dispone de sus propias habilidades, recursos y experiencias para producir ese moldeamiento, por lo que será el lenguaje, su propia conducta verbal, el recurso terapéutico más eficaz en esta perspectiva (Valero – Aguayo, Kohlenberg, Ferro – García, & Tsai, 2011)

La historia del desarrollo de este modelo terapéutico data de más de 25 años de investigación. Este modelo, de acuerdo a sus autores, se desarrolló en tres etapas. La primera transcurre a finales de los años 80´ en donde Kohlenberg trabajaba como supervisor clínico cognitivo – conductual. Observó que algunos terapeutas en formación tenían un impacto “excepcionalmente bueno” en su trabajo clínico. En la segunda etapa, observó que estos resultados parecían ocurrir solamente de vez en cuando y eran más frecuentes en unos terapeutas que en otros independientemente de las características del consultante y sin que el terapeuta o consultante pudiera explicar las razones de su ocurrencia. En una tercera etapa se analizó los factores causales de estos resultados y se encontraron dos: un involucramiento personal intenso entre ambas partes, e intercambios frecuentes y centrados en el momento presente sobre el impacto que estas partes tenían entre sí (Reyes Ortega & Kanter, 2017).

La FAP considera que la relación terapéutica no es un factor que conduce al cambio, ni tampoco un elemento moderador, sino que es el contexto en donde se da el cambio

En 1987 se publica un primer capítulo dentro de un manual de psicoterapia clínica en el que los autores exponían ya las líneas generales de la terapia que estaban desarrollando. Poco después, se publica el primer manual de FAP en 1991 (Kohlenberg & Tsai, 1991/2008) Progresivamente aparecen publicaciones en revistas especializadas, sobretodo publicación de casos clínicos con la aplicación del modelo. Aparecen también las primeras publicaciones sobre investigaciones controladas sobre la eficacia de la terapia. En 2009 se publica el segundo manual (Tsai, Kohlenberg, Kanter, Follette, & Callaghan, 2009) el cual lleva el subtítulo Conciencia, coraje, amor y conductismo haciendo aún más explícita la forma diferente que supone FAP de aplicar la psicoterapia desde un punto de vista conductual (Valero – Aguayo & Ferro – García, 2018).

Principios de FAP

Los manuales de FAP no ofrecen un protocolo con pasos a seguir, técnicas y procedimientos. Describen cómo aplicar los elementos básicos de intervención. La clave para implementar FAP consiste en comprender qué es una conducta clínicamente relevante y la aplicación de las cinco reglas terapéuticas (Valero – Aguayo et al., 2011).

Las conductas clínicamente relevantes (o CCR) son ejemplos de comportamientos problemáticos, en sintonía con los objetivos del consultante, que ocurren dentro de la sesión terapéutica (Tsai, Kohlenberg, Kanter, Holman, & Loudon, 2012). Aunque a veces la semejanza topográfica entre los comportamientos relevantes fuera y dentro del espacio psicoterapéutico es obvia, en muchas ocasiones no lo es, y el terapeuta FAP deberá identificar CCR funcionalmente equivalentes a las clases de respuesta que el consultante requiere incrementar o disminuir en su vida diaria (Reyes Ortega & Kanter, 2017).

Existen tres tipos de CCR, y el terapeuta FAP debe aprender a identificarlas para poder efectivamente llevar a cabo esta terapia (Valero – Aguayo et al., 2011).

Las CCR 1 representan los problemas del consultante que ocurren durante la sesión. Tienden a estar bajo control aversivo y son frecuentemente conductas evitativas, incluyendo las de evitación emocional. Por ejemplo: consideremos el caso de la adolescente P en donde suele evitar angustiarse y manifestar su descontento frente a personas desconocidas, una CCR 1 de esta adolescente sería representar estas conductas de evitación con el terapeuta.

Las CCR 2 son las mejoras que lleva a cabo el consultante durante la sesión. Por ejemplo la adolescente P en sesión menciona que no se siente cómoda con algún tipo de intervención o mismo durante su discurso se angustia y comienza a llorar. El terapeuta deberá estar atento a las CCR 2 de los consultantes para poder así reforzar inmediatamente esa conducta y favorecer el cambio terapéutico.

Las CCR 3 representan las interpretaciones que realiza el consultante sobre su propia conducta. Una CCR 3 ideal involucra la observación y descripción de la conducta y el refuerzo asociado. Por ejemplo, siguiendo con el caso de la adolescente P una CCR 3 podría ser: “estaba en mi casa con mi novio y noté que él no tenía ganas de estar conmigo, quería irse. Pude decirle que quería verlo, estar con él y que sentía que él estaba queriendo estar solo y eso me ponía mal”.

Encontramos también otras conductas relevantes y son aquellas que ocurren fuera de la sesión terapéutica (OR). Las OR son las acciones problemáticas o deseables que al consultante le interesa cambiar al acudir a psicoterapia. Existen dos tipos de OR, las OR1 que son conductas problemáticas que ocurren fuera de la sesión terapéutica, sus antecedentes (Sd) son situaciones que ocurren de manera natural en su entorno y su función primordial es la evitación o el escape de alguna situación o experiencia aversiva. Las O2 son conductas deseables que ocurren fuera de la sesión terapéutica, tienen como antecedentes (Sd) situaciones cotidianas, normalmente ocurren en situaciones motivaciones y su función primordial es la obtención de consecuencias apetitivas (Reyes Ortega & Kanter, 2017).

Finalmente encontramos las conductas del terapeuta que también resultan primordiales en el trabajo con FAP, a ellas las denominaremos TR y son importantes porque generan un impacto en el tratamiento del consultante influyendo en sus CCR. Las TR1 son conductas problemáticas porque estimulan y refuerzan CCR1 del consultante; por consecuencia representan fallas en el esfuerzo de provocar o reforzar CCR2 y 3. Un ejemplo es permitir que la adolescente P reprima sus ganas de llorar cuando se angustia ante el relato de una situación penosa para ella.

_Las TR2_por el contrario, son comportamientos deseables y se encuentran motivados por la consciencia de sus valores como terapeuta. Provocan o refuerzan CCR2 y CCR 3.

Dado que se entiende que quienes se aproximan por primera vez a este modelo pueden perderse en tanta nomenclaturas novedosas, a continuación se adjunta una tabla propuesta por Reyes Ortega & Kanter (2017).

Las reglas terapéuticas

Estas reglas se organizaron en función de las CCR (Kanter et al., 2017). Estas cinco reglas son necesarias para poder llevar a cabo un tratamiento basado en FAP.

La primer regla consiste en estar atento a las CCRs. Es tal vez, la regla principal en FAP, llevarla a cabo requiere un mayor involucramiento del terapeuta y al desarrollo de una relación terapéutica más intensa.

La segunda regla consiste en evocar CCRs. Este paso implica un “acto valiente” por parte del terapeuta. La relación terapéutica implica un vínculo real y auténtico con sus fortalezas y sus debilidades moldeadas por historias de vida. Esta naturaleza evocará CCRs de manera natural. FAP también puede hacer uso de ejercicios evocativos para traer deliberadamente a sesión CCRs. Estos ejercicios sirven especialmente cuando la terapia no está evocando naturalmente CCRs (Tsai, Plummer, Kanter, Newring, & Kohlenberg, 2010).

La regla 3 consiste en reforzar naturalmente las CCR2s. Esta regla se vincula con “dar amor”. Este modelo considera que el reforzamiento natural es el principal mecanismo de cambio. Desde un modelo conductual – contextual lo que importa son las consecuencias: cómo uno responde a las CCR en el momento que sucede. Una vez que se observan comportamientos más efectivos, proveer atención y responder de una manera que sean reforzante para el consultante (Holman et al., 2017).

La regla 4 consiste en tratar de desarrollar un repertorio para observar las propiedades reforzante de la conducta del terapeuta en relación las CCR del cliente. Esto quiere decir, que el terapeuta tiene que poder observar la relación reforzante entre la conducta del cliente y su conducta. Esta regla tienen importantes efectos sobre los resultados terapéuticos.

Finalmente la Regla 5 el objetivo es generar en el cliente un repertorio de descripción de las relaciones funcionales entre las variables de control y sus conductas (evocar CCR3 -2 y desarrollar OR2). El terapeuta realiza esto a través del moldeamiento y a través de modelos del propio terapeuta (Valero – Aguayo et al., 2011). El éxito terapéutico depende de las O2s dado que son ellas el objetivo de la terapia en última instancia.

Consciencia, valor y amor

Los términos Conciencia, valor y amor (ACL por sus siglas en inglés) fueron utilizados por primera vez por Tsai et al. (2009) en su libro A Guide to Functional Analytic Psychotherapy desde ese entonces, se los ha utilizado para describir mecanismos o procesos terapéuticos de FAP, tipos específicos de CCR, cualidades del terapeuta FAP efectivo y hasta como sinónimo de sus cinco reglas (Reyes Ortega & Kanter, 2017).

