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  • Ciencia

Mindfulness aumentaría la tolerancia al dolor en atletas lesionados

  • 18/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Técnicas de mindfulness podrían ser beneficiosas en el proceso de rehabilitación deportiva de atletas lesionados, en cuanto les ayuda a mejorar la tolerancia y conciencia del dolor, según una investigación dirigida por los doctores Warhel Asim Mohammed y Athanasios Pappous de la Facultad de Deportes y Ciencias del Ejercicio, y Dinkar Sharma de la Facultad de Psicología de la Universidad de Kent.

El estudio utilizó una técnica de meditación llamada Reducción de Estrés Basada en la Atención Plena (MBSR, por sus siglas en inglés), como intervención durante el periodo de recuperación de atletas lesionados.

El objetivo del estudio fue investigar el rol de practicar MBSR para reducir la percepción del dolor y la ansiedad/estrés e incrementar la tolerancia al dolor y la atención plena. Además se buscaba incrementar el estado de ánimo positivo y disminuir el negativo en atletas lesionados.

Los investigadores realizaron pruebas en 20 atletas (14 masculinos, 6 femeninas), de entre 21 y 36 años de edad, que habían tenido lesiones severas que les impedían realizar deportes por más de tres meses. Ambos grupos siguieron su tratamiento fisioterapéutico habitual y, adicionalmente, el grupo de intervención practicó meditación mindfulness en una sesión de 90 minutos por semana, durante ocho semanas.

Se usó una prueba de presión en frío para evaluar la tolerancia al dolor. En contraste, la percepción del dolor se midió usando una Escala Analógica Visual. Otras pruebas usadas fueron Mindful Attention Awareness Scale (MAAS), Escala de Ansiedad, depresión y Estrés (DASS), y Perfil de estados de ánimo (POMS).

Los resultados mostraron un incremento en la tolerancia al dolor en el grupo de intervención así como un aumento en la atención consciente de los atletas lesionados. Además hubo un cambio prometedor en el estado de ánimo positivo en ambos grupos. Los resultados de Estrés/Ansiedad mostraron una notable disminución a lo largo de las sesiones. Investigaciones posteriores son necesarias para evaluar si incrementar la tolerancia al dolor puede servir en el proceso terapéutico.

Referencia del estudio: Warhel Asim Mohammed, Athanasios Pappous and Dinkar Sharma. Effect of Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR) in Increasing Pain Tolerance and Improving the Mental Health of Injured Athletes.  https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.00722

Fuente: PsyPost

  • Ciencia

Por qué tu cerebro siempre está buscando problemas

  • 17/07/2018
  • Equipo de Redacción

¿Por qué muchos problemas en la vida parecen permanecer obstinadamente, sin importar cuánto trabaje la gente para solucionarlos? Resulta que una peculiaridad en la forma en que los cerebros humanos procesan la información significa que cuando algo se vuelve raro, a veces lo vemos en más lugares que nunca.

Piense en una «vigilancia vecinal» formada por voluntarios que llaman a la policía cuando ven algo sospechoso. Imagine un nuevo voluntario que se une a la guardia para ayudar a reducir el crimen en el área. Cuando comienzan a ofrecerse como voluntarios, dan la voz de alarma cuando ven signos de crímenes graves, como asalto o robo.

Supongamos que estos esfuerzos ayudan y, con el tiempo, los asaltos y los robos se vuelven más raros en el vecindario. ¿Qué haría el voluntario después? Una posibilidad es que se relajen y dejen de llamar a la policía. Después de todo, los crímenes graves de los que solían preocuparse ya son cosa del pasado.

Pero puede compartir la intuición que tuvo mi grupo de investigación: que muchos voluntarios en esta situación no se relajarían solo porque el crimen había disminuido. En lugar de eso, comenzarían a llamar a las cosas «sospechosas» de las que nunca habrían importado cuando el crimen era alto, como andar caminado o merodeando por la noche.

Probablemente pueda pensar en muchas situaciones similares en las que los problemas nunca desaparecen, porque las personas siguen cambiando la forma en que los definen. Esto a veces se llama «fluencia del concepto» o «mover los postes del objetivo» y puede ser una experiencia frustrante. ¿Cómo puedes saber si estás progresando resolviendo un problema, cuando sigues redefiniendo lo que significa resolverlo? Mis colegas y yo queríamos entender cuándo ocurre este tipo de comportamiento, por qué y si se puede prevenir.

Buscando problemas

Para estudiar cómo cambian los conceptos cuando se vuelven menos comunes, trajimos voluntarios a nuestro laboratorio y les asignamos una tarea sencilla: mirar una serie de caras generadas por computadora y decidir cuáles parecen «amenazantes». Las caras habían sido cuidadosamente diseñadas por los investigadores van desde muy intimidante hasta muy inofensivo.

Al mostrarle a la gente cada vez menos rostros amenazantes con el tiempo, descubrimos que expandieron su definición de «amenaza» para incluir una gama más amplia de rostros. En otras palabras, cuando se quedaron sin caras amenazadoras para encontrar, comenzaron a llamar rostros amenazadores que solían llamar inofensivos. En lugar de ser una categoría consistente, lo que las personas consideraban «amenazas» dependía de cuántas amenazas habían visto últimamente.

Test de los colores.

Este tipo de inconsistencia no se limita a juicios sobre amenazas. En otro experimento, pedimos a las personas que tomaran una decisión aún más simple: si los puntos de colores en una pantalla eran azules o morados.

cuando se quedaron sin caras amenazadoras para encontrar, comenzaron a llamar rostros amenazadores que solían llamar inofensivos

A medida que los puntos azules se volvían raros, la gente comenzó a llamar a los puntos ligeramente púrpuras azules. Incluso hicieron esto cuando les dijimos que los puntos azules se volverían raros, u ofrecieron premios en efectivo para mantenerse consistentes con el tiempo. Estos resultados sugieren que este comportamiento no está completamente bajo control consciente; de ​​lo contrario, las personas podrían haber sido consistentes para ganar un premio en efectivo.

Expandiendo lo que cuenta como inmoral

Después de ver los resultados de nuestros experimentos sobre amenazas faciales y juicios de color, nuestro grupo de investigación se preguntó si tal vez esto era solo una propiedad divertida del sistema visual. ¿Este tipo de cambio de concepto también ocurriría con juicios no visuales?

Para probar esto, realizamos un último experimento en el que les pedimos a los voluntarios que leyeran sobre diferentes estudios científicos y decidieran cuáles eran éticos y cuáles no éticos. Éramos escépticos de que encontraríamos las mismas incoherencias en este tipo de juicios que con colores y amenazas.

solo porque estaban leyendo sobre menos estudios no éticos, se volvieron jueces más duros de lo que contaba como ético.

¿Por qué? Porque los juicios morales, sospechábamos, serían más consistentes a través del tiempo que otros tipos de juicios. Después de todo, si crees que la violencia está mal hoy, aún deberías pensar que mañana está mal, sin importar cuánta o tan poca violencia veas ese día.

Pero, sorprendentemente, encontramos el mismo patrón. A medida que mostramos a la gente cada vez menos estudios no éticos a lo largo del tiempo, comenzaron a llamar a una gama más amplia de estudios poco éticos. En otras palabras, solo porque estaban leyendo sobre menos estudios no éticos, se volvieron jueces más duros de lo que contaba como ético.

Al cerebro le gusta hacer comparaciones

¿Por qué las personas no pueden ayudar a expandir lo que llaman amenaza cuando las amenazas se vuelven raras? La investigación de la psicología cognitiva y la neurociencia sugiere que este tipo de comportamiento es una consecuencia de la forma básica en que nuestros cerebros procesan la información: estamos constantemente comparando lo que está delante de nosotros con su contexto reciente.

En lugar de decidir cuidadosamente cómo se compara una cara amenazante con todas las otras caras, el cerebro puede almacenar cuán amenazadora es en comparación con otras caras que ha visto recientemente, o compararla con algún promedio de caras vistas recientemente, o la más amenazante caras que ha visto. Este tipo de comparación podría conducir directamente al patrón que mi grupo de investigación vio en nuestros experimentos, porque cuando las caras amenazantes son raras, las caras nuevas serían juzgadas en relación con las caras más inofensivas. En un mar de rostros leves, hasta las caras levemente amenazantes pueden dar miedo.

Estamos constantemente comparando lo que está delante de nosotros con su contexto reciente.

Resulta que para su cerebro, las comparaciones relativas a menudo usan menos energía que las mediciones absolutas. Para tener una idea de por qué es esto, solo piensa en cómo es más fácil recordar cuál de tus primos es el más alto que exactamente qué tan alto es cada primo. Es probable que los cerebros humanos hayan evolucionado para usar comparaciones relativas en muchas situaciones, porque estas comparaciones a menudo brindan suficiente información para navegar de manera segura por nuestros entornos y tomar decisiones, todo mientras se invierte el menor esfuerzo posible.

Ser consistente cuando cuenta

A veces, los juicios relativos funcionan bien. Si está buscando un restaurante elegante, lo que usted considera «elegante» en París, Texas, debería ser diferente que en París, Francia.

¿Cómo pueden las personas tomar decisiones más consistentes cuando sea necesario? Mi grupo de investigación actualmente está realizando una investigación de seguimiento en el laboratorio para desarrollar intervenciones más efectivas que ayuden a contrarrestar las extrañas consecuencias de un juicio relativo. Pero un observador del vecindario que hace juicios relativos seguirá ampliando su concepto de «crimen» para incluir más leve y más suave transgresiones, mucho después de que los crímenes graves se han vuelto raros. Como resultado, es posible que nunca aprecien del todo su éxito al ayudar a reducir el problema que les preocupa. Desde diagnósticos médicos hasta inversiones financieras, los humanos modernos tienen que hacer muchos juicios complicados cuando se trata de asuntos consistentes.

La estrategia potencial de ConversationOne: cuando toma decisiones donde la consistencia es importante, defina sus categorías lo más claramente posible. Entonces, si te unes a un servicio de vigilancia vecinal, piensa en escribir una lista de qué tipo de transgresiones debes preocuparte cuando comiences. De lo contrario, antes de que te des cuenta, puede que te encuentres llamando a la policía sobre perros que caminan sin correas.

Por: David Levari, Investigador Postdoctoral en Psicología, Universidad de Harvard.

Artículo publicado en The Conversation y cedido para su publicación en Psyciencia

  • Ciencia

Problemas de atención en las personas con rasgos psicopáticos

  • 17/07/2018
  • David Aparicio

La revista Cognitive, Affective y Behavioral Neuroscience reporta nueva evidencia sobre el mal funcionamiento de la atención en las personas con psicopatía.

A través de las imágenes de resonancia magnética funcional, los investigadores examinaron el funcionamiento cerebral de 168 adultos que se encarcelados mientras se les pidió que realizaran una tarea cognitiva.

Durante la tarea los participantes escucharon una serie de ruidos que ocurrían repetitivamente, y luego se les solicitó que apretaran un botón cada vez que escucharan un ruido con un tono muy alto.

Con este sencillo ejercicio encontraron que la psicopatía se asoció con una actividad cerebral anormal en las regiones relacionadas con la atención: específicamente la región de la corteza temporal anterior, la corteza prefrontal medial, dorsal anterior, que forman una red de procesamiento cognitivo.

La evidencia sugiere que las personas con rasgos psicopáticos sufren regularmente de problemas para regular las emociones, lo que los lleva a cometer actos con repercusiones muy severas. No obstante, este estudio no contradice tales datos, sino que profundiza aun más en las posibles consecuencias de procesamiento no solo a nivel emocional y también a nivel atencional, lo que limitaría su capacidad para discriminar lo qué es importante de lo que no, incluso cuando no hay contenido emocional de por medio.

Claro está que de este estudio no se pueden sacar conclusiones muy abarcativas sobre las causa de la psicopatía, pero es un dato que no deja de ser importante para seguir estudiando y replicando este tipo de investigaciones.

Referencias del estudio: Anderson, N.E., Maurer, J.M., Steele, V.R. et al. Cogn Affect Behav Neurosci (2018) 18: 564. https://doi.org/10.3758/s13415-018-0588-2

Fuente: Psypost

  • Ciencia

Habilidades sociales: ¿potente predictor del éxito en vida adulta?

  • 17/07/2018
  • Andrés Buschiazzo

Durante un largo período en el ámbito clínico/psicopedagógico hubo un destacado interés en la evaluación de las habilidades cognoscitivas de niños y adolescentes como potente predictor de éxito personal en la vida. La medida sintética de cociente intelectual (CI) ha sido sobredimensionada al punto de ser la “piedra angular” de los informes psicológicos (Contini, 2009; Contini, 2015).

Sin embargo, desde hace décadas, hay sólida evidencia científica de las limitaciones diagnósticas de las clásicas medidas de las habilidades cognoscitivas y la existencia de otros tipos de habilidades que permiten realizar pronósticos psicológicos más eficaces sobre la calidad de vida de los sujetos que los arrojados por las pruebas de CI (Contini & Coronel, 2015; Contini 2015; Monjas Casares, 2000).   

Cada vez más se ha realizado hincapié en que la calidad de vida cotidiana no tiene tanto que ver con las medidas de CI sino con los modos de interacción de los sujetos. A propósito, se ha comenzado a estudiar con el rigor científico otras habilidades no académicas. Actualmente, se sabe que las relaciones sociales satisfactorias son una de las fuentes de mayor bienestar personal y autoestima (Contini, 2009).  

Desde hace décadas hay sólida evidencia científica de las limitaciones diagnósticas de las clásicas medidas de las habilidades cognoscitivas

Se considera desde la clínica que han aumentado las consultas psicológicas por recurrentes conductas agresivas, comportamientos agresivos o modos agresivos de resolución de problemas. Y desde otro extremo, algo que hace menos ruido, pero no por eso menos problemático, son los comportamientos de soledad, retraimiento o aislamiento en niños y adolescentes (Contini & Coronel, 2015, Jiménez Hernández, 1995).  

Monjas Casares (2000, p.36) señala que entre estos dos polos “existe un continuum donde se contempla una amplia gama de comportamientos sociales”. Estos problemas sociales son los que interpelan en la actualidad el rol del psicólogo. Para  abordar estos fenómenos, con tendencia en alta, hay que disponer de teorías explicativas, instrumentos, herramientas que permitan acercarnos a la problemática, con la idea de poder diagnosticar e intervenir de manera eficaz y oportuna (Contini  & Coronel, 2015).

Contini & Coronel (2015) proponen un modelo de abordaje fundamentado, no en los clásicos tratados psiquiátricos centrados en las disfuncionalidades, carencias y síntomas sino más bien en los componentes “salugénicos” del ser humano (en convergencia epistemológica con los postulados de la Psicología Positiva). Las autoras parten del interrogante de “cómo se constituyen los modos de interacción saludables (…) cómo se configuran las habilidades sociales mutuamente satisfactorias que impiden llegar a los estilos disfuncionales como la agresividad o el retraimiento” (op. cit., p.14).   

El constructo de habilidades sociales carece por su “naturaleza pluriconceptual” de una única definición. No obstante, hay una serie de criterios intuitivos sobre qué se entiende por habilidades sociales (Caballo, 2000; Contini & Coronel, 2015).

Ballester y Gil Llario (2002) expresan que entre ellos se encuentra el consenso social: un determinado comportamiento puede ser apropiado para un grupo y no para otro; la efectividad relacionada al propósito del comportamiento tendiente a mejorar una relación y/o mantener la autoestima y el carácter situacional, el tipo de interacción que se produzca estará imbuido de características culturales, personales, así como la edad,  género y grado de pertenencia al grupo determinado.

El constructo de habilidades sociales carece por su “naturaleza pluriconceptual” de una única definición

Acá podemos tender un puente con los planteos de Alfred Adler sobre la teleología (del  gr. = télos, fin y logos, palabras, conceptos) que indica que todos los fenómenos de la vida psíquica sean sentimientos, pensamientos, deseos o capacidades están determinados por un fin social.

De esta forma, la Psicología Adleriana toma en consideración las causas de los comportamientos (por qué), pero hace mayor hincapié para la comprensión psicoterapéutica  —en términos de Dilthey— sobre la intención o finalidad (para qué) del comportamiento humano.  Se la ha conceptualizado como una psicología del uso en oposición a las clásicas teorías psicológicas de posesión que subrayan los factores hereditarios y orgánicos, propias del positivismo lógico (Ansbacher & Ansbacher, 1964).