Requiere voluntad de ser auténtico, realizar auto develaciones al servicio del crecimiento del consultante, perseverar y resistir a la sensación de miedo

El término conciencia hace referencia a ser consciente lo que está sucediendo en el momento presente Esto quiere decir: ser consciente de uno mismo, de la otra persona, y de lo que está sucediendo entre ambos. Por el contrario, la falta de consciencia nos lleva a actuar en piloto automático, desconectado del momento presente y más fusionado con nuestros pensamientos. El modelo ACL sugiere que el primer paso puede ser ayudar a nuestros consultantes en aumentar el nivel de consciencia en tres áreas fundamentalmente:

  1. Las sensaciones corporales, pensamientos y emociones: este paso es similar a mindfulness. Adoptar una postura de aceptación, sin juzgar las sensaciones y experiencias que suceden y adoptar una postura flexible sobre los pensamientos y las reacciones propias.
  2. Valores, necesidades y metas: Desarrollar una mayor conexión social requiere aumentar la consciencia sobre los valores pro sociales y las metas de la interacción
  3. Los otros: Sumamente necesario estar alerta de los demás cuando interactuamos.

De acuerdo con Holman et al. (2017) en términos conductuales, la consciencia puede ser vista como una transformación de funciones. La toma de consciencia de determinadas conductas del pasado por ejemplo evitativas, pueden adoptar nuevas funciones más adaptativas.

El valor en FAP se refiere a una develación de vulnerabilidad que puede tomar diversas formas en diferentes relaciones y diferentes momentos. Cualquier relación terapéutica tiene el potencial de ser evocativa ya que el consultante comparte información con el terapeuta. Sin embargo, no es eficiente esperar que ocurran de manera espontáneas las CCR 1 o CCR 2. Podría ser más enriquecedor hacer que ocurran dentro del espacio terapéutico. Puesto que FAP se focaliza en las relaciones, la intimidad, incluyendo la habilidad de confiar en otros, tomar riesgos, ser auténtico y dar y recibir amor, los terapeutas son alentados a estructurar sus tratamientos de una manera poco convencional para las terapias conductuales – evocar conductas desafiantes para el consultante dentro de la sesión con el fin de trabajarlas tal como van surgiendo – (Tsai & Callaghan, 2013). Evocar CCRs puede resultar desafiante para los clínicos. Requiere tomar coraje, ser vulnerable y elegir nuevas estrategias. Requiere también voluntad de ser auténtico, realizar auto develaciones al servicio del crecimiento del consultante, perseverar y resistir a la sensación de miedo (Callaghan, Gregg, Marx, Kohlenberg, & Gifford, 2004) Tal vez, ésta sea una de las partes más complejas y desafiante para el terapeuta FAP.

FAP se focaliza en las relaciones, la intimidad, incluyendo la habilidad de confiar en otros, tomar riesgos, ser auténtico y dar y recibir amor

Finalmente el amor. en FAP el amor es una acción que se presenta en respuesta al valor. El amor es acerca de cómo respondemos cuando otros se relacionan con nosotros de una forma valiente. Responder con amor significa reforzar naturalmente al comportamiento valiente. El mecanismo de cambio clínico en la FAP es la respuesta contingente del terapeuta a los comportamientos del cliente a medida que ocurren durante la sesión en un esfuerzo por fortalecer (reforzar) formas más efectivas de actuar. Dicho de otra manera, el terapeuta responde al cliente en el momento en que el cliente se involucra en un comportamiento problemático o efectivo reforzando naturalmente los comportamientos que funcionan de manera más efectiva para el cliente en la relación terapéutica. De acuerdo con la teoría básica del comportamiento o del aprendizaje, una premisa fundamental de la FAP es que cuanto más cerca en el tiempo y lugar del comportamiento del cliente se encuentre la intervención del terapeuta (es decir, el refuerzo contingente), mayor será el efecto de la intervención. Por lo tanto, la forma más efectiva de dar forma al comportamiento de un cliente es responder a él tal como ocurre en la sesión (Holman et al., 2017). En FAP la forma específica de la respuesta valiente y amorosa puede variar topográficamente dependiendo de los contextos y los individuos inmersos en ellos (Reyes Ortega & Kanter, 2017).

Formas de evaluar desde una perspectiva ACL

Consciencia

  1. ¿Podes darte cuenta de lo que estas pensando o sintiendo?
  2. ¿Podes ser consciente de los sentimientos de los otros?
  3. ¿Tenes conocimiento de qué es importante para vos en esta vida?

Coraje

  1. ¿Estas dispuesto a ser vulnerable conmigo?
  2. ¿Compartes de una manera autentica lo que pensas o sentis?
  3. ¿Podes preguntar por lo que necesitas?

Amor

  1. ¿Ayudas a los demás a sentirse seguros y a salvo?
  2. ¿Expresas empatía y comprensión?
  3. ¿Sos una persona validante?
  4. ¿Aceptar amor de otras personas?

El trabajo de FAP con niños y adolescentes

La psicoterapia con niños y adolescentes presenta ciertas características diferenciales en relación a la terapia con adultos. En general tanto los niños como los adolescentes que asisten a tratamiento lo hacen en su mayoría por motivación de otros (padres, familia y/o escuela), ya que con frecuencia ellos no perciben la problemática de su conducta (Kazdin, 2004). Además, en la misma terapia intervienen otros sujetos de forma directa o indirecta, como el sistema familiar, escolar o judicial, entre otros. En la adolescencia, por ejemplo, se ha planteado que características propias de la edad, como las necesidades de autonomía, autodeterminación, auto-confirmación y desconfianza de la autoridad adulta y el nivel de desarrollo cognitivo operatorio formal, harían más complejo el establecimiento de una relación de ayuda. Todas estas características se han asociado a la dificultad en el establecimiento de la relación de ayuda en los adolescentes y su baja adherencia a los tratamientos (Pérez, Gloger, & Krause, 2015).

Las etapas iniciales de todo tratamiento psicoterapéutico son fundamentalmente para la instalación del dispositivo y la relación terapéutica. Esto supone que el cambio implica avanzar por diferentes estadios o fases y que las fases iniciales son de vital importancia para el establecimiento, desarrollo y resultado del proceso (Genise, Genise, & Crocamo, 2019).

Las intervenciones basadas en FAP con adolescentes y pre – adolescentes permiten al terapeuta aplicar principios basados en la evidencia y trabajar con áreas bien delimitadas del comportamiento. Así también, las intervenciones están dirigidas a un cambio de comportamiento socialmente significativo y observable. La aplicación de FAP no debería ser diferente a su aplicación en la población adulta, teniendo en cuenta que esta terapia se estructura a partir de lo que ocurre en la sesión terapéutica.

La operacionalización de una relación terapéutica que se basa técnicamente en el uso espontáneo y deliberado de estrategias de refuerzo, hace posible que los terapeutas influyan en el comportamiento de estos individuos, lo que les ayuda a ampliar sus repertorios sociales. El proceso conduce a un comportamiento más flexible mediante la aplicación de múltiples fuentes de refuerzo social, múltiples topografías y diferentes situaciones (Cattivelli et al., 2012).

A la fecha se han documentado escasos trabajos que vinculan el trabajo en FAP con la clínica infantojuvenil. Scolari Gosch & Vandenbergue (2004) llevaron a cabo un trabajo en el que abordaban la conducta agresiva y desafiante de un niño de nueve años de edad. Este trabajo se llevó en conjunto con su familia y el contexto educativo, utilizando estrategias como la psicoterapia individual y biblioterapia con la madre, además de la búsqueda de apoyo de los adultos con los que interactúa en el uso de las estrategias conductuales. El objetivo del estudio, más que mostrar la efectividad de la intervención, fue mostrar la posibilidad de combinar la FAP con estrategias del análisis de comportamiento aplicado.

Las intervenciones basadas en FAP con adolescentes y pre – adolescentes permiten al terapeuta aplicar principios basados en la evidencia y trabajar con áreas bien delimitadas del comportamiento

Ferro García, Vives Montero & Ascanio Velasco (2009) hacen referencia a un trabajo con dos estudios de caso de niños con conductas asociadas al trastorno oposicionista desafiante (Velandia Alarcón, 2012). Por un lado, se trató a una niña de tres años con llantos intensos y frecuentes, conductas desafiantes y agresivas, con un Entrenamiento en comunicación funcional y técnicas de FAP; por otro lado, describen el caso de un niño de seis años que no aceptaba la muerte del padre y presentaba conductas problema equivalentes al caso anterior, además de desobediencia, se encerraba en su cuarto para obtener algo o escapar de alguna demanda rechazaba los saludos, gritaba, entre otros. Se trató a través del juego con una intervención basada en técnicas de FAP. Los resultados en ambos casos fueron positivos.

Nunes, Kanter y Meyer (2012) realizaron una investigación en la que analizaron la contingencia directa entre el comportamiento del terapeuta y el consultante, en este caso un niño de 7 años con baja motivación hacia las actividades académicas y dificultades en el aprendizaje y una niña de 10 años con problemas de aprendizaje y conductas oposicionistas desafiantes. Utilizaron la escala de medición de la FAP (FAPRS) para medir el comportamiento de los consultantes y el sistema multidimensional de codificación conductual de la interacción entre consultante y terapeuta. Las mediciones en el proceso del primero consultante se realizaron durante 9 sesiones, el proceso total se llevo a cabo en 18 sesiones y se logro éxito terapéutico. En el segundo caso se realizaron mediciones durante 10 sesiones y se observo que el proceso no fue efectivo.

Conclusiones

El apoyo de investigación actual para la FAP es diverso y prometedor, pero no suficiente para justificar las afirmaciones de que la FAP se basa en la evidencia o en la investigación para trastornos psiquiátricos específicos (Kanter et al., 2017). Dentro de las publicaciones en el modelo se evidencia un número importante de publicaciones teóricas en comparación con trabajos empíricos. Los estudios indican que la combinación de FAP con ACT u otras terapias conductuales podrían ser beneficiosos sin embargo, es necesario mayor investigación. Las publicaciones en FAP han aumentado significativamente en los últimos 20 años. Este aumento de publicaciones apoya la hipótesis de que un gran número de autores se encuentran interesados y explorando el trabajo en FAP. Esto daría a pensar que en los próximos años veremos cómo esa curva continúa aumentando (Cattivelli et al., 2012).

En el campo de la psicoterapia infantojuvenil, las publicaciones en la temática son aún más escasas. Si bien FAP se apoya en principios empíricamente validados y que cuenta con un gran caudal de apoyo empírico en la clínica infantojuvenil, se requieren más investigaciones para evaluar la eficacia del modelo en esta población. Las publicaciones existentes inspiran un devenir prometedor y de seguro se verá reflejado en trabajos futuros.

**Referencias bibliográficas: **

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  • Cattivelli, R., Tirelli, V., Berardo, F., & Perini, S. (2012). Promoting appropriate behavior in daily life contexts using functional analytic psychotherapy in early – adolescent children. International journal of behavioral consultation and therapy, 7(3), 25 – 32.
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  • Valero – Aguayo, L., & Ferro – García, R. (2018). Psicoterapia Analítica Funcional. El análisis funcional en la sesión clínica. Madrid: Editorial Síntesis.
  • Valero – Aguayo, L., Kohlenberg, R., Ferro – García, R., & Tsai, M. (2011). Theraputic Change Processes in Functional Analytic Psychotherapy. Clínica y Salud, 22, 209 – 221.
  • Velandia Alarcón, C. (2012). Efecto de la Psicoterapia Analítica Funcional sobre el comportamiento problemático de tres niños. (Maestría en Psicología Clínica). Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá.
  • Xavier, R. N., Kanter, J. W., & Meyer, S. B. (2012). Transitional probability analysis of two Child Behavior Analytic Therapy cases. International Journal of Behavioral Consultation and Therapy, 7, 182.
  • Recomendados

Las palabras importan: La RAE le quita a la homeopatía la capacidad de curar

  • 07/11/2019
  • David Aparicio

Javier Salas describe la mejor noticia del día en El País:

La homeopatía ha sido un «sistema curativo» durante 167 años, al menos en el idioma español. Desde que se consignara por primera vez esta voz llegada del alemán en la edición de 1852, la Real Academia Española siempre ha considerado en su definición que esta pseudoterapia curaba. Hasta hoy. En su nueva definición, la homeopatía pasa de ser un sistema curativo a una simple «práctica» que «supuestamente» produce unos síntomas.

Y agrega:

De este modo, la homeopatía pierde la segunda de las tres patas que mantenían su respaldo social. Ahora ha perdido el respaldo lingüístico: homeopatía, en español, no significa un remedio que cura. Antes, el consenso científico-médico ya le había retirado su apoyo hace tiempo, con manifestaciones cada vez más tajantes por parte de las sociedades científicas. Hace dos años la Real Academia de Farmacia aseguró no solo que no funciona, sino que «la homeopatía puede poner en riesgo la salud». En España, ninguna universidad pública enseña homeopatía en una asignatura desde el pasado año. El último respaldo que le queda es el legal, ya que la normativa europea determina que debe venderse como medicamento, aunque el Gobierno español pretende que esto cambie. En Francia, ya está en proceso que se retire su financiación pública.

Lee el artículo completo en El País.

  • Clínica

El NICE reconoce que los antidepresivos pueden causar síntomas graves de abstinencia

  • 07/11/2019
  • David Aparicio

Durante muchos años se ha argumentado que los síntomas generados poco después de dejar los antidepresivos eran muy leves y limitados para ser considerados como síntomas de abstinencia, y que a lo sumo se podrían catalogar como un síndrome de discontinuación o síndrome de cese de ISRS. Esta información forma parte de la mayoría de las guías de evaluación y tratamiento utilizadas en las clases de psicofarmacología y de formación psiquiátrica y, por lo tanto, era la información que los médicos compartían con sus pacientes.

Sin embargo, esta información no ha estado libre de críticas y controversias. Durante los últimos años diversos investigadores han publicado datos actualizados que cuestionan dicha información y que demuestran que los síntomas de abstinencia por medicación antidepresiva son mucho más extensos y severos de lo que se pensaba.

El ejemplo más reciente proviene de la controversia que inició en julio de 2017 cuando el NICE (Instituto Nacional de Excelencia Clínica del Reino Unido) decidió no incluir los datos actualizados sobre los síntomas de abstinencia por antidepresivos en el borrador de la nueva versión de la Guía de evaluación y tratamiento de la depresión en adultos.

Para dar un poco de contexto: el NICE es una de las instituciones de salud más prestigiosas del mundo y sus documentos son el modelo y fuente de otras organizaciones, protocolos de tratamiento y libros de texto que se usan en la formación psiquiátrica y psicológica.

Asociaciones británicas de psicología y salud mental que se unieron para exigir una revisión de la guía del NICE.

Al conocer que la guía no incluiría la información actualizada, un grupo de 35 asociaciones de psicólogos y especialistas de salud mental del Reino Unido presentó, en febrero de 2018, una carta formal a la junta directiva del NICE en donde argumentaban que el borrador presentaba serias fallas metodológicas, falta de transparencia e inconsistencia (puedes leer el documento completo aquí). Sumado a este reclamo, el 21 de mayo de 2019 un comité de médicos y expertos en salud publicó en la revista académica British Medical Journal, una carta que recopiló una serie de estudios con distintas metodologías que demostraban que muchos pacientes experimentan los síntomas de abstinencia por más de una semana (Davies et al., 2019). En síntesis estas investigaciones evidencian que:

  • 55% de los pacientes reportaron síntomas de abstinencia por más de 2 semanas (Perahia, Kajdasz, Desaiah, & Haddad, 2005).
  • 40% de los pacientes reportaron síntomas de abstinencia por más de 6 semanas (Zajecka et al., 1998).
  • 25% de las personas experimentaron síntomas de abstinência por 12 semanas (Royal College of Psychiatrists, 2012 ).
  • El metanálisis más reciente incluyó una revisión de 14 investigaciones y describe (Davies y Read, 2019):
    • Más de la mitad (56%) de las personas que intentan dejar los antidepresivos experimentan efectos de abstinencia.
    • Casi la mitad (46%) de las personas que experimentan efectos de abstinencia los describen como graves.
    • No es raro que los efectos de abstinencia duren varias semanas o meses.
    • Las directrices actuales de Reino Unido y EEUU subestiman la gravedad y duración de la abstinencia de antidepresivos, con importantes implicaciones clínicas.
    • El término síndrome de discontinuación utilizado para referirse a los síntomas descritos va en contra de la evidencia presentada y no debería utilizarse.
Análisis publicado en Addictive Behaviors sobre la incidencia, severidad y duración de los síntomas de abstinencia a los antidepresivos. Haz click en la imagen para leerlo completo.

Finalmente la junta directiva aprobó una segunda y tercera ronda para revisar la guía y, en octubre de 2019, se incluyó una aclaración en la sección detener o reducir los antidepresivos (1.9.2) con datos sobre la severidad y duración de los síntomas de abstinencia.En Psyciencia hemos traducido la sección actualizada. Puedes leerla completa en el siguiente cuadro:

Detener o reducir los antidepresivos

Efectos al dejar de utilizar los antidepresivos (Guía de evaluación y tratamiento de la depresión en adultos del NICE):

  1. Aconseje a las personas que toman medicamentos antidepresivos que, antes de suspenderlos, hablen sobre esto con su médico.
  2. Indique a las personas que si dejan de tomar medicamentos antidepresivos abruptamente, omiten dosis o no toman una dosis completa, pueden tener síntomas de interrupción tales como:
    • Inquietud
    • Problemas para dormir
    • Inestabilidad
    • Transpiración
    • Síntomas abdominales
    • Sensaciones alteradas (por ejemplo, sensaciones de descargas eléctricas en la cabeza)
    • Sentimientos alterados (por ejemplo, irritabilidad, ansiedad o confusión).
  3. Explique que, si bien los síntomas de abstinencia que surgen al suspender o reducir los antidepresivos pueden ser leves y autolimitados, existe una variación sustancial en la experiencia de las personas, con síntomas que duran mucho más (a veces meses o más) y son más graves para algunos pacientes.
  4. Al suspender un antidepresivo, reduzca gradualmente la dosis, normalmente durante un período de 4 semanas, aunque algunas personas pueden requerir períodos más largos, particularmente con medicamentos con una vida media más corta (como paroxetina y venlafaxina). Esto no se requiere con fluoxetina debido a su larga vida media.
  5. Informe a la persona que debe buscar el consejo de su médico si experimenta síntomas de interrupción significativos. Si se producen síntomas de interrupción:
    • Vigilar los síntomas y tranquilizar a la persona si los síntomas son leves
    • Considere reintroducir el antidepresivo original a la dosis que fue efectiva (u otro antidepresivo con una vida media más larga de la misma clase) si los síntomas son severos, y reduzca la dosis gradualmente mientras controla los síntomas.

Implicaciones

De haber ignorado los datos actualizados, la guía del NICE habría perpetuado una información incompleta y anticuada que se replicaría a nivel mundial, y abriría el camino para que los psiquiatras interpretaran erróneamente los síntomas de abstinencia como la reaparición de los síntomas de depresión, y que diagnosticaran a los pacientes con una posible recaída o “falta de respuesta al tratamiento,” lo que provocaría que incrementaran innecesariamente la dosis o que probaran con otro antidepresivo cuando en realidad el paciente presentaba síntomas ya reportados por investigadores.