Adler no niega que los procesos psicológicos están influidos por la genética y el contexto, pero considera que lo más relevante en el desarrollo del estilo de vida es el uso que hace el individuo de estos materiales en la infancia para lograr sus objetivos de vida, concluyendo que lo decisivo es la interpretación (paradigma constructivista) que el sujeto hace sobre sí mismo (auto-imagen), los demás (hetero-imagen) y el mundo (cosmo-imagen). Recodemos la afirmación de Adler:

No olviden el hecho, de la más alta importancia, de que ni la herencia ni el ambiente son factores determinantes; ambos dan sólo el marco y las influencias a las cuales responde el individuo, de acuerdo con su estilo conformado por su poder creador (Ansbacher & Ansbacher, 1964, p. 24).

¿Qué son las habilidades sociales y sus funciones?

La competencia social ha sido designada como habilidades sociales, habilidades de interacción social, inteligencia interpersonal (Gardner, 1995), inteligencia emocional (Goleman, 2011). La dificultad radica en determinar criterios precisos de qué se entiende cuando se habla sobre habilidades sociales.

Hay una fuerte relación entre el desarrollo de las habilidades sociales de la infancia y adolescencia y el ajuste social, psicológico y académico que la persona tendrá en su vida (Monjas Casares, 2000). Esto justifica en parte el estudio de las habilidades sociales y su posible inclusión en áreas del curriculum escolar.

Jiménez Hernández (1995, p.126) señala que a pesar de la cuantiosa información existente en relación al desarrollo de las habilidades sociales y el impacto que tienen sobre el éxito escolar y la salud mental, no han sido reconocidas por los sistemas oficiales de clasificación.

Es dable destacar, que las personas adultas que acuden al consultorio por lo menos la mitad han tenido síntomas en la infancia que no fueron identificados en tiempo y forma. Eso habla de la necesidad de consolidar una teoría sólida para intervenir en edades tempranas y prevenir ulteriores conflictos. Con la Dra. Contini, preferimos usar el término de ajuste social más que de adaptación, porque el primero implica una postura activa y va en la línea piagetiana entre  acomodación/asimilación, es decir cómo el sujeto se posiciona en su contexto de desarrollo.

Hay una fuerte relación entre el desarrollo de las habilidades sociales de la infancia y adolescencia y el ajuste social, psicológico y académico que la persona tendrá en su vida

Caballo (2007, p.6) luego de un exhaustivo rastrillaje bibliográfico sobre las diversas formas de definir la habilidad social/conducta asertiva, propone la siguiente definición:

La conducta socialmente habilidosa es ese conjunto de conductas emitidas por un individuo en un contexto interpersonal que expresa los sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de ese individuo de un modo adecuado a la situación, respetando esas conductas en los demás, y que generalmente resuelve los problemas inmediatamente de la situación mientras minimiza la probabilidad de futuros problemas (Caballo, 1986).     

El autor de marras (p. 7) dice que una adecuada conceptualización del constructo implica la especificación de tres componentes de las habilidades sociales, a saber:

  1. Dimensión conductual (el tipo de habilidad)
  2. Dimensión personal (variable cognoscitiva)
  3. Dimensión situacional (contexto cultural)

Monjas Casares (2000) utiliza indistintamente los términos de habilidades sociales o de interacción social y la define como un  “…conjunto de comportamientos interpersonales complejos que se ponen en juego en la interacción con otras personas” (p. 28.). Ambos autores destacan que las habilidades sociales son un conjunto de comportamientos aprendidos, adquiridos y no rasgos de personalidad.

Es pertinente deslindar los vocablos competencia social, habilidades sociales y asertividad. Para Monjas Casares (2000) la competencia social es un constructo  multidimensional en el que están incluidas las habilidades sociales (conductas específicas) implica un juicio evaluativo sobre la adecuación del comportamiento en función del contexto cultural. En palabras de la autora: “la competencia social es el impacto de los comportamientos específicos (habilidades sociales) sobre los agentes sociales del entorno” (p. 28). Ambos están circunscritos en lo que se ha denominado comportamiento adaptativo (Contini & Coronel, 2015).

Otro de los términos que aparece solapado es el de asertividad que fue acuñado por Wolpe en 1977 y significa la posibilidad que tiene un sujeto de decir lo que siente y piensa a otro de una manera adecuada, respetándolo como sujeto de derechos donde debe estar ausente la agresividad.  El entrenamiento asertivo (del inglés assertion training) es un tipo de procedimiento de contra-condicionamiento que fue empleado por Wolpe junto con la desensibilización sistemática.  En este una respuesta afirmativa es apareada con una situación que antes provocaba ansiedad. Finalmente, la persona puede ser asertiva (incompatible con ser tímida) incluso en presencia de señales que antes suscitaban ansiedad (Swenson, 1987).

Las habilidades sociales son un conjunto de comportamientos aprendidos, adquiridos y no rasgos de personalidad

Diversos autores señalan que el constructo de asertividad es restringido, comprendido dentro de otro más amplio, el de habilidades sociales (Contini y Coronel, 2015; Monjas Casares, 2015, p.20).

A modos de síntesis, las características de las habilidades sociales enunciadas por Monjas Casares (2000, p-29-30) son:

  1. Comportamientos aprendidos, influidos por contexto interpersonal de desarrollo del sujeto.
  2. Contienen elementos motores, afectivos y cognitivos.
  3. Son respuestas específicas a situaciones particulares.
  4. Comportamientos que acontecen en interacciones sociales de naturaleza bidireccional, interdependiente y recíproca, por lo que requiere siempre de dos o más personas en relación.

Las funciones que cumplen las habilidades sociales en la infancia-adolescencia son fundamentales para una adecuada vinculación entre iguales en el contexto escolar, familiar y en la comunidad donde el sujeto está inserto.

Es sabido que la mayor parte del tiempo pasamos en interacción por lo que el desarrollo de las habilidades sociales posee un impacto superlativo en la adquisición de competencias sociales y personales (Monjas Casares, 2000).

Monjas Casares (2000, pp. 27-28) señala que las principales funciones de las interacciones entre pares (peers) son:

  1. Conocimiento de sí mismo y los demás. En la interacción social el niño se hace una idea sobre sí mismo (identidad y autoconcepto), de los demás (socialización) y de la vida. La posibilidad de compararse con el resto de los niños le permite conocer su valor en función de los resultados que se obtienen. La función del juego como un ensayo para la vida adulta cumple una función de orientación y entrenamiento para una posterior inserción en el mundo del trabajo.
  2. Desarrollo de determinados aspectos del conocimiento social y determinadas conductas, habilidades y estrategias que se han de poner en práctica para relacionarse con los demás. Caracterizadas por la: reciprocidad, empatía, adopción de roles y perspectivas, intercambio en el control de la relación, colaboración y cooperación y estrategias sociales de negociación y acuerdos.
  3. Autocontrol y autorregulación de la propia conducta en función del feedback que se recibe de los otros.  Los pares son agentes de control de determinados comportamientos a través de reforzamiento o castigo, teniendo un rol esencial en la socialización de la agresividad.
  4. Apoyo emocional y fuente de disfrute. El niño en interacción con pares encuentra afecto, alianza, ayuda, valía, aceptación, sentido de inclusión y sentimiento de pertenencia.
  5. Aprendizaje del rol sexual, desarrollo moral y aprendizaje de valores.

El psicólgo canadiense Albert Bandura, junto a Freud,  ha sido uno de los más citados en la literatura científica internacional. La teoría social cognitiva de Bandura se ha usado para explicitar los cambios evolutivos en la agresión y las habilidades sociales. El autor comienza  con una línea de investigación experimental haciendo un giro hacia el socio-cognitivismo. Su principal interés versa en explicar la adquisición de nuevos comportamientos sociales, particularmente el comportamiento agresivo, el papel de la imitación, el aprendizaje por observación, pautas de reforzamiento o castigo en la adquisición de los comportamientos aceptados socialmente.

Miller y Dollard hablaron del aprendizaje por imitación, es decir cuando el sujeto aprende copiando el comportamiento de otros. Bandura sigue el desarrollo de estas teorías pero se pregunta por qué algunos niños imitan un modelo y otros el contra-modelo.  La característica principal de su teoría radica en que los niños no aprenden solo por imitación o experiencia directa sino por un aprendizaje observacional (Contini & Coronel, 2015).

Bandura (1987) converge con Skinner en que el aprendizaje se produce por reforzamiento,  pero se distancia del conductismo radical en dos aspectos cruciales. Por un lado, el autor afirma que la adquisición de pautas de comportamiento se puede efectuar sin que intervenga el reforzamiento, plantea que estos no son necesarios sino más bien facilitadores. Acá propone el reforzamiento vicario que indica que las personas hacen inferencias de las consecuencias del comportamiento que observan sin necesidad de reproducir el modelo.  Otro aspecto a destacar, es que en la teoría del aprendizaje social los procesos cognitivos desempeñan un rol fundamental en la adquisición de pautas conductuales a través de la observación.   

Bandura explica:

Lo que se discute es si las consecuencias actúan de forma retrospectiva fortaleciendo las respuestas imitativas precedentes y su conexión con los estímulos, o si facilitan el aprendizaje de forma anticipatoria incrementando los procesos de atención, codificación y práctica. El aprendizaje por observación puede mejorarse más informando por anticipado al observador de los beneficios que puede comportarle  adoptar la conducta modelada, que esperando a que imite el modelo y recompensándolo luego por ello

(Bandura, 1987, p.98).

Bandura expone que el proceso de aprendizaje por observación intervienen procesos cognitivos (atención, retención, producción y motivación) que median entre estímulo y la respuesta. Por ende,  la crítica que realiza al conductismo es que no hay una “conexión directa entre estímulo y respuesta, ni entre comportamiento y reforzador, como supuso Skinner” (Contini & Coronel, 2015, p. 36).

Para Bandura la conducta social está en gran parte regulada por las autopercepciones de eficacia y por las consecuencias anticipadas de acciones futuras. La autoeficacia percibida “son los juicios de cada individuo sobre sus propias capacidades, en base a los cuales organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan alcanzar el rendimiento deseado” (Bandura, 1987, p. 416). No se trata de las habilidades con lo que cuenta el sujeto sino de la opinión que tenga de lo que puede hacer con ellas. Existe una  discrepancia entre disponer de capacidades y ser capaz de ejecutar un determinado comportamiento en una circunstancia particular (op. cit, 1987).

Esto nos retrotrae a las primeras reflexiones del trabajo cuando discutíamos sobre el peso que se le ha dado al sobre/diagnóstico de las habilidades cognitivas relegando otras, tanto o  más importantes, para desarrollar una vida saludable. Personas con un CI alto pueden resolver situaciones cotidianas mejor o peor que una con un CI discreto y esto va a depender en gran parte de la creencia que tenga cada sujeto así como de las habilidades y el contexto (Bandura, 1987; Contini, 2015; Gardner, 1995; Goleman, 2011).

Para Bandura la conducta social está en gran parte regulada por las autopercepciones de eficacia y por las consecuencias anticipadas de acciones futuras

El autorreforzamiento es cuando los sujetos se auto-administran recompensas por el logro de metas o auto-castigos por incumplir con expectativas personales y es igual de importante como el reforzamiento recibido por terceros. El sujeto tiene la función de anticipación y de auto-evaluación de sus acciones.  Es decir, el logro de los comportamientos deseados va a incidir en la autoeficacia, que es el grado de adecuación del comportamiento (no agresivo), la eficiencia y la competencia (Contini & Coronel, 2015).

Bandura rescata el control que posee una persona de su comportamiento y creemos que su postura está en consonancia con teorías de raigambre constructivista como las de Alfred Adler  y George Kelly (1966) que liberan al hombre de la causalidad y lo gravan con la responsabilidad.

En el experimento (llamado muñeco bobo):

Se evidencia  que el aprendizaje se produce no sólo por imitación, sino por observación “de un modelo e imitándolo se pueden adquirir respuestas que el sujeto no tenía o bien se pude fortalecer o debilitar las que tiene actualmente” (op. cit., p. 39).

Algunas de las críticas a la teoría de Bandura es que opera a nivel del comportamiento manifiesto y de esta forma, descuida el componente afectivo.

Una pregunta que resulta pertinente y que da cuenta de las limitaciones de esta teoría (entendiendo que no existe una que explique todo: “el mapa no es el territorio”) sería la extractada en unos de los seminarios   por la Dra. Norma Contini de la Univerisdad Nacional de Tucumán: ¿Por qué hay niños que no aprenden por imitación, ni por observación ni por extraer regalas de comportamientos, y  que no pueden agenciar?

Conclusiones  

Hay una serie de discusiones científicas en cómo y cuándo se aprenden las habilidades sociales, el acuerdo está en que la infancia es un período crítico para un desenvolvimiento adecuado en la vida. Algunos autores plantean que hay sesgos temperamentales (heredados) que van de un polo de la inhibición y la espontaneidad (Caballo, 2007).

Varios investigadores sostienen que las habilidades sociales se aprenden (Ballester, & Gil Llario, 2002; Caballero, 2007; Monjas Casares, 2000). Al respecto, Ballester, & Gil Llario (2002, p.14) expresan que un niño poco habilidoso socialmente no es un niño enfermo, sino uno que no ha recibido del medio modelos y experiencias oportunas para adquirir esas conductas.

Para argumentar que las habilidades sociales son aprendidas y no rasgos de personalidad, según la cual el hombre está determinado y controlado por pautas de comportamiento interno, utilizaremos la teoría de aprendizaje social de Bandura expuesto supra.

El autor sin caer en el ambientalismo extremo de Skinner y sin negar la genética sostiene un “modelo de reciprocidad tríadica en que la conducta, los factores personales, cognitivos, y de otro tipo, y los acontecimientos ambientales actúan entre sí como determinantes interactivos” (Bandura, 1987, p.).   

Bandura y Walters (1974) expresan que reporta mayor beneficio el estudio del aprendizaje social por la significancia que tiene en el desarrollo de la personalidad que la búsqueda de relaciones entre factores constitucionales y características de personalidad.  El estudio de los hermanos gemelos criados en contextos separados evidencia que la variable de aprendizaje social puede provocar considerables diferencias en las pautas de conducta social.

Referencias bibliográficas:

Adler, A. (1959). El carácter  neurótico. Buenos Aires: Paidós.

Ansbacher & Ansbacher (1964). The Individual Psychology of Alfred Adler. New York: Harper Torchbooks.

Ballester, R. & Gil Llario, M. (2002). Habilidades sociales. Madrid: Síntesis. cap. 1: 7-35.

Bandura, A. &  Walters, R (1974). Aprendizaje social y desarrollo de la personalidad. Madrid: Alianza.

Bandura, A. (1987). Pensamiento y acción. Fundamentos sociales. Barcelona: Martinez Roca

Caballo, V. (2007). Manual de evaluación y entrenamiento de habilidades sociales. Madrid: Siglo XXI, cap. 1.

Contini, N. (2009). Las habilidades sociales en la adolescencia temprana: perspectivas desde la psicología positiva. Psicodebate. Universidad de Palermo, 9, 45-64.

Contini, N. (2015). Agresividad y habilidades sociales en la adolescencia. Una aproximación conceptual. Psicodebate. Universidad de Palermo, en prensa.

Contini, N., & Coronel, C. (2015). Las habilidades sociales en la infancia y en la adolescencia. Conceptos y marco teórico. En N. Contini. (Comp). Agresividad en los adolescentes hoy. Las habilidades sociales como claves para su abordaje (pp.13-49). Universidad Nacional de Tucumán: EDUNT.

Garaigordobil, M. &  Oñederra, J. (2010). La violencia entre iguales. Revisión teórica y estrategias de intervención. Madrid: Pirámide. pp 65-89.

Gardner, H. (1995). Inteligencia Múltiples: La teoría en la práctica. Barcelona: Paidós

Goleman, D. (2011). La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el cociente intelectual. Buenos Aires: Zeta

Jiménez Hernández, M. (1995). Pobres relaciones sociales en la infancia y psicopatología, cap. VII. En M. Jiménez Hernández (Coord.). Psicopatología Infantil (pp. 113-159). Málaga: Ediciones Aljibe.

Kelly, G. (1966). Teoría de la personalidad. Buenos Aires: Troquel.

Monjas Casares, M. (2000). Programa de enseñanza de habilidades de interacción social (PEHIS) para niños y niñas en edad escolar. Madrid: CEPE, cap. 1 y 3.

Swenson, L. (1987). Teorías del aprendizaje. Barcelona: Paidós.

Imagen: Unsplash

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  • 17/07/2018
  • David Aparicio

UDEMY, la plataforma de educación online, acaba de abrir un descuento exclusivo del 89% en su curso online de Neurociencias para padres, y con el que aprenderás:

  • Cómo las bases estructurales del cerebro del niño afectan su comportamiento.
  • Cómo adaptar tu comunicación y reacciones acordes al desarrollo cerebral de los niños
  • Ayudar a los niños a desarrollar su autoestima
  • Ayudar a tu hijo a desarrollar métodos más eficaces de estudio
  • Cómo mantenerte calmo mientras te encuentras en un momento conflictivo
  • Entender el impacto de los estilos de crianza en el desarrollo
  • Cómo reaccionar apropiadamente cuando tu hijo se encuentra bajo estrés
  • Ayudar a tu hijo a desarrollar una visión estable del mundo
  • Desarrollar los talentos naturales de tu hijo

El curso de Neurociencias para padres se encuentra en idioma inglés con subtítulos en español y está sustentando en el desarrollo en el enfoque neurocognitivo y conductual, el cual fue desarrollado en France durante los últimos 25 años y combina los principios de las neurociencias, psicología social y las ciencias conductuales.

El curso es dirigido por Gregory Caremans, psicólogo con un master en comunicación especializada en ciencias conductual es y neurocienciacognitiva, y ex director del Instituto de Neurocognitivismo en Bruselas, Bélgica.

El curso tiene un costo original de 99.99 dólares, pero por el día de hoy costará sólo 10.99.

Para inscribirte y obtener más información haz click aquí.

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  • Clínica

Estos son los psicoterapeutas más propensos al síndrome del burnout

  • 16/07/2018
  • David Aparicio

Estar en consulta psicoterapéutica es un trabajo sumamente demandante, especialmente por la carga que lleva consigo atender a personas que necesitan de contención emocional y apoyo para aprender a gestionar sus emociones. No es por nada que los psicoterapeutas están entre una de las profesiones con mayor riesgo de sufrir del síndrome de burnout. Lo que nos lleva a preguntarnos si todos ellos tienen el mismo riesgo de sufrirlo y, en caso contrario, qué factores los protegen o incrementan dicho riesgo.

Las investigadoras australianas Gabrielle Simionato y Susan Simpson de la Universidad del Sur de Australia publicaron una muy valiosa investigación en la ya conocida revista científica Journal of Clinical Psychology, en la que revisaron 40 artículos de investigación publicados en diferentes bases de datos científicas y que incluía a casi 9,000 psicoterapeutas de diferentes partes del mundo.

los psicoterapeutas con menos experiencia y con menos confianza subjetiva en su habilidad profesionales eran los que más alto puntuaron en la escala de burnout.

Según sus análisis el promedio de los psicoterapeutas reportó niveles bajos y moderados de estrés laboral y un poco más de la mitad reportó sufrir de burnout de nivel moderado a alto. El factor más prevalente de este síndrome fue el agotamiento emocional – agotamiento físico y de la fatiga emocional. También se encontró en menor medida — pero aun significativo — niveles moderados de despersonalización y bajo sentido de logro personal.

Sobre las características personales, se encontró que los psicoterapeutas con menos experiencia y con menos confianza subjetiva en su habilidad profesionales eran los que más alto puntuaron en la escala de burnout. Relacionado con el género, los datos fueron un poco contradictorios: en cinco estudios se identificó que las mujeres eran más propensas al burnout, pero otros tres estudios apuntaron a que en realidad eran los varones los más propensos. Pero por otro lado otros seis estudios no encontraron una relación directa entre el género y el burnout.

Los limites personales entre psicoterapeuta y consultante es un factor protector efectivo para reducir el riesgo de burnout

En cuanto a los factores protectores, el estudio sostiene que los limites personales entre psicoterapeuta y consultante es un factor protector efectivo para reducir el riesgo de burnout. Otro factor también valioso fue que los psicoterapeutas que más sufrían de burnout eran los que no usaban el humor para afrontar las situaciones difíciles dentro de la consulta. Sin embargo, las autoras aclaran que la “falta de humor” puede ser un resultado del burnout y en vez de su causa.

Relacionado con los factores de personalidad el estudio sostiene que los terapeutas que son más perfeccionistas, los que puntúan más alto en la escala de neuroticismo y los menos extrovertidos suelen sufrir más de este síndrome. Una posible explicación es que los terapeutas con baja extroversión podrían tener o buscar menos apoyo social para afrontar la carga emocional de su trabajo.

Todos estos datos les permitieron a las autoras preparar una serie de recomendaciones especificas de prevención:

  1. El terapeuta debe mantener límites sanos con sus consultantes.
  2. Los terapeutas deben buscar apoyo y utilizar el humor como recurso.
  3. El mindfulness puede ser un recurso valioso para los para ayudar a los terapeutas a reducir la rumiación del pensamiento y para sopesar expectativas realistas.
  4. Los supervisores deben estar atentos y guiarnos a los terapeutas más jóvenes que todavía no confían mucho en sus habilidades porque suelen saturarse de trabajo.

Referencia del estudio: Simionato GK, Simpson S. Personal risk factors associated with burnout among psychotherapists: A systematic review of the literature. J Clin Psychol. 2018;1–26. https://doi.org/10.1002/jclp.22615

Fuente: BPS

  • Clínica

La intervención educativa que mejora la integración de los estudiantes con autismo

  • 16/07/2018
  • David Aparicio

La Universidad de Florida State en conjunto con la Universidad Emory, desarrollaron una novedosa intervención estratégica para facilitar la integración de niños con autismo en el aula tradicional y al mismo tiempo reducir la pesada carga económica que puede representar la compañía de un maestro integrador o maestro sombra como se conoce aun algunos países.

La intervención fue especialmente diseñada para tratar los desafíos más representativos del trastorno del espectro autista, que se presentan en el acrónimo SCERTS: SC (comunicación social), ER (Regulación emocional y TS, apoyo transacional.

El estudio publicado en el Journal of Consulting and Clinical Psychology, aplicó el programa en 60 escuelas en 10 distritos diferentes en Estados Unidos. Luego se separaron las escuelas en pares. Los maestros de una escuela recibían el entrenamiento tradicional sobre el autismo, denominado ATM (autism training module) que consiste en proveer a los maestros con videos explicativos sobre el autismo. La otra escuela recibió el entrenamiento en SCERTS y que consistió en tres días de entrenamiento, acceso a materiales extra sobre cómo intervenir con niños con autismo, recomendaciones individualizadas para cada maestro, y lo mejor de todo, videos de los propios maestros en el aula para que pudieran observar como intervenían.

Al comparar los resultados de los dos programas, los investigadores encontraron que las escuelas que recibieron el programa SCERTS demostraron mejores resultados que el programa tradicional, especialmente en el compromiso activo de los estudiantes con autismo, la interacción social, comunicación adaptativa, habilidades sociales función ejecutiva.

Las autoras del estudio sostienen que grabar a los maestros para que pudieran observar y evaluar su propio desempeño fue la parte más complicada de la intervención, pero sumamente necesaria para que los maestros pudieran observar los cambios que habían logrado en el aula.

Este estudio representa un logro muy importante que representa un nuevo camino de intervención para los maestros y familiares que quieren ayudar los niños con autismo, pero que no saben como hacerlo efectivamente.

Referencia del estudio original: 1. Lindee Morgan, Jessica L. Hooker, Nicole Sparapani, Vanessa P. Reinhardt, Chris Schatschneider, Amy M. Wetherby. Cluster randomized trial of the classroom SCERTS intervention for elementary students with autism spectrum disorder.. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 2018; 86 (7): 631 DOI: 10.1037/ccp0000314

Fuente: News FSU

  • Ciencia

Los 12 problemas que sufren las personas altamente manipuladoras

  • 16/07/2018
  • David G. Espinoza Avilés

La manipulación psicológica se puede definir como el ejercicio de una influencia indebida a través de la distorsión mental y la explotación emocional, con la intención de apoderarse del poder, el control, los beneficios y privilegios que se deseen obtener a expensas de la víctima (Nielsen, 2017). En nuestra sociedad altamente competitiva y a menudo egocéntrica, la manipulación es un fenómeno frecuente, tanto para el manipulador como para el objetivo deseado.

Michaels (2014), menciona que existen cinco categorías de manipulación psicológica:

Manipulación negativa: tiene como objetivo ganar superioridad haciendo que la víctima se sienta inferior, inadecuada, insegura y/o con dudas.

Ejemplos: Emitir juicios negativos persistentes y críticos, reprender públicamente, avergonzar o humillar, usar un humor hostil, utilizar el sarcasmo, dar sorpresas negativas, ejercer presión a los pares, exclusión social, ley del hielo, amenazas a la seguridad personal y chantajes relacionados con la intimidad.

Manipulación positiva: es aquella utilizada para sobornar emocionalmente a la víctima para ganar favores, sacrificios y/o compromisos.

Ejemplos: Halagos no sinceros, apelar a la vanidad y el ego, falsa aceptación profesional, social o romántica (pero con una trampa). Falsa proximidad profesional o social, ofrecer ayuda, apoyo o recompensas, con la expectativa de «cobrar» en reciprocidad desproporcionada. Prometer seguridad y protección después de habérselas quitado a la víctima (sin que se dé cuenta).

Engaño e intriga: su función es distorsionar la percepción de la víctima para poderla controlar de una manera más fácil.

Ejemplos: Mentir, dar excusas, culpar a la víctima por causar su propia victimización, deformar la verdad, emitir mensajes mixtos para mantener a la víctima fuera de balance, divulgar de forma estratégica o retener información privilegiada, exagerar las cosas, atenuar las circunstancias y realizar un sesgo unilateral del problema.

Impotencia estratégica: explota la buena voluntad de la víctima, su conciencia culpable, su sentido del deber y obligación o su instinto protector.

Ejemplos: hacerse pasar por alguien débil, impotente, desvalido o mártir. Usar historias tristes para ganar simpatía, apoyo o favores. Dramatizar las dificultades para obtener un trato preferencial basado en la culpa.

Hostilidad y abuso: busca dominar y controlar a la víctima a través de la agresión explícita.

Ejemplos: Bullying, hacer berrinches frenéticos, coacción, intimidación, abuso físico, abuso emocional, abuso mental, abuso sexual, abuso financiero, lavado del cerebro y restricciones opresivas.

Muchos manipuladores crónicos eventualmente pagan un alto precio y sufren retrocesos personales y/o profesionales a lo largo de sus vidas. Robertson (2015), afirma que las consecuencias negativas de la manipulación crónica pueden incluir algunas de las siguientes:

  1. Múltiples problemas de comunicación y relación efectiva debido a la falta de voluntad del manipulador para ser franco y responsable.
  2. La alienación personal y/o profesional de los demás al sentirse engañados, decepcionados, traicionados, coaccionados o saboteados.
  3. Daño a la reputación personal y/o profesional por falta de confianza y autenticidad.
  4. Pérdida de oportunidades personales y/o profesionales significativas por falta de credibilidad. En el peor de los casos, las revisiones de rendimiento en el trabajo provocan retrocesos profesionales y la degradación o la terminación del empleo.
  5. Pérdida de integridad moral con inseguridad asociada además de baja autoestima, sabiendo que en el fondo la persona es un «fraude».
  6. Desencadenar tendencias egocéntricas con incapacidad para entablar relaciones verdaderamente saludables.
  7. Disparo de tendencias pasivo-agresivas, con incapacidad para entablar relaciones verdaderamente colaborativas.
  8. Disparo de tendencias narcisistas, con incapacidad para entablar relaciones verdaderamente amorosas.
  9. Relaciones más distantes, cansadas y estresantes en general. Muchos fracasos en las diversas relaciones del manipulador.
  10. El manipulador puede experimentar angustia física, mental, emocional o espiritual debido a su propia conciencia (al sentirse culpable) y la vergüenza.
  11. El manipulador puede sentir estrés y ansiedad por tener que «cubrirse» constantemente a sí mismo, por temor a ser descubierto y eventualmente expuesto.
  12. El manipulador puede experimentar crisis morales silenciosas pero persistentes y conflictos éticos además de tener dificultades para vivir consigo mismo.

¿Puede un manipulador cambiar para mejor? Quizás. Pero solo si él o ella están dispuestos a pasar por un proceso de autodescubrimiento. Para los manipuladores conscientes, existe la oportunidad única de evolucionar hacia para mejor, lo que significa adquirir una autoconciencia astuta, llevar a cabo acciones dignas, practicar la comunicación concienzuda, ser capaz de resolver problemas de forma constructiva y ser capaz de participar en relaciones sanas y positivas.

Para aquellos que viven o trabajan con manipuladores, la observación perceptiva y la comunicación asertiva son esenciales para establecer relaciones sanas y equitativas.

Referencias bibliográficas

Michaels, T., (2014). How to Successfully Handle Narcissists. Clinical Psychology Review, 4, 657.

Nielsen, P., (2017). A Practical Guide for Manipulators to Change. PNCC.

Robertson, D., (2015). The most effective way to deal with Manipulative People. NYT, Journal.

 

  • Ciencia

Una perspectiva psicológica del amor

  • 16/07/2018
  • Octavio Jiménez

El tema del amor está inmerso en nuestra cultura y por consecuencia en nuestra psique, lo vemos en todas partes en películas, canciones, libros, revistas, videos y recientemente en conferencias y estudios científicos. Aún así las personas sufren para sostener una experiencia de amor real que les elude. Ann Swidler (2001) intenta entender como la cultura determina nuestras expectativas acerca del amor y como a la vez conseguimos en realidad otra cosa. El problema con esto es que las personas no viven sobre una cultura única, sino diversa, con múltiples perspectivas. Existe la paradoja de que por un lado la cultura sugiere que el amor es algo perfecto e instantáneo pero al mismo tiempo promueve una necesidad constante de mejorar las relaciones amorosas.

Intentamos entender el amor porque es algo profundamente inherente a nuestra naturaleza humana y se le ha descrito como una emoción, un instinto o un constructo, con el fin de iluminar las conceptualizaciones del mismo para beneficio de las personas en el difícil propósito de encontrar la felicidad.

En este ensayo echamos un vistazo a una teoría de la psicología, que ve el amor desde una perspectiva cultural.

Psicología cultural del amor

La psicología cultural es un enfoque teórico-metodológico para estudiar la psicología humana, que intenta demostrar que la cultura y la historia determinan los estados mentales y procesos psicológicos de las personas. El postulado del cual parte la psicología cultural consiste en afirmar que la psicología humana no corresponde sólo al fundamento fisiológico de las personas, de modo que el saber no está limitado al espacio interior cerebral, sino distribuido en un contexto socio-cultural (Sampson, 2010). Desde esta perspectiva se afirma que la evolución cultural ha sustituido a la evolución biológica y logrado así eludir las constricciones selectivas de orden orgánico (Ruffié, J., en Sampson, A. 2010).

Es ese sentido, podemos afirmar, que la cultura determina en parte importante la psicología de las personas.Desde la psicología cultural, la dimensión lingüística del ser humano ocupa un lugar central, no hay psicología sino de un ser hablante (Sampson, 2010).

Por otro lado, la teoría de la epigénesis, apoya los argumentos de la psicología cultural, pues afirma que el genoma humano interactúa con el medio físico en el transcurso de su desarrollo. Esta teoría ha contribuido para superar las concepciones dicotómicas del organismo y el medio, estableciendo que los factores individuales tienen que ver con procesos de autorregulación que dependen de su adaptación al medio físico, tanto como a las interacciones interindividuales.

la cultura determina en parte importante la psicología de las personas

En esas interacciones, el lenguaje es un factor determinante. Vigotsky señala que el ámbito histórico sociocultural humano genera sistemas complejos que regulan la conducta social (Carrera y Mazzarella, 2001). Esas interacciones y sistemas que llamamos cultura, influyen para la acción y la conducta de las personas, como dice Swidler (1986), no porque les proveen los valores que dan dirección, sino porque forman el repertorio de hábitos, habilidades y estilos con los que las personas construyen estrategias de acción.