Referencias bibliográficas:

    • Davies, J., & Read, J. (2019). A systematic review into the incidence, severity and duration of antidepressant withdrawal effects: Are guidelines evidence-based? Addictive Behaviors, Vol. 97, pp. 111-121. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2018.08.027
    • Davies, J., Read, J., Hengartner, M. P., Cosci, F., Fava, G., Chouinard, G., … Guy, A. (2019). Clinical guidelines on antidepressant withdrawal urgently need updating. BMJ , 365, l2238. https://doi.org/10.1136/bmj.l2238
    • Perahia, D. G., Kajdasz, D. K., Desaiah, D., & Haddad, P. M. (2005). Symptoms following abrupt discontinuation of duloxetine treatment in patients with major depressive disorder. Journal of Affective Disorders, Vol. 89, pp. 207-212. https://doi.org/10.1016/j.jad.2005.09.003
    • Royal College of Psychiatrists. Coming off antidepressants. 2012. https://www.rcpsych.ac.uk/healthadvice/treatmentswellbeing/antidepressants/comingoffantidepressants.aspx. (Revisado Feb 2018.)
    • Zajecka, J., Fawcett, J., Amsterdam, J., Quitkin, F., Reimherr, F., Rosenbaum, J., … Beasley, C. (1998). Safety of Abrupt Discontinuation of Fluoxetine. Journal of Clinical Psychopharmacology, Vol. 18, pp. 193-197. https://doi.org/10.1097/00004714-199806000-00003

Fuentes: Infocop

  • Ciencia

Caso único de resistencia al desarrollo temprano de la enfermedad de Alzheimer podría abrir nuevas puertas a los tratamientos

  • 07/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

En una gran familia colombiana que había sufrido durante mucho tiempo el terrible legado genético de la enfermedad de Alzheimer de inicio temprano, una mujer en alto riesgo permaneció libre de demencia durante décadas más allá de las expectativas.

Un equipo de investigadores ha identificado una rara mutación genética del gen APOE, el principal gen de susceptibilidad a la enfermedad de Alzheimer de aparición tardía, que puede haber protegido a la mujer contra la devastadora enfermedad neurológica. El estudio fue una colaboración de múltiples instituciones de EE. UU. y Colombia; sus hallazgos fueron publicados en la revista Nature Medicine y pueden proporcionar a los científicos un nuevo objetivo para la investigación y el tratamiento terapéutico del Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas (Arboleda-Velasquez, J.F., Lopera, F., O’Hare, M. et al., 2019).

«Este estudio subraya la importancia de APOE en el desarrollo, tratamiento y prevención de la enfermedad de Alzheimer, sin mencionar el profundo impacto que incluso un voluntario de investigación puede tener en la lucha contra esta terrible enfermedad», dijo el Dr. Eric M. Reiman, director ejecutivo del Banner Alzheimer’s Institute y coautor principal del estudio.

Estudiar a las personas con mutaciones que causan Alzheimer, que no muestran signos de la enfermedad hasta edades más avanzadas, podría ayudar a descubrir genes reductores de riesgo. Este informe de caso describe a uno de esos pacientes, una mujer que formó parte del estudio de 1.200 personas en Colombia que se encontraban en mayor riesgo genético para desarrollar la enfermedad de Alzheimer de inicio temprano debido a una mutación en un gen llamado presenilina 1 (PSEN1).

Sin embargo, esta mujer no desarrolló un deterioro cognitivo leve hasta los 70 años, que fue unos 30 años más tarde que otros portadores genéticos en el estudio.

Investigadores dirigidos por el neurólogo colombiano Francisco Lopera, han seguido a esta familia durante años, recopilando una gran cantidad de datos con la esperanza de encontrar una clave para desbloquear los secretos de la enfermedad. Las pruebas de imagen en los EE. UU. Mostraron que la mujer tenía niveles inusualmente altos de depósitos de placa amiloide en el cerebro, que son marcadores reveladores de la enfermedad de Alzheimer, a pesar de no mostrar síntomas.

Se cree que las placas amiloides conducen a la acumulación de otra proteína deformada, llamada tau, junto con inflamación y la destrucción final de las neuronas. Pero la mujer no tenía los enredos característicos de la tau. Además, las regiones de su cerebro que se ven afectadas más comúnmente por la enfermedad de Alzheimer todavía parecían funcionar como lo harían en un adulto sano.

Cuando los investigadores realizaron una secuenciación completa del exoma, encontraron que, además de la mutación PSEN1 E280A, la mujer tenía dos copias de una variante rara del gen APOE3, llamada Christchurch (APOEch).

Tener dos copias de la mutación APOEch puede haber proporcionado resistencia a los efectos neurodegenerativos provocados por la mutación PSEN1 E280A. Según los autores, esto puede haberla protegido contra el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, a pesar de su alto riesgo familiar y la presencia de amiloide en su cerebro.

«Este hallazgo sugiere que la modulación artificial de la unión de APOE podría tener beneficios potenciales para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer, incluso en el contexto de altos niveles de patología amiloide», dijo el Dr. Joseph F. Arboleda-Velasquez, coautor del estudio.

«Si bien es necesaria una investigación adicional, los resultados de este estudio de caso que identifican la protección contra el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer a través de la mutación del gen APOEch podrían usarse para desarrollar intervenciones para retrasar la progresión de la enfermedad de Alzheimer.»

«Este caso único abre una nueva puerta para los tratamientos de la enfermedad de Alzheimer, basado más en la resistencia a la patología de Alzheimer que en la causa de la enfermedad. En otras palabras, no necesariamente se centra en la reducción de la patología, como se ha hecho tradicionalmente en el campo, sino que promueve la resistencia incluso frente a una patología cerebral importante,» dijo el Dr. Yakeel T. Quiroz, autor principal del estudio, neuropsicólogo clínico e investigador de neuroimagen en el Mass General Hospital.

Referencia bibliográfica:

Arboleda-Velasquez, J.F., Lopera, F., O’Hare, M. et al. Resistance to autosomal dominant Alzheimer’s disease in an APOE3 Christchurch homozygote: a case report. Nat Med (2019) https://doi.org/10.1038/s41591-019-0611-3

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Pacientes con demencia de segunda generación son diagnosticados antes que los padres

  • 07/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia: 50 millones de personas de todo el mundo viven con demencia desde 2018. Se estima que esta cifra aumentará más del triple hasta los 152 millones para el año 2050. Entre el 10% y el 15% de los hijos de pacientes con Alzheimer también desarrollan síntomas de la enfermedad. Las personas con demencia cuyos padres tuvieron demencia, tienden a desarrollar síntomas un promedio de seis años antes que estos últimos (Day et al., 2019).

Factores como la educación, la presión arterial y la variante genética APOE4, que aumenta el riesgo de demencia, representaron menos de un tercio de la variación en la edad de inicio; lo que significa que quedan más de dos tercios por explicar.

«Si podemos comprender mejor los factores que retrasan o aceleran la edad al comienzo, eventualmente podríamos llegar al punto en el que recopilemos esta información en una visita al médico, la pasamos por nuestra calculadora y determinemos la edad esperada de inicio de cualquier adulto hijo de una persona con demencia,» dijo el primer autor Gregory Day, MD, profesor asistente de neurología e investigador de la enfermedad de Alzheimer en el Centro de Investigación Charles F. y Joanne Knight (ADRC) en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis.

Pacientes de segunda generación

El equipo de investigación evaluó a pacientes con demencia que participaban en estudios en el Knight ADRC. Identificaron a 164 personas con demencia que tenían al menos un padre que había sido diagnosticado con demencia.

Utilizando registros médicos y entrevistas con participantes y amigos o miembros de la familia, los investigadores determinaron la edad de inicio de la demencia para cada participante y sus padres o padre.

Los participantes con un padre con demencia desarrollaron síntomas un promedio de 6.1 años antes que su progenitor. Si ambos padres tenían demencia, la edad de inicio era 13 años antes que el promedio de las edades de los padres al momento del diagnóstico.

Aunque los cambios en las últimas décadas en los criterios de diagnóstico y las actitudes sociales hacia el deterioro cognitivo en la edad adulta explican en parte por qué los participantes fueron diagnosticados a edades más tempranas que sus padres, es probable que otros factores también estén en juego.

«Hoy en día hay menos tendencia a descartar la confusión y el olvido como signos de envejecer», dijo Day.

«Las personas que vieron a sus padres decaer con la enfermedad de Alzheimer son especialmente menos propensas a descartar tales preocupaciones. Lo más interesante, creo, es que las personas con dos padres con demencia desarrollaron la enfermedad mucho más jóvenes que las personas con un solo padre . Eso sugiere que más que solo cambios en los criterios de diagnóstico o en las actitudes sociales.»

«Las personas con dos padres con demencia pueden tener una dosis doble de factores genéticos u otros factores de riesgo que los empujan hacia una edad de inicio más temprana.»

Como parte de este estudio, los investigadores analizaron un gran conjunto de factores de riesgo conocidos para la enfermedad de Alzheimer. Estudiaron factores hereditarios como el origen étnico, la raza, las variantes genéticas y qué padre tenía la enfermedad.

También tuvieron en cuenta la educación, el índice de masa corporal, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la presión arterial, el nivel de colesterol en la sangre, la depresión, el consumo de tabaco, el consumo excesivo de alcohol y los antecedentes de lesiones cerebrales traumáticas.

Todos los factores juntos solo representaron el 29% de la variabilidad, lo que significa que la mayor parte de lo que influye en la edad de inicio de la demencia aún no se ha identificado.

Curiosamente, el equipo descubrió que las personas que fueron diagnosticadas con la enfermedad de Alzheimer a edades inesperadamente más jóvenes o mayores que sus padres tenían más probabilidades que las personas diagnosticadas a la edad esperada, de tener ciertas mutaciones en los genes de Alzheimer. Pero no esta claro qué efecto tienen estas mutaciones.

“Estas personas son realmente interesantes. No sabemos por qué sus síntomas comenzaron antes o después de lo esperado,» dijo Day. «No había otros factores de riesgo que pudiéramos identificar. Comenzamos este proyecto buscando factores a los que podríamos apuntar para darles a las personas más tiempo antes de que comiencen a experimentar demencia. Aunque todavía no estamos en el punto en que podamos modificar los genes de las personas, podemos comenzar a explorar cómo estos genes pueden acelerar o ralentizar la aparición de la demencia en estos individuos.»

Referencia bibliográfica:

Day, G. S., Cruchaga, C., Wingo, T., Schindler, S. E., Coble, D., & Morris, J. C. (2019). Association of Acquired and Heritable Factors With Intergenerational Differences in Age at Symptomatic Onset of Alzheimer Disease Between Offspring and Parents With Dementia. JAMA Network Open, 2(10), e1913491. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2019.13491

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Entrenamiento de alta intensidad mejoraría la memoria de adultos mayores

  • 06/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Poner el cuerpo en movimiento trae múltiples beneficios para la salud física y psíquica. Hace poco compartimos una investigación que encontró que la actividad física puede ayudar a proteger las regiones del cerebro que son sensibles a la neurodegeneración. Un nuevo estudio se enfocó en el entrenamiento de alta intensidad y halló que puede mejorar la memoria de adultos mayores (Kovacevic, Fenesi, Paolucci, & Heisz, 2019).

Los investigadores creen que el estudio tiene implicaciones generalizadas para prevenir la demencia, una enfermedad catastrófica que afecta a aproximadamente 50 millones de personas en todo el mundo y se espera que aumente drásticamente en la próxima década.

«Hay una necesidad urgente de intervenciones que reduzcan el riesgo de demencia en adultos mayores sanos,» dice la Dra. Jennifer Heisz, la autora principal y profesora asociada en el Departamento de Kinesiología de la Universidad McMaster en Ontario, Canadá. «Solo recientemente hemos empezado a apreciar el papel que desempeña el estilo de vida, y que el modificador más grande de factores de riesgo es la actividad física.»

«Este trabajo ayudará a informar al público sobre las prescripciones de ejercicios para la salud del cerebro para que sepan exactamente qué tipos de ejercicios aumentan la memoria y mantienen a raya la demencia.»

El estudio revela que la intensidad es clave. Específicamente, los adultos mayores que se ejercitaron con ráfagas cortas de actividad vieron una mejora de hasta un 30% en el rendimiento de la memoria, mientras que los participantes que hicieron ejercicio moderadamente no vieron una mejora, en promedio.

Para arribar a estas conclusiones, los investigadores reclutaron a docenas de adultos mayores sedentarios pero sanos de entre 60 y 88 años que fueron monitoreados durante un período de 12 semanas y participaron en tres sesiones por semana. Algunos participantes realizaron entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) o entrenamiento continuo de intensidad moderada (MICT) mientras que un grupo de control separado solo se dedicaba al estiramiento.

El protocolo HIIT incluyó cuatro series de ejercicio de alta intensidad en una cinta de correr durante cuatro minutos, seguido de un período de recuperación. El protocolo MICT incluyó un conjunto de ejercicios aeróbicos de intensidad moderada durante casi 50 minutos.

Para capturar mejoras en la memoria relacionadas con el ejercicio, los investigadores utilizaron una prueba específica que aprovecha la función de las neuronas recién nacidas generadas por el ejercicio que son más activas que las maduras y son ideales para formar nuevas conexiones y crear nuevos recuerdos.

Descubrieron que los adultos mayores en el grupo HIIT tenían un aumento sustancial en la memoria de alta interferencia en comparación con el MICT o los grupos de control. Esta forma de memoria nos permite distinguir un automóvil de otro de la misma marca o modelo, por ejemplo.

Las mejoras en los niveles de condición física se correlacionan directamente con la mejora en el rendimiento de la memoria.

«Nunca es demasiado tarde para obtener los beneficios para la salud del cerebro de estar físicamente activo, pero si comienzas tarde y quieres ver resultados rápidamente, nuestra investigación sugiere que es posible que necesites aumentar la intensidad de tu ejercicio,» dijo Heisz.

Advierte que es importante adaptar el ejercicio a los niveles de condición física actuales, pero agregar intensidad puede ser tan simple como agregar colinas a una caminata diaria o aumentar el ritmo entre las farolas de luz de la calle.

“El ejercicio es una intervención prometedora para retrasar la aparición de la demencia. Sin embargo, no existen pautas para una prevención efectiva. Esperamos que esta investigación ayude a formar esas pautas,” finalizó la investigadora.

Referencia bibliográfica:

Kovacevic, A., Fenesi, B., Paolucci, E., & Heisz, J. J. (2019). The effects of aerobic exercise intensity on memory in older adults. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism = Physiologie Appliquee, Nutrition et Metabolisme. https://doi.org/10.1139/apnm-2019-0495

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

El vínculo materno sería fundamental para prevenir de relaciones abusivas a los adolescentes

  • 06/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

Un vínculo de amor con sus madres ayudaría a evitar que los adolescentes tengan una relación abusiva más adelante en la vida, incluso si la madre se encuentra en una relación de pareja polémica (Livingston, Lessard, Casey, Leonard, & Eiden, 2019).

Investigaciones anteriores han encontrado que los adolescentes que están expuestos a conflictos matrimoniales a una edad temprana tienen un mayor riesgo de sufrir abusos en sus relaciones románticas.

Sin embargo, el nuevo estudio descubrió que la relación del niño con su madre sirve como un amortiguador al promover potencialmente los sentimientos de autoestima del adolescente, explicó la Dra. Jennifer Livingston, investigadora principal del estudio.

«Los niños forman modelos de trabajo internos sobre sí mismos y los demás en función de la calidad de su relación con sus padres. Si el cuidador principal es abusivo o inconsistente, los niños aprenden a verse a sí mismos como no amables y a los demás como hostiles y no confiables. Pero los comportamientos parentales positivos caracterizados por la aceptación y la calidez ayudan a los niños a formar modelos de trabajo internos positivos de sí mismos como y dignas de respeto.»

El estudio encontró que los niños que experimentaron niveles superiores a la media de conductas parentales positivas por parte de sus madres en el octavo grado, tenían menos probabilidades de estar involucrados en la violencia de pareja cuando eran adolescentes, incluso cuando había altos niveles de conflicto en el matrimonio de sus padres.

Los niveles más bajos de calidez, capacidad de respuesta y apoyo de la madre no debilitaron los efectos nocivos del conflicto matrimonial en sus hijos.

Según los investigadores, los resultados podrían ayudar en el desarrollo de intervenciones que eviten que los adolescentes experimenten relaciones abusivas física, emocional o sexualmente.

El estudio encuestó a más de 140 adolescentes cuyos padres estaban casados ​​o convivían en el momento de su nacimiento. Las familias son parte de un estudio en curso sobre el desarrollo de hijos de padres alcohólicos. La mitad de los participantes tenía al menos un padre (con mayor frecuencia el padre) con un problema de alcohol. Los investigadores examinaron al grupo debido a la conexión entre el alcoholismo en los padres y la disfunción familiar, explicaron.

«Aunque el alcoholismo de los padres no se ha relacionado directamente con la violencia en el noviazgo adolescente, los niños que crecen en familias alcohólicas experimentan una mayor exposición al conflicto matrimonial y la crianza dura en comparación con los niños de familias no alcohólicas,» dijo Livingston.

“Claramente, no todos los niños de familias alcohólicas están involucrados en la violencia de pareja, lo que sugiere que también hay factores protectores en juego. Es necesario identificar estos factores protectores para avanzar en los esfuerzos de prevención.”

Los adolescentes completaron encuestas en octavo grado y durante su tercer o último año de secundaria, informando sobre su exposición al conflicto entre sus padres, la percepción de su relación con su madre y cualquier participación en la violencia de pareja.

«La influencia conjunta de los conflictos entre padres y las interacciones materno-infantiles sugiere la necesidad de un enfoque de intervención múltiple que promueva la comunicación y la resolución de conflictos en el matrimonio y un comportamiento positivo de crianza con los niños,» dijo Livingston.

“Los padres que están en mejores condiciones para comunicarse y resolver desacuerdos tendrán menos conflictos en el hogar y pueden modelar habilidades apropiadas de resolución de conflictos para sus hijos. La capacidad de resolver conflictos con éxito también debería reducir el estrés y permitir que los padres sean más receptivos a las necesidades de sus hijos,” concluyó.