En cierta forma, la cultura precede a la acción.

Así también, la cultura se forma con símbolos de significado, como creencias, rituales, arte y ceremonias, y prácticas como el lenguaje, el chisme y las historias. A estos ensamblajes se les llama Estrategias de Acción (Swidler, 1986). Estas incorporan y dependen de los hábitos, estados de ánimo, sensibilidades y puntos de vista (Geertz, 1973, en Swidler, 1986).

Según Swidler (1986), usamos la cultura para explicar por qué diferentes grupos se comportan de forma distinta en una situación similar, y también para asumir que la cultura explica cualquier continuidad en el modo de vida de ciertos grupos en particular.

Tipos de amor desde la perspectiva cultural

Swidler (2001) concibe el amor romántico como una mitología que data de finales del siglo XI en Europa, sobre la poesía del amor cortesano, de caballeros heroicos y doncellas nobles. Ese amor romántico difiere de otras concepciones de amor al valorar la pasión como algo noble, en lugar de algo peligroso como lo veía la iglesia cristiana o la cultura greco-romana antes de ellos.

Imagen: Wikimedia

Pero el siglo XVII cambió las cosas para esa noción de amor romántico, haciendo posible que esa pasión peligrosa floreciera en el noble arreglo del matrimonio (Swidler, 2001).

Esa cultura de amor romántico persiste hasta nuestros días, a pesar de que otra cultura más realista intenta desmitificarla con conceptos que muestran que el amor no es repentino (a primera vista) sino gradual; no hay un sólo amor, sino varios y diferentes; un amor en contra de todo tiene más posibilidades de fracasar que uno que se basa en aspectos prácticos que hacen a dos personas compatibles y con intereses en común, también tienen menos dificultades que enfrentar; y que el amor no necesariamente dura para siempre (Swidler, 2001).

Uno de los estados míticos del amor romántico es la estructura del matrimonio. Incluso las parejas que no se pueden casar legalmente como las homosexuales1, ven en el matrimonio el perfeccionamiento de esa perspectiva de amor aún incluso cuando domina la prevalencia del divorcio (Swidler, 2001).

Swidler (2001) identifica dos concepciones del amor en su estudio: el amor romántico y el amor prosaico. El primero es mítico y el segundo realista.

Es evidente como ambas concepciones de amor son contradictorias, pero se les puede encontrar entrelazadas en el discurso de las parejas en nuestra sociedad. ¿Quién no ha escuchado declaraciones como «fue amor a primera vista» (romántico) y «vamos a estar bien porque somos compatibles» (prosaico)?

El amor romántico, de acuerdo con Balstrup (2012), “se ha convertido en la ‘religión no declarada’ de occidente». Aún así, el amor romántico, como estado emocional, ha sido tópico importante de investigación filosófica, religiosa y psicológica.

En esas investigaciones, los académicos se refieren a alguna categoría de amor como ágape, eros o fraterno, pero la forma contemporánea de amor que sea ha idealizado en aumento puede ser definida más precisamente como amor romántico, un constructo cultural cuya historia la podemos remontar a la Europa del siglo XII, cuando la poesía de los trovadores empezó a expresar un amor noble y divino entre hombre y mujer, opuesto a lo práctico de los matrimonios arreglados. Esta clase de amor, a veces adúltero y no consumado, se basa en sentimientos apasionados hacia otra persona, idealizándola e involucrando una actitud auto-sacrificada de devoción hacia ella (Balstrup, 2012).

Balstrup (2012) concluye que el amor romántico es el dios de la cultura occidental moderna. No es difícil estar de acuerdo con esa declaración ya que en la actualidad, las personas depositan en el amor romántico expectativas altas de autorealización y trascendencia, al creer que encontrar el amor implica completarse y quedar unidos incluso después de la muerte.

El amor romántico tiene su origen en la cultura que lleva su nombre y se originó en el siglo XII. Desde entonces el amor romántico ha ido evolucionando principalmente en el occidente, gracias a su atractivo místico, y ha permeado profundamente las relaciones de pareja y la forma como las personas concebimos el amor. El amor romántico por otro lado es ginocéntrico y pone a la mujer en el centro de la atención, mientras que al hombre lo coloca en la posición de salvador, conquistador y protector que debe ganarse el afecto y aprobación de la mujer.

Las metáforas del amor

En lo cultural, el lenguaje y el amor, como otras emociones, siempre están ligados. Manifestándose como modelos, repertorios, metáforas o relatos. Hay una determinación lingüística del amor. La cultura se transmite a través de formas lingüísticas que guían el pensamiento y la acción (Rodríguez, 2012).

Una metáfora recurrente del amor, lo presenta como un viaje en el que los amantes son viajeros con metas de vida comprendidas como destinos que pueden ser alcanzados. La relación de pareja es el vehículo que los transporta. El viaje no es fácil pues tiene impedimentos y caminos que se decide tomar (Lakoff, 1993, en Rodríguez, 2012).

La gente se está casando a mayor edad que como era usual; la edad media es ahora de 28 años para los hombres y 26 para las mujeres, comparado con 23 y 20 respectivamente en 1960.

Otra metáfora del amor que se identifica en la lingüística, es la de que el amor es un negocio de dos, describiendo a los amantes como socios que establecen un contrato que puede ser matrimonial. En él, se establecen las responsabilidades y beneficios que cada uno tiene en la relación (Rodríguez, 2012).

Kövecses (1991, en Rodríguez, 2012) ha identificado en la lengua inglesa metáforas del amor en las que se presenta a este como un fuego, una unidad, una fuerza, un juego de azar o una locura, describiendo con ellas las distintas facetas del amor.

Impacto del amor romántico sobre la salud psicológica

«En los Estados Unidos, el matrimonio ha sido históricamente una importante y estimada institución social. Pero hoy en día, casi la mitad de los matrimonios terminan en divorcio. La gente se está casando a mayor edad que como era usual; la edad media es ahora de 28 años para los hombres y 26 para las mujeres, comparado con 23 y 20 respectivamente en 1960. La proporción de adultos que nunca se casan va en aumento: 19% de hombres y 13% de mujeres entre los 40 y 44 años de edad nunca se han casado. Alrededor de un tercio de los nacimientos son de parejas no casadas y el cohabitar sin casarse, que antes era estigmatizado, ahora es una etapa normal en el curso de la vida adulta.» (Hull et al, 2010).

Aunque algunos autores han enfatizado los beneficios de adoptar una inclinación de amor prosaico para formar sus vínculos de pareja, el amor romántico sigue arraigado en nuestra naturaleza, producto tal vez del refuerzo comercial del que ha sido objeto. Esto ha producido una serie de problemas de identidad y de conducta de las personas. La frustración de ver un sueño truncado porque no es lo que se esperaba (el amor romántico es iluso) es causa de diversos conflictos de carácter psicológico.

El amor romántico ha tenido un impacto devastador en la habilidad de la gente común para llevar vidas emocionales exitosas

Según contenido publicado por The School of Life (2016), el amor romántico ha tenido un impacto devastador en la habilidad de la gente común para llevar vidas emocionales exitosas. Algunos de sus efectos que persisten en nuestra cultura son ideas de:

  1. Que el amor verdadero es el final de la soledad
  2. Que nuestra pareja nos debe entender sin necesidad de hablar
  3. Que la elección de una pareja debe hacerse guiados por sentimientos y
  4. Que el amor verdadero es aceptar todo lo de la otra persona.

También, el romanticismo elevó a nivel sublime el matrimonio y lo unió con la pasión y el sexo, que se convirtieron en el indicador de salud de una relación.

Desarrollo psicoterapéutico ante problemas amorosos

Bellah y Col (1989) ven la terapia de pareja como un fenómeno cultural más que como una técnica clínica, más como una manera de pensar que como una vía para curar los trastornos psíquicos. Describen también la terapia como un proceso de autoclarificación que interpreta el compromiso en términos de elección personal y de acuerdo interpersonal. Lo «interpersonal parece ser la clave de muchos aspectos de la vida» (Bellah y Col., 1989).

De acuerdo con Bellah y Col (1989), conocerse a uno mismo permite a los individuos relacionarse eficazmente con otras personas. Tienes que saber qué piensas, conocer tus valores y la relación que tienen con tus sentimientos, aunque no sean coherentes. Luego analizar cuál es tu orden de prioridades y generar muchas posibles alternativas, a diferencia de una actitud de todo o nada. La terapia debe ayudarte así a elegir la alternativa más constructiva para ti en ese momento.

Basándose en el interés interpersonal, los terapeutas culturales defienden el amor y la intimidad a favor de buscar la autorealización a través de terapias cuyo individualismo se apoya en ideas ingenuas de autosuficiencia. Por el contrario, estos terapeutas, con mayor orientación hacia la comunidad, exigen redes de apoyo, familia, amigos y comunidad, necesarios para establecer y sostener sentimientos de pertenencia que hoy en día hacen tanta falta (Bellah y Col., 1989).

«Reconocer el amplio potencial del matrimonio no depende de tu habilidad para atraer a la pareja perfecta, sino de tu disposición para entender las partes escondidas de tu ser» (Hendrix, 1988).

Bellah y Col (1989) ven la terapia de pareja como un fenómeno cultural más que como una técnica clínica, más como una manera de pensar que como una vía para curar los trastornos psíquicos.

Hendrix (1988) escribió su libro siendo terapeuta de parejas, habiendo fracasado como tal años antes, intentando un enfoque contractual en su práctica.

Fue a raíz de su fuerte compromiso por ayudar a las parejas a formar uniones exitosas, su experiencia y estudios en la materia, que desarrolló la ´Terapia Imago de Parejas´. Su enfoque integra varias perspectivas de la psicología y las ciencias de la conducta. Podríamos decir que es una terapia cultural, en el sentido en que reúne las formas distintas de percibir la vivencia humana actual de occidente, dando prioridad a resolver los conflictos de pareja en un contexto práctico y contemporáneo. Su enfoque terapéutico es tendiente en gran parte a la teoría cognitiva.

Hendrix (1988) profundiza considerablemente en el aspecto de la atracción entre las parejas, concluyendo que el camino al fracaso de la unión, es la atracción, luego el amor romántico y finalmente la lucha de poder. Es esta triada la que se debe comprender para formar parejas más exitosas, pero está tan arraigada en nuestra cultura que resulta útil, al parecer, sólo para entender la naturaleza de los conflictos y buscar su causa en el yo personal, más que en la pareja como unidad, haciéndose presente cada uno de sus conflictos internos personales y resolviéndolos, para presentarse mutuamente el uno al otro en la pareja, como una mejor persona dispuesta a aportar valor a la unión.

Conclusiones

El amor es un aspecto sumamente complejo de las interacciones humanas. Sin embargo es un elemento importante del desarrollo de las personas y les afecta profundamente en sus estados de ánimo, sus prospectos de vida y en general, su realización personal.

Y es esto último en lo que podemos enfocar nuestra atención a través de las posturas teóricas expresadas en este ensayo, la realización individual, definida comúnmente también como felicidad o plenitud.

El amor en pareja, como vimos, es una consecuencia de las motivaciones o tendencias personales. Todas las posturas concluyen en algún punto que el amor debe comprenderse a nivel individual. Tal es el caso de Hendrix (1988), quien decidió una aproximación personalizada en su método de terapia, a los problemas de pareja.

El mensaje es: conócete a ti mismo, se mejor persona y júntate con otro individuo igual de consciente para formar una pareja funcional que pueda enfrentar la vida de forma productiva y lograr propósitos significativos.

Para lo anterior, las distintas visiones teóricas sirven como fundamentos para terapia eficaz personal o de pareja. No es una en particular la que tendrá el éxito necesario, sino una aproximación integrativa que pueda actuar de forma integral en las personas de modo que resuelva su problemática para establecerlos como individuos que puedan formar uniones de amor.

Lo anterior es en cierto modo una motivación a lograr un nivel de humanidad más elevado. Alejándonos de las determinaciones biológicas y las concepciones románticas para converger en un estado más evolucionado como personas.

Referencias bibliográficas

Bellah, R., Madsen, R., Sullivan, W.M., Swidler, A. y Tepton, S.M. (1989). Hábitos del corazón. Editorial Alianza.Balstrup, S. (2012). To believe in love, the religious significance of the romantic love myth in western modernity. (Tesis inédita de licenciatura). Universidad de Sydney. Australia.

Carrera, B. y Mazzarella, C. (2001). Vigotsky: enfoque sociocultural. Educere, vol. 5, núm. 13. Universidad de los Andes. Venezuela. Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=35601309

Hendrix, H. (1988). Getting the Love You Want, A Guide for Couples. Henry Holt and Company. New York.

Hull, K., Meier, A. y Ortyl, T. (2010). The changing lanscape of love and marriage. Revista Context, de la Asociación Sociológica de América. Recuperado de https://contexts.org/

Rodríguez, T. (2012) El amor en las ciencias sociales: cuatro visiones teóricas. Revista Culturales, Vol. VIII, Num. 15. Universidad de Guadalajara.

Sampson, A. (2010). ¿Qué es la Psicología Cultural? Psicología Cultural. Universidad del Valle. Colombia. Recuperado de: https://psicologiacultural.org/Pdfs/Materiales/Que%20es%20la%20Psicologia%20Cultural.pdf

Swidler, A. (1986). Culture in Action: Symbols and Strategies. American Sociological Review. Vol. 51, No. 2. Recuperdo de: https://links.jstor.org/sici?sici=0003-1224%28198604%2951%3A2%3C273%3ACIASAS%3E2.0.CO%3B2-B

Swidler, A. (2001). Talk of love: how culture matters. University of Chicago Press. Chicago

The school of life (2016). How Romanticism Ruined Love. Recuperado de: https://www.youtube.com/channel/UC7IcJI8PUf5Z3zKxnZvTBog

  1. En países donde todavía no es legal. ↩
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Aprendiendo a aprender: Poderosas herramientas mentales con las que podrás dominar temas difíciles (curso online)

  • 16/07/2018
  • David Aparicio

A todos nos ha tocado enfrentarnos a temas difíciles que estudiar sin saber con claridad qué método o estrategia utilizar para sacarle el máximo provecho al contenido que tenemos que aprender. En internet hay muchas recomendaciones, pero muy pocas se sustentan en la evidencia y lo que la ciencia cognitiva ha descubierto sobre el proceso de aprendizaje.

Una de esas pocas y excelentes propuestas proviene de la Universidad McMaster y la prestigiosa Universidad de California San Diego con su curso online Aprendiendo a aprender: Poderosas herramientas mentales con las que podrás dominar temas difíciles y que te enseñará las principales técnicas de aprendizaje utilizadas por expertos del arte, música, literatura, matemáticas, ciencia, deportes y otras áreas, a través de la combinación de los dos modos de aprendizaje utilizados por el cerebro y las técnicas más efectivas y con apoyo basado en la evidencia para ayudarte a dominar los temas más complejos.

Los módulos del curso:

  1. ¿Qué es el aprendizaje?
  2. Fragmentación
  3. Procrastinación y memoria
  4. Renacimiento del aprendizaje y cómo liberar tu potencial

Todos estos módulos incluyen una serie de videos con clases explicativas, lecturas en formato PDF, cuestionarios de práctica y recursos complementarios. Al finalizar el curso recibirás una certificación firmada por los profesores de ambas universidades en Estados Unidos. El curso se encuentra en español y tiene un costo total de 49 dólares.

El curso cuenta con una excelente puntuación de 4.9 estrellas y más de 1000 comentarios de estudiantes satisfechos con el contenido y metodología del curso.

El curso inició hoy pero tienes toda la semana y la próxima para inscribirte, ya que cada estudiante puede acceder al contenido a su tiempo y ritmo.

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  • Análisis

Conductismo, símbolos fálicos y autoestima

  • 11/07/2018
  • Joan Rullan

“Actué así debido a mi baja autoestima”, “esa persona es muy orgullosa”, “mi amigo siempre logra lo que quiere por que tiene mucha fuerza de voluntad”… Son explicaciones frecuentes para explicar nuestro propio comportamiento o el de personas de nuestro alrededor. Pero, ¿qué es la autoestima? ¿Dónde se encuentra? ¿y la fuerza de voluntad?

El dualismo en psicología y la sociedad

Los orígenes de lo que planteamos hoy los podemos encontrar hace más de 2.000 años cuando Platón estableció la existencia del mundo sensible y el mundo de las ideas, de la división entre cuerpo y mente, lo físico y lo mental, lo que se conoce como dualismo.

La psicología dominante suele tener, de manera más o menos consciente, una posición dualista en la que se explican los pensamientos, emociones, creencias, constructos…Como algo mental entendido como diferente a lo físico, de una existencia más allá, que funcionan de manera distinta a todo lo demás, lo físico. Considera también, que este mundo mental determina o condiciona el físico, contiene las causas, como cuando se dice que “no habla en público porque le da vergüenza” o “siempre gana debido a sus pensamientos positivos”.

Este tipo de concepciones sobre el comportamiento humano están profundamente arraigadas en nuestra sociedad y forman parte de nuestra manera habitual de hablar sobre ello, por lo que puede parecer normal y coherente. Pero al mismo tiempo, pueden resultar limitantes para uno mismo. Si consideramos que hay una cosa mental, “más allá”, que nos determina, difícilmente podremos hacer algo al respecto.

Conductismo: Una alternativa monista y pro-científica

La alternativa principal a la filosofía dualista de las escuelas psicológicas predominantes la encontramos en el conductismo. En palabras de Skinner, “mi dolor de muelas es tan físico como mi máquina de escribir”. Históricamente se han dado explicaciones “de otro mundo” a toda serie de fenómenos. En épocas pasadas, por ejemplo, se podían atribuir las tormentas o sequías a algún Diós, el hecho de que una piedra caiga, a un alma que deseaba regresar a la tierra, o ciertos comportamientos a llevar el diablo dentro. En muchas de estas facetas la ciencia ha logrado superar el dualismo y dar explicaciones empíricas y monistas de los hechos, y con esta motivación surgió el conductismo.

Hablemos ahora del “símbolo fálico”, que sé que es lo que te ha llevado hasta aquí. En los años 50 la corriente principal en psicología era el psicoanálisis, que también afín al dualismo, sugería que los problemas de comportamiento se debían a un “más allá” llamado inconsciente.

El psicólogo conductista Teodoro Ayllon, tal vez en una muestra de la facilidad para hacer amigos que en ocasiones se le ha recriminado al conductismo, realizó una curiosa prueba en favor de las explicaciones monistas y los principios conductuales, en oposición al psicoanálisis del momento.

En el hospital psiquiátrico donde trabajaba, había una mujer ingresada desde hacía 23 años que pasaba la mayoría del tiempo tumbada entre la cama y el sofá. Ayllon y su compañero Eric Haughton mediante el condicionamiento operante hicieron que cada vez pasase más tiempo de pie agarrada a una escoba.

El psiquiatra de orientación psicoanalítica del hospital, redactó un informe en el que se podía leer lo siguiente:

“Su ritmo constante y compulsivo sosteniendo una escoba… Podría ser visto como un procedimiento ritual, una acción mágica. Cuando la regresión conquista el proceso asociativo, las formas primitivas y arcaicas de pensamiento controlan el comportamiento. El simbolismo es un modo predominante de expresión de los deseos insatisfechos profundamente arraigados y de los impulsos instintivos… Su escoba podría ser entonces: Un niño que le da su amor y ella le da a cambio su devoción; un símbolo fálico; el cetro de una reina omnipotente”

Esta anécdota de moralidad discutible, respalda claramente la necesidad de una aproximación científica a la hora de elaborar el conocimiento psicológico, basado en lo empírico, y no en conceptos y constructos hipotéticos.

Vale, sí, no estamos en los 50, ni somos todos psiquiatras psicoanalistas… Planteemos un ejemplo actual:

  1. Mis amigos me dicen que se han hecho vegetarianos dado que la carne hoy en día está manipulada químicamente y es mala para la salud
  2. Veo en televisión un programa sobre las pésimas condiciones de los animales de los que nos nutrimos
  3. Leo un documental sobre las grandes ventajas de la dieta vegetariana en el bienestar personal
  4. Mi pareja se hace vegetariana
  5. Vamos a un restaurante vegetariano y me sabe exquisito
  6. Me hago vegetariano

Una visión dualista podría explicar mi comportamiento de dejar de comer carne en base a mis creencias sobre la comida animal, o el ser vegetariano, dando a entender que esa es la causa de mi comportamiento. Sin embargo, parece poco probable que sin mis experiencias directas y físicas con lo vegetariano, me hubiese vuelto yo también vegetariano. Por supuesto que en este proceso aparecen pensamientos en relación a ser o no vegetariano, pero ellos también son consecuencia de mis experiencias físicas y directas con ello, no causas de mi comportamiento.

De hecho desde el conductismo, el hecho de pensar sobre ser vegetariano, sentir una emoción, recordar… se entienden como comportamientos solamente observables por la persona que los tiene, lo cual no significa que funcionen de manera distinta a todo lo demás; se trata de conductas respondientes y operantes como cualquier otra, solo que en este caso exclusivamente accesibles a uno mismo, son conducta privada.

¿Dónde nos lleva todo esto? Hablemos de autoestima…

Todos los seres humanos tenemos una filosofía personal, sea más o menos explícita. Constantemente damos explicaciones sobre cómo funciona el mundo, y para este artículo es especialmente relevante; sobre cómo funcionamos las personas.

Creer que hay algo dentro de la persona, que existe como tal, o un mundo mental que nos condiciona, es algo sin duda limitante para aquella persona que quiere tener cambios en su vida. En consulta frecuentemente me encuentro con personas que están buscando mejorar la autoestima, y sentirse más motivados. De manera coherente con la filosofía predominante y habitual, entienden que “necesito cambiar mi autoestima para poder hacer eso que quiero” o “tengo que estar motivado para tener éxito”.

Lo interesante es que al preguntar por la autoestima, para qué la quieren, o cómo saben que alguien tiene autoestima, suelen mencionar aspectos como los siguientes: Actúa con determinación, sabe decir “no”, busca relacionarse con los demás, se proponen metas y se esfuerzan hasta lograrlas, hacen cosas que a otros les podrían dar miedo…

De modo que, al observar todo ello, físico de nuevo, uno deduce que hay algo mental detrás, la autoestima, que le permite hacerlo. Sin embargo la evidencia que se tiene es que es una persona que hace toda una serie de cosas, y probablemente, al verse hacer todo ello, los pensamientos que tenga de sí misma, sean de los popularmente llamados “positivos”.

Si preguntamos a alguien para qué quieres ese “pack de pensamientos agradables” en lugar de otros, la respuesta sería precisamente, para así poder hacer cosas distintas, tener una mejor vida. Parece improbable que alguien pueda “modificar su autoestima” o cambiar pensamientos de “no podrás” por los de “eres genial” deliberadamente, más si se consideran en un plano “mental” distinto a lo físico.

¿Y si empezáramos por lo que sí se puede cambiar, y al fin y al cabo, el objetivo final de tener autoestima o motivación, que es hacer cosas distintas en la vida? Sí hay un área interesante en la que trabajar que sería en, independientemente de lo que se pueda sentir o decir alguien sobre sí mismo, centrar las energías en actuar con determinación, decir “no” cuando sea necesario, buscar la interacción con otras personas, proponerse metas y esforzarse por lograrlas, o hacer cosas aun con el miedo presente.

Verse haciendo todo lo anterior, en lugar de no haciéndolo, probablemente modifique la percepción de uno mismo, si eso es importante para la persona. Aun así, llegados a este punto puede que tener unos pensamientos u otros sobre uno mismo ya no sea importante. Cuando el concepto “autoestima” o “motivación” ya no se interponen en el camino hacia lo que uno quiere, la persona no actúa exclusivamente en base a lo que puede sentir en un momento dado, sino en base a lo que quiere para sí ahora y en el futuro.

Uno se puede liberar de eso que hasta ahora habían sido barreras, de esas “entidades mentales limitantes” de las que se habla, pero al menos a día de hoy, no hay evidencia de que existan, y centrarse en el presente, físico, para conseguir lo que se quiere.

  • Ciencia

Sufrir estrés extremo en la niñez es tóxico para el ADN

  • 11/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Una de las noticias que, actualmente, conmueve al mundo entero es la aplicación de políticas extremas de “tolerancia cero” respecto de los inmigrantes por parte del gobierno de Estados Unidos. Hemos leído, visto y escuchado cómo los niños (de cualquier edad) son separados de sus familias y alojados en campamentos del gobierno, refugios, o casas de acogida temporal.

Estos niños también son sometidos a audiencias ante un juez y contra un abogado del Estado que los acusa de ingresar de manera ilegal a EEUU, con el pequeño detalle de que los niños no cuentan con la asesoría o acompañamiento de un abogado defensor… y muchas veces tampoco cuentan con la capacidad de comprender lo que está sucediendo (sobra decir que no se encuentran acompañados por algún adulto de su familia, pues de ellos fueron separados previamente). Sin embargo, esto no es óbice para que el Estado los juzgue y decida sobre sus vidas.

Muchos profesionales de la salud se están ocupando de hacer saber el impacto que tiene en los niños someterlos a situaciones de gran estrés, como lo es la separación de sus familias que ocurre en la frontera estadounidense, y que puede durar semanas e incluso meses.

La pediatra Marsha Griffin, de Texas, quien visitó varios centros de detención para niños, explica cómo el hecho de separar a los niños de sus padres y dejarlos sólos impacta en ellos a nivel orgánico: los niños se encuentran indefensos, sin nadie que los proteja ante una situación de terror abrumador e incertidumbre, por lo que entran en el modo “volar o pelear”, y la epinefrina y todas las hormonas del estrés inundan sus sistemas, y esta situación provoca efectos en su salud física y mental que incluso se manifiestan a largo plazo, aunque los pequeños hayan sido reunidos con sus familias.

Pero el mayor peligro de separar a los niños de sus familias no es el estrés psicológico, sino la bomba de tiempo biológica, dice Daniel R. Weinberger, director del Instituto Lieber para el Desarrollo del Cerebro y los Laboratorios de Investigación Maltz de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, donde los científicos estudian cómo los genes y el factor ambiental dan forma al desarrollo del cerebro humano. “Los gritos y llantos, la angustia y desolación son desgarradores. Pero las consecuencias palidecen en comparación con los efectos menos visibles a largo plazo que son más siniestros y peligrosos.”

Separar a los niños de sus familias, en un país desconocido, entre extraños, causa experiencias del estrés más extremo que un niño puede vivir. Y esto causa cambios profundos e irreversibles en el modo en que su ADN está empaquetado y qué genes están activados y desactivados en las células del cuerpo, en órganos como el páncreas, pulmones, corazón y cerebro, llevando a cambios de por vida en su estructura y función.

Estudios muestran que sufrir estrés temprano en la vida altera la forma en que está empaquetado el ADN, lo que hace que las células funcionen de manera diferente a su mandato original.

La forma en que el ADN, el plano de la vida, está empaquetado en las células determina cómo funcionan estas. Virtualmente, cada célula en el cuerpo tiene el mismo ADN, porque todas son descendientes de aquel primer óvulo fecundado. Pero las células hepáticas saben que no son pulmonares, y éstas saben que no son células cerebrales. Cómo “saben” esto las células tiene que ver con la forma en que están empaquetadas, un proceso llamado “epigenética.”

El ADN está organizado en un paquete de proteínas complicado, que actúa como aislamiento, protegiendo la cadena de AND. El aislamiento determina qué genes se activan para hacer las proteínas que requiere cada célula en particular. Entre la variedad de órganos y tejidos, el empaquetamiento del ADN varía (células hepáticas, células pulmonares, etc.) permitiendo que cada célula tenga una colección única de proteínas.

Estudios de niñas y niños que han experimentado gran estrés en su niñez temprana revelaron que la disfunción en muchos órganos en el cuerpo años después del evento estresante,  aumentó el riesgo de enfermedades del corazón, de los pulmones, alta presión sanguínea, diabetes, rendimiento escolar pobre, abuso de drogas y enfermedades mentales. Científicos han mostrado recientemente que la sensibilidad del empaquetamiento del ADN al estrés ambiental es mayor durante los primeros cinco años de vida que todo el resto de la vida combinado.

Harry Harlow, psicólogo de la Universidad de Wisconsin, realizó una serie de estudios controversiales en la década del ‘50 en monos bebés que fueron aislados de sus madres por algunos meses (una situación similar al periodo de separación experimentado por niños y niñas inmigrantes en la frontera estadounidense). Los monos bebés de Harlow estuvieron profundamente perturbados por el resto de sus vidas. Cuando los monos alcanzaron la adultez, estudios revelaron alteraciones significativas en la estructura y química de sus cerebros.

Una investigación en orfanatos rumanos enfocadas en niños humanos criados sin contención parental también mostró incrementos significativos en la frecuencia de discapacidades psicológicas y sociales más tarde en la vida así como enfermedades médicas y cambios en la anatomía del cerebro.

Quizás el estudio más conocido sobre este asunto fue el realizado con niños criados en orfanatos rumanos en los años 1980 y 1990. Nathan Fox de la Universidad de Maryland, Charles Nelson de Harvard y Charles Zeanah de Tulane, en su libro “Romania’s Abandoned Children: Deprivation, Brain Development, and the Struggle for Recovery,” documentaron el devastador impacto de las instituciones en los infantes privados de apoyo emocional parental. Sumado a profundos problemas comportamentales e individuales, los cerebros de estos niños mostraron disminución del crecimiento una década después.

¿Cómo puede el estrés provocar esto? El estrés causa una reacción biológica en el cuerpo, que incluye incrementar la cantidad de cortisol, la llamada “hormona del estrés.” Pero también incrementa la producción de varias proteínas relacionadas con la inflamación. En caso de infección, estas proteínas inflamatorias son centinelas que ayudan a proteger el cuerpo contra agentes infecciosos. Pero en ausencia de infección pueden dañar al organismo. ¿Cómo? Metiéndose en las células y cambiando el empaquetado del ADN. La separación forzada de los propios padres especialmente en circunstancias desconocidas es una forma extrema de estrés infantil que causa que las hormonas del estrés alteren el empaquetado de ADN, transformando el comportamiento de la célula.

Parte de cómo se reempaqueta el ADN es permanente, y las células involucradas avanzan en la vida en un estado alterado, lo cual las hace hipersusceptibles a una miríada de otros problemas médicos y de estrés.

Los científicos saben cuán peligrosamente tóxico es el estrés (adversidad severa, prolongada o repetitiva con la falta del apoyo adecuado de un adulto) para los niños, porque saben cómo daña y modifica el ADN en sus células. Ahora lo sabemos también nosotros. Daniel R. Weinberger reflexiona: “cuanto más tiempo tarden las autoridades en reunir a estos niños con sus familias, más responsables somos como país por violar sus ADNs y por causarles enfermedades físicas y psicológicas de por vida.”

De la misma forma somos responsables los habitantes del mundo espectador si nos quedamos pasivos ante estos acontecimientos.

Fuente: The Conversation

Sin categoría

No se encuentra vínculo entre el déficit de atención y la exposición prenatal a la contaminación

  • 09/07/2018
  • Alejandra Alonso

Si bien existen muchos estudios recientes que tratan de conocer si existe asociación entre la contaminación ambiental y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los resultados han sido inconsistentes.

Una nueva investigación internacional no ha encontrado vínculos sólidos entre la exposición prenatal a la contaminación del aire y un mayor riesgo de presentar síntomas de TDAH, en niños de 3 a 10 años.

Aunque algunos estudios recientes han observado que la exposición prenatal a la contaminación del aire puede tener un impacto en el desarrollo cerebral del niño, no es claro si dicha contaminación puede incrementar el riesgo de TDAH.