Referencia del estudio:

Livingston, J. A., Lessard, J., Casey, M. L., Leonard, K. E., & Eiden, R. D. (2019). Teen Dating Violence in a High-Risk Sample: The Protective Role of Maternal Acceptance. Journal of Interpersonal Violence, p. 088626051988016. https://doi.org/10.1177/0886260519880165

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Parejas jóvenes: vivir juntos podría mejorar la salud emocional

  • 06/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

El matrimonio o la convivencia pueden mejorar la salud emocional de las parejas jóvenes, y de manera especial la de las mujeres. Investigadores encontraron que la angustia emocional disminuyó en mujeres jóvenes solteras cuando se mudaron con una pareja romántica o cuando se casaron por primera vez. Los hombres experimentaron una disminución de la angustia emocional solo cuando se casaron directamente, no así cuando se mudaron con una pareja romántica por primera vez. Y cuando los adultos jóvenes terminaron una primera relación, tanto hombres como mujeres recibieron estímulos emocionales similares al mudarse con su segunda pareja o al casarse con ellos (Mernitz & Dush, 2016).

Los hallazgos sugieren un papel evolutivo del matrimonio entre los jóvenes de hoy, dijo Sara Mernitz, coautora del estudio. A principios de la década de 1990, los jóvenes aún experimentaban beneficios en su salud emocional cuando pasaban de vivir juntos a casarse; ahora parece que los jóvenes, especialmente las mujeres, reciben el mismo impulso emocional al mudarse juntos que al casarse directamente, comentó. «No hay un impulso adicional al casarse».

Los hallazgos sugieren que el estigma de vivir juntos no tiene el mismo peso que en generaciones pasadas, dijo la Dra. Claire Kamp Dush, coautora del estudio y profesora asociada de ciencias humanas. Hoy en día, aproximadamente dos tercios de las parejas viven juntas antes del matrimonio.

«En un momento, el matrimonio puede haber sido visto como la única forma para que las parejas jóvenes obtengan el apoyo social y la compañía que es importante para la salud emocional,» dijo Kamp Dush.

Según la investigación, el matrimonio ya no es necesario para cosechar los beneficios de vivir juntos, al menos en lo que respecta a la salud emocional.

Otro hallazgo significativo fue que los beneficios emocionales de la convivencia o el matrimonio no se limitan a las primeras relaciones. El estudio encontró que los adultos jóvenes experimentaron una caída en la angustia emocional cuando pasaron de una primera relación a la cohabitación o al matrimonio con una segunda pareja.

Según Kamp Dush, los jóvenes que participaron del estudio pueden haber seleccionando mejores parejas para ellos mismos la segunda vez, lo que puede explicar la caída en la angustia emocional.

Los investigadores utilizaron datos de la Encuesta Nacional Longitudinal de Jóvenes 1997. Este estudio incluyó a 8700 personas que nacieron entre 1980 y 1984 y fueron entrevistadas cada dos años entre 2000 y 2010.

Además de preguntar sobre el estado de su relación en cada entrevista, a los participantes se les hicieron cinco preguntas para evaluar sus niveles de angustia emocional. Informaron en una escala de uno (todo el tiempo) a cuatro (nunca) con qué frecuencia en el último mes se habían sentido «desanimados y deprimidos y otros síntomas.

Los investigadores explican que el estudio actual tiene ventajas sobre los estudios que simplemente comparan grupos de personas solteras, casadas y que conviven.

«Podemos observar a las personas durante un período de 10 años y ver qué les sucede individualmente a medida que realizan estas diversas transiciones en sus relaciones,» dijo Mernitz.

Se descubrieron algunas diferencias de género, al menos para las primeras uniones de matrimonio o convivencia. En cuanto a los que ingresaron a una primera unión, los hombres experimentaron una disminución en la angustia emocional solo si se casaban directamente. No hubo cambios en la angustia de los hombres que convivieron con una pareja femenina.

Esto puede deberse a que los hombres son más propensos que las mujeres a ver la cohabitación como una forma de probar una relación, lo cual se ha relacionado en otras investigaciones con problemas posteriores de relación.

Además, Kamp Dush señaló que este estudio evaluó solo la angustia emocional. Otra investigación sugiere que los indicadores conductuales de salud (como el consumo de alcohol o la violencia) pueden ser más precisos para los hombres que los indicadores emocionales.

En cualquier caso, las diferencias de género eran visibles solo para las primeras uniones. No hubo diferencias en los cambios de salud emocional para hombres y mujeres que ingresaron a su segunda unión, ya sea matrimonio o cohabitación.

El estudio también encontró que las personas que dieron a luz (o cuya pareja dio a luz) mostraron disminuciones significativas en la angustia emocional en comparación con las que no tuvieron un hijo. Eso puede parecer sorprendente, dado el estrés asociado con tener un hijo, dijo Kamp Dush. Pero señaló que este estudio solo examinó el sufrimiento emocional. Puede haber otras formas en que el estrés de criar a un hijo se manifiesta en estas parejas.

Referencia bibliográfica:

Mernitz, S. E., & Dush, C. K. (2016). Emotional health across the transition to first and second unions among emerging adults. Journal of Family Psychology: JFP: Journal of the Division of Family Psychology of the American Psychological Association , 30(2), 233-244. https://doi.org/10.1037/fam0000159

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

¿Pueden producir daños psicológicos las detenciones intrusivas de la policía?

  • 06/11/2019
  • Maria Fernanda Alonso

¿Qué pueden “hacer” los policías en el ejercicio de sus funciones? ¿Hasta dónde los autoriza la ley a invadir la esfera íntima de otras personas y en qué casos? ¿Cuál es su límite?

Definiendo a las detenciones intrusivas como cacheos, lenguaje áspero, búsquedas, requisas, insultos raciales, amenaza de fuerza y ​​uso de la fuerza, una nueva investigación encontró que los jóvenes que han sido sometidos a detenciones intrusivas por parte de la policía corren el riesgo de una angustia emocional mayor (Jackson, et al., 2019).

La investigación examinó las asociaciones entre las características de las intervenciones policiales y la angustia emocional de los jóvenes durante estas situaciones, el estigma social después de ello y el estrés postraumático posterior.

El equipo de investigadores descubrió que los jóvenes que eran detenidos más a menudo por agentes de policía tenían más probabilidades de reportar un trauma emocional. Sus hallazgos muestran que las percepciones de los jóvenes de sus encuentros negativos con los oficiales también podrían ser perjudiciales para su salud mental.

El estudio incluyó datos recopilados entre los años 2014 y 2017 del Fragile Families and Child Wellinging Study (FFCWS), una investigación sobre familias en riesgo y sus hijos nacidos entre 1998 y 2000. Los datos involucraron a 918 jóvenes que informaron haber sido detenidos por la policía durante su vida.

El 27% de esta muestra urbana de jóvenes en riesgo informó haber sido detenida por la policía a los 15 años. «Si bien no todos los encuentros fueron experimentados como hostiles o amenazantes, nuestros resultados sugieren que cuando las paradas se caracterizaron por un mayor número de conductas intrusivas de los oficiales, las percepciones de los jóvenes sobre el estigma social elevado y las experiencias de estrés postraumático fueron más propensas a presentarse,» explicaron los investigadores.

La angustia emocional se midió preguntando a los jóvenes si se sentían seguros, asustados o enojados durante el encuentro policial. Los participantes también informaron sentimientos de estigma después de la detención, por ejemplo, si evitaban a las personas por temor a que otros pensaran en ellos de manera negativa, si las personas usaban el incidente para burlarse de ellos y si ocultaban el hecho de que fueron detenidos a amigos y familiares.

Para medir el estrés postraumático después de la intervención policial, se preguntó a los participantes si la situación les volvía a producir sentimientos negativos de ser detenidos, si las imágenes de la parada policial a menudo aparecían en su cabeza y si sufrían o no reacciones físicas como sudoración, dificultad para respirar o tener palpitaciones anormales.

Detenciones en la escuela

Los investigadores descubrieron que los jóvenes que fueron detenidos por agentes de policía en la escuela informaron más angustia emocional y reacciones negativas que los que fueron detenidos en otros lugares. Esto fue especialmente cierto en el caso de jóvenes con poca o ninguna historia de delincuencia.

«Puede ser que ser detenido en el entorno escolar, que es conocido por su estructura y convencionalidad, sea más vergonzoso para estos jóvenes», explicaron los investigadores.

Concluyeron que los jóvenes pueden beneficiarse cuando los trabajadores sociales, los consejeros escolares y los proveedores de salud mental intervienen para ofrecer atención y servicios para ayudarlos a lidiar con sentimientos de vergüenza y trauma después de que la policía los detiene. Además, los esfuerzos para mejorar las relaciones entre la policía y la comunidad, especialmente las relaciones entre la policía y los jóvenes, pueden ayudar a reducir los resultados negativos para la salud de las intervenciones policiales.

Finalmente, señalan la necesidad de una capacitación integral de los miembros de la policía que los instruya sobre la mejor manera de realizar sus intervenciones garantizando la seguridad a la vez que se respeta integridad física y mental de la persona detenida.

Referencia bibliográfica:

Jackson, D. B., Testa, A., Vaughn M. G., 2019. Low self-control and the adolescent police stop: Intrusiveness, emotional response, and psychological well-being. Journal of Criminal Justice. https://doi.org/10.1016/j.jcrimjus.2019.101635

Fuente: Psychcentral

  • Clínica

El estatus científico de las técnicas proyectivas

  • 04/11/2019
  • Equipo de Redacción

Hace 19 años Scott Lilienfeld, James Wood y Howard N. Garb, publicaron en Psychological science in the public interest uno de los cuestionamientos más completos y extensos sobre la validez y fiabilidad de las técnicas proyectivas. Este importante análisis recopiló más de 370 revisiones e investigaciones científicas que demuestran los puntos más débiles y cuestionables de esta metodología ampliamente enseñada en las facultades de psicología y aceptada más por costumbre o tradición que por evidencia, como herramienta indispensable en el ámbito clínico y forense.