De acuerdo con Joan Forns, autora principal de la investigación, no se encontró asociación entre la exposición a la contaminación del aire durante el embarazo y un mayor riesgo de padecer TDAH. Dicho trabajo forma parte de un Estudio Europeo de Cohorte sobre los Efectos de la Contaminación del Aire (ESCAPE) e incluyó datos de 29,127 pares madre-hijo (niños de 3 a 10 años) provenientes de Alemania, Dinamarca, Francia, Italia, Holanda, Suecia y España. Fue publicado en Epidemiology y realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

Para evaluar la contaminación los científicos estimaron la exposición al óxido de nitrógeno y partículas durante el embarazo, utilizando la ubicación del hogar de cada participante. Los síntomas de TDAH fueron evaluados a través de varios cuestionarios llenados por los padres y/o maestros.

Según la Dr. Mònica Guxens, las conclusiones del estudio, sumadas a la inconsistencia de investigaciones previas les llevan a hipotetizar que la contaminación del aire no incrementa el riesgo de TDAH en niños de la población general. Sin embargo, el equipo de investigadores si cree que dicha contaminación puede tener un efecto en el desarrollo neuropsicológico del individuo, especialmente si hay factores genéticos que lo faciliten.

Los científicos quieren seguir estudiando la relación hasta llegar a conclusiones sólidas con respecto al TDAH y la contaminación ambiental.

Referencia del estudio: Joan Forns, Jordi Sunyer, Raquel Garcia-Esteban, Daniela Porta, Akhgar Ghassabian, Lise Giorgis-Allemand, Tong Gong, Ulrike Gehring, Mette Sørensen, Marie Standl, Dorothee Sugiri, Catarina Almqvist, Ainara Andiarena, Chiara Badaloní, Rob Beelen, Dietrich Berdel, Giulia Cesaroni, Marie-Aline Charles, Kirsten Thorup Eriksen, Marisa Estarlich, Mariana F. Fernandez, Anne Forhan, Vincent W.V. Jaddoe, Michal Korek, Paul Lichtenstein, Aitana Lertxundi, Maria-Jose Lopez-Espinosa, Iana Markevych, Audrey de Nazelle, Ole Raaschou-Nielsen, Mark Nieuwenhuijsen, Rocío Pérez-Lobato, Claire Philippat, Rémy Slama, Carla MT Tiesler, Frank C Verhulst, Andrea von Berg, Tanja Vrijkotte, Anne-Marie Nybo Andersen, Barbara Heude, Ursula Krämer, Joachim Heinrich, Henning Tiemeier, Francesco Forastiere, Göran Pershagen, Bert Brunekreef, Mònica Guxens. Air pollution exposure during pregnancy and symptoms of attention deficit and hyperactivity disorder in children in Europe. Epidemiology, 2018; 1 DOI: 10.1097/EDE.0000000000000874

Fuente: PsychCentral

  • Ciencia

Estudio confirma relación entre enfermedades autoinmunes y psicosis

  • 09/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Las personas con enfermedades autoinmunes (aquellas en las que el sistema inmunitario del cuerpo ataca a sus propias células) son más propensas a tener psicosis, según un metaanálisis reciente que incluyó 30 estudios relevantes, analizados de manera conjunta, lo cual arroja un resultado más robusto estadísticamente. El mismo fue publicado en  Biological Psychiatry.

Estudios previos encontraron que las tasas de artritis reumatoide eran menores en personas con psicosis de lo que se esperaría en la población general. Pero estudios posteriores mostraron que otras enfermedades autoinmunes, como la celiaquía y los trastornos autoinmunes de la tiroides, eran más comunes en personas con psicosis. Esto llevó a los científicos a considerar que existe una conexión entre las enfermedades autoinmunes y la psicosis. Pero los hallazgos conflictivos significan que fue difícil llegar a cualquier conclusión sobre esta relación.

Este estudio se enfocó en las enfermedades autoinmunes que afectan el sistema periférico, como diabetes de tipo 1. Los autores estaban particularmente interesados en saber si las enfermedades autoinmunes que atacan al cuerpo, en oposición del cerebro, podrían también influir en el desarrollo de psicosis.

Para su análisis principal combinaron los datos de todas las enfermedades autoinmunes no neurológicas, excepto la artritis reumatoide (dada la bien establecida asociación negativa con la psicosis), y encontraron que, en general, las personas con enfermedades autoinmunes eran 40% más propensas a tener trastornos psicóticos, como la esquizofrenia.

En cuanto a su análisis secundario, examinaron las enfermedades autoinmunes individualmente, y encontraron que las probabilidades de tener psicosis eran más altas con la anemia perniciosa, penfigoide (una enfermedad caracterizada por ampollas en la piel), psoriasis, enfermedad celíaca y enfermedad de Graves (la enfermedad que padecía Marty Feldman, actor inglés, que causa la protrusión de los globos oculares), lo que sugiere que estos trastornos son protectores.

Los investigadores explican que hay una gama de posibles mecanismos que podrían ser la razón de la relación hallada. Dado que también se ha encontrado que las personas con psicosis presentan niveles más altos de marcadores inflamatorios en la sangre que las personas saludables, y que la inflamación es una característica central de las enfermedades autoinmunes, ésta es una causa probable. Pero la artritis reumatoide y la espondilitis anquilosante también se caracterizan por niveles altos de inflamación, por lo que esto no explicaría la relación negativa encontrada con esas enfermedades. Aunque todas las enfermedades autoinmunes activan el sistema inmune del cuerpo, la respuesta exacta difiere dependiendo del trastorno. Esto podría llevar a alguna explicación sobre por qué se encontraron relaciones diferentes para enfermedades autoinmunes individuales, y sugiere que la inflamación no puede ser el único mecanismo.

Es posible que pueda haber un vínculo genético entre las enfermedades autoinmunes y la psicosis. De hecho, una investigación reciente encontró que las variaciones dentro de genes específicos se asocian tanto con la esquizofrenia como con la artritis reumatoide. Esto es: personas con una variación del gen tienen riesgo de esquizofrenia, mientras personas con otra variación tienen riesgo de artritis reumatoide. Esto podría explicar por qué la artritis reumatoide aparenta ser protectora para la psicosis.

Anticuerpos descubiertos recientemente (parte del arsenal del sistema inmunitario) que atacan erróneamente a las células cerebrales podrían explicar también el vínculo. Se piensa que esta clase de anticuerpos causan síntomas psicóticos, como paranoia o alucinaciones, en algunas personas.

Aunque este estudio no explica por qué las enfermedades autoinmunes y la psicosis ocurren juntas más comúnmente de lo que esperaban los autores, sí provee evidencia más fuerte de que existe una relación. Estudios posteriores se están realizando para entender los mecanismos que puedan causar esta compleja relación.

Finalmente, si bien el riesgo de psicosis es apenas mayor para personas con enfermedades autoinmunes, estos hallazgos sugieren que quizás los médicos deberían monitorear a quienes sufren ciertas enfermedades autoinmunes por señales tempranas de psicosis (especialmente anemia perniciosa, enfermedad de Graves y penfigoide, que mostraron las relaciones más consistentes con la psicosis). Esto es importante porque se halló que una intervención temprana mejora los resultados a largo plazo para personas en etapas iniciales de un trastorno psicótico.

Referencia del estudio: Alexis E. Cullen, Scarlett Holmes, Thomas A. Pollak, Graham Blackman, Dan W. Joyce, Matthew J. Kempton, Robin M. Murray, Philip McGuire, Valeria Mondelli. Associations Between Non-Neurological Autoimmune Disorders and Psychosis: A Meta-Analysis. DOI: https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2018.06.016

Fuente: PsyPost

 

  • Clínica

Examinando la evidencia de la estimulación transcraneana para depresión resistente

  • 09/07/2018
  • Fabián Maero

Hace unos días me encontré con un artículo con un título tan sensacionalista (prácticamente lo que llamaríamos clickbait), que no pude menos que echarle una entusiasta mirada: Efecto de la Estimulación Magnética Transcraneana Repetitiva en la Depresión Mayor resistente a tratamiento en Veteranos de USA: Un ensayo controlado aleatorizado (Phibbs, Forman, Thase, & Williams, 2018).

No juzguen, cada uno se entusiasma con lo que puede. Sin embargo, luego de un rato el entusiasmo devino en una sensación agridulce conocida (pasaron otras cosas en el medio también).

Si no tienen nada mejor que hacer (y asumo que es el caso, dado que están leyendo esto en lugar de estar haciendo algo útil), los invito a hacer un muy largo, tedioso e inútil recorrido para explicar mi desazón con esa investigación.

Lo que estoy tratando de decirles es que se van a morir de aburrimiento, así que no me vengan a hacer reclamos, aún están a tiempo de abandonar el artículo.

Ahora sí, habiéndome despojado de la práctica totalidad de lectores, como dijo el Chapulín Colorado: “síganme los buenos”; es decir, acompáñenme en una reflexión defectuosa, llena de sesgos, chicanas, y motivaciones dudosas.

Para avanzar con dicha reflexión, primero necesitamos explicar de qué se tratan algunos de los conceptos e intervenciones de la investigación.

Estimulación magnética transcraneana

La Estimulación Magnética Transcraneana (abreviemos EMT), es un procedimiento que se ha usado de varias formas en el área de salud. Básicamente es un dispositivo no invasivo que se ubica sobre la cabeza y genera un campo magnético que causa una corriente eléctrica en el cerebro por inducción.

Podemos para los fines de este artículo omitir los detalles técnicos de funcionamiento y las diversas modalidades (pueden leer más al respecto aquí), y podemos quedarnos con esta descripción: es una forma no invasiva de estimular el tejido nervioso que se ha usado de diversas maneras: para diagnóstico de la conexión entre cerebro y músculos (por ejemplo para evaluación de esclerosis múltiple), tratamiento de migrañas, dolor neuropático, y un largo etcétera.

En ese etcétera se incluye el tratamiento de la depresión resistente al tratamiento (DRT), es decir, personas con diagnóstico de depresión que no han mostrado buena respuesta a varios tratamientos. No es una categoría diagnóstica muy estandarizada, por lo cual hay varias maneras de operacionalizar qué precisamente es depresión resistente o refractaria (Wijeratne & Sachdev, 2008), pero la forma más usual es definirla como un trastorno depresivo que no remite luego de dos o más tratamientos distintos –generalmente tratamientos farmacológicos.

La DRT es un problema serio, ya que entre un 25 y un 50% de las personas con depresión no muestran una respuesta clínicamente significativa a los tratamientos usuales –y esto es particularmente así con aquellas personas que además de depresión tienen alguna comorbilidad, ya sea con algún problema físico u otro diagnóstico psicológico (Pérez-Wehbe, Perestelo-Pérez, Bethencourt-Pérez, Cuéllar-Pompa, & Peñate-Castro, 2014).

Por este motivo para la DRT se usan abordajes bastante distintos a los que se utilizan para las depresiones más “comunes”, por decirlo de algún modo. Uno de los recursos que se suelen utilizar con personas con depresión que no han respondido a varios tratamientos es la Terapia ElectroConvulsiva (TEC; véase UK ECT Review Group, 2003), un tratamiento que sin duda es polémico pero que es casi un estándar de tratamiento cuando todos los otros tratamientos no han generado mejoría clínica (aquí no estoy opinando a favor o en contra de TEC, sólo describiendo su uso).

La EMT, a diferencia de la TEC, es mucho menos invasiva. La TEC requiere anestesia general, se induce una convulsión, y tiene varios efectos secundarios que van desde complicaciones cardiovasculares, dolores de cabeza, confusión y náuseas (Datto, 2000), mientras que la EMT se hace sin anestesia, sin generar convulsiones, y los efectos secundarios son bastante más leves (en este link hay más información). Por todo esto la EMT se ha sugerido como una opción más atractiva para el tratamiento de la DRT que la TEC (O’Reardon et al., 2007; Perera et al., 2016).

La investigación

Hechas las aclaraciones pertinentes, veamos el artículo del cual estaba hablando (Phibbs et al., 2018).

Se trata de un ensayo controlado aleatorizado con doble ciego, en el cual 164 veteranos de guerra con DRT (ie. sin respuesta ante al menos dos tratamientos farmacológicos), y con trastorno de estrés postraumático (TEPT) comórbido se asignaron aleatoriamente a uno de dos grupos: uno que recibió EMT y el otro fue un grupo control de falso tratamiento –se le coloca el aparato de EMT al paciente y se hacen todos los procedimientos pero el aparato no emite el pulso magnético (está apagado, digamos), con lo cual el paciente ignora que no está recibiendo el tratamiento.

El estudio fue con doble ciego, lo cual significa que ni los operadores del aparato de EMT ni los pacientes sabían si se estaba administrando el tratamiento real o el placebo. Se administraron entre 20 y 30 sesiones de EMT o placebo por participante, lo cual llevó entre 5 y 12 días consecutivos.

Se evaluó depresión antes y después de las intervenciones, y se consideró “remisión” como una puntuación de menos de 10 en la escala de depresión de Hamilton (una escala administrada por el clínico). Además se utilizaron otras varias escalas para evaluar severidad de depresión y TEPT, como objetivos secundarios.

Los resultados, en resumen, fueron estos: no hubo diferencias entre ambos grupos en términos de mejoría de la depresión.

El 40% de las personas que recibieron el tratamiento activo alcanzaron remisión, al igual que el 37.4% de las personas que recibieron el placebo. Con respecto a recaídas, luego de seis meses, el 19.8% del grupo de tratamiento activo seguía en remisión, versus un 15.7% del grupo placebo. Ninguna de las diferencias entre grupos fue significativa. Tampoco hubo diferencias en las evaluaciones secundarias. En total, el 39% de los participantes alcanzó criterio de remisión, sin importar si estaban en tratamiento activo o placebo.

En resumen, se trata de una investigación que no pudo confirmar que la EMT tuviera efectos apreciables sobre la DRT en esta población. Hasta aquí, dirán ustedes, nada notable, hay investigaciones con resultados negativos todos los días. Esperen un poco, diré.

Cuando comenté esto en las redes sociales expresando cierto fastidio sobre los resultados, una colega me acercó gentilmente varios artículos sobre EMT y depresión. Es que EMT efectivamente cuenta con bastante evidencia; ha sido aprobado por la FDA (Food and Drug Administration de USA, un organismo gubernamental que regula el uso de fármacos y aparatos médicos, entre otras cosas), como tratamiento seguro y efectivo, y hay publicadas un buen número de investigaciones que señalan su efectividad.

Pero entonces, ¿por qué encontraríamos estos resultados con un tratamiento que ha sido aprobado por la FDA, y que de acuerdo a varias investigaciones se postula como efectiva para DRT?

Para poder ensayar una respuesta a esa pregunta, necesitamos ahondar un poco más extensamente en la evidencia y ver el tipo de evidencia de la que disponemos al respecto, así que tomen aire, que esto está por ponerse aún más aburrido, conjetural y erróneo.

La evidencia de EMT

Si revisamos la literatura sobre el uso de EMT en depresión, podemos notar algo interesante: la mayoría de las investigaciones favorables a EMT se han llevado a cabo comparándola con una intervención placebo de tratamiento falso, tal como la que se utilizó en el estudio que acabamos de revisar (vean también Gaynes et al., 2014; Lam, Chan, Wilkins-Ho, & Yatham, 2008; Razza et al., 2018). Es decir, la mayoría de las investigaciones no compararon a EMT con otro tratamiento activo (uno con evidencia y en el cual efectivamente se realice alguna intervención terapéutica), sino con un grupo control.

Cuando, en cambio, se comparó a EMT con otro tratamiento activo, el panorama fue diferente. Se realizaron varias investigaciones comparando EMT con TEC (terapia electroconvulsiva), y en todas ellas la efectividad de EMT fue menor que la de TEC (Chen, Zhao, Liu, Fan, & Xie, 2017; Jin, Xu, Le, & Dai, 2016; Ren et al., 2014).

Este hecho fue lo que motivó que en un primer momento la FDA cuestionara su utilización, un año antes de aprobar los primeros aparatos de EMT en 2008: la evidencia no parecía apoyar su utilidad clínica comparada con otro tratamiento –y de hecho fue permitida sólo cuando en lugar de compararla con TEC se la comparó con placebo.

Placebo y depresión

Se preguntarán por qué estoy insistiendo tanto en que las comparaciones de EMT fueran contra un grupo control, y la respuesta requiere que consideremos dos cosas.

En primer lugar, la depresión es un trastorno que generalmente responde en cierto grado a casi cualquier tratamiento: hay al menos 12 tratamientos psicológicos distintos con cierto respaldo de la APA, pero hay muchos más que han mostrado algún grado de evidencia aún cuando no cumplan con los criterios de la APA. Respecto a tratamientos farmacológicos conté en este artículo más de 115 fármacos distintos, con distintas vías de acción, que se han utilizado para depresión con algún grado de evidencia. También hay tratamientos menos convencionales que funcionan igual de bien que los convencionales. La hierba de san juan, por ejemplo, no es menos efectiva que la paroxetina para depresión (Szegedi, Kohnen, Dienel, & Kieser, 2005), y el ejercicio físico es tan efectivo como la sertralina y otros fármacos (Blumenthal et al., 2009; Rethorst, Wipfli, & Landers, 2009).

La depresión tiene tanta sensibilidad a tratamientos que incluso a veces nos encontramos con abordajes radicalmente opuestos pero que sin embargo tienen la misma efectividad. Por ejemplo, los conocidos fármacos SSRI (como la paroxetina) actúan inhibiendo la recaptación de serotonina, haciendo que aumente su concentración en el espacio sináptico. En contraste, los SSRE (por las siglas en inglés de potenciadores selectivos de la recaptación de serotonina, como la tianeptina), actúan de manera exactamente opuesta, aumentando la recaptación de serotonina y haciendo que disminuya su concentración en el espacio sináptico. Sin embargo, a pesar de tener efectos biológicos opuestos, se ha encontrado que ambos fármacos tienen el mismo efecto sobre la depresión (por ejemplo, vean Nickel et al., 2003).

Pareciera que es más difícil encontrar una intervención que no tenga efecto para depresión, y una posible explicación podría ser lo siguiente: dado que una característica central de la depresión es la desesperanza, cualquier intervención que aumente el nivel de esperanza y actividad de las personas será de utilidad en cierto grado.

Esto es decir que el efecto placebo es muy potente en la depresión. Cuando una persona deprimida comienza a realizar un tratamiento que cree que la va a ayudar, esto aumenta su esperanza y hace que se sienta mejor, lo cual puede llevar a un aumento del nivel de actividad y una mejoría. El centro de la cuestión está en si ese efecto es duradero o si sólo tiene efecto mientras la intervención está siendo aplicada. El efecto placebo en depresión suele ser a corto plazo, y tiende a desaparecer cuando la intervención termina. Quizá ese sea el motivo por el cual la farmacoterapia tiene casi el doble de recaídas comparada con la terapia cognitivo conductual (Blackburn & Moore, 1997; Blackburn, Eunson, & Bishop, 1986; Dobson et al., 2008; Evans, 1992; Hollon et al., 2005; Simons, 1986): durante esas psicoterapias se desarrollan habilidades varias de afrontamiento y manejo del malestar que pueden seguir presentes mucho tiempo después de haber terminado la terapia, mientras que no pasa lo mismo con los psicofármacos.

En resumen: cuando las personas con depresión creen estar recibiendo un tratamiento útil, se esperanzan y tienden a mejorar en el corto plazo, aunque a largo plazo esa mejoría no se sostenga. Dicho esto, consideremos ahora un fenómeno metodológico que afecta a las investigaciones sobre fármacos y procedimientos como EMT.

Estos procedimientos se hacen a doble ciego, es decir, ni los clínicos ni los pacientes saben si están recibiendo el placebo o el tratamiento activo; de esta forma, podemos cerciorarnos de que cualquier mejoría sea atribuible al tratamiento y no un resultado del efecto placebo.

Si una paciente deprimida supiera que está recibiendo el tratamiento activo, se sentiría más esperanzada, mientras que si supiera que está recibiendo el placebo se sentiría menos esperanzada, lo cual inflaría los resultados del tratamiento y reduciría los del placebo. Por eso ni siquiera el clínico sabe qué tratamiento administra, para evitar introducir sesgos como por ejemplo tratar de manera distinta a los pacientes, o decir algo que haga sospechar a la persona qué tratamiento recibe.

El problema es que con mucha frecuencia, a pesar del doble ciego y aun cuando todo se haga correcta y honestamente, las pacientes se dan cuenta de qué tratamiento están recibiendo.

Sucede así. Imaginen que son pacientes con una depresión de larga data en una investigación a doble ciego. Cuando empiezan, la médica realiza el consentimiento informado que consiste en informar al paciente de la naturaleza del estudio y de los posibles efectos adversos, para que puedan elegir si participar o no. Básicamente es esto:

El médico les dice “Usted participará de la investigación X en la cual aleatoriamente se lo asignará al grupo de tratamiento o a un grupo de control. El tratamiento puede producir malestar en el cuero cabelludo, dolor de cabeza, dolor en los ojos, contracciones musculares espontáneas”. Ustedes aceptan y comienzan el tratamiento sin saber si les tocó el grupo de tratamiento o de control, y cuando reciben la intervención les empieza a doler la cabeza, los ojos, y experimentan contracciones musculares. ¿Qué conclusión sacarían? ¿Están en el grupo activo o en el grupo de control? Muy probablemente supongan que están en el grupo activo, se pongan muy contentos de recibir el tratamiento y tengan esperanzas en que quizá los ayude, con lo cual empieza a actuar el efecto placebo que describíamos anteriormente. Eso es el “unblinding”, es decir, la violación de la condición de doble ciego de una investigación, lo cual puede anular el propósito mismo de tener un grupo control en una investigación y comprometer severamente los resultados (Moscucci, Byrne, Weintraub, & Cox, 1987).

Con esto en mente, volvamos a EMT. La primera vez que la FDA aprobó el uso de EMT para depresión se basó en una investigación comparando EMT con placebo en DRT (O’Reardon et al., 2007). Pero esa investigación recibió una crítica formal, que fue publicada en el mismo journal, de la cual traduzco un fragmento aquí:

“En este caso, el dolor en el sitio de aplicación, una de las muchas variables de dolor en las que diferían los grupos de tratamiento y de control, se incrementó casi diez veces en los pacientes que recibieron EMT comparado con los pacientes de grupo control (35.8% vs. 3.8%). Una diferencia tan pronunciada en el dolor vinculado al tratamiento sugiere un fuerte potencial de unblinding. Desafortunadamente, como los autores reconocen, “no se realizaron indagaciones formales a los pacientes y clínicos para evaluar la adecuación del doble ciego”(Yu & Lurie, 2010).

La crítica básicamente está diciendo que los pacientes sabían que estaban recibiendo el tratamiento, mejoraron por efecto placebo, y que los investigadores no controlaron debidamente esa situación.

En contraste, la investigación que describimos al principio de este artículo, la de los veteranos de guerra que mejoraron en igual medida con el tratamiento que con el grupo control, fue mucho más cuidadosa con respecto al doble ciego, incluyendo un cuestionario al final del tratamiento para ver si los pacientes habían “adivinado” qué intervención les tocó (lo cual permite ajustar el análisis estadístico). Y lo que sucedió es que encontraron que tratamiento y grupo control tuvieron los mismos resultados.

Los autores de esa investigación propusieron la siguiente explicación para los resultados: “las expectativas de mejoría de los veteranos y la extensa atención proporcionada por el equipo de tratamiento EMT pueden haber jugado un importante papel en las mejorías clínicas significativas experimentadas” (p.7). Es decir, están suponiendo que los resultados se deben no a lo activo del tratamiento, sino que la contención brindada uniformemente por el equipo a ambos grupos de pacientes hizo que se sintieran mejor y mejoraran.

No podemos asegurar que el unblinding y el efecto placebo sean responsables de esos resultados, no se engañen, pero sí podemos notar que en general en la literatura:

  • Cuando se comparó EMT con placebo con poco control de unblinding tuvo resultados favorables
  • Cuando se comparó EMT con placebo con mayor control de unblinding tuvo resultados nulos
  • Cuando se lo comparó con un tratamiento activo obtuvo resultados inferiores.

Insisto, esto no significa que el efecto de la EMT sea puro efecto placebo ni nada por el estilo, no tenemos evidencia para afirmar eso.

Lo único que significa es esto: con frecuencia las cosas son más complicadas de lo que parecen.

Resumiendo

Sé que ha sido un artículo largo, les ofrezco mis condolencias por llegar hasta aquí. Como escribí al principio, lo que me interesó de la investigación de EMT no fue tanto el tratamiento en sí. Quizá la evidencia mejore y apoye más firmemente a EMT como tratamiento de la depresión resistente; sería una muy buena cosa, ya que la EMT es poco invasiva, tiene efectos adversos relativamente poco serios, y se trata de una población que no responde a casi ninguna intervención de las que existen hoy en día. La evidencia en general señala que EMT es un buen candidato a tratamiento, con las salvedades que hemos notado.

Lo que quería señalar son algunas cuestiones generales que afectan a todos los tratamientos para depresión, y especialmente a las «curas revolucionarias». La depresión es un problema serio, y cada par de meses se propone algún tratamiento nuevo. Algunos son un poco más convencionales, variaciones de tratamientos preexistentes, pero otros son bastante más atípicos y suelen anunciarse en los medios como revolucionarios: se ha anunciado que la depresión puede tratarse con videojuegos (Anguera, Gunning, & Areán, 2017), con antiinflamatorios (Raison et al., 2013), con psilocibina (Kraehenmann et al., 2015), con ketamina (Naughton, Clarke, Oleary, Cryan, & Dinan, 2014), entre una larga, larga lista.

Los medios anuncian la próxima “cura” para la depresión con términos prometedores, a menudo sin poner referencias, casi nunca hablando de la metodología utilizada ni de los recaudos a tener en cuenta, y así de tanto en tanto tenemos el anuncio de la próxima panacea.

Por todo esto creo que vale la pena cuando nos encontramos con una nueva propuesta de tratamiento para depresión hacer algunas preguntas, quizá en este orden:

  1. ¿Hay evidencia para esta intervención, proveniente de investigaciones bien diseñadas (una cantidad de sujetos adecuada, seguimiento a largo plazo, criterios de remisión y no sólo de respuesta, etc.)?
  2. ¿La intervención genera una mejoría significativamente mayor que un placebo o grupo control, y en un plazo de tiempo que no haga suponer recuperación por el paso del tiempo?
  3. ¿Hay investigaciones independientes que hayan replicado esos resultados?
  4. ¿Hay investigaciones en las que se haya comparado el efecto de la intervención contra otra intervención activa?
  5. ¿Se ha evaluado la tasa de recaídas o recurrencias a largo plazo (12/24 meses)?

Creo que si la respuesta a alguna de esas preguntas es “no”, es prudente tomarse la evidencia con cierto escepticismo, lo cual no significa afirmar que el tratamiento no funcione, claro está, sino tan solo que aún no podemos estar seguros. Necesitamos buenos tratamientos para depresión, y para eso necesitamos engañarnos lo menos posible.

Si han llegado hasta aquí, mis agradecimientos por la compañía, espero que les haya interesado el artículo, y dejen cualquier comentario o consulta al pie.

¡Nos leemos la próxima!

Referencias bibliográficas

  • Anguera, J. A., Gunning, F. M., & Areán, P. A. (2017). Improving late life depression and cognitive control through the use of therapeutic video game technology: A proof-of-concept randomized trial. Depression and Anxiety, 34(6), 508–517. https://doi.org/10.1002/da.22588
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  • Kraehenmann, R., Preller, K. H., Scheidegger, M., Pokorny, T., Bosch, O. G., Seifritz, E., & Vollenweider, F. X. (2015). Psilocybin-Induced Decrease in Amygdala Reactivity Correlates with Enhanced Positive Mood in Healthy Volunteers. Biological Psychiatry, 78(8), 572–581. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2014.04.010
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  • Moscucci, M., Byrne, L., Weintraub, M., & Cox, C. (1987). Blinding, unblinding, and the placebo effect: An analysis of patients’ guesses of treatment assignment in a double-blind clinical trial. Clinical Pharmacology and Therapeutics, 41(3), 259–265. https://doi.org/10.1038/clpt.1987.26
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  • Yu, E., & Lurie, P. (2010). Transcranial Magnetic Stimulation Not Proven Effective. Biological Psychiatry, 67(2), e13. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2009.03.026
  • Sponsor

Formación online: Terapia cognitivo conductual con niños y adolescentes

  • 09/07/2018
  • David Aparicio

Fundación Equipo de Terapia Cognitiva Infanto-Juvenil (ETCI) es una institución cuyo objetivo es la prestación de psicoterapias basadas en la evidencia a niños, adolescentes y familias, así como la formación de profesionales orientada a optimizar su ejercicio en esta área. Su cuerpo de terapeutas y docentes es reconocido como gestor del desarrollo de algunos de los libros y artículos más importantes en habla hispana, orientados a la difusión de las Terapias Cognitivas y Conductuales con Niños y Adolescentes. Está constituido por docentes universitarios, investigadores y supervisores clínicos especializados que integran un equipo cohesivo y cooperativo a lo largo de una década de historia. 

En esta oportunidad, tienen el agrado de compartir que en septiembre del 2018 retoman su Formación Integral Online y nuestros cursos específicos en nuestra plataforma e-learning.

La Formación Integral consiste en un programa de 10 módulos que abarcan teoría, práctica, metodología de evaluación y tratamiento de la gama de motivos de consulta usuales en psicoterapia infanto-juvenil. A continuación se exponen en manera sintética los módulos de la Formación Integral que así mismo, salvo en el caso de los módulos avanzados, pueden ser cursados en manera independiente de acuerdo al área de interés de cada profesional.

Módulo I: Introducción a la TCC con niños y Adolescentes. Evaluación y Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad y del Estado del Ánimo Nivel Inicial

Módulo II: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad y del Estado del Ánimo Nivel Avanzado: Trastornos Internalizantes Complejos y Estrategias Terapéuticas Avanzadas

Módulo III: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos de la Conducta Disruptiva. Nivel Inicial: Análisis y Modificación de Conductas. Intervenciones con Jóvenes y Familias. 

Módulo IV: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos de la Conducta Disruptiva. Nivel Avanzado: Resolución de Problemas y Conflictos, Desarrollo de la Alianza, el Encuadre y la Adherencia al Proceso

Modulo V: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos del Estado de la Alimentación y la Obesidad Infanto Juvenil

Modulo VI: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos del Espectro Autista. Nivel Inicial

Módulo VII: Evaluación y Tratamiento de los Trastornos del Espectro Autista. Nivel Avanzado

Módulo VIII: Entrenamiento en Primeras Entrevistas y Evaluación Diagnóstica en las Psicoterapias Cognitivas y Conductuales

Módulo IX: Nuevas Corrientes en Psicoterapias Cognitivas y Conductuales con Niños y Adolescentes: Psicología Positiva, Terapias Conductuales de Tercera Generación, Modelos Trans-Diagnósticos y Modulares

Módulo X: Desafíos Actuales en la Clínica Infanto Juvenil: Posibilidades, Riesgos e Impacto de las Nuevas Tecnologías, Sexualidad en las Diferentes Etapas Evolutivas, Orientación Sexual y Género, Adolescencia y Adicciones

Invitamos a los colegas latinoamericanos a contactarnos para más información:

Teléfono: +5411-47885894 Mail: [email protected]  Web: www.etci.com.ar

Agradecemos a ETCI, nuestro sponsor de la semana.

  • Clínica

Niños tratados con antipsicóticos tendrían mayor riesgo de aumentar de peso y de diabetes

  • 06/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

Niños y adolescentes (entre 6 y 18 años) tratados con medicamentos antipsicóticos en un periodo de doce semanas fueron menos sensibles a la insulina, incrementándose su riesgo de diabetes, y ganaron una cantidad significativa de grasa corporal, según un estudio publicado en JAMA Psychiatry.