Para dar a conocer cuales son las críticas y puntos más débiles de estos métodos decidimos hacer una traducción completa del análisis. La traducción tiene más de 100 páginas en el que se aborda exhaustivamente la validez, validez incremental y confiabilidad, de tres de las técnicas proyectivas más utilizadas: test de las manchas de Rorschach, el test de apercepción temática (TAT) y el test de la figura humana. Así también el análisis presenta una revisión de los metaanálisis de los resultados de las técnicas proyectivas utilizadas para evaluar el abuso sexual; y añade recomendaciones para mejorar la práctica forense, clínica y la educación universitaria.

Para facilitar la lectura añadimos una tabla de contenido con enlaces titulo y subtitulo del artículo, esto te permitirá viajar entre las secciones del análisis. Sino tienes mucho tiempo, te recomendamos leer las conclusiones en el apartado resumen y discusión de cada sección. Si deseas algo todavía más conciso puedes leer la lista de puntos clave que está al inicio, y para aquellos que desean profundizar y comprobar la información utilizada, añadimos los enlaces web a las revistas científicas y libros citados en las casi 370 referencias bibliográficas.

Por último, queremos agregar que este análisis no debe interpretarse como una critica a los colegas psicólogos que la utilizan. Nuestra intención es la de compartir información con evidencia que suele ser desconocida y que creemos es en extremo necesaria para generar una reflexión abierta sobre las herramientas que usamos.

Por lo tanto, si eres psicólogo clínico intenta analizar los datos presentados para que puedas sacar tus conclusiones. Si eres docente, esperamos que este artículo te sirva como material para preparar tus clases, y si eres estudiante te recomendamos que compartas este material con tus compañeros y profesores.

La traducción fue realizada por nuestra editora Alejandra Alonso y editada por María Fernanda Alonso y David Aparicio.

Tabla de contenido

  • Puntos clave
  • Introducción
  • Versión en PDF
  • Las técnicas proyectivas y su justificación
  • Prueba de manchas de tinta Rorschach
    • Adecuación de las normas CS
    • Generalización cultural de la CS
    • Fiabilidad de puntuación de la CS
    • Fiabilidad test-retest de la CS
    • La influencia de la frecuencia de respuesta (R) en las puntuaciones CS
    • La estructura factorial de las puntuaciones de Rorschach
    • Validez del Rorschach: metaanálisis globales
    • Validez del Rorschach: revisiones de literatura estrechamente enfocada y metaanálisis
    • Validez del Rorschach: relaciones con diagnósticos e instrumentos de autoinforme
    • Validez incremental
    • Resumen y discusión
  • Test de apercepción temática (TAT)
    • Descripción general de la investigación TAT: problemas y hallazgos
    • Validez incremental del TAT
    • Esquemas de puntuación de necesidad basados ​​en TAT
    • La evaluación de las relaciones objetales con el TAT
    • La evaluación de los mecanismos de defensa con el TAT
    • Resumen y discusión
  • Método de dibujo de la figura humana
    • Fiabilidad
    • Validez
    • Validez incremental
    • Resumen y discusión
  • Metaanálisis de técnicas proyectivas para detectar el abuso sexual infantil
  • Conclusiones relativas a los índices proyectivos apoyados empíricamente
  • Recomendaciones de investigación, práctica forense y clínica, y educación y formación
    • Recomendaciones para construir una técnica proyectiva válida
    • Recomendaciones sobre el uso forense y clínico de técnicas proyectivas
    • Recomendaciones para educación y capacitación
  • Referencias bibliográficas

Puntos clave

Aclaraciones

  • Las principales ventajas de la mayoría de las técnicas proyectivas en relación con las pruebas de personalidad estructuradas suelen ser su capacidad para (a) evitar o eludir las defensas conscientes de los respondedores y (b) permitir a los médicos obtener acceso privilegiado a información psicológica importante (ej., conflictos, impulsos) de los cuales los encuestados no son conscientes. Como consecuencia, los defensores de las técnicas proyectivas han sostenido que estas técnicas proporcionan una validez incremental en la evaluación de la personalidad y la psicopatología más allá de las medidas estructuradas.
  • Los autores eligieron centrarse en los dibujos de Rorschach, TAT y figura humana por dos razones principales. Primero, estos tres instrumentos, así como las versiones afines de ellos, se encuentran entre las técnicas proyectivas más utilizadas en la práctica clínica. En segundo lugar, estos tres instrumentos se encuentran entre las técnicas proyectivas más ampliamente investigadas y, por lo tanto, permiten la evaluación más completa en la actualidad.

Manchas de tinta de Rorschach

  • Los análisis factoriales es que varios puntajes de Rorschach generalmente no se correlacionan o “no se mantienen juntos” de una manera que sea consistente con las teorías sobre la prueba o la práctica clínica.
  • El test de Rorschach ha demostrado poca validez como herramienta de diagnóstico.
  • Pocas variables de Rorschach han demostrado una validez incremental consistente en la evaluación de los indicadores de construcción psicológicamente significativos por encima y más allá de otra información psicométrica más fácilmente adquirida.
  • Los metaanálisis de investigaciones publicadas sobre Rorschach sugieren que al menos algunos índices de Rorschach poseen una validez por encima de cero, aunque la utilidad clínica de estos índices queda por demostrar.
  • Las revisiones bibliográficas centradas en un enfoque limitado han identificado diversas variables de Rorschach que parecen tener validez en la identificación de la esquizofrenia, el TLP y quizás el trastorno esquizotípico de la personalidad y el trastorno bipolar.
  • Sin embargo, la gran mayoría de las variables de Rorschach no han demostrado relaciones consistentes con los trastornos psicológicos o los rasgos de personalidad. Quizás lo más importante es que pocas variables de Rorschach han demostrado una validez incremental consistente en la evaluación de los indicadores de construcción psicológicamente significativos por encima y más allá de otra información psicométrica más fácilmente adquirida.

Test de percepción temática (TAT)

  • Existe un apoyo modesto para la validez de constructo de varios esquemas de puntuación TAT, particularmente aquellos que evalúan la necesidad de logros y relaciones objetales.
  • El uso del TAT para evaluar los mecanismos de defensa ha recibido un apoyo limitado e inconsistente.
  • En los últimos años se han desarrollado otros esquemas de puntuación TAT potencialmente útiles. Por ejemplo, Ronan y sus colegas han derivado un índice de resolución de problemas personales del TAT que se correlaciona significativamente con una medida de desempeño que involucra la generación de medios y fines para soluciones a problemas, y eso distingue significativamente a los pacientes psiquiátricos de los normales.
  • Los pocos sistemas de puntuación TAT prometedores aún no son apropiados para el uso clínico de rutina no hay evidencia convincente de que los esquemas de puntuación TAT para relaciones de objeto o los mecanismos de defensa poseen una validez incremental más allá de los índices de autoinforme de estos constructos.

Figura humana

  • El estado científico de las puntuaciones derivadas de dibujos de figura humana puede describirse mejor como débil.
  • Aunque la fiabilidad test-retest y entre evaluadores a veces es alta, hay una marcada variación entre los estudios.
  • No hay relaciones bien replicadas entre signos de dibujo específicos y personalidad o psicopatología.
  • El papel de la calidad artística en los dibujos de figura humana no se ha resuelto satisfactoriamente, aunque hay razones para creer que la capacidad artística pobre a menudo puede dar lugar a clasificaciones de falsos positivos de psicopatología.

Conclusiones

  • Las técnicas proyectivas no son inherentemente poco confiables o inválidas. Debido a que algunos índices proyectivos pueden alcanzar propiedades psicométricas satisfactorias, es poco probable que las técnicas proyectivas per se posean deficiencias intrínsecas o ineluctables.
  • La escasa validez de la mayoría de las técnicas proyectivas para los fines previstos se deriva de su diseño y construcción subóptimos.
  • El desarrollo futuro de instrumentos proyectivos se beneficiaría de un enfoque iterativo y autocorregible para la construcción de pruebas.
  • Aunque la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia, existe una escasa justificación para el uso de técnicas proyectivas en el contexto del tratamiento, a menos que se pueda demostrar que estas técnicas contribuyen a la eficacia terapéutica.
  • No descubrimos evidencia de la utilidad del tratamiento de ninguna técnica proyectiva.
  • A los peritos no deben afirmar o implicar que las técnicas proyectivas son ampliamente aceptadas por la comunidad científica.
  • Los profesores deben enseñar a los estudiantes a distinguir entre índices proyectivos que tienen y no tienen apoyo empírico.
  • Los profesores deben discutir en detalle las implicaciones forenses y éticas de confiar en índices proyectivos que no están bien validados.

Introducción

La controversia no es extraña en el campo de la evaluación de la personalidad, y ningún asunto en este campo ha sido tan controversial como el estatus científico de las técnicas proyectivas. De hecho, el lector novato que intenta encontrar sentido en la desmadejada y desconcertantemente compleja literatura sobre técnicas proyectivas se confronta inmediatamente con una sorprendente paradoja.

Por un lado, durante las últimas cuatro décadas una letanía de investigadores de evaluación de personalidad (por ejemplo, Anastasi, 1982; Gittleman Klein, 1986; Dawes, 1994) han pasado a desacreditar la confiabilidad y validez de la mayoría de las técnicas proyectivas (ver Lilienfeld, 1999). La famosa cita de Jensen (1995), aunque tiene 35 años, todavía captura los sentimientos de muchos científicos contemporáneos hacia el test de Rorschach y muchas otras técnicas proyectivas: “…las tasas de progreso científico en psicología bien podrían medirse por la rapidez y exhaustividad con la que se olvida al Rorschach” (p. 238). Por otro lado, los clínicos en Estados Unidos y en menor medida aquellos en el extranjero, continúan utilizando técnicas productivas con mucha regularidad y muchos afirman que estas técnicas son virtualmente indispensables en su práctica diaria (Warkins, Campbell, Neiberding & Hallmark, 1995). La esencia de esta paradoja fue incisivamente resumida por Anastasia (1982) quien observó que “las técnicas proyectivas presentan curiosas discrepancias entre la investigación y la práctica. Al evaluarlos como psicométricos, la mayor parte hacen una pobre presentación. Sin embargo, su popularidad en el uso clínico continúa sin disminuir” (p. 564).

En efecto, a pesar de las sostenidas, y a menudo humillantes, críticas dirigidas a las técnicas proyectivas durante las últimas décadas (Dawes, 1994; Lowestein, 1987), numerosas encuestas demuestran que tales técnicas continúan disfrutando una amplia popularidad entre los clínicos. Durand, Blanchard y Mindell (1988) reportaron que el 49% de los directores de programas para graduados en psicología clínica y el 65% de los directores de internados en psicología clínica creían que el entrenamiento formal en técnicas proyectivas era importante. Watkins et al. (1995) encontró que 5 técnicas proyectivas, incluido el Rorschach y el test de apercepción temática (TAT), estaban entre los 10 instrumentos más frecuentemente utilizados por los psicólogos clínicos. Por ejemplo, el 82% de los psicólogos clínicos reportó que administraban el Rorschach al menos “ocasionalmente” en sus baterías de tests y el 43% reportó que lo administraba “frecuentemente” o “siempre”. Hay algunos indicadores, sin embargo, de que la popularidad de ciertas técnicas proyectivas podría estar menguando. En una encuesta reciente de clínicos practicantes, Piotrowski, Belter y Keller (1998) reportaron que muchas técnicas proyectivas, incluyendo al Rorschach y al TAT, habían sido abandonadas por una considerable minoridad de usuarios. Algunos autores (e.g., Piotrowski et al. 1998; Piotrowski & Belter, 1989) han atribuido la reciente disminución en la popularidad de las técnicas proyectivas a la llegada de la atención administrada, aunque al menos una parte de la disminución podría provenir del impacto acumulativo de las críticas apuntadas hacia estas técnicas en las últimas décadas. No obstante esta disminución, el Rorschach, el TAT y muchas otras técnicas proyectivas permanecen entre los dispositivos de evaluación más frecuentemente utilizados en la práctica clínica.

Nuestro objetivo en este análisis es examinar imparcialmente los mejores estudios disponibles concernientes al estatus científico de las técnicas proyectivas1Debido a limitaciones de espacio, hemos optado por centrarnos sólo en los temas más centrales pertinentes al estado científico de las técnicas proyectivas. Los lectores pueden obtener una versión más completa de este manuscrito del primer autor previa solicitud. Esta versión más completa también contiene secciones sobre la historia de las técnicas proyectivas, el examinador y las influencias situacionales sobre las técnicas proyectivas, la susceptibilidad de las técnicas proyectivas a los conjuntos de respuestas (por ejemplo, simulación, manejo de impresiones) y las razones de la continua popularidad de las técnicas proyectivas.. En contraste con otros autores (e.g., Karon, 1978), no creemos que la pregunta de si las técnicas proyectivas son válidas puede ser respondida de manera directa o significativa. Hemos evitado asiduamente enmarcar preguntas de esta clase por dos razones.

Primero, en base a la extensa literatura argumentaremos que el constructo de validez (Cronbach & Meehl, 1955) de ciertos índices proyectivos está más fuertemente afianzado que el de otros. Como consecuencia, las afirmaciones generales con respecto a la validez de constructo de todas las técnicas proyectivas parecen ser injustificadas. En segundo lugar, coincidimos con Messick (1995) en que la validez de constructo se puede ver como el grado en el que se pueden extraer inferencias útiles con respecto al desempeño de los individuos que no realizan pruebas en función de sus puntajes. Desde esta perspectiva, las técnicas proyectivas se consideran mejor no como válidas o inválidas, sino más bien como más o menos válidas para propósitos y contextos de evaluación específicos. Ciertos índices de dibujo de figura humana, por ejemplo, pueden ser indicadores moderadamente válidos de habilidad artística (Kahill, 1984) o inteligencia (Motta, Little y Tobin, 1993) pero son indicadores de psicopatología en gran parte o totalmente inválidos. Por lo tanto, la pregunta principal que planteamos en este análisis es: «¿Hasta qué punto son ciertas técnicas proyectivas — y los índices específicos derivados de ellas — válidas para los fines a los que los psicólogos suelen aplicarlas?»

Es importante distinguir desde un principio la evidencia sobre validez de constructo de la evidencia sobre utilidad predictiva (ver también Levy, 1963). Sin embargo, un instrumento que exhibe validez de constructo como lo demuestran las diferencias significativas entre grupos patológicos y no patológicos puede ser prácticamente inútil para aplicaciones predictivas del mundo real. Esto se debe a que en muchos de los estudios realizados sobre instrumentos psicológicos, incluidas las técnicas proyectivas, los investigadores comienzan con grupos conocidos (por ejemplo, individuos con o sin antecedentes de abuso sexual infantil) de aproximadamente el mismo tamaño. Esta división 50-50 entre grupos es óptima para fines predictivos desde el punto de vista del teorema de Bayes (Meehl y Rosen, 1955). Sin embargo, los profesionales suelen estar interesados ​​en detectar fenómenos clínicos cuya prevalencia en la mayoría de los entornos del mundo real es considerablemente inferior al 50 por ciento (por ejemplo, antecedentes de abuso sexual infantil, un plan suicida inminente). Como resultado, las estimaciones de validez derivadas de las investigaciones de grupos patológicos conocidos, que se basan en el «condicionamiento de la consecuencia» (es decir, postdicción del estado del grupo a la presencia o ausencia de un indicador de prueba), casi siempre rendirán estimaciones de validez más altas que en entornos clínicos reales, donde el profesional debe «condicionar el antecedente» (es decir, predecir desde la presencia o ausencia de un indicador de prueba hasta el estado del grupo; ver Dawes, 1993). En otras palabras, debido a que los médicos están típicamente interesados ​​en detectar la presencia de fenómenos de baja tasa, la mayoría de los diseños de investigación utilizados con grupos patológicos conocidos sobreestiman la validez predictiva de los indicadores de prueba. Por lo tanto, un índice derivado de una técnica proyectiva puede poseer validez de constructo sin ser útil para fines predictivos en entornos del mundo real.

Además de la validez, examinamos el grado en que las técnicas proyectivas satisfacen otros criterios psicométricos importantes, en particular (a) confiabilidad, a saber, consistencia de la medición, que en sí abarca la confiabilidad test-retest, la confiabilidad entre evaluadores y la consistencia interna, (b) validez incremental, a saber, la medida en que un instrumento aporta información por encima y más allá de otra información (Meehl, 1959; Sechrest, 1963), y (c) utilidad de tratamiento, a saber, la medida en que un instrumento contribuye al resultado del tratamiento (Hayes, Nelson y Jarrett, 1987).

La confiabilidad es importante porque la validez está limitada por la raíz cuadrada de la validez (Meehl, 1986). Como consecuencia, la validez no puede ser alta cuando la confiabilidad es muy baja. La validez incremental es de considerable importancia pragmática en la evaluación de las técnicas proyectivas porque muchas de estas técnicas requieren un entrenamiento extenso y requieren mucho tiempo para administrar, calificar e interpretar. Si las técnicas proyectivas no aportan información psicológicamente útil más allá de los datos recopilados con mayor facilidad (por ejemplo, puntajes en instrumentos de autoinforme, información demográfica), su uso clínico de rutina es difícil de justificar. La cuestión de la validez incremental también es significativa por razones teóricas porque muchos defensores de las técnicas proyectivas afirman que estas técnicas pueden proporcionar información valiosa no evaluada por los índices de autoinforme (Dosajh, 1996; Riethmiller & Handler, 1997a; Spangler, 1992).

La validez incremental no es un número único, ya que se puede evaluar en relación con una variedad de formas de información (por ejemplo, puntajes de cuestionarios, datos demográficos) que el clínico puede tener a la mano. Finalmente, estamos de acuerdo con Hunsley y Bailey (1999) en que el criterio de utilidad del tratamiento es de suma importancia en la evaluación de todos los instrumentos psicológicos utilizados por los profesionales. En el contexto terapéutico, la evaluación es prácticamente siempre un medio para un fin, es decir, un mejor resultado del tratamiento. Si los instrumentos psicológicos no facilitan en última instancia el tratamiento de una manera medible, son de dudosa utilidad en el contexto clínico, aunque pueden ser útiles para ciertas investigaciones o propósitos predictivos.

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