Los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis y de la Facultad de Medicina Charles E. Schmidt de la Universidad Florida Atlantic, examinaron a 144 jóvenes que habían sido diagnosticados con uno o más trastornos psiquiátricos. Estos fueron tratados al azar con 1 de 3 antipsicóticos comúnmente utilizados: aripiprazol, olanzapina y risperidona, todos ellos son usados para tratar condiciones como la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión, irritabilidad asociada con autismo y síndrome de Tourette. Recientemente, estas drogas también han sido utilizadas para tratar trastorno por déficit de atención e hiperactividad en niños que no responden a la medicación estimulante, como Ritalin, según la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington.

fueron menos sensibles a la insulina, incrementándose su riesgo de diabetes, y ganaron una cantidad significativa de grasa corporal

Esta investigación encontró que luego de 12 semanas, la grasa corporal se había incrementado, y que los que tomaron olanzapina mostraron el mayor aumento. Al inicio del estudio, cerca del 30% de los participantes fueron clasificados con sobrepeso u obesidad. Al finalizar las 12 semanas ese porcentaje escaló al 46.5. Adicionalmente, la medida primaria de la sensibilidad a la insulina disminuyó significativamente. Mejoras de comportamiento se observaron con todos los tratamientos.

Reportan los investigadores en su informe que cerca de la mitad del aumento de peso era agua y la otra mitad grasa nueva, según resultó de los escaneos de absorciometría de rayos X de energía dual que tomaron de cada participante para medir toda la grasa corporal al finalizar las 12 semanas, y que fueron contrastados con los escaneos tomados al inicio del estudio.

Referencia del estudio: Ginger E. Nicol, MD; Michael D. Yingling, MS; Karen S. Flavin, RN, CCRC; et alJulia A. Schweiger, CCRC; Bruce W. Patterson, PhD; Kenneth B. Schechtman, PhD; John W. Newcomer, MD. Metabolic Effects of Antipsychotics on Adiposity and Insulin Sensitivity in YouthsA Randomized Clinical Trial. doi:10.1001/jamapsychiatry.2018.1088

Fuente: Mad in America

  • Ciencia

La forma en que nos referimos a los profesionales contribuye a la desigualdad de género

  • 06/07/2018
  • Maria Fernanda Alonso

La inequidad de género es una cuestión social, histórica y cultural. La supremacía del varón se manifiesta de forma nítida en muchos ámbitos de la vida, y muy especialmente en la carencia de oportunidades equitativas entre estos y las mujeres. Quienes se encuentran envueltos en su privilegio sostienen que las mujeres tienen las mismas libertades que los hombres, sin percatarse de que la consagración de una libertad formal resulta ilusoria cuando no se cuenta con la posibilidad real de ejercerla. Pero esta desigualdad también se materializa en formas más sutiles, en hábitos que, aunque puedan parecer pequeños o inofensivos, pueden contribuir al mantenimiento y la profundización de la desigualdad entre varones y mujeres.

En una investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, psicólogas han encontrado que los participantes del estudio, en promedio, eran más de dos veces más propensos a llamar a los profesionales masculinos (incluso los de ficción) solo por sus apellidos, a comparación de sus equivalentes profesionales femeninas. Señalan los investigadores que este sesgo de género también puede contribuir a la desigualdad de género.

Los ocho estudios, que incluyeron mujeres y varones, mostraron que la diferencia en la forma de nombrar afectó la manera en que los participantes juzgaban a los profesionales: cuando se hacía referencia a los varones sólo por su apellido, ellos eran percibidos como más famosos o más importantes que las mujeres, a quienes se referían con nombre y apellido.

“Esta clase de juzgamiento podría resultar en más reconocimiento, premios, fondos y otros beneficios profesionales, y sugiere que una sutil diferencia en la forma en que hablamos sobre mujeres y varones puede generar sesgos,” escribieron los investigadores Melissa Ferguson, profesora y presidente de psicología en la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Cornell, y Stav Atir, candidato a doctorado en psicología social, en la misma casa de estudios.

“Esta clase de juzgamiento podría resultar en más reconocimiento, premios, fondos y otros beneficios profesionales, y sugiere que una sutil diferencia en la forma en que hablamos sobre mujeres y varones puede generar sesgos,”

Estas investigadoras se preguntaban si existen beneficios por ser llamado sólo por el apellido; y uno de sus estudios mostró un beneficio claro: los científicos identificados sólo por sus apellidos fueron considerados por los participantes 14% más merecedores de recibir un premio profesional de la Fundación Nacional de Ciencias.

El sesgo de género fue consistente en todos los estudios, incluyendo un experimento en el que los participantes escribían sobre científicos ficcionales: eran más propensos a referirse a los científicos varones sólo por sus apellidos.

La relevancia para campañas políticas puede ser significativas, dijo Ferguson. “Es posible que referirse a los candidatos por su nombre completo en lugar de hacerlo sólo por el apellido pueda tener implicancias en cuanto a la fama y eminencia.”

Las investigadoras están planeando futuros estudios para analizar las implicancias y consecuencias del sesgo de género en los nombres. Pero el sólo hecho de señalarlo puede tener algunos efectos: “En mi laboratorio, ahora prestamos más atención a la forma en que nos referimos a científicas mujeres,” comentó Ferguson.

Referencia del estudio: Stav Atir, Melissa J. Ferguson. How gender determines the way we speak about professionals. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2018; 201805284 DOI: 10.1073/pnas.1805284115

Fuente: Science Daily

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Armándonos de autocompasión para tratar el perfeccionismo

  • 06/07/2018
  • Alejandra Alonso

No creo que sea necesario que te nombre ningún estudio para que estés de acuerdo conmigo en que la amabilidad es algo bueno. Pero para reforzar la idea, recordemos algunas investigaciones sobre ella que ya hemos mencionado con anterioridad:

  1. La amabilidad mejora tu estado de ánimo y tu sensación de bienestar en general (Nelson, Layous, Cole & Lyubomirsky, 2016).
  2. Los actos amables podrían ayudar a las personas que sufren de ansiedad social con sus conductas evitativas e inseguridad al interactuar con otros (Trew & Alden, 2015).
  3. Los niños que demostraban mayor amabilidad eran más felices y más aceptados por sus compañeros (Layous, Nelson, Oberle, Schonert-Reichl & Lyubomirsky, 2012).

Aunque todos estos estudios nos hablan sobre cómo el ser amables con otros nos trae beneficios a nivel psicosocial, la investigación de éste artículo se enfoca en la amabilidad hacia nosotros mismos.

Estamos familiarizados con la experiencia de ponernos metas altas (tengo que perder 10 kilos, tengo que ser la mejor, voy a promocionar todas las materias de toda la carrera, etc.), y también con la decepción de no poder cumplirlas. Las personas perfeccionistas viven esto constantemente. Sin embargo, hay diferentes tipos de perfeccionistas.

Si se esmera por lograr sus metas y lucha por no ser demasiado crítico de sí mismo, probablemente sea un perfeccionista esforzado. Lo que no es tan malo considerando que podría tener un impacto positivo en su autoestima y reducir sus niveles de sentimientos negativos.

Por otro lado, si piensa todo el tiempo que no es lo suficientemente bueno, y le preocupa constantemente la desaprobación de otros, puede que su perfeccionismo sea desadaptativo. Esta clase de perfeccionismo puede llevar a síntomas depresivos en adultos y adolescentes.

Es por eso que los científicos se han interesado por conocer cómo ayudar a éste último grupo. Específicamente, se preguntaron si la autocompasión podría ayudar con los efectos negativos del perfeccionismo desadaptativo.

Los componentes de la autocompasión

Pero ¿a qué nos referimos con eso de autocompasión? Los investigadores han identificado tres componentes que forman parte de ella:

  1. Amabilidad hacia uno mismo.
  2. Humanidad común: como opuesto a auto-aislarse; reconocer que otros pasan por problemas similares y que no estamos solos.
  3. Mindfulness o conciencia plena: se refiere a la aceptación de nuestros pensamientos, emociones y sentimientos sin juzgarlos. Saber que son parte de la experiencia de vivir.

Metodología

Los científicos hipotetizaron que la autocompasión debilitaría la relación entre perfeccionismo y depresión. Para poner a prueba dicha hipótesis diseñaron el siguiente estudio:

La muestra estuvo compuesta por 541 adolescentes (99 varones y 442 mujeres) con un promedio de edad de 14.1 años. La mayoría de ellos era de nacionalidad australiana (la investigación se realizó en escuelas privadas de Australia), seguidos de los chinos e ingleses. A los estudiantes se les pidió que completaran tres cuestionarios online durante las horas escolares. Dichos instrumentos evaluaban perfeccionismo desadaptativo, depresión y autocompasión y eran parte de una intervención más amplia sobre bienestar.

Se evaluó si existía la moderación que los autores habían hipotetizado realizando regresión múltiple jerárquica.

Resultados

La autocompasión si moderó la relación entre el perfeccionismo desadaptativo y la depresión en este grupo de adolescentes, razón por la cual los autores quisieron conocer si los resultados serían similares en una muestra de adultos. Así que reclutaron a 515 adultos, quienes también completaron los cuestionarios. Una vez más, se encontró que la autocompasión moderaba la relación entre depresión y perfeccionismo.

Limitaciones del estudio

En el paper se aclara que se trata de un estudio transversal cuyos datos son autoreportados, lo que limita la extracción de conclusiones causales. Además se apoya en la precisión de la autoconciencia y la voluntad de responder al cuestionario abiertamente.

Conclusión

Si bien no podemos luchar solos contra una cultura que nos presiona para que logremos la perfección (y un grupo de redes sociales que nos hacen creer que otros tienen una vida perfecta, lo que aumenta la presión), es bueno saber que tenemos un arma para defendernos de ella. Al practicar la compasión hacia nosotros mismos mientras nos esforzamos por alcanzar nuestras metas, seremos más resilientes y tendremos mayor bienestar.

Fuente: Psychcentral

  • Ciencia

Estrategias para disminuir la violencia en la escuela

  • 05/07/2018
  • Geraldine Panelli

Para comenzar este artículo es  necesario precisar a qué llamamos  “violencia”, la definición exacta para que luego nos permita pensar acciones específicas. La Organización Mundial de la Salud  define la violencia como “El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. Podemos diferenciar tres tipos de violencia:

  • Interpersonal: es la violencia ejercida por una persona o grupo pequeños de personas hacia otra persona o grupo.
  • Suicidio o violencia autoinfligida: es ejercida por uno mismo hacia su propio cuerpo en ocasiones provocando la muerte.
  • Colectiva: es usar la violencia a modo de instrumento con un fin político, económico o social.

En el caso de este artículo nos centraremos en la violencia interpersonal en el área escolar tratando de dar con herramientas que logren disminuir las agresiones físicas y / o verbales entre compañeros. Creemos que es necesario tomar un rol activo frente esta situación que cada vez aumenta más y genera complicaciones para transitar la edad escolar. Necesitamos abrir el debate y la reflexión para lograr programas efectivos y sostenibles en el tiempo. Como trabajadores del campo de la salud y la educación es imposible que no sea esta una preocupación, hacer de la escuela un entorno seguro es indispensable.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación Ciencia y Cultura (2014) lanzó una guía para docentes para poner fin a esta problemática en donde invitan a trabajar en conjunto con los estudiantes, los padres, los educadores y la comunidad; vinculando además las políticas y legislaciones. Desde este artículo estamos totalmente de acuerdo con esta posición, la violencia en cualquiera de sus formas se puede prevenir y todos los agentes involucrados debemos de tomar decisiones que inciden en mejorar la calidad de la experiencia educativa.

Un punto interesante a resaltar es la importancia de la promoción en cuanto a derechos humanos, pautas de convivencia, inclusión frente a la diversidad, educación emocional dentro de la escuela; y la prevención específica de los factores de riesgo. En este último punto lo que recomendamos es un registro objetivo de las situaciones puntuales a tratar y un diagnóstico de la situación específica para abordarla de la manera más conveniente.

Para implementar cada estrategia o técnica que veamos a continuación, es necesario adecuarlas al contexto y edad donde las queramos aplicar. También se aconsejan diarios y registros de las actividades y sus evoluciones para la evaluación de los procedimientos y  ver la efectividad en periodos de tiempo prolongados. Hay programas específicos para esta temática pero aún no hay estudios representativos para afirmar la efectividad de los mismos. Por esto mismo hay que seguir investigando.

¿Qué podemos hacer?

Educación emocional

Un niño o adolescente el cual conozca sus emociones y cómo actuar frente a ellas sin lugar a duda va a generar aprendizajes significativos para hacer frente a diversas situaciones que le generen estrés o frustración. Es importante generar un espacio de diálogo en donde los chicos puedan contar qué les pasa y contemplar qué respuestas pueden elaborar frente a determinadas situaciones.

La educación formal y los resultados de inteligencia no hablan de un bienestar emocional del niño; y es en la escuela donde este bienestar debe estar garantizado; incluso detectando situaciones de riesgo fuera de la misma.

La falta de competencia en este nivel es la que da como resultado respuestas desadaptativas y conductas disruptivas. Enseñar habilidades sobre las emociones previene los problemas interrelacionales, mejora la empatía, contribuye a la resolución de problemas en conversaciones asertivas e incrementa el sentimiento de pertenencia al grupo (Paz; 2014).

Aprendizaje cooperativo

Crear situaciones de aprendizaje que no sean competitivas, que esten diseñadas para que un alumno logre un objetivo, sólo si los demás alumnos también lo logran. Este tipo de actividades fomentan la cooperación entre compañeros, el aprendizaje mutuo y el intercambio de roles. Es importante que los docentes esten interiorizados de las debilidades y fortalezas de cada alumno para crear grupos heterogéneos y oportunidades de éxito que refuercen positivamente las interacciones.

El trabajo cooperativo genera más productividad que el trabajo individual, genera un razonamiento  intelectual más elevado, crea oportunidades de interacción entre alumnos y da recompensas grupales que suelen ser mejor percibidas que las individuales (López; 2009).

Método KIVA

Es un programa anti bullying en donde involucran diferentes agentes del sistema educativo: alumnos, profesores, padres y personal no docente; que no sólo previene sino que interviene y supervisa ante situaciones de acoso.

Si bien es una intervención creada específicamente para atacar al bullying, creemos que es una estrategia que no puede faltar dado que las situaciones de acoso sistematizadas en la escuela son una forma de violencia a disminuir.

Para conocer más sobre este método se puede visitar su pagina web o bien artículos anteriores sobre su implementación en argentina.

Concientización

Es importantísimo que los chicos desde el inicio de la escuela entiendan y conozcan que todos los seres humanos somos diferentes y que dichas diferencias son ricas para crear una comunidad de respeto entre todos. Este punto es fundamental en la inclusión escolar para poder crear espacios en donde la diversidad sea un tema de aprendizaje y no de discriminación.

Reglas de convivencia claras

Tener pautas establecidas es una forma de proteger ante los conflictos escolares. Conocer las reglas internas del establecimiento escolar, que cosas se pueden hacer y qué cosas no es fundamental para un buen clima de convivencia. Premiar el cumplimiento de dichas normas, en lugar de castigar el no cumplimiento puede favorecer a largo plazo la adherencia  a las mismas.

Conclusiones

Seguramente se podrán encontrar algunas herramientas más o programas específicos. La idea del artículo es abrir la preocupación para luego interiorizar en cada una de las formas. Es importante que intentar reducir la violencia en la escuela sea una decisión troncal de la cultura organizacional, no acciones aisladas fuera de contexto. La tolerancia hacia las agresiones y el acoso en cualquiera de sus formas no debe de tener aceptación social ni refuerzo de ningún tipo.

Referencias bibliográficas:

Chaves Baquero, Y. A., López León, F. E., Rincón Vargas, S. P., & Sánchez Triana, Y. F. (2016). Fortalecimiento de tres competencias ciudadanas: Empatía, asertividad y pensamiento crítico para mitigar las agresiones físicas y verbales (Master’s thesis, Universidad de La Sabana).

Flores Paz, M. E. (2014). Aplicación de un programa de habilidades psicosociales basado en el autoconocimiento para fortalecer las relaciones interpersonales de los niños y niñas de tercer grado de primaria de la IEP Marvista, Paita, 2013.

López Alacid, M. P. (2009). Efectos del aprendizaje cooperativo en las habilidades sociales, la educación intercultural y la violencia escolar: un estudio bibliométrico de 1997 a 2007. Universidad de Alicante.

Del Rey, R., Ruiz, R. O., & Feria, I. (2009). Convivencia escolar: fortaleza de la comunidad educativa y protección ante la conflictividad escolar. Revista interuniversitaria de formación del profesorado, (66), 159-180.

 

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